AGLI Recortes de Prensa   Domingo 30  Mayo  2021

Los desertores de Colón indultarán a Sánchez
Federico Jiménez Losantos. Libertad Digital.  30 Mayo 2021

Como consta en la prensa de la época, tan cercana como arcana, la convocatoria en Colón contra el pacto de Sánchez con los golpistas del 1-0 se produjo tras la Rendición de Pedralbes -que ayer evocaba en LD Javier Somalo- y el anuncio de la vicepresidenta Calvo de que Sánchez aceptaba una mesa de negociación entre iguales, Cataluña y España, con un relator internacional, que daría cuenta legal de la marcha de la descolonización. Entonces, Rivera, en nombre de Ciudadanos, convocó a todos los partidos defensores de la unidad nacional y la Constitución a manifestarse en la Plaza de Colón contra la puñalada trapera, digna de Trapero y sus mozos golpistas, contra España.

Ciudadanos reniega de su éxito
Eso fue Colón. Eso significa Colón: la defensa de España contra el pacto de Sánchez con el golpismo catalán. Exactamente lo mismo que las grandes manifestaciones contra el pacto de Zapatero y la ETA, culminado por Rajoy y Fernández Díaz, Sánchez y Marlaska. Lo que ha cambiado es que el partido que convocó Colón I culpa a la foto de aquel éxito (Sánchez se embauló la mesa y el relator) sus fracasos posteriores en las urnas. Y lo hace tras pasarse con armas y bagajes, en Murcia y las autonomías del PP, al bando de Sánchez. Arrimadas pactó con el mismo contra el que convocó Rivera. Pero en vez de lamentar su traición, desenmascarada por Ayuso y castigada en las urnas como merecía, sigue echándole la culpa… a la foto.

¿Por qué a la foto? Porque en ella, como antes en la de las Azores, centró su artillería mediática la izquierda socialista y comunista, socia del terrorismo y el golpismo, para deslegitimar a los partidos que, unidos en Colón, la derrotaron. Ahora, Inés dice que Cs irá, pero no quiere aparecer con los partidos de ayer, que eran lo mismo que hoy, mientras ellos son ayer. En cuanto al PP, si alguien cree que el mote de maricomplejines era una hipérbole sobre los históricos complejos del PP y la derecha en general, lo sucedido con la convocatoria de Colón basta para probar su vigencia.

El PP prefiere la foto con Sánchez antes que con Abascal
En Colón I, estaba recién llegado Casado a la presidencia del PP y, tras la foto, se felicitó de su éxito. Y ahora dice que va pero que no va, o que sí, que "enviará una representación al máximo nivel", pero que no sea él. ¿Serán Cuca Gamarra y Pío García Escudero el máximo nivel del PP? Ante todo, dicen en Génova, hay que evitar la foto con Abascal. ¿Foto con Sánchez en la Moncloa, sí, y con Abascal en la calle, no? ¿Pero tanto teme Génova 13 a La Sexta, PRISA y Sálvame Rociíto? Pues sí. Le aterran.

Es evidente que Sánchez no entiende por qué la izquierda ha perdido en Madrid, pero Casado tampoco entiende por qué las derechas han ganado. Las derechas, las dos, porque si la resistencia al alza de Vox no se hubiera producido, Ayuso podría haber tenido mayoría absoluta… o no. Podría haberse quedado a sólo un escaño, porque se ha demostrado que hay mucha gente que no vota al PP ni siquiera con Ayuso. Y entonces, Sánchez e Iglesias habrían arrasado el último obstáculo para el cambio de régimen.

A Vox se le votó porque era un aliado seguro del PP contra Sánchez. A Ciudadanos, no, porque tras las felonías de Aguado y lo de Murcia era un aliado de Sánchez contra Madrid, España y la libertad. Pues, en vez de recomponer las relaciones con Vox, que resiste, Casado anda comiendo a solas con Inés, a la que tras ofrecerle en vano la portavocía parlamentaria si se unía al PP, le va fichando cuadros del partido para forzarla a unirse… ¿a qué? ¿Al Complejo de Colón? ¿Al Frente Impopular contra Vox? ¿Pero no ha visto en Madrid que la movilización en la derecha es contra Sánchez y no contra Abascal? ¿Qué el "todos contra Vox" es la engañifa grotesca de la Izquierda para alentar los complejos marianiles e impedir la alternancia?

Pues no, no lo ha visto. La prueba es que no va a Colón por el qué dirán… las izquierdas. Como ha dicho en El Mundo Cayetana Álvarez de Toledo llamando a Colón, y lo hizo antes de ser decapitada a mayor gloria del teodorismo visigodo, el del doméstico puñal, la Izquierda, inseparable del terrorismo y el golpismo, decide lo que es democrático y lo que no, lo que es legítimo en el PP y lo que no. Cuando la base social de la Derecha ha resucitado en Madrid, la cúpula del PP vuelve a los peores tiempos de Soraya y Mariano, los de la apoteosis de La Sexta, protegida por Montoro. Y reniega de esa base como si le quedara mucha base de la que renegar.

Si llama la Izquierda, Génova sí va
Tras decir que no saldrían a la calle como Vox contra los indultos, la llamada a Colón de Savater y Rosa Díez, figuras históricas de la izquierda, ha hecho que Génova rectifique y anuncie esa "representación de máximo nivel", cursilada que demuestra que no saben qué hacer con la victoria de Madrid. Porque resulta que Almeida, aprovechando su envergadura, se coló en primera fila en Colón I, y ahí está en la foto, con la bandera española como bufanda. Y resulta que hace sólo tres semanas Ayuso llamó al voto de Madrid en defensa de la libertad y de la nación. Y Madrid respondió. ¿Y después del éxito madrileño, nacional e internacional de Isabel Díaz Ayuso del que tanto ha presumido Casado, pese a tener poca parte en él, pretenden los celosos de Génova que la presidenta no vaya a una manifestación que respaldó en Twitter apenas se publicó la convocatoria? ¿Que tampoco vaya Almeida, anfitrión, como alcalde de Madrid, de la concentración? ¿No ven que sería más sencillo que fueran juntos todos los dirigentes del PP de toda España, como juntos se encaramaron al éxito de Ayuso del 4M? ¿Pero no ven que si Ayuso y Almeida van, como tienen que ir, y Casado no va y los califas autonómicos tampoco, queda aún más en entredicho su liderazgo?

Otelo pasado por Arniches
Hay pocas cosas más ridículas que los celos exhibidos en público. Y lo del PP con Ayuso se está convirtiendo en una versión de Otelo pasada por Arniches. Si el éxito es del partido, ¿por qué negarle protagonismo en él? Si el éxito es suyo, ¿por qué no asociarla más estrechamente al partido? Fue penoso ver a Casado anunciar el 4M la victoria del PP como si hubiera sido el candidato él, que es para lo que siempre se usó el balcón de Génova. Si Casado gana las elecciones generales, ¿lo anunciará otro? ¿Hasta dónde piensa ir el Otelo de Palencia por ese camino de celotipia patológica que alimenta Yago García Egea? ¿No hay nadie a su lado que le advierta del error trágico en que se adentra cada día más? ¿Ya sólo confía en Yago?

La magnitud del reto de Sánchez, que exhibiendo impúdicamente ante la justicia y la opinión pública su derecho de pernada a indultar a sus socios se ha puesto a la cabeza del golpismo catalán, no permite esta clase de cominerías en las que, sin duda, todos tendrán parte de culpa, pero de las que el líder es finalmente el último y único responsable. Los desertores de Colón estarán indultando a Sánchez. Y la prueba será el tratamiento de las televisiones espantosas del social-comunismo a ese asquito que tienen Inesita y Pablito a juntarse con Santiaguito.

Casado debe creer en Casado y en los demás
A Inés no le diré nada, porque esto no es una ouija. A Casado, sí, ya que nadie se lo dice. O realmente se cree que es el líder del PP, y para eso debe respetar a los demás líderes del PP, empezando por Ayuso, y también cree que puede encabezar la alternativa a Sánchez, y para eso debe respetar a los que pueden ayudarle a construir esa alternativa, o él se quedará sin PP y España se quedará sin alternativa. Sólo por un momento, claro, porque el vacío no existe en política, pero no estamos para perder un momento más.

De enemigos y traidores
Carlos Esteban. https://rebelionenlagranja.com 30 Mayo 2021

Yo no culpo a Mohamed VI. No tiene ninguna obligación de favorecer a España, un país a costa del cual quiere engrandecer su país como es normal en cualquier líder de una nación. Culpo al Gobierno de España, que nos humilla a todos al humillarse ante el sultán, premiándole por su invasión y excusando sus acciones hostiles.

Yo no culpo a los independentistas catalanes. No han engañado ni engañan hoy mismo con respecto a sus intenciones, y si de verdad creen que Cataluña es una nación ocupada por España, están haciendo lo que deben hacer. Culpo al Gobierno de España, a todos los gobiernos que ha tenido España desde Suárez, que por cobardía o, más frecuentemente, mezquinos intereses electorales cortoplacistas ponen en inminente peligro la unidad de una nación tan vieja como España permitiendo que eclosione el huevo de la serpiente.

Yo no culpo al PSOE. El PSOE tiene un historial que cualquiera puede consultar, no es exactamente secreto ni empezó con Pedro Sánchez. Ni culpo siquiera a Pedro Sánchez, un personajillo amoral sin talento alguno que solo se mueve por una ambición y un narcisismo sin límites, que se ha desdicho absolutamente de todas sus promesas y que ha demostrado estar dispuesto a cualquier vileza por dormir una noche más en la Moncloa. Culpo al PP, que sí ha engañado, sí ha traicionado a su electorado.

El PP es el verdadero cáncer, porque ni un PSOE mil veces peor podría haber dañado a España como lo ha hecho sin la complicidad activa o pasiva de los populares. Por sí solos, los socialistas no hubieran sido capaces de implantar su modelo y aplicar sus medidas de ingeniería social; han necesitado -y obtenido- la complicidad criminal de un partido cuyo electorado demandaba todo lo contrario. Han convertido leyes y medidas que hubieran podido ser flor de un día, locura de una legislatura, en lo que hay, en la dogmática de nuestro tiempo.

Yo no culpo, en fin, a los griegos por asediar Troya; culpo a los imbéciles y canallas que hicieron entrar el caballo de madera.

Imbéciles
Los traidores preparan el terreno
Jorge Buxadé. https://gaceta.es 30 Mayo 2021

El Consejo de Europa, en concreto la comisión de Asuntos Jurídicos, maneja un proyecto de informe sectario, falaz, infame contra España. El ponente del proyecto es Boriss Cilevičs, miembro del Consejo de Europa que fue miembro del Parlamento Europeo, letón y socialista.

Dicho proyecto de informe trata sobre la eventual imputación de políticos por las opiniones vertidas en el ejercicio de su cargo, si bien es utilizado por esa izquierda europea antiespañola para atacar a España y nuestro orden jurídico a propósito de los golpistas separatistas en Cataluña.

Afirma el informe que varios políticos catalanes de alto nivel fueron procesados y condenados a largas penas de prisión por sedición y otros delitos, entre otras cosas, por declaraciones realizadas en el ejercicio de sus mandatos políticos, en apoyo del referéndum inconstitucional sobre la independencia de Cataluña en octubre de 2017. Miente. Miente porque es un mentiroso. Un mentiroso bien pagado. Un mentiroso profesional al servicio de los enemigos de España, que son muchos. Y seculares.

Basta recordar la dependencia directa, denunciada ya, de varios magistrados del Tribunal Europeo de Derechos Humanos –adscrito al Consejo de Europa– al conglomerado de fundaciones, oenegés y chiringuitos globalistas de Soros y su panda.

El informe no se sostiene desde ningún punto de vista, ni jurídico, ni procesal, ni por supuesto político; con la finalidad de confundir al resto de miembros del Consejo de Europa, y por supuesto a la opinión pública internacional.

En España, como bien saben todos los españoles, la expresión de los partidos y políticos separatistas no se ha coartado jamás. Incluso, cuando falsean la historia de España en los libros de texto con los que adoctrinan en el odio; o cuando utilizan medios de comunicación de titularidad pública o subvencionados con fondos públicos que salen del bolsillo de todos los españoles, para injuriar o calumniar a nuestras instituciones, símbolos o representantes.

En España, como bien saben todos los españoles, son los separatistas los que llevan años violentando las libertades individuales –como el derecho a utilizar el español, el derecho a ser educado en la lengua materna o la garantía de la pluralidad de los medios de comunicación–, la libertad política, o incluso la libertad de empresa y de circulación, con sus huelgas políticas ilegales, sus cortes de carreteras y vías de comunicación por ferrocarril. Son los separatistas los que han violentado la objetividad de las instituciones, la libertad de comercio –con las multas lingüísticas o incluso la propiedad privada– en sus violentos raids que periódicamente incendian la calle.

En España, como bien saben todos los españoles, son los separatistas los que incendian y destrozan mobiliario público, apedrean a los afiliados, y simpatizantes de VOX y amedrentan en su voluntad de crear terror, a toda la ciudadanía.

Sólo un imbécil –me permitirá que en el ejercicio de mi mandato ejerza mi libertad– antiespañol, bien remunerado, letón y socialista, puede proponer un informe que falsea los hechos y miente, en perjuicio de España afirmando tonterías como que la sedición exige violencia.

El proyecto de informe invita a España a derogar los delitos de rebelión y sedición y a indultar o excarcelar a los golpistas separatistas. Nada es casual en política. El informe se debatirá el 3 de junio y con toda seguridad el gobierno socialista de Sánchez –curioso que un conmilitón suyo sea el autor del proyecto– aducirá este inaceptable informe para justificar su traición a la Nación, que fue la víctima del golpe separatista.

El proyecto de informe recoge el argumentario que Sánchez y el socialismo antiespañol han expuesto los últimos días: diálogo abierto y constructivo para hacer de España una democracia europea fuerte; indultos, no exigencia de arrepentimiento y colaboración activa con los sediciosos. Con perdón, sólo un imbécil puede proponer esto. Sea letón o forme parte del gobierno español.

La fortaleza de España y de su democracia está, precisamente, en exigir el cumplimiento de las sentencias de los tribunales, reforzar la protección constitucional, endurecer las penas para los delitos de rebelión y sedición, penalizar la conducta consistente en intentar subvertir el orden constitucional y atacar la integridad territorial de España, exigir el cumplimiento íntegro de las penas, traer a España a Puigdemont y los fugados, recuperar el delito de referéndum ilegal –pues no es sino una violencia al sujeto soberano– y, en fin, imponer el orden social y político en Cataluña, en Vascongadas, Galicia y cualquier lugar de España donde la Nación se vea amenazada.

Los traidores preparan el terreno. Hemos de estar alerta. Para denunciar la traición, pero también su imbecilidad. El sentido común está, como otras veces, de nuestro lado; y también el sentido nacional de las cosas.

Dedico estas líneas a mis hijos, y a los miles de niños y jóvenes que no pudieron ir al colegio aquellos días de octubre de 2017 por la violencia real ejercida por las organizaciones separatistas cortando carreteras, trenes y metros, a los jóvenes de Artós, y a todos los policías y guardias civiles y mozos de escuadra que han sufrido la violencia de la turbamulta separatista con el apoyo incondicional de esa izquierda caviar, urbanita y desvergonzada que, por lo demás, ha traicionado a miles de trabajadores honrados de Cataluña, dejándoles sin empleo y queriéndoles robar la Patria, España.

Y termino con una pregunta: ¿de qué nos sirve a los españoles el Consejo de Europa?

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¿Quién es la derecha española?
Enrique Domínguez Martínez Campos. https://rebelionenlagranja.com 30 Mayo 2021

En primer lugar, mi más cordial enhorabuena a Isabel Díaz Ayuso por su triunfo aplastante en Madrid el 4 de mayo pasado contra un Frente Popular que deseaba instalarse en la Puerta del Sol.

Ha sido un triunfo muy personal de Ayuso y de todo su equipo a pesar de toda la oposición y el poder del gobierno socialcomunista instalado en la Moncloa, de la casi totalidad de medios de comunicación comprados al servicio de ese gobierno, de unos sindicatos de clase aburguesados que no representan a nadie sino a ellos mismos e, incluso, a pesar de una parte del PP influida por un pasado de trágica memoria responsable de la situación en que hoy nos encontramos.

¿Qué herencia política dejó el PP de Mariano Rajoy al PP de Pablo Casado? ¿No nos acordamos ya de las manifestaciones multitudinarias que pastoreaba el señor Rajoy en Madrid y otras capitales y a las que acudíamos con toda ilusión padres, hijos y nietos para echar al “bobo solemne” de la Moncloa? Y, conseguida la mayoría absolutísima del señor Rajoy, ¿qué hizo desde el punto de vista político con ella? Mantener toda la ingeniería legislativa y política del “bobo solemne”.

¿Fue aquélla la derecha que deseaban los españoles? ¿O, como mínimo, el centroderecha? Aquello fue una tomadura de pelo colosal. A Rajoy no sólo le sobraban los conservadores y los liberales, sino que se ciscó en millones de personas que esperaban de él que acabara con el legado político socialista, en especial con el desastre que se desarrolló entre 2004 y 2011. Y no lo hizo. A estas alturas no me interesa el porqué. Pero me prometí que el PP no volvería a burlarse de mí mientras no cambiase radicalmente de actitud e ideología.

Éstas fueron las razones esenciales por las que algunos valientes del PP se escindieron de él para crear VOX. Porque consideraron que el PP no representaba a la derecha española, a millones de personas. Porque consideraron que aquel PP se había situado en el centro central para intercambiar favores y compadrear con el PSOE, el partido que desde su creación en 1879 ha sido el que más problemas ha causado siempre a España, el que ha participado en tres golpes de Estado y el que, sin ningún género de dudas, nos condujo a la Guerra Civil. Y hoy, asociado, o apoyado, o vinculado de forma vergonzosa con comunistas, separatistas y herederos de los asesinos de ETA para mantenerse en el poder.

De modo que, después de la victoria personalísima de Ayuso en Madrid, ¿quién representa de verdad a la derecha en España? ¿El PP de Casado o el partido VOX de Abascal? Ése al que, por odio visceral, llaman fascista.

Quizás los dos partidos –no de izquierdas- son necesarios. Uno de centro (o derecha modosita y con complejos) con ánimo de mantener el statu quo actual, el sistema corrupto, carísimo y prácticamente ingobernable de las malditas Autonomías (que hace muchos años debieran haber desaparecido) y que conducen a la disgregación de la unidad nacional española. Ese PP que asume las leyes socialistas y del Frente Popular actual más aberrantes, apoyándolas o absteniéndose cuando llegan al Congreso. El otro, sin complejos y de derechas, enfrentándose a quienes pretenden, por encima de todo, la destrucción de España, su balcanización.
Fácil prever lo que hará el Partido Popular

Son los hechos los que cuentan. Y estoy convencido de que ese PP de Casado:

-seguirá defendiendo la España de las dichosas, corruptas y carísimas Autonomías;
-mantendrá la Enseñanza en sus manos;
-dejará que la Sanidad también sea de ellas;

-permitirá no poder hablar español en toda España;
-dejará que las prisiones sean suyas;
-manoseará el Poder Judicial;

-mantendrá intacta la Ley del Aborto para seguir desapareciendo de nuestro país la población española, perdiendo así su identidad;
-es muy posible que no se atreva a eliminar la ley socialista de la eutanasia;
-no tocará la Ley de Memoria Histórica ni la que se nos viene encima de Memoria Democrática impulsada por esa cab…, no, egabrense, vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo;

-no se opondrá radical y frontalmente a los deseos y privilegios de los separatistas catalanes y vascos;
-necesitará este sistema autonómico para «colocar» en él a sus políticos, asesores, amigos…, para mantener su estado de bienestar, no el de los españoles;
-no planteará siquiera debate alguno sobre los regímenes forales decimonónicos de siglos pasados de Vascongadas y Navarra;

-no intentará que las Fuerzas Armadas españolas adquieran un nivel de disuasión efectivo para apoyar con eficacia la política exterior de nuestro país;
-planteará la cuestión de Gibraltar -si la plantea- partiendo de débiles premisas, como la cosoberanía de García Margallo;
-no se sabe cómo actuará frente a la inmigración ilegal por tierra, mar y aire;

-dirá ¡basta ya! a personas del partido que intenten fortalecer su ideología, como lo intentó Cayetana Álvarez de Toledo;
-mantendrá las subvenciones a partidos políticos, sindicatos, patronal, ONG del más variado pelaje y los chiringuitos que vayan creando las izquierdas;
-no se atreverá a desmontar la dictadura de la ideología de género impuesta por esas izquierdas;

-no interpondrá el menor obstáculo a los matrimonios del mismo género y la adopción de menores por ellos;
-se sentirá tan orgulloso o más que los del famoso Orgullo, ésos que hacen demostración pública ostentosa de sus instintos más íntimos;
-permitirá que el lobby gay ocupe cada vez mayores parcelas de poder;

-no promoverá, por interés del partido, una nueva ley electoral;
-etc., etc., etc.

¿o me equivoco, señores del PP?

Pues bien, es a todo este maremágnum, a esta falta de sentido común, a este gasto desbocado, a la división y enfrentamiento entre españoles, a la generalizada ausencia del sentido y sentimiento de la unidad nacional española, al mantenimiento de discriminaciones en función del territorio en que se nazca, etc., a lo que la derecha sociológica representada por VOX se opone. Por eso son fascistas.

El triunfo personal y merecidísimo de Ayuso en Madrid no es ningún triunfo del PP a nivel nacional, que en octubre del pasado año rompió toda relación con VOX en el Congreso. Porque al PP de Casado le molesta VOX, esa ultraderecha.

¿Nos acordamos de lo que fue la UCD de Suárez? ¿Aquella Unión de Centro Democrático? ¿Cómo acabó? Desapareció. ¿Y la AP de Fraga? En 1990 tuvo que entregársela a Aznar para que, refundada, AP se convirtiera en el PP. Aquellas diferencias ideológicas y coyunturales entre UCD y AP las pagamos los españoles padeciendo el felipismo durante casi 14 años.

No creo que el PP desaparezca. Prefiero, naturalmente, que lo haga el PSOE, como ha sucedido en casi todos los países europeos con el socialismo. Por eso creo que VOX es la única derecha en España. Porque con todos los asuntos relacionados anteriormente se puede mantener una ideología de centro socialdemócrata que es la que ha predominado en el último PP.

VOX es hoy la tercera fuerza política en el Congreso de los Diputados. Allí dice tales verdades que la práctica totalidad de los medios las ocultan. Como ocultan su trabajo diario, su oposición frontal y sin complejos al gobierno socialcomunista, separatistas y filoetarras.

Y cuando dice, por ejemplo, que es imprescindible que el gobierno reduzca el gasto público, ése que paga aquél, el otro, el de más allá, usted y yo, ¿qué dice o hace el PP? ¿Qué dice o hace cuando VOX pide que se eliminen organismos y entidades que nos cuestan a todos un ojo de la cara? Decir que es un partido de ultraderecha.

A ver si de una vez, los españoles abren los ojos, mandan a paseo sus corruptas, ingobernables y carísimas Autonomías para que su dinero se emplee en otros menesteres más sociales o se quede en sus bolsillos. ¿Es éste el programa del PP?

Y menos presumir de lo que no consigue: ganar las elecciones en Galicia o en Madrid, conseguido el triunfo por dos personas de ideas casi opuestas o, al menos, muy diferentes, pero no asumir el batacazo en Cataluña donde, por cierto, VOX es ya allí la primera fuerza realmente constitucionalista.

¿Dos derechas en España? En absoluto. Un centro central tendiendo puentes hacia la otra orilla cuando le conviene, con una serie de “barones” con sensibilidades políticas diferentes o, incluso, opuestas, y una sola derecha que no tiende esos puentes porque le repele el hedor que procede de la otra orilla e intenta poner en evidencia y sacar a relucir todas sus vergüenzas. Sin complejos ni ataduras.

Y, además, cumpliendo lo que promete. Al menos de momento.

Enrique Domínguez Martínez Campos
Coronel de infantería DEM (R)

El verdadero plan de Pedro Sánchez
Alejo Vidal-Quadras. Libertad Digital 30 Mayo 2021

Hace tiempo que algunos venimos reiterando que un Gobierno de España cuya estabilidad parlamentaria está sostenida por grupos y en el que figuran ministros cuyo objetivo es destruirla, es lógica, moral, jurídica y políticamente inviable. A lo largo de su labor como presidente de este Ejecutivo incompetente e infame, Pedro Sánchez ha sobrepasado límites que han sumido a muchos españoles en la indignación impregnada de incredulidad. El nombramiento de una fiscal general del Estado de la que cualquier país digno y civilizado se avergonzaría, el incumplimiento flagrante de compromisos electorales solemnes de gran calado, los intentos de controlar el Poder Judicial hasta el punto de provocar una llamada de atención de la Unión Europea, una gestión de la pandemia desordenada y partidista que ha multiplicado el número de fallecidos y de contagiados, su colaboración mendaz con la narcodictadura venezolana, su saqueo del presupuesto para ampliar y reforzar sus clientelas y sus paniaguados, su pasividad ante ataques feroces a la Corona por parte de sus aliados, el impulso y aprobación de leyes conducentes a sembrar la división y el odio en nuestra sociedad, medidas económicas y sociales pensadas para destruir a la clase media y convertir a los ciudadanos en borregos dependientes del erario, una acción exterior que oscila entre la irrelevancia y la pifia sistemática y un suma y sigue que arrastra a la Nación a la pobreza, al desprestigio y al caos.

Su último ultraje a sus gobernados, incluyendo a no pocos votantes socialistas, ha sido el anuncio apenas velado de que se propone indultar a los golpistas del procés. Su argumento de que “cumplir la ley no es revancha y defender la legalidad no es venganza” equivale a decir que una sentencia dictada por un tribunal con todas las garantías procesales en un Estado democrático de Derecho en aplicación de leyes vigentes equivale a un castigo indebido y que, por tanto, los fundamentos de nuestro sistema constitucional no son válidos. Semejante barbaridad en boca de un responsable público de una democracia avanzada y supuestamente seria, es una barbaridad de tal calibre, que no es extraño que se haya alzado un clamor mayoritario en las calles, en el Parlamento e incluso entre los barones territoriales del PSOE, contra tal desafuero. Los informes preceptivos, aunque no vinculantes, de la Fiscalía y del Tribunal Supremo opuestos a esta iniciativa son de tal contundencia, rigor y solidez, que parece increíble que un primer mandatario se atreva desafiarlos.

Ya se oyen voces augurando que la concesión de los indultos a los separatistas catalanes será la tumba electoral de Pedro Sánchez y se cita como precedente la humillación sufrida por el PSOE en las urnas de los reciente comicios madrileños. Asimismo, ven la luz las primeras encuestas en las que aparece la posibilidad de un descalabro gubernamental acompañado de una mayoría de centro-derecha. En un orden de cosas menor, no deja de ser significativo que después de las indicaciones conminatorias del Ministerio de Sanidad para que los menores de 60 años que hubiesen recibido una primera dosis de Astra Zeneca se pongan la segunda de Pfizer, el 90% de los afectados haya elegido que su segunda vacuna sea también de Astra Zeneca, en una demostración masiva de desconfianza en el Gobierno.

La pregunta que cabe plantearse de inmediato es: ¿por qué se empecina Sánchez en cometer una tropelía que muy probablemente le condena a la derrota en 2023? Muy sencillo, porque al persistir en esta decisión aparentemente suicida consigue precisamente agotar la legislatura, que es su auténtico propósito. El presidente y su susurrador vasco-parlante carecen de escrúpulos y no es exagerado calificarles de genuinos desaprensivos e inmorales, pero tontos del todo no son. Saben desde que cerraron el pacto nefando que les dio acceso al poder y que les ha permitido mantenerlo hasta hoy, que esta estructura tóxica, delirante y contradictoria no es prolongable más allá de una legislatura, precisamente porque el aguantarla cohesionada exige una trayectoria que conduce inexorablemente a la victoria de la alternativa.

Atropellos y traiciones
El verdadero plan de Pedro Sánchez no ha sido nunca materializar una agenda ambiciosa de cambio para España al servicio de determinados principios y valores “progresistas”- sus planes pomposamente anunciados para configurar la España del futuro a decenas de años vista son, como su tesis, una tomadura de pelo -. Su intención desde que llegó a la Secretaría General de su partido no ha sido otra que ser presidente del Gobierno a toda costa, por grandes que fueran los atropellos que tuviese que cometer o por repugnantes que fuesen las traiciones necesarias para seguir habitando el complejo de La Moncloa. Eso explica el disparate de los indultos, que no son un movimiento equivocado, sino una bala más, eso sí, la de más grueso calibre hasta la fecha, disparada hacia el blanco hacia el que invariablemente ha apuntado. Si ello implica entregar a su sucesor una España arruinada, internamente desgarrada, endeudada hasta las cejas y con un nivel de paro inmanejable, además de poner en riesgo a los gobiernos autonómicos y a los ayuntamientos socialistas hoy existentes, no le importa nada. Ya no disimula que para él política y egolatría se funden en un repulsivo y destructivo abrazo.

Un país al servicio de Sánchez

Jorge Vilches. larazon 30 Mayo 2021

Es falso que Pedro Sánchez quiera resolver el «encaje» de los nacionalistas en España. Difícilmente puede solucionar el rupturismo catalanista quien da la razón a los golpistas y culpa del «proces» a los constitucionalistas. No se engañen: el sanchismo no viene a arreglar la «cuestión catalana», lo que podría ser una demostración de patriotismo, sino a asegurar su poder. Con este objetivo Sánchez está poniendo el país y la democracia a su servicio personal.

La campaña orquestada por sanchistas y podemitas para indultar a toda costa a quienes apoyan su gobierno es la prueba de la tentación totalitaria del ejecutivo socialcomunista. Para culminar esta estrategia han desarrollado un plan con cuatro puntos.

El primero, tan evidente como insultante, es apelar a las emociones diciendo que no es la hora de «la venganza o la revancha» para referirse a la aplicación de una sentencia firme. Es la argumentación de la ignominia que prepara, esperando encontrar el auxilio de sus intelectuales orgánicos para convencer al electorado socialista. No se trataría de un perdón, sino de un «echar al olvido», como están haciendo con ETA, para normalizar el pacto con el golpismo. Esa sería la España «sin hipotecas» de la que habla Iván Redondo.

El segundo, ligado con el primero, es culpar a los populares de lo que ocurrió en Cataluña. Lo dijo Carmen Calvo: no fue un golpe contra el Estado, sino contra el PP. Esto permite al sanchismo deslegitimar una vez más a la oposición, su crítica a los indultos y a la connivencia con el independentismo, y reforzar el Pacto del Tinell, aquel nada con el PP, todo contra el PP.

El tercero es un nuevo ataque a la separación de poderes. Los sanchistas piensan que todas las instituciones deben ser la prolongación de su Gobierno, incluida la Corona. No aguantan a los jueces independientes o que les contradicen. De ahí su empeño en meter mano en la elección del órgano judicial, tanto como la resistencia del PP a que lo hagan y la reprimenda de la Unión Europa a Sánchez.

El cuarto, vinculado al anterior, es la apelación a la «voluntad política». Jaume Asens, portavoz de Podemos, señaló que «el tiempo de los jueces como guionistas de la política ha terminado», y que empezaba el suyo, el de quienes quieren saltarse la ley, las sentencias y la separación de poderes para satisfacer a los rupturistas que aseguran su mayoría parlamentaria. Esta izquierda piensa que una mayoría circunstancial elegida en una votación ordinaria otorga el derecho a un poder constituyente que dé la vuelta al sistema.

Esto último es lo más preocupante. Hannah Arendt señaló hace décadas que la apelación a la «voluntad política» para saltarse el Estado de Derecho, las instituciones democráticas, los protocolos jurídicos y el espíritu de concordia, es una demostración de autoritarismo. La idea de que la «voluntad» otorga legitimidad para prescindir de la ley es el argumento de los tiranos. Esa «voluntad» va a permitir que junto al indulto a los golpistas se instale una «mesa de diálogo bilateral», y que venga un nuevo estatuto para Cataluña que contemple lo que el Tribunal Constitucional no permitió en 2010. El conjunto es una victoria nacionalista en toda regla. Mostrarán la sumisión de Sánchez, la guerra entre los poderes del Estado y su debilidad, y que tienen razón en exigir la independencia.

España no se merece caer en la tiranía, en este retorcimiento de la ley y el espíritu de la democracia liberal para sostener a Sánchez en la Moncloa. El país no está a su servicio, sino al revés.

¿Firmará el Rey el decreto de indulto?
Jesús Cacho, vozpopuli.es 30 Mayo 2021

Echo en falta al Rey Felipe VI en la crisis de Ceuta con Marruecos

Hace escasas fechas, el rey Felipe VI recibió en Zarzuela la visita del consejo de administración de un importante grupo empresarial con motivo de cumplirse el centenario de su fundación. Sentados en semicírculo frente al monarca, los visitantes, cercanos a la decena, pudieron charlar durante algo menos de una hora sobre la historia del grupo, que el rey parecía conocer al dedillo, y sobre diversos temas de actualidad. Y uno de los presentes tuvo el arrojo de sacar a colación el contencioso de Cataluña, centrando su pregunta en la anunciada concesión del indulto a los golpistas condenados.

-¡Por ahí, no; por ahí, no! –respondió tajante Felipe VI, moviendo manos y brazos, los índices extendidos, del centro a los laterales con gesto de absoluta convicción.

El que había preguntado se atrevió entonces a sacar las conclusiones oportunas de semejante demostración:
-¿Entonces seguimos en el espíritu del 3 de octubre de 2017?
-Exactamente en el 3 de octubre de 2017.

De modo que los presentes salieron reconfortados y convencidos de que para el Rey el indulto a los golpistas es una línea roja que la Corona no está dispuesta a sobrepasar so pena de verse arrastrada al lodazal en el que Pedro Sánchez ha convertido a las instituciones de nuestra democracia. La carta magna establece que “el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia” y le confiere la misión de “guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes”. Al mismo tiempo, dispone que el monarca ejerce “el mando supremo de las Fuerzas Armadas”, cuya misión consiste en “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Principios todos que chocan frontalmente con la realidad de unos políticos separatistas que no solo no han manifestado arrepentimiento alguno por los delitos por los que fueron condenados en sentencia firme, sino que expresa y reiteradamente han manifestado su voluntad de volver a atentar (“ho tornarem a fer”) contra ese principio constitucional de la “integridad territorial” que las Fuerzas Armadas, con el Rey al frente, están obligadas a defender. El choque entre el mandato constitucional y el indulto que Sánchez intenta perpetrar en su personal provecho no puede ser más brutal.

La Constitución también fija entre las obligaciones del Rey la de “Expedir los decretos acordados en el Consejo de Ministros”, de donde se infiere que Felipe VI tiene muy escaso margen, por no decir ninguno, para negarse a firmar el decreto de concesión del indulto cuando el asunto llegue a firma regia. Hay precedentes históricos que plantearon “soluciones imaginativas” para tratar de salvar tamaño conflicto de legitimidades. El presidente de la II República, el cobardón de Niceto Alcalá-Zamora, como a primeros de junio de 1933 se resistiera a rubricar la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas (ley de secularización de la enseñanza) que acababa de ser aprobada en el Parlamento, hizo constar en la antefirma del decreto el precepto constitucional que le obligaba a ello a pesar de ser contrario a la norma. Mucho tiempo después, abril de 1990, el rey Balduino de Bélgica renunció durante 36 horas al trono para no tener que validar la ley de despenalización del aborto. El Gobierno belga salvó la objeción de conciencia real recurriendo a un artículo de su carta magna relativo a “la incapacidad temporal para reinar del representante de la Corona”, treta mediante la cual el monarca cedió temporalmente sus poderes al Consejo de Ministros.

El conflicto adquiere perfiles particularmente peligrosos en el caso español en razón al protagonismo que el propio Felipe VI asumió en su memorable discurso del 3 de octubre de 2017. Ante la desidia de ese otro gran cobarde, uno de los mayores responsables de la situación que hoy aflige a España, llamado Mariano Rajoy, el monarca se vio obligado a salir a escena para enviar a los españoles un mensaje de firmeza y esperanza. (Termino ya estas palabras para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España”). Los golpistas en modo alguno se iban a salir con la suya. Verse ahora en la tesitura de tener que rubricar la medida de gracia que proyecta el felón de Moncloa para ese separatismo reincidente, además de provocador, coloca al titular de la Corona en una situación delicada, sometido a una tensión que podría hacer saltar por los aires el frágil equilibrio institucional en el que ahora navega esa balsa de piedra a la deriva llamada España.

Cualquier intento, por leve o modesta que fuera su naturaleza, que la Casa del Rey pretendiera poner en marcha para dejar constancia ante la ciudadanía del rechazo de la Corona a la medida de gracia, solo conseguiría profundizar la crisis de un régimen que hoy bascula entre un Rey constitucional garante último de “la unidad y la permanencia de España” y un presidente dispuesto a hacer almoneda de esos principios en su personal provecho. Un tipo capaz de vender su país al mejor postor para poder seguir unos meses más en el poder, no dudaría en hacer saltar por los aires los frágiles equilibrios institucionales que en estos momentos soportan el edificio de la convivencia en España. Le bastaría con pedir al amanuense que ha colocado al frente del CIS una encuesta sobre la institución, con las preguntas adecuadas, para que el gran Tezanos le sirviera en bandeja el finiquito de la Corona.

No pocos argüirán que Felipe VI debería haber llamado a capítulo al presidente, cosa que probablemente haya hecho ya, para manifestarle su disgusto y hacerle entrar en razón. El “todo Madrid” está al cabo de la calle del cabreo de Zarzuela con las políticas de este Gobierno y en particular con el intento de indultar a los líderes separatistas de quienes depende la continuidad de Sánchez en Moncloa. He ahí un presidente obligado a cumplir las exigencias que le plantean sus socios o, en caso contrario, disolver las Cámaras para ir a elecciones generales. Un Gobierno en minoría entre la espada y la pared. Tal es la dimensión del drama. Es lo que algunos han llamado el “autoindulto” de Pedro Sánchez. El espectáculo impúdico de ver al poder perdonándose a sí mismo. ¡El jefe de la banda indultando a la banda!

Hay quien sostiene que el desgaste al que Sánchez pretende someter a Felipe VI al hacerle firmar un decreto que, a tenor de las encuestas, rechaza el 80% de la ciudadanía –incluido una amplia mayoría del voto socialista- es de tal calibre que el truhan no se atreverá finalmente a dar el paso y buscará soluciones alternativas para hacer efectivo el pago de esa nueva letra que el separatismo le ha pasado a cobro antes de que termine el actual periodo de sesiones. Para quienes tal opinan, resulta incomprensible que persista en la vía del indulto -una medida jurídica- siendo así que no cuenta con el respaldo del Tribunal Supremo y ni siquiera de esa Fiscalía jerárquicamente dependiente del Gobierno. Continuar por ese camino se toparía de inmediato con los correspondientes recursos ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo (parece que Vox es el único legalmente legitimado para hacerlo, en razón a su personación como acusación popular en el juicio del 'procés'), recursos que tendrían muchos visos de prosperar dado el tenor del informe del Alto Tribunal conocido esta semana.

Pero es que Vox apunta más lejos al haber anunciado ya la eventualidad de una posterior querella “contra todo el Consejo de Ministros” por prevaricación en la concesión de los indultos. Ese recurso a la vía penal hará que algunos de los que hoy se sientan en el banco azul se tienten la ropa a la hora de “tirarse por el barranco” tras el inmarcesible Sánchez. Ver a este Gobierno infame sentado un día no lejano en el banquillo sería algo más que eso que hemos dado en llamar “justicia poética”. Razón por la cual no sería descartable que finalmente abandonara la vía judicial para ir a la política, con la presentación en el Congreso de una Ley de Amnistía (que es lo que realmente le están pidiendo sus socios de investidura: una amnistía y un referéndum de autodeterminación), que podría aprobar por la mayoría parlamentaria de que dispone. Sería una solución política para un problema que el propio Sánchez proclama político. Una ley de amnistía es precisamente lo que emplearon el PSOE y el resto de fuerzas del Frente Popular para liberar a los nacionalistas catalanes de ERC que el 6 de octubre de 1934 se alzaron contra la II República con Lluís Companys al frente. La historia se repite. Como en el caso del indulto, el precio a pagar por el perfecto amoral que nos preside sería devastador. Haga lo que haga, Sánchez es hombre muerto y lo sabe. Sus días están contados.

Alta traición
No se puede perdonar por apoyos parlamentarios a un sedicioso no arrepentido que promete reincidir
Enrique López. larazon 30 Mayo 2021

Hace un tiempo cité en este misma Tribuna un artículo de Francisco Tomas y Valiente titulado «La gracia y la justicia», donde recordaba que, frente al absoluto derecho de gracia en las antiguas monarquías, hoy es una potestad del Gobierno sometida al cumplimiento de de unos presupuestos legales, aun su naturaleza discrecional. El art 9.1 de la Constitución también rige para el Gobierno, y por ello está sometido a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico, ¡faltaría más!

Las reflexiones del maestro son de rabiosa actualidad, nos recordaba que el arrepentimiento en el indulto es un requisito esencial para su concesión, y además decía que «en la exigencia del arrepentimiento no hay que ver una voluntad legal de humillar al vencido,… Se trata de un requisito objetivo de garantía respecto al comportamiento futuro del recluso posible beneficiario del indulto. Si sucede, como ocurre en el caso presente, que el recluso ni siquiera solicitó personalmente el indulto y, desde luego, no ha manifestado su arrepentimiento en relación con su conducta delictiva y reincidente y no ha acatado la Constitución contra la cual se rebeló, la denegación del indulto es una consecuencia jurídica lógica y debida». Creo que insistir sobre esto es ocioso, y que si el Gobierno, tras el informe del Tribunal Supremo, concede los indultos a los condenados por su sediciosa y corrupta actuación, estaría adoptando actos arbitrarios e injustos con todas la consecuencias que ello acarrease, que no tienen por qué estar solo dentro del orden contencioso administrativo.

Esto por sí mismo descalificaría a todo un gobierno y lo enfrenta a su función de gobernar ordenada por el interés general y el bien común, estaría actuando como el propio informe adelanta, bajo una forma de autoindulto para asegurarse el manteniendo del apoyo de los independentistas, toda una ignominiosa inmoralidad propia de los gobernantes más abyectos y detestables. Este tamaño despropósito se produce en un momento en el que el presidente Sánchez paga y paga inmorales compromisos contraídos con las fuerzas políticas que lo sostienen en el poder, y así estamos asistiendo a los vergonzosos e inmorales acercamientos de asesinos etarras, entre ellos el de Bienzobas, el asesino de Tomás y Valiente, ¡qué triste paradoja!

Hace unos días el presidente Sánchez utilizó el Eclesiastés para decir que hay un tiempo para todo, pero para lo que no puede haber un tiempo es para humillar al Estado de Derecho y al Pueblo Español, no se puede perdonar por apoyos parlamentarios a un sedicioso no arrepentido que promete reincidir, hacerlo es lo mismo que legitimar y convertir sus delitos en meras actividades políticas. Como decía George Washington del gobierno «no debemos permitir que manos irresponsables lo controlen». Las penas que impuso el Supremo son precisamente la forma en que la justicia defiende ese legado de concordia convertido en ley a la que todos, también los políticos catalanes con ideologías independentistas, debemos someternos. Si el Gobierno termina aprobando estos indultos equivaldrá a que un Gobierno de España les pida perdón a unos delincuentes y declare culpables a los jueces que les condenaron.


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