AGLI Recortes de Prensa   Lunes 17  Mayo  2021

El viagra de Biden y la berrea de la izquierda
Miguel Ángel Belloso. okdiario 17 Mayo 2021

Desahuciado Trump, mis clásicos están exultantes con Joe Biden. Están en la fase de la berrea. Dicen de él que está inaugurando un tiempo nuevo en Estados Unidos e incluso a escala planetaria. En el diario El País, el más fervoroso, ya lo comparan con Franklin Delano Roosevelt. Algunos columnistas que parecen haber incurrido en una degeneración cognitiva peligrosa aseguran que viene una era de fortalecimiento del papel del Estado, de impulso a la justifica fiscal e incluso de un orden internacional alejado del ‘libertarismo thatcherista’. ¡Qué horror!, pienso. Cuando maltratan a Thatcher, que fue la primera mujer a cargo de un Gobierno del mundo occidental, a la que jamás han reconocido las feminazis porque era de derechas, me siento peor que si insultaran a mi esposa.

Esa señora se reinventó un Reino Unido que en aquella época naufragaba en lo que se conoció como ‘el invierno del descontento’, acosado por las huelgas y anclado en la recesión, un país que se vio obligado a la mayor humillación posible para un Estado desarrollado: pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional. Llegó la ‘dama de hierro’ y acabó con toda la inmundicia. Liquidó la dictadura sindical, reformó el sistema educativo, limpió de podredumbre el modelo sanitario y devolvió a la gente la confianza en sí misma, en su poder creador de riqueza. Nada de sociedad, lo que importa es el individuo, que tiene una gran capacidad de compasión y una inclinación natural por la solidaridad y el altruismo producto de su preocupación por el destino de la comunidad en la que vive, todas ellas virtudes que anula por completo el socialismo endosándolas al Estado para descargar de responsabilidad a los ciudadanos, infantilizándolos y cultivando su papel de víctima.

Todo lo que aventura la era Biden es lo contrario: una gran sociedad subsidiada e inclinada a la molicie. No se crean nada de lo que vean en la prensa española y las televisiones del régimen sobre Estados Unidos. La mayoría de las informaciones y opiniones que se leen en los medios progres, o es mentira o un producto sesgado y alucinógeno; lo que se lee en el resto de la prensa respetable tampoco se acerca mucho a lo que de verdad sucede allí. Ya les he dicho hace tiempo que el proceso de selección que hacen los medios españoles para enviar corresponsales a Estados Unidos consiste en elegir siempre a los que detestan el modo de vida americano. Su oficio es, por otra parte, muy cómodo. Basta con leer todas las mañanas la basura del Times de Nueva York o escuchar la CNN y luego escribir la crónica. Casi ninguno de ellos acude a The Wall Street Journal, que es de largo el periódico más ecuánime y solvente. Y si alguien escucha alguna noticia que le puede desbaratar sus prejuicios acendrados, la obvia y punto. Nos manda a España la misma mierda enlatada.

Yo tengo la fortuna de contar con algunos amigos en Estados Unidos. Les llamo, les pregunto y me informan desinteresadamente. Por eso lo que me dicen mis conocidos es radicalmente distinto a lo que nos cuentan los propagandistas domésticos. El plan brutal de expansión fiscal decidido por Biden con la idea de combatir la pandemia y no dejar a nadie atrás -utilizando los términos ‘podemitas’ universalmente de moda- está siendo objeto de críticas generalizadas y sus efectos son tremendamente discutibles. La economía americana está en una fase alcista en la que una expansión del gasto público tan descabellada está teniendo efectos contrarios a los que se pretende conseguir. Trump regó con cheques indiscriminados a la gente, pero esto sucedió en el fragor de la contaminación vírica, cuando los negocios tuvieron que ser clausurados obligatoriamente. Ahora, cualquier americano rico o pobre tiene acceso a una vacuna, que sobran por todo el país, y los negocios están abiertos y a pleno rendimiento.

El efecto que está teniendo la política supuestamente solidaria puesta en marcha por Biden es que del millón de empleos que se esperaba crear el último mes sólo se han concretado 200.000. Y lo que es peor, que hay ocho millones de puestos de trabajo disponibles que no han sido cubiertos. La explicación es muy simple, aunque no apta para socialistas. Sencillamente, la gente que cobra el subsidio habilitado por Biden prefiere quedarse en casa antes que trabajar o buscar un empleo. Le sale más a cuenta. Está bien ayudar a las personas que no pueden ganarse la vida por sí mismas, pero es horrible entregar cheques generosos a los que podrían cubrir los puestos de trabajo vacantes y que están utilizando este dinero para especular en la Bolsa. Esto es lo que está ocurriendo en Estados Unidos y de lo que no nos informa ninguno de los corresponsales españoles.

Y todos estos sucesos escasamente ejemplares no son confesiones de amigos americanos fascistas. Es que es la conclusión a la que ha llegado por ejemplo Larry Summers, que fue secretario del Tesoro de Estados Unidos con Bill Clinton, y luego jefe del Consejo de Asesores Económicos de Obama. Summers es un demócrata en el sentido en el que aquí podríamos entender como un socialista o izquierdista moderado -nada que ver con los ‘sanchistas’-, y este señor, junto a otros de la misma cuerda, piensa que la política de cheques y que incluso el plan de infraestructuras presentado por el presidente de Estados Unidos -siendo muchas de ellas necesarias- se le ha ido de la mano, que es excesivo y que puede ocasionar resultados inconvenientes.

El primero de ellos es el surgimiento brusco de la inflación, que se ha colocado en el último mes en el 4,2%, su nivel más alto desde 2008, y que puede acelerar la subida de los tipos de interés. El aumento del precio del dinero siempre tiene un doble efecto. Por un lado, va a castigar el mercado bursátil, y sobre todo a las empresas tecnológicas que no tienen beneficios prontos a la vista y que viven a medio plazo de la financiación ajena. Será, en cambio, bueno para los fondos de pensiones y para todos los rentistas cuyo nivel de vida depende de que aumente la remuneración de sus ahorros; y finalmente es cierto que llevamos ya demasiado tiempo con tipos de interés negativos que distorsionan la eficiencia de la inversión de capital y que deberían ser definitivamente normalizados, no sólo en Estados Unidos.

Pero como el señor Biden parece que quiere pasar a la historia, que quiere dejar huella, y que además cuenta con corifeos domésticos que le animan a tirar la casa por la ventana, se ha embarcado en una serie de políticas de resultados indeseados, si no eventualmente desastrosas, que además está dispuesto a financiar subiendo los impuestos a los ricos -¿no les suena?-, que desde luego es siempre una opción muy popular pero con unas consecuencias económicas indeseables. Trump empezó justificadamente con los cheques y la expansión monetaria acuciado por las circunstancias. Ha venido Biden y ha dicho, “pues yo más”, cuando las circunstancias han cambiado radicalmente, el gasto ya se ha pasado de la raya y ha dejado de ser oportuno, ya que la economía va como un tiro sin necesidad de esteroides.

Todo esto por hablar sólo ligeramente de la traca final, que ha causado sensación en nuestros lares: la propuesta de Biden de liberar las patentes de las empresas que han fabricado las vacunas. Esta ocurrencia constituye un atentado inaudito contra el derecho de propiedad, un ataque letal a la potencia innovadora de las compañías -que han conseguido en un tiempo históricamente récord una vía para la inmunización y que siguen trabajando para perfeccionar el antídoto- y una lesión difícil de superar para todo lo que representa el cambio técnico, la seguridad jurídica que ofrece la ley y el derecho, y el nervio que alimenta el sistema capitalista con la correspondiente mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.

Ningún economista clásico, es decir, liberal, ha abominado jamás del Estado, al que corresponde un protagonismo ineludible en tiempos difíciles. Todos ellos, sin embargo, han sostenido que su presencia debía de ser momentánea. Hasta que la economía volviera a funcionar por sí misma. Si no se respeta este axioma, por mucho que se empeñen los progresistas de todos los partidos, el señor Reagan tendrá siempre la razón: el Gobierno omnipresente es el problema, y devolver la responsabilidad a la gente en el desempeño de la propia vida, la solución.

Limitar el poder y las facultades de Washington es una de las condiciones para el progreso de aquel país, porque la belleza del sueño americano consiste en que las familias lo definan por sí solas. La señora Thatcher dijo hace décadas que hemos de conseguir que la gente decente quiera un trabajo en lugar de subsidios, que aspire a llevarse a casa la mayor parte del dinero que gana, y que es fastuoso que se implique en la vida de las empresas comprando acciones de las compañías que le gusten. También dijo que “el problema del socialismo es que no soporta la libertad, que no le gusta que la gente pueda escoger porque sabe que, si fuera así, jamás escogería el socialismo”. Sería delicioso que la derecha en España albergara algún día estos propósitos tan exigentes como nobles. Yo creo que Ayuso va por el buen camino y desde luego Vox también.

Sánchez cuenta del revés
Ignacio Ruiz-Jarabo. VZ 17 Mayo 2021

No han entendido que en España se ha abierto una puerta al cambio del ciclo político

La competición es una actividad humana que suele dejar al descubierto la personalidad de los que compiten, en la que frecuentemente resulta patente que aquellos que están acostumbrados a ganar, no saben perder.

Sucede en el mundo del deporte, pues aceptan peor la derrota los madridistas que los atléticos, los culés que los pericos, los vikingos que los dementes … Y ahora, en el campo político lo ha demostrado Pedro Sánchez. Olvidando su escuela estudiantil y ensoberbecido por las sucesivas victorias cosechadas ante los históricos en su partido, ante Mariano Rajoy en la moción de censura, ante Pablo Casado en dos elecciones, no ha digerido adecuadamente su estrepitosa derrota ante Isabel Díaz Ayuso.

Las consecuencias de la derrota
De entrada, pretendió disimular que él era el gran derrotado. Para intentarlo, y con una inusitada rapidez, quiso endilgar a otros la culpa de su fracaso. Franco (vaya apellido para un socialista) y Gabilondo fueron los señalados, pese a que al primero no le dieron bola en la batalla electoral y el segundo no hizo sino obedecer religiosamente las órdenes recibidas. En realidad, el pecado de ambos fue aceptar con extrema sumisión las instrucciones de su jefe. Después pretendió obviar la existencia del resultado producido en Madrid hasta que la fuerza de la razón le obligó a valorar públicamente los datos del 4-M. Y cuando ya obligado tuvo que hacerlo, no dudó en intentar minimizar la dimensión y las consecuencias de su derrota.

Pasados unos días, su decisión ha sido volver a enviar a la caza de Ayuso a sus vasallos (Ábalos, Simancas…) y a sus vasallas (Calvo, Lastra, Maroto…). Eso sí, unos y otras convenientemente ayudados por sus periodistas de cámara.

Ataque a los madrileños
Como en su pretendida caza todo vale, insisten en intentar ridiculizar a la presidenta de los madrileños, la acusan de carecer de discurso, de incumplir sus promesas, de ser ultraderechista… Olvidan que atacar así, tan injustificadamente, a quien anteayer ha sido abrumadoramente votada por los madrileños, será percibido por éstos como un ataque a ellos mismos, a su voto y a sus preferencias.

La enrabietada reacción de la jauría sanchista evidencia que frente a lo que manifiestan, están híper preocupados por lo que han revelado las urnas de Madrid. Además, no están siendo capaces de percibir la dimensión del liderazgo de Ayuso que ha sido reconocido por los analistas nacionales e internacionales. Tampoco han sabido captar el mensaje de los madrileños que, negando el pan y la sal a su oferta electoral, han manifestado un clamoroso rechazo a sus políticas, a sus pactos, a sus socios, a sus proyectos y a su forma de entender la competición partidista. No han entendido, en fin, que en España se ha abierto una puerta al cambio del ciclo político, puerta por la que Pedro Sánchez y los suyos pueden salir del poder.

Bien es cierto que en la política suele cumplirse lo que, acertadamente, manifestó el presidente Kennedy. Y con frecuencia asistimos al espectáculo de ver que frente a los muchos padres que tiene la victoria, la derrota es una huérfana. Pero bien haría Sánchez en reconocer a su hija y aplicar aquella máxima que dice: El que falla / consuelo no haya / pero si no rectifica / su futuro se complica. Pero es que, guiado por su spin doctor, la única rectificación de Sánchez es demostrarnos que sabe contar al revés (100, 99, 98, 97…). Que tenga cuidado, que su retahíla cantarina acaba en cero, mal resultado para el orgullo de quien no sabe perder.

Félix Ovejero: "Cataluña está fuera de la ley y de las convenciones morales, y España lo acepta"
David Mejía. elespanol 17 Mayo 2021

Félix Ovejero (Barcelona, 1957) ha dedicado la mayor parte de su extensa obra a teorizar sobre dos fenómenos: la izquierda y el nacionalismo. En su última obra, Secesionismo y democracia (Página Indómita, 2021), analiza la naturaleza antidemocrática de la secesión y muestra la inconsistencia de las estrategias habituales para defenderla.

La política se mueve tan rápido que parece que un libro sobre la secesión es extemporáneo. ¿Por qué este libro ahora?
Creo que hay que dar la batalla en el plano de los principios. De hecho, este no es un libro sobre Cataluña; eso es circunstancial. Es un libro cuya tesis es que existe una inconsistencia entre una idea de democracia vinculada a la racionalidad y de justicia y los procesos de secesión.

Por hablar de nuestro caso, Cataluña se ha instalado no ya fuera de la Ley, sino fuera de las convenciones morales: tenemos a delincuentes en cargos políticos. En Madrid, y en general en España, te sacan alguna vergüenza y eso tiene un coste político. Aquí hemos aceptado mirar a Cataluña como otro país. El último ejemplo es la vacunación de los policías; se trata de una actuación típicamente racista y España lo acepta, como si fuera un país que está ocupando.

El conjunto de la vida política española sufre esta degradación moral. Con Rajoy todavía pensábamos "algo harán en Madrid". Ahora pensamos "algo harán en Europa". Este es un libro en defensa de la democracia, porque, quebrada la calidad normativa del debate, nadie se atreve a decir que esto es una barbaridad, y las barbaridades gotean. Si hablamos de amenazas, aquí las amenazas son cotidianas y parten de las instituciones.

Por lo tanto, crees que falta por dar la batalla moral.
Es una batalla política en el mejor sentido de la política: un escenario de debate donde esperas que se den razones atendibles por todos. Otra de las tesis del libro es que si nosotros estamos comprometidos en serio con el ideal democrático que arranca en la Revolución francesa, una comunidad de ciudadanos libres, iguales y fraternos, no es que tengamos que comprender el nacionalismo, es que tenemos que combatirlo, como combatimos el sexismo o el racismo. Puede haber gente que entienda y justifique el esclavismo, pero aunque sean un millón, es irrelevante desde el punto de vista de los principios en juego.

Otra de las premisas principales del libro es que defender la secesión desde la democracia es un contrasentido.
Primero justifico una idea de democracia que se vincula con el ideal que, mal que bien, honran nuestros sistemas democráticos y que está vinculado a la tradición republicana. Una democracia en la que los ciudadanos deliberan, exponen argumentos atendibles para todos y se ponderan los intereses de todos los afectados. La deliberación cuaja en leyes que capturan un ideal de justicia que pondera los intereses de todos.

Si este ideal de democracia nos interesa, y es el único que se vincula con conceptos como racionalidad, justicia o universalidad, no podemos aceptar el proyecto secesionista, que dice "yo, en una comunidad donde se me aceptan mis argumentos y he podido ser atendido, si no me gustan las decisiones no me siento atado por ellas; al revés, las rompo". Esto es sustituir la razón por el chantaje y la amenaza, por la fuerza.

En tu defensa de la unidad del territorio político no hay una defensa cultural de la nación, sino una defensa de la unidad de justicia y la unidad decisión.
Después de un tiempo juntos, claro que quienes convivimos terminamos coincidiendo en ciertos hábitos, ciertos ritos. Son equilibrios de Nash, como el "buenos días". Pero ese no es el proyecto, sino el resultado.

Lo razonable es la unidad de ciudadanos como comunidad de justicia y unidad de decisión. Eso quiere decir que quienes formamos parte de la comunidad política decidimos las cuestiones que nos afectan y nos sentimos vinculados por los principios de justicia. Y que en el momento en que se traspasa una frontera, ya no estás entre conciudadanos y esos ideales pierden fuerza vinculante.

Precisamente porque no soy esencialista, mi proyecto -y trato de defenderlo en el libro- es que cuantas menos fronteras, mejor; porque ese ideal de comunidad de justicia se amplía a un conjunto de ciudadanos siempre que sea dentro de un juego democrático.

No hay nada más comunista que el territorio político: todo es de todos y nadie es dueño de nada en particular. Yo soy tan ciudadano en Sevilla como en Barcelona. Nadie puede hacer un uso patrimonial del territorio.

En el libro analizas cuatro argumentos con los que se justifica el derecho a la secesión, ¿cuál dirías que está más arraigado en el discurso público?
Diría que hay dos. En primer lugar, el argumento de la identidad: "Como somos diferentes, decidimos aparte". Este no es un argumento moral; nuestra comunidad se puede dividir en hombres, mujeres, rubios, morenos, ciegos o videntes. De todos se podría decir que comparten una misma visión del mundo (negro, en el caso de los ciegos), y no por eso constituyen una unidad de soberanía. Eso de "nosotros, porque somos distintos, tenemos derecho a un privilegio" es un argumento clásico del Antiguo Régimen frente al cual la izquierda, y en general hoy toda la civilización, se opone.

El segundo argumento sería el liberal rústico: "Yo me puedo ir con lo mío y no me siento vinculado por las decisiones colectivas; con mi casa hago lo que quiero". Si los barceloneses nos queremos separar, nadie tiene nada que decir. Tampoco si lo quieren los del barrio de Salamanca. Se trata de una visión prejurídica de las comunidades políticas, y por supuesto contraria a cualquier ideal de izquierdas.

Lo llamativo es que estamos ante las dos variantes de lo que hemos llamado pensamiento conservador y antidemocrático: uno, porque apela a privilegios y otro, porque cree en un marco de libertad ajeno a las decisiones colectivas que nos proporcionan las constituciones, en el que no me veo sometido a las decisiones de la mayoría aunque hayan sido tomadas democráticamente.

Estas variantes del pensamiento reaccionario y liberal son las más extendidas y, curiosamente, nuestra izquierda estúpidamente las ha asumido.

Hay quien todavía cuestiona que tenga sentido hablar de derecha e izquierda.
En un libro anterior yo contribuí a popularizar la idea de "izquierda reaccionaria". Esa idea solo tiene sentido si el adjetivo matiza el sustantivo. Defendía que la izquierda real estaba sosteniendo valores contrarios a los que articulaban intelectual e históricamente la izquierda, que vienen de la Revolución francesa.

Acabar con los privilegios, alentar la igualdad, incitar procedimientos de toma de decisiones democráticas y maximizar la libertad, entendida como posibilidad de gobernar la propia vida, lo que implica -entre otras cosas- acabar con la tiranía del origen (social y cultural para empezar), son principios que están en el alma de la izquierda, no son compañeros circunstanciales, forman parte del núcleo.

Si queremos sostener que la izquierda ha abandonado esas ideas, es lo debido intelectualmente. Nuestra izquierda ha roto con ese ideal.

El gran misterio de la política española es por qué el nacionalismo conserva un aura progresista. ¿Qué le dirías a quien defiende que la izquierda debe ser sensible a las razones del nacionalismo?
El nacionalismo insiste en un proyecto que quiere convertir a conciudadanos en extranjeros. Quiere, en nombre de una supuesta identidad -y no puede prescindir de ella, para establecer el perímetro del "nosotros los nacionales"-, romper la comunidad, lo que significa privar a otros de derechos de conciudadanía, de la elemental igualdad, y de excluirlos de lo que es suyo, el territorio compartido. El nacionalismo es eso: levantar fronteras, lo contrario de tratar a los otros como iguales, excluirlos unilateralmente.

¿Por qué se ha producido esa identificación de la izquierda con el nacionalismo?
Yo creo que la izquierda ha aceptado dos mentiras facturadas por el nacionalismo. La primera, que la Guerra Civil es una guerra de España contra Cataluña, cuando no ha habido comunidades más privilegiadas durante el franquismo que Cataluña y el País Vasco, lugares donde, además, la represión fue menor que en ninguna otra región.

A partir de ahí, nace el relato de que Cataluña y el País Vasco han encabezado la resistencia al dictador, cuando fueron sus principales beneficiarios: una clase trabajadora sometida, un mercado cautivo, y receptores de inversiones públicas para facilitar infraestructuras. El segundo axioma es que España como tal, el concepto, es reaccionario y por tanto hay que combatirlo.

Esos dos axiomas que el nacionalismo introdujo en el conjunto del pensamiento de izquierdas los hemos asumido. No es trivial que parte de las élites del Partido Comunista procedieran de la burguesía catalana, que son quienes tenían y tienen una situación de privilegio y se han beneficiado de esa inmigración.

Ya que hablamos de la inmigración: este mes también ha visto la luz el libro de Iván Teruel titulado '¿Somos el fracaso de Cataluña?' (Lince, 2021). El prólogo es tuyo y en cierto modo es un homenaje a la generación de tus padres, la de los abuelos de Iván, que llegaron a Cataluña a vivir en barracones y pisos patera, y servir a unos señoritos del régimen que décadas después, ya bajo el paraguas nacionalista, se presentan como oprimidos y se atreven a llamarlos "colonos".

Sí, es uno de los enigmas de la ciencia política. Cómo es posible que una minoría privilegiada, que vive en los mejores barrios, que tiene ingresos muy por encima de la media, que sus policías cobran más que los del Estado y su presidente más que el presidente del Gobierno, se describa como oprimida por unos tipos que viven en los márgenes y que no tienen acceso a las posiciones sociales de relevancia. Esta privilegiada minoría "oprimida" monopoliza la presencia institucional; su discurso de Cataluña son ellos. Esto no pasa en ninguna parte del mundo.

Normalmente, cuando se habla de minorías, esa minoría territorialmente concentrada es mayoritaria en ese lugar, y este no es el caso en Cataluña o el País Vasco. Por eso la nacionalización exige una tarea totalitaria de construcción de identidad donde no hay fermento. Tienes que expulsar, ahormar la vida e impedir que respire civilmente. Por eso la izquierda y los sindicatos han cumplido una función servil respecto a esta casta dominante.

Los pobres, los excluidos, no se ven atendidos, ven su idioma ignorado. Además, se ven penalizados al actuar la lengua como un filtro social. También se excluye al resto de los españoles del acceso a posiciones laborales, a las que no pueden acceder en función de sus méritos, cuando la ejecución de tu trabajo es la misma y tenemos una lengua común. Se da una discriminación que impide que una persona pueda trabajar en su propio país y se invoca una opresión cuando los nacionalistas copan todas las instituciones, basta con mirar los apellidos.

Si la ratio de apellidos reales/apellidos parlamentarios que existe en País Vasco y Cataluña se diera en Madrid respecto a otro indicador: raza, sexo, etc., ¿cómo crees que reaccionaria la izquierda?
Hay estudios dedicados a esto. Si uno ve que los Mohamed tienen una representación muy inferior a su presencia poblacional es porque, de alguna manera, están discriminados. Es el argumento que tradicionalmente ha utilizado la izquierda para apelar a la necesidad de proporcionalidad en la representación, incluso para plantear el sorteo como procedimiento de representación.

Los presidentes del Gobierno de España, en general, sí se parecen a la población: Suárez, González, Rodríguez, Sánchez. Pero repase el caso de Cataluña, observe la composición en el Parlamento: no están presentes. Esto hace que vivan en una cámara de burbuja. Se trata de una clase política con una agenda irreal; no se legisla para nada que tenga que ver con los intereses generales de la población sino para el mantenimiento de una identidad que, como se corresponde con la defensa de privilegios, allana el camino psicológico para que alguno le encuentre coherencia.

Una de las funciones que cumplió Cayetana Álvarez de Toledo cuando se presentó a las elecciones por Cataluña es que hizo las preguntas inaugurales, las que nadie había hecho, sin estridencias: "¿A usted no le parece extraño que yo no pueda hablar en la lengua común de los catalanes?". Y si quedaban fuera de juego es porque la locura les parecía el estado natural.

En nombre de la corrección política se está produciendo una prohibición de la posibilidad de pensar

Ahora que mencionas a Cayetana: ante la deriva reaccionaria de la izquierda real, la izquierda ilustrada comparte trinchera en muchas batallas con liberales y conservadores. ¿Cómo te llevas con estos compañeros de viaje?
Bueno, con algunos muy bien; tengo amistad con Cayetana, limpia, fraterna. Además, como estamos en un momento casi de Junta Democrática, de reinstaurar el espacio constitucional, es obligado que yo defienda el derecho de la gente de Vox a expresarse. Es lógico, y más ante la perversión moral de, por ejemplo, haber tenido a un vicepresidente del Gobierno reuniéndose con gente que está en la cárcel y pactando gobiernos con ellos.

Ahora bien, en los últimos tiempos detecto una aspiración a que cierres filas en territorios en donde las cosas no están nada claras. Cuando hay una crítica a las tareas redistributivas, yo no me sumo. Yo no creo que uno, por proceder de una familia rica, tenga derecho a unos privilegios adicionales. Y, por supuesto, no creo que los impuestos sean confiscatorios. Es la sociedad democrática la que decide cómo redistribuir la riqueza; no está escrito en las leyes de los cielos que la distribución del mercado sea más justa.

Sucede con el Impuesto de sucesiones; incluso para un liberal que dice "cada uno que asuma las consecuencias de sus decisiones". Si uno tiene una dotación de riqueza en virtud del azar de haber nacido en una buena familia, estamos violentando ese principio. Incluso en el argumento de "el Estado se quiere meter en tu casa". Pues claro que se tiene que poder meter en tu casa si pegas a tu mujer. O tiene que intervenir si a usted le da por impedir que su hijo vaya al colegio. Pero dices estas cosas y parece que te sales del guion.

¿Crees que ante la estupidización de parte de la izquierda ha habido un envalentonamiento de la derecha? Quizá porque se le ha cedido la defensa de muchas cosas obvias.
Hace años, cuando volví tras una estancia en Chicago, anticipé en un trabajo aparecido en Claves una situación que se ha producido después con Trump: en nombre de la corrección política se está produciendo una prohibición de la posibilidad de pensar. La corrección política defiende, a veces, ideas interesantes, pero lo hace a través de la estigmatización, del prejuicio. La gente está callada, no se atreve a decir lo que piensa y cuando alguien les suelta los complejos, salta la fiera.

Hasta ese momento uno puede tener una opinión sin fundamentar, por consenso social, por cobardía; de esto habla el libro Verdades privadas, mentiras públicas de Timur Kuran. Lo ideal sería una sociedad donde nadie tenga miedo a pensar y opinar libremente. A mí no me interesa una idea correcta, sino llegar a la idea correcta a través del procedimiento correcto.

Es curioso porque una parte de la derecha mediática niega que la izquierda esté traicionando sus principios; no ve sus actos más reprochables como accidentes, sino como características propias de su naturaleza.

Este tema me ocupó una parte importante del libro anterior, Sobrevivir al naufragio, que es cómo relacionamos los grandes conceptos con la intervención política. Pablo Iglesias ha contribuido mucho a corromper esto: tras fracasar en la gestión vuelve a las grandes palabras que ya no significan nada.

¿En España hay una deriva autoritaria? Sí. ¿La está protagonizando un gobierno de izquierdas? Sí. Como en Polonia o en Hungría lo está haciendo la derecha. Vincular esos abusos con los grandes conceptos es enmarañarlos. No estamos en los años 30; no hay obreros armados ni milicias fascistas, pero el léxico es el mismo.

Has defendido también que algunos aciertos de Díaz Ayuso eran propios de una gestión de izquierdas, y esto tampoco ha sentado bien.

Sí, lo dije porque ha demostrado saber hacer una intervención social: cierres perimetrales localizados, la construcción de un hospital público… la planificación no tiene que ver con restringir la libertad, sino con anticipar los resultados de las acciones que se van a producir.

En el libro, haces varias referencias a la difícil relación de la democracia con la libertad. Ahora que la palabra "libertad"está en boca de todos gracias a Isabel Díaz Ayuso, una libertad entendida como ausencia de coacción, quería preguntarte qué opinas.
Hay una tradición liberal, donde están Berlin o Hayek, que reconoce que hay una tensión entre libertad y democracia, en un sentido muy elemental: si uno cree que no ha de estar sometido a las intromisiones o interferencias de los demás, por definición, en la medida en que todos decidimos, estamos cercenando las decisiones de cada uno. Pero esa noción de libertad, como ausencia de interferencia, es en cierto modo prejurídica.

En la tradición republicana no hay incompatibilidad entre libertad y ley. Al contrario, es la ley la que te asegura la libertad porque impide que alguien pueda ejercer sobre ti una dominación arbitraria. Ese es el concepto de libertad que a mí me parece interesante; el poder decir que no. En ese sentido, las redistribuciones de riqueza ayudan a la libertad.

Toda estructura de propiedad establece un límite a ciertas libertades, un derecho legítimo a prohibir el acceso a ciertas cosas. Si yo puedo compartir tu casa se modifica el conjunto accesible de mis prohibiciones, mis libertades. La redistribución asegura una igualdad y, por tanto, un acceso a la libertad. No hay una oposición esencial entre la igualdad y la libertad para quien defiende un igual acceso a la libertad: todos somos igualmente libres.

¿Qué le deseas a Ciudadanos?
Yo no me creo con autoridad ninguna para hablar de Ciudadanos. Yo firmé un manifiesto y lo he apoyado en ocasiones. Es un instrumento político del que me interesan los objetivos que buscaba y si esos objetivos desaparecen pues no tiene ningún sentido.

Mi diagnóstico lo he escrito en varios sitios: todo se quiebra en el momento en que Ciudadanos abandona el espacio político que queda por cubrir y que es absolutamente consistente ideológicamente, el de una izquierda elementalmente comprometida con la igualdad y, por tanto, explícitamente, antinacionalista.

En España no existe y es una gran anomalía, pues podría articularse en base a un argumento sencillo: igualdad y eficacia se pueden compatibilizar desde la izquierda. Ciudadanos entró en el espacio del PP, con matices menores, y el primero que ganase se lo llevaría todo. Por otra parte, fue bonito mientras duró y uno nunca debe escupir sobre aquello que ha amado mucho.

Permíteme cerrar con una pregunta esotérica: si pudieras convencer de algo a todos los españoles, ¿de qué sería?
De la bondad de defender una sociedad donde, para citar al clásico, "el libre desarrollo de todos es condición del libre desarrollo de cada uno". Invito a tus lectores a googlear ese programa.

Israel tiene derecho a combatir el terrorismo
EDITORIAL. Libertad Digital 17 Mayo 2021

El grupo terrorista Hamás, que detenta el poder en la Franja de Gaza, ha lanzado desde el pasado lunes más de tres mil misiles contra la población israelí tratando de provocar el mayor número de bajas civiles posible. La existencia de un eficaz sistema de interceptación de estos proyectiles ha evitado que las víctimas israelíes se multiplicaran con estos ataques indiscriminados, a pesar de lo cual casi quinientos misiles impactaron en territorio israelí provocando numerosos daños materiales, muertos y heridos.

Israel ha respondido a estos ataques porque ningún país puede aceptar que un grupo terrorista bombardee a sus ciudadanos impunemente. La diferencia con los terroristas de Hamás y la Yihad Islámica es que el Ejército judío extrema la precisión de sus respuestas para atacar a los responsables del terrorismo y dejar a salvo a la población civil, algo especialmente complejo en el caso de los terroristas palestinos, que se escudan en los civiles para magnificar las consecuencias de las represalias provocadas por sus acciones.

La inmensa mayoría de la prensa internacional pone el foco únicamente en la respuesta israelí, obviando las escenas previas de terror provocadas en Israel por los ataques terroristas palestinos. Intencionadamente, convierten al Estado judío en el agresor tergiversando los orígenes de esta escalada terrorista, como si el actual conflicto bélico se debiera a un estallido de violencia unilateral contra los palestinos. Sin embargo, lo cierto es que, mucho antes de que Hamás comenzara su lanzamiento de misiles contra la población israelí, se habían producido escenas dantescas de linchamiento de judíos por parte de ciudadanos israelíes de origen árabe dentro del propio territorio de Israel. La violencia contra los judíos, difundida por los autores a través de las redes sociales con total impunidad, adquirió tal magnitud en la ciudad de Lod (a tan solo 15 km. de Tel Aviv) que el presidente israelí llegó a comparar la persecución sangrienta que sufre la población judía con los pogromos.

Otra circunstancia que explica el actual estallido de violencia terrorista contra Israel y que la prensa internacional suele ocultar es la guerra intestina por el poder que se vive en el bando palestino. Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina y líder de Al Fatah, lleva más de diez años sin convocar elecciones ante el riesgo cierto de perderlas en favor de Hamás, la otra facción terrorista que le disputa el poder. El pasado 29 de abril anuló la enésima convocatoria electoral, prevista para finales de este mes de mayo, lo que desató una nueva guerra intestina entre los grupos terroristas por el liderazgo de la Autoridad Palestina (una de las organizaciones políticas más corruptas del mundo), y el control de las ingentes cantidades de ayuda internacional que recibe cada año sin que revierta en una mejora apreciable de las condiciones de vida de los civiles palestinos.

Por todo ello, no se puede despachar un conflicto de estas características con los trazos de brocha gorda que utiliza gran parte de la prensa internacional. Por el contrario, los ataques terroristas contra Israel deberían suscitar cuestiones de profundo calado como la existencia de un tráfico de armas ilegal que ni siquiera el bloqueo israelí puede impedir en su totalidad o el papel de Irán en los disturbios de la región. Pero lo que definitivamente no se puede admitir es que se ponga en pie de igualdad a los grupos terroristas que asesinan civiles con un Estado soberano que cumple con su obligación de proporcionar a todos sus ciudadanos, árabes y judíos, un mínimo de seguridad.

Hamas delenda est
Enrique Navarro. Libertad Digital 17 Mayo 2021

El siete de diciembre de 1941, Japón atacó Pearl habour y con este "día de la infamia" que indicó Roosevelt, comenzó la Segunda Guerra Mundial que terminó con el lanzamiento de dos bombas atómicas y la muerte de millones de civiles y militares. Como ocurre en todas las guerras, el imperio nipón alegó como causa del conflicto el asfixiante embargo de petróleo norteamericano y el sufrimiento del pueblo japonés, negando la realidad de que Japón se había convertido en el régimen más terrorífico de la historia de Asia. A Estados Unidos no le quedó más remedio que defenderse hasta terminar con la victoria contra la barbarie, nadie hubiera entendido otra cosa.

En 1948, las Naciones Unidas acordaron la partición de Palestina, en dos estados, uno árabe y otro judío, y se establecieron unos términos que fueron violados el mismo día por los árabes que no reconocieron nunca los acuerdos ni el derecho a que existiera un estado judío. Ante la falta de consenso, ese acuerdo y sus consecuencias en términos de fronteras, saltaron por los aires e Israel y el mundo árabe se enfrentaron cuatro veces para terminar de definir las fronteras en los campos de batalla, exactamente igual que se definieron todas las fronteras en la historia de la humanidad y cuyos ejemplos más recientes están en la antigua Yugoslavia. Pretender ampararse en un acuerdo que se violó desde el primer minuto y en el que no se cree, no tiene ningún sentido.

Los judíos, que llevaban siglos viviendo en Palestina en paz, fueron expulsados de sus casas y de la Palestina árabe, se les robaron sus casas y sus bienes, algo que no se produjo en la parte judía. Ahora, el supuesto detonante de este nuevo conflicto, que es el desalojo de unas viviendas de árabes en Jerusalén Este para que sean entregadas a sus legítimos dueños, es producto de una decisión judicial, otras se han producido en sentido contrario, y muchos asentamientos judíos fueron desalojados por ilegales por las fuerzas de seguridad de Israel. En Israel el estado de derecho funciona, pero como pasa muy a menudo con los totalitarios, sólo se defiende cuando apoya sus demandas pero si una sentencia es contraria a sus intereses, entonces se desatan todos los infiernos, ese es el totalitarismo palestino al que se enfrenta Israel.

Ningún gobierno en el mundo es más sensible a los intereses religiosos que Israel; que ha reservado la Explanada de las Mezquitas, en el centro de su capital eterna para que solo los árabes puedan acceder y practicar sus oraciones; un derecho propio de la libertad religiosa que rige en Israel y que en muchos países árabes es un crimen.

Hamas actúa como las SA hitlerianas, manejadas por unos lideres corruptos que tienen secuestrada a la población de Gaza para servir a los intereses de Irán. Sólo aspiran a la destrucción de Israel, y a ello consagran todos sus medios y se preparan de forma permanente. Los miles de cohetes lanzados llevan años de fabricación y requieren de equipos importados desde el Líbano o Irán, de manera que esto no es una acción improvisada a consecuencia de un supuesto agravio jurídico.

Las órdenes se emiten desde Teherán, y la causa última de esta declaración de guerra dirigida contra la población civil de Israel, no es liberar al pueblo palestino, ni mejorar su calidad de vida, es impedir que Israel pusiera en marcha una operación militar contra la capacidad nuclear iraní. Si vemos las acciones del último año que se han desarrollado contra el programa de nuclearización del régimen de los ‘ayatollas’, nos percataremos que estamos ante una tremenda maniobra de distracción para evitar que Israel pudiera realizar, como ya había anunciado el ministro de defensa, un ataque directo para terminar con la mayor amenaza contra la estabilidad y seguridad regional, que es la capacidad nuclear de un régimen promotor del terrorismo internacional.

Y muchos de los partidos de izquierda que en los años setenta hacían prácticas socialistas en los Kibbutz, salen de comparsas de esta pantomima que atenta contra los intereses occidentales, es decir los nuestros. No hay comparación posible. Hay un grupo terrorista que ataca y un país democrático y libre que se defiende; hay un ejército del terror que busca matar civiles y uno que avisa de sus ataques con la antelación para evitar muertes civiles. Lanzar cohetes desde edificios habitados, hospitales o colegios, constituye un desprecio enorme hacia la población que se alega defender. Pero las televisiones europeas sólo muestra las imágenes del terror israelí, pero eso no cambia la realidad. No habría ningún muerto palestino si no se produjeran estos ataques; Gaza podría prosperar económicamente si reconociera el derecho de sus vecinos a vivir en paz y seguros, pero esto no interesa a los que sólo pretenden la destrucción y la inestabilidad. Occidente no puede dejar pasar esta oportunidad para terminar con Hamas en Gaza, es el único culpable de este caos y debe ser destruido de forma definitiva; éste será el comienzo de la paz.

Yo quiero para los palestinos los mismos derechos que para israelíes y españoles, vivir en democracia, y el único culpable de que no haya habido elecciones democráticas en Palestina en quince años ha sido Hamas, y si queremos seguridad y progreso en Gaza y Cisjordania necesitamos seguridad para todos, y eso pasa por el reconocimiento del estado de Israel y de sus fronteras y de un estado palestino democrático, seguro y próspero.

Jerusalén no puede ser el problema, porque nunca fue capital de ningún estado árabe; el reino de Judea ha estado invadido por potencias extranjeras desde el año 586 a.C. hasta 1948, y antes de esa invasión y después de 1948, el único estado que existió allí fue el judío y su capital Jerusalén, no hay otra historia. Por muchos intentos de acabar con los judíos y su memoria, esta es la realidad inmutable.

Los árabes pueden acceder a sus lugares sagrados, que lo fueron mil años después de la muerte del último rey de Judea y viven con los mismos derechos en Israel que los judíos y los agnósticos y los ateos o lo que sean.

Israel necesita fronteras seguras y defendibles ante el hecho indudable de que sus vecinos desean su destrucción, pero sin embargo, ya son algunos países árabes los que se han dado cuenta que la guerra de Hamas no es su guerra sino la de su principal enemigo, y están profundizando en sus relaciones con Israel, la mejor muestra de que el deseo del estado judío es convivir en paz con sus vecinos árabes.

Esta realidad es la que lleva a que veamos esas imagines terribles en Gaza de civiles muertos, es una tragedia, es inaceptable, pero no equivoquemos el tiro, los responsables de esas muertes no están en Israel sino en Teherán y en el cuartel general de los terroristas. Si no fuera por la superioridad tecnológica de Israel ahora estaríamos contando centenares de víctimas indefensas civiles de Israel, pero seguramente muchos saldrían entonces a justificar esas muertes. No podemos equivocarnos, para que la seguridad y la prosperidad sean una realidad: Hamas delenda est.

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El PSOE se ha rendido a los enemigos de la democracia
Rosa Díez okdiario 17 Mayo 2021

La cosa no es nueva, viene de los tiempos de Zapatero, ese secretario general del PSOE que inició un proceso de negociación política con ETA nada más llegar a la Secretaria General de su partido y que institucionalizó en cuanto llegó a la Presidencia del Gobierno de España.

La entrega del PSOE a los enemigos mortales de la democracia comenzó cuando los socialistas capitaneados por Zapatero empezaron a llamar «hombres de paz» a los de Otegi y «traidores» a los socialistas que sostenían que según la sentencia del Supremo de 27 de marzo de 2003 Batasuna nunca podría legalizarse, no al menos mientras España siguiera siendo en Estado de Derecho:

«Fallamos:
Primero: Declaramos la ilegalidad de los partidos políticos demandados, esto es, de Herri Batasuna, de Euskal Herritarrok y de Batasuna.

Segundo: Declaramos la disolución de dichos partidos políticos con los efectos previstos en el artículo 12.1 de la Ley Orgánica 6/2002 de Partidos Políticos.

Tercero: Ordenamos la cancelación de sus respectivas inscripciones causadas en el Registro de Partidos Políticos.

Cuarto: Los expresados partidos políticos, cuya ilegalidad se declara, deberán cesar de inmediato en todas las actividades que realicen una vez sea notificada la presente sentencia.

Quinto: Procédase a la apertura de un proceso de liquidación patrimonial de Herri Batasuna, Euskal Herritarrok y Batasuna en la forma que se establezca en el artículo, etc.”

La sentencia del Supremo era tan contundente que sólo podría ser superada por los edictos de la antigua Roma, aquellos en los que se ordenaba matar a todos los esclavos y animales del condenado, destruir su casa y sembrar sal en el solar para que no volviera a crecer en él la hierba.

La traición a la democracia comenzó cuando tantos “de los nuestros” comenzaron a plantear que la “legalización” de Batasuna era un “problema” de los demócratas y no una necesidad de los terroristas para rentabilizar sus crímenes e instalarse en las instituciones que con la sangre de los inocentes quisieron destruir.

Cuando el PSOE comenzó a dar forma institucional a la traición, era tanta la insistencia en legalizar Batasuna (su marca, lo que representa) que daba la impresión de que el propio ministro del Interior iba a escribirles unos estatutos para llevárselos a su sede sellados y firmados. Aún recuerdo (la memoria es un instrumento esencial para poner a cada cual ante su espejo) a los socialistas y periodistas de su secta defendiendo algunos párrafos de los presuntos estatutos de la nueva marca de ETA (estoy hablando de finales de 2010, principios de 2011, cuando los estatutos aún no habían sido presentados) con afirmaciones del tipo de “lo sentimos, pero la ley los ampara…”.

La traición a la democracia perpetrada por el PSOE comenzó cuando quisieron convencer a los españoles de que cuando hablaban de “legalizar” la marca de ETA, lo que querían decir es que era preciso que los votantes de esa formación política tuvieran un cauce legal para expresar su voto. ¿Alguien se atrevería a defender en la España de hoy (ni en la de entonces) que sería bueno legalizar un partido que defienda la pederastia, por ejemplo, porque hay muchas personas que ‘simpatizan’ con esa práctica atroz y así tendrían la oportunidad de votarlos para que los representen en las instituciones?

La traición a la democracia encontró un aliado cuando el TC, en junio de 2012, revocó la decisión del Tribunal Supremo de marzo de 2011 de prohibir la inscripción de Sortu, la nueva marca de ETA, como partido político. No porque no fuera legal que el TC revocara esa decisión del Supremo (raro era, porque el TC se comportó como un tribunal de casación y revisó una sentencia del TS, algo que no le corresponde), sino porque a partir de ese momento tanto el PSOE como el PP (sí, también el PP, que entonces tenía mayoría absoluta) se negaron a utilizar otros mecanismos legales, justos y constitucionales que existían para revisar una decisión a todas luces contraria a la letra y al espíritu de la Ley de Partidos y de la resolución del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que en su sentencia de 30 de junio de 2009 -que mantenía la ilegalización de Batasuna acordada por los tribunales españoles-, estableció lo siguiente en su párrafo 80:

«Los estatutos y el programa de un partido político no pueden ser tomados en cuenta como único criterio para determinar sus objetivos e intenciones. Es preciso comparar el contenido de dicho programa con los actos y las tomas de posición de los miembros y dirigentes del partido en cuestión».

La traición del PSOE a la democracia la ha consumado Sánchez al convertir en socios de referencia a los herederos políticos de los asesinos de 857 españoles a los que ETA les arrebató su vida porque eran un obstáculo para que triunfara su modelo totalitario de sociedad. Si tienen alguna duda trasladen ese párrafo a los homenajes que hoy organizan los de Otegi a los asesinos que regresan a casa gracias al pacto que Sánchez suscribió con él y que Marlaska aplica con alborozo.

Hace mucho tiempo que escribí que sentía miedo ante las cesiones de Zapatero a ETA; miedo al comprobar que había mucha gente bien intencionada dispuesta a creer cualquier mentira siempre que la envuelvan en el celofán de la buena noticia; miedo de que personas curtidas en estos dramas extrajeran conclusiones morales sobre lo que había supuesto vivir bajo la amenaza permanente de ETA y no fueran capaces de extraer conclusiones políticas sobre las consecuencias de maquillar lo que son sus herederos al acoger alborozados entre los demócratas a quienes siguen defendiendo la destrucción de la sociedad plural y democrática.

Los de Zapatero llamaron a Otegi “hombre de paz”. Sánchez ha ido más lejos al elegir a Bildu (cambia la marca, nunca el objetivo) como socio prioritario del Gobierno de España y al considerar a Otegi un “hombre de Estado”. Para comprobar la verdadera dimensión de la traición de Sánchez y del PSOE a la democracia, basta con releer algunas de las entrevistas de Otegi (“Nunca he dejado de negociar con el PSOE”) y ponerlas en relación con las declaraciones del ministro Iceta al entregar las cárceles al PNV para que sea el recogenueces quien suelte a los terroristas: “Se ha cancelado una deuda”. Sánchez ha saldado su deuda con los enemigos mortales de la democracia lavando su imagen, borrando su historia de terror y acercando al País Vasco a los 192 terroristas aún encarcelados a pesar de que ninguno de ellos ha colaborado con la justicia y a pesar de que hay más de trescientos crímenes de ETA que aún no han sido juzgados.

Zapatero quiso convencer a los españoles de que “legalizar” a los herederos de ETA era una necesidad de los demócratas; Sánchez ha ido, también en esto, más lejos que su predecesor en traiciones y pretende que creamos que la democracia tenía una deuda con ETA. Me pregunto qué más tiene que ocurrir para que salgamos a la calle para denunciar tanta indignidad.

Cara y cruz en el relevo del TC
Editorial ABC 17 Mayo 2021

El Gobierno y el Partido Popular deberían ser conscientes de la necesidad de renovar el Tribunal Constitucional con la designación de los sucesores de Juan José González Rivas, presidente actual, Encarnación Roca, Andrés Ollero y Fernando Valdés, quien renunció a su cargo. A la lentitud exasperante de este tribunal se une la sensación de precariedad que transmite su composición actual, cruzada con listas de espera para entrar y salir, y con la presidencia en el aire. Sin duda alguna, este es más un problema de percepción institucional que de ejercicio de funciones, que se mantienen plenamente intactas en manos de los magistrados actuales. Con el llamamiento a la renovación del TC se trata de mantener la vitalidad de un órgano creado para cumplir una función vigilante sobre el respeto a la Carta Magna. Una democracia constitucional vive en tensión continua entre el cumplimiento de la Constitución y el ejercicio de los poderes políticos por el Gobierno y el Parlamento. El árbitro no puede ausentarse en medio del partido.

Es evidente que una renovación del TC en el momento actual puede alterar el sesgo conservador que se atribuye a la mayoría de sus magistrados y que, por tanto, no solo estaríamos ante una renovación de personas, sino también de tendencia ideológica. Es sabido que están pendientes asuntos muy relevantes para la vida pública española, como los recursos contra la ley del aborto -más de diez años archivado en el TC- y la prisión permanente revisable. También para la clase política, como las dudas sobre la legalidad de ciertos juramentos emitidos por parlamentarios independentistas y de izquierda en el Congreso de los Diputados. Convendría que este recurso fuera resuelto antes de que acabe la legislatura, porque en otro caso perderá su razón de ser política.

Y faltan por decidirse los recursos contra los decretos de estado de alarma aprobados por el Gobierno en 2020, vigente el último hasta el pasado 9 de mayo. El debate fundamental sobre las restricciones de derechos y libertades de los ciudadanos no debería estar situado en las salas de lo contencioso-administrativo de los tribunales superiores de justicia, sino en el pleno del TC, porque su jurisprudencia en esta materia es vinculante para todos los órganos de la justicia ordinaria. Hace falta que el TC resuelva, pero también que lidere la defensa del orden constitucional. Es una institución del Estado, no un espectador del Estado; y se debe a las necesidades de la sociedad española, como cualquier otra institución del sistema democrático.

Si hay algún temor en el seno del propio TC por los efectos de la renovación en la senda que puedan tomar las decisiones en esos asuntos pendientes, la solución es tan fácil como que sus magistrados actuales aceleren los debates, presenten las ponencias necesarias y dicten sentencia en todos ellos. En todo caso, hay que presumir que el TC siempre resuelve con arreglo a la Constitución y a su propia doctrina. Pero si entre los magistrados hay un cierto decaimiento que no permite a la institución estar en condiciones de asumir su responsabilidad con la tensión que exige el momento -y puede asumirla, porque lo está haciendo con los recursos de los condenados por el ‘procés’-, entonces la renovación es inaplazable, con las consecuencias que sean pertinentes sobre los asuntos que están en la mesa de los magistrados. No cabe ya tacticismo cuando lo que está en juego es la propia función del TC en el sistema de garantías del Estado constitucional.

Antonio Elorza: «Podemos no nació del 15-M, sino de grupos favorables a ETA»
Redacción. https://rebelionenlagranja.com 17 Mayo 2021

En una entrevista realizada por Julio Valdeón y Rebeca Argudo y publicada por el diario La Razón, el historiador y catedrático de Ciencias Políticas donostiarra, Antonio Elorza, desvincula el nacimiento de Podemos del 15-M al tiempo que lo liga a grupos favorables a ETA. Elorza, fundador de Izquierda Unida, conoce bien el nacimiento de Podemos que, dice, «en realidad es muy anterior al 15-M. «Su nombre entonces era Contrapoder y, aunque crecerá en la atmósfera del 15-M, no surge de ese movimiento, en el que ellos intentaron intervenir sin éxito».

El también historiador, Julio Valdeón pregunta a Elorza por las raíces de Podemos, que dice de ellos: «Tenían una asociación muy próxima a los grupos universitarios favorables a ETA, y ya con algunos apoyos en niveles superiores de la Facultad. La presentación tuvo lugar en el aniversario de la muerte de Tomás y Valiente, al proponer una conferencia de Karmelo Landa (ex dirigente de HB) para denunciar el fascismo de PSOE y PP…. La nueva iniciativa será encabezada por Juan Carlos Monedero, procedente del PCE y que había establecido estrecha relación con Chávez, incorporando la vertiente latinoamericanista y antidemocrática de signo populista, y por Pablo Iglesias, ex joven comunista que arranca de los movimientos antiglobalización.»

En aquellos momentos, recuerda Elorza, «Funciona el prestigio de la desestabilización lograda por ETA entre el izquierdismo... En ese clima surge Contrapoder, los alevines de Podemos, impulsado ante todo por Monedero».

«Podemos no es el 15-M, sino la capitalización del 15-M. Pablo Iglesias lo dice de manera muy significativa: «Lo nuestro es un proyecto montado sobre el malestar».

«La suya es una ideología de descalificación contra el que piensa distinto, asentada sobre el supuesto de la buena conciencia de los verdaderos revolucionarios. Desde la fundación de Podemos hasta hoy, llenándose la boca de democracia, van a generar una suerte de centralismo cibercrático».

«Para ellos la Prensa es molesta. Básicamente toda comunicación suya es positiva y revolucionaria, aunque la contradigan al día siguiente. Como cambia constantemente lo que dicen, tienen que borrar las huellas. Durante varios años, por ejemplo, las primeras etapas de Podemos como Contrapoder eran fáciles de reconstruir a través de vídeos, declaraciones y artículos publicados. Pero ahora han eliminado casi todo. Incluso la ceremonia fundacional en enero de 2007, una ceremonia en Políticas de homenaje y defensa del etarra De Juana Chaos (condenado a 3.000 años de cárcel por 25 asesinatos) de nuevo en estrecha conexión con grupos estudiantiles próximos a ETA. Como los artículos sobre la necesidad de la violencia urbana de Iglesias en Kaos en la red.»

«Imponer el euskera vulnera la Constitución»
Ha conseguido tumbar unas oposiciones en Irún por exigir perfil lingüístico
El abogado Francisco Ignacio López Lera
Susana Campo larazon 17 Mayo 2021

El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) ha anulado el requisito del perfil lingüístico de la convocatoria pública de plazas para la Policía Local de Irún, al considerar que hablar obligatoriamente euskera es un requisito «discriminatorio» porque «no se compadece con el necesario respeto al derecho de todos los ciudadanos a optar a los empleos públicos». La sentencia, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN y ante la cual cabe interponer recurso de casación, anula la base VIII de la resolución 2.566 por la que se aprobaron la convocatoria y las bases reguladoras del proceso para cubrir doce plazas de agente de Policía Local. Hablamos con el abogado que ha conseguido tumbarla.

– El fallo del TSJPV, supongo que, ¿habrá sido una alegría?
–La verdad es que sí. No era esperado porque en primera instancia en el Tribunal de lo contencioso administrativo de San Sebastián la desestimaron y tuve que recurrir a la sala de lo contencioso administrativo del Tribunal Supremo de Justicia de País Vasco y lo han estimado.

– ¿Por qué y cuándo decide poner esta denuncia?
–Me contrata un particular que considera que tiene derecho a ser funcionario dentro de la Administración Pública. En concreto, en la Administración Local del País Vasco porque la Constitución española así se lo permite. Pero nos encontramos con que desde hace tiempo se hace trampa en las bases y se pone como obligatorio el tema lingüístico cuando debería ser un mérito.

-¿Usted ampara su defensa en la Constitución?
–Así es. El artículo 23.2 de la CE establece que todos los ciudadanos españoles tienen derecho a ser funcionarios. Cierto es que todo el mundo tenemos la obligación de saber el castellano. Es una obligación. Luego, dice la CE, que se podrá utilizar el resto de lenguas en los territorios autonómicos. Lo que significa, que, obligación como tal, es el castellano.

–¿Qué significa exigir el perfil lingüístico?
–Muchas administraciones lo exigen y eso supone que muchos españoles no puedan presentarse en igualdad de condiciones al carecer de ese conocimiento. Si usted me dice que para el puesto que presumiblemente va a ocupar tengo que tener perfil lingüístico, ¿qué hacemos? Esto lo que significa es que prohíbes a cierto colectivo de personas no presentarse. Tú lo que tienes que hacer es sacarte una oposición cumpliendo la norma básica del Estado, que es la Constitución, la cual dice que todo ciudadano español tiene derecho a presentarse a ser funcionario.

–Sí, pero los ciudadanos tienen también derecho a hablar con la Administración en el idioma de una Comunidad Autónoma...
–Sí, claro. Es cierto que los ciudadanos tienen derecho a hablar con las lenguas autonómicas con las administraciones donde haya una colengua. Es un derecho pero la obligación es hablar castellano. Por lo que tú puedes ir a la administración y si te diriges en euskera a un funcionario, y él no lo sabe, habrá otro funcionario que lo hable y que le pueda hablar sin ningún problema. Lo lógico es que si sacas doce plazas de funcionario con unas características, en el porcentaje de méritos puedes establecer el euskera, francés o inglés. Si tienes ese perfil lingüístico ya sales de la línea de carrera con ventaja, el otro que no tiene perfil, ya estudiará más, correrá más, hará mejor el psicotécnico... No puede ser condición sine qua non.

La arena de la playa
Nota del Editor 17 Mayo 2021

Eso de ganar una batalla y perder la guerra ya está muy visto.  Pero vayamos al grano: supongamos que en España hay 6000 ayuntamientos, entonces habrá 1500 ayuntamientos contra los que habrá que iniciar la misma batalla (de estas ya hay decenas ganadas), pero esta guerra la tenemos perdida porque granito a granito nunca conseguiremos llenar la playa. La cuestión estriba en que esto de la ley y la constitución en España es un cachondeo, y de cuando en cuando nos sueltan un caramelito para que parezca que la ley se cumple. Y si se pone por medio el defensor del pueblo, o el tc, no se olvide de irse a vivir a Portugal.


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