AGLI Recortes de Prensa   Jueves 27  Mayo  2021

Deuda pública y la pobreza de las naciones (y III)
Luis Riestra. vozpopuli.es 27 Mayo 2021

Recientemente, el Gobierno de esa calamidad histórica que es Pedro Sánchez presentó lo que se ha entendido como un "plan estratégico" para el 2050, uno en cuyas 676 páginas solo se hace mención tres veces, y de pasada, a "nuestra" deuda pública, unos pasivos nacionales que lo condicionan todo; es nuestra aunque la crea una partitocracia sin control. Un error de bulto que a nadie extraña pues hablamos de un aventurero sin escrúpulos, sin el más mínimo criterio sobre lo fundamental en Economía y cuyo supuesto doctorado en Economía no se lo cree nadie.

Estamos pues ante otra oportunidad pérdida de enmendar uno de nuestros errores históricos seculares: la mala reputación como pagadores, por no hablar de las trampas y mentiras continuas con la información económica y las estadísticas. Siempre que se habla de malos pagadores de deuda pública, aparecen las bancarrotas españolas. ¿Y eso es importante? Y tanto que lo es; de hecho, durante décadas, si no siglos, hemos tenido que pagar una prima de riesgo por los anteriores malos gestores, marchamo que volvió a repetirse cuando se conoció el increíble currículum de Zapatero (o el de Casado).

El límite "técnico"
En la primera parte de esta serie vimos el tema de la deuda pública desde la perspectiva histórica británica (doscientos años), mientras que en la segunda lo hicimos desde la estadounidense, centrándonos más en la forma de gobierno y en el cambio de orden y, tras la lectura de ambos, se deduce que nuestros problemas irán a peor.

De la segunda entrega dejamos pendiente un posible límite "técnico", no histórico, como los que vinos, que resumiría de la forma siguiente: ¿Si los países suelen tener un sector público de entre el 40 y el 50% del PIB, debería existir un límite técnico, no? No van a dedicar el total de ingresos a pagar intereses, cuando, de hecho, debería ser residual. ¿Y eso cuánto es? Veamos un criterio y un ejemplo.

Lo primero a considerar es que es imprescindible evitar la represión financiera, que normalmente se presenta como un robo al ahorrador que destruye la dinámica virtuosa de las economías de mercado, esa con la que se crean contribuyentes netos que paguen la deuda y que evita el mal japonés.

Siguiendo ese criterio básico, el interés real a diez años debería estar en torno al 2% en el bono público libre de riesgo, con lo que para un sector público del 50% del PIB, el 100% de duda PIB con una inflación del 2-3% (tipo nominal del bono 4-5%), el gasto en intereses sería casi del 8-10% del presupuesto, o 4-5% del PIB, más o menos la mitad de lo que gastamos en Sanidad, y si hoy no estamos ahí, o por encima, es porque se está robando a los ahorradores con la política de tipos bajos del BCE que además mata la generación de contribuyentes netos.

En España, en 2011, con la primera legislatura de Zapatero llegamos a nuestro límite, se disparó la prima de riesgo y la UE tuvo que auxiliarnos. Además, el establishment europeo ha intentado, vía inmigración masiva, ampliar el PIB nominal para seguir con su fiesta, pero como eso es un error grave, ahora tenemos dos males, el japonés y el de la inmigración mal hecha. Por lo visto seguiremos así hasta que reviente el orden disfuncional que padecemos.

De Japón a Francia
El caso de Japón lo vengo estudiando, aquí publicamos varios artículos, desde que empezó su deflación, allá por los 90's, y creo que he olvidado más de lo que aprenderían, si se pusieran a estudiarlo, los burros saqueadores de "lo público" que nos mal gobiernan. Los japoneses, como nosotros, padecen una de las peores partitocracias y establishment del mundo desarrollado, calamidades a la que se suma el problemón de China y Corea del Norte, mientras nosotros tenemos el de Marruecos.

Luego está el caso francés, pilar maestro de la UE, que está en una guerra proxi con Turquía en Libia mientras el Parlamento Europeo aún evaluaba la posible entrada de los otomanos en la UE, todo un signo de disfuncionalidad de un engendro que se cae a trozos. De momento controlan bastante a Marruecos, España y Argelia, no así a su deuda.

Francia tiene el mejor sistema electoral del Planeta (uninominal a doble vuelta) pero el peor establishment político de Europa (nivel japonés), uno que se está cargando sus joyas empresariales, que vimos al analizar su bolsa, digno heredero del que impidió el cambio de orden tras la Primera Guerra Mundial y que les llevó al borde de la desaparición; en agradecimiento por su rescate, gustan de insultar siempre que pueden a quienes les salvaron. ¿Creerán que les volverá a rescatar alguien?

Regeneraciones fallidas
El Reino Unido, además de entender la nueva Pax Americana, tuvo una regeneración fallida pero la ha superado y va muy bien. Francia no, la tratamos en su momento, tan predecible como el intento fallido alemán con Annegret Kramp-Karrembahuer, que también adelantamos; no extraña pues que militares franceses y la mayoría de la población adviertan de un conflicto civil por el tipo de inmigración que hacen, enfrentamiento del que venimos advirtiendo desde hace años, pues es una ley histórica, siendo lógico que la mayoría de sus ciudadanos no quiera más inmigrantes, que lo dicen en general pero si concretaran sería diferente.

El parapeto "europedante" se aguanta porque los alemanes se toman en serio la deuda pública. Estos grandes beneficiarios de la vieja Paz Americana tienen un sistema electoral de lo más taimado: una partitocracia que concede representación lo justito para que el Pueblo aporte soluciones al Establishment que las aplica según sus intereses. Se anquilosaron con Merkel, heredera de Kohl - échenle décadas -, el tiempo pasó y ahora los Grünen le han cogido el truco al trile electoral; además tienen que aguantar al desastre disfuncional de los miembros y miembras de la UE. Negro panorama el que nos viene.

La Europa zombi
En la escala de economías zombi europeas Italia, principal causa de los QE, siempre iba por delante, de ahí que le dedicáramos varios trabajos en este blog, seguida de Portugal. España no estaba en esa senda pero se la ha metido poco a poco. El ascenso de Draghi o el enorme apoyo de la UE a la pequeña Portugal, son solo meras ilusiones para dar hilo a la cometa, porque mientras no cambien el orden partitocrático, seguirá la destrucción de las naciones y su insostenibilidad fiscal.

Cuando uno ve los datos de endeudamiento público histórico, más allá de hechos de importancia (Reunificación italiana, alemana, Guerra del 98), lo que se constata es que solo un cambio de orden, tras una crisis en que la propia existencia de la nación está en peligro, hace posible la reducción del peso de la deuda, orden nuevo que luego degenera produciéndose otro problema existencial, dándose así un ciclo histórico de casi cien años donde las naciones se juegan su supervivencia. Unas tienen éxito y perviven, otras fracasan y desaparecen.

Ajuste duro y "post-libertad"
Tras más de cuarenta años con una tasa media de paro por encima del 16%, llega, de forma bastante irregular, el Gobierno de Sánchez decidido a enfriar la economía, que es lo peor que se podía hacer, no solo en términos de deuda pública. Posteriormente, se unen a la ultraizquierda, que viene con una clara agenda de mayor destrucción demográfica, una tan siniestra que incluso la mujer de Iglesias III se derrumba periódicamente ante lo nefario de sus propuestas, que ya se ve que no tiene la programación suficiente como para disociarse de los males que causa. Hay que anular España y controlar la península, está claro.

Tema distinto es que el cártel televisivo tape dicha agenda con un "obscenario" de buenas intenciones, uno que nos lleva a un mesianismo hedonista suicida peor que el escenarios que previmos en 2011, como si insistiendo hasta el extremo en el error se fuera a acertar. Ineludiblemente, el choque con la realidad, como con Marruecos, será brutal, obligando a un ajuste de los perceptores de rentas altas de "lo público" que será más duro del que previmos en 2010. Ya no habrá más rescates y la "desmovilización" de parásitos, en nuestra burocracia local e internacional, tendrá que ser del calibre de la que se hizo en los ejércitos e industrias tras la Segunda Guerra Mundial.

Luego están los que, en su infantilismo e ignorancia, porque creen que somos un juguete, sueñan con la opción Casado, tras el impulso dado por Ayuso. Es la fantasía "post-Libertad". Triste esperanza, pues este Sánchez de la derecha socialdemócrata, con o sin la muleta de Vox, es totalmente incapaz de llevar a cabo los cambios necesarios y solo prolongará la agonía de un orden y pensamiento dominantes del todo disfuncionales que está destruyendo a España. Lo que viene será muy duro en todos los órdenes y no se pudo ni se quiso evitarlo, así que dejen de fantasear que lo pondrán peor.

Todo indica que, como en el pasado, el nuevo orden secular vendrá por las malas, lamentablemente, y nada garantiza que España perviva, salvo que matemos la partitocracia y consigamos elegir representantes, claro. Ustedes mismos.

Siempre ha sido Sánchez
Miquel Giménez. vozpopuli.es 27 Mayo 2021

Unos dirán que la culpa del terrible desgobierno que existe en nuestro país la tienen los de Podemos. Y sí, es cierto, que esos ministerios florero que nos salen por un pico, o las campañas estúpidas acerca de colores rosa que oprimen, o la semántica cursi de niñas repipi de la clase son fruto de esa formación, tan dañina en sus principios ideológicos como peligrosa cuando los traslada a la arena internacional, como hemos visto hace nada con Marruecos. Es verdad, la rémora comunista impide muchas cosas en nuestro país, impide que se nos tome en serio en Europa, que las inversiones de otros países afluyan como deberían o que en organismos internacionales se fíen de nosotros. Ir de la mano de una formación que alaba a Stalin, al Che, que envía a sus gorilas a apedrear a políticos constitucionalistas, que emplea la demagogia para encubrir sus satrapías y su enriquecimiento personal cuando no sus devaneos de sábanas no inspira a nadie para querer asociarse con nuestro país.

Otros dirán que los culpables del estado de degradación institucional son los separatistas y su constante chulería, su mantenella y no enmendalla, su racismo contra todo aquel que no esté homologado por sus inquisidores como apto para gozar de las delicias de ese Reich en el que pretenden convertir a mi tierra. Los nacional separatistas han conseguido trasplantar el cáncer que llevan dentro a la política nacional hasta tal punto que incluso lo más alto de la jurisprudencia ha tenido que parale los pies al gobierno con los manoseados indultos. No es menos cierto que los modos autoritarios de los separatas han calado en la política española, haciendo que se vea bien el señalamiento público del que disiente, el nulo respeto al estado de derecho, la mofa de la nación y sus máximos representantes.

Puede que incluso exista gente que opine que la culpa la tienen los medios de comunicación, siempre pendientes de las dádivas gubernamentales y prestos a acudir rápidamente a satisfacer sus deseos de censura, quitando ahora a este periodista molesto o a silenciar ese programa que osa decirle las verdades del barquero a quien manda. Medios pancistas que solo piensan en los beneficios económicos sin reparar en los daños sociales que producen, medios que tienen al frente a auténticos depredadores que no conocen ni a su padre cuando de la cuenta de resultados se trata, olvidando la enorme responsabilidad que deben tener en democracia.

Todos tienen razón, pero se equivocan en el auténtico causante: Pedro Sánchez. Ese es el centro en el que convergen todos los radios de esa pavorosa ruleta de la muerte. Porque sin Sánchez no existirían carteras importantísimas ocupadas por comunistas que, además, son más tontos-tontas-tontes que el que asó la manteca. Sin Sánchez no habríamos padecido un vicepresidente como Iglesias, un maletilla como Simón, un doppelgänger de Torrente como Ábalos, o una chiqui ministra que habla por los codos esperando que, al final, a fuerza de hablar lo que diga adquiera algún sentido para el oyente. Sin Sánchez no habría ni mesa de diálogo, ni indultos, ni diríamos que hacer cumplir la ley es venganza, ni los golpistas se pasearían a sus anchas ni pactarían gobierno ninguno, porque estarían donde la ley que nos afecta a todos ha decidido que estén, a saber, en la cárcel.

Sin Sánchez habríamos sido mucho más eficaces durante la pandemia, habríamos evitado el desplome de nuestra economía, de su factor más importante, el turismo, de la ruina de los autónomos, de la bancarrota de cientos de miles de empresarios modestos, de los abusivos aumentos de impuestos en una Europa donde todos los bajan. Miren donde miren siempre es Sánchez, Sánchez el tramposo, Sánchez el embustero, Sánchez el vendedor de humo, Sánchez, que considera más urgente llamar a la hija de la Jurado que visitar el Zendal. Son Sánchez y su PSOE, que no puede calificarse ni de obrero ni de socialista ni de español. Son sus dirigentes cobardes que mantienen sus culos pegados a las poltronas callando como puertas, no sea que el jefe los despida. Es Sánchez, siempre Sánchez, quien dilapida, practica el más delirante nepotismo, se esconde detrás de la verborrea o informes de preescolar. Sánchez el fatuo, Sánchez el inepto, Sánchez el aprendiz de brujo, Sánchez el egomaníaco.

Ténganlo presente cuando se convoquen elecciones generales, sea mañana, en otoño o algún día. Si es que llegamos a verlas, claro.

El indulto como precio del poder
EDITORIAL Libertad Digital 27 Mayo 2021

Sánchez es así: un sujeto sin escrúpulos capaz de las peores infamias con tal de seguir instalado en la Moncloa.

Habida cuenta de la lenidad de las penas que les impuso el Tribunal Supremo, y que todos ellos ya gozan de semi libertad gracias a los permisos penitenciarios que el Gobierno –contra el criterio de la Fiscalía– les ha concedido al otorgarles el tercer grado, es comprensible el aparente desdén de los golpistas presos ante la servil disposición de Pedro Sánchez a concederles el indulto.

Si, por otra parte, se tiene presente que el Ejecutivo social-comunista es el único del mundo occidental que se permite tejer alianzas con formaciones comunistas y separatistas empecinadas en socavar el orden constitucional, no han de extrañar las surrealistas razones que esgime Sánchez para indultar a los golpistas, líderes políticos de las formaciones que le sostienen en el poder.

Y es que, por encomiable que sea el informe del Tribunal Supremo, contrario a todo tipo de indulto a los golpistas; por mucho que sea evidente que no hay razones de justicia para concederlo y que, lejos de arrepentirse, los presos están empeñados en seguir adelante con el golpe de Estado secesionista iniciado en 2012, la clave es lo que todos los españoles saben y el Tribunal Supremo señala en su informe en comentario obiter dicta: "Algunos de los que aspiran al beneficio del derecho de gracia son precisamente líderes políticos de los partidos que, hoy por hoy, garantizan la estabilidad del Gobierno llamado al ejercicio de gracia".

Y es precisamente este peaje que Sánchez está dispuesto a pagar lo que trata de ocultar cuando, con total desfachatez, asegura que su decisión estará basada "en la concordia, no en la venganza". Como si la Justicia y el cumplimiento íntegro de las penas en un Estado de Derecho fueran contrarios a la concordia y sinónimo de venganza.

Que hable de "concordia" quien no ha tenido reparo en viajar al pasado para reabrir las heridas de la República, la Guerra Civil y el franquismo, o huye del presente para fijar la atención en la España de 2050, es una muestra de desfachatez tan colosal como la que arroja la hemeroteca a cuenta de lo que el propio Sánchez dijo hace escasos años sobre las penas que deberían cumplir los golpistas: y es que no sólo se mostró favorable al cumplimiento íntegro de las penas, sino que incluso prometió en campaña electoral sentar al fugado Puigdemont en el banquillo y emprender una reforma del Código Penal para castigar de forma especifica y más severa la convocatoria ilegal de referéndums.

Si aquello lo dijo para llegar al poder, ahora dice lo contrario para permanecer en él. Sánchez es así: un sujeto sin escrúpulos capaz de las peores infamias con tal de seguir instalado en la Moncloa.

Política de Estado, política basura
José Manuel Sánchez Fornet. okdiario 27 Mayo 2021

Superada la dictadura quisimos construir una nación de ciudadanos con derechos y fallamos; nos arrastramos hacia el basurero de la historia. Los políticos de los últimos 40 años son responsables. Desde que Adolfo Suárez planteó a los políticos franquistas el referéndum por la reforma política, para cambiar las leyes del Movimiento Nacional dando paso legalmente a la democracia, España ha recorrido un largo camino. La clase política capaz de elaborar una Constitución de consenso, desde la derecha procedente del franquismo de Manuel Fraga al comunismo perseguido y en el exilio de Carrillo, sentaron los pilares que en décadas posteriores han ido derruyendo sus herederos.

El 23F determinó una interpretación de la Constitución menos social; el terrorismo favoreció el aislamiento, la pompa, el boato, el dispendio, escoltas, coches oficiales y gastos inventados por la casta política con la excusa de su existencia, y los eventos del 92 hicieron ver a corruptos y ladrones que en España se podía robar impunemente por falta de controles. Aquella esperanza de ser una sociedad libre, justa, democrática y de bienestar es hoy un país confundido, dividido, con el virus del separatismo y el regreso del comunismo bolchevique (ensalzando dictaduras desde el Consejo de Ministros), con millones de pobres y despreciado en la esfera internacional.

La política de Estado cambió con Aznar cuando anunció que ni el terrorismo escapaba a la crítica política. Las razones de Estado pasaban a ser secundarias. Aznar excarceló terroristas, trató de negociar con ETA incluso cuando mataba mientras el PSOE se mantuvo como un partido de Estado. Prueba de ello, el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito por Zapatero (2000). En 2003 ETA asesinó a dos policías en Navarra; Aznar y Acebes acudieron al funeral en la catedral de Pamplona siendo ovacionados al llegar (mientras liberaban presos de ETA) y Zapatero abucheado. Yo estaba allí.

Cuando ZP llegó al Gobierno el PP volvió a ser el partido antisistema con Rajoy hasta alcanzar el poder. En oposición a Rajoy el PSOE se rompió entre quienes querían seguir siendo un partido de Estado y los “sanchistas” -que ganaron-, ocupando el Gobierno con moción de censura apoyada en el comunismo bolchevique, independentistas y filoterroristas. El PSOE llegó al Gobierno tras haberse convertido en partido antisistema. Pedro Sánchez cambió al PSOE de políticas de Estado por el populista, dividiendo a la sociedad y pactando con los enemigos de la nación. Un presidente volcado en vender humo con propaganda mientras millones de personas están en la pobreza y decenas de miles en colas de hambre. Hoy el “sanchismo” y el PP son lo mismo: exigen apoyos si tienen el poder y son antisistema en la oposición. Los independentistas, Marruecos, los que quieren liquidar el régimen del 78, la Constitución colocando en la diana la Monarquía (UPodemos), campan a sus anchas. Los enemigos aprovechan la debilidad del Gobierno de la nación.

Para salir del laberinto el PSOE debe volver al partido de Estado que era antes de Sánchez y el PP al de antes de Aznar. Deben cambiar discursos de propaganda por políticas sólidas de interés general o hundirán (más) a los españoles y la nación. De seis millones de parados, trece millones en la pobreza, decenas de miles en colas de hambre ustedes, casta política, son los responsables. Les importa más su poder que la nación y su ciudadanía. Hacer frente a un dictador que quita hijos a sus familias con engaños, los mete en tu país y cierra la frontera para que sus padres no puedan recogerlos exige políticas de Estado, no políticas basura.

PSOE y PP deben desaparecer
Nota del Editor 27 Mayo 2021

No vamos a seguir repitiendo los mismos errores. Ambos partidos son los causantes de la destrucción de España y por ello tienen que desaparecer, aunque antes deberían devolver lo afanado, cumplir las condenas correspondientes y pasar al olvido.

Gracia o Justicia
EDITORIAL. https://gaceta.es

Un indulto jamás se concede, perdón, jamás se puede conceder de una forma gratuita, sino que es un pacto que hace la sociedad con un condenado suponiendo en él el propósito de enmienda y la observancia de la legalidad. En el caso de los sediciosos catalanes, no hay suposición que valga. Todas sus declaraciones públicas —que jamás en la vida se ha escuchado tanto a unos presos— han ido en la línea contraria, negando la petición de indulto, anunciando que lo volverán a hacer y exigiendo amnistía general. Es decir, reclamando Gracia (el olvido del delito) con desprecio de la Justicia (el perdón de la pena a cambio del arrepentimiento).

Los padres de la Constitución decidieron, y los españoles lo aprobaron, prohibir los indultos generales, que es parecidísimo a lo que avanzó ayer el presidente del Desgobierno en el caso de los secesionistas-malversadores catalanes que en octubre de 2017 violaron la soberanía nacional, proclamaron una República y fracturaron, quizá para varias generaciones, a la sociedad catalana, enfrentando a padres contra hijos y contra hermanos, desterrando el sentido común junto a miles de empresas y alimentando la rabia de una parte de la sociedad catalana criada en un sistema educativo nacionalista por el que todos los permisivos, ambiciosos y cobardes Gobiernos de España deberían pedir perdón.

Conocemos bien los siguientes pasos que dará Sánchez porque están en la hoja de ruta del nacionalismo que le sirve de muleta de su cojera. Todo es posible para el socialismo adicto al derecho positivo que considera que una mayoría, aunque sea frankenstein, puede imponer su voluntad, cualquier voluntad, en democracia.

Dice el presidente Sánchez —a quien Dios no hace falta que confunda, que ya lo hace fenomenal él solo—, que en nuestra Constitución no cabe ni la revancha ni la venganza. Por supuesto que no. Pero tampoco cabe la idiotez, y ahí está, preparada para indultar —incluso desoyendo al Supremo— a quienes se jactan de que volverán a violar la soberanía nacional, el imperio de la Ley, el Estado de Derecho y, lo que es más importante, la unidad de la Nación sin la que nada de todo lo demás tiene sentido.

Frente a esto, y frente a la poderosa maquinaria de propaganda y agitación del Gobierno, sólo cabe una palabra: oposición. Oposición política, judicial, social, intelectual e internacional. Siempre oposición. Hoy, más que nunca, a la espera de lo que está por venir y que a buen seguro nos helará la sangre, la oposición se antoja indispensable. Estaremos atentos a las declaraciones de todos los partidos y de todos los medios para ver quién acaba disculpando los indultos en nombre de la ‘concordia’.

Aquel que lo haga, ese será el traidor.

En política no hay aliados
Amando de Miguel. https://gaceta.es/  27 Mayo 2021

No hay aliados para siempre, por mucho que algunas afinidades se muestren históricas. En todo caso, se establecen alianzas ocasionales, siempre, con ciertas reservas. Durante la II Guerra Mundial, Churchill y Stalin se vieron obligados a considerarse como aliados, aunque ellos, personalmente, se situaran en las antípodas ideológicas del otro.

No es malo que las relaciones entre las naciones, o mejor, entre los Estados, se basen en una calculada desconfianza. Es algo que resulta inevitable. Es muy difícil que las alianzas internacionales se mantengan en pie de igualdad. Lo normal es que una potencia sea la que, siempre, marque la iniciativa, mientras los otros miembros de la coalición juegan el papel de feudatarios. Pongamos el caso de la colaboración de las tropas españolas con las de los Estados Unidos de América en la reciente guerra de Afganistán. El Gobierno de España envió a sus militares hace dos décadas, tal como lo requería el mando militar de los Estados Unidos de América. Ahora, el presidente de los Estados Unidos ha decido retirar sus tropas del teatro de operación de Afganistán. El Gobierno español ha hecho lo propio con sus militares, sin que nadie se pregunte por la lógica de tal decisión “soberana”. Se trata de la pauta de todas las operaciones militares “conjuntas”.

Las alianzas internacionales son una metáfora de las uniones matrimoniales, idealmente, consideradas como indisolubles. Sin embargo, en el panorama internacional, las coaliciones son circunstanciales. Pueden serlo, asimismo, cuando se producen dentro de un mismo país. Por ejemplo, en Cataluña actúan varias formaciones políticas independentistas. Lo lógico sería que se produjera una estrecha colaboración, y aun fusión, entre todas ellas. Pero, la realidad nos dice que predominan los recelos mutuos. Está claro que el objetivo común de la ansiada “independencia” no lleva a constituir una piña, una verdadera alianza. Pesa mucho más la orientación ideológica: unas fuerzas son de izquierdas y otras de derechas. Por encima de todo, en los independentistas catalanes predomina los intereses personales de llegar al poder y disfrutar de sus privilegios.

Hay veces en que la confrontación inicial se transforma en una alianza un tanto forzada, pero, duradera. Estados Unidos venció a la Alemania nazi y al Japón imperial durante la II Guerra Mundial. La victoria contribuyó a la hegemonía de los Estados Unidos. Pues bien, después de la guerra, tanto Alemania como Japón, “democratizados” a la fuerza por los Estados Unidos, pasaron a ser sus más fieles aliados, fuera de las potencias anglófonas. Aun así, nótese que, en la Organización de las Naciones Unidas (creación estadounidense, con sede en Nueva York), tanto Alemania como Japón, carecen del derecho de veto, que corresponde a los aliados en la guerra. Entre ellos, China (rival del Japón) y Francia o el Reino Unidos (rivales de Alemania).

Mientras subsista la idea de la soberanía nacional, un Estado no puede confiar, plenamente, en otro; del mismo modo que se establece tal relación entre algunas personas. Sirve de poco que los respectivos Gobiernos pertenezcan al mismo polo ideológico. La izquierda suele asegurar que se mueve por ideales, al tiempo que considera a la derecha atenta a los intereses económicos. Es una falsa apreciación. Todos los movimientos políticos se mueven, en principio, por ideales. Ahora bien, una vez instalados en el poder, asoma la verdadera realidad de los intereses crematísticos. El principal es mantenerse en el poder a toda costa, gozando de los indudables privilegios que les corresponden. Es algo que no se puede evitar, pues el poder político consiste, esencialmente, en favorecer a unos u otros grupos. Naturalmente, es algo que no suele hacerse explícito, pero es real.

Vayamos de los principios a los hechos. El Gobierno español ha desaprovechado la ocasión de denunciar al reino de Marruecos (no solo aliado, sino amigo, y hasta hermano) por la felonía de organizar la invasión de Ceuta con miles de jóvenes. Se trata de un vergonzoso atentado contra los derechos humanos y el Derecho Internacional. Lo lamentable es que el Gobierno español ha evitado protestar por tal contradiós ante los tribunales internacionales; pesa más la ideología de llevarse bien con “nuestro vecino del sur”. Está claro que Marruecos es una satrapía, un sultanato prepóstero (de otra época), con el que, difícilmente, se pueden establecer alianzas.

El indulto sí es la revancha
Editorial ABC 27 Mayo 2021

La Sala Segunda del Tribunal Supremo ha emitido un informe contrario a indultar, total o parcialmente, a los condenados por los delitos cometidos con motivo de la declaración unilateral de independencia de Cataluña en octubre de 2017. Los magistrados no han hecho otra cosa que argumentar por qué perdonarles es «inaceptable», y ajustarse a la competencia que les atribuye la centenaria ley reguladora de «la gracia de indulto» sin desbordar los términos de las solicitudes presentadas para el perdón de Oriol Junqueras y del resto de condenados. Por eso Pere Aragonès difama a la Sala Segunda cuando afirma que este tribunal sigue la senda represora iniciada con la sentencia de condena. Peor aún, es una difamación compartida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien no ha dudado en asimilar el cumplimiento de la sentencia dictada por el Supremo a un acto de venganza o revancha. Incluso, ayer mismo la asoció también a un gesto de «concordia». Pero no solo no la quieren, sino que la desguazan. Con estas palabras, Sánchez se ha convertido en la némesis del Estado constitucional porque asume sin matices el discurso secesionista contra los fundamentos de la convivencia. Si a pesar de los argumentos esgrimidos por la Sala Segunda, el Gobierno persevera en su intención de perdonar a los condenados, la concesión de los indultos se convertirá en una prolongación del golpe separatista. El Gobierno tomará así el relevo a los secesionistas catalanes contra el propio Estado, y la concesión de los indultos será la ruptura constitucional que lleva buscando la izquierda desde hace años. A partir de ese momento, políticamente habrá acabado la legislatura.

La afirmación de que no indultar a los condenados es un acto de venganza contrario a los valores constitucionales es una declaración de autoritarismo del presidente Sánchez contra la independencia de los jueces y contra la primacía de la ley y la Constitución. Habrá indultos parciales por el mero ejercicio de la autoridad. El Estado de derecho se justifica precisamente como la superación de la venganza y de la revancha, inexistentes por definición en la sentencia dictada por un tribunal independiente, tras un proceso que hasta la meticulosa Amnistía Internacional calificó como «justo», y bajo el imperio de la ley democrática con penas proporcionales. Una ley que legítimamente «puede exigir mediante la imposición de una pena que la ruptura de las bases de la convivencia nunca sea el fruto de una decisión unilateral», como dice el informe del Supremo.

Tras la apariencia de pacificador mesiánico, Sánchez compite con los más radicales gobernantes populistas a los que Bruselas señala como amenazas al Estado de derecho. Su apelación a la revancha como sinónimo del cumplimiento de una sentencia firme del Supremo es un acto de deslegitimación del orden constitucional. Y los que dentro del PSOE callen -Fernández Vara, Page, Díaz y demás constitucionalistas de salón, incluidos algunos ministros bienintencionados pero incapaces de apartarse de Sánchez- serán meros cómplices de esta quiebra histórica de la democracia. Es inevitable que Sánchez se sienta políticamente concernido por las atinadas valoraciones de los magistrados que firman el documento. Él es el gran promotor de los indultos contra los que se ha pronunciado el Tribunal, que lo ha hecho recordando que esta figura no es un recurso contra una condena firme, ni una especie de juicio asambleario a la decisión jurisdiccional de jueces independientes. Los magistrados han analizado las condiciones exigidas por la ley para conceder indultos y han concluido que no se cumple ni una sola, porque en los condenados no hay «la más mínima prueba o el más débil indicio de arrepentimiento», sino «su voluntad de reincidir en el ataque a la convivencia democrática». Incluso los magistrados se adentran en la valoración de la amnistía, de la mano del panfleto presentado por Jordi Cuixart, y recuerdan que «las leyes de amnistía han sido el medio hecho valer por regímenes dictatoriales para borrar gravísimos delitos contra las personas y sus derechos fundamentales».

El Supremo ha asumido un liderazgo institucional similar al de Felipe VI el 3 de octubre de 2017, un liderazgo imprescindible para la reafirmación de la independencia judicial y la primacía de la ley como expresión de la superación de la venganza y la revancha. El informe del Supremo es un ejercicio memorable de defensa del Estado, y un documento imprescindible para una opinión pública sometida a la confusión moral provocada por un Gobierno sin escrúpulos que abusa de su poder.

De la Marcha Verde (1975) a la Azul (2021)
Carlos Dávila. okdiario  27 Mayo 2021

A un comandante de la Sanidad Militar le preguntaron allá por junio de 1975. “Y, ¿cómo son los “Polisarios?”. El jefe respondió: “Son azules”. Azul era la capa que se superponía a sus chilabas de entonces, y azul era sobre todo, y en opinión de este militar, la faz de los individuos de los que, también él afirmaba: “Los tenemos siempre al lado, muchos han pasado por mi botiquín”. Eran sus habitantes. Este cronista trae este recuerdo en estos días posteriores a la invasión marina de Ceuta, también de Melilla, por los “enviados especiales” del rey Mohamed. Son con certeza herederos, nietos y biznietos que aquellas trescientas mil personas que un 18 de octubre de 1975 salieron de Agadir (famoso sólo por el terremoto de 1960) para llegar cuando fuera y como fuera a Tarfaya, último enclave marroquí antes del puesto fronterizo de Tah. Aquella eclosión itinerante estaba incluso presupuestada antes de comenzar: iba a costar veinte millones de dólares, y no la iba a pagar sólo el reino de Marruecos, sino 16 países árabes que apoyaban la reivindicación de los alauitas sobre el Sáhara Occidental. No fue una iniciativa programada a toda prisa y al buen tun tun. El plan se inició dos años antes y el rey Hassan II -“hermano”, según declaración propia, del entonces Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón- contó antes de iniciarse aquel invasivo viaje, al menos con la comprensión y, desde luego con el silencio, de su gran aliado: los Estados Unidos de América.

Las crónicas más fiables han contado posteriormente que en ese tiempo, la CIA norteamericana redactó un informe que contenía dos especificaciones: la primera, que Estados Unidos ayudaría a Hassan a hacerse con el Sáhara; la segunda, literalmente: que “hay que evitar a toda costa la presencia de un movimiento de liberación afín a los intereses de Moscú”. Kissinger, secretario de Estado a la sazón, y que jugaba obviamente a dos barajas, se puso a la cabeza de aquella iniciativa, y se cuidó mucho de que los Servicios de Información españoles no se enteraran de nada. Tanto es así que, tras abandonar el Sáhara, su último comandante, el general Gómez de Salazar, declaró con gran humildad: “Nosotros no sabíamos nada de lo que se estaba preparando”. Salazar y su Ejército habían preparado sin embargo una contraofensiva por si Marruecos pretendía alguna acción. Toparon toda la zona vecina al reino aluí, y colocaron bien visible esta inscripción: “Cuidado, zona minada”.

La Marcha Verde se llamó en sus inicios Marcha Blanca, acorde con el color de las chilabas de los expedicionarios, los que llevaban por todo armamento un ejemplar del Corán. En cada descanso, Hassan había preparado para sus súbditos seiscientas tiendas de campaña y víveres para todos, aunque nada abundantes en opinión de los también seiscientos periodistas que siguieron al día la marcha. El cronista de ABC, Manuel María Meseguer, se pasó veinte días comiendo latas de sardinas: “He tenido suerte -confesó luego- no he trincado el escorbuto”. «Los voluntarios habían sido convocados con dos martingalas igualmente engañosas: que su rey convertiría el Sáhara en un vergel repleto de feraces huertas y se supone que de hermosas vírgenes (eso solamente para los hombres) y que la explotación de los fosfatos de Fos Bu-Craa bastaría para transformar a Marruecos en el estado más rico de toda África. Lo que nadie les dijo es que la propiedad de esos yacimientos caerían en la cuenta corriente de su monarca.

La marcha continuó su idem hasta que España dio dos pasos: entenderse con Estados Unidos, y no impedir, como así lo intentó el Gobierno del desastroso Carlos Arias, que el Príncipe, sin contar con nadie y con Franco muriéndose en La Paz, se trasladará a El Aaiún​​​, para allí y antes sus soldados reconocer “los legítimos derechos de la población civil saharaui”. La frase fue entendida en Rabat y el 9 de noviembre su rey Hassan proclamó precisamente en Agadir: “Se han alcanzado los objetivos previstos”. Un ministro del Movimiento, Solís Ruiz, había negociado dos veces, de “andaluz (él era de Priego, Córdoba) a andaluz” con el propio rey y sus adláteres, se cumplimentó una reunión en Madrid que duró dos días y se firmaron unos acuerdos tripartitos (el otro convidado, más bien de piedra, era Mauritania) que siempre han permanecido cerca de cualquier papelera. Al día siguiente, el periódico de Casablanca, Le Matin, tituló así: “Hemos ganado el Sáhara”. El 26 de febrero de 1976 el coronel Valdés arrió la bandera española en El Aaiún​​​ y su colega, el coronel Dlimi, izó la de Marruecos.

El hijo preferido de Hassan, Mohamed ha recordado bien en estos días esta historia. Los descendientes de aquellos pioneros del Sahara, han llegado esta vez casi todos por mar, han surcado una Marcha Azul, curiosamente el color de la cara de sus enemigos del Frente Polisario. El superior de este Ejército informal al que nadie reconoce ya en el mundo, está en España con identidad “diferente”, según la esotérica declaración de la portavoz de nuestro Gobierno. Europa, a la que ha apelado desesperadamente Sánchez para encubrir su estruendoso fracaso diplomático y político, no es verdad que se haya portado muy bien con España: ni ha aceptado a los menas sobrantes de la invasión y, además, tardó mucho en apoyar tibiamente al vecino del Sur. ¡Qué decir de Estados Unidos que hoy, como en 1975, se ha colocado inequívocamente al lado del reino marroquí!

Y es sobre este punto sobre el que el Gobierno español debería reflexionar. El miedo cunde en las calles de Ceuta, también en las de Melilla, ante lo que ya se conoce teatralmente como “un ensayo general con todo”, el embrión de una embestida en toda regla de Marruecos sobre nuestras dos ciudades autónomas. Los expertos se preguntan con toda razón: “En el supuesto máximo de una Marcha Blanca pacífica sobre nuestros territorios ¿qué haría el mundo? ¿Por quién se pronunciaría Estados Unidos?” La posible Marcha Blanca, sucesora de la Azul, no es un escenario improbable. Cuesta ahora mismo reconocer que nuestra seguridad tampoco, como en 1975, se “haya enterado o se vaya a enterar de nada”. Los españoles conocemos de primera mano (algunos con grandes argumentos) que Marruecos tiene infectada España de agentes, de espías que trabajan solo en la dirección que les marca Mohamed. Sobre él tampoco sabemos nada. ¿Se ha quedado contento, satisfecho con el éxito -lo ha sido- de su Marcha Azul sobre Ceuta? Quédense con esta referencia: hace un par de años el cronista visitó unos días Rabat y Casablanca, al cabo de los cuales inscribió en su agenda profesional esta impresión que le había dejado un altísimo profesional de la Diplomacia: “No hay que descartar nada; cualquier día nos dan un disgusto, están esperando siempre cualquier signo nuestro de debilidad”. Una auténtica premonición.

El mismo lobo y las mismas orejas
Xavier Pericay. vozpopuli.es 27 Mayo 2021

Las Cortes Constituyentes de la Segunda República española tuvieron mucho cuidado, al elaborar su Constitución, en dejar atado y bien atado el asunto de la lengua. Ya fuera por convicción, ya fuera porque le habían visto las orejas al lobo, aprobaron el 9 de diciembre de 1931 un texto en el que no había grieta alguna por donde los nacionalismos vasco y catalán pudieran imponer, allí donde señoreaban, una lengua regional. El artículo 4º de aquella Carta Magna, aparte de establecer que el castellano era “el idioma oficial de la República”, indicaba que “salvo lo que se disponga en leyes especiales, a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional”. Y el 50, además de afirmar que las regiones autónomas podrían “organizar la enseñanza en sus lenguas respectivas, de acuerdo con las facultades que se concedan en sus Estatutos”, especificaba lo siguiente: “Es obligatorio el estudio de la lengua castellana, y esta se usará también como instrumento de enseñanza en todos los Centros de instrucción primaria y secundaria de las regiones autónomas. El Estado podrá mantener o crear en ellas instituciones docentes de todos los grados en el idioma oficial de la República”.

Decía más arriba que ese blindaje podía deberse a la convicción de los propios constituyentes o al temor que les infundieran en aquel arranque de década las pretensiones de los nacionalismos regionales más o menos separativos. O a lo uno y a lo otro, claro está. Es cosa sabida que el modelo de Estado que aquellos republicanos llevaban en la cabeza y aspiraban a implantar en España era el del país vecino. O sea, el de la República Francesa. Y en el ordenamiento legal de esta república poco margen tenían las lenguas regionales –vasco, catalán, occitano, bretón–, por no decir ninguno. El francés era la lengua de la Nación. Y punto. Pero es que, por otra parte, estaban el lobo y sus orejas, esto es, el nacionalismo catalán. A comienzos de agosto de aquel 1931 se había aprobado en Cataluña en referéndum, por una abrumadora mayoría, el llamado Estatuto de Núria. Y aquel texto que jamás llegó a aplicarse –toda vez que en su tramitación en las Cortes, ya entrado 1932, fue cepillado con un rigor y una eficacia infinitamente mayores que los que Alfonso Guerra se atribuiría a sí mismo y a sus congéneres socialistas en 2006, con otro Estatuto y en otras Cortes– establecía que en Cataluña sólo el catalán debía tener la condición de idioma oficial y, en consecuencia, de lo que hoy denominaríamos “lengua vehicular” y entonces recibía el nombre de “instrumento de enseñanza”. De ahí que su tramitación se pospusiera hasta que la Constitución fuera aprobada y de ahí también que esta última incluyera en la parte del articulado referida a las lenguas y a la enseñanza unos diques de todo punto infranqueables.

Naufragio en el Constitucional
Sobra decir que los constituyentes de 1978 no hicieron nada parecido. Se limitaron a establecer que “el castellano es la lengua española oficial del Estado” y que “todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”, un deber y un derecho que ya figuraban también en la de 1931. Y así nos ha ido. Tras más de cuatro décadas de vigencia de nuestra Carta Magna, en una parte nada despreciable del territorio nacional no existe de facto otra lengua institucional y de uso en la enseñanza que la lengua regional respectiva. Y lo que es peor: cuantas apelaciones se han hecho al Tribunal Constitucional (TC) para que ampare el legítimo derecho de cualquier ciudadano a utilizar el castellano en sus tratos con la Administración y a reclamar para sus hijos una enseñanza en el idioma oficial del Estado han sido en vano.

Tal vez por ello la reciente decisión del Consejo Constitucional de la República Francesa –el equivalente a nuestro TC– de suprimir dos artículos de una ley de lenguas aprobada por la Asamblea Nacional el pasado 8 de abril haya producido en no pocos ciudadanos españoles tanta admiración como envidia. De una parte, por su prontitud: 43 días ha tardado el Alto Tribunal francés en pronunciarse. Pero, sobre todo, por la naturaleza misma de uno de estos artículos, que legitimaba la práctica en la enseñanza de la inmersión lingüística en una lengua regional, lo cual contravenía, a juicio del Consejo, el artículo 2 de la Constitución de la V República. Y agárrense: ¿saben qué dice ese artículo en relación con lo que aquí nos ocupa? Pues, simplemente, que “la lengua de la República es el francés”. Con eso ha bastado. Con eso, y con el precedente español. Porque lo ocurrido en España en estas últimas décadas, y de forma singular en Cataluña durante la que acabamos de cerrar, no ha pasado inadvertido en Francia. Tanto el nacionalismo catalán como el vasco tienen asiento en el país vecino. Y no se trata de cebarlos, ni de hacerles la vida más cómoda. El lobo es aquel mismo lobo de los tiempos de la Segunda República, si acaso más crecido y envalentonado. Y esas orejas que han asomado últimamente amenazando la integridad de la Nación española son también aquellas mismas orejas. Y, en fin, una cosa es que nosotros, al permitir lo que hemos permitido, hayamos hecho gala de un candor y una cobardía sin par, y otra muy distinta que nuestros vecinos vayan a comportarse del mismo modo. ¡Buenos son ellos!

Las lenguas inútiles y la lengua necesaria
Antonio García Fuentes. Periodista Digital 27 Mayo 2021

Francia ha prohibido por ley, que las lenguas vernáculas quedan prohibidas, en todo lo que afecta a la enseñanza nacional y comunicaciones igualmente de ámbito nacional; o sea que todo lo que afecte, “a la marcha nacional” tiene que ser tratado en el único idioma que rige allí, o sea el francés. Por descontado que los demás idiomas que allí existen (como aquí en España y en infinidad de naciones del mundo mundial) podrán seguir existiendo y cuidándose, pero costeados por los interesados en ello; más o menos es lo que entiendo de la noticia que da, “Es-radio en su mañana del 23-05-2021 en su espacio “Sin complejos”).

Lógico por mi parte, puesto que hace mucho tiempo que escribí y publiqué, que si alguna vez, este miserable planeta gozaría de una paz soportable al menos, sería… “Cuando el planeta tuviese un idioma oficial para todos sus territorios, una bandera, un ejército y un gobierno que de verdad supiese gobernar tan complicada menestra planetaria”.

Por su propio peso, los idiomas van creciendo y eliminándose unos a otros, y hoy junto al inglés, es el español, el segundo idioma en comunicaciones internacionales; y eso lo han logrado, “los idiomas propios y por su propio peso o influencia en los pueblos que los van aceptando, por la razón simple de un entendimiento más completo y mejor en todos los sentidos”; lo que quiere decir que mis suposiciones de hace muchos años, fueron y van en “buen camino”.

¿Qué yo quiero que desaparezcan los idiomas vernáculos? No, en absoluto, pero estos son, “simples idiomas para andar por casa”; cuando se sale de ella hay que adaptarse a los que imperen o dominen la situación en que se ha de vivir.

Cosa que aquí en España, “los cerriles y obtusos gobernantes regionales o sectoriales”, no quieren entender, por cuanto han logrado, imbuir en “las masas que dominan”, que hay que fomentar y extender el idioma vernáculo, al que quiera y al que no, también; “con el retroceso mental que ello conlleva y que ya notan los “vernaculados” a la fuerza; y lo notarán cada vez más.

¿Alguien se ha preguntado el por qué el idioma español (que no castellano que como tal dejó de existir) se emplea en los más de veinte países de las que fueron colonias del Imperio español? Sencillo, o más bien imprescindible; porque cuando fueron logrando, “sus independencias”, necesitaron un idioma común y que les permitiera comunicarse en las relaciones que imprescindiblemente tendrían que seguir, como cuando pertenecían a España; por ello hoy mismo, el segundo país donde se habla ESPAÑOL; son los Estados Unidos norteamericanos, ya que aparte de que en su día, las dos terceras partes de ese gran país, “pertenecía a España y su idioma”, amén de la invasión de emigrantes de habla española, que les llegaron después y que hoy les siguen llegando, y “esa invasión lingüística, no la pueden detener por nada del mundo”; y lo saben y entienden sus políticos, que todos “han de saber el español suficientemente fluido, como para convencer a sus votantes de este idioma”, que en teoría y en la práctica, son muchísimos millones.

Méjico, que dicho sea de paso, es el que a mi entender, hoy, habla “el mejor español del mundo”; tiene en su interior más de cien idiomas o dialectos, nativos; que como antes digo, o doy a entender; no les sirve para nada, en el ámbito nacional y tienen que tener, el que, “une lingüísticamente a tan enorme país, primero en el mundo de habla española”; y eso es así; y no tiene tendencia política, ni religiosa, ni filosófica, ni nada que perjudique a nadie, es que es así, sencillamente porque tiene que serlo, no puede hacerse de otra manera.

Nuestro idioma y como es sabido, derivó del idioma del Imperio Romano, que por cierto, fue imperio principalmente por cuanto impuso su idioma, costumbres, leyes, etc. y que aún hoy, tienen que estudiarlo en las universidades, puesto que el mundo de hoy, lo marcaron aquellos romanos, en su imperio, que duró muchos siglos; a su vez ellos recibieron los impulsos, del griego, por tanto y por su importancia esas dos lenguas; “griego y latín”; aunque las consideren como “lenguas muertas”, pero no pueden morir de ninguna de las maneras, ya que tienen que recurrir a ellas, para leer “las fuentes originales y todos sus derivados escritos en ellas”; al igual que tienen que ser conservadas, todas las que similares a estas, existan en el mundo y queden testimonios escritos, que son muchas; pero “el ayer es una circunstancia y el hoy es otra muy diferente”.

Lo que es de idiotas o canallas, es “querer que la gente siga viajando en burro, en vez de en los elementos más rápidos y seguros con que cuenta hoy una humanidad, que pese a todo, se tiene que ir acercando cada vez más, para una paz y un entendimiento, que si no llega antes; es por la ambición absurda de poder, que siguen teniendo hoy los que no son políticos en absoluto, y no llegaron a hombres de Estado y capaces de crear una ciudadanía verdadera y como “ciudadanos del mundo”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

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Sánchez-Maquiavelo: ni tiene crédito ni ya inspira temor
Miguel Ángel Belloso. okdiariol 27 Mayo 2021

Hace tiempo que sigo al consultor César Calderón porque sus opiniones son valiosas y estimulan el pensamiento. Fue amigo de Rubalcaba, cojea de la izquierda y es un experto en campañas electorales y análisis político que ha puesto en la proa a Sánchez y que cree que esta legislatura tiene los días contados. Sin tener sus tablas, su experiencia ni su conocimiento yo me sumo. Pero días atrás escribió un tuit que me dejó descolocado. Dijo: “No me parece adecuado ni conveniente abuchear al presidente del Gobierno de España y menos en medio de una crisis”.

Se refería a la crisis migratoria de Ceuta y al recibimiento contrario y violento que tuvo que padecer Sánchez allí a cargo de muchos ciudadanos hartos del abandono al que los tiene sometidos el Ejecutivo de la nación. Pero lo relevante es que lo que sucedió en Ceuta no es un hecho aislado. Hace ya tiempo que Sánchez no puede salir solo y tranquilo de La Moncloa sin un ejército de guardaespaldas. Hace ya tiempo que no puede visitar cualquier capital del país sin ser insultado, y su coche y el de los escoltas pateados. No ha sido sólo en Ceuta. Ha ocurrido en todos los lugares donde se ha presentado los últimos meses, y sucederá en los que vaya a visitar en adelante. Y cuando esto ocurre es que estamos ante un grave problema de intolerancia y de rechazo sólido que creo que no estima suficientemente el señor Calderón.

A mi juicio tiene que ver con dos hechos cruciales: el presidente Sánchez ha dilapidado el crédito y la dudosa reputación de los que alguna vez dispuso. El presidente Sánchez ha perdido por completo no sólo el favor sino el cariño de la gente con sentido común. Esto es lo que demostraron de manera palmaria y estridente las elecciones a la Comunidad de Madrid. Por mucho que se empeñe el señor Iván Redondo en lo contrario, la derrota humillante de la izquierda en la capital de España, plaza que tanto empeño puso en reconquistar el inquilino de La Moncloa, refleja una alteración brutal del mapa político. Esto es lo que dicen las últimas encuestas, que ya sitúan la suma del PP y de Vox por encima o al borde de la mayoría absoluta, que se corresponde con una pérdida equivalente de respaldo popular a la izquierda socialcomunista.

La embajadora de Marruecos en España ha pronunciado estos días una frase tan antigua como memorable con motivo de la crisis que nos afecta en el Estrecho: “Los actos tienen sus consecuencias”. Esta es una verdad incontestable que explica los momentos aciagos que vive Sánchez y los que vendrán. Pero no tiene sólo que ver con lo que pasa en Ceuta y Melilla, que se ha afrontado de la peor manera posible; tiene que ver con una manera de hacer política basada en un embuste permanente que ya no tolera la mayoría de los ciudadanos. No es fácil engañar a tanta gente al mismo tiempo de manera prolongada. Ya nadie cree a Sánchez. Este es el problema. La asistencia a la presentación de su plan ‘España 2050’ careció del brillo de los tiempos de vino y rosas. No estaba Ana Botín, que tan bien habló en su momento del petimetre. Faltaron por supuesto los representantes agredidos de CaixaBank, y entre ellos Fainé, que jamás se pierde una juerga. No estuvo Florentino Pérez, algo impensable hace poco, y así podría citar a muchos más de la gente distinguida, de esa élite del Ibex 35 que esgrimió un pretexto inconcebible en otras épocas para hacer ascos al canapé.

Y si no estuvieron fue porque ¡claro que los actos tienen sus consecuencias! La nefasta gestión de la pandemia, la discutible estrategia de vacunación, la depresión económica, los miles de negocios que han tenido que cerrar, los Ertes que se van a convertir en Eres, el dinero que no llega de Bruselas y que el Gobierno va a repartir arbitrariamente, el aumento descomunal de la deuda pública y el desarreglo clamoroso de todos los equilibrios del sistema pasan factura. Pero tiene que ver con muchas otras cosas que el ciudadano corriente todavía interesado por la política no soporta: el reguero de entrega de presos etarras que no se han arrepentido a las cárceles vascas para ser tratados como en la prisión catalana de Lledoners, ese hotel de cinco estrellas. Las leyes divisivas sobre la memoria democrática, sobre la educación dogmática, sobre la eutanasia inmoral, sobre la infancia -escamoteada a los padres-, sobre el cambio climático para beneficiar a capturadores de renta y perjudicar al común de los ciudadanos con una luz más cara y una movilidad determinada por el poder público frívolamente ecologista.

La lista de agravios cometidos por este Gobierno nefando, que es insólito en Europa, donde jamás se ha tratado de dirigir un país con comunistas convencidos y orgullosos, se ha vuelto insoportable, y tampoco pasa desapercibida en Bruselas, donde, más aún después del descalabro de Madrid, y del eco internacional que ha tenido la derrota infligida por Ayuso sin piedad, tienen muy calado al presuntuoso.

Aún habremos de asistir a más desafíos, sin embargo. La traca final está a punto de llegar, y será el indulto de todos los golpistas catalanes, después de la constitución de una nueva Generalitat que ha reafirmado su propósito de pugnar por la independencia y toda la retahíla de delirios anidados en el cerebro de esos locos que no llegarán jamás a buen puerto, pero que están dispuestos a reeditar otro golpe de Estado. Y ante los que el Gobierno de Sánchez, que ha felicitado públicamente su advenimiento, ya ha avanzado que buscará la concordia constituyendo con rapidez una mesa de diálogo bilateral.

Decía Maquiavelo que “quien controla el miedo de la gente se convierte en el dueño de sus almas”. Sánchez ha aprovechado la pandemia para inocular masivamente temor entre la gente corriente, ha promovido un ejército de colaboracionistas y chivatos que le vienen prestando servicio sin cobrar, pero auguro que lo sucedido en Madrid todavía se minusvalora. Me parece que es el signo del fin de la dictadura a la que hemos estado sometidos. La gente ha dicho basta. Y quiero pensar que no sólo en la comunidad en la que está la capital de España.

No será tarea fácil. Sánchez todavía tiene a su servicio todas las televisiones, a los vanos artistas y comediantes regados de dinero público y a los sindicatos delincuenciales, a los que se les ha multiplicado las subvenciones en plena crisis vírica, todavía sin recibir un euro de Bruselas, pero que son lacayos agradecidos –“este es el mejor Gobierno de la historia, gracias presidente”, le dijo a Sánchez Pepe Álvarez, el infame secretario general de la UGT ataviado con ese ridículo fular morado con el que no sale de casa-.

Las élites están empezando a poner los pies en polvorosa. Todos los grandes despachos de abogados del país -y conozco a muchos- echan pestes de un Ejecutivo que despliega la peor técnica legislativa de la historia, que aprovecha una norma del BOE que blanquea a los piquetes sindicales para arremeter contra el primer partido de la oposición -un suceso insólito, jurídicamente inédito y criminal-, que promulga leyes que contrarían el mínimo prurito de respeto al Derecho.

El acoso a las empresas en las que tenga peso el sector público ya se ha puesto en marcha con la destitución del presidente de Indra, y se hará allí donde se pueda, donde la influencia del Gobierno sea capaz de desestabilizar a los gestores de turno para intentar colocar a sus peones. Por si acaso. Todos estos atropellos se dispensan sin pudor, con una sensación de impunidad que jamás había dominado la vida política y civil precisamente por aquellos que en el Parlamento requieren y demandan una oposición colaboradora y acomodaticia para parecernos a Dinamarca en derechos sociales y a los gigantes asiáticos en eficiencia y competitividad allá por 2050. ¿Pero a quiénes quieren engañar estos tipos peligrosos y siniestros? Hay que echarlos del poder en cuanto haya la mínima oportunidad, y me temo que cada vez más gente está en igual onda. Espero que el PP de Casado no sucumba a los cantos de sirena que claman por su colaboracionismo aduciendo espurias razones de Estado. De Vox ya se sabe que nos podemos fiar.

Sánchez pide el finiquito
Agustín Valladolid. vozpopuli.es 27 Mayo 2021

‘Los políticos populistas, nacidos y crecidos en el caldo de cultivo de la decadencia democrática, no distinguen entre verdad-mentira-realidad-fantasía. Quieren imponer su propia ficción, que consiste, sobre todo, en destruir el pasado en su totalidad”.

Pedro Sánchez ha dejado pasar todas las oportunidades que se le han presentado para dar un giro a su estrategia y romper la dinámica frentista en la que se embarcó el día que selló con Pablo Iglesias y el nacionalismo excluyente un pacto de permanencia en el poder. La pandemia, la subsiguiente y brutal crisis económica o el enorme reto que para la maquinaria del Estado y la credibilidad de España supone la gestión de los 140.000 millones de euros de los fondos europeos, han sido, y son, argumentos de envergadura más que suficiente para justificar un cambio de rumbo que fijara como objetivo la cimentación de un gran pacto nacional apoyado por una amplia mayoría parlamentaria.

Pero el acuerdo ni está ni se le espera. Es más, cada día es más difícil que algo así cristalice, al menos parcialmente, y aunque con el presidente del Gobierno no es conveniente descartar del todo una súbita permuta de eso que llamamos principios, la realidad es que el resultado de las elecciones en Madrid ha reventado el ya de por sí angosto espacio en el que la decadente realidad de la política española ha tabicado toda iniciativa que busque el acercamiento entre los dos grandes partidos para alcanzar un compromiso de país. Ni Sánchez parece dispuesto a compartir ni un átomo de su poder con la oposición, ni a un Pablo Casado que se ve ya como presidente -más por errores ajenos que por méritos propios- le interesa ningún armisticio, siquiera puntual, que pueda ser interpretado por su electorado, actual o futuro, como debilidad.

Muy lejos de algunos optimismos injustificados, que se asientan en unas señales de recuperación económica claramente insuficientes, la realidad es que España atraviesa una delicadísima situación, con seguridad la más comprometida desde la muerte de Franco, sin que haya señal alguna de que los actuales dirigentes políticos tengan la mínima capacidad para delinear un proyecto colectivo que involucre a la mayoría de la sociedad. Quedan por delante más de treinta meses de una legislatura que ya se nos ha hecho interminable, y el problema no es cómo los españolitos de a pie seremos capaces de sobrellevarla, sino en qué estado va a llegar el país a su recta final entre un Sánchez abrazado a unos socios electoralmente nocivos, y encapsulado en esa realidad paralela que le han fabricado sus asesores, y un Casado cuyo gran aporte a la resolución de los problemas parece que va a consistir en esperar sentado hasta ver pasar el cadáver de su enemigo.

Ciertamente, a Casado se lo están poniendo como a Fernando VII las bolas de billar. Si quedaba una mínima esperanza de coser alguna alianza de verdadero peso con el PP, el presidente del Gobierno se ha encargado de dinamitarla esta semana. Si ni siquiera Cataluña justifica una larga sentada entre los dos principales líderes políticos del país, lo mejor sería pasar esta página cuanto antes y convocar elecciones. No sucederá, al menos a corto plazo, porque el efecto de la concesión del indulto a los líderes secesionistas en las expectativas electorales de Sánchez, con este formato y estos aliados, va a ser terrorífico. El error de cálculo es de tal magnitud, que de no mediar rectificación este será el episodio que determine el definitivo declive del actual Gobierno. Y desde luego el fin de fiesta de un accidente llamado Pedro Sánchez.

Yo puedo compartir sin mucha dificultad la tesis de que la concesión de los indultos a los dirigentes del independentismo debiera ser un intento de reconectar a los catalanes, a todos, en un proyecto común. Pero si ese fuera de verdad el fondo de la cuestión, ¿por qué no se ha hecho el menor esfuerzo por involucrar en tan loable propósito a los no nacionalistas? ¿Por qué se asume desde el Gobierno de la nación la retórica golpista que habla de presos políticos, de venganza y de revancha y no se defiende con firmeza la imparcialidad del Tribunal Supremo y otras instituciones del Estado? Y la pregunta del millón: ¿se habría mostrado Sánchez a favor de los indultos si su continuidad en el poder no dependiera de Oriol Junqueras? Conociendo el historial de Sánchez, la respuesta es fácil: no, de ninguna manera. De ningún modo hubiera arriesgado tanto Sánchez de no haber necesitado al nacionalismo para mantenerse en la Moncloa. Y es precisamente esa generalizada convicción la que convierte en reprobable utilitarismo la graciosa decisión de Sánchez de indultar a los condenados.

El presidente del Gobierno ha aludido a su conciencia y a los intereses generales de España para justificar su posición. Sin embargo, lo único que de momento certifica este episodio es que Sánchez, a cambio de estabilidad, acepta el papel de rehén del nacionalismo, y esa es una condición de todo punto incompatible con el mínimo respeto ciudadano que debe acompañar su elevada labor. El principal problema del líder socialista no es la pandemia, ni la crisis económica, ni Marruecos, ni Cataluña. Su problema es que está dilapidando el poco respaldo que le quedaba para afrontar estas y otras contrariedades. El problema es que Pedro Sánchez -perdón por el trabalenguas- ya se ha convertido en el principal problema para el PSOE, pero lo grave del asunto, para el futuro del partido, es que el problema tiene difícil solución porque el PSOE ya no parece capaz de ser otra cosa que Pedro Sánchez.

En estos días se cumplen tres años desde que Pedro Sánchez presentara y ganara la moción de censura contra Mariano Rajoy. Tres años en los que el PSOE ha gobernado, pero paradójicamente ha ido perdiendo, una tras otra, capas de esa pátina de fiabilidad que hasta ahora identificaba a los que hemos venido llamando “partidos de gobierno”. Tres años en los que la radicalización del discurso, la anulación de la democracia interna, la concepción extremadamente utilitarista del poder, el engaño sistemático y la subordinación de las grandes decisiones a los intereses del nacionalismo radical han confirmado el divorcio del socialismo orgánico con buena parte de su base social. Sánchez está a medio minuto de ocupar en el imaginario colectivo el enojoso papel que ha dejado libre Pablo Iglesias, y a poco más, pero muy poco más, de empujar a su partido a ese territorio pantanoso en el que cuanto más te esfuerzas en salir más te hundes. Lo malo es que no parece haber recambio.

La postdata: Giró, o la pela es la pela
Jaume Giró ha sido la gran sorpresa de un gobierno catalán compuesto en su mayoría por personajes que unen a su sectarismo la condición de segundones. Un gobierno dividido en compartimentos estancos que serán manejados por Puigdemont desde Waterloo y Junqueras, hasta el indulto, desde la cárcel-suite de Lledoners. Giró ha sido una sorpresa, pero no para aquellos, pocos, que conocían su doble juego. Como es sabido, antes de decidirse a dar el arriesgado paso de aterrizar en paracaídas en el campo minado de la política, Giró había optado por integrar la candidatura al Barça de Joan Laporta, siempre con el noble objetivo de fondo de perfeccionar sus ya de por sí muy contrastadas habilidades a la hora de construir densas redes de influencia y poder. Pero se cruzó en su camino su inteligente mujer, Ana Aguirre, quien le hizo ver que con Laporta gestionando la cuantiosa deuda del equipo blaugrana el riesgo de poner en peligro el patrimonio familiar, por pequeño que fuera, no era un asunto menor. Así que Giró cambió fútbol por el verdadero deporte de riesgo en Cataluña. Él sabrá.

El «procés» sin fin

Estamos por tanto ante un nuevo escenario: el abismo que abrieron el «procés» y el 1-O se dispone a tragarse lo que queda del PSOE
José María Marco. larazon  27 Mayo 2021

El 1-O pareció significar el final de un largo proceso. Por una parte, el del «procés» emprendido por los separatistas catalanes cinco años antes. Pero también el de una forma de gobernar España y el de una conformación del Estado que habían dado lugar a procesos de nacionalización culminados con un intento de destruir el orden constitucional y acabar con la unidad de la nación española. Era un diagnóstico optimista, como demostró enseguida el precario y modesto, casi recatado, acuerdo que llevó a la aplicación del célebre artículo 155.

Evidentemente, y a pesar de los procesos judiciales, con aquella respuesta los separatistas tenían todos los incentivos para seguir adelante con el «procés» llevado a cabo sin pausa desde principios de los años 80, de nacionalización (y desespañolización) de Cataluña. Es lo que han hecho, consiguiendo incluso un éxito relativo tras la deserción de Ciudadanos y el previsto fracaso del «efecto» –o táctica– Illa. (Todo es tacticismo en el PSOE actual, por mucha propaganda que desplieguen con fechas llamativas como el 2030 o el 2050, por no hablar de 1936)

Lo más extraordinario de todo es que los socialistas van a seguir empeñados en su actitud y se disponen a conceder el indulto a los separatistas y, probablemente a permitir o patrocinar un nuevo referéndum. Y no sólo eso: lo hacen asumiendo los argumentos separatistas que desacreditan las instituciones españolas que deberían defender desde el Gobierno. Estamos por tanto ante un nuevo escenario: el abismo que abrieron el «procés» y el 1-O se dispone a tragarse lo que queda del PSOE y, si no lo remedia un ataque de sensatez que devuelva a la izquierda una idea nacional de España, a engullir a todo el resto del progresismo.

Ante esto, el papel de las demás organizaciones políticas no es fácil. Algo está claro, sin embargo. Y es que el statu quo previo al «procés» y al 1-O está pulverizado e intentar restaurarlo, como se han empeñado en hacer el PSOE y su gobierno social peronista, está condenado al fracaso y al descrédito de quienes lo promuevan. Otro de los elementos fundamentales de esa «antigua política», como gustaba de decirse cuando íbamos a regenerar la vida pública española, eran los pactos con otros nacionalistas, como el PNV. Pues bien, tampoco se puede ya seguir dependiendo de una fuerza tan profundamente ajena a los intereses nacionales como son los nacionalistas vascos, que casi han culminado ya su propio proceso de nacionalización del País Vasco, con consecuencias perfectamente previsibles.

Se impone por tanto una reflexión a fondo acerca de lo que se ha hecho con la nación española en estos 40 años de democracia, y también acerca de aquello en lo que se ha convertido el Estado de las Autonomías. Parece, y es, una tarea titánica. Pero para eso se ha empezado a consolidar una nueva generación de políticos que deberían ser capaces de responder a los nuevos retos que plantea una situación no tan nueva ya. De hecho, si continúa, se llevará por delante otras muchas cosas.

Una decena de familias recurre a la Generalitat por no cumplirse en su colegio el fallo del TSJC que obliga a un 25% de castellano
OLGA R. SANMARTÍN. El Mundo  27 Mayo 2021

La ministra Celaá asegura en el Congreso que este año la Alta Inspección no ha recibido ninguna comunicación sobre la lengua, pero la AEB dice que se han puesto al menos 10 recursos

La Generalitat de Cataluña sigue sin hacer cumplir la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que, desde el pasado diciembre, obliga a todas las escuelas a impartir un 25% de la enseñanza en castellano. Al menos 10 familias han interpuesto recursos en la Administración autonómica porque sus hijos no aprenden en esta lengua en sus colegios, según la información facilitada por la Asamblea por una Escuela Bilingüe, que ayuda a los padres a tramitar sus reclamaciones.

Estos 10 recursos se contradicen con lo expresado con la ministra de Educación, Isabel Celaá, que esta tarde ha asegurado en la Comisión de Educación del Congreso que, "según la información facilitada por las altas inspecciones de las comunidades con lengua cooficial, en este añono han recibido este año ninguna comunicación o recurso sobre la enseñanza en castellano". "Los últimos escritos, del pasado mes de diciembre, fueron respondidos a los interesados y en ninguno de esos casos resultó necesario iniciar una actuación adicional", ha explicado, después de insistir en que la Alta Inspección del Estado "no puede llevar a cabo medidas ejecutivas o sancionadoras" y se limita a "alertar de la posibilidad de iniciar procedimientos".

Celaá respondía así a Vox, que le había preguntado sobre las actuaciones que había realizado la Alta Inspección del Estado ante las denuncias por incumplimiento de la sentencia del TSJC. No queda muy claro si el Ministerio -del que depende de la Alta Inspección- ha preguntado directamente a la Generalitat -responsable de la Inspección autonómica- y, si lo ha hecho, por qué la Generalitat no le ha informado de la decena de recursos interpuestos este año. No parece que haya mucha coordinación entre ambas administraciones a la hora de velar, como dice la Lomloe, por poner "las medidas necesarias para compensar las carencias que pudieran existir en cualquiera de las lenguas".

"Este año llevamos 10 recursos y cuatro de ellos ya se encuentran a la espera de medidas cautelares por parte del TSJC", explica a EL MUNDO Ana Losada, presidenta de la Asamblea por una Escuela Bilingüe. "Proceden de familias de Girona, Tarragona, Martorell o Sitges. Lo primero que han hecho es pedir más castellano en sus colegios y, cuando les han dicho que no o no han respondido, han acudido a la Generalitat, que suele decir que el catalán es la lengua de aprendizaje. Con esa negativa van al TSJC, que aplica medidas cautelares".

Losada sostiene que "la Generalitat sigue sin aplicar el 25% del castellano", por lo que hay "un goteo constante de denuncias". Admite que ya no informan a la Alta Inspección del Estado porque "nunca dan solución a este tema", pero interponen las denuncias al Departamento de Enseñanza de la Generalitat.

Celaá, por su parte, ha defendido en el Congreso que la Alta Inspección del Estado "tiene reconocida la función estatal de vigilancia normativa, sin que ello suponga la facultad de control directo. No puede adoptar medidas sancionadoras". "Si detecta el incumplimiento de la normativa básica puede instar a modificar la normativa observada y proponer la adopción de medidas de corrección", ha recalcado.

La Generalitat ha recurrido la sentencia del TSJC, así que no va a ser ella la que aplique estas medidas de corrección. La única vía es la judicial.


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