AGLI Recortes de Prensa   Domingo 16  Mayo  2021

Récord de funcionarios: el empleo público roza ya el 30% en algunas autonomías
Los gobiernos autonómicos, con Extremadura y Asturias a la cabeza, están detrás del fuerte aumento de la contratación de empleados públicos que se ha producido en España durante la pandemia
Francisco Núñez. vozpopuli.es 16 Mayo 2021

El 21,1% de los trabajadores tiene empleo en una Administración Pública y hay comunidades autónomas que superan ya el 30%. Es la consecuencia del aumento de las plantillas de funcionarios y empleados públicos en plena pandemia, mientras que el ajuste económico sigue concentrándose entre los trabajadores del sector privado. Desde que comenzó el confinamiento, las Administraciones han aumentado su plantillas en 149.400 personas, mientras que en el sector privado (sin tener en cuenta los 420.000 trabajadores hibernados todavía en ERTE y que pueden salir expulsados del mercado) ha ocurrido el fenómeno contrario: han desaparecido 605.400 nóminas.

El ritmo de contratación está siendo especialmente intenso en algunas comunidades autónomas. Este hecho ha llevado a que el trabajo y los salarios de muchas regiones dependan en gran medida de las Administraciones. Por ejemplo, el 31% de las nóminas de Extremadura están ligadas a un trabajo público, sobre todo en la comunidad autónoma, pero también en los ayuntamientos o en las delegaciones y servicios derivados de la Administraciones Central. Así, de los 298.000 asalariados totales existentes en esta región, 92.000 son públicos. Es decir, sólo el 69% de las nóminas existentes en esta autonomía corresponde a empresas privadas, que son las que generan actividad económica.

En Asturias, casi el 29% de los empleos totales es público. Mientras: en Castilla y León y Canarias alcanza al 26%; en Castilla La Mancha, Galicia y Cantabria llega al 24%. En Melilla y en Ceuta llega al 57% y 50% respectivamente como consecuencia del contingente de las fuerzas armadas y también administrativo.

En número, Andalucía tiene 583.000 empleados que viven de una nómina pública (40.000 más en el último año). Le siguen: Madrid, con 517.000, incluyendo los trabajadores de la Administración Central (32.000 más desde el inicio de la pandemia); Cataluña, con 461.000 (12.000 más que hace 12 meses) y la Comunidad Valenciana, con 322.000 efectivos públicos (25.000 más en el último año).

En el conjunto del país, el número de empleados públicos crece a un ritmo anual del 4,6% mientras que en el sector privado se destruye el 4,5% de puestos de trabajo. No se trata de novedad alguna ya que en todas las crisis económicas, en contra todo sentido presupuestario y económico, el empleo de las Administraciones se ha incrementado despeñándose el privado. Por tanto, uno de cada cinco trabajadores (21,1%) depende ahora de una nómina del sector público.

Hace un año ese porcentaje era del 19,6%, es decir, ha subido 1,5 puntos, y es el más elevado desde la segunda recesión en 2012 cuando alcanzó el 21,7%. En 2007, el año previo al inicio de la gran recesión económica, ese porcentaje era sólo del 17,5%, es decir, ha aumentado en cuatro puntos desde entonces.

El crecimiento en el último trimestre ha sido de 43.400 nuevos empleados y de casi 146.000 desde el inicio de la pandemia. El alza del último año no se debe exclusivamente a la contratación de personal sanitario o relacionado con la educación ya que, según datos de la Seguridad Social, el 60% de las nuevas incorporaciones corresponde a las administraciones generales de las regiones (servicios de las consejerías).

El crecimiento del empleo público supone un importante aumento del gasto estructural ya que el abono de las nóminas de las Administraciones superó en 2020 los 140.000 millones, un tercio más que hace 14 años, y para este ejercicio se espera que se aproxime a los 147.000 millones mientras surge una nueva amenaza de otra subida de impuestos para incrementar los ingresos.

Según los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), el sector público consiguió en el primer trimestre de 2021 un nuevo récord histórico en número de empleados, sin que haya acometido por razones económicas o de prestación de servicios reordenación o reestructuración alguna de sus plantillas o un solo ERTE a pesar de la brutal caída de la actividad administrativa. A finales de marzo había casi 3,4 millones de trabajadores públicos (3.397.400 exactamente) con un crecimiento de 18.300 efectivos (un 0,5% más) respecto al trimestre anterior mientras que en el sector privado bajó en 155.600 el número de asalariados (-1,2%). Los datos son aún más concluyentes si comparamos estas cifras con las que se registraban al inicio de la gran crisis en 2007.

Es decir, a pesar del importante esfuerzo inversor en nuevas tecnologías para tener una Administración electrónica (con la participación activa del contribuyente), el sector público tiene ahora 407.100 nóminas más que hace 14 años (un 13,6% más respecto a las 2.990.300 que había en 2007) mientras que en el sector privado hay 1.397.500 asalariados menos (-10%) ya que ha pasado de 14,1 millones a sólo 12,7 millones. La mayor parte de este repunte de personal corresponde a las comunidades autónomas, ya que han incrementado sus plantillas en 390.000 efectivos desde 2007 (un 25% más) hasta conseguir un nuevo récord y acercarse a los dos millones.

Más funcionarios y con más edad
Por edad, se observa un hecho curioso y es que la estabilidad en el empleo público está aumentando las cohortes con más años. Es decir, Así, mientras en el sector privado sólo el 27,7% de los asalariados tiene más de 50 años, en el sector público esa cifra llega al 45%. Es decir, en el sector privado no hay porcentualmente tantos empleados con antigüedad acumulada como en las Administraciones mientras que por debajo de los 29 años el sector público apenas tiene efectivos (7,4%) frente a casi el 16% de las empresas privadas. Se debe a que el ajuste laboral (despidos y jubilación anticipada para quienes han podido llegar) se ha concentrado siempre en las edades más elevadas del sector privado mientras que al mismo tiempo en las edades más jóvenes es dónde más aumenta la contratación porque es más barata.

En el sector público ocurre lo contrario. También se observa se observa un crecimiento exponencial del empleo femenino en las Administraciones. Si en 2007 las mujeres copaban el 52% de los empleos públicos (48% para hombres), ahora la proporción es del 58% (42% para hombres). En el sector privado, el efecto es también el contrario. Ahora el empleo femenino ocupa el 36% de los trabajos en las empresas mientras que hace 14 años llegaba al 42%.

Moncloa acumula problemas
Editorial ABC 16 Mayo 2021

Pedro Sánchez ha convertido la vacunación en monotema de sus intervenciones públicas porque no tiene otro mensaje que le sirva ante la opinión pública. La derrota electoral de la izquierda, y particularmente de los socialistas madrileños, ha descabezado de ideas al Gobierno y a los socios de coalición. El resultado de las urnas madrileñas ha tenido el efecto clarificador de dejar al descubierto el cúmulo de problemas que se concentran en Pedro Sánchez y que explican la ausencia de proyecto político para España.

Sánchez formó un gobierno de coalición como la única opción que tenía para llegar a La Moncloa. En la actualidad esa coalición está vacía políticamente y sólo es un consorcio de poder, no de gobierno. La salida de Pablo Iglesias deja en precario a Unidas Podemos, cuyo pronóstico a escala nacional no es mejor que el resultado obtenido en las elecciones madrileñas. El partido morado carece de liderazgo hasta junio, pero nada asegura que las disputas entre facciones se zanjen con un voto de lealtad a Yolanda Díaz o Ione Belarra, factores de una alternativa que debe temer más a la amenaza de Más País que a la de la derecha.

La cuestión catalana empeora por días, pese a que Pedro Sánchez apostó por el exministro de Sanidad para un pacto de izquierdas que nunca ha estado en la agenda de ERC. La realidad de Cataluña enmienda la plana de los discursos buenistas de Sánchez para atraerse a los nacionalistas, centrados en cómo copar el poder autonómico, no en cómo devolver la normalidad institucional a Cataluña, que hoy representa otro fracaso de Sánchez. No es tampoco el único quebradero de cabeza territorial que tiene el presidente del Gobierno. Además de la conmoción madrileña, en la que siguen instalados algunos ministros, Andalucía es un doble problema para Sánchez. Por un lado, porque el Gobierno de Juan Manuel Moreno parece seguir los pasos exitosos de Isabel Díaz Ayuso en cuanto a confianza ciudadana y valoración de su gestión. Por otro, porque las primarias del PSOE andaluz van a ser fratricidas, entre Juan Espadas y Susana Díaz, lo que puede mandar a mucho votante socialista a la abstención, a otros partidos de izquierda o al PP.

Mirando el escenario internacional, Sánchez se encuentra con la indiferencia de Joe Biden, un conflicto creciente con Marruecos y la preocupación de Bruselas por los supuestos planes de recuperación que tiene que financiar con fondos europeos. Son los principales campos de actuación de la diplomacia española, y el Gobierno está perdiendo fuelle.

La ausencia de consenso con el PP para renovar el CGPJ y el Tribunal Constitucional va más allá de la negativa de los populares a pactar con el Gobierno y demuestra la incapacidad de Sánchez para liderar propuestas capaces de atraer a la oposición. Esta es una de las principales responsabilidades de un dirigente democrático, y Sánchez no la cumple. Por el contrario, ha querido soslayar los acuerdos con la oposición a golpe de real decreto, y el abuso de este mecanismo legal ha sido señalado ya por el TC en dos sentencias sucesivas. La más relevante ha sido la que anula la reforma que Sánchez urdió para meter a Pablo Iglesias en la comisión de control del CNI. Aquella fue una maniobra política temeraria y una argucia jurídica chapucera.

No debe extrañar que las encuestas estén siendo receptivas a la onda expansiva de las elecciones en Madrid, que han actuado como un revulsivo crítico de la opinión pública sobre el Gobierno de Sánchez, como si los ciudadanos hubieran caído en la cuenta de que el rey está desnudo y no puede ser aplaudido.

Sánchez y el fin de la historia (del PSOE)
Jesús Cacho. vozpopuli.es 16 Mayo 2021

Primavera de 1974. Jornadas en París de la Junta Democrática, la incipiente oposición a un régimen de Franco que se acercaba a su ocaso conforme se deterioraba la salud del dictador. Clase de Historia Moderna en la facultad de Filosofía y Letras de la Complutense. Uno de los estudiantes, miembro del clandestino PCE, toma la palabra de inicio y se dirige a sus compañeros, los ojos como platos, para dar cuenta de lo estaba ocurriendo en la capital gala y de su significado ante lo que parecía el inminente final de la dictadura. Ha pedido permiso al titular de la asignatura para robarle cinco minutos de su tiempo, y el profesor accede galante. Años después, tras la arrolladora victoria de Felipe González en las generales de octubre del 82, ese profesor resultaría ser uno de los 202 diputados socialistas electos. En 1973 simplemente era un docente que simpatizaba con la causa democrática. El PSOE no existía. Nunca existió durante la dictadura. A lo largo y ancho del franquismo, “el partido” por antonomasia fue el PCE.

Con el PSOE en las catacumbas, un tópico habitual en las encíclicas que el camarada Carrillo enviaba semanalmente a la militancia española a través de Mundo Obrero desde su silla gestatoria en París aludía a la necesidad de que los camaradas trabajaran para hacer posible la existencia de un partido socialista fuerte tras la muerte de Franco, entendido como clave del arco capaz de soportar el tránsito de la dictadura a la democracia. Lo que sucedió después está en las hemerotecas. Cuatro Gobiernos de González, dos de ellos con mayoría absoluta, y una incuestionable contribución del socialismo -convertido a la socialdemocracia tras la renuncia al marxismo promovida por el sevillano en el congreso extraordinario de septiembre de 1979- en la configuración del “Estado Social de Derecho” español y en la definición de las reglas de juego de un régimen de monarquía parlamentaria que ha hecho posible el mayor periodo de convivencia y progreso de la historia de España.

Todo saltó por los aires con los atentados del 11-M, una masacre que cambió para siempre el rumbo del país. Y unas explicaciones sobre su autoría que siguen pareciendo febles, por inverosímiles, ante la magnitud del terremoto que propició. A la Presidencia del Gobierno llegó un piernas que jamás hubiera soñado con semejante honor de no haber sido por el empeño de Alfonso Guerra en evitar la entronización de José Bono como secretario general en el 35º Congreso del partido, julio de 2000. A través de su hombre de confianza, Rafael Fali Delgado, Guerra contactó con Pepiño Blanco, coach de Zapatero, y fue así como tan insigne soplapollas alcanzaría cuatro años después La Moncloa entre la sangre del 11-M, tras una partida de tahúres que resultaría letal para la suerte del régimen del 78. Porque nuestro Zapatitos se entregaría a una revisión integral de la transición y a una demolición del principio nuclear que está en la base de la Constitución del 78: el deseo de reconciliación entre vencedores y vencidos. Zapatero y su “memoria histérica” o el intento de ganar la Guerra Civil por aquellos que, además de haber estado desaparecidos durante la larga noche franquista, ni la habían librado y en muchos casos ni siquiera habían sufrido sus consecuencias.

Lo peor estaba por llegar, y jamás hubiera llegado de no ser por el fiasco en que devino el nexo de unión entre las presidencias de ZP y de Sánchez: Mariano Rajoy y la colosal flatulencia en que terminaría convertida la mayoría absoluta del PP en las generales del 20-N de 2011. Fue la contribución de una derecha tan inane en lo ideológico como corrupta en lo material, entregada al modelo de una estulta tecnocracia que hizo crisis alcohólica en la noche del 30 de mayo de 2018 con motivo de la moción de censura que entronizó al descuidero de la política que hoy dizque nos gobierna. Ningún partido socialdemócrata llegado al poder en la Europa salida de la segunda Guerra Mundial gobernó nunca en coalición con un partido comunista, ninguno se metió en la cama con la hoz y el martillo, y mucho menos con el apoyo de los herederos de una banda terrorista y de un partido separatista que a la xenofobia rampante une la radicalidad más absoluta. Solo el primer Mitterrand se atrevió a gobernar con el PCF en un experimento que duró cuarto de hora. Hasta ahí ha llegado la riada de la ambición sin límites del apuesto sinvergüenza que ocupa Moncloa, un tipo cuya decencia y patriotismo es inversamente proporcional a la dimensión de su enfermizo ego.

La alianza del Pedro Sánchez con los enemigos de la nación de ciudadanos libres e iguales ha ido demasiado lejos. Demasiadas las humillaciones que viene soportando una ciudadanía cuya capacidad de asombro ha sido anulada por la abracadabrante cascada de atropellos diarios cometidos contra la ley y el sentido común por un tipo que se ha puesto la Constitución por montera. El jefe de la banda sigue firmando las letras que sus socios le pasan periódicamente a cobro, la última de las cuales ha consistido en pasar el control de las cárceles al Gobierno vasco. Mientras, Cataluña sigue su deriva hacia el abismo de la irrelevancia, víctima de un separatismo que se ha adueñado del poder con el objetivo diariamente pregonado de romper la unidad de la nación ante la mirada distraída del bergante en la Moncloa.

El despertar de la nación ha ocurrido cuando casi nadie lo esperaba. Ahíto de soberbia, el sujeto pretendió acabar con los últimos restos de poder de la oposición para reinar cual monarca absoluto con sus escuetos 120 escaños. La respuesta, clamorosa, se la dio el pueblo de Madrid el pasado 4 de mayo. Y ya nada será igual. La legislatura ha cambiado de signo y sin duda también la suerte política de este aventurero sin escrúpulos. El PSOE que conocimos en tiempos de Felipe ha pasado a mejor vida sin haber recibido cristiana sepultura. Los notables que lo integraron, algún soplagaitas pero también gente de muy notable formación y carácter, han sido sustituidos por los Ábalos, Calvos, Pajines y Lastres, tipos que han puesto el cargo ministerial al nivel de una chica de alterne o un portero de discoteca. Reina el sanchismo, un detritus ideológico sin filiación conocida más allá de los Laclaus de turno, porque a él solo le interesa el poder sostenido sobre la división de los españoles en dos bloques enfrentados, un poder que espera mantener ahora, contra las cuerdas del soponcio del 4 de mayo, utilizando las vacunas como adormidera (con 120.000 muertos a las espaldas, este consumado caradura pretende erigirse en salvador de la humanidad) y el abrelatas de los fondos Next Generation UE con los que confía en comprar a media España.

Como los dioses ciegan a quienes quieren perder, Sánchez y su tropa siguen insultando a los madrileños (la ministra González Laya echando la culpa a Madrid de la deserción, aparente, del turismo británico), incapaces de entender qué demonios ha pasado aquí cuando creíamos reinar sobre la balsa de aceite de una sociedad anestesiada por nuestros diarios escándalos y sometida a nuestros caprichos, y de pronto nos despertamos zarandeados por el vendaval provocado por una mujer sin complejos que decidió no someterse a los dictados del rufián. Un sentimiento de rebelión aflora a la superficie en grandes capas de población ansiosas de acabar con la servidumbre voluntaria del cóctel letal que, para la convivencia y el progreso de la nación, representa Sánchez y su alianza con comunistas y separatistas. Se trata de una pasión transversal compartida por un número indeterminado, pero sin duda creciente, de socialdemócratas a quienes avergüenza el personaje y que hoy se sienten huérfanos de representación.

Lo de Sánchez no tiene vuelta atrás. El miramelindo está condenado a morir ahorcado con la soga que libremente eligió el 30 de mayo de 2018. Imposible el viaje al centro, rehén como sigue siendo de los socios que le sostienen en la peana de Moncloa. Sus errores se acelerarán con las prisas por enmendar yerros que la desesperación provoca en aquellos que han hecho de la mentira su faro y de la improvisación su única estrategia. Un personaje abocado a un penoso final, dispuesto a oficiar el entierro definitivo de las siglas PSOE fundadas hace siglo y pico por el legendario Pablo Iglesias. El PSOE y el fin de la historia del socialismo democrático, víctima, como tantos otros socialismos europeos, como el italiano, el francés o el griego, de un psicópata abducido por la arquitectura de su físico, la suerte en la política y los lameculos dispuestos siempre a la lisonja en su derredor.

Un entierro sin duda costoso para el PSOE pero también para España, y del que ningún demócrata sincero debería alegrarse porque, como antaño predicaba Carrillo desde su trono parisino, España seguirá necesitando un partido socialdemócrata comprometido en la defensa de la Constitución y su amejoramiento, y con la búsqueda de un futuro en paz y prosperidad para las nuevas generaciones. Imposible vaticinar la duración de la agonía del sanchismo. El futuro de España, con todo, sigue siendo una incógnita. Porque depende de la existencia de una derecha liberal desacomplejada y moderna, empeñada en la lucha contra la corrupción y en las reformas que el país necesita casi con desesperación, y depende también, en igual si no mayor grado, del resurgimiento de una socialdemocracia tan reñida con el sectarismo como apegada a aquel espíritu de reconciliación que hizo posible la transición. La alternativa es que sea el niño Errejón, sepulcro blanqueado de Iglesias y Podemos, quien herede los restos del naufragio sanchista. Todo pendiente, pues, de que esos viejos socialistas que hoy conspiran, cavilan y dudan se atrevan de una vez por todas a dar el paso al frente y plantarse con una alternativa frente al bandolero al que en otoño de 2016 sacaron del partido a patadas y al que después consintieron hacerse fuerte en Ferraz y en la Moncloa con la ayuda de lo peor de esta vieja gran nación llamada España. ¡Hace falta valor!

Sánchez tiene un plan
Benito Arruñada. vozpopuli.es 16 Mayo 2021

Por fin el Dr. Sánchez ha dado a conocer a sus súbditos el “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia” que presentó en Bruselas justo cuando concluía el plazo para que pudieran examinarlo las autoridades y los demás estados europeos dentro del Plan de recuperación para Europa, conocido como Next Generation EU.

Como he argumentado aquí en varias ocasiones, ya en sus inicios la propia iniciativa europea era discutible, pues venía a resucitar un intervencionismo económico que sólo quienes más idealizan al Estado o esperan beneficiarse de sus manejos le auguran alguna probabilidad de éxito. Unos pocos meses más tarde, es aún más ilusorio esperar que la misma burocracia europea que ha sido incapaz de comprar a tiempo las vacunas del COVID sepa dirigir y supervisar una planificación económica de semejante calado.

Por ello, muchos de los efectos de esta grandiosa iniciativa dependen de cuánto se adecuen los planes europeos a las necesidades de cada país y, sobre todo, de cuánto adapte cada estado miembro su plan nacional a su propia situación e intereses. Por desgracia, ninguno de ambos aspectos eran prometedores para España.

Por un lado, las prioridades europeas —cifradas, como fruto de un perverso equilibrio político, en el medio ambiente, la digitalización y la reindustrialización— se ajustan mal a nuestras circunstancias. Mejor dicho: se ajustan mejor al país rico que creemos ser que al país medio pobre que realmente somos. Como los falsos ricos —nuevos ricos, pero a crédito— que en verdad somos, ninguna de esas tres prioridades europeas concuerda con nuestra situación: ya contaminamos mucho menos que nuestros vecinos, no estamos retrasados en el plano digital y nuestra regulación laboral hace casi inviable la actividad industrial. Esas prioridades del Next Generation EU no son las nuestras, por lo que un plan nacional sensato debería empezar por asumirlo, con el fin de adaptarlas en consonancia.

Por otro lado, las administraciones públicas españolas exhiben una trayectoria deplorable en cuanto a su capacidad para intervenir en la economía, con unas instituciones tan proclives al despilfarro y la corrupción como deficitarias a la hora de exigir responsabilidades. Incluso los estatistas más desmemoriados pueden constatar nuestras capacidades reales en este terreno. Les basta con observar el incumplimiento por el Gobierno de las reglas que él mismo se ha dado para otorgar las ayudas COVID a empresas supuestamente “estratégicas”. Violando de modo flagrante dichas reglas, el Gobierno ha entregado cientos de millones a empresas que ya estaban prácticamente en quiebra antes de la pandemia, pero que habían sido aconsejadas por exministros socialistas, como Duro Felguera; o que eran tan poco estratégicas y prometedoras como Air Europa; y ello por no mencionar el pestilente olor que despide el insólito rescate, por 53 millones de euros, de Plus Ultra, una aerolínea minúscula y con mayoría de capital venezolano.

Mochila autríaca
El Gobierno hubiera podido aprovechar los fondos europeos para financiar y facilitar las reformas que en verdad necesitamos, incluida la compra de voluntades necesaria para vencer intereses creados y reformar de una vez el mercado de trabajo, como acaba de sugerirle el Banco de España en relación con la “mochila austriaca” (no siendo, ni de lejos, una panacea, esta reforma sí apuntaría al menos en el buen camino).

Nada más lejos de las intenciones que plasma el plan enviado por Sánchez a Bruselas. No se trata sólo de que desfilen por él en redundante procesión toda la colección de clichés que profesa nuestra nueva izquierda sino de que, en esencia, ese plan nos endeuda aún más de lo que estamos; y lo hace para acometer una reconversión finalista, incluso ideológica, de la economía. Yendo más allá de su velo retórico, el plan no busca hacerla más productiva, dejando en manos de los ciudadanos el decidir cómo y en qué, sino ajustarla a las preferencias utópicas, cuando no sectarias, de esa minoría de ciudadanos a quienes cree representar.

El principal engaño de este plan es que nos lo presenten como un maná europeo cuando realmente va a comportar una subida descomunal de impuestos para financiar el mayor ejercicio discrecional del poder político de las últimas décadas. Puramente discrecional, porque, como ya anticipaba el oscurantismo que ha presidido la elaboración del plan, el Gobierno se reserva para sí mismo todo el poder de decisión. Además, por si alguien podía albergar alguna duda sobre cómo va a ejercer ese poder, el propio Gobierno se ha encargado de aclararla con Plus Ultra, yendo mucho más allá y mucho peor de lo que nadie hubiera sido capaz de imaginar. Los españoles solemos quejarnos de lo mal que funciona la política; pero con este plan estamos ampliando enormemente el poder de nuestros políticos para asignar los recursos. No sólo reducimos en igual medida el ámbito de lo que decidimos directamente por nosotros mismos, sino que al hacerlo estamos multiplicando el campo potencial de la corrupción.

Esperemos por todo ello que, si no la Comisión Europea, un número suficiente de Gobiernos extranjeros se niegue a sufragar semejante desatino. Con el engendro que Sánchez ha enviado a Bruselas, hemos demostrado nuestra incapacidad para elaborar un plan serio, y esa era sólo una condición necesaria, que no suficiente: faltaría ejecutarlo como es debido, tarea que sería, en su caso, aún más difícil. En consecuencia, tendría todo el sentido, en su beneficio y en el nuestro, que nuestros vecinos y socios nos exigieran dedicar los fondos a rescatar deuda pública o a reducir equitativamente los impuestos, y que, en cualquier caso, condicionaran de forma estricta toda ayuda a ejecutar las reformas que llevamos décadas resistiéndonos a emprender.

No desesperen. El despegue que experimentó nuestra economía desde 2013, en respuesta a unas reformas minimalistas y también hechas a regañadientes, lo mismo que el auge que disfruta la economía madrileña gracias a unos gobiernos regionales relativamente sensatos, demuestran que podemos tener un futuro brillante. Salvo que el rumbo adecuado es el opuesto al que marca, tanto de forma explícita (regalos para mis amigos) como implícita (impuestos a todo el que se mueva), este plan tan “sanchista”, el cual, si bien promete “recuperación, transformación y resiliencia”, sólo vendría a agravar nuestras dolencias, empobreciéndonos y haciendo a nuestra sociedad aún más frágil.

La rata del 15M
Federico Jiménez Losantos. Libertad Digital 16 Mayo 2021

No deja de ser curioso que la rata, el símbolo más estrambótico del 15M, fuera el insulto favorito de los enemigos de Pablo Iglesias, que dijo que estaba allí.

Editorialistas y columnistas, adictos al calendario y esclavos de la hipérbole, recuerdan con estúpida melancolía los diez años del 15M, y la definen como una ilusión que se marchitó. A mí lo que me alegra es que en tan redondo aniversario Ayuso haya enterrado aquella mamarrachada y su significado totalitario. Porque en este 4M ha triunfado la negación del 15M.

Rubalcaba y ZP contra Aguirre
Guardo de aquella feria zoótico-ideológica recuerdos perdurables. El primero, borrado de las hemerotecas por el Soviet de la Memoria, es que fue una acampada ilegal tutelada desde el principio por el infame ministro del interior de Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba, y cuyo blanco político era Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid e inquilina de la sede de la Puerta del Sol, sitiada por aquellos espontáneos protegidos.

La acampada fue una ilegalidad sostenida semanas y semanas por el Gobierno, que, en vez de disolverla, por emporcar la Puerta del Sol y arruinar los comercios, la protegió por antiliberal. Porque Ayuso no ha sido la primera en padecer una campaña infamante de la izquierda mediática y política (siempre más abyecta la primera, sierva de la segunda). Por aquel entonces, la joven Isabel trabajaba con Aguirre, y aquella experiencia la marcó y la blindó para superar lo que luego ha sufrido. Aquel atropello de todas las libertades lo ha vengado una liberal, con el apoyo del pueblo de Madrid, que estaba con los comerciantes, no con los niñatos antisistema.

El segundo recuerdo viene de la derecha antizapaterista, que, con el grupo Intereconomía al frente, dio una cobertura estelar a lo que veía como un acto espontáneo y yo como un típico acto comunista magnificado por los socialistas. Estaba empezando esRadio, y para darle cobertura llegué al acuerdo con Julio Ariza de ir un día al mes a la tertulia de El Gato al agua, su programa estrella, camino de ser engullido por el fútbol. Y allí tropecé, o me tropezaron, en una cita nada a ciegas, porque la urdió Ariza y la buscó y publicitó él mismo, con Pablo Iglesias, figurilla de La Tuerka y figurón del futuro Podemos, hoy retirado tras cortarle la coleta y el moño Díaz Ayuso. El debate está transcrito en Memoria del Comunismo y puede verse en YouTube. No insistiré. Pero creo que las ideas liberales, que el PP había abandonado en 2008, se enfrentaron con aquel comunismo disfrazado de espontaneísmo, al estilo del mayo de 68 que viví y detesto. Y no perdieron.

Apalear a un discapacitado por ir a ver al Papa
Iglesias y la banda de la Complu no estaban el 15M en la Puerta del Sol, porque para cualquier leninista aquello era un movimiento de extrema izquierda infantiloide y fácil de manipular por el Poder. Luego empezaron a pasarse por aquel empedrado convertido en mingitorio y finalmente lo convirtieron en el belén de su epopeya redentora de La Gente, a lo Chávez. Pero los eslóganes de aquella acampada ilegal protegida por el Gobierno, menuda ilusión, apestaban a comunismo rancio y anunciaban la violencia que poco después impuso en la política española Podemos, siempre con la cobertura socialista y con el respaldo mediático de las televisiones del PP.

Hubo un hecho que apartó a los pardillos que curioseaban en Sol la primera semana de acampada y que mostró la auténtica catadura de los acampados contra Aguirre, para entonces sólo anticapitalistas y defensores del totalitarismo zarrapastroso en todas sus variedades comunistas. Fue el apaleamiento de una joven discapacitada que iba en silla de ruedas a un acto, creo que el Encuentro con los Jóvenes, en la visita del Papa a Madrid. Al ver los colores amarillo y blanco del Vaticano, a menudo junto al rojo y amarillo de la enseña nacional, aquellos jóvenes supuestamente ingenuos, en realidad hijos de la perra de Lenin, golpearon y tiraron de la silla a la joven católica. No consta que participara Echenique, pero nadie condenó el ataque. Para mí fue la prueba de que Rubalcaba había rebasado con creces su objetivo. Y, efectivamente, poco después, cuando el movimiento tomó vida propia, vampirizado y redirigido por los chavistas Iglesias y Errejón, el número de tiendas fue cada vez menor, el hedor a orines cada vez mayor y el archivo fotográfico de los móviles agotado, disolvieron aquella cloaca.

Eslóganes estúpidos y la rata como símbolo
El estilo casposamente sesentayochista campaba en eslóganes como "Apaga la televisión, enciende tu mente", cuando Iglesias estaba loco por ir a la televisión, decía que prefería "un telediario a un ministerio" y teorizó en la New Left Review sobre "el pueblo de la televisión". Si te fías de un banco, acabarás durmiendo en uno. Véanse los trinques inmobiliarios de la casta podemita a través de Cajamadrid o la Caja de Ingenieros. El más buenista en apariencia, pero en realidad profundamente violento es "Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir". Nadie les impedía soñar, pero se arrogaban el derecho de no dejar dormir a cualquiera. Ellos y nosotros es la clave del 15M, que es profundamente comunista. En rigor, el comunismo.

Pero por encima de esas parodias grotescas de otro movimiento de niñatos sobrealimentados como fue el Mayo del 68, la imagen que más me chocó, y que de hecho anunció todo el animalismo y las animaladas que ha traído la extrema izquierda en el Poder en esta década, fue la de una chica con una rata en el hombro. Podía haber sido un pico o una pala, pero era una rata y de buen tamaño. De la hoz y el martillo a la rata al hombro: he ahí el desarrollo simbólico de la izquierda tras el 68 y la caída del Muro.

¿Y qué habrá sido de aquella rata? ¿Tendrá algo que ver con la imagen de sí mismo que puso en circulación Pablo Iglesias, imitando a un múrido, entre ratón y castor, y que luego le devolvieron en la pintada "coleta, rata" que le hizo largarse de Asturias, si es que veraneaba allí? ¿No estará disecada sobre la chimenea de la Casa Solariega de Galapagar? Y si la deja ¿no acabará en Valdelagua, en alguna vitrina zoo-histórica? No deja de ser curioso que la rata, el símbolo más estrambótico del 15M, fuera el insulto favorito de los enemigos de Pablo Iglesias, que dijo que estaba allí.

El desencanto
Alfonso Ussía. https://gaceta.es/ 16 Mayo 2021

De cuando en cuando – el enemigo no ceja en su infinita capacidad de equivocarse-, Israel se tiene que defender de los ataques terroristas de Hamás. Y cuando lo hace, cunde el desencanto en un elevado porcentaje de los medios de comunicación españoles. En seis días, el Ejército de Israel, bajo el mando del general Moshe Dayan, que llevaba un parche cubriendo un ojo perdido como el general Millán-Astray, derrotó a la RAU, la República Árabe Unida de Nasser, cuyo principal actor era Egipto. Aquella RAU desapareció coincidiendo con su ridícula derrota. Un Ejército poderoso, bien armado, financiado por todos los países árabes, atacó Israel con el amable propósito de extinguir a la nación hebrea, y en menos de una semana, la guerra había terminado. Moshe Dayan que era un militar excepcional al tiempo que inmodesto, en esta ocasión se quitó las medallas y se alejó del mérito personal. “Cuando el patriotismo, la inteligencia y la razón son partes consustanciales en un Ejército, siempre terminan por imponerse a la fuerza del odio”.

En aquel tiempo la SER la dirigía Eugenio Fontán, la presidía Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, y era la cadena radiofónica más libre, abierta y poderosa de España. Y mantuvo el equilibrio emocional durante los seis días de la guerra, que tampoco es mérito sobrado, porque seis días pasan con mucha rapidez. Cuando el progresismo lerdo se adueñó de la cadena del Carrusel Deportivo, ya al socaire de El País y del inteligente empresario Jesús de Polanco, la animadversión del grupo representante de la izquierda española hacia Israel se convirtió en una obsesión enfermiza y enfermada. Resultaba divertida la incoherencia.

Una noche, en la maravillosa casa comillana de los barones de Güell, Gerramolinos, en la ría de la Rabia, compartí tertulia con Jesús de Polanco, Iñigo Oriol, Agustín Muñoz-Grandes, ya general de Brigada, y Pancho Pérez, íntimo amigo de Polanco y uno de los mayores accionistas de Prisa. En esa tertulia, Polanco reconoció su pertenencia ideológica a la derecha. “Pero El País y la SER son de izquierdas, porque en la izquierda está el negocio”. Todavía no se había producido el “Antenicidio” de Antena 3, y Polanco habló con sinceridad. “Competir con la prensa conservadora, representada por ABC, y las cadenas de radio liberales y de derechas, como la COPE, Radio Intercontinental, Antena 3 y otras, es competir con lo ya establecido. De ahí la orientación al socialismo de Prisa. Como dirían los Corleone, es una cuestión de negocio”. Un extraordinario negocio que resultó invencible hasta el fallecimiento de Polanco.

El diario El País, fundado por Fraga Iribarne, y que aguardó a la muerte de Franco para salir a la calle, tenía dos directores in péctore. Carlos Mendo y Darío Valcárcel. Fraga era Embajador de España en Londres, y Juan Luis Cebrián, de familia falangista y ex subdirector de “Informaciones”, el periódico de la Banca, dirigido por el caballeroso Jesús De la Serna, entrevistó para la revista Gentlemen a Fraga. Una entrevista que resultó ser un masaje con final feliz. Fraga cambió de opinión, y pensó en Cebrián para El País. Hábilmente, Polanco se hizo con la mayoría del accionariado, y Prisa, por negocio, se convirtió en ea portavoz de la izquierda con el presidente más de derechas del mundo. Uno de sus principales rasgos, el antisemitismo, el abrazo y el apoyo al mundo musulmán, tan preferido por las izquierdas españolas, lo que tanto indignaba a Enrique Múgica, el honesto socialista donostiarra con hondas raíces hebreas.

Han pasado decenios, y el negocio –un negocio en venta-, persiste en su antisemitismo. Israel representa todo lo que aparentemente el socialismo está obligado a defender. La democracia, los Derechos Humanos, el trabajo, la universalidad de un pueblo y la modernidad del sistema. Pero no. El negocio no se ha enterado aún de que el negocio de Hamás, de la Yihad, de Irán, de los talibanes y de Boko Haram no es adaptable a la libertad de Occidente. Sin Israel defendiéndose de sus enemigos del siglo XI, Prisa no existiría. Es lo que sucede cuando un grupo periodístico nació de la necesidad de ganar dinero haciéndose pasar por lo que no era. Hoy, el antisemitismo del periodismo español ha crecido, como la estupidez, la majadería y la desvergüenza de muchos periodistas. Pero Israel se defiende y seguirá ganando con el patriotismo, la razón y la inteligencia frente a la barbarie medieval.

La Gaceta de la Iberosfera
Defensa de Israel
EDITORIAL https://gaceta.es 16 Mayo 2021

Resulta lamentable observa el grado de sectarismo ciego, profundamente antisemita y por ende, antidemocrático, de la inmensa mayoría de los medios de comunicación occidentales ante el reciente ataque sufrido por Israel en forma de centenares de cohetes y morteros disparados indiscriminadamente por la organización terrorista Hamas desde Gaza. Que esos medios, esa inmensa mayoría, condenen el efecto (la legítima defensa israelí) y no la causa (el terrorismo de Hamás consentido por el desgobierno del partido Fatah del presidente Abás) demuestra que la vulgaridad intelectual se ha apoderado de los editorialistas españoles.

Pero si lamentable es esa hostilidad periodística prejuiciosa contra Israel, la única democracia que merece llamarse por ese nombre en Oriente Medio, lo que es una calamidad es la defensa cerrada de organizaciones políticas criminales palestinas (entre las que también se ha instalado el yihadismo) a las que parece que asiste el derecho a sembrar el terror y a hacerse las víctimas al mismo tiempo.

La única víctima en Palestina, y es un mal que aflige al mundo islámico en su totalidad, es su desprecio sistemático por la verdad y la democracia. Y la verdad es que después de quince años sin elecciones legislativas en los territorios palestinos por múltiples y espurias razones, la decisión del presidente Abás de posponer otra vez los comicios (ante la más que presumible derrota de su partido Fatah frente a los candidatos de Hamas reunidos en torno a la formación ‘Jerusalén, nuestra promesa’ y la amenaza que supone el auge del partido Libertad de Nasser Al-Kidwa, sobrino del histórico terrorista Yaser Arafat), ha sido el detonante del ataque a Israel.

Que la contienda por el poder entre partidos y facciones palestinas dé como resultado una descarga de terrorismo sobre Israel con la excusa de Jerusalén, debería hacer reflexionar al presidente Joe Biden sobre la errática posición actual de su Administración que está destruyendo, a toda prisa, el legado que recibió del excelente trabajo diplomático llevado a cabo por Donald Trump en la región. De los medios de comunicación occidentales, ensoberbecidos en su retórica contra Israel, no esperamos gran cosa.

Lo único que se puede pedir al presidente Netanyahu, en una situación política delicada, pero al que asiste el legítimo derecho a defender a Israel de los ataques palestinos, es que ajuste su respuesta militar a la proporcionalidad para evitar el riesgo de una guerra, otra más, con el mundo árabe en la que tantos, empezando por los musulmanes y terminando por las Fuerzas Armadas españolas que vigilan la paz en el Líbano, tendrían mucho que perder. Lo que no se le debe pedir al Gobierno israelí, y mucho menos exigir, es que ceda al chantaje del terror y permita el control de Jerusalén Este a una autoridad palestina que jamás tendrá autoridad alguna si a las negociaciones sigue llegando cargada de cohetes y no de razones.

Lo que los ‘progres’ no te están contando sobre Israel
Jorge Mestre. okdiario 16 Mayo 2021

“La violencia que Israel lanza desde los cielos sobre Gaza” o “Gaza languidece bajo la ofensiva por tierra y aire de Israel” son algunas de las falsedades que ciertos medios de comunicación españoles están propagando entre sus lectores para volver al clásico juego de victimizar a toda Palestina y culpabilizar a todos los israelíes.

A los terroristas se les combate, no se les regala ni flores, ni se puede quedar uno cruzado de brazos esperando que cejen en su empeño por destruirte, porque entonces te machacarán hasta borrarte del mapa. Y en esas está Israel desde hace una semana. Lo que allí se vive no es una guerra contra Palestina, es una guerra contra el terror y contra los terroristas de Hamás. Fueron ellos quienes comenzaron a lanzar cohetes desde el pasado lunes sobre la población civil israelí y la lógica dice que el país tiene no sólo derecho a defenderse, sino a tratar de acabar con los lugares dentro de la franja de Gaza desde los que son lanzados los proyectiles por parte de los terroristas.

Hasta ahora han sido lanzados la friolera de más de 2.000 cohetes que podrían acabar cada uno con la vida de 20 personas de media. Puede uno imaginarse la masacre que se habría producido entre los habitantes de Jerusalén si Israel no dispusiera de un eficiente sistema de escudo antimisiles. Pero de eso no se habla. Por cierto, varios centenares de los cohetes lanzados por los terroristas de Hamás han caído en su propio territorio de Gaza con las consiguientes víctimas entre su población. Pero de eso tampoco se habla.

Los terroristas islamistas de Hamás, esos que ayudados por Irán han construido un verdadero arsenal ofensivo, utilizan a su propia población como escudos humanos. Es decir, lanzan toda su artillería desde lo alto de edificios habitados por civiles inocentes, colegios u hospitales para que, en caso de respuesta de Israel, pueda acusarse al estado judío de masacrar niños, enfermos y otros inocentes. Y en esas están los satélites mediáticos de la ‘progresía’ occidental.

La respuesta justificada de Israel está siendo milimétrica, digamos incluso que quirúrgica. Dispone de una capacidad militar que podría destruir la franja de Gaza en cuestión de minutos, pero ese no es el objetivo. El fin último es detener los ataques indiscriminados de los terroristas, contenerlos y disuadirlos para que no sigan por ese camino para llegar a la calma que había prevalecido en los últimos siete años.

Somos pocos los que estamos reivindicando en estos momentos la figura de Donald Trump como el último presidente de los EE.UU. que verdaderamente dispuso de un plan en Oriente Medio y que logró que un número mayor de países musulmanes establecieran relaciones diplomáticas con Israel con el consiguiente aislamiento de los terroristas y radicales que creen que la yihad es el único modo de canalizar sus reivindicaciones.

Hay que recordar también que Trump fue el primer presidente bajo cuyo mandato el terrorismo internacional descendió su actividad hasta niveles que no se habían conocido desde los años 90 del siglo pasado. Pero de eso ni los políticos ‘progres’ ni sus terminales mediáticas tampoco hablan.

Ha sido llegar Joe Biden y la inseguridad internacional va creciendo por momentos. La frontera de Ucrania con Rusia, ahora de nuevo Oriente Medio, Corea del Norte, y lo que queda. Ese es el nuevo escenario al que nos tenemos que acostumbrar con la llegada al poder de la ‘izquierda’ estadounidense. El mismo escenario que hubo bajo la era de Barack Obama y para quien sí hubo sorprendentemente un Nobel de la paz. El mundo al revés.

Nada de pedir perdón
Alejo Vidal-Quadras. vozpopuli.es 16 Mayo 2021

Este año 2021 coinciden tres efemérides de gran significación a ambos lados del Atlántico, el 200 aniversario de la independencia de México, los 700 años de la fundación de la capital azteca, la legendaria Tenochtitlan, y el quinto centenario de la conquista de ese país por Hernán Cortés, su menguada hueste española y sus miles de aliados indígenas. Como es natural, esta celebración múltiple ha de ser organizada principalmente por el Gobierno mejicano, pero es obvio que España debe tener un papel y un protagonismo especial en los actos que se celebren. La cosa ya empezó mal cuando en marzo de 2019 el presidente López Obrador envió una carta tan impertinente como inoportuna al Rey Felipe VI exigiendo que nuestro país se disculpara oficial y públicamente por los abusos cometidos por los conquistadores hace cinco siglos. Aparte de que juzgar moral y políticamente acontecimientos de un remoto pasado bajo el prisma de los principios, valores y normas jurídicas del presente es una anacronía absurda, lo que el primer mandatario mejicano demostró con esta desacertada misiva es su profundo desconocimiento de la historia de España y de la de su propia tierra, tan íntima y fraternalmente unida a la nuestra.

La literatura sobre las increíbles aportaciones de España a América es ingente y ocupa bibliotecas enteras, que, por lo que se ve, López Obrador no se ha dignado leer, aunque sólo sea una mínima parte. Por ejemplo, no estaría de más que se familiarizase con el magnífico trabajo de Luis Suárez Lo que el mundo le debe a España o a obras más recientes y amenas como No te arrepientas de José Javier Esparza o Imperiofobia y leyenda negra de Elvira Roca Barea, por citar tres ejemplos bien acreditados de rigor, precisión y calidad. Si se hubiera documentado debidamente, en vez de entregarse a tópicos electoralistas y demagógicos, no escribiría banalidades ni pondría en peligro un múltiple acontecimiento conmemorativo que, lejos de resucitar agravios imaginarios y estériles, ha de contribuir a un hermanamiento aún más estrecho de la vasta comunidad hispanoamericana en beneficio de todos.

Aunque los ejemplos que demuestran la vaciedad y la mezquindad rencorosa del presidente mejicano son incontables, me limitaré a mencionar dos que deberían bastar para reducirle al silencio contrito. El primero hace referencia a la protección que desde los albores de la llegada de los españoles a América dispensó siempre la Corona a los nativos de los lugares que se iban incorporando al dominio y la tutela real. Se supone que el hoy engallado presidente no ha tenido ocasión de conocer el codicilo del testamento de Isabel la Católica en el que se dice, entre otras cosas notables: “Suplico al Rey mi Señor muy afectuosamente y encargo y mando a la princesa, mi hija, y al príncipe su marido que… no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, sino que manden que sean bien y justamente tratados y si algún agravio han recibido, lo remedien…”. Esta doctrina de la gran Isabel contrastaba frontalmente con la cultura imperante en la época sobre el derecho de conquista, según el cual los conquistadores pasaban a ser propietarios de vidas y haciendas de los conquistados, considerados meros bienes materiales a plena disposición de sus nuevos dueños. Búsquese, si no, alguna preocupación similar a la expresada por la católica soberana en las prácticas portuguesas, inglesas u holandesas de aquellos días o posteriores.

Ánimas racionales
Bien es verdad que la institución de la encomienda, imperante en los principios de nuestra presencia en el Nuevo Mundo, no era precisamente un dechado de tratamiento humanitario a los encomendados, pero hay que comprender los sacrificios, esfuerzos y penalidades, por no hablar de las onerosas deudas contraídas para conseguir su objetivo que habían sobrellevado los encomenderos. Aún así, sucesivas leyes, como las Leyes de Burgos de Fernando el Católico de 1512 o las Nuevas leyes de Carlos I de 1542 siguieron insistiendo en las mismas ideas de las últimas voluntades de Isabel, espoleados por las denuncias y los informes recibidos de los misioneros dominicos, franciscanos o agustinos que, entregados abnegadamente a su labor evangelizadora, velaban por sus catecúmenos. El célebre sermón de Fray Antonio Montesino a los gobernantes y encomenderos de La Española en diciembre de 1511 fue lo suficientemente elocuente y tuvo un fuerte impacto en la Corte al otro lado del océano: “¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos?” Semejantes admoniciones no eran pura retórica porque los buenos frailes se negaron a dar la absolución a los que maltrataban a los indios a su cuidado. Hecho insólito en la historia, una potencia conquistadora había creado y aplicado un armazón normativo para proteger a los conquistados. Jamás otra nación del orbe distinta a España ha hecho nada parecido.

López Obrador debería tenerlo en cuenta.

El segundo ejemplo es el inmenso trabajo, el perseverante empeño y los abundantes saberes que entre los siglos XVI y XVIII centenares de estudiosos dedicaron a estudiar las lenguas amerindias, su vocabulario, su estructura, las dotaron de escritura y tradujeron numerosas obras religiosas, científicas y literarias, más de un millar, al náhuatl, al quechua, al mapuche, al guaraní, entre otras parlas autóctonas. La primera cátedra de quechua se creó en la Universidad de Lima en 1579. Es suficiente mencionar la Historia General de las cosas de Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún, publicada a finales del siglo XVI, una verdadera enciclopedia etnográfica en doce volúmenes en español y en náhuatl, para calibrar la atención que los españoles de América dedicaron al conocimiento de las lenguas locales. Fueron las elites políticas que tomaron el control tras la independencia las que quisieron eliminar los idiomas originarios en aras de la modernización uniformizadora de sus repúblicas, pero su afán destructivo fue inútil, tal había sido la labor de salvación realizada por España en los trescientos años anteriores. Actualmente, el quechua tiene ocho millones de hablantes, los mismos el guaraní, cinco millones las lenguas mayas y dos millones el náhuatl y también el aimará. Dicho claramente, para que el presidente López Obrador se entere, las lenguas amerindias han sobrevivido y conservan su pujanza gracias a España y su respeto a la pluralidad cultural.

Una huella profunda
Los territorios hispanos de América, a diferencia de los sometidos a otras potencias europeas, nunca fueron colonias, fueron una España transatlántica y sus habitantes considerados súbditos de la Corona al igual que los castellanos, aragoneses, navarros o andaluces, españoles de ambos hemisferios, como rezaba la Pepa en su grandioso arranque. No tenemos, por tanto, nada de lo que avergonzarnos y si bastante de lo que enorgullecernos sobre la huella profunda que hemos dejado en América y en la próxima carta que le dirija el presidente mejicano a nuestro monarca en lugar de reproches extemporáneos y carentes de fundamento, no estaría mal que le expresase su reconocimiento de lo mucho y fecundo que sembramos en el hermoso Virreinato de Nueva España.

La República francesa frente al islam
Militares franceses advierten del peligro de guerra civil. Ya la hubo en Francia a mediados del siglo XX
Luis Reyes. vozpopuli.es 16 Mayo 2021

Ruido de sables en el Ejército francés: dos manifiestos en pocos días, uno de militares en activo y otro de retirados, han advertido del peligro de “guerra civil” en Francia. El enemigo sería el islamismo que, desde hace unos años, desarrolla una campaña de terror indiscriminado. El terrorismo islámico recluta sus comandos suicidas y se ampara en la masa de casi seis millones de musulmanes que hay en Francia, el 8’8% de la población, pero también en lo que los franceses llaman slamo gauchisme, esa izquierda que apoya cualquier cosa que vaya contra la civilización occidental, la democracia parlamentaria y el capitalismo.

La Historia se repite. A mitad del siglo pasado Francia vivió en su territorio una guerra contra los inmigrantes musulmanes, que tenían el apoyo de la izquierda capitaneada por el Partido Comunista Francés. Las hostilidades comenzaron a las 2.30 de la madrugada del 27 de agosto de 1958, cuando un grupo de hombres armados tuvo la osadía de asaltar una dependencia de la Prefectura de París, el corazón de la Policía francesa. Mataron a dos agentes e incendiaron el garaje central de la Policía.

No fue un ataque aislado. En una operación coordinada que usaba tácticas de guerrilla urbana, se produjeron 20 asaltos a comisarías y otros objetivos estatales. La ofensiva se produjo a lo largo de tres horas de aquella corta noche veraniega, y dejó relativamente pocos muertos: cuatro policías y cinco asaltantes. Pero era sólo el principio. El FLN había decidido llevar la guerra a Francia.

El FLN era el Frente de Liberación Nacional de Argelia, el movimiento que pretendía la independencia de esa peculiar colonia francesa que tenía consideración de departamento (provincia) y donde habían nacido y vivían un millón de franceses, los pied noirs, el 10% de la población. La Guerra de Argelia había estallado en 1954, y presentaba todas las feas características de un pozo sin fondo, capaz de engullir todos los recursos de Francia, que acababa de salir derrotada de otra guerra colonial, la de Indochina.

En aquella época la población musulmana de Francia era insignificante comparada con la de ahora, alrededor de un cuarto de millón, pero presentaba características muy homogéneas, casi todos eran varones argelinos que habían venido a trabajar en la industria metalúrgica, donde ganaban muy buenos salarios. La mayoría vivía en el cinturón industrial de París, formando una especie de anillo musulmán alrededor de la capital. Esta población no llamaba la atención de la sociedad francesa, ni siquiera de la Policía, pero para el FLN era muy importante. En realidad el FLN había decidido llevar la guerra allí en 1955, aunque Francia no se había enterado.

Durante tres años el FLN había aterrorizado a esa población inmigrante perpetrando 4.000 asesinatos. Primero se enfrentó con otras organizaciones argelinas rivales, hasta eliminar a la competencia política, y luego a la población en general para que pagase el “impuesto revolucionario” y diese apoyo material a las células terroristas. Ese impuesto revolucionario supondría el 80% del presupuesto del FLN, pues los comerciantes tenían que pagar 10.000 francos al mes, los taxistas 8.000, y los simples obreros 2.000. Las pocas mujeres musulmanas que había entonces pagaban 500 francos, a no ser que ejerciesen la prostitución, en cuyo caso la tarifa era de 5.000. Caso excepcional, las prostitutas francesas también debían cotizar si tenían un chulo argelino.

Nadie parecía enterarse de lo que pasaba en el anillo musulmán de París, eran “cosas de beurs (moros)” para la Policía, que no solía entrar en esos guetos. No es sorprendente que cuando el 27 de agosto del 58 el FLN llamó a la guerra, contase con 8.000 militantes en Francia, o que el número de afiliados con carnet del FLN llegara a alcanzar en 1960 los 136.000, la mitad de la población argelina en Francia.

La República se defiende
Al día siguiente del primer ataque el Gobierno francés respondió desplegando el Ejército por toda Francia. Era aceptar oficialmente que la Guerra de Argelia había llegado al territorio metropolitano. Pero pese al despliegue de soldados los ataques continuaron. El 28 de agosto fue incendiada la gran refinería de petróleo de Rouen, un gran fuego para iluminar una batalla que supondría la muerte de 16 militares, 47 policías y 150 civiles franceses. Los militantes del FLN tenían orden de no dejarse coger vivos, un elemento más de paralelismo con los terroristas-suicidas islámicos.

La República Francesa respondió con contundencia al desafío. Se crearon “centros de asignación de residencia vigilada”, eufemismo para definir a cinco campos de concentración abiertos en instalaciones militares, donde fueron internados 14.000 argelinos, y se procedió a la deportación de muchos de ellos. Ante la consigna del FLN de “caza al flic (poli)”, las comisarías de Policía se protegieron con bloques de cemento y nidos de ametralladores, se hacían redadas masivas en el “anillo musulmán”, y aunque no se proclamó oficialmente se estableció un toque de queda para los argelinos. A partir de las siete de la tarde todos los locales de sus barrios tenían que cerrar y cualquiera que estuviese en la calle era detenido, sobre todo si circulaba por el centro de París.

En mayo de 1961 se abrió un nuevo escenario, el general De Gaulle decidió abandonar Argelia, que se había convertido en un cáncer insoportable para la economía francesa, y que tenía violentamente dividida a la sociedad, pues toda la izquierda –con la excepción de Albert Camus, que era hijo de pied-noirs españoles- apoyaba la independencia. Se iniciaron conversaciones con el FLN y el Ejército francés hizo un alto el fuego unilateral. Pero el FLN hizo todo lo contrario, renovó la virulencia de sus ataques en Francia para forzar mejores condiciones en la negociación.

Solamente entre agosto y septiembre de 1961, cuando la paz estaba a la vuelta de la esquina, fueron asesinados 12 policías en París. Las fuerzas del orden estaban furiosas con aquella matanza que ya no tenía sentido, y el Prefecto de París expresó su frustración: “Por cada golpe que recibamos devolveremos diez”. La ocasión de esa respuesta la ofreció en bandeja el FLN cuando convocó una marcha de sus seguidores sobre el centro de París.

El 17 de octubre de 1961 el FLN quiso hacer una demostración de fuerza, desafiar abiertamente a la República con una marcha masiva desde el anillo musulmán al centro de París, al anochecer, es decir, rompiendo el toque de queda. Unos 30.000 argelinos confluyeron hacia el centro por varios itinerarios, siguiendo la consigna disciplinadamente, pero se encontraron con 7.000 policías que no se lo iban a consentir.

Aunque Francia perdiese la Guerra de Argelia, la Policía ganó la batalla de París: detuvo a 12.000 argelinos, de los que 2.000 serían deportados a Argelia y encerrados en un campo de concentración, pero no se sabe cuántos muertos hubo. En los días siguientes aparecieron 60 cadáveres de musulmanes flotando en el Sena. De Gaulle dijo que la Policía “había hecho lo que tenía que hacer”. Para la izquierda antepasada del islamo-gauchisme, la batalla de París sería en cambio un crimen de Estado contra el que ha clamado durante años. Poco después la izquierda francesa organizó su propia manifestación de apoyo a la independencia de Argelia. De esa sí se conocen las bajas, murieron ocho izquierdistas franceses.

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Suponiendo que su adiós no sea otro embuste más
Las lecciones que nos deja el coletudo descoletado
EDUARDO INDA. okdiario 16 Mayo 2021

Dios o, más bien, el diablo me libren de comparar al patán de Pablo Iglesias con Napoleón, uno de los franceses más gloriosos de todos los tiempos, si no el más grande. Pero uno, que es perro viejo, no descarta para nada que el lloroso adiós del llorica ultraizquierdista no sea más que la enésima trola. Así como el genial corso fue desterrado a la isla italiana de Elba pero luego regresó en esa patochada que fueron los Cien Días finiquitados en Waterloo, yo pronostico que antes o después el coletudo descoletado intentará volver a la arena política. Claro que si da el paso corre el riesgo de pegarse un bofetón aún mayor por aquello de que segundas partes nunca fueron buenas. Pero, claro, pedir clarividencia a un tipo que no es muy listo es tanto como reclamar que el olmo suministre peras.

Lo que sí espero es que en este país haya racionalidad suficiente para no repetir la pesadilla. Una pesadilla cuya raíz se retrotrae a José Luis Rodríguez Zapatero, tal y como acertadamente apuntó el abogado del Estado Jesús Trillo-Figueroa en su libro El espectro del comunismo: del socialismo a Podemos, publicado en 2015. Tal y como apostilló el tan ilustre jurista como desinteresado amigo, “el radicalismo que trajo ZP es el radicalismo que ha explotado con Podemos”. Cierto. Muy cierto. Zapatero acabó con el Pacto y el Espíritu de la Transición, un gran acuerdo de reconciliación nacional entre vencedores y perdedores de la Guerra Civil mediante el cual todos acordaron mirar hacia adelante y olvidar las salvajadas que unos y otros perpetraron en esa contienda de “malos contra malos”, en afortunada expresión de Stanley G. Payne.

Zapatero fue, asimismo, el que por Rubalcaba interpuesto dio rienda suelta al 15-M a sabiendas de que el marrón subsiguiente no se lo comería ninguno de ellos, ya que estaban desahuciados, sino Mariano Rajoy que escalaba posiciones en las encuestas a velocidad de vértigo. El presidente más simpático, más respetuoso con los medios, pero a la vez más extremista e irresponsable, resucitó el guerracivilismo, se cargó los consensos, convirtió al PP en una suerte de apestado a través de pactos como el del Tinell, y consecuentemente dio alas a personajes que en nuestra democracia no eran más que peligrosos lumpen. Ítem más: él fue a partir de 2014 uno de los ideólogos en la sombra y uno de los grandes responsables de que se normalizara una anormalidad llamada Pablo Iglesias y cía.

La salida por la puerta de atrás del personaje más siniestro que hemos conocido en democracia, nada que ver con un Carrillo que entendió que la España del abrazo que ponía fin a la de los garrotazos era la única opción, constituye una gran noticia. Con él llegó la crispación, las amenazas, los señalamientos, la persecución de los medios críticos y la violencia, como vimos en Vallecas con los matones de su guardia personal intentando matar a pedradas a los militantes de Vox. Y sin él se va todo este mar de maldad.

La primera clave del éxito colosal de la Transición fue la liquidación de facto de los extremistas en una suerte de perfeccionado turnismo entre un partido socialdemócrata de centroizquierda y uno liberal-conservador de centroderecha. La segunda fue la madurez del pueblo español que, como subrayó Ana Botella tras la inesperada derrota de 1993, “nunca se equivoca”. Madurez exhibida nuevamente en las urnas el pasado 4 de mayo donde se refrendó el buen gobierno y se castigó a una mala oposición. Esta magnífica costumbre de Juan Español de dar a cada uno lo suyo es impensable en otros países donde el abuso de poder, la corrupción, la censura y la prevaricación salen gratis durante mucho tiempo o toda la vida. Aquí, aunque tarde más de lo que nos gustaría, se sancionan las prácticas inmorales y/o ilegales. Sistemáticamente.

Entre todos debemos hacer un esfuerzo para que excepcionalidades como Iglesias y Podemos no se repitan. De las tareas que nos salen bien en cualquier orden de la vida se aprende más bien poco, las grandes lecciones nos las proporcionan las etapas convulsas, los fracasos, los gatillazos políticos y las meteduras de pata históricas. Ahí van 10 lecciones que la era Iglesias nos deja. Conviene no olvidarlas para no vivir condenados a repetirlas.

1.-La anomalía española. En ningún país de la Unión Europea, y no digamos ya en los Estados Unidos o en el Reino Unido, se auparía al centro del debate político a un tipo que es lumpen. Lumpen político, social y democrático. El sistema de Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Austria, Suecia o Dinamarca cortocircuitaría a un personaje de semejante catadura ética, estética —en todos esos países no veo diputados en camiseta o chanclas— y legal. Allí nunca se blanquearía a un partido financiado por dos sangrientas dictaduras, Venezuela e Irán. Más que nada porque, así como en el ser del escorpión está el picar, en el de un comunista añorante del Frente Popular es prioridad absoluta instaurar un sistema dictatorial o, como mínimo, autoritario o autocrático. La libertad y gente así se llevan entre mal y peor. A los que ponen como ejemplo el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo italiano o a los helenos de Syriza hay que puntualizarles que ninguno de estos partidos ha cuestionado más allá de la cuenta el estatus quo.

2.-Las pruebas estaban ahí. Que medios, sociedad civil, Gobierno (el de Rajoy y el de Sánchez) e incluso el Ibex 35 colegueasen con este sujeto es perfecto indicativo del estado moral de esta España de nuestras entretelas. Cualquiera de los vídeos, los tuits o los artículos de opinión de Iglesias, Monedero o Errejón antes de saltar a la fama serían motivo más que suficiente para que todos ellos hubieran proclamado a los cuatro vientos: “Apartad de mí este cáliz”. He de recordar que Iglesias expresaba en un vídeo de 2012 su “emoción” al ver cómo una turba intentaba matar a patadas a un antidisturbios. O cómo en una charla con jóvenes muy anterior a su entrada en política animaba a los allí congregados “a dejarse de mariconadas y salir a cazar fachas”. Más bestia aún fue ese otro en el que instaba a sus seguidores a preparar cócteles molotov y, que según una agencia de verificación podemita, Maldito Bulo, fue “una declaración paródica”. De coña. Tampoco podemos olvidar que, tal y como desveló el compañero Fernando Lázaro, este sujeto fue un tiempo el enlace en Madrid de la asociación que agrupa a los presos etarras, Herrira. Igualmente, no es cuestión de meter en el baúl de los recuerdos esa otra grabación en la que el defraudador Monedero manifiesta que “teniendo en cuenta el grado de violencia ejercido por el Estado en el País Vasco, uno puede empezar a comprender a ETA”. Como tampoco eran una parodia las charlas de Iglesias en herriko tabernas o las loas a ETA por su oposición sangrienta a la Constitución del 78. Por no hablar del silencio cuasisepulcral que se vivió cuando se conoció, a través de OKDIARIO, que en un chat de la feministísima cúpula de Podemos había manifestado su intención de “azotar hasta que sangre a Mariló Montero”.

3.-La irresponsabilidad de los medios. Salvo el caso del gigantesco Felipe González, que sí es un demócrata, jamás de los jamases se vio a la prensa rendirse con armas y bagajes de esta manera a un político. Leyendo esos periódicos, escuchando esas radios y viendo esas televisiones uno podía llegar a la conclusión de que estábamos ante un Winston Churchill en versión izquierdista. Para todos ellos era el más guapo, el más listo, el más honrado y el ¡¡¡más elegante!!!, que de todo hubo en la viña del Señor. No había corporación mediática que no le perdonase la vida ni contertulio que no lo defendiera con uñas y dientes ante los críticos que, por aquel entonces, cabíamos en un 600 y sobraban un par de plazas. Luego, el zopenco amplió el elenco de periodistas a linchar: Eduardo Inda pasó a estar acompañado por prácticamente toda la profesión. Que el periodismo patrio es más tolai de lo que nos creemos lo demuestra el hecho de que se le perdonase otra diatriba, pronunciada esta vez en El Objetivo allá por 2014 ante una Ana Pastor que le apretó las tuercas de lo lindo: “La existencia de medios de comunicación privados ataca la libertad de expresión”.

4.-El fratricidio del periodismo. Todas las profesiones son corporativas, lo cual es razonable, pragmatismo puro, menos una: la que tengo la suerte de ejercer. Tanto un servidor como este gran medio han sido objeto de todo tipo de ataques, calumnias, campañas, infamias y mentiras varias entre el silencio cómplice o la hooligan complicidad de los compañeros. Salvo el Programa de Ana Rosa y la Asociación de la Prensa de Madrid, dirigida por el tan veterano como prestigioso Juan Caño, nadie dijo ni mu cuando el 1 de marzo del año pasado el susodicho pidió la cárcel para mí por el caso Dina y, a las 24 horas, su compañera repitió la tesis cual cacatúa. Los mismos que callaron como putos cuando la Justicia demostró que el delincuente en este escándalo era él y no Eduardo Inda. Y así podríamos seguir hasta mañana.

5.-La tontuna del Ibex 35. El genio Jiménez Losantos suele recordar cada dos por tres la frase vomitada por ese asesino de masas que fue Lenin: “Los burgueses nos van a vender las sogas con las que les vamos a ahorcar”. Iglesias debería haber parafraseado el aserto al contemplar cómo numerosos presidentes del Ibex 35 le recibían, le peloteaban, le agasajaban y no sé si le financiaban. Hace falta ser membrillo para reírle las gracias a un tipo que quiere nacionalizar, que anhela acabar con la propiedad privada y que quiere freírnos con impuestos superiores al 60% en el caso del IRPF o del 40% en el de Sociedades.

6.-La amoralidad de Sánchez. Un secretario general del PSOE no puede nunca meter en el Gobierno a un extremista violento como Pablo Iglesias. Más que nada, porque detrás del podemita vendrán, como han venido, sus coleguitas etarras (Arnaldo Otegi) y golpistas (ERC y la CUP). El presidente del Gobierno ha visto, eso sí, cómo los vientos que sembró han degenerado en tempestades. El día que esta chusma no filtraba una deliberación del Consejo de Ministros, chivaba a sus plumillas de cámara un proyecto de ley y el día que no hacía una cosa o la otra proclamaba a los cuatro vientos que “en España no hay normalidad democrática”, como si esto fuera su amada Venezuela, ese Irán que le pagaba hasta el teléfono móvil, Rusia o una satrapía del Golfo Pérsico. O como si Sánchez fuera Maduro, Putin o el jeque catarí Al Thani. Cuando te acuestas con el diablo, lo normal es que te levantes con dos colmilladas en el cogote.

7.-La idiocia de Soraya. En este caso sí sabemos que la gallina fue antes que el huevo. Obviamente, el ave galliforme estuvo representada por Sáenz de Santamaría. Ella fue la promotora en la sombra de la gulliverización de un trío de chiquilicuatres llamados Iglesias, Monedero y Errejón. Su diabólico objetivo pasaba por engordar el pollino para frenar a un PSOE que acortaba distancias en las encuestas a consecuencia de individuos tan poco recomendables como Bárcenas, Correa o Ignacio González o de complicidades tan infantiloides como ese “Luis sé fuerte, hacemos lo que podemos” de Mariano Rajoy.

8.-La pasividad de la Justicia. Si al Partido Popular le trincan recibiendo millonadas de tiranías aquí se monta la de Dios es Cristo y acaba en la trena hasta el bedel de Génova 13. A los gerifaltes de Podemos se les pilló con el carrito del helao de Venezuela e Irán, cerca de 10 millones de euros, y aquí no pasó nada. Les salió gratis y encima ellos sacan pecho. Ya les hubiera gustado a los reos populares tener la misma suerte que esta banda pero intuyo que Soraya también tuvo algo que ver en esta increíble, pero cierta, barra libre de los enemigos de la democracia.

9.-La absolución de la incoherencia. En un estado democrático serio en el que funciona ágilmente ese sistema anglosajón de checks and balances —controles y equilibrios— el casoplón, que destapó en primicia OKDIARIO, le hubiera costado la carrera a su protagonista. Aquí, no, unos cuantos intentaron blanquearlo dando por bueno, que hacen falta bemoles, ese plebiscito interno en Podemos más propio de la Nicaragua orteguista que de la cuarta economía de la zona euro. Un político que dice que nunca vivirá “aislado” como los burgueses o los empresarios en “mansiones blindadas del extrarradio” y se va a vivir “aislado a una mansión blindada del extrarradio” debería tener las horas contadas en la vida pública. Aquí, no, aquí el pájaro sobrevivió tres años a ese chaletazo que tal vez es el santo y seña de su personalidad. Nunca una vivienda definió tanto a alguien. Por cierto: ¿por qué nunca Hacienda ha investigado la adquisición por 670.000 euros de una propiedad que vale más de un millón?

10.-La mentira como forma de vida. Alguien dijo, y no sé si estaba en lo cierto pero desde luego se aproximaba, que la política es el arte de la mentira. Si alguien se ha aplicado el cuento, aunque con menos fortuna, por ejemplo, que Pedro Sánchez, es Pablo Iglesias. Eso sí: que haya dicho cientos de veces “Diego” donde antes pronunció un contundente “digo” daba igual. Tenía bula e imagino que la seguirá teniendo durante años, haga lo que haga, esté donde esté, porque el 80% de los medios y los periodistas, antaño filosocialistas, está ahora vendido a Podemos.

Fue una batalla dura, durísima, que a algunos nos costó intentos de muerte civil, campañas furibundas en la red donde lo más suave que nos decían era “hijo de puta”, querellas por doquier que siempre perdían los podemitas —hemos ganado todas—, insultos e incluso intentos de agresión en la calle. Pero mereció la pena. Lo volveríamos a hacer mil y una veces más. España es desde hace 12 días un país infinitamente mejor. Aunque no las tengo todas conmigo. Sea de la mano del enemigo de España, Jaume Roures, del embustero bufón Risto Mejide o liándola desde Sudamérica no veo a este nene malcriado resignándose al anonimato. Ya saben que lo que más le pone es ser el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro. Espero, confío y deseo que sea su muerte y su entierro político. Y, si no es así, allí estaremos de nuevo para hacerle frente bajo una enorme pancarta: “No pasarán”.

El fracaso y frustración del manipulado 15-M
Algunos de los indignados ahora tienen escolta, coche y despacho oficial
Francisco Marhuenda. larazon 16 Mayo 2021

El balance de los diez años del 15-M permite afirmar que fue un fracaso como proyecto político, una frustración para los “indignados” y un gran éxito personal para algunos. No asaltaron el Palacio de Invierno, sino que mejoraron su cuenta corriente. Actualmente sigo pensando lo mismo que entonces expresé sobre que se trataba de un movimiento que afectaba estrictamente a la izquierda en el contexto de una grave crisis económica que estuvo a punto de provocar una debacle. No se trataba de algo transversal que afectara a todos los partidos, sino que perjudicó al PSOE e impulsó la creación de Podemos. El PP obtuvo ese año una mayoría absoluta contundente con un rival desorientado y en declive. A los populares les pasaría factura la corrupción, expresada con el escándalo Gürtel y la incapacidad de gestionarlo, así como el incumplimiento de los compromisos electorales y el abandono de la ideología en favor de la tecnocracia más fría y mecánica. Los militantes y votantes perdieron el orgullo de ser o votar al PP y optaron por migrar a Ciudadanos o, más recientemente, a Vox.

Un ejemplo de esa asepsia tecnocrática fue no revertir las medidas ideológicas y de adoctrinamiento social características de la izquierda como había sido la ley de la Memoria Histórica. Con una miopía sin límites se optó por no dotarla de presupuesto. En cierta ocasión, hablando con un presidente socialista me replicó que cuando llegaba la derecha no modificaba o derogaba las leyes que ellos aprobaban. Esa cobardía y complejo ideológico acabó por pasar factura en las urnas. La irrupción de Ayuso, con una victoria demoledora frente a una izquierda desorientada y en declive, ha permitido que los votantes populares recuperen el orgullo. Hace tiempo que esperaban un centro derecha con las ideas claras, el lenguaje directo y sin complejos que tiene la presidenta madrileña. El recuerdo de este aniversario pone de manifiesto que Podemos, el vehículo político de la izquierda radical y antisistema, ha entrado en un declive que parece irreversible y que le llevará a la irrelevancia política como sucedía con IU. Podemos lo tuvo todo a su favor, incluida la simpatía de los periodistas de izquierdas, que son una gran mayoría, que se sentían identificados con su mensaje rupturista en una España golpeada por una crisis que les había afectado mucho.

No se puede quitar mérito, sería un error, al acierto de Iglesias y los que le acompañaron en la fundación de Podemos porque identificaron los problemas, estructuraron unos mensajes, manejaron las redes sociales y se hicieron imprescindibles en los medios de comunicación. Eran jóvenes que mostraban una gran ilusión y un carácter combativo que no tenían los dirigentes de IU, que eran excesivamente institucionales y se habían adaptado al sistema. Uno me comentó que habían dado el salto a la política activa porque la crisis había cercenado sus carreras universitarias. El denominador común de una buena parte de los que luego serían ministros, diputados, eurodiputados o concejales era la precariedad. Eran interinos, asociados o vivían del activismo en asociaciones comunistas, anticapitalistas o anarquistas.

Eran inexpertos profesionalmente y sus currículos, algunos característicos de su condición de vástagos de familias acomodadas, no hacían suponer que llegarían a subir tan alto en tan poco tiempo gracias al ascensor social de la política. No hay duda de que económicamente les sentó muy bien el éxito. Era el mismo comunismo, anticapitalismo o anarquismo de siempre modernizado con el populismo bolivariano que tan bien conocían gracias a su colaboración con el régimen autoritario de Hugo Chávez y su sucesor. Habían sido tratados muy bien en Venezuela con la excusa de su participación en proyectos universitarios. La importancia del 15-M como fenómeno mediático, que superó nuestras fronteras, fue el impulso, junto a su presencia en los medios de comunicación y las redes sociales, que les condujo a convertirse en protagonistas de la vida pública. El talón de Aquiles era la dispersión ideológica, las guerras cainitas, la falta de preparación y la desorganización. Las luchas internas no tardaron en llegar y el balance de su presencia en el gobierno, las autonomías y municipios es muy pobre, con la excepción, que no son de esta formación, de Compromís en la Comunidad Valenciana y Ada Colau en Cataluña y especialmente en su capital. Hasta el caso de Carmena en la alcaldía de Madrid fue efímero y el centro derecha pudo recuperarla.

Podemos no tardó en convertirse en una máquina de colocación de amigos y compañeros que no eran capaces de concretar sus grandilocuentes proyectos revolucionarios y soflamas radicales en resultados que justificaran el ruido que habían armado. De criticar a la casta habían pasado a serlo y de denostar el sistema se convirtieron en su muleta desde la izquierda. La humillante derrota de Iglesias en las pasadas elecciones pone de manifiesto que ha perdido el favor entre los votantes de la izquierda radical. Su capacidad de movilización fue tan irrelevante como su proyecto político. Las bases del 15-M no han conseguido nada y las mejoras fueron consecuencia de la recuperación económica liderada por el PP. La vida continuó, mejor o peor, e incluso los compromisos sobre sueldos y privilegios adquiridos por Iglesias y los suyos acabaron en la papelera de la historia.

La agencia de colocación es el gran resultado visible e incuestionable del 15-M. No estoy de acuerdo con considerar que hay un antes y un después en la política española o que fue un terremoto, porque caminamos otra vez hacía el bipartidismo imperfecto surgido en la Transición y que tan positivo ha sido para el crecimiento económico, social y cultural de nuestro país. Algunos de los indignados ahora tienen escolta, coche y despacho oficial. No son una juventud sin futuro, sino con un presente que nunca soñaron. La democracia sigue siento tan real como entonces y la ilusión de cambio ha dado paso a la decepción y la frustración.

La soledad de las víctimas

Editorial La Razón 16 Mayo 2021

La cesión de la competencia de Prisiones por parte del Estado a la comunidad autónoma del País Vasco, culminada hace unos días, no responde al regular y monótono, incluso trivial, cauce descentralizador previsto en la Constitución, sino al cumplimiento de una cláusula artera en la negociación por la que el PNV ha garantizado estabilidad al gobierno en franca minoría de Pedro Sánchez.

Que durante décadas sucesivos ejecutivos socialistas y populares se resistieran a entregar las llaves de los centros penitenciarios al soberanismo vasco no fue un capricho ni siquiera un tacticismo cortoplacista, sino decisiones fundamentadas en razones de Estado y por interés general. Y no solo únicamente por la actividad terrorista de una ETA aún viva, sino por la desconfianza ganada a pulso del PNV que se condujo siempre en torno a la desoladora proclama de Arzallus en los años 90: «Unos (Eta) sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas».

El Gobierno socialista y comunista ha dinamitado pilares políticos y morales que han vertebrado las actuaciones de los demócratas en el combate por la libertad con la excusa de la derrota de la banda terrorista, como si esa coartada perversa pudiera amparar toda suerte de desmanes y villanías mientras el proyecto político etarra goza de extraordinaria salud. Desde La Moncloa se ha deslizado con taimada intención, primero, y descaro impúdico después, que toca abrir un tiempo nuevo en el que impere una tabula rasa, un volver a empezar. Para eso era preciso blanquear a los asesinos y sus cómplices e inducir la amnesia en una sociedad doliente por la pandemia. Que se aprovechara un escenario catastrófico, con la muerte de decenas de miles de personas, para premiar con la gracia del acercamiento a las cárceles vascas a ya puede que todos los terroristas presos (197), incluso con la oposición de las Juntas de Tratamiento, fue un acto ignominioso que retrata la catadura de los que participaron de este trapicheo.

Se ha cumplido la ley, ha argumentado el Ejecutivo, como si antes ese precepto no imperara. Si los asesinos están hoy más cerca de ser recibidos con impunidad como héroes en sus localidades, no es porque hayan colaborado con la Justicia, se hayan arrepentido o no queden causas etarras por resolver, sino porque es el precio de una legislatura de cuatro años con Bildu como socio del PSOE y Otegi convertido en hombre de paz. Todo ello no ya sin las víctimas del terrorismo, sino contra ellas tras mentiras y humillaciones desde el Gobierno. El Estado contrajo una deuda que no podrá pagar con quienes lo dieron todo por la libertad. Pero ahora además sienten el vacío y la desatención de quienes debían velar por ellas. Se duelen solas porque lo están. Que los verdugos rían y los caídos mueran de nuevo no honra a la democracia, sino que la corrompe. Con las cárceles en manos del PNV, habrá que apelar a la Justicia para evitar la denigrante escena de una romería de etarras en la calle bajo el eco de las celdas vacías.

El laboratorio de la desmemoria
LA RAZÓN recorre el municipio de Hernani, uno de los bastiones abertzales donde conviven etarras excarcelados con vecinos que quieren vivir paz
C. S. Macías. larazon 16 Mayo 2021

En Hernani, el pueblo que inspiró Patria, la novela de Aramburu, cuna de más de 14 terroristas, sus paredes, sus balcones y su ayuntamiento reivindican la vuelta de los presos de ETA. La partida de cartas que juegan algunos vecinos lleva un órdago mayor al de la transferencia de prisiones que el Gobierno rubricó esta semana para el País Vasco. Allí no se habla de ello, pero sí reivindican el «todos a casa». Es su consigna, y lo que se lee en el mural que hay frente a la herriko taberna junto a los retratos de los etarras. Alguno aún está a medias por pintar porque la ertzaina sorprendió al autor antes de que pudiera terminar su «obra». «Aquí ningún vecino lo va a denunciar», apunta un hernaniarra.

El municipio es una especie de laboratorio del odio, el bastión de la desmemoria, de los experimentos de «normalizar lo anormal». El territorio está gobernado por EH Bildu con once diputados, el partido de Otegi, el socio de Gobierno de Sánchez, quien dicta a demanda los pasos a seguir para la «socialización» del dolor y donde se hizo «hijo predilecto» a un etarra muerto en Bilbao mientras transportaba 25 kilos de explosivos.

El municipio encadena las guerras carlistas, la guerra civil, la lucha obrera, el ecologismo, el feminismo, el franquismo, o la «represión» policial como justificación a ETA. No condenan los asesinatos y tiran de «conflicto vasco» y «opresión del pueblo».

Las miradas escanean, se vigila desde los visillos de los balcones y no es raro cruzarse con algún miembro de ETA o la kale borroka. Conviven dos realidades, la de los etarras «héroes» para el pueblo, hermanos que no se hablan, tenderos que fueron chivatos o los que quieren vivir en paz y no hacen vida en el municipio. También, en Hernani han encontrado trabajo alguno de ellos. «Rosario Pikabea es guardia forestal del ayuntamiento», apuntan. En frente del parque vive uno de los que participó en la “operación Ogro”, su hijo fue también miembro de la kale borroka y lleva su mismo apodo: “Igor”

En Hernani fueron asesinados seis vecinos, pero no hay pared, ni mural, ni placa que les recuerde. De los 15 ertzainas asesinados al menos dos lo fueron por etarras del pueblo. También en este municipio detuvieron a un grupo «durmiente» de la banda que mató a Joseba Pagazaurtundua. Maite Pagaza, hace seis años colocó un buzón en Andoain con el fin de lograr la confesión de algún testigo que pudiera esclarecer alguno de los más de 300 crímenes de los etarras sin resolver. Aunque nadie quiso confesar. La madre de Pagaza, Pilar Ruiz, ya advirtió hace unos años lo que estaba por venir: “Diréis cosas por los nombres que no son y haréis cosas que nos helarán la sangre”.

En la plaza de los Gudaris, sede del Ayuntamiento, predomina una gran ikurriña donde, en el asta de su mástil, se insiste en el fin de la dispersión. Dos grandes pancartas sobre el feminismo flanquean la entrada al consistorio. El frontón parece recién pintado, pero mantiene la imagen de otros diez etarras a los que solo la lluvia ha deteriorado. «Está todo muy tranquilo, nada que ver como los años 80-90», apuntan.

¿Y qué piensan del traslado de prisiones? Se hace el silencio. Alguno insiste en que tienen que volver «todos», otros prefieren hablar de la pandemia y de cuándo los bares volverán a la normalidad.

En Hernani, durante 25 años un parque infantil llevó el nombre del etarra José Aristimuño, alias «Pana» –cuya familia regentaba una panadería, de ahí su apodo–. Era uno de los asesinos del comandante de caballería y jefe del Cuerpo de Miñones -policía foral- de Álava Jesús Velasco Zuazola. Fue el hoy ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien ordenó retirar el monolito después de una denuncia de la familia.

Hace dos semanas su hija recibió la llamada de la dirección de víctimas del ministerio para comunicarle que Iñaki Arakama Mendia, alias Macario, otro de los asesinos de su padre, iba a ser puesto en libertad. Le habían trasladado hace menos de tres meses a la prisión de Zaballa (Álava), donde Velasco sigue teniendo familia. En total ha cumplido 24 años por ocho asesinatos y una vida entera en ETA. «Me comunicaron que le iban a excarcelar porque estaba enfermo. Siempre ponen la misma excusa. Ha pasado desapercibido porque es un tema que está ya amortizado y parece que no interesa a nadie», lamenta Ana Velasco Vidal-Abarca cuya madre fue una de las tres fundadoras de la AVT.

Velasco considera que el fin de la dispersión «es más que una reagrupación familiar. Con ello PNV y Bildu buscan la legitimación social, resocializar a los terroristas. Es su objetivo». ¿Y cuál es el siguiente paso? «Darles vivienda, trabajo y carpetazo», apunta. Además, está convencida de que esto irá por fases. «Primero irán llevando a todos al País Vasco y el siguiente proceso será irlos soltando». «Los muertos no pueden clamar pidiendo justicia, es deber de los vivos hacerlo por ellos».

Ahora que «Macario», el etarra de su padre está en libertad por ello «pido a Dios no encontrármelo nunca, porque es como si me clavaran un puñal».

Consigna de no moverse
En los municipios más abertzales parece que se sigue con una consigna, la de la calma. «Cumplen a rajatabla lo que les dicen» desde la rama oficialista de Sortu, apuntan fuentes policiales. Ahora, se percibe una especie de pugna entre ellos y la supuesta «escisión», más dura, con el fin de atraer al mayor número de jóvenes bajo proclamas comunistas, charlas de Marx y Hegel, el Sahara o el antifascismo. Además, buscan captar a la población inmigrante que ha aumentado a lo largo de los últimos años. También se diferencian en sus pancartas, los “oficialistas” las ponen de un papel más caro e incluso frecuentan distintos bares. «Ahora les interesa estar desactivados. Han probado asiento en las instituciones y están cómodos. Están consiguiendo todo aquello que quieren y es algo que no pueden perder», indica un vecino del municipio donostiarra.

Los pueblos donde gobierna Bildu contrastan con la ciudad de San Sebastián donde han disminuido las pintadas. Es una ciudad turística, y casi no hay rastro de ellas en el casco viejo donde asesinaron a Gregorio Ordóñez.

El tema de las prisiones no está en el debate de la calle. Algunos reflexionan que esto viene a ser como una «gota malaya», donde además se ha aprovechado la pandemia para activar la hoja de ruta abertzale. Advierten de que la sociedad está «perdiendo músculo moral». «Están dejando hacer y al final se está obviando que el hecho de que estos -los etarras- estén en prisión es por un proyecto político sustentado por una fuerza política» -en referencia a EH Bildu-. En la apariencia de normalidad «se les está dejando hacer».

Las víctimas advierten de que está en juego la «maldición de perder la memoria».


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