AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 19  Mayo  2021

Defender España
EDITORIAL. https://gaceta.es 19 Mayo 2021

Los miles de inmigrantes ilegales que ayer entraron a nado en la ciudad autónoma de Ceuta ante la pasividad de la Gendarmería marroquí y los miles que hoy se agolpan a las puertas esperando una orden para la invasión, confirman lo que ya sabíamos, lo que llevamos años advirtiendo, que es Marruecos quien decide el flujo de la inmigración y lo usa para sus fines.

Aparte de la cuestión inmoral de que Rabat lance a miles de personas a otra nación y use políticamente a sus nacionales y a sus inmigrantes, entre ellos más de 1.500 menores, no hay nada que reprochar al reino alauita. Mohammed VI defiende sus intereses y la estúpida decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de proteger y dar atención hospitalaria en territorio español a un líder del Polisario —que tiene cuentas pendientes con la Justicia española— da una excusa al Gobierno de Saadeddine Othmani y choca, sin duda, con esos intereses.

Si Marruecos, aliado preferente de los Estados Unidos, usa sus armas como el control de la válvula de presión migratoria o la ampliación unilateral de las aguas jurisdiccionales, ¿qué armas usa España para proteger su soberanía nacional, su propia identidad y para repeler esta invasión de la frontera sur de España, que lo es de Europa?

La presión diplomática sobre Marruecos se antoja insuficiente sobre todo en un momento en el que sólo un necio —y en el Gobierno y en los partidos que lo conforman los tenemos a patadas— no ve que las debilidades presentes son las amenazas futuras para la españolidad de las Canarias y de nuestras ciudades africanas y para la seguridad de nuestras calles. Además, para ese viaje diplomático no podemos contar con Francia, como hemos visto en 50 años de conflicto con la antigua provincia española del Sahara, ni con los Estados Unidos, que ha ninguneado a España —y España se ha dejado ningunear— en la resolución promarroquí del conflicto. Washington, además, busca un aliado permanente y fiable para su Mando norteamericano en África ante la presencia creciente de China en el continente y un Gobierno socialcomunista que en muchas ocasiones parece una sucursal caraqueña no es ese aliado confiable. Eso deberán valorarlo los españoles en una próxima cita en las urnas, si es que tienen tiempo, entre ertes, paro y pandemias, de informarse, y si los medios de comunicación subvencionados deciden informarles.

La única solución es exigir respeto. Para esa misión, el uso de las Fuerzas Armadas en la defensa de las fronteras es esencial, oportuno y conveniente. Sin complejos, sin los mismos complejos que hemos visto en la infrautilización de la capacidad de la Sanidad Militar para defender a los españoles de la pandemia, sin los complejos que impidieron que el Ejército colaborara en la búsqueda y rescate de los cuerpos de los dos trabajadores sepultados en el vertedero vasco de Zaldibar, sin los complejos que han evitado que la Armada protegiera a las islas Canarias de la invasión de embarcaciones lanzadas desde Marruecos con al apoyo esencial de los buques ‘humanitarios’ que colaboran con las mafias del tráfico de inmigrantes.

El Ejército, y las unidades guarnecidas en Ceuta están curtidas en decenas de misiones internacionales, es un brazo esencial del Estado de Derecho y de la defensa de los principios constitucionales que peligran en cada invasión de ilegales. Amputar ese brazo u ocultarlo por complejos mientras el resto de Europa utiliza a sus militares para patrullar las calles de las principales ciudades en estos tiempos de Alerta Máxima frente al terror yihadista, habla de la debilidad de España como nación. Que sólo VOX, con Santiago Abascal pie en tierra española ceutí, exija el uso de nuestras Fuerzas Armadas para frenar esta invasión, nos da una idea de la magnitud de los complejos que nos asolan como sociedad.

Y además del uso legítimo de nuestras Fuerzas Armadas para defender nuestras fronteras, también sería bueno recordar a Rabat (y a Washington) que la estabilidad de Marruecos depende de que Melilla siga siendo el pulmón económico del Rif, zona de potenciales insurrectos.

Como se ve, armas para defender nuestros intereses permanentes frente a los de Marruecos, hay. El caso es tener un Gobierno que cumpla su promesa constitucional de defender España y las use. En este sentido, desconfianza absoluta.

Marruecos debe pagar por su invasión de inmigrantes ilegales
EDITORIAL. Libertad Digital 19 Mayo 2021

Mientras todo esto no cambie, España seguirá sufriendo de forma permanente una dependencia de Rabat que no le evitará invasiones como la actual.

La irrupción en Ceuta de más de 8.000 marroquíes, muchos de ellos menores de edad no acompañados, constituye una crisis sin precedentes, al tratarse de la mayor oleada de inmigrantes ilegales jamás registrada en un solo día. Se trata de una auténtica invasión y de un ataque a la integridad y la soberanía nacionales que la embajadora de Marruecos ha tenido la desvergüenza de justificar por la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de permitir, alegando razones humanitarias, la hospitalización en nuestro país del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Si el hecho de que Ghali esté acusado de violación, terrorismo, torturas y crímenes de lesa humanidad no es óbice para que comparezca como investigado el próximo 1 de junio ante la Audiencia Nacional, tampoco lo es para que el Gobierno haya decidido que se le preste en España atención médica. Menos impedimento aún debería ser el temor a las represalias de un régimen chantajista como el que detenta el poder en Marruecos.

Lo que no es de recibo son el temor y la debilidad del Gobierno ante Rabat, que encima tiene la desfachatez de llamar a consultas a su embajadora, quien a su vez se permite justificar la represalia en forma de invasión sobre la base de que "hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir".

Ante este monumental desafío a la integridad y la soberanía nacionales, el Gobierno no sólo debe ordenar que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (CFSE), con la ayuda del Ejército, restablezcan el orden y procedan a la llamada devolución en caliente de todos los ilegales –práctica avalada tanto por el Tribunal Constitucional como por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos–, sino que habría de replantearse radicalmente el marco de las relaciones con Rabat.

Es una vergüenza que España destine ayudas fabulosas a Marruecos –como los más de 30 millones de euros que le ha brindado este mismo martes– para un despliegue policial contra la inmigración ilegal que Rabat se permite interrumpir cuando le viene en gana para someter o presionar a Madrid. Bien es cierto que la culpa de esta irresponsable dependencia la han tenido y la siguen teniendo los sucesivos Gobiernos centrales, que, por no permitir a los CFSE hacer un uso proporcional de la violencia para repeler las entradas ilegales de inmigrantes, delega esas labores en las fuerzas marroquíes.

Un país donde se banaliza el racismo al tachar de racista lo que no sería más que legítima y deseable tolerancia cero ante la inmigración ilegal; donde el Gobierno no reconoce ni el derecho ni el deber de emplear legítima y proporcionalmente la violencia contra quienes ilegalmente cruzan las fronteras y donde se hace abdicación de tan elemental responsabilidad no se puede extrañar de que pasen cosas así. Mientras todo esto no cambie, España seguirá sufriendo de forma permanente una dependencia de Marruecos que no le evitará invasiones como la actual.

Dicho de otra forma: mientras esto no cambie, no habrá más remedio que darle servilmente la razón a la impresentable embajadora de Marruecos cuando dice eso de que "hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir".

La deuda pública marca un récord histórico en marzo
La deuda del conjunto de las administraciones públicas ha cerrado con un nuevo récord, un año después de que empezara la pandemia que ha provocado el mayor endeudamiento de España en su historia
Estrella Digital 19 Mayo 2021

La deuda del conjunto de las administraciones públicas cerró marzo en 1.392.696 millones de euros, un nuevo récord que supera en 25.726 millones el ya anotado en febrero y que equivale al 125,3 % del PIB.

Los datos avanzados este martes por el Banco de España muestran un incremento de la deuda de 168.176 millones con respecto a marzo de 2020, un 13,7 %, lo que refleja tanto el impacto de la pandemia en las cuentas públicas como la incorporación al cierre de 2020 de unos 34.000 millones de deuda de la Sareb por un cambio contable de Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea.

Fuentes del Ministerio de Asuntos Económicos han puntualizado además que los primeros meses del año suelen concentrar muchas emisiones, lo que eleva la deuda, aunque luego se va compensando con vencimientos a lo largo del año, por lo que mantienen su previsión de cerrar 2021 en el 119,5 % PIB.

Al cierre de marzo, la mayor parte de la deuda se concentraba en el Estado, con 1.209.853 millones, una cifra récord que supera en 22.112 millones el dato de febrero, lo que equivale a un repunte del 1,9 %.

Las comunidades autónomas aumentaron su deuda en 4.318 millones, hasta los 307.210 millones, y la Seguridad Social, en 2 millones, hasta los 85.355 millones.

Las corporaciones locales, en cambio, redujeron su deuda en 51 millones hasta dejarla en 22.185 millones.

Por instrumentos, la mayor parte de la deuda se concentraba en valores representativos de deuda, tanto a largo plazo (1.113.908 millones) como a corto plazo (87.468 millones), mientras que el resto se repartía en préstamos (186.400 millones) y efectivo y depósitos (4.921 millones).

La triste realidad es que fuera ven a España como un bulto sospechoso
OKDIARIO 19 Mayo 2021

No nos engañemos. Lo ocurrido en las últimas horas en Ceuta es consecuencia directa de lo que el Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez ha hecho con España: convertirla en un problema a los ojos de las democracias occidentales. España es, objetivamente, un bulto sospechoso para la UE. La política migratoria se condensa en la figura del presidente del Gobierno, que llegó al cargo renunciando a las políticas de devolución de inmigrantes ilegales «en caliente» y ahora, cuando nuestras fronteras han sido invadidas por miles de personas manejadas como marionetas por Marruecos, promete firmeza en la defensa del territorio nacional. Ahora, cuando algunas de las más grandes potencias de la UE han tenido que pedirle explicaciones por su nefasta gestión en el control de fronteras, el presidente arrastra los pies y viaja de urgencia a Ceuta prometiendo el cumplimiento de la ley. ¿Y hasta ahora, qué?

Lo vivido en Ceuta es la prueba del nueve de que la improvisación se ha instalado en un Gobierno que no entiende que las leyes más elementales de la diplomacia se basan en la anticipación de movimientos. España, tristemente, es un peso muerto en el panorama internacional. Estados Unidos contribuyó decisivamente a que el Gobierno de José María Aznar solventara con éxito la crisis de Perejil, pero ahora Washington ha encontrado en Marruecos un socio más fiable que España. Biden ignora a Pedro Sánchez; la UE mira cada vez con mayor desconfianza al Ejecutivo socialcomunista y aquella imagen de país serio y fiable que ofrecíamos al exterior se va diluyendo de forma apresurada.

Que Marruecos utiliza el chantaje y la extorsión en sus relaciones con España no es ninguna novedad, pero sí lo es que el Gobierno de España no haya entendido nada y vaya a remolque de un conflicto anunciado que ha cogido a Sánchez en la inopia. La triste realidad es que nuestra posición en el mundo se ha debilitado por culpa de un Ejecutivo que vive instalado en la propaganda. Así nos va.

Crisis de estado
La invasión de más de 8.000 inmigrantes llegados a Ceuta demuestra que las relaciones con Marruecos están en estado crítico, y que el Gobierno ha sido tan indolente que no previó las consecuencias de su dejadez diplomática
Editorial ABC 19 Mayo 2021

Las imágenes del Ejército desplegado en Ceuta, junto a la frontera con Marruecos, revelan la gravedad de la invasión que ha consentido el régimen marroquí como señal de advertencia a España. Jamás se había producido una llegada tan masiva de inmigrantes a nado, y jamás Marruecos había retirado a sus propios policías con tanto descaro. Este episodio demuestra que las relaciones con Rabat atraviesan un momento crítico, y que es absurdo que el Gobierno esconda la cabeza sin sacar conclusiones objetivas y sin atender a las causas reales de esta suerte de ‘marcha azul’ por el mar hacia nuestras costas. España cometió un error muy serio comprometiendo las relaciones con Marruecos cuando La Moncloa permitió a Pablo Iglesias reivindicar la soberanía del Sahara en favor del Frente Polisario, desautorizando así el aval que Estados Unidos había concedido a Rabat. Aquello reveló las enormes carencias de nuestra diplomacia y la superficialidad con la que Pedro Sánchez aborda la política exterior. No en vano, debe preguntarse por qué Joe Biden ya ha hablado con Rabat y aún no lo ha hecho con él. El ninguneo es humillante. Tanto, que el aparato de Exteriores marroquí se jactó ayer de amenazar a España tras recibir el respaldo de la Administración estadounidense: «Hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir».

La segunda lección es que no se pueden cometer errores irreversibles. Por ejemplo, cuando el Gobierno ha permitido que el líder polisario Brahim Ghali, perseguido por la justicia, sea atendido en secreto de su enfermedad en un hospital español sin siquiera haber comunicado a Marruecos que era por razones humanitarias. En la diplomacia, los gestos formales son tan cruciales como los intereses de fondo. Pero Sánchez no ha calculado en sus justos términos el precio de desairar a Marruecos, que siempre debe ser un aliado estratégico por muchas tensiones que puedan producirse. Hay más de 8.000 inmigrantes -cifra oficial- llegados a Ceuta de manera premeditada y organizada. Y el Ministerio de Asuntos Exteriores ni siquiera intuyó la entidad de una crisis que va más allá de lo diplomático y lo migratorio. Es una crisis de Estado y un chantaje internacional. Hasta que reaccionó ayer, la ministra González Laya había infravalorado esta avalancha con una indolencia carente de lógica. Esto aboca también a poner en cuestión la eficacia de nuestros servicios de información, por más que duela admitirlo. Tampoco Interior previó el calado de tanto error. Se ha visto tan desbordado que ha tenido que ser el Ejército quien acudiese a garantizar la integridad de la frontera y la devolución expeditiva de inmigrantes. Hasta ahora, España ha realizado unas 3.000 devoluciones ‘en caliente’, esas mismas que ahora la izquierda llama cínicamente ‘inmediatas’ y que tanto denostó siempre, pese a que hoy las acoge como la solución a su torpeza. Se ve que su demagógica vis humanitaria, su complejo de Peter Pan y su ‘buenismo Aquarius’ siempre fueron reversibles.

España no puede parecer un país impotente ante esta ofensiva, de la que solo tiene la culpa Marruecos. Sin embargo, Sánchez tiene la responsabilidad por su recurrente incapacidad para reorientar las relaciones con Rabat. Llegados a este punto, el debate es en qué medida España va a plantear soluciones contundentes, porque va a ser necesaria mucha más firmeza y fortaleza institucional que la invocada por Sánchez con su retórica habitual. Ceuta está atónita y temerosa, los centros de atención humanitaria están desbordados, y hay miles de personas vagando por la calle y agrediendo a las Fuerzas de Seguridad. El conflicto no permite más paños calientes de este Gobierno superado.

Marruecos ha incurrido en una provocación para desestabilizar a España, y por eso es el momento de que Sánchez deje de lado tanta palabrería hueca. Ayer se lo recordaron en Ceuta, recibiéndolo entre abucheos. Es la integridad la que se ve amenazada, y defender la frontera es la prioridad. Sánchez sabrá por qué ayer ni siquiera citó a Ghali como origen del conflicto, pero si Marlaska admite la necesidad de proteger esa integridad es porque el Gobierno intuye que peligra. Marruecos ha utilizado indignamente a miles de personas, y juega de modo inmoral con sus vidas para someter a España a una extorsión sin que le importe ver a niños exhaustos en la arena. Produce escalofríos, tantos como contemplar la inoperancia europea en materia migratoria para plantar cara a esta coacción, y la impotente petición de auxilio de Moncloa a la UE. Pero no hay ningún plan estratégico. Solo improvisación y negligencia.

Ceuta está siendo invadida
Liberal Enfurruñada. okdiario 19 Mayo 2021

La ministra Arancha González Laya era una gris funcionaria de comercio hasta que Pedro Sánchez le aplicó el famoso principio de incompetencia de Peter según el cual, en cualquier organización jerarquizada, todo empleado tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia. En su currículum figuran estudios de Derecho Internacional y desempeños en la Organización Mundial del Comercio y el Centro de Comercio Internacional de Naciones Unidas en los que la inutilidad de González Laya pasaba más o menos inadvertida cuando se entretenía con sus enredos con el comercio internacional, embarullándolo con el cambio climático y engatusando con el empoderamiento de las mujeres empresarias. Frivolidades que malgastaban el presupuesto público, aunque poco más daño podían hacernos. Pero nada más tomar posesión de su cartera ministerial ya amenazó con los desbarajustes de los que iba a ser capaz al prometer que pensaba dedicarse a “defender sin complejos los derechos humanos y el multilateralismo”.

Y así, en apenas un año, ha sido ya capaz de malbaratar la negociación de Gibraltar tras el Brexit con su vergonzoso «encuentro bilateral» con el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo; hacer que pasen tres meses desde que Joe Biden es presidente de los EEUU, sin haber conseguido que Pedro Sánchez hable con él; demostrarse incapaz de que España adquiriese los equipos de protección necesarios durante la primera ola de la pandemia, etc. Y ayer sale diciendo que la masiva llegada de inmigrantes «no es fruto de un desencuentro con Marruecos» como consecuencia de la crisis diplomática abierta a raíz de la acogida en España del líder del Polisario, Brahim Ghali, para ser tratado del coronavirus tras ser trasladado desde Argelia, pese a que el Gobierno marroquí informa de que «la actitud de España suscita una gran incomprensión» así como algunas «dudas legítimas» como el hecho de que Ghali viajara a «escondidas y con un pasaporte falso» o que el Ejecutivo «consideró útil no avisar a Marruecos».

Nos posicionan así González Laya y Pedro Sánchez en el eje Polisario–Argelia–Rusia, colocándonos enfrente del más tradicional para España eje Marruecos–Estados Unidos. Un cambio estratégico que resultaría más comprensible si la ministra de Exteriores y el presidente del Gobierno estuvieran afiliados al partido de sus socios de Podemos, que son los que siempre han demostrado sus simpatías hacia la causa del Sáhara Occidental. Y este giro en la política internacional está teniendo las consecuencias que niega la ministra con los más de 6.000 inmigrantes marroquíes que ayer invadieron Ceuta, organizados por las fuerzas de seguridad del país vecino quienes, no sólo no impiden el paso de sus compatriotas, sino que organizan su bajada hasta la playa para darles paso franco hasta la valla que deberán rodear nadando. Invasión que ya había sido anunciada por Marruecos cuando amenazó a España con las «consecuencias» que tendría para nosotros acoger al líder del Frente Polisario sin haberles informado y usando una identidad falsa con la que, según Marruecos, se pretendía burlar a la justicia española, dado que Brahim Ghali está denunciado en nuestro país por graves violaciones contra los derechos humanos.

La ministra Arancha González Laya y el presidente Pedro Sánchez han puesto así en peligro nuestra soberanía. Hoy el ejército se ha visto obligado a desplegar efectivos del Grupo de Regulares y de la Legión en la frontera con Marruecos, para conseguir poner freno a la entrada masiva, al tiempo que han comenzado a ser devueltos un puñado de los que entraron ayer. Estas personas no huyen de una guerra, ni de una tiranía, ni de una sequía o hambruna, estos invasores que asaltan nuestras fronteras están siendo utilizados por el Gobierno marroquí para presionar a las autoridades españolas y torcer así nuestra política internacional por lo que resulta fundamental que todas y cada una de ellas, de forma inmediata y sin excepción, sean devueltas por donde han entrado para poner fin al ‘efecto llamada’ que supondría consentir que muchos de ellos se quedasen y el descrédito internacional que esta nueva victoria de Marruecos supondría. Arancha González Laya ya ha demostrado sobradamente su incapacidad; antes de que el daño sea irreversible hay que devolverla a su puesto de funcionaria gris del que nunca debió ser ascendida.

Indignidad ministerial
Ignacio Centenera okdiario 19 Mayo 2021

En la política, como en todos los órdenes y desordenes de la vida, se puede ser cualquier cosa menos indigno. Inteligentes o ignorantes, mejor o peor formados, más o menos demagogos, los políticos, y en especial los que alcanzan representación pública de los ciudadanos, tienen que ser dignos. La dignidad, entendida por un lado como la cualidad de una persona grave y decorosa en la manera de comportarse, y por otro como honra al cargo y al empleo honorífico de autoridad, es indefectible en el nombramiento y comportamiento de los cargos públicos.

En el Gobierno de España hay muchos ministros que están claramente por debajo del nivel de formación y experiencia que sería exigible a quien va a servir a nuestro país en tan alta magistratura. El nombramiento de personas como Irene Montero, Ione Belarra o Alberto Garzón evidencia en primer lugar la ansiedad y servidumbres con que Pedro Sánchez formó y mantiene su gobierno, pero después lo poco que el presidente dignifica los cargos que van a ostentar. Porque a pesar de esas urgencias, muchos entienden esos nombramientos como una chulería y un insulto a la inteligencia de 47 millones de españoles.

En cualquier caso, de esos ministros nadie espera nada bueno, porque nadie espera que broten flores de un bloque de cemento; lo que esperamos es que transiten lo más aletargados que se pueda durante el tiempo que el ansia de permanencia del presidente les mantenga en el sillón. Sin embargo, dentro del larguísimo censo de ministros hay dos que fueron elevados al cargo con adecuada formación y experiencia para desempeñarlo, y que, por el contrario, están protagonizando los comportamientos más indignos. Son Arancha González Laya y, sobre todo, Fernando Grande-Marlaska.

No hemos considerado en este paquete al trío artístico formado por María Jesús Montero, José Luis Ábalos y Carmen berberechos Calvo, que, por cierto, se ve muy influida en sus referencias discursivas por el hecho de compartir apellido con una famosa conservera. Ya tengo explicitado en otros artículos el abnegado desempeño como arietes contra el sentido común que estos tres personajes, junto con Adriana Lastra, le realizan al Gobierno y al Partido Socialista. En este grupo un comportamiento digno es un unicornio blanco.

González Laya nos tenía acostumbrados a una gestión inane, mal realizada y peor transmitida, de las cosas de su ministerio; pero a partir de un momento el buenismo y el espíritu conciliador, armas no siempre útiles en el navajeo diplomático, sucumbieron ante las exigencias políticas e ideológicas. Así se ha envuelto en actuaciones y servilismos que claramente van en contra de los intereses y dignidad de España, como es la inexplicable reunión con el ministro principal de Gibraltar, la falta de respuesta a las provocaciones de Marruecos, o el acercamiento servil al régimen y la cúpula venezolana. En esa deriva hasta se empeñó últimamente en mostrar al mundo una inventada ineficiencia de la Comunidad de Madrid en la gestión de la pandemia, siendo que fueron los propios ingleses los que sacaron la cara por Ayuso y aclararon que la causa de incluir a España en su semáforo turístico era el ritmo de vacunación.

A Grande-Marlaska, en los ya casi 3 años al frente del Ministerio del Interior, no le queda un principio que transgredir, un valor que pisotear o un colectivo al que traicionar. Ya hemos perdido la cuenta de los asuntos que ha protagonizado en los que hado muestra de una indignidad y una falta a la verdad insospechadas en alguien con su trayectoria. Y no se trata solo de realizar actuaciones equivocadas, inadecuadas o incluso ilegales, sino de las contradicciones y flagrantes mentiras en las que incurre para justificarlas. Son episodios inolvidables la crisis migratoria en Canarias, la gestión penitenciaria, la destitución de Pérez de los Cobos o las continuadas cesiones al mundo secesionista; y más reciente es la renuncia a investigar las fechorías de los matones de Unidas Podemos en Vallecas, cuya detención además ocultó, como ya renunció a investigar el acoso a Ciudadanos en una manifestación del Orgullo Gay.

Lejos de cualquier reprensión o rectificación, desde el Gobierno y el PSOE se impulsa una campaña de blanqueo del personaje al que se le ha compuesto una apretada agenda que le sirva para recomponer su imagen. Otra vez el marketing político de Redondo como único recurso.

No hay que olvidar que el punto focal es el dr cum fraude
Nota del Editor 19 Mayo 2021

Con tantos enchufados traidores, ineptos, desligitimados, nos estan desviando del foco: el dr cum fraude. Hay que apoyar a Vox para conseguir liberar España del tipo más pernicioso jamás imaginado.

Psicópata, narcisista, trilero, mentiroso
Califíquese a Sánchez como cada cual entienda o quiera en privado o en público
José Luis Heras Celemín.  diariosigloxxi 19 Mayo 2021

Los había oído tantas veces, en ese orden u otros y en relación con alguien conocido, que decidí usarlos para un experimento. Decirlos de corrido a algunos conocidos, frente a ellos o por teléfono. Podía haberlos unido con una pregunta, pero no lo hice. Lo solté así, uno tras otro, sin más: Psicópata, narcisista, trilero, mentiroso. No fue sorpresa, pero todos apuntaron los nombres Presidente de Gobierno y Pedro Sánchez, hoy referidos a la misma persona, en una proporción concreta: Presidente 20 %, Sánchez 80%. Además, no todos pero sí la mayoría, aportaron calificativos, unos propios y otros ajenos recogidos de fuentes varias: Fullero, egocéntrico, felón, chulo-playa, superhéroe sin capa, Napoleón de sauna gay, cobarde, ególatra; hubo hasta un ‘tontoelhaba’ despectivo con tanta prosopopeya como fuerza semántica.

Pedro Sánchez es hoy el presidente del Gobierno de España y, como tal, merece respeto. Con su nombre asociado a los calificativos del título y a otros que están en el ambiente y difunden los medios de comunicación, él y la Presidencia del Gobierno están soportando un quebranto que conviene evitar, o al menos atenuar. Califíquese a Sánchez como cada cual entienda o quiera en privado o en público. Pero, en interés de todos, incluso de él mismo, hay que preservar y defender el buen nombre y la entidad de la Presidencia del Gobierno de España.

A la hora de enfocar el asunto, hay algo que tener en cuenta. Unas cuestiones menores, que afectan al caso actual: Cómo, cuándo, dónde y qué instituciones deben actuar. Quienes son responsables de la situación y como corregirla o repararla, etc. Y otras de mayor calado, para conseguir que la Presidencia del Gobierno de España no quede expuesta a la contingencia de una situación, como la actual, incompatible con el bien-hacer.

De momento, se antojan fórmulas para evitar el menoscabo de la presidencia del Gobierno: Una próxima, casi inmediata, por dimisión voluntaria de Pedro Sánchez. Otras dos, más largas y ajenas a él, con el retiro de los apoyos parlamentarios que lo mantienen en la Moncloa, o una Moción de censura constructiva, porque así lo marca la Constitución, para sustituirlo al frente del Gobierno. Y, por ultimo, prevista en la Constitución, convocatoria de elecciones generales para que el electorado decida qué hacer.

Por lo visto, si de cada cinco personas, cuatro creen que el deterioro de la figura presidente del Gobierno se debe a la personalidad de Sánchez y sólo una estima que se debe a su condición de presidente, podría fiarse en él la enmienda del entuerto. Sin embargo, siendo Sánchez el motivo del desastre y teniendo éste una importancia que excede a su entidad personal, no parece adecuado fiar en él. Ha podido, y puede, apartarse de la presidencia con lo que podría ser una dimisión honorable. Pero hasta ahora no lo ha hecho. Antes de la pandemia, a lo largo de ella y cuando estamos a punto de superarla, pudo ser una excusa la necesidad de sumar energías nacionales para hacer frente a la situación sanitaria y a las crisis consecuentes, pero, por lo visto, esa necesidad no se ha tenido en cuenta y sólo se ha aprovechado para dilatar la presencia de Sánchez en la presidencia del Gobierno.

De cualquier forma, aunque solo una de cada cinco personas crea que el perjuicio se debe a la condición de Sánchez como Presidente de Gobierno, existe un deterioro que es necesario reparar. Porque no basta con que Sánchez se apunte al oficio de dar buenas noticias, reales o inventadas, mientras se esconde ante el público y los medios de comunicación para no ser denostado. Es necesaria una presidencia del gobierno sólida, transparente, respetada por todos, y honorable.

Psicópata, narcisista, trilero, mentiroso. Son calificativos que hay que erradicar. Son incompatibles con la entidad y honorabilidad de la Presidencia del Gobierno de España. Pero ahí están. Sin dedicárselas a Sánchez, por el respeto que merece la presidencia del Gobierno y para evitar consecuencias, reneguemos de ellos: Psicópata, narcisista, trilero, mentiroso.

Marruecos, el gran enemigo
José Manuel Sánchez Fornet. okdiario 19 Mayo 2021

Marruecos tiene una posición dominante sobre España desde hace décadas. Con la Marcha Verde de 1975 tomaron la iniciativa y no la han perdido. La posición de España como administradora en la descolonización del Sáhara, un escollo permanente. Recibir en secreto con documentación falsa del Gobierno de España al jefe del Polisario, Ghali, un error que debería costar el cargo a la ministra de Exteriores. Aunque Argelia lo pida y nos venda gas, había que gestionar su atención en otro país, nunca en España. La respuesta son varios miles de ciudadanos marroquíes invadiendo Ceuta “pacíficamente”. Lo de pacíficamente no impide el miedo y la angustia de la ciudadanía española en dicha ciudad.

Si el rey de Marruecos pide a su ciudadanía hambrienta que se plante en forma de Marcha Verde ante Ceuta y Melilla allí tendremos a un millón de personas, voluntarias o no. España no puede permitir que se creen las condiciones que lleven a eso porque entonces ya habrá perdido esa batalla. Hay que hacerse respetar en el contexto internacional y España desde hace años no pinta nada. La clase política marroquí es muy superior a la española. Conciencia de nación, defienden con uñas y dientes su integridad territorial y están en proceso de expansión. La española en proceso de descomposición con este Estado plurinacional que quieren imponer. Marruecos se adjudica mar español en Canarias como aguas territoriales y no hay respuesta.

Marruecos tiene uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo. Sus aliados son la DGSE francesa, la CIA y el Mossad. Cada marroquí, en cualquier lugar del mundo, puede ser interrogado cuando va de vacaciones a Marruecos o reciben “consejos” de otros “inmigrantes” para que traslade información necesaria para Marruecos. Tiene aliados como Estados Unidos, Francia, Israel, Rusia y Reino Unido. España, a la UE más formalmente que otra cosa. El CNI tiene datos de políticos, empresarios, jueces, fiscales, policías… que veranean en Marruecos, otros que tienen posesiones y otros que acuden invitados a distintos actos. Marruecos tiene infiltrados (espías, “antenas”) en todos los países del mundo con sus inmigrantes y en todas las profesiones. En España, también. No tenemos servicio de contra espionaje para traductores, policías, soldados… la mayoría leales funcionarios y entre ellos, alguno trabajando para Marruecos. Familias de policías españoles residentes en Marruecos reciben visitas. Un soldado de origen marroquí, musulmán, ciudadano español fue detenido por espiar para Marruecos. Estas cosas no se cuentan.

Marruecos no dejó a los policías españoles interrogar a los detenidos por colaborar con el 11M. Jamal Ahmidan, ‘El Chino’ uno de los terroristas del 11M, marroquí, fue devuelto a Marruecos desde el CIE de Aluche más de un año antes de los atentados. Marruecos dijo que no era ciudadano marroquí contra todas las evidencias documentales. Hace dos días ha suspendido la colaboración policial y antiterrorista con España. Hay que saber que la información que llega de la policía marroquí es la que les interesa. Ha sido noticia la detención del responsable de la Comisión Islámica en España tras 30 años en su tarea acusado de financiar el yihadismo. Si la información procede de Marruecos hay que ponerla en cuarentena. Posiblemente el detenido se haya occidentalizado y quieren cambiarlo para colocar a otro más afín. Marruecos lleva años queriendo controlar todas las mezquitas en España.

Marruecos gana. Todavía hoy su Ejército sería derrotado en una guerra convencional por el nuestro porque antes ocupamos su capital que ellos entran en Ceuta y Melilla, pero denle tiempo, sigan así y ya no habrá solución. La última derrota de España en África puede estar fraguándose hoy.

Una historia más de cobardía que de torpeza
Emilio Campmany. Libertad Digital 19 Mayo 2021

Casi todos los medios ponen el énfasis en la torpeza con la que actuó nuestra ministra de Exteriores cuando decidió traerse a España al líder del Frente Polisario a curarse del covid. Estaba claro que eso enfadaría al Gobierno de Marruecos y traería la habitual represalia consistente en facilitar la inmigración ilegal hacia España. Sin embargo, hay algo más que torpeza en darle a Brahim Ghali una identidad falsa para realizar el viaje. Porque, aparte la esperanza de poder ocultar a los marroquíes la "acción humanitaria", evitaría también que el enfermo tuviera que responder de las muchas causas que por graves delitos tiene abiertas en los tribunales españoles. De modo que todo sugiere que el Gobierno, el PSOE, Podemos o todos a la vez tienen con el paciente compromisos que van más allá del humanitarismo de nuestra ministra de Exteriores.

Y, no obstante, el Gobierno de España debería estar en condiciones de traer a curarse a España a quien le pareciera sin necesidad de tener que esperar a la autorización del rey de Marruecos. Porque la cuestión no es si tiene o no razones Marruecos para vengarse del modo en que lo está haciendo. La cuestión es que pueda hacerlo. Desde hace mucho tiempo, que nuestra frontera sea asaltada o no por la inmigración ilegal depende casi en exclusiva de las fuerzas del orden de Marruecos. De hecho, el reino alauí nos cobra unos muy buenos dineros (este martes le hemos soltado otros treinta millones) por evitar esos asaltos. ¿Y qué hace la policía marroquí que no pueda hacer la nuestra? ¿Tienen ellos unas habilidades de las que nuestras fuerzas carecen? En absoluto. Ocurre que ellos emplean la fuerza que nosotros no queremos emplear. Porque de lo que ellos hacen no nos enteramos. Y si lo hacemos no nos sentimos responsables. Pero si nuestra policía repeliera cualquier intento de entrar ilegalmente en España con los medios suficientes para hacerlo, siempre proporcionales a la violencia con la que se empleen los ilegales, nuestra opinión pública se llevaría las manos a la cabeza y el Gobierno de turno estaría semanas en la picota. De forma que es mucho más fácil pagar para que sea Marruecos quien atice a los inmigrantes. Al fin y al cabo, allí nadie va a poner el grito en el cielo. Es lo mismo que hace la Unión Europea con Turquía, pagarle para que sujete a los refugiados sirios y no puedan venir a Europa, empleando para ello naturalmente los medios a los que nuestra exquisita exigencia moral nos impide recurrir.

Tenemos lo que nos merecemos. Si dejamos que sean otros los que protejan nuestras fronteras porque a nosotros nos faltan redaños para hacerlo, corremos el riesgo de que quien lo haga por nosotros nos chantajee amenazando con dejar de hacerlo si no nos comportamos como le conviene. Y encima para que esas fronteras de una forma u otra acaben siendo un coladero.

España asaltada
Agapito Maestre. Libertad Digital 19 Mayo 2021

Marruecos ha asaltado España. La provocación del asalto fue una estupidez de Sánchez. Ceuta está al borde del colapso. Melilla queda a la espera. La respuesta del Gobierno de España ha sido tibia. Está desbordado y sin norte. Sánchez desencadenó la crisis, porque metió clandestinamente en España al enemigo número uno de Marruecos, el máximo dirigente del Frente Polisario, y ahora no sabe qué hacer. La embajadora de Marruecos en España ha sido precisa: "La acción de España tiene consecuencias". Se han suspendido las relaciones entre España y Marruecos en materia de seguridad y migración. Preparémonos, pues, para lo peor. Nadie espere que esto se resuelva con una actitud de contención y mirar para otro lado.

Tampoco hará casi nada la UE, más dividida que nunca con respecto a la política de migración con Marruecos y su alianza con EEUU. La política exterior de la UE está ensimismada, por un lado, es lenta y sin ejército, y, por otro, sus políticas de contención, moderación y derecho, lejos de unir a los socios de la Unión, desunen, porque el Derecho, guste o no, es lucha. Heráclito estaba en lo cierto: "Solo la guerra une".

Preparémonos, pues, para lo peor. O el Gobierno de España detiene esto ya con un ejercicio inédito de contención diplomática o, por el contrario, se conforma un Gobierno de salvación nacional para responder a Marruecos con la contundencia que exigen los tratados internacionales violados por el país vecino. Esta crisis es seria. Las armas han sido sustituidas por las pateras y las avalanchas migratorias. España tiene que responder a un asalto a la soberanía nacional por parte de un Gobierno extranjero. Marruecos nunca fue un buen vecino de España, aunque sí un discreto socio comercial con intereses geoestratégicos muy alejados de los nuestros. ¿Qué hacer? Combinar una política realista de compromisos históricos y las resoluciones de la ONU, pero siendo conscientes de que la solución a la inmigración ilegal no la tiene España sino Marruecos.

A cortísimo plazo, mientras España resuelve en la UE el chantaje inmigratorio de su vecino del sur, solo hay una solución. Primero, dimisión de la ministra de Asuntos Exteriores de España por introducir ilegalmente en nuestro país al mayor enemigo de Marruecos, imputado por varios presuntos delitos en la Audiencia Nacional. Sánchez debería entonar cuanto antes un mea culpa por haberse pasado de listo con Ghali y, de paso, mandarlo por razones humanitarias a otro país. O Sánchez le pide perdón a Marruecos o corremos el riesgo de que los marroquíes metan en una semana medio millón de emigrantes.

El Polisario tiene que ser nuestra baza
José García Domínguez. Libertad Digital 19 Mayo 2021

Lo único que funciona con Marruecos es la fuerza. Y como la confrontación directa se antoja impensable, esa fuerza disuasoria debe proceder de terceros.

Que la geografía haya castigado a España situando en su frontera sur no a Suiza o Dinamarca, sino al Reino de Marruecos, qué le vamos a hacer, constituye una de esas desgracias fatales que carecen de remedio. Si bien podría haber sido peor. Y es que esa condena que nos ha tocado en suerte resulta ser un Estado; un Estado de verdad que, a diferencia de Libia u otros territorios africanos carentes siquiera de un poder soberano, se revela capaz de controlar sus fronteras y lo que ocurre dentro de ellas. Y a los Estados se les puede presionar. El rey de Marruecos no dispone de bombas atómicas convencionales, pero está en posesión de una bomba demográfica susceptible de ser lanzada cuando así lo aconsejen los imperativos de su política doméstica. Como ahora mismo, sin ir más lejos, instante de aguda crisis económica a consecuencia del colapso del turismo, una de sus escasas fuentes de divisas. Y, como siempre que tiene problemas internos, problemas que podrían afectar a la precaria legitimación popular de su régimen, el Rey desvía la atención hacia la frontera con la Unión Europea por la siempre efectiva vía de excitar el sentimiento nacionalista de sus súbditos. Un clásico que aprendió de su padre, Hasán II, supremo perito en esas lides.

¿Qué hacer, por lo demás, ante ese eterno chantaje recurrente de los mandatarios marroquíes? Aunque la pregunta retórica sería mejor que se plantease en términos negativos. Porque si algo nos ha enseñado, y de sobras, la experiencia histórica es lo que no hay que hacer. Con Marruecos y su pequeño Maquiavelo con chilaba, las políticas conciliadoras nunca sirven para nada. Lo único que funciona con Marruecos es la fuerza. Y como la confrontación directa se antoja impensable, esa fuerza disuasoria debe proceder de terceros. España tiene una responsabilidad histórica con el Sahara. Pero, incluso si no la tuviera, el Frente Polisario seguiría siendo un importante actor militar en la zona que, en la medida en que su enemigo es Marruecos, estaría llamado a encarnar la discreta baza estratégica que España necesita para confrontar la belicosidad marroquí. Es sabido desde el origen de los tiempos que los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Necesitamos al Polisario. Y no por humanitarismo.

Sí se podía saber
José Ramón Bauzá. Libertad Digital 19 Mayo 2021

Lo que ocurre en Ceuta es un resultado lógico de la dejadez y la incompetencia.

La crisis con Marruecos que muchos veníamos anticipando desde hace meses ha acabado por estallar contra las playas de Ceuta, dejando en evidencia que España perdió hace tiempo el interés por defenderse del chantaje de nuestro vecino del sur.

Al igual que Canarias hace unos meses, Ceuta ha sido llevada al límite por una avalancha migratoria que ni es casual ni es la primera, y que se produce en un contexto de debilidad internacional de España y con un Marruecos cada vez más agresivo.

Desde su independencia, Marruecos ha tenido dos objetivos geopolíticos claros en su relación con España: obtener el reconocimiento de su soberanía sobre el Sáhara Occidental y estrechar el cerco sobre Ceuta y Melilla para, a largo plazo, controlarlas. Aunque durante mucho tiempo las ambiciones territoriales de Rabat han quedado supeditadas a intereses políticos y económicos más urgentes, la confluencia reciente de una serie de factores las ha devuelto al primer plano.

En primer lugar, Marruecos lleva años desarrollando una formidable campaña internacional de influencia y relaciones públicas, especialmente en Washington y Bruselas, donde España está ausente para contrarrestar el relato. El caso más evidente fue el reconocimiento por Estados Unidos de la soberanía marroquí en el Sáhara, una derrota diplomática sin paliativos para España, habida cuenta de nuestra responsabilidad histórica y nuestros intereses geopolíticos en la región.

El presidente Biden no tiene prisa en revocar esta decisión de su antecesor, como sí ha hecho con muchas otras de la Administración Trump, lo que demuestra hasta qué punto Rabat nos está ganando la partida en los pasillos del poder en Washington, donde se ve a Marruecos como un socio fiable y un buen cliente y aún se recuerda el insulto de Zapatero a la bandera estadounidense.

Marruecos ha sabido aprovecharse también de la debilidad del Gobierno de Sánchez, que, lejos de haberle marcado líneas rojas, ha cedido una y otra vez al chantaje de Rabat, buscando insistentemente una cumbre que los marroquíes no querían y negándose a hacer uso de los pocos instrumentos de presión que aún le quedan a España.

Esta debilidad se ha trasladado también a Bruselas, donde, vista la defensa que está haciendo Josep Borrell de nuestros intereses, el máximo representante de la diplomacia europea bien podría ser checo o lituano. Es algo que ha quedado demostrado una vez más en esta crisis. Y es que, pese a ser el español de más rango en la capital comunitaria, Borrell ha sido el último de los altos cargos europeos en pronunciarse, lo que cuestiona su interés y el de Sánchez por contener una crisis que la UE podría haber parado antes de que estallara.

Marruecos, que tiene la consideración de socio privilegiado, se ha beneficiado desde 2007 de más 11.500 millones de euros en inversiones de la UE, un mercado al que los marroquíes exportan el 60% de su producción.

Si el Gobierno de Sánchez hubiera tenido interés en frenar a tiempo el chantaje migratorio que ha estallado en Ceuta, y que se vive también a diario en Melilla y las Islas Canarias, contaba en su arsenal con todos los instrumentos de la diplomacia europea. Los hechos de estos días son la prueba última de una dejadez que algunos llevamos meses denunciando.

Que Marruecos se haya atrevido a llegar tan lejos contra nuestro país es, en definitiva, fruto del desinterés crónico en España por desempeñar el papel internacional que nos corresponde, no ya para alcanzar nuestros objetivos, sino para defender intereses tan vitales como la soberanía y la integridad territorial.

Mientras Rabat ha movido con inteligencia y paciencia sus fichas, Madrid descuidó durante años todos los elementos que hasta la fecha han mantenido estas ambiciones a raya. La capacidad disuasoria que nos ofrecía la superioridad militar se está viendo reducida a pasos agigantados gracias a las últimas adquisiciones marroquíes y nuestra peligrosa falta de inversión en defensa. La promoción activa y sin complejos de la integridad territorial y la soberanía españolas, compartida durante mucho tiempo por los partidos constitucionalistas, se vino abajo con la llegada de un Gobierno aupado por el separatismo. Y las alianzas internacionales clave para alcanzar nuestros intereses geopolíticos, en Europa y EE UU, han sido víctima de los continuos bandazos de la política exterior y el desinterés de Gobiernos sucesivos.

España y ahora especialmente Ceuta están pagando hoy la incompetencia de un Gobierno que ha olvidado una regla esencial y que vale tanto en el patio de un colegio como en la política mundial: a los matones no se les contenta, se les planta cara.

José Ramón Bauzá, diputado de Ciudadanos en el Parlamento Europeo.

Los 10.000 inmigrantes deambulan por Ceuta y siembran el miedo entre la población
Redacción. https://rebelionenlagranja.com 19 Mayo 2021

Las calles de Ceuta han cambiado por completo su paisanaje. Los españoles se han encerrado en sus casa, los comercios han optado por cerrar, los estudiantes no han acudido a clase y bandas de marroquíes y de subsaharianos deambulan sin rumbo por todos los barrios de la ciudad.

El desconcierto, el miedo, la sensación de estar siendo invadidos, la incapacidad de las fuerzas policiales para dotar a la ciudad de la seguridad necesaria, la parálisis de las instituciones. Son expresiones que describen la situación que está viviendo en Ceuta.

Los inmigrantes han dormido al raso, en parques y jardines, cajeros, bancos, incluso en medio de las calles y plazas de la ciudad.
Ceuta tiene una población de casi 85.000 habitantes. Han entrado 10.000 más. Esta pasada noche ya se han producido peleas, disturbios, robos, amenazas. No tienen mascarillas. No mantienen distancias. Su actitud es muy desafiante.

Es difícil encontrar tiendas abiertas donde comparar agua, pan, tabaco, leche u otros alimentos. Los grupos a la deriva no tiene qué comer.

Para acoger a los inmigrantes se planteó la posibilidad de habilitar el estadio José Benoliel, aunque aún no está disponible la instalación deportiva. Ceuta está desbordad y sumida en el miedo.

Monumental abucheo a Sánchez y golpes en su coche a su llegada a Ceuta
La carretera de Tánger a Ceuta se llena de cientos de marroquíes caminando hacia la frontera
Alejandro Cancho El Tarajal (Ceuta). okdiario 19 Mayo 2021

La llegada del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Ceuta ha estado protagonizada por los gritos y abucheos de decenas de personas, que incluso han llegado a zarandear su coche. Los ceutíes han recibido al presidente mostrándole su rechazo por la gestión que ha generado la actual crisis migratoria, con miles de inmigrantes ilegales deambulando ya por las calles de Ceuta.

Sánchez ha llegado hasta Ceuta acompañado del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Se han trasladado hasta la ciudad autónoma a bordo de un helicóptero Super Puma del Ejército del Aire español, la flota que habitualmente utiliza el presidente para sus viajes.

A su llegada, el líder del Gobierno se ha encontrado con una multitud enfurecida gritando repetidamente «¡Hijo de puta!» y golpeando los vehículos de la comitiva presidencial.

Este martes, aún en Madrid, Sánchez prometió que el Gobierno procedería a las «devoluciones inmediatas» para intentar resolver la crisis migratoria provocada por la llegada masiva de inmigrantes ilegales a la frontera con Marruecos en Ceuta y en Melilla. Algo llamativo, teniendo en cuenta que fue muy crítico antes de llegar al poder con estas prácticas y se mostró «rotundamente» en contra de las «devoluciones en caliente».

«Mi prioridad en estos momentos es garantizar el control del tránsito en la frontera con Marruecos, dotar a Ceuta y Melilla de todos los medios para solventar la crisis humanitaria que supone esta llegada de personas y, proceder a la devolución inmediata», advirtió el presidente.

La tensión con Marruecos tiene su origen en la llegada a España, con el beneplácito del Gobierno de Sánchez, del líder del Frente Polisario. Un enemigo declarado de Rabat. Marruecos amenazó la pasada semana con represalias, que se han manifestado en una crisis de inmigración sin precedentes sobre las fronteras de Ceuta. En apenas 24 horas han llegado más de 6.000 inmigrantes, obligando este martes a desplegar al Ejército en la playa de El Tarajal.

Desde primera hora de la mañana, en medio de un incesante goteo de llegadas -aunque a menor ritmo que las de ayer-, los centenares de personas que intentaban cruzar desde el otro lado de la frontera han iniciado el lanzamiento de piedras contra los agentes y militares españoles.

Marruecos y la debilidad de un presidente
Editorial. vozpopuli.es 19 Mayo 2021

La invasión de Ceuta por miles de ciudadanos marroquíes es un hecho de gravedad extraordinaria. Primero porque los antecedentes conocidos distan mucho de aproximarse, en número y en circunstancias, a la situación extrema que se está viviendo en esa ciudad autónoma. En segundo lugar, y es aquí donde radica la excepcionalidad de esta anómala situación, por el provocador exhibicionismo con el que las autoridades marroquíes han querido hacer evidente su intolerable pasividad.

Preservar la integridad territorial de España, y defender sus intereses allá donde se vean amenazados, han de ser principios inalterables cuya vigencia debe garantizar cualquier gobierno, sea este del color que sea. Es el mandato constitucional el que inspira tales principios, el que legitima al presidente del Gobierno, tal y como ha subrayado Pedro Sánchez en su declaración institucional, a mantenerse firme “ante cualquier desafío” y denunciar ante sus socios europeos y el conjunto de la comunidad internacional la diplomacia de amenazas sistemáticas y periódicos chantajes que desde hace décadas viene practicando Marruecos.

Es evidente que tales chantajes le han salido más caros, si no imposibles, a Rabat cuando en Madrid ha gobernado un Ejecutivo sólido y con las ideas claras en política exterior, caso del Gobierno de José María Aznar. Mohamed VI sabe muy bien, por el contrario, a quién se enfrenta en esta ocasión. A un presidente cuya debilidad no puede ser más notoria; un presidente sostenido por unos socios de gobierno a quienes el aludido en ningún caso podría pedir respaldo a la hora de garantizar la integridad territorial de España, porque todos ellos se mostrarían felices con su descarrilamiento; un presidente que, por añadidura, desde el pasado 4 de mayo lleva plomo en las alas, algo que saben en todas las cancillerías del mundo.

Dicho esto, y señalado sin asomo de duda al principal responsable de una crisis de consecuencias imprevisibles, sería contraproducente alinearse con aquellos que plantean como única respuesta la ley de la acción-reacción; o justificar a quienes tengan la tentación de buscar un enemigo exterior y utilizar el trance para solventar aprietos de índole interna. Que el reino alauí siga teniendo evidentes carencias en materia de libertades o derechos humanos, no cambia ni su realidad geopolítica ni la relevancia que el mantenimiento de su estabilidad tiene para nuestro país.

Marruecos es culpable, pero el Gobierno Sánchez no es inocente: el empeño del socialismo español en deteriorar gratuitamente las relaciones con Estados Unidos, socio preferente de Rabat -recuérdese la patética imagen de Rodríguez Zapatero sentándose ostensiblemente al paso de la bandera norteamericana -; el notorio posicionamiento anti atlantista de los socios de Sánchez, que tampoco andan muy lejos de la entrada clandestina en España del líder del Frente Polisario, la gota que parece haber colmado el vaso; la pérdida de protagonismo internacional del Rey, ninguneado por el actual Ejecutivo; o la penosa gestión de nuestra diplomacia, del brazo de la incapacidad que para la alta política viene demostrando la actual ministra de Asuntos Exteriores, ese desastre con patas que responde al nombre de Arancha González Laya, son solo algunos de los factores que en parte explican la altivez e imprudencia marroquí.

Mantener la firmeza frente a lo que a todas luces es una provocación en toda regla, conminar al cumplimiento inmediato y exhaustivo de los acuerdos de readmisión de ilegales que los ministerios de Interior de España y Marruecos firmaron en 1992, en tiempos de José Luis Corcuera, y activar al máximo todos los canales diplomáticos a nuestro alcance, incluida la exigencia de una mayor implicación por parte de la Unión Europea, son las medidas que se esperan de un Gobierno y de una oposición cuyo principal objetivo no sea sacar rédito político de la crisis, sino rebajar la tensión y asegurar la protección de ceutíes y melillenses.

Mohamed VI pulveriza la última patraña de Sánchez
José Alejandro Vara vozpopuli.es 19 Mayo 2021

El Gobierno se encuentra en estado de shock. El bofetón chantajista marroquí ha destrozado la pretendida 'semana grande' de Iván-2050

El Gobierno de Pedro Sánchez está viviendo sus horas más convulsas desde que llegó al poder. Las imágenes de la marea humana desparramada sobre la playa del Tarajal tienen un poso a final de etapa, a dolorosos estertores de un tiempo que huye, a un descomunal naufragio. La invasión de Ceuta dirigida, orquestada, impulsada y consumada desde el Gobierno marroquí es el hecho más grave registrado en nuestro ámbito internacional de las últimas décadas, incluido el episodio de la isla Perejil.

En el parvulario de la Escuela Diplomática se enseña que hay que llevarse bien con el vecino del sur y que es muy conveniente no adentrarse en las movedizas arenas del Sáhara porque siempre ocurre algo. Arancha González Laya, suma conocedora de la burocracia comercial europea, no es de la carrera. Su inexperiencia, falta de tacto, de olfato y hasta de vista, ha abierto las puertas a este episodio que hace temblar los cimientos de un gobierno de coalición inestable y de un presidente debilitado por la derrota madrileña.

Durante estas dos últimas décadas, las relaciones de España con la monarquía aluita se habían restablecido en el marco de un sobrio pragmatismo. José Luis Rodríguez Zapatero mudó la neutralidad negativa en neutralidad positiva y logró situar a España como socio comercial preferente de Rabat, por delante incluso de Francia. Mariano Rajoy esquivó delicadas tensiones fronterizas, desplazó a Ceuta y Melilla del ámbito de la disputa y logró engrasar y potenciar el diálogo económico entre las partes. El rey don Juan Carlos actuaba de gran apagafuegos cuando era preciso superar algún desencuentro con su 'hermano' Hassan y su sobrino Mohamed. A Felipe VI, los talibanes de la Moncloa no le han permitido papel alguno en ese ámbito.

Un desastre mayúsculo y expansivo
Pedro Sánchez ha evidenciado falta de finezza al abordar el peliagudo dossier marroquí. Con esa altivez propia de la ignorancia, en colaboración con su tradicional suficiencia ajena a toda reflexión, el jefe del Gobierno español ha logrado, en un par de años de mandato, arrojar a la diplomacia española al extrarradio de la periferia internacional. Lejos del Washington de Biden, que ni siquiera se ha dignado a saludarle telefónicamente y que acaba de mostrar su respaldo a Marruecos, mero comparsa en una Europa que le contempla con reticencia y desconfianza, y sin más simpatía que las que despierta en los regímenes populistas del subcontinente americano, la política exterior del sanchismo bien puede calificarse de un desastre expansivo. En tiempos de Josep Borrell se mantenían levemente las formas, sin enormes aciertos. Ahora ni siquiera se logra un guiño de condescendencia por parte de quienes algo pintan en el orden político mundial.

El caso marroquí es paradigmático de este largo rosario de ineficacia suprema. Para empezar, Sánchez no efectuó a Rabat su primera visita como presidente del Gobierno, en contra de lo que manda la tradición, respetada hasta entonces por todos sus predecesores. Hubo excusas y justificaciones varias, pero el desplante quedó grabado a fuego en el entrecejo del ofendido. Más tarde amparó y no contuvo la agresiva actitud de su entonces vicepresidente Iglesias, de un radicalismo feroz y de un amateurismo adolescente. Reclamaba un referéndum de autodeterminación en el Sahara en base a unas disposiciones de la ONU ya superadas. Ahora acaba de incurrir en el palmario error de dar cobijo al jefe del Frente Polisario, enemigo público número uno de Marruecos. Brahim Ghali ingresó con documentación falsa en nuestro país y ahora se le atiende en un hospital de Logroño de dolencias sin especificar. La ministra Laya no escuchó las advertencias de su homólogo de Interior, Grande Marlaska, sobre el particular, no informó a las autoridades marroquíes sobre el polémico hospedaje y ni siquiera trasladó la novedad a la instancia judicial correspondiente ya que Ghali tiene causas pendientes en la Audiencia Nacional. En el mundo diplomático se puede mentir si consigues engañar. De no ser así, es mejor ni intentarlo. Las consecuencias suelen ser muy graves.

Cuanto está ocurriendo evidencia un desconocimiento mayúsculo por parte de Moncloa y del Palacio de Santa Cruz tanto de lo que es Marruecos, de cómo actúa cuando se siente maltratado, de lo que representa y lo que significa en el mapa de los intereses españoles. La reacción ha sido brusca y atolondrada. Despliegue de contingente militar sobre la zona, con blindados en la playa incluidos, devolución de decenas de invasores, viajes relámpago de Marlaska y Sánchez a las dos provincias amenazadas, donde no se les recibió con afecto, e invocaciones a Bruselas para recordarle que Ceuta y Melilla también son Europa. Un sortilegio de gestos tardío y a trompicones para enmendar la pifia. Ni siquiera fue capaz el presidente de telefonear al líder de la oposición para compartir información y tuvo que ser Casado quien descolgara el teléfono para transmitirle su apoyo.

Todo esto sucede en la semana que se pretendía celebrar, con parafernalia de apoteosis, como el último acto de un musical de Broadway, la semana mágica de Sánchez, una performance futurista diseñada por Iván Redondo para paliar el desgaste de imagen del jefe del Ejecutivo, todavía con los severos moratones sufridos en la terrible golpiza del 4-M.

La zozobra se ha instalado en el ánimo de la izquierda como un huésped incómodo, uno de esos visitantes molestos de los que resulta difícil deshacerse. El trompazo madrileño ha levantado una polvareda de incertidumbres que anima un escenario de 'fin de ciclo'. La militancia socialista se instala en el territorio de la duda y emergen las críticas con ansias de castigo. Alguien lo ha hecho muy mal, y no basta con la cabeza de Gabilondo o de Franco.

La factoría de ficción de la Moncloa, con los radares siempre alerta a cualquier movimiento que arriesgue la continuidad del césar, había reaccionado con la celeridad y el despliegue técnico y de aparato que le caracteriza. “Un tal Iván”, (como le denomina Guerra), o un 'talibán' (como lo pronuncia Alsina), jefe del Gabinete de Presidencia, había dispuesto la representación de otra obra magna de la marquetería propagandística de su negociado, con bandas y tambores, coros y mucho tachín-tachín, que tendrá lugar, salvo modificaciones, este mismo jueves en el Auditorio del Reina Sofía. Quizás el desastroso Rhodes se digne, esta vez, a desprenderse de sus raídas camisetas para acompañar con su teclado, torpe e inconexo, tan fastuosa celebración. Redondo había incrustado este lunes un opúsculo de una página en El País para anunciar tan rutilante ceremonia, intitulada 'Fundamentos para una Estrategia Nacional de Largo Plazo', un enunciado que se pretende ambicioso y hasta definitivo.

El objetivo de tal despliegue, "un ejercicio de Estado" rezaba el texto de Redondo, es el de diseñar cómo será la España de 2050. Es decir, una acometida ambiciosa en la que han participado cientos de reputados economistas bajo la dirección de Diego Rubio, especialista de cámara del presidente amén de miembro de aquel comité de expertos de la pandemia que nunca existió. Tal despliegue de sapiencia y talentos bien podría resumirse en la frase del escritor Sergio del Molino con la que Redondo abre y cierra su muy comentado artículo : “La comunidad llamada España sigue siendo posible”.

Para 2050, esa "comunidad llamada España", como dice el voluntarioso amanuense, quizás siga siendo una comunidad, quizás siga llamándose España. Sin embargo cuesta trabajo imaginar que siga siendo una nación, al menos con su actual aspecto, conformación y hechuras. Será otra cosa, una reliquia rebosante de republiquetas y nacioncillas, un puzle para armar. El sanchismo amenaza con arrasar con todo cuanto se construyó desde el 78. Incluida la Constitución, el marco de convivencia y el bienestar ciudadano. Dispone de unos 30 años para hacerlo, según el esplendoroso teatrillo monográfico que mañana presentará Redondo en sociedad. Mohamed VI, sin embargo, se ha empeñado en aguarle la fiesta. Y quizás algo más.

Notas sobre la invasión de Ceuta
Iván Vélez. https://gaceta.es 19 Mayo 2021

A raíz de la invasión marroquí de la ciudad de Ceuta y, en menor medida, de Melilla, la prensa oficialista se ha apresurado a buscar todo tipo de fórmulas con las que encubrir la realidad y tratar de seguir engañando, con la eticista complacencia de esta, a gran parte de la sociedad española. La expresión más repetida es «crisis migratoria», rótulo que no ha tardado en verse acompañado de alguna imagen doblemente infantil, por el uso de escenas protagonizadas por niños y por el inmaduro efecto que estas suelen producir en un público incapaz de percibir hasta qué punto los infantes, los menores, son meros instrumentos en el tablero político.

Los medios, esos medios, tratan de recubrir con una pátina «humanitaria» lo que es simple y llanamente una crisis política que involucra no solo a España y a Marruecos, sino también al Sáhara Occidental, afectado por la postura hecha pública en los tiempos trumpianos y sostenida, como es lógico, pues las directrices imperiales están sujetas a una poderosa inercia, en los bidenianos. Al fondo de este conflicto geoestratégico se situaría Israel, cuya Cúpula de Hierro, mantenida por su ejército, ha permitido a la grey judía mantener la observancia de sus preceptos religiosos. Sin embargo, y aunque sean seres humanos quienes se echan al agua para doblar el espolón y entrar en tierra española, el conflicto es, insistimos, político. Las razones que permiten adjetivarlo así son evidentes pues, si se tratara de la ambición de los marroquíes por buscar una vida mejor ¿por qué precisamente en este momento?, ¿por qué de forma tan coordinada?

Preguntas cuya carga retórica se percibe con nitidez si se tiene en cuenta que los hechos se han producido justo después o, por decirlo de otro modo, como consecuencia de que España haya acogido a un líder político argelino. Las imágenes son elocuentes: policías marroquíes colaborando con el desbordamiento de sus fronteras, parálisis del Gobierno de España, abismado ante una realidad que hace añicos sus tan queridos mantras -«ningún ser humano es ilegal»- y, por último, la entrega de treinta millones de euros a Marruecos que suenan a pago feudatario. Marruecos, cuyo papel en algunos trágicos episodios nacionales permanece sin esclarecer, ha vuelto a demostrar hasta qué punto es capaz de controlar y dirigir el flujo humano con fines económicos y, por ende, políticos, pues toda economía es política. El problema adquiere mayores dimensiones si se tienen en cuenta otros aspectos, en concreto aquellos que tienen que ver con nuestros recursos, lo que nos lleva a desplazar el foco de atención a nuestras, las de todos los españoles, aguas territoriales en el archipiélago canario, bajo las cuales hay importantes reservas de teleno. Aguas de las que ya se ha apropiado nuestro «socio y amigo», Sánchez dixit, del sur.

La invasión ceutí recuerda poderosamente a aquella Marcha Verde lanzada en unos tiempos -los fundamentalistas democráticos sabrán disculparme- de aguda crisis gubernativa. Casi medio siglo después, la nación española, cuyo gobierno está sostenido por secesionistas y sectas extractivas, está aún más debilitada, a pesar de haber alcanzado el sueño desindustrializador de entrar en la Europa que acoge a nuestros golpistas y permite, sin apenas exigencias, la entrada de productos marroquíes. Cabe, por último, buscar razones que expliquen por qué gran parte de nuestros compatriotas permanecen despreocupados ante la grave amenaza que se cierne sobre Ceuta. Como todo el mundo sabe, la actual democracia coronada se ha desarrollado bajo la hegemonía del PSOE, partido cuyos representantes en la ciudad de las siete colinas son abiertamente maurófilos y proislámicos, cuestión no menor, habida cuenta de que ambos poderes están concentrados en la figura de Mohamed VI. Hace casi dos décadas, el diplomático español Máximo Cajal, encuadrado en las filas socialdemócratas y entusiasta de la Alianza de Civilizaciones, publicó un libro cuyo título venía marcado por un interrogante: Ceuta, Melilla, Olivenza y Gibraltar ¿Dónde acaba España? En lo tocante a las ciudades norteafricanas, don Máximo, admirador del Jordi Pujol que abrió la puerta a los magrebíes en detrimento de los hispanos, refractarios al uso del idioma de Verdaguer, hablaba textualmente de «quinientos años de supuesta españolidad acompañados, invariablemente, de casi otros tantos de obstinado rechazo de tal carácter, de violenta oposición a la invasión, de negación -aunque a la postre frustrada- de algo colectivamente indeseado. Y ello dando por bueno que aquellos miserables presidios, aquellos baluartes fueran desde la primera hora tierra española y no unas fortalezas como tantas otras en el norte de África o, a mayor abundamiento, en Nápoles, en el Franco-Condado o en Flandes». De aquellos ideólogos, estos propagandistas.

Marruecos tensa la cuerda y parece no temer romperla
CARLOS ECHEVERRÍA JESÚS. El Mundo 19 Mayo 2021

La actitud de Rabat es impropia de un Estado que ha presumido siempre de ser el mejor vecino de Europa: inamistosa y fuera de las relaciones entre naciones civilizadas

Los recientes actos inamistosos de Marruecos en relación con España -y no solo, pues también los ha tenido, y también próximos en el tiempo, con otro socio de la Unión Europea (UE), Alemania- alejan a este vecino magrebí de las prácticas de la buena vecindad entre estados.

De poco le vale mostrar su incomodidad e incluso su irritación con respecto a la actitud de ambos estados comunitarios en relación con el conflicto del Sáhara Occidental, pues ni la razón ni el derecho le acompañan. Pretender que una decisión presidencial, como fue la de Donald Trump del pasado diciembre reconociendo la «marroquinidad» del Sáhara Occidental, deba de llevar a otros estados occidentales a seguir su ejemplo es desconocer la dinámica de las relaciones internacionales, además de despreciar la voluntad política, la soberanía y el respeto del Derecho internacional de dichos estados.

Mostrar su irritación con Alemania por dicho motivo de la forma en la que el poder marroquí decidió hacerlo -suspendiendo las relaciones y llamando a consultas a su embajador en Berlín- fue el reflejo de una irritación exagerada. Pero la mostrada con España, mucho más abrupta como tiene por costumbre hacer, se sitúa fuera del respeto en el que se deben basar las relaciones entre naciones civilizadas.

A la actitud marroquí frente a España no le asiste el Derecho en ningún caso. No lo hace en relación con su reivindicación de los territorios españoles en el norte de África -los cinco, todos ellos fronterizos con Marruecos-, dado que no se puede reivindicar lo que no es de uno, tal y como el Gobierno le recordó al jefe del Ejecutivo marroquí en diciembre, cuando este tuvo la osadía de afirmar que, tras la resolución de la cuestión del Sáhara Occidental, que esperaba favorable para Marruecos, pasarían a ocuparse de los susodichos territorios.

Y tampoco le asiste el Derecho en relación con la cuestión del tratamiento médico en un hospital español del líder del Frente Polisario. Brahim Ghali puede ser visto como un separatista por Marruecos, pero dicho calificativo es inapropiado para el resto del mundo. Marruecos y Mauritania invadieron el Sáhara español en el otoño de 1975; Mauritania se retiró tras cuatro años de guerra de dicho escenario y, desde entonces y hasta hoy, 46 años después, Marruecos es potencia ocupante de dicho territorio.

En ese tiempo, Rabat aceptó un alto el fuego con los saharauis tras años de conflicto e incluso un plan de arreglo implicando a la Organización de Naciones Unidas en el mismo. Ahí está la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) para atestiguarlo. Misión, por cierto, que mantiene relaciones tanto con Marruecos como con el Frente Polisario, siendo ambas las partes en el conflicto aún no resuelto.

Si en este tiempo Marruecos ha decidido desechar dicha vía de arreglo y apostar por la pura y simple anexión del territorio, esta postura coloca al país donde está en términos jurídicos internacionales, y es una gran osadía por su parte pretender que el resto del mundo le apoye en tal empresa.

Volviendo a su relación con España, y a los supuestos agravios que percibe de nuestra parte, sus fórmulas de presión -como es obvio que debemos de interpretar la apertura brutal de la espita migratoria irregular masiva en Ceuta y, en menor medida, en Melilla- suponen un acto claramente inamistoso, impropio de un Estado que ha venido presumiendo tradicionalmente de ser el mejor vecino de Europa y que aspiró incluso en el pasado a convertirse en miembro de la Europa comunitaria.

Aparte de violentar la seguridad del territorio español y de poner en riesgo, utilizándolos, a miles de ciudadanos propios y extranjeros (subsaharianos), Marruecos se está haciendo un flaco favor en términos de imagen ante esa Europa a la que tanto ha venido cortejando.

Marruecos no debe olvidar, y se lo recordaba hoy mismo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que la frontera que está violentando es también la frontera exterior de la Unión Europea. Por tanto, debería de asumir que, si bien hasta ahora los españoles hemos estado en buena medida solos en términos de gestionar tan enorme desafío, con esta actitud podría provocar, y ojalá que así sea, que al fin el resto de los estados miembros y las propias autoridades comunitarias comprueben las fórmulas de comportamiento de este vecino y se muestren más exigentes ante este nuevo desafío.

Marruecos no es ni mucho menos el único vecino de la UE en el norte de África y no debe de seguir considerándose el merecedor de un tratamiento más próximo y generoso por parte de la Unión y de sus estados miembros. Cierto es que, como única frontera terrestre entre la Europa comunitaria y el continente africano que tanto está agitando, ahora mismo se trata del acceso más inmediato, pero es tan solo uno más entre varios vecinos norteafricanos. Y aunque guste Marruecos de marcar distancias entre él y esos otros vecinos -presentándose como isla de estabilidad y de oportunidades frente a escenarios más opacos, unos, o de conflicto, otros-, debería de asumir que la geopolítica manda.

Para España sobre todo, debido a dicha inmediatez, pero también para el resto de la UE, desafíos tan peligrosos como estos de Marruecos deben servir para lograr lo que en otras circunstancias no nos hemos animado a definir y a implementar: un diseño claro en términos geoestratégicos que nos permita aprehender los retos geopolíticos, describir con rigor y de forma responsable nuestros intereses, y asignar a la protección de los mismos las herramientas de todo tipo que se hacen ya necesarias. En otras palabras, dejar claro que Ceuta y Melilla son la frontera sur de la Unión Europea y cualquier violación de la misma será un ataque al seno de la Unión.

Carlos Echeverría Jesús es director del Observatorio de Ceuta y Melilla y profesor de Relaciones Internacionales de la UNED.

¡Es la invasión, idiota!
Miquel Giménez. vozpopuli.es 19 Mayo 2021

No es una crisis humanitaria, no son refugiados de guerra, no huyen de una catástrofe natural. Los marroquís que han entrado a través de Ceuta son la avanzadilla de una invasión. Pura y dura

Los vídeos que demuestran la permisividad de Marruecos en la entrada masiva a Ceuta

Son civiles –aunque entre ellos podríamos hallar a no pocos oficiales de la inteligencia marroquí e incluso a miembros de organizaciones yihadistas– que han llegado hasta la reja que separa el territorio español del de Marruecos. Pero también forman parte de un calculado plan de invasión camuflada que Rabat lleva hace años llevando a cabo y que ahora ha decidido llevar al límite. El reino alauita procede siempre del mismo modo. Tira una piedra. Si no pasa nada, tira dos. Y así sucesivamente. Como el Gobierno de Sánchez se preocupa más de Ayuso o de la cuestión de género que de la política de Estado, en Marruecos han creído que era el momento para hacerle un pulso a España, a la que juzga, y no sin razón, en uno de sus momentos más débiles. No paramos de intentar complacerlos. Un breve repaso: 130 todoterrenos, diez millones de euros en material policial de alta gama, 20 Volkswagen de lujo y 18 camiones especiales, 1’48 millones para 90 quads, 384 coches patrullas con la tecnología más avanzada y este mismo martes el Gobierno ha aprobado dar a Marruecos 30 millones para evitar la emigración ilegal. Tócate los pelendengues.

El número de personas que han llegado hasta la playa del Tarajal, según cifras oficiales, supera los seis mil en el momento de escribir esta crónica. Quien la firma, al habla con diferentes mandos tanto policiales como militares que están en el operativo ceutí, ha confirmado más de diez mil. Muchos dirán que, para ser una invasión, es pacífica. Niños, mujeres, más niños. Ninguna violencia. Ningún ruido. Desconocen la situación sobre el terreno. A los afectivos especiales de la Benemérita les cayó encima una lluvia de piedras que me recordó las de Urquinaona de hace un año. En cuanto a esos niños, muchos ya deambulan por las calles de Ceuta provocando una pelea aquí, un disturbio allá, un cruce de insultos en el otro lado. Consecuencia: la mayoría de comercios de la ciudad están cerrados.

Y ya sé que muchos insistirán en eso de los niños pero miren, en el mundo árabe uno deja de ser niño a la que puede valerse por sí mismo, no como aquí, que tenemos auténticas criaturas de pecho con veinticinco años, incapaces de hacer nada que no sea quejarse y llegar a casa a mesa puesta por la mamá. Nada que ver con los chicos que se están buscando la vida desde siempre. Ese Ejército árabe hace tiempo que llegó a Europa y no parece que los resultados hayan sido precisamente los de la integración pacífica, sosegada y amable. Conste que no creo que nadie deba abjurar de su fe ni de sus tradiciones por el hecho de vivir en otro lugar, simplemente digo que las leyes están para que les respetemos y cuando tus costumbres o religión chocan con la sociedad en la que te has ido a vivir, o te adaptas o te vas.

El buenismo suicida de los rojos de salón acompañado por el bienquedismo de la derecha no lo admitirán, porque es anatema, pero hay que repetirlo: estamos siendo invadidos en lo político, en lo religioso, en lo social. Por un lado, las organizaciones comunistas que bajo múltiples disfraces pretenden crear un marco cultural nuevo en el que los hombres, solo por serlo, sean culpables y la heterosexualidad poco menos que una anomalía. Pretenden que desaparezcan las ideas de patria, de familia, de ejército, de mérito, para sustituirlas por las suyas, que siempre tienden a modelos totalitarios en los que la libertad del individuo se ve reducida a la nada. ¿O es que Irán es un modelo de democracia? ¿Y Corea del Norte? ¿Venezuela? ¿Cuba? ¿Arabia Saudí? ¿Hamás son hermanitas de los pobres? ¿El Che era un filántropo?

 Por el otro, tenemos al contingente árabe que puebla los barrios de Berlín, de París, de Londres, de Madrid, de Barcelona en los que al lado de árabes decentes, que trabajan como cualquier hijo de vecino y respetan la ley sin por eso dejar de ser buenos musulmanes, se esconden los imanes del odio, los salafistas, los inculcadores del terror. Siempre son víctimas, los demás son malos, Israel es un país genocida, los occidentales estamos podridos, los que decimos cosas como las que escribo somos racistas. Ya está bien. Es hora de que reaccionemos y digamos a los responsables políticos lo que aquel alemán, jefe de batería en las playas de Normandía, le gritó a su superior que no daba crédito a lo que le decía: “¡Es la invasión, idiota, la invasión!” a lo que el displicente jefe, alejado del teatro de operaciones y a cubierto de cañonazos, contestó “¿Ah, sí, y hacia donde se dirigen?” “¡Hacia mi nariz!”. Miren las suyas, por si acaso. Porque esto es ya una invasión.

Ceuta, española a pesar de Madrid
Pedro Fernández Barbadillo. Libertad Digital 19 Mayo 2021

A los Gobiernos españoles desde 2004, a pesar de la pertenencia española a la OTAN y la Unión Europea, no parece que les preocupe perder la otra columna del estrecho de Gibraltar que queda bajo control español.

Todo poder que se asienta en la orilla de un estrecho trata de controlar la otra orilla. Es una ley histórica que castiga a quienes la olvidan. Los ingleses, por ejemplo, ocuparon Calais entre los siglos XIV y XVI; cuando lo perdieron frente a los franceses en 1558, la reina María I, esposa de Felipe II, dijo que después de su muerte en su corazón se encontrarían dos palabras: Felipe y Calais. Los españoles se empeñaron en mantenerse en la Florida para proteger Cuba y cerrar el acceso al golfo de México por el norte. Los japoneses conquistaron Corea para impedir invasiones y disponer de una cabeza de puente en el continente.

España ha repetido esta ley con las ciudades y peñones del norte de África. Ceuta, situada en la entrada del estrecho de Gibraltar, fue pieza codiciada por todos los poderes que se sucedieron en el Mediterráneo: Cartago, Numidia, Roma, Bizancio… y por supuesto el reino de Toledo, la primera entidad española independiente. Después pasó a depender del califato de Damasco. Abderramán III la conquistó para el califato de Córdoba. Los dueños posteriores fueron la taifa de Málaga, los almorávides, los almohades, los benimerines y el emirato de Granada.

Por fin, en 1415 regresó a la Cristiandad gracias a la conquista portuguesa realizada por el infante Enrique el Navegante. Castilla reconoció la soberanía lusa sobre la ciudad en los tratados de Alcazovas (1479) y Tordesillas (1494).

Los soberanos de Ceuta pasaron a ser los monarcas españoles cuando se produjo la unión de las Coronas de España y Portugal en 1580; y se convirtió en ciudad española en 1640, cuando los vecinos se rebelaron contra las autoridades portuguesas. Si Melilla se incorporó a España en 1497, Ceuta lo hizo más de 140 años después. Recuerdo de ese período son los símbolos lusos en el escudo y la bandera ceutíes.

Ya entonces, el estrecho de Gibraltar era uno de los lugares más peligrosos del mundo. Por él navegaban barcos de los piratas berberiscos, turcos, portugueses, españoles, franceses, británicos, genoveses, venecianos, neerlandeses... Para asegurar la independencia de Portugal, la casa de Braganza negoció el matrimonio de la infanta Catalina con el rey Carlos II de Inglaterra, en 1662. Como dote, la portuguesa aportó dos millones de cruzados y las ciudades de Tánger y Bombay. Los ingleses fueron incapaces de mantener Tánger y en 1684 la rindieron a los marroquíes, a pesar de su compromiso de devolvérsela a su aliado Portugal.

Por el contrario, los españoles defendieron Ceuta. La pequeña ciudad sufrió el mayor sitio de la historia, de 1694 a 1727, más largo que el de Candía (1648-1669), con la diferencia de que los turcos vencieron a los venecianos y ocuparon la plaza cretense, mientras que los españoles derrotaron al sultán Mulay Ismaíl, que había arrebatado Tánger a los ingleses. La misma flota anglo-holandesa que conquistó Gibraltar en 1704 atacó Ceuta. En los años siguientes, los británicos ayudaron a los marroquíes en el sitio de Ceuta. Éste concluyó en 1727, cuando a la muerte del sultán sus hijos pelearon por el trono.

En el resto del siglo XVIII, los marroquíes volvieron a atacar Ceuta varias veces. Mientras tanto, España proseguía su larga lucha contra los berberiscos, que concluyó en 1784. En julio de ese año, una enorme flota combinada de España, Portugal, Dos Sicilias y la Orden de Malta, a las órdenes del almirante mallorquín Antonio Barceló, uno de los mejores marinos españoles que ha existido. La destrucción del cubil de piratas fue de tal magnitud que el dey de Argel y luego el de Túnez firmaron un tratado de paz con España, garantizado por el sultán turco.

El siglo XIX fue mucho más tranquilo para Ceuta, aunque al principio renació la piratería berberisca debido a las guerras napoleónicas y la destrucción de las flotas española y francesa. El territorio de la ciudad (así como el de Melilla) se amplió por el tratado de Wad-Ras, firmado en 1860. Su castillo se usó como cárcel para muchos conspiradores y derrotados en las guerras civiles y los pronunciamientos de esa lamentable centuria. Tan lamentable que los Gobiernos de la Restauración iniciaron la costumbre de ceder ante Marruecos en tratados y negociaciones; incluso rechazaron propuestas de anexión a España de diversas kabilas.

En 1932, el Gobierno republicano adscribió Ceuta a la provincia de Cádiz. En julio de 1936, la ciudad fue tomada sin resistencia por el teniente coronel Juan Yagüe. En los días siguientes, sufrió varios bombardeos ordenados por el Frente Popular.

Al concluir el protectorado internacional sobre Marruecos (1912-1956), España entregó al sultán Mohamed V el territorio que administraba, incluso una parte que no era marroquí, Tarfaya, al norte del Sáhara Español; pero Ceuta y Melilla se mantuvieron como españolas. Desde entonces, Marruecos, volcado en la expansión territorial a costa de sus vecinos, comenzó la reclamación de ambas ciudades, en lo que contó con la ayuda del poderoso lobby pro-marroquí montado en España. En 1995, ambas ciudades accedieron a la condición de ciudades autónomas.

El desprecio de la clase dirigente española a los ceutíes y melillenses por miedo a enfadar a los déspotas alauitas lleva a la significativa ausencia de visitas oficiales de los reyes y los presidentes de Gobierno a Ceuta y Melilla. Juan Carlos I las visitó en 2008, en el año trigésimo tercero de su reinado.

Los reyes Carlos II y Felipe V, que tan mala fama tienen, defendieron Ceuta en unos momentos de gran debilidad de España. A los Gobiernos españoles desde 2004, a pesar de la pertenencia española a la OTAN y la Unión Europea, no parece que les preocupe perder la otra columna del estrecho de Gibraltar que queda bajo control español.

Por cierto, Gibraltar, colonia que la ONU mandó se reintegrase a España, centro de lavado de dinero y base militar. ¿Le importa a alguien?

La Fundación Villacisneros recrimina al Gobierno que acerque terroristas y no resuelva 350 crímenes de ETA impunes
El presidente de la Fundación Villacisneros, Íñigo Gómez-Pineda, ha manifestado su indignación por la política penitenciaria del Gobierno socialista.
Miguel Ángel Pérez. Libertad Digital 19 Mayo 2021

El presidente de la Fundación Villacisneros, Íñigo Gómez-Pineda, ha manifestado su indignación por la política penitenciaria del Gobierno: "Además de acercar al País Vasco terroristas que no colaboran con la justicia, ahora ceden al nacionalismo la competencia de prisiones, mientras más de 350 sumarios permanecen sin resolverse en los juzgados".

La Fundación Villacisneros ha salido al paso para criticar la deriva del Gobierno de Pedro Sánchez con respecto a la política penitenciaria. "Los últimos dos años el Gobierno no ha tenido otro interés en esta materia que dar satisfacción al brazo político de ETA para seguir contando con su apoyo en el Congreso. Es vergonzoso que en vez de atender a las víctimas del terrorismo y a sus demandas se haya dedicado a blanquear la cobarde trayectoria de quienes siempre justificaron y jalearon los asesinatos de la banda terrorista".

En opinión de Gómez-Pineda "la preocupación de un Gobierno decente no debe ser congraciarse con una banda terrorista ni con quienes les apoyaron siempre incondicionalmente. Su obligación es contribuir a que se haga justicia y todavía hay en España, para sonrojo de todos, más de 350 asesinatos de ETA sin resolver y, por tanto, impunes".

El presidente de la Fundación Villacisneros ha asegurado que "en vez de transferir ahora la competencia de prisiones a un gobierno nacionalista que trabajará para sacar los presos a la calle, lo que debiera hacer el presidente del gobierno es impulsar los medios de la Fiscalía creada en 2018 la Audiencia Nacional para coordinar las investigaciones y el trabajo de las FSE para que estos más de 350 crímenes se resuelvan. El hecho de que muchos de ellos hayan podido prescribir no impide una investigación judicial que identifique a los asesinos, aunque finalmente pudieran estar exentos de responsabilidad penal".

Póngase en contacto con nosotros en investigacion@libertaddigital.com

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‘Marruecos 2050’
Gabriel Sanz. vozpopuli.es 19 Mayo 2021

El asalto de miles de inmigrantes hambrientos a Ceuta supone un duro golpe de realidad para un Pedro Sánchez que este jueves presenta ‘España 2050’, un panorama idílico de economía verde y digital

La casualidad ha querido que la puesta de largo del informe Fundamentos para una estrategia nacional a largo plazo. España 2050, que va a presentar oficialmente Pedro Sánchez este jueves, haya coincidido con la mayor crisis entre nuestro país y Marruecos desde que hace 45 años Hassan II, padre del actual monarca Mohamed VI, aprovechará la debilidad que vivíamos en plena agonía de Francisco Franco para invadir la antigua colonia española del Sáhara Occidental a través de La Marcha Verde.

Duro golpe de realidad que nos ha hecho despertar de golpe -a Sánchez el primero- de esos sueños respecto a una economía verde y digital, hidrógeno limpio y coche eléctrico sobre los que escribía este lunes en El País el jefe de gabinete del presidente, Iván Redondo, para resituarnos en lo inmediato; es decir, lo urgente, lo importante: que el principal desafío al que nos enfrentamos a corto plazo es el hambre de África y la determinación del vecino fronterizo a la hora de explotarlo y sacar rédito político, diplomático y económico frente a España; nos guste o no escucharlo.

Lo que estamos viviendo desde la madrugada del domingo al lunes no es (solo) un episodio más del pleito de soberanía por las dos últimas ciudades españolas en el continente africano; lo que ha vuelto a poner de relieve la enésima crisis migratoria -me niego a llamarlo invasión, sería hacerle el juego a Mohamed VI- con el asalto de miles de magrebíes y subsaharianos a la frontera sur de Europa es la vulnerabilidad de nuestro confort occidental.

La diferencia de renta per cápita a uno y otro lado de la verja es de diez a uno, 24.000 euros en España por 3.000 en Marruecos; mucho menos todavía en los países del África central... hablemos claro: El rey del país vecino tiene carne de cañón de sobra, como hemos visto en cada uno de los cientos de niños, jóvenes y no tan jóvenes que yacían exhaustos en la playa del Tarajal después de haber recorrido, en muchos casos, miles de kilómetros a pie. Porque el hambre no sabe de economías descarbonizadas, España hará bien en prepararse para una avalancha en sus dos ciudades africanas tan o más grande que la que vive Estados Unidos en sus 3.000 kilómetros de frontera con México.

Ni la más que cuestionable y polémica atención médica “por razones humanitarias” al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali -después de que Alemania se negara-, justifica semejante represalia diplomática marroquí jugando con las vidas de miles de sus nacionales y de vulnerables de otras nacionalidades, ni el Gobierno podía ponerse de perfil, como ha ocurrido en tantas otras ocasiones en casi medio siglo desde la Marcha Verde para no provocar la ira marroquí.

Sánchez ha protagonizado una tan inédita como tumultuosa visita a Ceuta y Melilla en calidad de presidente -todos sus antecesores se escabulleron por no airear el viejo conflicto de soberanía-, y antes tuvo que avisar que defenderá la integridad territorial “con todos los medios necesarios”, es decir, también los militares, en un mensaje que previamente había comunicado al Rey Felipe VI y al líder de la oposición, Pablo Casado;... a buen entendedor.

No le quedaba otra al jefe del Ejecutivo menos pro marroquí de cuantos ha habido en España -éste de coalición entre el muy ambiguo PSOE en éste espinoso tema y el muy pro saharaui Unidas Podemos- que exhibir músculo, legionarios y blindados en la frontera ante un Mohamed VI venido arriba desde que Donald Trump decidiera reconocer por intereses puramente comerciales y geoestratégicos en los estertores de su mandato en la Presidencia de los EE.UU. nada menos que la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Una inoportuna y extemporánea decisión de Trump -que Joe Biden ha enfriado-, la cual contraviene el referéndum auspiciado por la ONU al que se aferra España y que amenaza con agitar el avispero norteafricano y las relaciones de Marruecos con la Unión Europea.

El respaldo de la Unión Europea
Tiene Sánchez la ventaja de que juega, en esta ocasión, con el respaldo de una UE, empezando por Alemania, que no parece dispuesta a ceder ante los intereses estadounidenses y de la Familia Real marroquí así como así. Y con el hecho, no menor, de que el mundo entero ha visto de lo que es capaz de hacer Mohamed VI con su pueblo cuando de intereses se trata.

Pero las circunstancias internas de su mandato no se lo van a poner fácil, no; a la dura derrota electoral en Madrid, de la que el PSOE todavía no se ha recuperado, se une una crisis diplomática con el vecino del sur- esperemos que se quede en eso- cuando lo cierto es que Sánchez no tiene en el Congreso una mayoría parlamentaria segura da siquiera para una prórroga del estado de alarma por la covid o una Ley de Pandemias, como re le reclamaba el PP.

Vamos a ver cómo evolucionan los acontecimientos en la frontera de El Tarajal en los próximos días y en Melilla, ojo, el otro frente caliente en la orilla de enfrente; y, sobre todo, vamos a ver qué dicen los socios del PSOE, empezando por Unidas Podemos y siguiendo por ERC y Bildu, tan pro saharauis y contrarios a una política mano blanda con el vecino marroquí. Bien hará el presidente del Gobierno y su principal asesor en preparar un manual alternativo a esa España 2050 idílica, público o secreto, me da igual -que la inteligencia no es cosa para andar aireando-, y pactarlo con quien puede ser su sucesor en La Moncloa, Pablo Casado; podría llamarse en perspectiva: Marruecos 2050... (por dar ideas).

Acuerdo contra la convivencia
Cataluña pone en marcha un nuevo gobierno diseñado en la cárcel por delincuentes, que atribuirán todo el poder económico y político a un huido de la Justicia como Puigdemont
Editorial ABC 19 Mayo 2021

Cataluña volverá a tener el peor gobierno de coalición posible tras el acuerdo alcanzado por ERC y Junts cuando apenas faltaban unos días para convocar nuevos comicios. La noticia cuenta además con el añadido de la tóxica influencia que ejercerá la CUP, un partido antisistema y con simpatías proetarras cuyo único objetivo es dinamitar la democracia y la convivencia. Una vez más, el separatismo ha dado una lección de supervivencia a todos aquellos crédulos que pensaban que las eternas fisuras entre partidos como ERC y Junts provocarían al final una nueva cita con las urnas. Pero eso es tanto como desconocer que el independentismo vive de dramatizar sus disputas, de tensionar la política y de sobreactuar su teatralidad, porque a la hora de la verdad siempre se impone su prioridad: el poder por el poder para seguir extorsionando al resto de España, con los catalanes como rehenes de una farsa sentimental basada en el desprecio a la legalidad.

La presentación del acuerdo a manos de Pere Aragonès y Jordi Sànchez, excarcelado expresamente para presumir de un Gobierno negociado entre barrotes, es solo la manera que tiene el secesionismo de seguir marcando a Pedro Sánchez y de mantener viva la amenaza de nuevos brotes golpistas. Por eso la nueva Generalitat será más de lo mismo, con conflictos continuos y recelos entre socios, con incapacidad para aprobar una sola ley que beneficie a los catalanes, y con una agenda identitaria muy alejada de la imprescindible gestión del día a día. Es lo que han votado mayoritariamente los catalanes, y ahora sufrirán de nuevo las consecuencias de vivir bajo el paraguas de un gobierno que hace del odio a la democracia su razón de ser.

En clave política, ERC ha cedido lo inimaginable y ha fracasado en su órdago a Junts. Nunca habría arriesgado perder la presidencia de la Generalitat solo porque Oriol Junqueras no soporte a Carles Puigdemont, o porque sean partidos antagónicos en cuestiones determinantes como la política económica. Les unen la obsesión por seguir encarnando un desafío al Estado y la ambición de humillar aún más al constitucionalismo tras su fracaso en las urnas. Ahora, un procesado huido de los jueces con nocturnidad se hará con un control absoluto de las áreas más relevantes del nuevo Gobierno: economía, justicia y actividad exterior. Es lo que necesita Puigdemont para sobrevivir y seguir presentándose como víctima de una falsa represión política en España. El precio del botín incluye también 500 altos cargos para el reparto de prebendas y favores, para el pago de lealtades, el control de 27.000 millones de presupuesto y, sobre todo, para gestionar las ayudas europeas que Pedro Sánchez decida arbitrariamente destinar a Cataluña.

Rearmados sus socios, Sánchez volverá a tener la presión de acordar unos indultos para los condenados por sedición que ni siquiera ellos mismos han solicitado. También reactivará la reforma penal para desactivar ese delito, y convocará la ‘mesa de diálogo’ con Cataluña, como admitió ayer el ministro Miquel Iceta con un tono triunfalista muy distinto al del semiolvidado Salvador Illa. Así Sánchez se garantiza una mascarada con la que seguir sometiendo a España a una extorsión para que Cataluña adquiera un estatus jurídico distinto al que le otorga la Constitución. Los catalanes tendrán otro gobierno conflictivo, destructivo y pedigüeño, lo cual será doblemente preocupante si en La Moncloa persiste esta versión del PSOE tan alejada del constitucionalismo y tan inclinada a la claudicación.
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