AGLI Recortes de Prensa   Jueves 20  Mayo  2021

Márchese, señor Sánchez
EDITORIAL. https://gaceta.es 20 Mayo 2021

España no tiene remedio. Al menos, no con este Gobierno socialista y, por la experiencia acumulada a lo largo de las décadas, con la izquierda en su conjunto. Hace una semana, mientras el servicio de seguridad interior (DST) marroquí preparaba junto a la Gendarmería la invasión de Ceuta, la izquierda que nos desgobierna se afanaba en los preparativos de una reforma constitucional para sustituir el término ‘disminuidos’ por el de ‘personas con discapacidad’ para que no haya discriminación alguna más allá del derecho reproductivo (!) de matarlos si es que su discapacidad es detectada en el vientre materno. Al mismo tiempo, había revuelo en los escaños de los partidos del Gobierno por la presentación de una ley específica sobre transexualidad que, al estilo de la aprobada por el PP en la Comunidad de Madrid, evite la discriminación que sufren los enfermos de disforia de género y dé cobertura legal a la idea de que el sexo es una construcción mental subjetiva.

La izquierda es experta en usar el dinero de los contribuyentes para dar respuesta a problemas que ella misma crea, pero es incapaz de solucionar los problemas reales como los efectos económicos desastrosos de la pandemia, los desafíos globalistas a nuestra identidad como nación o la defensa de nuestras fronteras, que es la defensa de la integridad de España, de los derechos de los nacionales y, también, de los inmigrantes legales.

Las pruebas de la ineptitud del Gobierno para hacer frente a los problemas no inventados son abrumadoras y sólo el cese inmediato de la directora del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban, nos convencería de que el doctor (?) Sánchez no tenía información suficiente para reforzar la frontera ceutí con algo más que los 50 guardias civiles que la incompetente ministra de Exteriores, González Laya, anunció cuando la invasión marroquí ya había comenzado y sólo un loco se hubiera planteado recompensar a Marruecos con 30 millones de euros por invadir Ceuta y regalarnos la tutela de 1.500 menores.

En su soberbia y en su ambición ciega e inculta, no dudamos de que Sánchez desoirá todas las voces que le piden, incluso suplican (y nos sumamos con agrado a la súplica), que comprenda que un Gobierno socialcomunista sólo es tolerable a regañadientes en una situación de orden social y de bonanza económica, pero desastroso en tiempos de crisis económica y social como la que padecemos.

El socialismo, como ya ha ocurrido en Francia o en Grecia, debe desaparecer. Por incompetente y, sin duda, por extemporáneo. Pero mientras esperamos ese glorioso día, Sánchez debe convocar elecciones para que sean los españoles los que decidan si quieren que el Gobierno se ocupe de los problemas inventados como el lenguaje inclusivo, los derechos de los transexuales o tantas memeces que forman parte de la Agenda 2030; o si quieren que un Gobierno español se enfrente a los retos que ponen en peligro nuestro futuro como nación: el desplome real del PIB, que es el doble del oficial, la llegada de la generación del boom de la natalidad a la edad de la jubilación pensionada, la recuperación del sector turístico, la revisión urgente del gasto público y del despilfarro político, el intacto desafío separatista catalán, el desplome de la calidad educativa fruto de una mezcla a partes iguales de pandemia y socialismo; la recuperación de la confianza de los españoles en sus instituciones, la defensa de la españolidad de nuestras ciudades e islas africanas, el control del islamismo radical en las mezquitas, el incremento de la capacidad militar de Marruecos y todos los demás etcéteras que el lector conoce…).

En otras palabras que en un tiempo que ya parece lejano fueron sabias pero que hoy necesitan una ampliación inclusiva: márchese, señor Sánchez, o señora; o señore. Márchese ya. España necesita ponerse a trabajar en lo importante y usted lo impide.

España, vulnerable y aislada
Editorial ABC 20 Mayo 2021

La resolución de cualquier problema, más aún si alcanza la categoría de crisis estructural, como sucede en España en los más diversos ámbitos de la esfera pública, debe partir de un análisis sereno de sus causas. No existe otra fórmula. Ante el chantaje inadmisible de Marruecos en la frontera de Ceuta, provocado en parte por la impericia del Gobierno y ejecutado por un régimen feudal que no duda en utilizar a menores como rehenes y víctimas de su extorsión, Pedro Sánchez no tuvo ayer reparos en asegurar en el Congreso de los Diputados que el gran problema de España es la deslealtad de la oposición, a la que insiste en silenciar para que la necesaria crítica a su gestión se transforme en adhesión inquebrantable y pleitesía. Como sucedió el año pasado con una pandemia que no supo o no quiso ver, el Ejecutivo se ha visto desbordado por su torpeza e inoperancia a la hora de evaluar los riesgos que para el conjunto de la nación conllevan su pasividad y sus desaires diplomáticos, ya sean hacia Rabat o hacia Washington, unidos en una sociedad de intereses mutuos que margina a España y la sitúa en una posición de extrema vulnerabilidad. El problema de nuestro país no es la oposición que ejercen el PP y Vox, sino el ensimismamiento y las evasivas que han llevado a Pedro Sánchez a dar la espalda a las amenazas reales -empezando por las que representan sus propios socios de Gobierno y legislatura- que ponen en jaque nuestra estabilidad, ya sea económica o territorial. Lo sucedido en Ceuta también responde, chantaje aparte, al resultado de un cúmulo de omisiones y errores que empiezan por el papel de la ministra de Exteriores, siguen con el discurso sobre el Sahara de los ministros de Unidas Podemos, ahora enmudecidos, y terminan por el propio presidente del Gobierno, responsable último de una crisis larvada desde hace meses e ignorada de forma irresponsable.

La brutalidad de Marruecos y, peor aún, su jactancia a la hora de reconocer sus actos, genuinos crímenes contra su propia población, arrojada al mar como mercancía, no es incompatible con el alcance de una crisis que ha mostrado en toda su dimensión y crudeza la debilidad de España en el escenario internacional y la vulnerabilidad, cuando no soledad, que sufre nuestro país como consecuencia de una política exterior aventurera, viciada por la ideología y ajena al interés general. Fue Bruselas, consciente de la incapacidad del Gobierno de Pedro Sánchez para frenar la invasión de Ceuta y evitar una crisis que amenazaba con superar de largo su aparente carácter migratorio, la que tomó cartas en el asunto. La gestión de las autoridades comunitarias sirvió de aviso a Rabat, cuyo régimen se beneficia de los fondos que la UE reparte a través del denominado Instrumento de Vecindad. Como sucedió con Turquía, que hace años supo hacer caja con el inhumano negocio de los refugiados, Bruselas sabe que casi todo se puede arreglar con dinero. Es Sánchez el que no termina de entender los mecanismos de la diplomacia. La crisis de Ceuta no solo ha subrayado la dependencia de España de la ayuda -no solo económica, derivada de la pandemia- que le brinda la UE para salir a su rescate, financiero o territorial, sino la distancia creciente que separa a nuestro país de su vecino más próximo e imprevisible, Marruecos, y de quien debiera ser su primer aliado, Estados Unidos, alineado con Rabat en una alianza económica, militar y estratégica con la que Washington evita los bandazos que España suele dar cuando la izquierda, con Sánchez o Zapatero, cambia de rumbo y pierde el norte.

Crisis política, diplomática… y sanitaria
OKDIARIO 20 Mayo 2021

La incapacidad del Gobierno de Pedro Sánchez para prever lo que iba ocurrir en Ceuta -una auténtica invasión de miles de personas utilizadas por el Gobierno de Rabat en respuesta a la acogida en España del líder del Polisario- ha derivado en una crisis política y diplomática sin precedentes. Pero no sólo eso: también la crisis sanitaria ha estallado en la ciudad autónoma como consecuencia del número de contagios por Covid que ha provocado la multitudinaria avalancha de seres humanos: 200 en un día, cuando la jornada anterior sólo se había producido uno. Son las consecuencias de la imprevisión, rayana en la negligencia, de un Gobierno que era el único que no se había enterado de la que se le venía encima a Ceuta.

De modo que ya tenemos la tormenta perfecta: una ciudad que estaba a punto de doblegar la pandemia se ha visto invadida por millares de inmigrantes ilegales. Consecuencia: el número de contagios diarios se ha multiplicado por 200. Y lo peor es que miles de personas siguen deambulando por las calles de Ceuta con la amenaza que eso supone para la salud pública. Una bomba biológica de consecuencias imprevisibles si tenemos en cuenta que resulta prácticamente imposible controlar la marea humana.

Mientras el Gobierno socialcomunista, instalado en la propaganda, vendía la burra coja de la España sanchista de 2050, la invasión de Ceuta cogía a la Moncloa en pañales. El Ejecutivo estaba en las nubes y Sánchez, a punto de viajar a París, cambiaba de planes y ponía rumbo a Ceuta para presumir de firmeza en la defensa de nuestras fronteras. Una defensa perfectamente descriptible: millares de personas deambulando por Ceuta, campando a sus anchas sin control alguno. Las consecuencias políticas de la imprevisión del Gobierno las está pagando una población que vive atemorizada. Por el asalto incontrolado a su ciudad y por el rebrote de la pandemia. ¿España 2050? A ver cómo arregla este hombre el desaguisado que ha causado en la España de 2021.

Rabia y unidad
José María Marco. larazon 20 Mayo 2021

Entre las reacciones más relevantes provocadas por la crisis de Ceuta está el rechazo con el que Pedro Sánchez fue recibido a su llegada a la ciudad, y la oleada de patriotismo con la que muchos españoles animaron a los habitantes de la ciudad invadida. (Unas 8.000 personas en una ciudad de 80.000 habitantes.) En cuanto a lo primero, se podrá interpretar como un fenómeno extremadamente minoritario. Lo importante, sin embargo, es que la dureza de las expresiones y la intensidad de la protesta reflejan con verosimilitud una situación y un estado de ánimo: el de una ciudad acosada y la indefensión en la que se encuentran sus ciudadanos. En las últimas horas, los ceutíes lo han podido vivir con una extrema intensidad, pero el estado de ánimo es común a muchos españoles que se han sentido abandonados y despreciados por el Gobierno central cuando más se necesitaba su acción, su iniciativa y su presencia.

Por eso la oleada de simpatía y solidaridad que ha suscitado la llegada masiva de personas indocumentadas a Ceuta se ha dirigido sin el menor equívoco posible hacia los habitantes de la ciudad. La cruda manipulación de las personas –en particular niños, y algunas mujeres– y de las imágenes –las de siempre: la policía y el ejército frente a los «refugees»– ha fracasado esta vez, salvo en círculos reducidos dispuestos a dejarse manipular y a aceptar la manipulación de los más débiles. De hecho, lo que ha ocurrido ha sido lo contrario. Sin que los «inmigrantes» hayan suscitado antipatía alguna –ni siquiera la esperable como consecuencia del recelo y del miedo–, buena parte de los españoles nos hemos sentido identificados con aquellos que hemos percibido como las verdaderas víctimas de la agresión ajena y del abandono por los propios.

Tiene gracia, desde esta perspectiva, que una parte de la opinión se muestre inquieta de que la invasión de Ceuta ordenada por las autoridades marroquíes aumente el ya importante apoyo de Vox allí, y tal vez también en la península. Lo que habría que preguntarse sería más bien qué clase de régimen es el de Marruecos, que alienta algo tan repulsivo, y, a partir de ahí, por qué un Estado democrático y poderoso como el español no tiene capacidad para articular una política exterior y de defensa legítima, basada en el hecho básico de la integridad territorial del país, de los intereses de sus ciudadanos y, sobre eso, de los derechos humanos. Porque es evidente que si alguien ha tratado con dignidad a los marroquíes, soltados como animales por su propio Estado, hemos sido los españoles...

Los ceutíes, con una historia bien larga en este aspecto, vienen a añadirse así a la lista de grupos abandonados, maltratados y atacados por el Gobierno central o por sus aliados: madrileños, murcianos (como se comprobará en las próximas elecciones), buen número de catalanes y ahora nuestros compatriotas de Ceuta. Es posible que Sánchez pase a la historia de la democracia española por haber sido capaz de despertar la más intensa oleada de rabia y animadversión que se recuerda.

Marruecos: «La eterna espina de España»
Antonio García Fuentes. Periodista Digital 20 Mayo 2021

A mí aparte de la indignación propia como español, me da la risa, cuando los que dicen gobernar a España, en los ya 46 últimos años, dicen todos, “nuestros amigos los de Marruecos”; refiriéndose, claro está, a la camarilla gobernante y a su jefe; puesto que los hechos modernos y los antiguos, han demostrado que “de esa parte del Norte de África” (y alguna otra adyacente) sólo hemos recibido, problemas, guerras, saqueos y todo lo que “un enemigo dedica a quien explota o saquea”; por tanto lo que acaba de ocurrir en Ceuta, hay que entenderlo como un estado de guerra más; puesto que… Las noticias dicen que el asalto a Ceuta (no ha sido otra cosa que un asalto y activado por el propio sátrapa de Marruecos) lo han realizado 8000 «siervos» marroquíes, con ello ese inútil que allí gobierna, ha logrado que metan en España, alrededor de 2000 menores de edad, a los que ahora y por leyes que no entendería, «ni la madre que los parió, a los idiotas europeos que dicen gobernar», es España la que los tiene que mantener y darles clases cuidándolos aún mucho mejor que hcen con nuestros niños y jóvenes; y luego -seguro- que se quedan en España o algún otro país europeo; que es lo que pretende «el sátrapa y su corte»; puesto que así, nuevos súbditos que se quita y que además, todos aquellos que logren sobrevivir, enviarán, «euros» a Marruecos, para el ya muy rico sátrapa, siga acumulando riquezas no sólo en Marruecos, sino en los demás países donde tenga situados capitales inmensos.

Pero eso sí, como «descendiente» de su profeta, los siervos marroquíes, aún tienen que besarle las manos… «de risa o de pena»: Mientras el inquilino de la Moncloa, se presenta allí, junto a su ministro de Interior; dicen cuatro cosas para salir del paso y a tragar «al moro», como vienen tragando desde, «noviembre de 1975» y cuando «robaron el Sahara español, que oficialmente sigue siéndolo, porque aún no han hecho la entrega a «tan gran ladrón»: ¿Como calificar todo ello? El único gobernante que los entendió perfectamente y por ello le temían, fue, el General Francisco Franco Bahamonde; y prueba de ello, es que hasta que no murió, no se atrevieron a entrar en masa (o sea igual que han hecho en Ceuta) en las que aún eran dos provincias españolas, conocidas como “El Sáhara español”, cuyos habitantes aparte de hablar nuestro idioma, aún los que vivan, siguen teniendo igual documento nacional de identidad que llevamos el resto de españoles.

Si miramos a la larga historia de España, de ese territorio, nos vinieron, los continuo saqueos de piratas “berberiscos”, a todas las costas desde Cataluña hasta Huelva; piratas que venían a por botín y esclavos; de ahí, las respuestas de España hasta las conquistas que tuvieron que hacer, también Portugal, que fue quién conquistó Ceuta, y de ellos pasó a España, cuando ambos países, fueron “propiedad” de “los Austrias”. Recordemos igualmente las modernas guerras, en el primer “cuarto de siglo XX”, donde hubo “ríos de sangre española que allí quedaron”; y después, todo lo que ha ocurrido, de ofensas y vejaciones, de las que siempre, se han reído, los gobernantes marroquíes y sobre todo sus reyes, a los que aún sus siervos, “han de besarles las manos”.

También tengo que recordar que en pleno auge del Imperio Español, los piratas del hoy Marruecos, que entonces ni existía, hubo una república en territorio hoy anexo a Rabat, que se denominó, “República de Salé”, que era una base de piratas, junto con otra u otras más al norte, simplemente para asaltar los barcos que de regreso a España de las colonias americanas, y con escala en las Islas Canarias, “los cogían a mano”, para saquearlos como bucaneros que eran y enemigos acérrimos a la España, que a muchos de ellos o sus antepasados, fueron echados de aquí, tras la conquista del reino de Granada.

Pese a todo ello, “los gobernantes actuales pelotillean a esos gobernantes, por no sabemos qué intereses, pero que de los españoles, no concibo ninguno”. Y finalmente otro hecho bochornoso.

Gobernando el indeseable, “Rodríguez Zapatero”; aparece en la prensa, fotografiado junto “al monarca reinante en Marruecos”, y tras ellos, y en el palacio marroquí, un gigantesco mapa, de las islas Canarias y no sé si algún territorio más español; que “el sátrapa reinante”, consideran que son suyos, no sabemos el por qué de ello; y el idiota de “nuestro zapatero remendón, tragó con la afrenta, sonriendo con esa sonrisa de bobo, tan natural en este inútil”.

Y un aviso general: que El Islán o gran parte de él (no sólo Marruecos) no olvidan que cuando más se desarrolla el islamismo, es en el Califato de Córdoba, y que sueñan con recuperarlo en el futuro; y ojo, también, “que El Andalus”, no es sólo Andalucía, que ellos consideran esa denominación, como toda la Península Ibérica, puesto que recuerden que, “llegaron a llevarse las campanas de Santiago de Compostela, como botín para situarlas en su capital; Córdoba. Pero sepamos también que aquel califato, no lo liquidan, los cristianos, sino son los propios musulmanes, también de los territorios que hoy es Marruecos; donde surgen las hordas, de los que hoy denominamos “talibanes o ayatolas”, que considerando que aquel califato, no cumplía lo que su profeta ordenaba en su Corán… vinieron y arrasaron hasta la mejor joya de su corona, o sea, la ciudad imperial, de “Medina Azahara”. Por ello los cristianos, pudieron luego y les costó siglos, el ir conquistando, las muchas “coras musulmanas” en que se dividió el califato, que de haber seguido tal y como llegó a ser; “seguro que hoy España y Portugal y vete a saber cuantos más, seguirían siendo súbditos de aquel profeta arábigo llamado Mahoma”: Amén

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

El infierno fiscal en la España de los 14.000 millones en chiringuitos
El sablazo que prepara el Gobierno se ceba con las clases populares especialmente y no roza el despilfarro, mientras, en chiringuitos, asesores y gastos superfluos.
Fernando de Rosa. esdiario  20 Mayo 2021

Siempre me ha llamado la atención la célebre frase de Karl Marx: “Solo hay una manera de matar al capitalismo, con impuestos, impuestos y más impuestos”. Esa es la filosofía del nuevo marxismo que gestiona las cuentas públicas en España a través de la ministra María Jesús Montero, que es especialista en destruir las economías que gestiona.

En España vamos camino del infierno fiscal que va a provocar un grave empobrecimiento social, puesto que de nuevo un gobierno socialista no sabe gestionar una crisis económica sin reducir gastos, solo aumentando la asfixia de las clases media y trabajadora como ocurrió en 1990 y en 2008.

La asfixia impositiva hunde la iniciativa privada y solo crea una sociedad subvencionada que se ve incapacitada de salir de la dependencia del Gobierno, perdiendo los ciudadanos su libertad. El método de cadenas fiscales se las sabe muy bien la ministra Montero ya que la llevó a la práctica en su Andalucía natal.

Sánchez falsea los datos: España ya paga más impuestos que Japón o Suecia

Allí gestionó los impuestos andaluces a las órdenes de los condenados Chaves y Griñán, en los tiempos de los ERES fraudulentos y donde los impuestos de los andaluces se iban en compra de voluntades, cocaína, comilonas y prostitución , como queda reflejado en la sentencia en la que se condenó a una gran parte de la clase política socialista de Andalucía.

De nuevo volvemos al sistema de subir los impuestos en vez de ahorrar, así el claro ejemplo lo tenemos en que el actual gobierno es el más numeroso y caro de la historia, un gobierno de 22 ministros con cuatro vicepresidencias que sin duda son la mayoría desconocidos tanto de nombre como de gestión por los españoles, donde se han contratado 1.200 asesores a dedo, de los cuales 656 trabajan únicamente para propaganda de Sánchez. Y donde la vicepresidenta Calvo ha repartido 433.758€ en concepto de productividad entre sus altos cargos.

Para mantener un estado sobredimensionado, el gobierno ha decidido seguir la recomendación de Karl Marx: “impuestos, impuestos e impuestos”. Su principal fijación son los autónomos, produciéndose la paradoja de que los que más pagarán en porcentaje sobre los ingresos serán los que menos ingresan, así según ATA , la principal asociación de autónomos en España, un autónomo que gane hasta 3.000€ al año tendrá que pagar un porcentaje de un 36%, un verdadero atraco fiscal.
En lugar de ensañarse con los españoles, reduzcan ministerios, asesores y los 14.000 millones que se dan en subvenciones a chiringuitos y amiguetes

Pero el hachazo se ceba en las clases populares; así el programa de estabilidad 2001-2004 del gobierno elimina uno de los compromisos de Sánchez de apostar por la sanidad pública, pues nos hemos enterado que en el documento remitido a Bruselas se prevé que más de 11.000 millones de € no estarán disponibles para sanidad en los próximos años.

La previsión también es la subida de la luz, del gas, del gasoil, de refrescos azucarados, subida del impuesto de sociedades, subida de los impuestos del patrimonio, de los impuestos sobre matriculación, sobre la prima de seguros, sobre el uso del plástico de un solo uso, subida en donaciones y de transacciones financieras, subida del IRPF, recortes en las desgravaciones en los planes de pensiones, es decir un verdadero infierno fiscal.

La asfixia
Pero lo más grave y antisocial de este gobierno es la pretensión de suprimir las declaraciones conjuntas del impuesto de la renta asfixiando a las familias más humildes , poner peajes en las carreteras que va a castigar a todos los ciudadanos por igual por el mero hecho de circular, y sobre todo eliminar el IVA reducido del 4% a productos básicos y a la hostelería, haciendo que paguemos un impuesto del 21%.

Es necesario que no nos mientan diciendo una cosa en España y otra en Bruselas, que Sánchez y su ministra “vampiro” María Jesús Montero, den la cara en el Parlamento, y en lugar de ensañarse con los españoles reduzcan ministerios, asesores y los 14.000 millones de € que se dan en subvenciones a chiringuitos y amiguetes sin rendición de cuentas. Cuando cumplan con esta exigencia tendrán legitimidad moral para plantear subir impuestos.

España, lo último
Rafael Bardají. https://gaceta.es 20 Mayo 2021

El socialismo siempre ha sido, presa de su internacionalismo, contrario a las fronteras. Ahí queda aquel “arriba parias de la Tierra”. Por eso no me sorprende nada que el actual Gobierno español, encabezado por un presidente sin escrúpulos ni principios más que hacer cuanto le convenga a su persona no quiera reaccionar más que con leves aspavientos inconsecuentes al ataque lanzado desde Marruecos contra la ciudad de Ceuta.

Los tuits y demás manifestaciones de ministros, ministras y líderes de la izquierda, pidiendo compasión para los menores inmigrantes, pero olvidándose de los españoles que sufren los actos vandálicos y criminales de muchos de ellos, también se explica por el entusiasmo que la izquierda mundial, abandonado por su querido proletariado, sólo ha encontrado las masas que necesita en la inmigración musulmana. Algunos se inclinan por los verdes, pero éstos son minoritarios en comparación con las huestes que pueden llegar a nuestro suelo desde África.

En cualquier caso, la realidad es que su ideología siempre pone a los españoles los últimos. La izquierda española siempre es, en realidad, una izquierda anti-española. Y se ve, sobre todo, en los momentos de crisis. Primero con el separatismo, en el plano doméstico, y con su sumisión en la política internacional. El ejército no se ha desplegado en Ceuta para combatir la invasión orquestada por Rabat sino como fuerza humanitaria al servicio de la Cruz Roja, al igual que nuestras fragatas patrullan el Mediterráneo no para forzar a los buques negreros a retornar a sus puertos de origen, sino para acoger, cuidar y traernos a los inmigrantes ilegales.

Se cuenta que José María Aznar comentó una vez sobre Gibraltar que su estatus continuaría mientras no se dieran dos circunstancias: que Londres perdiera el interés por el Peñón o que España fuera más fuerte que el Reino Unido. Sea cierto o no, sus palabras encierran una buena lección estratégica para Ceuta y Melilla y Marruecos: Si España es claramente más fuerte que Marruecos y se hace ver, Rabat no tiene nada que hacer. ¿Pero lo somos? Recientes estudios militares revelan una clara tendencia a que nuestro país está perdiendo la ventaja militar con la que ha contado tradicionalmente. Aún más grave, la disuasión es una variable directa de multiplicar la capacidad militar y la voluntad estratégica. Si la segunda es cero, el resultado final es cero, da igual los carros de combates, submarinos y cazas que se tengan en el armario.

España, desde que ingresó en la OTAN, ha tenido dos frentes, el específico, no cubierto por la Alianza, el Norte de África, y el colectivo, esencialmente las misiones de paz desarrolladas junto a los aliados. El problema estratégico es que el pensamiento militar ha ido progresivamente abandonando cómo hacer frente a la amenaza específica para concentrarse en el tipo de misiones que daba dinero y prestigio a las fuerzas armadas. Marruecos y el futuro de nuestras ciudades en el norte de África se encomendaban a nuestra diplomacia. La defensa del JEMAD de llevar la crisis de Perejil a las Naciones Unidas tras la ocupación del islote fue una demostración de la desmilitarización de nuestros más altos mandos militares.

De nuestra inteligencia tampoco se puede decir gran cosa. Fracasó en Perejil, que no vio venir y ha fracasado otra vez ahora, sin avisar de las posibles maniobras y reacciones de Marruecos en represalia porque el Gobierno acogiera secretamente al líder de Polisario. El CNI sabrá todo sobre las perspectivas económicas y sociales marroquíes, pero no parece saber lo que pasa por las cabezas de sus dirigentes.

La actual invasión de Ceuta deja de relieve la visión que Rabat tiene de la España actual y su Gobierno. En 1975 tuvo que movilizar a más de cien mil marroquíes para expulsarnos del Sáhara. Hoy, con un 10 por ciento de lo de aquello pone nuevamente en jaque a nuestro país. La culpa, como ha escrito Oscar Elías del Grupo de Estudios Estratégicos, no es de Marruecos, es de España. Y más exactamente, de su Gobierno.

¿Qué causas tiene la agresión de Marruecos a España?
Carlos Ruiz Miguel. Periodista Digital 20 Mayo 2021

La invasión de Ceuta, alentada por el régimen marroquí es una agresión sin precedentes en nuestra Historia. Ni siquiera la «marcha verde» de 1975 es comparable. Un acto de esta gravedad sería ridículo pensar que se pueda explicar por la hospitalización en España del Presidente de la RASD y Secretario General del Frente Polisario Brahim Gali. Ello obliga a indagar en las verdaderas causas desencadenantes de esta agresión. https://t.me/desdelatlantico

I. POR QUÉ LA HOSPITALIZACIÓN DE BRAHIM GALI NO ES LA CAUSA REAL DE LA HOSTILIDAD DE MARRUECOS
Desde que se filtró la noticia del ingreso en un hospital del líder saharaui Brahim Gali en un hospital de La Rioja, se desataron oleadas de desinformación que no era difícil adivinar que tenían detrás la mano de los peones mediáticos de Marruecos en España. La más burda fue la de que entró en España con «nombre falso», algo imposible cuando se llega en un avión oficial, con un pasaporte diplomático, a un aeropuerto público. Cuestión diferente, y en absoluto anormal, es que se cambie el nombre, por razones de seguridad, a la persona que esté hospitalizada. Igualmente se llegó a intoxicar diciendo que Gali tenía una orden de «detención».

La noticia, que algunos atribuyen a una información obtenida por elementos de los servicios secretos marroquíes infiltrados en España, fue pronto utilizada por el régimen marroquí y por sus organizaciones y periodistas satélites para atacar al gobierno de España debido a que el 19 de diciembre de 2007 se presentó ante la Audiencia Nacional una querella contra varios miembros del Frente Polisario, entre los que se encontraba Gali. En este documento se denunciaban hechos anteriores a 1997 sin que, por lo demás, se identificara a Gali como autor de ninguna acción concreta de las denunciadas, excepto el hecho de ser Ministro de Defensa de la RASD en el momento de los hechos.

Esta querella tras la cual no es difícil ver la mano de los servicios marroquíes, era la respuesta al auto de 29 de octubre de 2007 del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional aceptando la competencia para conocer de la querella que varias asociaciones saharauis presentaron el 14 de septiembre de 2006 contra altos responsables marroquíes.

Y, sin embargo, afirmo que la presencia de Gali no es la causa real de la reciente agresión marroquí. ¿Por qué?

El informe del Secretario General de las Naciones Unidas a la Asamblea General de las Naciones Unidas de 12 de octubre de 1989 (A/44/634), en su párrafo 6 dice:

«6. En enero, el Rey Hassan II informó al Secretario General de que, en respuesta a su petición, recibiría a una delegación del Frente POLISARIO. En febrero de 1989, se informó que el Rey Hassan II había recibido a una delegación de alto nivel del Frente POLISARIO. El Frente POLISARIO informó ulteriormente al Secretario General de que la reunión se había llevado a cabo dentro de una atmósfera cordial y que se esperaba celebrar reuniones ulteriores en el futuro próximo«

¿Y quienes formaban parte de esa «delegación de alto nivel del Frente POLISARIO»? Pues nos lo dijo el diario El País en su edición (impresa) de 3 de enero de 1989:

«Junto a Bechir Mustafá Sayed forman parte de la delegación del Frente Polisario Mahfud Larusi, también conocido como Mahfud Alí Beiba, primer ministro del Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD); Brahim Ghali, ministro de Defensa de ese Gobierno, y Mahmud Abdelfetah, ex embajador de la RASD en Argel«

En conclusión, si el mismísimo rey de Marruecos Hassán II recibió en Marrakech (Marruecos) a Brahim Gali en enero de 1989… tiempo después de los hechos denunciados en la querella de diciembre de 2007, ¿por qué iba a molestarse Marruecos porque Gali venga a España? Se mire como se mire, esto no es lógico. Y, precisamente por eso, atribuir la crisis a la presencia de Gali es falso.

II. CAUSA PRINCIPAL DE LA CRISIS: DESESPERACIÓN DE MARRUECOS PORQUE NADIE EN LA UNIÓN EUROPEA SE HAYA SUMADO AL «RECONOCIMIENTO» DE LA «SOBERANÍA» DE MARRUECOS SOBRE EL SAHARA OCCIDENTAL POR TRUMP
El 4 de diciembre de 2020 el presidente norteamericano Donald Trump emitió una «declaración» con el «reconocimiento» de la «soberanía» de Marruecos sobre «todo» el Sahara Occidental. El 11 de diciembre analicé esta desafortunada «Declaración». El hecho es que Marruecos confiaba en que iba a producir un «efecto dominó» de «reconocimientos»… que no se ha producido. Ya desde el primer momento la primera potencia de la Unión Europea, Alemania, dejó claro que esa decisión era ilegal porque violaba normas fundamentales del Derecho Internacional. Así lo dejó dicho, con toda claridad, ante el Consejo de Seguridad, el 20 de diciembre de 2020. Y, en efecto, nadie en la Unión Europea ha hecho ese «reconocimiento».

España, a este respecto, resultaba esencial para la estrategia marroquí. ¿Por qué? Pues por dos razones. La primera es que según las Naciones Unidas es la potencia administradora del Sahara Occidental, formalmente, aunque ya no tenga el control del espacio terrestre del mismo. Y la segunda es que Marruecos quiere «completar» el «trabajo» de 1975. En aquella fecha, con el Jefe del Estado Francisco Franco Bahamonde moribundo, Marruecos intentó que España le transfiriera la «soberanía» del territorio (junto a Mauritania), pero la operación se frustró gracias a que el Ministro de Asuntos Exteriores, Don Pedro Cortina Mauri cambió la palabra «soberanía» por la de «administración» en el acuerdo tripartito de Madrid de 14 de noviembre de 1975.

Para Marruecos el aval de España a la «soberanía» de Marruecos sobre el Sahara Occidental es MUCHO MÁS IMPORTANTE QUE EL DE NINGÚN OTRO ESTADO, INCLUIDOS LOS ESTADOS UNIDOS.

Nuestros «analistas», parece que de poca memoria, se han «olvidado» de que el 6 de febrero de este año el diario El País publicó una información según la cual Marruecos estaba presionando a España para que «reconociera» esa «soberanía». Por cierto, mientras que la edición en papel titulaba la información «Marruecos presiona para que España cambie su posición sobre el Sáhara» en la edición de internet se cambió el título por «Marruecos intenta que España cambie su posición sobre el Sáhara«.

Ello explica la insistencia de los lobbystas de Marruecos en España intentando convencer a la opinión pública y a los dirigentes españoles de las «bondades» de sumarse al «reconocimiento» de «soberanía» hecho por Trump.

Ahora bien, como ya he advertido, ese reconocimiento tiene efectos gravemente perjudiciales para los intereses nacionales de España.

III. CAUSA CONEXA: LA EVENTUAL ANULACIÓN DE LOS ACUERDOS DE LA UNIÓN EUROPEA INCLUYENDO EL SAHARA OCCIDENTAL
La falta de «reconocimiento» de la «soberanía» de Marruecos sobre el Sahara Occidental tiene una consecuencia inmediata: y es que es la probable causa de la eventual anulación de los acuerdos de la Unión Europea con Marruecos que incluyan explícitamente el Sahara Occidental.

El Frente Polisario presentó una demanda contra el Consejo de la Unión Europea por firmar con Marruecos un acuerdo que afecta a un territorio, el Sahara Occidental, sobre el que Marruecos no tiene «soberanía» ni ejerce «administración» con un título válido en Derecho Internacional. El juicio por esa demanda se celebró ante el Tribunal General de la Unión Europea el 3 de marzo de 2021 y la sentencia se publicará en estas semanas. Salvo sorpresa la sentencia será desfavorable para Marruecos. Esto significa que hay acuerdos muy rentables para Marruecos (y muy poco para España y la Unión Europea) como el acuerdo pesquero cuya aplicación al Sahara Occidental puede ser anulada. Esto significa para Marruecos perder mucho dinero de la UE ganado gracias a su ocupación ilegal del Sahara Occidental.

En este contexto, el «reconocimiento» por España de la «soberanía» de Marruecos sobre el Sahara Occidental es algo que urge muchísimo a Marruecos.

IV. CAUSA REMOTA: EL EXPANSIONISMO MARROQUÍ SOBRE TODOS SUS VECINOS
Resulta sorprendente que, tras la invasión marroquí de Ceuta por súbditos del sultán se haya producido otro «olvido» y es que varios medios españoles de prensa se hicieron eco el 22 de diciembre de 2020 (apenas unos días después del «reconocimiento» por Trump de la «soberanía» de Marruecos sobre el Sahara Occidental) de unas declaraciones del primer ministro marroquí, Saadeddín El Uzmani, reclamando la «soberanía» de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. Ante un acto hostil como éste el gobierno siguió apegado a la doctrina sustentada por los ¿think? tanks oficiales y «analistas» a la violeta del «no pasa nada» y Marruecos es un país «amigo».

La invasión de Ceuta por súbditos del sultán marroquí el 17 de mayo de 2021 parece haber despertado a muchos. Y parafraseando a Monterroso, «cuando despertaron, el monstruo del expansionismo marroquí seguí allí»

En Marruecos todo gira en torno al Sáhara
Pedro Fernández Barbadillo. Libertad Digital 20 Mayo 2021

La causa de que miles de inmigrantes africanos lleguen en pateras a Canarias y crucen la frontera de Ceuta no es el hambre; tampoco la guerra. Muchos de ellos acuden con su pasaporte en regla y hasta con dinero en el bolsillo para proseguir viaje a Francia o Bélgica. Y se trata de jóvenes en excelente forma física.

La causa de esta invasión, que vulnera el Tratado de amistad, buena vecindad y cooperación entre España y Marruecos (1993), se encuentra en el Sáhara, un territorio invadido por militares y colonos marroquíes pero del que España sigue siendo la potencia administradora hasta que se celebre el referéndum de autodeterminación que exige la ONU. Si Marruecos es forzado a abandonarlo, como le ocurrió a Indonesia con Timor Oriental o al Reino Unido con Hong-Kong, la monarquía alauita podría conocer el mismo destino que otras del mundo árabe.

Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Inglaterra y Francia concedieron la independencia a sus colonias, protectorados y mandatos en el norte de África y Oriente Próximo, trataron de dejar tras de sí gobiernos amigos, sobre todo monarquías.

El movimiento nacionalista árabe, laico y con aportaciones socialistas, se convirtió en una fuerza que derrocó a varios de esos regímenes vicarios. Su líder fue el egipcio Gamal Abdel Nasser (1918-1970), que se había sublevado contra el rey Faruk, y alcanzó la cima de su influencia en 1958, con la formación de la República Árabe Unida, entre Egipto y Siria, y el asesinato del rey Faisal II de Irak. Además, se sucedieron las guerras civiles, las sublevaciones y los magnicidios en Túnez, Jordania, Yemen, Siria y Argelia.

El objetivo del Gran Marruecos
La dinastía alauita evitó seguir la suerte de los hachemitas de Irak, los Mehmet Alí de Egipto o los Senussi de Libia al convertirse en abanderada de la independencia. El sultán Abd al-Hafid tuvo que aceptar en 1912 el Tratado de Fez, que imponía el protectorado internacional sobre Marruecos, ya que el ‘majzén’ era incapaz de garantizar el orden en el territorio. Las dos potencias protectoras, Francia y España, se comprometían a restaurar la autoridad del sultán en todo el país y a gobernarlo en su nombre. En 1956, Francia dio por concluido el protectorado, con lo que obligó a España a hacer otro tanto unos meses después.

El sultán Mohamed V, padre de Hassán II, encabezó las protestas nacionalistas y recibió la promesa del presidente Roosevelt de impulsar un Marruecos independiente (Marruecos fue el primer país que reconoció a los rebeldes de las trece colonias, tan pronto como 1777). La monarquía alauita hizo suyo el ideario del partido nacionalista Istiqlal: el Gran Marruecos.

Éste se extendería sobre el Marruecos que conocemos, más países limítrofes: la antigua provincia española del Sáhara, Mauritania, amplios territorios de Argelia y Mali y también Canarias, Ceuta, Melilla y los peñones e islas bajo soberanía española. Sólo los españoles han aceptado las pretensiones marroquíes y, ya en el franquismo, entregaron uno tras otro diversos territorios.

El Istiqlal, por cierto, se incorporó a la Internacional de Centro de la mano del Partido Popular.

Una guerra latente
En 1975, con el general Franco agonizando, Hassán II que había sufrido dos intentos de asesinato en 1971 y 1972, decidió apoderarse del Sáhara antes de que se culminase el procedimiento de autodeterminación, comenzado en 1973 con el respaldo del régimen franquista. Y lo consiguió: lanzó a miles de marroquíes, aparentemente civiles, en la llamada Marcha Verde para ocupar la provincia.

El príncipe Juan Carlos, jefe de Estado en funciones, debido a la enfermedad de Franco, y el Gobierno de Arias Navarro, negociaron con Rabat y retiraron a las fuerzas españolas del Sáhara, a finales de febrero de 1976. Las Cortes franquistas cometieron la indignidad de afirmar en una ley que el Sáhara jamás había sido provincia española.

El territorio, de casi 270.000 kilómetros cuadrados, se lo repartieron Marruecos y Mauritania. La dureza de la posterior guerra contra los saharauis encuadrados en el Frente Polisario y respaldados por Argelia, llevó a que Mauritania abandonara su parte del botín. Marruecos protegió el Sáhara útil con varios muros.

El fin de la Guerra Fría supuso la extinción de numerosos conflictos en mundo. En 1991, el Frente Polisario y Marruecos firmaron un alto el fuego y se comprometieron a celebrar el famoso referéndum de autodeterminación. Con el paso del tiempo, Marruecos y sus protectores (sobre todo Francia) rompieron su compromiso. Rabat ofrece desde hace años una autonomía regional, que los saharauis rechazan. Después de años de paralización, a los saharauis se les ha acabado la paciencia y el año pasado se reanudaron los choques armados en el paso de Guerguerat.

La dinastía alauita ha vinculado su suerte al Sáhara y ha enterrado en él docenas de miles de millones de euros. El reconocimiento de la independencia supondría el desprestigio de Mohamed VI y la aparición de movimientos secesionistas en el interior del país, en concreto en el Rif, donde Hassán II, entonces príncipe heredero, reprimió (1958-1959) una revuelta matando a varios miles de personas. Que la población marroquí no vive muy feliz bajo su rey lo demuestran los números de la emigración a Europa.

La importancia de España para Rabat
José María Aznar, el primer gobernante español que desde 1956 respondió a las agresiones marroquíes, constató en uno de sus libros de memorias la importancia para el ‘majzén’ del Sáhara:

"Toda la diplomacia marroquí estaba orientada a conseguir un cambio en la posición española, que era de respeto a las resoluciones de las Naciones Unidas, incluida la referente a la celebración de un referéndum sobre el futuro del territorio. España había convivido con situaciones de hecho impuestas por Marruecos, y no faltaban voces, bastante influyentes en la definición de nuestra política exterior, que opinaban que había llegado el momento de reconocer definitivamente las reclamaciones marroquíes sobre el Sáhara"

Los medios de comunicación españoles señalan que la agresión contra la frontera española de Ceuta responde a la hospitalización del jefe del Polisario, Brahim Gali.

Sin embargo, otras fuentes llaman la atención sobre la inminente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre el acuerdo pesquero entre Marruecos y la UE, recurrido por el Polisario. Este acuerdo incluye las aguas saharauis, de cuyas riquezas no pueden disponer los marroquíes. El tribunal ya anuló otro acuerdo en 2015 por el mismo motivo. Por tanto, el chantaje marroquí no es sólo a España, sino a la Unión Europea, y Rabat sabe que el Gobierno español, desde 2004, siempre cede a sus amenazas y agresiones.

Nuestra última esperanza es que las instituciones de la UE sean más resistentes que las españolas.

La culpa no es de Marruecos
Óscar Elía. Libertad Digital 20 Mayo 2021

Una frontera puede marcar los límites de un país, de un tipo de régimen o de una civilización. O las tres cosas a la vez. Es el caso de la frontera en Ceuta y Melilla, que no sólo separa dos países, sino dos regímenes políticos distintos y dos civilizaciones diferentes. Eso pone a España ante una responsabilidad formidable, porque su frontera separa la democracia de la tiranía y la civilización de la barbarie, que es como los romanos llamaban a lo que se situaba más allá del limes.

La situación en nuestro propio limes es aún confusa, y cambia hora tras hora. Pero lo fundamental en términos estratégicos salta a la vista: la capacidad marroquí para introducir abiertamente y por la fuerza a miles de personas en España y la incapacidad española para impedirlo. Lo cual nos permite hacer algunas consideraciones de urgencia.

La primera es la más evidente y también la más banal: un Gobierno débil es un reclamo para rivales o enemigos. Y el Gobierno de Sánchez es un Gobierno triplemente débil. Lo es en términos parlamentarios, pues se apoya en una coalición inestable trufada de partidos antinacionales; lo es en términos políticos e ideológicos, sumido como está el socialismo en una crisis ideológica histórica, entregado a los delirios raciales, ecologistas y de género; y lo es en términos morales, sujeto a los caprichos y necesidades tácticas de la Moncloa.

Marruecos no hace sino la lectura correcta de una situación que le es favorable: puede ser ahora la cuestión polisaria, como podría haberlo sido la cuestión pesquera o la ayuda al desarrollo, pero lo cierto es que el sanchismo constituye un acicate para la agresión.

Pero sería también erróneo pensar que el problema es únicamente el Gobierno de Sánchez. Una segunda consideración tiene que ver con nuestra debilidad en la frontera Sur, normalizada en la política exterior nacional, da igual de qué partido hablemos. En lo relacionado con Marruecos, PP y PSOE carecen de conciencia estratégica y aun histórica, pero han mantenido una continuidad táctica basada en el apaciguamiento, la compra de voluntades y una ingenuidad diplomática alucinante. Con la esperanza de que el vecino del Sur no les arruine las legislaturas.

Ante esto, la política expansionista marroquí se caracteriza por una continuidad racional: año tras año, década tras década, sigue con los mismos objetivos, mientras incrementa la presión y diversifica medios. Puede analizarse si el desencadenante de tal o cual crisis es un calentón de Mohamed VI o un capricho de Hasán II, pero lo cierto es que, respecto a Ceuta, Melilla y Canarias, la Monarquía alauita exhibe una continuidad estratégica y diplomática de la que carece España.

Esta segunda reflexión nos lleva a una tercera cuestión, la de mayor alcance: nuestra desidia hacia nuestros territorios del norte de África. Aquí el problema ya no son los políticos, sino el Estado en cuanto tal y sus instrumentos diplomáticos y militares. Por un lado, el apaciguamiento y la sensibilidad para con las pasiones marroquíes son doctrina oficiosa y casi oficial en el Ministerio de Asuntos Exteriores, que carece de una doctrina sólida, reconocible y permanente respecto al norte de África y el Sáhara. No hay hojas de ruta ni líneas rojas más allá de cuatro banalidades diplomáticas. Por otro lado, en términos militares, el rearme marroquí de los últimos años contrasta con el panorama en nuestras Fuerzas Armadas, signado por la obsolescencia: a duras penas son capaces de mantener armamento y material, y tienen graves dificultades para iniciar nuevos programas y sistemas. Mientras, Rabat adquiere y desarrolla medios de última generación para su Armada, su Ejército de Tierra y Fuerza Área. Esto está llevando a la ruptura del equilibrio de fuerzas en el Estrecho, y no por culpa de Marruecos.

En las últimas décadas se observa una tendencia a la pérdida de capacidad e influencia de España en el Estrecho, que contrasta con la energía desplegada por Marruecos. Desde hace ya unos años, Rabat se presenta en el exterior con un marchamo de fiabilidad: ante el yihadismo, ante los compromisos adquiridos, ante el desarrollo económico. Da igual que se trate de una tiranía horrible: en relaciones internacionales se premia la previsibilidad y la fiabilidad. Y mientras Marruecos es un ejemplo de recuperación y de normalización en política exterior, el de España lo es de progresiva mediocridad diplomática y estratégica, por deméritos propios.

Así las cosas, resulta difícil culpar a Marruecos por hacer una lectura estratégica realista de la situación en el Estrecho y del estado general de su gran rival europeo. En relación con esta nueva Marcha Verde, la fórmula era harto previsible. Seguro que el lector ha pensado: "Se veía venir". A fin de cuentas, Rabat hace los deberes; quien no los hace es Madrid. La culpa no es de Marruecos por dejarlos salir: la culpa es de España por ser incapaz de impedirles entrar.

La debilidad es provocativa
Fulgencia Coll. https://rebelionenlagranja.com  20 Mayo 2021

La pandemia ha puesto en evidencia la mayoría de los grandes problemas que tiene España como entidad política. El escenario anárquico y grotesco en que se ha convertido el Estado es el resultado de someter a tensión el conjunto de estructuras políticas, sociales, jurídicas, económicas e informativas que ya, en tiempos de “normalidad”, presentaban claros síntomas de descohesión.

El propio Gobierno denominó la situación, que él mismo creó durante la pandemia, de “cogobernanza”, vocablo que describe la sustitución del “orden constitucional” por un aroma “asambleario” que materializaba la división de los españoles ante una amenaza común dependiendo de su asentamiento territorial. Los efectos de tal absurda decisión han acelerado la degradación del Estado en todos sus componentes. La secuencia de los hechos, por si misma, constituye la crónica de una tragedia anunciada.

El denominado Gobierno de Coalición, amalgama disfuncional de representantes de partidos denominados de izquierda-progresista, encaró la tarea de gobernanza sin ningún plan al que atenerse, pero con la archiconocida finalidad práctica de mantenerse en el poder el mayor tiempo posible para lo que tendrían garantizar el correspondiente apoyo parlamentario, al precio que fuese necesario.

La pregunta a efectuar es cómo se ha podido llegar a esta situación, ya que un estado democrático tiene sus propios instrumentos de protección contra aquellos que pretenden destruirlo desde dentro. La estructura constitucional del Estado español ha sido desde su origen quebradiza, con continua sintomatología de obsolescencia. Una evidencia es que el resultado de la vigencia del esquema constitucional es la quiebra de la identidad nacional. Se partió del modelo de “transición” desde el régimen político posterior a la “Guerra Civil” a uno de naturaleza democrática que ha desembocado en la legalización de una narrativa histórica que desligitimiza la Transición.

Este estado de cosas ha acabado de difuminar el protagonismo español en el exterior, la introversión como Estado le lleva a la irrelevancia internacional. Para cualquier gobierno la acción exterior es esencial y dada la situación geográfica de España, su ausencia conceptual y práctica es pura eutanasia. Exteriores y Defensa son dos aspectos ausentes de cualquier discurso, comparecencia o perorata del Presidente del Gobierno o de alguno de sus ministros.

La única política exterior se traduce en las relaciones con el separatismo catalán, con el que se va a establecer una “mesa de diálogo” que carece de sentido si no es para alterar la soberanía nacional. El caso de Ceuta es paradigmático. Una amenaza permanente cuyo punto crítico para el Gobierno se traduce en utilizar “concertinas” o no, pasando por el absurdo de que el emigrante que salte la valla tiene como recompensa la permanencia en España. Alguien podría interpretar el hecho como inscrito en la Zona Gris, pero no deja de ser un puro absurdo.

El vecino del Sur tiene buen olfato, en 1975 se olió la debilidad española y se quedó con el Sahara, ahora constata la situación catatónica del Estado y pretende imponer su política de hechos consumados. Pero esta vez Marruecos es un actor estratégico en la zona, algo que no es España y, además, está apoyado por Estados Unidos.

La invasión de Ceuta ha sido una lógica opción estratégica de Marruecos, su sorpresa es el resultado de la dejadez hispana, producto de la falta de cultura estratégica, algo para lo que no está preparada la sociedad española que, en gran parte, carece de sentido de peligro. Es posible que el caso acabe llevándose a la UE que, después de sopesar las debilidades en juego, acabará por ejercer su arbitraje y puede que parte de la solución sea sustituir a la Guardia Civil por FRONTEX.

Alguien tendrá que contestar a la pregunta de por qué España no es protagonista en su propia zona de interés estratégico. ¿Qué se ha hecho con las Zonas Económicas Exclusivas de Marruecos y Argelia?, el que calla otorga. España tiene una larga tradición de irrelevancia en todo lo referente a Política Exterior o, lo que es lo mismo, al ejercicio del poder y hay que tener en cuenta que la debilidad es provocativa.

El problema de seguridad exterior de España proviene del hecho de ser “frontera” entre dos mundos y, necesariamente, tiene que basar en ello su política. No es una situación buscada, es pura geopolítica. Nadie va a solucionarnos nuestros problemas y mucho menos si mostramos debilidad crónica.

Conflicto entre Hamas e Israel
Carta de 76 personalidades francesas: los que amenazan a Israel nos amenazan a nosotros

Redacción. https://rebelionenlagranja.com 20 Mayo 2021

76 personalidades francesas, entre las que se destacan políticos, periodistas, científicos, escritores y artistas, han firmado una carta publicada por Le Figaro, en la que afirman que “Hamás no tiene como objetivo la creación de un Estado para el pueblo árabe de Palestina, sino la destrucción del Estado judío”.

Bajo el título “los que amenazan a Israel también nos amenazan a nosotros”, el grupo manifiesta su solidaridad con el pueblo israelí tras los ataques de la organización terrorista Hamas en su territorio y llama a luchar contra el islamismo en todas sus formas, tanto en Israel como en Francia.

La carta dice así:
“Hamás no tiene como objetivo la creación de un Estado para el pueblo árabe de Palestina, sino la destrucción del Estado judío.

Frente a esta agresión, la mayor parte de la cobertura mediática parece surrealista. Algunos periodistas, es cierto, se atreven a hablar de “atentados de los islamistas de Hamás”, pero la mayoría sigue refiriéndose a los beligerantes como si fueran equivalentes, mientras que otros evocan que se trata de una enésima provocación israelí (conflicto de tipo inmobiliario en Jerusalén Este o la supuesta invasión de la mezquita de al-Aqsa, por ejemplo) que hizo estallar el polvorín, a pesar de que es bien sabido que el stock de cohetes (financiados en particular por los patrocinadores iraníes de Hamás) y los túneles ya existían desde hace tiempo.

En cuanto a ciertos partidos políticos de Francia, su afán por defender a Hamás confirma su deriva islamo-izquierdista a pesar de sus blandos desmentidos. En cambio, cuatrocientos mil muertos en Siria y todas las víctimas del terrorismo islamista en Oriente Medio, Pakistán, Afganistán o África no conmueven a estos indignados.

Al enfrentarse a la figura avanzada del islamismo en Gaza, Israel está contribuyendo a la derrota de un totalitarismo islámico que también hace estragos en nuestro territorio.

Los intentos de excusar o justificar la violencia islamista como consecuencia de la justa ira de los humillados, los “robados” y los oprimidos son infundados y engañosos. Porque la “causa palestina” no es ni ha sido nunca la causa de un Tercer Mundo desesperado económica o políticamente. La infelicidad árabe es real, pero su causa se encuentra en el corazón de las potencias árabes y no en Israel. La infelicidad palestina es real, pero la razón de esta infelicidad es Hamás y no Israel.

Mientras los europeos no integren la cosmología islamista en su lectura del espacio musulmán y del mundo árabe, no entenderán lo que realmente está en juego. El pensamiento mortal de la cofradía de los Hermanos Musulmaneq, de la que Hamás es una encarnación, lo vemos en funcionamiento en Francia y en Europa, así como en el norte de África y en el Sahel. Es la misma ideología que armó el brazo del asesino de Samuel Paty, como fanatizó a Kobili Traoré que masacró a Sarah Halimi porque era judía, es decir, un engendro de Satanás en la fantasía islamista.

En la presente confrontación, Israel está en su derecho. Independientemente de los errores que algunos quieran achacar a sus dirigentes, Israel tiene derecho a existir y a perseverar en su ser. Y aquí está luchando contra su agresor. Todavía hoy lucha por defender su territorio y su población (judía y árabe, ambas alcanzadas por cohetes).

Pero eso no es todo lo que hace Israel. Al enfrentarse a la forma avanzada del islamismo en Gaza, Israel está contribuyendo a la derrota de un totalitarismo islámico que también hace estragos en nuestro territorio. No hace falta ser un gran experto para entender esto y para comprender que, más allá de lo que se está jugando en Oriente Medio, es probablemente nuestro futuro, aquí mismo en Francia y en Europa, el que también está en juego.

¡Afirmemos nuestra solidaridad con el pueblo israelí!”

Sánchez sobre Largo Caballero: una verdad, una falsedad y un disparate
Pedro Corral. okdiario 20 Mayo 2021

«Un bel morir tutta una vita onora». La sentencia de Petrarca podría adaptarse al dramático destino que aguardaba a Francisco Largo Caballero después de la derrota de la Segunda República en 1939. Exiliado en Francia, donde vivió confinado y preso por el régimen de Vichy, que negó a Franco su extradición, fue detenido en febrero de 1943 por la Gestapo. El líder socialista pasó cerca de dos años preso en el campo de concentración nazi de Sachsenhausen, que fue liberado por los soviéticos en abril de 1945. Largo Caballero sólo sobrevivió un año al cautiverio nazi, ya que falleció en París el 23 de marzo de 1946, a los 76 años.

Como el de casi todos los protagonistas de la convulsa España de los años 30, el juicio sobre Largo Caballero se descoyunta al intentar calibrar su figura repartiéndola entre los dos platos de una balanza. En cada plato cada cual encontrará razones de peso para la crítica más despiadada o la alabanza más edulcorada.

Los habrá que defiendan que su reiterado llamamiento a la violencia revolucionaria contra la democracia burguesa, para implantar la dictadura del proletariado, no fue más que un exceso retórico. Y dirán que su objetivo era consolidar la hegemonía socialista entre la clase trabajadora ante los rivales anarquistas y comunistas, enfrentándose por ello a los que desde el propio PSOE defendían la vía del posibilismo reformista.

Y, de otro lado, los habrá que recriminen, pese a su absolución en el proceso judicial por falta de pruebas, su implicación en el golpe armado revolucionario organizado por el PSOE y la UGT en octubre de 1934 contra el orden constitucional republicano. Una implicación que lo hace responsable del primer paso, como así lo calificarían figuras como Salvador de Madariaga o Sir Raymond Carr, hacia el abismo fratricida por el que se despeñó España dos años después a raíz del golpe militar de julio de 1936.

Pero, como les sucede también a casi todos sus contemporáneos en ese tiempo de esperanza, agitación y confrontación que fue la Segunda República, la mirada del espectador suele conmoverse finalmente viendo que el marcador de la balanza está violentamente retorcido, lacerado por la metralla, salpicado de sangre. Y que la aguja señala la responsabilidad de los dirigentes de todo el arco político que trágicamente fueron dando peso a la profecía autocumplida del desgarro civil que nadie evitó.

Verdad histórica y burda falsedad
La reivindicación de Largo Caballero hecha por Pedro Sánchez tiene, a partes iguales, un tanto de verdad histórica y otro tanto de burda falsedad. Todo ello además, como viene siendo habitual en los discursos del presidente del Gobierno, cubierto de un envoltorio de temeraria banalidad.

Por lo que respecta a lo primero, la constatación de que Largo Caballero trabajó por «dignificar la vida de los más vulnerables» concuerda con su protagonismo legislativo como ministro de Trabajo y Previsión Social en el bienio social-azañista de 1931 a 1933, que situó a España en una línea avanzada en la normativa laboral. El líder ugetista supo impulsar medidas para mejorar las condiciones de los trabajadores, sin olvidar su afán constante por acrecentar el poder de las organizaciones obreras frente al de las patronales. Otro cantar fue la implantación y la aplicación de esas reformas, no sólo en una nación sacudida por los efectos de la Gran Depresión, sino también en medio de las tensiones entre quienes las veían como una amenaza para sus privilegios y quienes las consideraban de poca monta para sus ambiciones revolucionarias.

En lo que se refiere a la supuesta voluntad de Largo Caballero por “responder a la adversidad con más democracia”, como dijo Sánchez, ya queda apuntado más arriba su papel en la deriva revolucionaria del PSOE y la UGT, las dos formaciones que lideraba, a partir de la derrota de las izquierdas en las elecciones generales de noviembre de 1933. Su declarada apuesta por la superación de la democracia por la vía de la violencia para conquistar el socialismo y su permanente invocación al recurso a la guerra civil -incluso como amenaza ante la posible disolución de las Cortes constituyentes-, contradicen de plano la afirmación de Sánchez.

Lejos de controlar la violencia
Imposible no aludir en este contexto al papel de Largo Caballero en la Guerra Civil, como presidente del Gobierno y ministro de la Guerra entre septiembre de 1936 y mayo de 1937. Aparte de su incuestionable mérito de levantar un ejército regular en plena contienda a partir del caos de las milicias, el líder socialista hereda de su antecesor Giral la situación revolucionaria que la respuesta al golpe militar había provocado en el territorio dominado por las fuerzas leales. Largo Caballero estuvo lejos de controlar la violencia desatada contra los considerados desafectos hasta bien iniciado el año 1937, y bajo su mandato se produjeron en Paracuellos, Torrejón de Ardoz y Aravaca la mayor matanza de civiles de toda la contienda.

En el caso particular de la oleada de crímenes sufrida en Madrid desde julio de 1936, el líder socialista procuró transmitir a las cancillerías extranjeras que en octubre los asesinatos en la capital habían disminuido, en un intento de evitar el desprestigio de la causa republicana fuera de España. Una noticia que era del todo falsa: las milicias y fuerzas de seguridad habían dejado de «pasear» a sus víctimas en la capital para hacerlo en las localidades de la periferia como Fuencarral, Chamartín de la Rosa, Vallecas, Hortaleza o Vicálvaro, en muchas de las cuales, lejos de disminuir, los asesinatos aumentaron.

Quedaría el envoltorio de la temeraria banalidad de lo declarado por Sánchez. Es marca de la casa intentar solemnizar una declaración basada en algo tan absurdo y manipulador como la superposición de planos cronológicos. Lo más sencillo habría sido recordar a Largo Caballero en su tiempo histórico, lo que tendría su lógica en el contexto de un congreso de UGT. Quizás incluso habría sido más efectivo e inteligible para el profano, pero insertar su figura en el eje en que gira la España actual solo lleva a un irresponsable equívoco. Porque, en definitiva, el mensaje solemne que Sánchez parecía querer transmitir a la sociedad española es que el PSOE ha vuelto ochenta años atrás para proclamarse de nuevo ‘caballerista’ y reivindicar su esencia revolucionaria. Un disparate.

Pedro Corral es periodista y escritor.
******************* Sección "bilingüe" ***********************

Sánchez quiere seguir chuleándonos hasta 2050
Miguel Ángel Belloso. okdiario 20 Mayo 2021

Este jueves 20 de mayo será recordado como un día para la posteridad. Será incluido sin duda en los anales de la historia. Si hay fortuna, quizá los hijos de nuestros hijos lo recuerden como la fecha señalada, ésa que dio un vuelco a la Humanidad. El motivo es que Pedro Sánchez, el faro de occidente, va a presentar su gran proyecto, su obra magna. El ‘plan España 2050’. Este señor que ha sido incapaz de haber evitado una de las mayores sumas de muertes por la pandemia, que ha precipitado al país al ocaso económico, con la más intensa caída de la producción de cualquier nación desarrollada, con una tasa de paro alarmante, con la más notoria destrucción de tejido productivo en décadas, que ha promovido la cultura del miedo gracias a la cual ha generado la cosecha de chivatos y de colaboracionistas nunca conocida en un país desarrollado, que nos ha mentido con ahínco desde el principio hasta el final de la crisis vírica, que está aliado con todos los que quieren destruir la Constitución de 1978, cuyo único deseo es destrozar la nación más vieja del mundo, ahora ha alumbrado un programa tóxico de largo alcance. Que se extiende hasta 2050.

El petimetre no hace ascos a nada. Ambiciona estar en el poder el mismo tiempo que Franco. Pero al menos el dictador, a partir del Plan de Estabilización de 1959, instaló a España en la senda de la prosperidad y de la buena política económica. Y la calle era un escándalo de buen rollo y diversión, sobre todo Madrid, como siempre una fiesta. Sánchez sólo ha generado ruina y devastación desde que llegó al cargo, y tiene el propósito y la determinación de continuar su tarea de demolición hasta que el sentido común que ha aparecido súbita y masivamente en Madrid le pare los pies, lo detenga y lo defenestre.

Aunque el acto de presentación del plan ‘España 2050’ se celebrará con gran boato este jueves en el Auditorio Reina Sofía de Madrid y contará, imagino, con la presencia de todos los prebostes del Ibex 35 por los que tan poca simpatía tiene este Gobierno, pero que no pueden faltar -¡claro, si no voy, qué dirán, aunque me hayan apuñalado!-, del presidente de los empresarios, siempre dispuesto a hacer de comparsa grotesca, y de otros representantes del mundo de los negocios que huyen despavoridos de cualquier enfrentamiento con el poder público, esta semana hemos disfrutado de una primicia. En el diario El País, que es la voz de Sánchez, el jefe de Gabinete del presidente, el señor Iván Redondo, escribió el pasado lunes un artículo memorable, lleno de ternura, que, a mí, la verdad, me conmovió.

En él venía a decir que estamos dirigidos no por un político cualquiera, que lleva a diario a los presos asesinos de ETA a las cárceles del País Vasco, ni que busca la manera más plausible de indultar a los golpistas catalanes, ni que fabricó una moción de censura en Murcia que acabó como el rosario de la aurora, o que ha permitido pasearse por Madrid a la vicepresidente de Venezuela que tiene prohibida la entrada en Europa con una impedimenta sospechosa y que ha aprobado un rescate que huele a corrupción a la línea aérea Plus Ultra, sino que estamos en presencia del político de más largo alcance del que jamás hemos disfrutado después de Adolfo Suárez. De un político que no piensa en el corto plazo, que huye del partidismo, y que en cambio está determinado a preparar al país “para aprovechar las oportunidades y superar los obstáculos que nos dificultan, por ejemplo, competir con las economías asiáticas”. ¿Se puede ser más cínico, más necio o más imbécil que Iván Redondo?

Dice el Rasputín que “España afronta tres grandes fragmentaciones que a la vez son reto para nuestra sociedad: la territorial, la generacional y la ideológica”. Como es común en todos estos aprendices de brujo, no desarrolla en el citado artículo ninguna de las tres. Pero yo intentaré explicarles en qué consisten. La territorial va de que ni Podemos -el partido que gobierna con Sánchez- ni Esquerra Republicana ni Bildu, ni siquiera el PNV, que son las formaciones políticas que sostienen al Ejecutivo sienten aprecio alguno por la unidad nacional, y que acumulan un interés indescriptible en socavarla, de manera que nada bueno puede esperarse de Sánchez para arreglar un conflicto que se ha encargado de agrandar y de enquistar. La cuestión territorial también tiene que ver con el desprecio que siente por aquellas autonomías díscolas, que tienen una cultura marcadamente antisocialista, como es el caso de Madrid, a la que quiere indisimuladamente someter.

El asunto generacional apunta a un Estado del Bienestar que protege en exceso a los mayores, cuyo modelo de jubilación está en quiebra y debe ser racionalizado con urgencia, así como con un mercado de trabajo que impide el acceso de los jóvenes a un puesto de trabajo debidamente remunerado, dadas las cargas fiscales y las trabas regulatorias que soportan las empresas y el elevado coste de la rescisión de los contratos que favorece a los empleados más antiguos e impide la colocación de los aspirantes, o sea, que perjudica como siempre a la gente en situación más precaria, que es a la que la izquierda siempre promete proteger, pero a la que deja permanentemente a la deriva.

En lo que respecta al plano ideológico, les diré, modestamente, que me considero un especialista. Sánchez y su jefe de Gabinete promueven una sociedad radicalmente igualitaria, refutan el individualismo presuntamente egoísta e insolidario, postulan un colectivismo a ultranza, quieren acabar con el sistema liberal que ha presidido desde hace décadas las democracias parlamentarias más sólidas y fructíferas de occidente, recelan del capitalismo como sistema económico, y aspiran a una sociedad básicamente subsidiada y dependiente del Estado, en la que los ciudadanos tengan siempre algo que agradecer al Gobierno que alimenta la pasividad y la actitud contemplativa.

En otra de sus vertientes, la del ecologismo, cada vez está más claro que esta nueva religión colmará de placer y de dinero sólo a las empresas reguladas y que castigará finalmente a los consumidores, impidiéndoles la libertad de elección incluso a la hora de viajar. En el caso de la igualdad de género, este prurito moderno sólo servirá para fomentar la discordia civil y una relación cada vez más cainita entre hombre y mujeres. Y en el caso del adoctrinamiento educativo y de la memoria democrática, estas banderas de la izquierda antisistema sólo contribuirán a deprimir aún más el rédito académico de nuestros estudiantes y a enfangar adicionalmente la convivencia entre españoles. No hay nada bueno ni positivo que pueda esperarse del plan ‘España 2050’.

Nos informa Redondo que en él han participado 100 autores, por encima de ideologías y de partidos. Pero esto naturalmente es mentira. Todos ellos participan del consenso progre y del pensamiento políticamente correcto, que es el antiliberal y, hablando en términos taurinos, del pastueño. Todos los participantes son afines, colegas y finalmente cómplices del desastre actual y de quien les ha persuadido para participar en un ejercicio esotérico de imposible cumplimiento, por muy buenas intenciones que albergue.

Si el plan que ya hemos enviado a Bruselas para hacernos acreedores de los fondos Covid ha tenido el dudoso honor de haber sido refutado por la Autoridad Fiscal Independiente y por el Banco de España, dada la ausencia de una estrategia de ajuste fiscal a medio plazo para reducir el déficit y la deuda pública, así como por la falta de detalle en las reformas básicas como la de las pensiones y la del mercado laboral -una circunstancia insólita que no ha ocurrido en ningún otro país europeo- qué podemos esperar de este ‘España 2050’. Pues un eructo, un perfecto eructo, al estilo de los de Ábalos después de su cotidiano ‘sol y sombra’. Rodeado eso sí de una gran prosopopeya y de enormes fuegos de artificio.

Cataluña perdida para España. El socialismo en la cuerda floja
“Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa”, Víctor Hugo
Miguel Massanet. diariosigloxxi  20 Mayo 2021

Cuando se firman acuerdos de cogobierno y se dejan para concretar los “flecos” para lo que se denomina como “varios grupos de coordinación”, suele ocurrir como cuando, en las Cortes de la nación, se decide delegar en ”comisiones ad hoc” la solución de problemas lo suficientemente complicados, impopulares, molestos o en los que no se quiere entrar directamente, para que sea el tiempo quien se encargue de que pasen al olvido, confiando que la flaca memoria de los ciudadanos permita que se conviertan en causas “enmudecidas”.

Se le atribuye al gran Napoleón, aunque hay otros que se la adjudican al presidente Perón, de Argentina, una frase suficientemente ilustrativa sobre esta forma habilidosa de evitar las consecuencias de algo molesto para el gobierno de un país. La sentencia en cuestión fue la siguiente: “Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”.

Cataluña, en cuestión, sigue haciendo gala de su obstinación en escoger el peor camino para recuperarse de los años que viene dedicándose al tema de su frustrada idea de conseguir la autonomía, dedicando millones de euros a una causa que es evidente que está perdida, olvidándose de que el pueblo catalán, los trabajadores que viven en esta comunidad, los empresarios que tienen sus negocios e industrias en ella, los comerciantes, los autónomos y todos aquellos que no viven de la mamandurria de la política, aparte de sus respetables ideas a cerca de lo que debería ser la comunidad catalana, tienen que trabajar, producir, buscarse la vida, labrarse un porvenir, crecer y crear riqueza para que, el evidente deterioro que, en todos los aspectos, social, económico, industrias, comercial, educacional y político que afectan a la región y al que los separatistas han dejado de prestarle la atención debida permitiendo que lo que fue el motor industrial y económico de España haya pasado a ser, aparte de un foco de preocupación para el Estado español, un paraíso perdido en el que, el turismo, con el que se quiso dar otro enfoque a la economía catalana, a causa de los errores garrafales de la señora alcaldesa, Ada Colau, un prodigio de fatuidad e incapacidad para ocupar el cargo que tiene, ha fracasado a causa de la Covid 19 y su potencia industrial la abandonado para buscar ubicaciones en las que no se los machacase a impuestos ni se les obstaculizaran sus libertades de organización y producción.

Después de innumerables negociaciones, descalificaciones, enfrentamientos, amenazas, discusiones bizantinas y escaramuzas a cara de perro, ante la evidencia de que a ninguno de los litigantes le interesaban unas nuevas elecciones donde, seguramente, la ciudadanía les hubiera hecho pagar semejante demostración de egoísmo partidista; ERC y Junts per Cataluña, representados por Pere Aragonés y Jordi Sánchez, respectivamente, han logrado por los pelos, una especie de acuerdo por el que se reparten los distintos departamentos de la Generalitat confiando que la multitud de discrepancias que siguen existiendo entre ambas formaciones, se puedan resolver, como ya hemos anunciado, por medio de conversaciones posteriores a esta toma de posiciones. Como era de esperar, la solución que, finalmente se ha tomado, sigue estando en las antípodas de cualquier acuerdo razonable, posible, bueno para Cataluña y su necesaria recuperación después de que la crisis provocada por el coronavirus, como parece que está sucediendo,, empiece a amainar y sea preciso dar pasos de gigante para que el pueblo de Cataluña pueda recuperar, cuanto antes, una parte de lo que ha perdido como consecuencia de la crisis epidémica y del desconcierto con el que, el Gobierno de la nación, ha afrontado de una forma que se podría calificar de “criminal” al permitir que condicionamientos políticos se impusieran sobre la toma de decisiones ajustadas a las noticias, los avisos y las recomendaciones que, desde la UE, se estaban dando sobre la necesidad de tomar precauciones extraordinarias ante la virulencia de la epidemia que se anunciaba. El señor Pedro Sánchez y sus ministros no quisieron hacerlo y cometieron errores tan graves como permitir que en marzo del año pasado se celebrara una concentración feminista que, sin mascarillas ni precaución de distancias alguna, provocó que el contagio entre los asistentes a aquel acto, se constituyera en un foco de expansión del virus que afecto de forma sustancial a todo el resto del país.

Pero, para mayor daño y perjuicio a nuestra débil democracia, este salto al poder que se ha producido en Cataluña, al juntarse dos de los partidos con idénticos proyectos, en cuanto a seguir insistiendo en adelantar la independencia de Cataluña, se ha venido a producir en unos momentos en los que el actual Gobierno está pasando una crisis que, aunque intentan disimularlo con declaraciones y manifestaciones de optimismo y de estar seguros de seguir manteniendo sus opciones como gobernantes, la realidad es que ya son varias las encuestas en las que queda reflejada de una forma manifiesta la caída de la expectativa de voto del P`SOE en beneficio del PP y de VOX. Es evidente que todavía falta mucho tiempo para que se celebren unas nuevas legislativas y el PSOE tiene margen para poder reaccionar y volver a tomar la iniciativa. Pero, mucho nos tememos, que si el actual ejecutivo sigue manteniendo los mismo criterios de tipo absolutista con los que se ha manejado hasta ahora, pudiera ocurrir que el cansancio de los ciudadanos llegara a producir un colapso de las instituciones, un posible rechazo de muchos votantes actuales al socialismo, una crisis que volviera a poner en peligro el nivel de vida de los españoles, que posiblemente pudiera en poner en peligro la continuidad de los actuales gobernantes y se vieran, como le sucedió al señor Rodríguez Zapatero, verse obligados a convocar unos nuevos comicios en los que, las posibilidades de un cambio de gobierno pudieran ser muy favorables para un retorno de las derechas al poder.

Hay que decir que para que esto sucediera, para que la derecha fuera capaz de aunar voluntades, de crear nuevas ilusiones o de seducir con un proyecto moderno, social, esperanzador y, por encima de todo, garante de los derechos constitucionales de los ciudadanos que hoy en día, por desgracia, parece que no se respetan como sería lo conveniente y justo que se hiciera. Sería, ante todo, necesario que el señor Pablo Casado aprendiese de la forma en la que la señora Díaz Ayuso ha sabido enfocar las elecciones de la comunidad madrileña y que, en lugar de encelarse, de sentirse postergado o de intentar desmerecer la fabulosa victoria que su colega, de la comunidad madrileña, ha llevado a cabo marcando un hito en lo que había sido, hasta ahora, el poder absoluto del PSOE sobre la mayor parte de España para que, un renacido PP, tuviera la oportunidad, si Casado sabe manejar inteligentemente las oportunidades que le brinda esta nueva etapa en la que los socialistas parecen estar desconcertados y, es evidente, que la ciudadanía empieza a estar cansada de los engaños, diatribas, descalificaciones e inoperancia de quienes actualmente ocupan el palacio de la Moncloa.

El tema catalán sigue sin resolver y, entre tanto, una nueva bomba política ha estallado a los pies de Sánchez, Marlaska y la ministra de Asuntos Exteriores con el fiasco que han cometido de traerse a España, de matute, a un alto jefe del Frente Polisario que, por añadidura está afectado por problemas judiciales con España. No es que pensemos que, Mohamed VI, tiene derecho a tomar represalias contra España porque, como es natural, no tenemos que dar cuenta de lo que hacemos en nuestra nación y mucho menos a un gerifalte totalitario, como es el señor monarca alauí. Pero si tenemos un cuerpo diplomático, una ministra de AA.EE a la que se supone capacitada para saber afrontar temas tan espinosos como es nuestra necesaria, inevitable y habitual relación con las autoridades marroquíes que, querámoslo o no, no la vamos a poder evitar debido a nuestra proximidad geográfica y a muchos de los intereses comunies que se deben considerar antes de tomar decisiones que no sean razonables, lo que, por otra parte, no implica que el gobierno español no tenga el deber, la obligación y la firmeza de hacer saber al señor Mohamed VI que el tomar, unilateralmente y sin avisar, decisiones tan peregrinas como es la de ordenar un asalto de miles de inmigrantes contra nuestra frontera en la ciudad de Melilla, es algo que no se puede tolerar y- que, por de pronto ya debiera de haber producido la suspensión de la ayuda de 30 millones de euros que se estaba destinando, precisamente, a colaborar con Marruecos en este tema de tanta importancia como es la emigración desde África a España, a través de territorio marroquí, como medida urgente y de máxima prioridad.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta pensar que esta actitud arrogante e intempestiva del monarca alauí que, sin recibir la adecuada respuesta, tanto política como en cuantos otros aspectos, económicos o financieros, fuere posible utilizar para advertir a Marruecos que, la amistad y la cercanía, no van a ser obstáculo para que se actúe con decisión y firmeza, ante situaciones donde se ponga en duda la soberanía nacional. Y, como colofón, una frase de Pío Baroja: “A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre.”
Recortes de Prensa   Página Inicial