AGLI Recortes de Prensa   Lunes 31  Mayo  2021

13 de junio, Colón
EDITORIAL. https://gaceta.es 31 Mayo 2021

Cumplidos tres años de la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa, España ha demostrado una resistencia —resiliencia lo llaman ahora con profunda cursilería— formidable ante el peor Gobierno con el peor presidente que los siglos han visto y que, no contento con ello, nos anuncia una transformación radical y totalitaria de nuestro modo de vida para las próximas décadas al dictado de las elites globalistas.

Cabe preguntarse qué habría pasado si este desastre hubiera sido protagonizado por un Gobierno, y disculpen la etiqueta, de derechas. La respuesta la saben todos los españoles que recuerdan las grandes movilizaciones de la izquierda —huelgas generales incluidas convocadas por los sindicatos hoy vergonzosamente callados— en contra de ciertas decisiones ejecutivas de la etapa de José María Aznar.

Provoca escalofríos imaginar qué habría pasado si un Gobierno no socialista hubiera anunciado a los españoles «apenas uno o dos casos de coronavirus» y hubiera habido 120.000 muertos, una caída del PIB real de alrededor del 18 por ciento, cientos de miles de trabajadores en ERTE con un futuro más que complicado y obligados a pagar impuestos, cien mil empresas cerradas, decenas de miles ahogadas, un plan de vacunación que nos ha colocado en la cola de Europa, estados de alarma inconstitucionales, jueces pidiendo auxilio a Europa, planes de reinicio de la cultura española, una invasión provocada por un Estado extranjero de una ciudad española, subidas de impuestos, nuevos tributos, subida del precio de la energía, más gasto político, más despilfarro público, más multas, más deuda pública, menos ahorro, despidos masivos en bancos que ganan miles de millones, subida de cotizaciones a los autónomos, un vicepresidente que se abraza con dictadorzuelos bolivarianos o que escuchan himnos puño en alto para vergüenza de España, una pésima gestión de las peticiones de los fondos extraordinarios europeos que no sabemos cuándo llegarán, violencia política promovida por elementos del Gobierno, inversión de la carga de la prueba, contubernios y encuentros jamás aclarados ni investigados entre un ministro y una proscrita narcochavista, el peor ministro del Interior de la historia democrática española, la primera directora de la Guardia Civil que se salta la neutralidad obligada en un instituto militar, oficiales militares represaliados por cumplir la legalidad, cultura del decretazo, políticas activas identitarias, uso y abuso del BOE, uso partidista y del CIS, uso sistemático del derecho positivo, transferencias autonómicas que nos helarán la sangre, centrales sindicales históricas calladas como perros royendo huesos, el sector agrícola y ganadero castigado, una España rural que es el gran enemigo del reinicio que anuncia el Gobierno, un invierno demográfico que se va a juntar con la llegada de la generación del auge de la natalidad a la edad de la jubilación pensionada, una España africana abandonada y usada como puerto de la inmigración ilegal…

Y cómo éramos pocos… el anuncio de que los golpistas catalanes van a ser indultados en contra de los informes de Supremo, de la Fiscalía (por ahora) y de la inmensa mayoría de la opinión del pueblo español…

O estamos ante un Gobierno de una ineptitud brutal a la altura de la tesis doctoral fraudulenta de su presidente o nos encontramos ante un plan premeditado para convertir a España en un páramo socialista. O puede que sea una combinación de estulticia y malicia. Sea como sea, y ahora que la pandemia de virus chino — ya se puede decir de dónde salió el virus, y no fue de un pangolín, sin que las redes sociales nos cancelen— parece que da un respiro y los españoles empiezan a sacudirse el miedo grabado a fuego por Fernando Simón, es sin duda el momento de salir a la calle a contestar al desastre y a demostrar que mucha más de media nación no está dispuesta a rendirse ni, de paso, a consentir que el gusano amarillo empiece a formar parte de una dieta mediterránea feminista y ecosostenible.

El domingo, 13 de junio, los españoles hemos sido convocados a una gran manifestación en contra de tres años desastrosos que incluyen un año y medio descabellado. La convocatoria ha partido de Rosa Díez, una mujer que, por haber militado en el socialismo, reconoce desde las filas de la resistencia las señales de este proceso de destrucción de la nación española por obra de un hatajo de incompetentes totalitarios que se dicen progresistas.

VOX, el único partido que en la sede de lo que queda de la soberanía nacional ha plantado cara a Sánchez con una moción de censura intachable desde el punto de vista ético y patriotico, ya ha anunciado por boca de su líder, Santiago Abascal, que acudirá al llamado de Rosa Díez. El Partido Popular, también, aunque con la intención vergonzante —no declarada, pero sí filtrada— de evitar cualquier fotografía que comprometa su renovado fervor centrista y su apuesta —esta sí declarada y comprobada en la posición hostil del PP hacia VOX en la reciente invasión marroquí de Ceuta— de recoger los votos que el pobre y mísero sanchismo va arrojando por detrás.

Todavía queda tiempo para que el Partido Popular medite bien las consecuencias que puede tener para España reclamar el apoyo de VOX allá donde —ayuntamientos y autonomías— tiene posibilidades de gobernar, pero negarse a compartir una pancarta por el qué dirán.

Conocemos bien la enorme pereza de Génova a la hora de salir de los reservados de los restaurantes y tomar la calle sacudiéndose la pesada carga de la moderación. Pero conocemos también a sus votantes —los que no hace tanto gritaban ‘socialismo o libertad’— y a ellos nos confiamos. Contra Sánchez, contra su enorme petulancia y su infinita ineptitud, contra sus socios comunistas, secesionistas y apesebradistas no valen perezas, ni contradicciones.

Al fin y cabo, es por España. Todo, incluso lo más fácil como volver a Colón el domingo, 13 de junio, y sujetar firme una pancarta junto a unos socios fiables y una mujer honrada, por España.

Los blanqueadores
Nota del Editor 31 Mayo 2021

Iremos a Colón. Cualquier granito de arena en la rueda del dr cum fraude es necesario. Pero no podemos olvidar a todos aquellos que ayudaron a que la izquierda y su comunismo les pareciera a muchos como una nube sin el pasado (y presente) terrible que sufre la humanidad bajo su terrorismo.y sus mentiras.

¿Es tan distinto Sánchez de Guerra o de González?
Miguel Ángel Belloso. okdiario 31 Mayo 2021

La llegada a la presidencia del Gobierno de personajes siniestros como Zapatero, que ahora trabaja lucrativamente para la dictadura chavista, o de Sánchez, que pretende demoler el edificio constitucional sin clase alguna de pudor, ha despertado en muchos socialistas de una cierta edad y tradición la nostalgia, e incluso un sentimiento de melancolía por los viejos tiempos, en los que el PSOE contribuyó al engarce legal de la Transición y aseguró la continuidad en paz del país.

Pero este es un sentimiento poco respetuoso con lo que sucedió en aquellos años ciertamente añorados. En 1982, el PSOE ganó rotundamente las elecciones y obtuvo una mayoría de 202 escaños. Podría haber hecho todas las tonterías que figuraban en su programa electoral, sobre todo en los asuntos económicos, pero tuvo la suerte de que poco antes habían ganado los socialistas en Francia, que con el primer ministro Mauroy llevaron a cabo antes el mismo plan radical que él se proponía, y que tuvo que ser clausurado por el presidente Mitterrand porque la nación se encaminaba directamente hacia el desastre y la quiebra.

El ministro de Economía de González se llamaba entonces Miguel Boyer, que entendía de sus competencias y que trató desde el principio de conservar los equilibrios del sistema económico; al que se debió, entre otras cosas, una ley puntera como la de la liberalización de los alquileres. Boyer apenas aguantó tres años en el Gobierno. Se marchó en 1985, porque la cohabitación con el vicepresidente Alfonso Guerra, depositario de las esencias del socialismo de pana, había llegado a un punto insostenible. Guerra, que ha madurado colosalmente como los buenos vinos, fue sin embargo el que dijo aquello de que a España no la iba a conocer ni la madre que la parió -y lo consiguió-, también prometió que se crearían 800.000 puestos de trabajo de los que nunca se supo, y el que dio por muerto a Montesquieu y su teoría de la división de poderes.

Para el proyecto de cambio socialista, la Justicia, que según Guerra estaba en manos de magistrados conservadores, que ahora diríamos fachas, era un inconveniente insalvable de cara a los planes de reconformar sectariamente España y perpetuar al socialismo en el poder. Y esta es la razón por la que el Gobierno de González cambió la manera de elegir a los jueces atribuyendo esta tarea al Parlamento, es decir, poniendo al Consejo General del Poder Judicial al albur del régimen político de turno, que en aquel momento tanto Guerra como González pensaron que ostentarían eternamente por los mismos motivos que dijo hace poco el inefable y probablemente corrupto Monedero: “porque no es normal que un obrero vote a la derecha”.

El caso es que en estos días tan aciagos como de vez en cuando luminosos el Tribunal Supremo se ha opuesto graníticamente a conceder los indultos a los golpistas catalanes que acaricia y ha más que sugerido el señor Sánchez. Los considera del todo inaceptables y contrarios a Derecho. Piensa que serían un atentado al orden constitucional y desaprueba adicionalmente cualquier intento de modificación legal del delito de secesión. A pesar de la reprimenda y del borrón, tengo pocas dudas de que Sánchez aceptará el órdago porque de él depende la sostenibilidad del Ejecutivo, que necesita los votos de los independentistas catalanes, aunque me dicen abogados amigos que, si bien el dictamen y advertencia del Supremo no son vinculantes, podrían ser esgrimidos ante cualquier recurso posterior a la eventual gracia como una señal de prevaricación. Es decir, que la discrecionalidad no siempre sale gratis.

¿Correrá Sánchez ese riesgo? Lo hará. ¿Arriesgará la desaprobación masiva y en cascada de la población, que ya lo detesta mayoritariamente? Lo hará. Así lo ha aventurado su consejero Iván Redondo: “Para arreglar lo que ha pasado se necesita un liderazgo valiente”. Es decir, el de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. También ha declarado: “Yo estoy dispuesto a tirarme por un barranco por él” y seguir a su lado hasta la derrota final. Esto no es un asesor ni un jefe de Gabinete, esto es un hombre. No me resisto a decir que sería delicioso verlos a los dos al fondo del barranco.

Desde hace un tiempo el petimetre ha intentado de todas las maneras posibles designar un nuevo Consejo General de Poder Judicial -cuyo plazo de vigencia se ha consumido- pero no para mejorar la administración de los derechos y de las obligaciones de los ciudadanos sino para situar al frente del máximo órgano a miembros comunistas de su socio Podemos y de otros adictos con intereses siempre espurios. El PP se ha opuesto de momento, y así debería hacerlo hasta el final, porque lo que está en juego es preservar al máximo la competencia de quienes dirimen los litigios que se le presenten al margen de la adscripción política de los concernidos. El deterioro del estado de Derecho en nuestro país es tan alarmante que hay que negar cualquier posibilidad de pacto o de arreglo con el Partido Socialista de Sánchez, que no tiene otro propósito que la continuidad en el poder a cualquier precio.

El ex presidente Felipe González declaró la semana pasada que jamás concedería los indultos en las actuales circunstancias, y Alfonso Guerra ha afirmado que el perdón es políticamente indeseable y además sería ilegal. Pero escribo este artículo precisamente para recordarles que estos sucesos tan lamentables, que estos polvos que tenemos que padecer derivan de aquellos lodos cultivados por los eximios socialistas de entonces. Hace unos días, el gran Jorge Bustos hizo una entrevista en El Mundo a Alfonso Guerra, y requerido al respecto afirmó seguir pensando lo mismo que en 1982. “Soy claramente partidario de que el Poder Judicial se elija desde donde está la soberanía popular. ¿Qué garantía es mayor, la corporativa o la democrática? Si los jueces eligen a sus jueces, los médicos a sus jefes, los abogados a los suyos… eso es un Estado corporativo, no un Estado democrático. ¿Quién tiene más legitimidad? ¿La soberanía popular elegida por los 45 millones de españoles o un grupo de 3.000 jueces que se van a regir a sí mismos?”

Pues no, señor Guerra. Esta es la más palmaria demostración de que el inefable Sánchez no deja de ser un digno heredero de esta forma incorrecta de pensar. Afortunadamente, Alfonso Guerra nunca supo nada de economía; sólo enviaba a sus secuaces, durante la época de González, para preguntar a Boyer o a Solchaga qué había de socialista en las políticas en su opinión extemporáneas que proponían tales desviacionistas. Pero esta manera de discurrir según la cual todas las instituciones del Estado deben responder a la voluntad popular, que tanto defienden los intelectuales progresistas tipo Estefanía Moreira, es corrosiva. Es la demostración evidente del mal genuino del socialismo, de su reticencia contumaz a los pesos y contrapesos que hacen grandes a las democracias legendarias y evitan el populismo, la demagogia y, sobre todo -que es lo más importante- la quiebra económica de las naciones.

Pensando como Guerra no existirían los bancos centrales, ocupados de controlar la inflación y de la higiene del sistema bancario al margen de la conveniencia política, ni los órganos independientes que vigilan el funcionamiento competitivo del mercado, ni las instituciones que se encargan de la buena marcha de las plazas bursátiles. Esto no es corporativismo, es la manera más adecuada que se ha inventado para controlar el poder político, cuya tendencia a la ocupación y la malversación de los fines para los que fue elegido es el pan de cada día, y mucho más si tiene socialistas al frente como Guerra o el señor Sánchez, que hacen ascos a cualquier prurito de excelencia.

Con la llegada al poder de Zapatero, que jamás habría sido secretario general del PSOE sin la intervención de Alfonso Guerra -empeñado en vetar a toda costa a José Bono-, y el advenimiento a la Moncloa de Sánchez, el socialismo se ha prostituido por completo. Es un desecho de tienta. Un producto altamente tóxico. Se ha descolgado de los ataques de racionalidad que tuvo cuando abominó del marxismo, cuando promovió la integración del país en la OTAN, cuando se integró exitosamente en la Comunidad Europea -camino ya despejado por el inefable Leopoldo Calvo-Sotelo-, cuando hizo lo poco que estaba en sus manos, dados sus prejuicios y desorientación económica, por preservar los equilibrios financieros del país.

Pero no nos equivoquemos. La vis antidemocrática del socialismo es consustancial a su historia. Viene de la II República, del Largo Caballero que reivindica estos días Sánchez, y también de Alfonso Guerra, un señor bien madurado como los buenos vinos que sigue teniendo pese a todo una manera muy particular de entender la democracia representativa y en concreto la independencia del Poder Judicial. Como Sánchez.

¿Declive socialista en Europa? España demuestra la misma tendencia
“El socialismo, que presume de juventud, es un viejo parricida. Él es quien ha matado siempre a su madre, la República, y a la Libertad, su hermana”, Honoré de Balzac
Miguel Massanet. diariosigloxxi 31 Mayo 2021

Como suele ser algo habitual en nuestro país siempre solemos estar un paso atrás del resto de Europa, en cuanto al régimen político del que gozamos y a las libertades de sus ciudadanos y, Europa, también suele equivocarse al juzgar lo que pasa en nuestra nación, no se sabe si por una cierta prevención heredada de aquellos tiempos en los que España era la nación más poderosa de este continente, de aquellos famosos Tercios de Flandes y de nuestras riquezas coloniales o bien, porque el poderoso influjo de los medios de comunicación, nacionales y foráneos, acostumbra a ensañarse con nosotros tergiversando hechos, manipulando informaciones, propagando falsas verdades y ocultando, con sospechosa malicia, aquellas circunstancias, motivos, ruindades y actuaciones totalitarias que han hecho de los actuales gobernantes del reino de España, unos candidatos cualificados a transformar nuestra democracia en otra de aquellas dictaduras existentes en el mundo, que están situadas bajo la égida de gobernantes que utilizan el poder para imponer, a los ciudadanos, el sistema totalitario propio de aquellos países que estuvieron dominados y esclavizados por Moscú y sus satélites bolchevizados.

En España no tenemos un gobierno que se preocupe de gobernar, de interesarse por los verdaderos problemas de los ciudadanos, de impulsar una economía que sea capaz de superar el grave hundimiento provocado por la Covid 19, de promover políticas que incentiven el que, las empresas contraten a más personal, alivien su carga fiscal y que, en lo laboral, no se actúe en contra de la normativa europea, enmendando la plana a lo que fueron cambios que el PP tuvo que poner en marcha a su petición, para flexibilizar el despido como un medio de poder ajustar, en momentos difíciles de crisis, sus respectivas plantillas de acuerdo con las necesidades reales de personal, evitando que, una sobrecarga insoportable en los costes de producción, provocase la quiebra definitiva de la empresa.

Y una muestra de esta falta de sincronización que tenemos con el resto de naciones europeas, la observamos en el hecho de que, de los 27 estados de la UE solamente seis de ellos están dirigidos por socialistas. En el 2002 eran 13 de los 15 miembros, una diferencia que nos hace pensar que el sistema económico de los socialistas, sus resultados como gobernantes y el cambio espectacular que ha sufrido el PSE, desde aquella fecha, en cuanto a los votos de que disponían entonces, demuestra a las claras que los europeos se han apercibido del peligro que supone para toda Europa el dejar en manos de sus políticos de izquierdas el futuro de la UE. Lo curioso es que el trasvase de votos, al menos en el caso alemán, parece que a quienes favorece es a los Verdes, con los que no parece que, los distintos partidos socialistas nacionales, hayan sabido entenderse.

Y si nos fijamos en la situación en nuestra patria, tendremos que admitir que tenemos a un gobierno, de 23 ministros, de los cuales no parece que tengan un cometido verdaderamente específico apenas la mitad de ellos; los otros serían prescindibles. Una muestra de que, junto a los casi mil asesores que tiene contratados el ejecutivo, y el aumento exponencial de los empleados públicos, no parece que sea el modo más eficaz para controlar el gasto público ni para llevar adelante una política que nos permitiera reducir la enorme deuda pública que, en estos momentos supera, con creces, nuestro PIB. Estamos en una situación en la que, quienes nos gobiernan, han estado sometidos a un estrés especial debido a los fracasos sufridos, en cuanto a unas mociones de censura que han resultado unas pifias y, por añadidura, una derrota en la comunidad madrileña que ha puesto al rojo vivo al socialismo español, alarmado ante las consecuencias electorales que, a largo plazo, pueda tener este cambio de orientación del voto, junto a la necesidad ante la que se encuentran el señor Pedro Sánchez y sus colaboradores, de tramitar el indulto de los presos en Lledoner , si es que no quieren perder el apoyo que vienen recibiendo del independentismo catalán. Por una parte, los catalanes soberanistas no le ponen la cuestión del indulto fácil al gobierno del Estado, debido a que los propios afectados no quieren que los indulten, sino que sea el Estado quien reconozca que los golpistas actuaron legítimamente proclamando la República Independiente Catalana.

Uno de estos insignes papanatas de la política, integrante de este gobierno, encargado de mantener la figura de P.Sánchez a flote, en esta tormenta de desaguisados en la que nos han metido, el señor J.L Ábalos, un sujeto cuya única capacidad, entre una multitud de errores difícilmente explicables, es pretender justificar, lo injustificable, al dar por seguro la concesión de los indultos en base a algo que, a pesar del tiempo que ya llevan en el poder, no lo han podido conseguir: “El Gobierno está decidido a normalizar la convivencia y la política en Cataluña”. ¿Quién dice que con esta bajada de pantalones el Gobierno conseguirá que los soberanistas dejen de reclamar su “derecho” a la independencia? ¿Por ventura, van a firmar su renuncia a ella? La señora Calvo, uno de los personajes más siniestros del actual gobierno, jurista constitucionalista y profesora universitaria, se permite despreciar el informe aplastante de todo el TS, por unanimidad, en el que se ponen en evidencia la falta de los requisitos fundamentales para que un indulto (en primer lugar, se debe conceder individualmente no a un colectivo) pueda ser otorgado por el Gobierno, requiere arrepentimiento y compromiso de no volver a delinquir.

La señora Carmen Calvo se olvida de que, si se concede un indulto bajo la premisa de que los indultados van a poder insistir en sus delitos contra la unidad de España, se puede exponer a que se la culpe de tomar una decisión sabiendo que es injusta, algo que se califica como prevaricación en nuestro CP. Porque aparte del TS también se han manifestado contrarios a la medida de gracia el colectivo de los fiscales y varios partidos políticos que ven, en esta jugada del Gobierno, un interés particular del señor Sánchez para poder mantenerse en el poder, cueste lo que cueste y pese a quien pese. El propio presidente, Sánchez, se ha manifestado en el sentido de que “la decisión que tome estará basada en el diálogo (¿de qué diálogo habla? Aquí no hay nada que dialogar con los afectados, se concede el indulto o se deniega, pero no se discute con los presuntos indultados), la concordia (¿toma la decisión de indultar a un señor en virtud, no de sus circunstancias personales y sus buenos propósitos de enmienda, sino para estar en concordia con él?) y el entendimiento en España”.

Error tras error y, mientras tanto, la concordia que predica el señor Presidente del ejecutivo se está convirtiendo en precisamente todo lo contrario, porque este anuncio de indulto está provocando la indignación de propios y extraños, que no alcanzan a ver como es posible que se obvien todos los informes de aquellos organismos directamente afectados por el juicio del 1ºO y por los millones de españoles de todos los pensamientos políticos que hay en España, que son contrarios en una gran mayoría a que se recompense y se les reconozca, implícitamente, a unos señores que se levantaron contra España, que la sentencia del TS fue un error y que ellos actuaron con pleno derecho al pedir que Cataluña se constituyera en una república independiente.

Y, hete aquí, al señor periodista Enric Juliana, uno de los colaboradores más directos de La Vanguardia, apuntándose a la idea de que “Los indultos a los políticos catalanes presos (no a los presos delincuentes que, además, son políticos) van a tener un efecto positivo para España en la arena internacional”. No sabemos si en la arena, como dice él, internacional, puede tener algún efecto beneficioso, pero nada avala que lo que piensa el señor Juliana, evidentemente arrastrado por su propia idea del soberanismo de Cataluña, no tiene viso alguno de que sea, ni remotamente, cierto.

Antes bien, es más evidente el hecho de que, países como la Gran Bretaña, Alemania, Francia que, en muchos casos, han tenido problemas internos con algunas regiones propias que manifestaron la intención de reclamar más independencia, pudieran estar satisfechos de que unos delincuentes, que han atentado contra la unidad de su país, pudieran salir bien librados en base a que, en la sentencia del TS del país, se cometiera el grave error al aplicar mal la Ley, (algo que, por supuesto, no ha ocurrido) sentenciando a los condenados.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, lo que resulta más evidente es que, en esta lucha existente entre los soberanistas catalanes y el Gobierno del Estado, es evidente que los separatistas llevan la iniciativa y el gobierno no hace más que ir cediendo, cada vez más, en cuanto al chantaje que se le hace con la amenaza de que, si ellos rompen la baraja, el gobierno del señor Pedro Sánchez se acaba antes de finalizar la legislatura. Y una frase del insigne don José de Echegaray que nos pude hacer pensar: “El hombre sabe transformar su mundo exterior con su genio y voluntad. Aprenda a transformar también con su voluntad y su genio sus propios egoísmos, y entonces sí que todo será luz.”

La reunificación del voto gana elecciones
En Andalucía y Castilla-La Mancha, también es el PP quien mejora a costa de Ciudadanos
Editorial La Razón 31 Mayo 2021

El Partido Popular no sólo podría renovar la presidencia de la Junta de Andalucía, sino que, de celebrarse hoy las elecciones autonómicas, desbancaría al PSOE en Castilla-La Mancha y se haría con el gobierno de la región que preside Emiliano García-Page. En ambos casos, tal y como reflejan los sondeos de «NC Report» elaborados para LA RAZÓN, los populares necesitarían el apoyo parlamentario de VOX, partido que se consolida como tercera fuerza en ambas comunidades, reflejo de los sucedido en las últimas elecciones generales, pero que ya no crece sólo a costa de antiguos votantes del PP, sino por la captación de nuevos electores, muchos procedentes de la abstención.

En el caso andaluz, el partido que preside Juan Manuel Moreno Bonilla conseguiría reeditar la victoria de Javier Arenas, pero con la diferencia sustancial de que el PSOE, – que se hallaba en pleno debate interno mientras se realizaba el trabajo de campo de la encuesta– no podría contar con el apoyo de una extrema izquierda dividida en dos formaciones, al parecer, irreconciliables, que perdería hasta seis de los escaños que obtuvo como Adelante Andalucía. Es la constatación de un hecho sabido en unos sistemas electorales como los españoles, que la unificación del voto gana elecciones, más en un escenario de fragmentación de las opciones políticas.

Es lo que está sucediendo en el campo ideológico contrario, como demostraron los recientes comicios madrileños, donde el Partido Popular se beneficia de la caída de Ciudadanos, pero, también, del cambio de tendencia política que recogen las encuestas a nivel nacional. Porque, como ocurre con VOX, y aún en mucha mayor medida, los populares también suman muchos apoyos entre los «nuevos electores», fenómeno que comparte con los socialistas y que permite augurar en el corto plazo una vuelta al bipartidismo, en detrimento de las formaciones surgidas al amparo de la crisis económica y social de la pasada década. Precisamente, Castilla-La Mancha es demostrativa de lo que decimos, puesto que el Partido Socialista, bajo la batuta de García-Page, recuperó en las anteriores elecciones los escaños que había cedido a Unidas Podemos, que desapareció como fuerza parlamentaria, y obtuvo una mayoría absoluta en solitario frente a un centro derecha fracturado.

Pero lo que pronostica nuestro sondeo de hoy es un posible «sorpasso» de los populares, gracias en parte a los votos que se deja Ciudadanos, que ganarían las elecciones y podrían gobernar con el apoyo externo de VOX. Hasta qué punto puede consolidar el partido que preside Pablo Casado la tendencia de cambio que describen las encuestas va a depender de muchos factores, entre ellos, y no menos importante, el de si el Gobierno de la nación es capaz de abordar la recuperación económica y social de manera rápida y eficaz. En caso afirmativo, tal vez los votos de Ciudadanos no sean suficientes.

Las bandadas
Nota del Editor 31 Mayo 2021

A pesar de la evidencia, hay muchos medios de reparto de bulos y noticias y sus amanuenses empeñados en defender lo indefendible y se que niegan a dejar que el PP desaparezca, aprovechando que algunos votantes, afortunadamente cada vez menos, sólo se fijan en lo que hace el de al lado, como en las bandadas de pájaros y peces, para seguir en el rebaño en lugar de analizar la situación, lo sucedido, las causas para determinar racionalmente su comportamiento y voto que hoy día en España tiene que ser por  y para Vox.

La foto peligrosa
Luis Herrero. Libertad Digital 31 Mayo 2021

No deja de ser llamativa la falta de imaginación que tiene la factoría Redondo para tratar de hundir en el barranco a la Oposición.

No es verdad que la foto de Colón, la que retrató juntos pero no revueltos a Casado, Rivera y Abascal en febrero de 2019, sea un recuerdo indigesto para la derecha española. Ese es otro de los mantras que ha circulado por los cuatro puntos cardinales de la opinión pública, como mercancía de contrabando, gracias a la capacidad prescriptiva que tiene la izquierda a la hora de establecer el relato de la actualidad. Es cierto que aquella manifestación multitudinaria (el adjetivo no es baladí) dio lugar a que la maquinaria propagandística del Gobierno alumbrara la ocurrencia denigratoria del "trifachito", que no fue otra cosa que un nuevo intento, cainita y pueril, de vender la idea cavernícola de que todos sus adversarios suponen un peligro para la democracia. En aquel acto, según la versión que airearon a voz en cuello los voceros de La Moncloa, las tres derechas concibieron la naturaleza hipostática de una alternativa común, fascistoide y montaraz. El PSOE seguía siendo el único garante posible de la concordia.

Por alguna extraña razón, muchos siguen creyendo que los electores compraron aquella mercancía y que la campaña monclovita contribuyó a la consolidación de Sánchez en el poder. Es fácil demostrar que se trata de una burda mentira. Dos meses después, en abril de 2019, hubo elecciones generales. Ciudadanos, que de ser ciertos los ululatos preponderantes acababa de vender su alma centrista al diablo, cosechó más de cuatro millones de votos y pasó de 32 a 57 escaños. Y Vox, que hasta entonces no tenía representación parlamentaria, obtuvo 24. El PP fue único partido que salió malparado, y no precisamente por culpa de la foto. Casado apenas llevaba seis meses al frente de Génova. La desilusión de sus votantes, tras la desastrosa etapa de Rajoy, había abierto dos vías de agua en las urnas, una los hacia liberales y la otra hacia los conservadores, y el partido se estaba yendo a pique. Colón no tuvo nada que ver con el desastre electoral que le sobrevino. Perdió más de tres millones y medio de votos y 71 escaños.

Visto con perspectiva, el intento socialista de sacar a pasear al dóberman fracasó con estrépito. El bloque de la derecha aún obtuvo 200.000 votos más de los que tenía. Sánchez no sólo no amedrentó a los ciudadanos, sino que les animó a acudir a las urnas para dejar constancia de su independencia de criterio. Cada vez que le hagamos la prueba del algodón a la estrategia de la izquierda de presentar a la derecha como un perro furioso constataremos su banalidad. Hace décadas que no funciona. La prueba más reciente la tenemos en la campaña de las elecciones madrileñas del 4 de mayo. Gabilondo e Iglesias basaron su estrategia en amplificar los supuestos ladridos de Isabel Díaz Ayuso y acabaron siendo devorados por su can imaginario. Hago esta consideración porque no me cabe ninguna duda de que la trompetería gubernamental volverá a interpretar la misma partitura cuando el 13 de junio veamos de nuevo en la plaza de Colón —esta vez revueltos, pero no juntos— a los líderes de los partidos de la derecha.

No deja de ser llamativa la falta de imaginación (y de recursos alternativos) que tiene la factoría Redondo para tratar de hundir en el barranco a la Oposición. Aunque es evidente que la estratagema ya no funciona, vuelve a intentarlo cada vez que se ve en apuros. Y lo asombroso es que al PP aún le acojona. No sé si Casado irá finalmente o no a la manifestación del día 13 pero su reacción inicial ha dejado claro que, si lo hace, será porque no le queda más remedio. Todavía cree que la salmodia sanchista del "trifachito" le perjudica. Ya no es un problema de complejo, empieza a serlo de convicción. Al parecer, que un socialista en horas bajas, ebrio de poder, abrazado al comunismo y al independentismo, le acuse de radical por dejarse ver cerca de Vox es más peligroso que dejar de liderar un movimiento cívico que defiende la dignidad de la Nación frente al probable indulto de los sediciosos que trataron de romperla. La duda le retrata. Esa sí es la foto que puede acabar con él.

La Justicia no está en venta
Rosa Díez. okdiario 31 Mayo 2021

El hecho de que el indulto sea una figura común en el Derecho público no significa que no esté sometida a reglas. La capacidad para concederlo es del Gobierno (graciable) pero no es discrecional, pues a la hora de conceder los indultos el Gobierno ha de ajustarse a lo establecido por la Ley. De ahí que el acto del Gobierno sea impugnable ante la justicia; si fuera discrecional, no cabría recurso alguno.

La forma en la que se regula la ejecución de los indultos refleja la separación de poderes propia de cualquier sistema democrático: las Cortes establecen la legalidad al aprobar la Ley Orgánica, pone los límites al establecer los tipos y faculta al Gobierno para conmutar la pena en el marco de la Ley.

Así pues, la Ley Orgánica concede al Gobierno la potestad de corregir una sentencia sin que eso pueda considerarse un reproche a la decisión penal; pero si el Gobierno alterara el resultado del poder punitivo también está sometido al control judicial. O sea, la Ley no ampara la arbitrariedad del Ejecutivo.

Como explicaba Alfonso Villagómez Cebrián, magistrado de lo contencioso administrativo, en un artículo publicado en Diario de Derecho: “En torno al indulto se articula, por tanto, un complejo sistema de equilibrios entre las Cortes, los jueces, el Gobierno e incluso el Tribunal Constitucional. Las claves del sistema son dos: la pluralidad de controles y la necesidad de que cada poder sea disciplinado en el ejercicio de su función. Esta disciplina quiebra, desde luego, cuando cualquiera de los órganos interpreta de forma extensiva su poder, o cuando desatiende los límites establecidos en la ley”.

“No es que el Gobierno esté obligado a dar motivos o razones para indultar, sino que no puede conceder indultos si previamente el tribunal sentenciador no aporta “razones” para ello. El Gobierno sólo puede otorgar los indultos cuando previamente el tribunal haya apreciado la existencia de “razones de justicia, equidad o utilidad pública”. Se trata, en fin, de una regla de articulación, de equilibrio, entre el juez penal y el Gobierno”.

Pues bien, el Tribunal Supremo, en tanto que tribunal sentenciador, ha emitido su informe y ha desestimado, por unanimidad, la concesión del indulto a los presos condenados por sedición y malversación, a quienes organizaron y perpetraron un golpe contra la democracia el 1 de Octubre de 2017 y no solo no se han arrepentido de sus delitos sino que se comprometen públicamente a volver a delinquir en cuanto tengan la más mínima oportunidad.

En el mencionado informe, preceptivo y previo a que el Gobierno pueda adoptar un acuerdo sobre los indultos, el TS explica a los delincuentes por qué, con arreglo a la ley, no cabe la concesión de indulto. Y además va dando respuesta puntual y concreta a la “confusión” en la que parecen haber caído los abogados de los condenados a la hora de “argumentar” sus peticiones de indulto:

“La petición de indulto no activa una segunda instancia ante el Gobierno de la Nación. El indulto (…. ) no puede presentarse como el último mecanismo para reparar la supuesta vulneración de derechos fundamentales”.

“Las alegaciones mediante las que pretende defenderse (el indulto) dibujan una responsabilidad penal colectiva… “los presos del procés…” cuando ”la responsabilidad criminal declarada en sentencia es siempre individual. Por ello, particularmente individualizadas han de ser las razones mediante las que se justifiquen la extinción de la pena”.

El TS recuerda que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó en mayo de 2019 la alegada vulneración de derechos y la Comisión de Venecia recordó que para que la celebración de cualquier referéndum pueda reivindicarse democrático ha de llevare a cabo en pleno cumplimiento de la Constitución.

El TS recuerda también que los penados no han contribuido a justificar las razones de justicia, equidad o utilidad pública que legitimarían el ejercicio del derecho de gracia, tal y como contempla la Ley de Indulto que exige al Tribunal sentenciador que haga constar en su informe preceptivo la conducta del penado posterior a la ejecutoria y “especialmente las pruebas o indicios de su arrepentimiento que se hubiesen observado”.

El Tribunal sentenciador recuerda el silencio o la equívoca respuesta de los posibles beneficiarios de los indultos ante el requerimiento del TS: “… cuando se presentan como presos políticos quienes han sido autores de una movilización encaminada a subvertir unilateralmente el orden constitucional, a voltear el funcionamiento ordinario de las instituciones y, en fin, a imponer la propia conciencia frente a las convicciones del resto de sus conciudadanos, las razones invocadas para respaldar la extinción total o parcial de la pena impuesta pierden cualquier justificación”.

“La pena sólo deja de ser necesaria cuando ha cumplido con la finalidad que legitima su imposición. La constatación del fracaso de los fines de prevención especial, apreciable sin necesidad de mayores esfuerzos argumentales, obliga a rechazar el indulto solicitado a favor de los condenados”.

Y, además, el Tribunal Supremo, le explica a Pedro Sánchez por qué prevaricaría ( o sea, delinquiría) si el Gobierno concediera el indulto en estas condiciones:

“La Sala coincide con la idea de que la finalidad del artículo 102 de la Constitución no es otra que la de impedir medidas de autoindulto. También constata que las dificultades para esa analogía funcional que sugiere el Fiscal entre los espacios del actuación del gobierno central y los gobiernos autonómicos podrían ser valoradas desde la singular perspectiva que ofrece el presente caso, en el que algunos de los que aspiran al beneficio del derecho de gracia son precisamente líderes políticos de los partidos que, hoy por hoy, garantizan la estabilidad del Gobierno llamado al ejercicio del derecho de gracia”.

La conclusión del informe del TS no puede ser más clara: «La Sala informa negativamente la conexión de cualquier forma de indulto –total o parcial- a los condenados en la sentencia 459/2019, de 14 de octubre». A cada uno de ellos de forma individualizada.

Pues bien, una vez que el tribunal han cumplido con su obligación, nos corresponde a los ciudadanos cumplir con la nuestra. El 13J tenemos una cita en Madrid, en la Plaza de Colón, para decirle a Pedro Sánchez que si prevarica e indulta a los golpistas los españoles de bien no le indultaremos jamás. Somos una inmensa mayoría quienes defendemos que la justicia se aplique por igual a todos los españoles; es la hora de reencontrarnos también en la calle para defender activamente nuestras instituciones y nuestra democracia.

Y una llamada a todos: sed responsables, distancia social y mascarilla. ¡NOS VEMOS!

La descomposición
Alfonso Ussía. https://gaceta.es  31 Mayo 2021

Después de doce años de columnista de referencia de La Vanguardia, Pilar Rahola ha sido fulminada por Godó. Mandato político. Javier Cárdenas, una de las pocas voces libres y valientes que se mantenían en la planetaria Atresmedia, ha sido despedido. Cárdenas no tiene dudas al respecto. “Me lo habían advertido, que había presiones constantes de La Moncloa, y claro, la ingente cantidad de dinero que ha dado Sánchez a Atresmedia no lo ha dado gratis”. Mandato político. Vicente Vallés, a pesar de su amistad con Mauricio Casals, se halla a un paso de ser lanzado por la borda. Ante el placer de las subvenciones, las amistades personales pierden protagonismo. Mandato político. No escribo de mi caso en La Razón por no personalizar la infección que sufre la libertad. La independencia y el respeto a la crítica están en peligro de extinción en el apesebrado periodismo español.

Así, de golpe, Godó se ha apercibido con 12 años de retraso de que Pilar Rahola no es de fiar. La victoria de ERC sobre JxC de Puigdemont ha aconsejado a Godó plegarse ante los republicanos de Junqueras y Aragonés y cerrar el grifo al forajido de Waterloo, el ídolo de la insoportable Rahola. Las subvenciones vienen de ERC, y hay que estar a bien con el Gobierno de Aragonés porque el fugado ya no interesa ni influye en Cataluña. Y en Atresmedia, Cárdenas con su libertad, ponía en peligro el dinero que La Moncloa ha regalado – y lo que queda pendiente de regalar-, a Antena 3, Onda Cero – también conocida por Onda Otero-, y la Sexta. Claro, que los regalos casi siempre exigen contraprestaciones. El antiperiodismo. La opinión libre silenciada. El negocio es el único objetivo. La senda ideológica, la de Silvio González, Bardají, Susana Griso, Julia Otero, Ferreras, Ana Pastor y Jordi Évole. Y de cuando en cuando, un permiso medido a Carlos Alsina para regañar un poquito. La Razón, el hermano pobre, no es otra cosa que la coartada. Y la coartada también ha sido subvencionada a cambio de guillotinar cabezas.

Sánchez, repartiendo dinero a los medios de comunicación, ha conseguido el monopolio de la opinión y la propaganda. También lo hizo Soraya Sáenz de Santamaría en sus tiempos de presidente efectiva del Gobierno, pero no se atrevió a tanto. – Soraya, no entiendo que en “El País” y la SER me pongan a parir todos los días y a ti te elogien con entusiasmo-, le susurró una mañana Rajoy a su superiora. En La Razón, Soraya mandó una barbaridad durante el rajoyismo, y molestaban mucho las críticas a la trabajadora política de Valladolid. –Alfonso, por favor, “has de medirte” con más prudencia con Soraya, que nos ayuda mucho-, me aconsejaba una voz profunda. Jamás hice caso a la voz profunda, ni con Soraya, ni con Sánchez ni con Godó, y la voz profunda ganó y yo me quedé en la calle. Y he caído en la trampa de escribir de mi experiencia. Me figuro que casi todos los medios de comunicación impresos y digitales padecen en la actualidad la estrecha vigilancia de La Moncloa. Pero en algunos casos la libertad, agonizante, aún sobrevive. Casos que se cuentan con los dedos de una mano, y sobran dedos. Pero no son los medios impresos los que preocupan al Gobierno. Sí las cadenas de televisión, las tertulias y las emisoras de radio. Casi todos los comunicadores influyentes están en la planicie superior de la boina. Y con cuentagotas – siempre previo permiso-, se permite esporádicamente el lujo de la crítica disfrazado de opinión libre.

Cambiará el Gobierno y seguiremos igual. Los medios se adaptarán al nuevo poder, y el nuevo poder seguirá subvencionando a los medios. El viejo periodismo está en la UVI, y no hay luces ni destellos para la esperanza. Pero aún les queda trabajo para callar a los supervivientes. Mientras tanto, la avaricia empresarial se impone a la libertad. No me ha divertido nada escribir de esta tragedia.

Líder del Frente Polisario
Delitos de lesa humanidad: los crímenes de Brahim Ghali contra sus víctimas canarias son imprescriptibles
Loreto Ochando y Paula Baena. okdiario  31 Mayo 2021

La denuncia ‘perdida’ que publica OKDIARIO en exclusiva contra el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, se convierte en la más importante que hay en la Audiencia Nacional por dos motivos fundamentales. El primero es que Ghali habría cometido delitos de lesa humanidad -término jurídico con el que se denominan los actos de terrorismo de Estado- y este tipo de delito no prescribe, por lo que podrían investigarse los casos de las 281 víctimas canarias aunque el delito se cometiera hace décadas. El segundo motivo es que, con el cambio de Ley de Justicia Universal, recogido en la Ley Orgánica del Poder Judicial, sólo esta denuncia -hay otras tres querellas- se puede instruir, ya que las víctimas son españolas, mientras que en las otras tres no lo son.

Los delitos de lesa humanidad están recogidos dentro del artículo 7 del Estatuto de la Corte Penal Internacional, que define el concepto jurídico de «crímenes de lesa humanidad» como «cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”.

Ejemplo de esta definición que hace la Corte Internacional serían los ametrallamientos sistemáticos que sufrieron los barcos pesqueros canarios durante años. El Frente Polisario, con Brahim Ghali a la cabeza, disparaba desde la costa a los pesqueros españoles. Estos ataques causaron cientos de muertos y heridos graves como bien recoge la denuncia.

En España, la lesa humanidad está dentro del Código Penal, en el artículo 607 bis. En su apartado primero se especifica que se habrán cometido estos delitos cuando se atente “por razón de pertenencia de la víctima a un grupo o colectivo perseguido por motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, discapacidad u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional”.

Las fuentes jurídicas de la Audiencia Nacional consultadas por OKDIARIO explican que las víctimas canarias habrían sufrido un delito de lesa humanidad a manos del Frente Polisario, y de Brahim Ghali, porque se les atacó “por razones políticas”.

Justicia Universal
La segunda pata fundamental de esta denuncia es la que está enmarcada dentro de la conocida como Ley de Justicia Universal. Su reforma en 2004 por parte del Gobierno de Mariano Rajoy debido a un conflicto diplomático con China -se estaba investigando el genocidio del Tibet- ha dado al traste con cientos de casos, entre ellos el del cámara español asesinado en Irak, José Couso.

El problema es que con la reforma de la Ley se fulminó de forma inmediata la capacidad de los jueces para investigar los crímenes cometidos en el extranjero. Actualmente, los magistrados sólo pueden llevar causas sobre genocidio y lesa humanidad, tortura, terrorismo o desaparición forzosa que afecten a ciudadanos españoles o que residan habitualmente en España, tal y como recoge el artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.

Por tanto, por mucho que el magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz quisiera investigar las otras tres querellas presentadas contra Brahim Ghali, como la que publicó en exclusiva OKDIARIO sobre un caso de violación, no podría, porque ninguna de ellas afecta a ciudadanos de nacionalidad española.

Sin embargo, la presentada por la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (Acavite) sí se puede tramitar, ya que no sólo las víctimas son españolas, sino que los delitos no prescriben. El problema es que esa denuncia, presentada hace más de nueve años, está ‘desaparecida’. Nadie sabe dónde está. Nadie la ha buscado. Y, mientras tanto, las víctimas siguen clamando una Justicia que parece que nunca llega.

Frente Polisario
Olvido, abandono e impunidad: así han sido las décadas de lucha de las 281 víctimas españolas de Ghali
Paula Baena. okdiario 31 Mayo 2021

Las 281 víctimas españolas del Frente Polisario liderado por Brahim Ghali llevan años y años luchando contra el olvido al que, aseguran, les han condenado los sucesivos gobiernos de España y, sobre todo, para que los crímenes perpetrados contra sus padres, hermanos, maridos e hijos no queden impunes.

El grupo que lidera Brahim Ghali atentó contra la vida de cientos de españoles, en su mayoría canarios, entre los años 1976 y 1988. Unas víctimas desconocidas por la mayoría de la población que llevan nueve años esperando justicia por parte de la Audiencia Nacional, tal y como publica este lunes OKDIARIO.

La crisis diplomática con Marruecos desatada por la acogida de Ghali en un hospital de Logroño ha sacado del ostracismo a estas víctimas, agrupadas en la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (Acavite), cuya causa podría suponer el mayor caso de Justicia Universal jamás instruido en España si la Audiencia Nacional decide admitir a trámite su denuncia, interpuesta en 2012 y que lleva nueve años ‘escondida’ en un cajón.

La presidenta de Acavite, Lucía Jiménez, confía en que así se hará y, por fin, podrá optar a la justicia por la que lleva batallando buena parte de su vida. Su padre, Francisco Jiménez quedó herido de por vida por una bomba colocada por el Frente Polisario en el complejo minero de Fosbucraá, en pleno Sáhara Occidental, en 1976. Fue reconocido como víctima del terrorismo en 2006.

Como él, y según la denuncia a la que ha tenido acceso OKDIARIO en exclusiva, otros cientos de españoles fueron heridos, secuestrados, desaparecidos y asesinados en las décadas de los 70 y 80 por el Frente Polisario. Casi 300 víctimas que, inexplicablemente, han sido ignoradas por los sucesivos gobiernos de la democracia española, a pesar de ser plenamente conocedores de su situación, según explica Jiménez a este periódico.

La presidenta de Acavite fue ponente de la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo. Jiménez manifestó en su intervención en el Congreso de los Diputados, en septiembre de 2010, que su asociación representaba a «las víctimas más olvidadas que desgraciadamente ha podido tener este país».

«Han tenido que pasar 40 años para que alguien esté aquí y reivindique la memoria, la dignidad y justicia que jamás hemos tenido», señaló en sede parlamentaria.

«El ostracismo y la equidistancia que hemos padecido ha sido una ignominia para este país, para nuestras familias. Por situaciones políticas, geoestratégicas y económicas nos han borrado del mapa como si no existiesen esos cuerpos», agregó.

Jiménez recordó que, en 1985, el gobierno socialista de Felipe González expulsó a los miembros del Frente Polisario que ahora acoge el Ejecutivo de Pedro Sánchez aludiendo motivos de «humanidad».

Durante años, relata la presidenta de Acavite a este periódico, los diferentes ministros del Interior han sido conocedores -al contrario que buena parte de la sociedad por culpa de un «generalizado silencio mediático»- de cuál era la situación de estas víctimas canarias olvidadas. Aún así, agrega, no han hecho nada, en parte, por esa «romantización» en torno al Frente Polisario «que no es real».

Con todo, reconoce que hasta ahora unas 125 víctimas del terrorismo perpetrado por el Frente Polisario han sido recocidas por la Oficina de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, dependiente del Ministerio del Interior. Otras tantas aún aguardan una reparación económica y todas siguen a la espera de su mayor anhelo: que se haga justicia y que Braham Ghali quien, aseguran, ordenaba los ametrallamientos, asesinatos y secuestros masivos sea juzgado en nuestro país.

Del 2021 de Chávez al 2050 de Sánchez: la búsqueda de la eternidad del régimen
LO QUE ESTÁ HACIENDO EL PRESIDENTE ESPAÑOL ES LO MISMO QUE YA HICIERON FIDEL Y CHÁVEZ
Daniel Lara Farías. https://gaceta.es 31 Mayo 2021

Uno de los grandes fetiches de las revoluciones y a la vez uno de sus grandes problemas, es enfrentar, cuando se disfrazan de “procesos democráticos de cambio”, el pesado fardo de la alternabilidad en el poder. La sucesión, el relevo y el recambio, son problemas asociados al mismo problema.

En resumen, a lo que de verdad temen las revoluciones es al paso del tiempo. Al futuro, que siempre es ingobernable. Y cuando notan que deben hacer “algo” para conjurar al paso de los años, normalmente se lanzan a lo declarativo, a la planificación de lo insondable y al ridículo por adelantado.

El futuro y la revolución
Le pasó a Fidel Castro cuando en medio de una crisis de balseros huyendo del infierno creado por el comunismo, se inventó una reforma constitucional para declarar la “irreversibilidad” de la revolución. Nada menos. El hijo de aquel hacendado gallego veterano de la guerra hispano-americana, decidió que podía determinar, incluso hasta después de su muerte, lo que los cubanos podían hacer con su futuro. Socialismo irreversible. Es decir, que si en el futuro a los cubanos se les ocurriese decidir que las libertades económicas e individuales serán reinstauradas, lo impediría un designio de Fidel desde el más allá, planteado en la constitución del país: la revolución es irreversible.

Es casi un chiste, pues todos sabemos que al momento de una rebelión, se alzan los pueblos, se revocan constituciones y se toma el camino que la sociedad decide. Los designios como el de Fidel, son inútiles.

Lo de Chávez fue un poco más tragicómico. Al chafarote llanero se le ocurrió un día jugar con el futuro. Así, cuando aún no existía la reelección indefinida presidencial que se haría aprobar a posteriori, empezó a repetir en sus interminables discursos, que iba a gobernar hasta el 2021. Una provocación inicial, para enervar a opositores y hacer reír a las hordas que lo acompañaban en sus discursos.

Pero con el tiempo, se pasó del chiste a la consigna: hasta el 2021, decían en la publicidad oficial. Chávez hasta el 2021 decían en las campañas electorales. Nadie parecía entender por qué se usaba la frase, pues la constitución indicaba que un presidente es electo por seis años, reelegible solo en una ocasión por seis años más. Siendo así, Chávez solo podía aspirar a gobernar desde el 2000 hasta el 2006 y luego, de ser reelecto, del 2006 al 2012.

Pero he aquí el escollo de la revolución: El Comandante no tiene relevo, la Revolución no se puede detener. Se lanza la modificación de la constitución y finalmente, en 2009, la propia revolución cambió la constitución que ya habían hecho a la medida de Chávez, haciéndose entonces realidad lo que la consigna planteaba: Chávez hasta el 2021.

Fiel a su carácter, Chávez cambió entonces el lema. Ya no sería hasta el 2021 sino hasta el “dos mil siempre”.

Y pues ya conocemos el final de la historia. El año siguiente de la modificación de la constitución, Chávez enfermó de cáncer. La enfermedad lo detendría en seco en su afán de perpetuidad. La revolución caía, otra vez, víctima de la naturaleza. No hubo “dos mil siempre”, ni siquiera 2021.

Otra vez, el futuro imaginado desde el poder, chocaba con la realidad caprichosa.

El 2050 de Sánchez
Ese aplicador de ideas fracasadas que es el modelo sanchopodemita, tiene la fiebre del futurismo inoculada. Por tal razón, hemos visto que el jefe de gobierno ha decidido hablarle al país del 2050, sin haber solucionado aún los problemas que arrastra desde 2019.

Es lo de siempre: poner al tonto a mirar al cielo para robarle el bocadillo. Lanzar una bomba de humo, una nueva temporada de teleserie de fantasía o cualquier cosa que sirva para simular que piensan, que hacen algo, que gobiernan.

Pues no. Hablar del maravilloso futuro que nos espera si los dejamos gobernar, no es en absoluto una muestra de planificación estratégica. Lo que está haciendo Sánchez es lo mismo que hicieron ya Fidel y Chávez: enseñarnos de una vez que las intenciones son hegemónicas de verdad, que aspiran a la perpetuidad y además a la unanimidad.

Exageraciones, podrán pensar algunos. Yo también creí que era gracioso y pueril el grito de “Chávez hasta el 2021” hasta que vi su enmienda constitucional y sus repetidos y consecutivos fraudes electorales. Yo también creí que era suficiente esperar hasta las próximas elecciones para salir de la pandilla criminal que asaltó el poder en mi país.

Y me equivoqué. Hoy pagó mi equivocación con el exilio.

No se qué más es necesario demostrarle a los escépticos para calibrar debidamente los afanes de Sánchez. Yo siento grandes temores cuando veo las avanzadas, porque siento que todo esto va encaminado hacia graves derroteros. Hacia escenarios donde provoquen conmociones internas e incluso externas para usarlo como excusa: Como están pasando estas cosas, no es bueno para España cambiar de gobierno. Y ya está. Hasta el 2050, sin escalas.

¿No sirve la historia venezolana y las características del plan chavista para demostrarlo? Pues refiérase solo a la propia historia de España. Desde la actuación del PSOE que llevó a la guerra en el pasado, hasta los turbios temas asociados al 11-M.

Son lo suficientemente criminales. Por eso hacen lo que hacen. Por eso harán lo que se les provoque, si se les permite.

¿Lo permitirá España? Eso quisiera yo saber.

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De Azaña a Sánchez y de Companys a Junqueras

EDUARDO INDA okdiario 31 Mayo 2021

La vida sería un error permanente si no tuviéramos ese pasado que nos permite determinar con bastante fiabilidad qué hay que hacer, qué no, qué está bien, qué mal, qué cosas funcionan y cuáles no. Por esa perogrullesca razón los pueblos, los pueblos tontos más bien, que olvidan su historia están condenados a repetirla. Esta máxima del hispanoestadounidense Jorge de Santayana, el primer ciudadano made in Spain que estudió en Harvard, es tomada a beneficio de inventario por nuestros gobernantes. Sólo así se puede entender que estemos reeditando, paso a paso, sin prisa pero sin pausa, los mismitos errores que llevaron a esa primera democracia española que fue la Segunda República a una guerra fratricida de malos contra malos.

José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente más simpático y más normal pero también el más frívolo, acabó con ese Pacto de la Transición que es lo mejor que hemos hecho en este país de caínes y abeles en nuestra más reciente historia. Un gran compromiso de concordia en el que se cumplió a rajatabla la máxima de Santayana arrojándose al baúl de los recuerdos el odio, el rencor, el sectarismo, el pasado en definitiva, con el sano propósito de mirar todos juntos al futuro. Funcionó, vaya si funcionó, durante casi 27 años, los que transcurrieron entre las primeras elecciones libres y la llegada al poder, 11-M mediante, del segundo primer ministro socialista.

Un somero ejercicio de retrospectiva permite adivinar que el caso catalán no es la excepción que confirma la regla de la repetición compulsiva de los errores históricos. El golpe de Estado de los independentistas puede sonar a nuevo a los más jóvenes, a los iletrados o a los desmemoriados. Pero no. Es clónico al que consumó la Generalitat de la mano de Lluís Companys en octubre de 1934 aprovechando esa sublevación de Asturias liderada por la UGT y el PSOE que dejó miles de muertos por el camino. El tan desdentado como masón president catalán salió al balcón de la plaza de Sant Jaume y no se anduvo por las ramas:

—En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña, proclama el Estado Catalán de la República Federal Española—.

La reacción del Gobierno legítimo de Alejandro Lerroux no se hizo esperar. La Fiscalía se puso manos a la obra, pidió el procesamiento de Companys y su Govern y finalmente fueron condenados a 30 años de prisión por rebelión. El paralelisimo milimétrico entre los años 30 del siglo XX y los 20 del XXI prosigue sin solución de continuidad: Azaña decretó en febrero de 1936 la amnistía de los golpistas catalanes. Y los golpistas catalanes, de la mano del siniestro Companys, se envalentonaron y empezaron a matar a diestro y siniestro. El muy asesino jefe de ERC decretó 8.400 sentencias de muerte, que fueron fielmente ejecutadas, entre otras la de su paisano Joan Rovira, alcalde de Lérida, cuyo delito consistía en haber organizado una Cabalgata de Reyes en la Epifanía inmediatamente anterior.

Ahora no sé si vamos por el mismito camino o por uno parecido. Espero que sea sólo lo segundo. Porque aquella manera de hacer política nos reportó miles de fallecidos, decenas de miles de huérfanos, cientos de miles de familias destrozadas y una crisis de convivencia que perdura a día de hoy. Cambien ustedes a Companys por Puigdemont o por Junqueras, a Lerroux por Rajoy y a Azaña por Sánchez y tendrán un panorama inquietantemente similar.

Pedro Sánchez no le llega a Don Manuel ni a la altura del betún. Azaña era, con todos sus defectos, un intelectual. Abogado, número 1 de su promoción, doctor en Derecho y miembro de la Academia de Jurisprudencia, nada tiene que ver con el actual presidente, que sacó Económicas de aquella manera, robó la tesis y no tenía donde caerse muerto hasta que un mix de suerte y tenacidad le colocaron en una Moncloa que jamás tuvo un inquilino más vulgar.

Todo lo cual no quiere decir que Pedro Sánchez no se esté comportando de la misma manera que el talentoso a la par que ingenuo de Azaña. La gran diferencia es que mientras al político alcalaíno lo jibarizó su entorno, un entorno que se aprovechó de su ausencia de maldad, el actual no es muy listo pero sí plenamente consciente de lo que hace. Al punto que cabría colegir que el maridísimo de la licenciada y catedrática ful Begoña Gómez es el mal en estado puro. El apóstol de la paz, la piedad y el perdón amnistió a los golpistas porque pensaba que era lo mejor para una nación partida en dos; el socio de ETA, ERC y los sicarios de Maduro y Jamenei porque quiere estar en Moncloa hasta el Día del Juicio Final a ser posible.

Pedro Sánchez debería ser pelín más precavido y pensar que si esa apuesta por la impunidad salió una vez mal es más que probable que acabe como el rosario de la aurora a las segundas de cambio. Azaña actuó presionado por tierra, mar y aire por el PSOE de los asesinos Largo Caballero y Prieto, pero pensando sinceramente que era lo mejor para España. El presidente del Gobierno con menos escaños de la democracia lo hace por conveniencia, por egoísmo, para favorecer a los socios que sostienen su Ejecutivo, en una actuación que Manuel Marchena ha calificado magistralmente de “autoindulto”. Una figura, por cierto, proscrita en virtud del artículo 102 de la Carta Magna. Y, para más inri, no se cumple ninguna de las condiciones sine qua non para otorgar esta medida de gracia: justicia, equidad e interés público. Sí incurre en ese vicio que señaló la Sala de lo Contencioso del Supremo cuando anuló el indulto de Gallardón al kamikaze valenciano: la arbitrariedad.

El todavía secretario general socialista, el hombre que ha roto los consensos más elementales pactando con los que asesinaron a 856 compatriotas y con los secesionistas, actúa movido por un apego al poder jamás visto no sólo en España sino en cualquier nación de nuestro entorno. Quiere seguir yendo a ver a The Killers en Falcon, no piensa viajar en el ecológico tren ni en el tedioso coche a trayectos de menos de dos horas y media, va a continuar volando a Valladolid o a donde haga falta en el Airbus 310 del Grupo 45 de la Fuerza Aérea y para él Moncloa, Quintos de Mora o Doñana son un remedo del barco de Chanquete y su “no nos moverán”.

El PSOE en particular y la democracia en general también le importan un pepino. Es capaz de cargarse el partido, la socialdemocracia y nuestro régimen de libertades si con ello consigue dormir un día más en Palacio disfrutando de edecanes, doncellas y una vidorra que él regatea al común de los españoles. Más vil aún que eso ha sido la escenificación de lo que no es sino un acto de prevaricación nivel Dios. Azaña se pudo equivocar, que de hecho se equivocó, pero hubiera preferido morir súbitamente antes que asegurar que sancionar penalmente un golpe de Estado representa “un acto de venganza o de revancha” como nuestro desahogado protagonista manifestó esta semana con un par.

La barbaridad ética, intelectual y hasta estética es de las que hacen época. Es la sacralización desde el poder de la impunidad y del aquí vale todo, amén de una conculcación de libro del principio de igualdad ante la ley que prescribe la Constitución. Cualquier Juan Español de la vida se planteará: “Si los golpistas se van de rositas, ¿por qué no doy yo uno?”. Y esta filosofía es extrapolable al robo, al terrorismo, al asesinato, a la pederastia o al estupro, por poner algunos de los más graves tipos penales que figuran en nuestro ordenamiento.

Si aplicar el Código Penal, el Civil, el Mercantil, el Administrativo o la mismísima ley de leyes es “una venganza”, ¿qué narices pinta en la cárcel David Oubel, el Satanás que asesinó a sus dos hijas con una sierra radial? Continuando con el diabólico argumento sanchista, ¿por qué no se excarcela inmediamente a El Chicle, el hijo de perra que martirizó hasta la muerte a Diana Quer? ¿O por qué se ha metido hasta 54 años a los islamistas que colaboraron en el atentado de La Rambla barcelonesa en agosto de 2017? Y, ya puestos, ¿no habría que indemnizar a los asesinos etarras por el acto de revancha que supusieron sus sentencias? Y ahora que estamos en plena campaña de la Renta, ¿por qué no nos perdona nuestras deudas la revanchista Hacienda Pública?

Sánchez es una suerte de Belcebú en versión guapito de cara. Es el tipo que convirtió el mal en el bien y el bien en el mal, el blanqueador de ETA, el íntimo del criminal Otegi, el aliado de los independentistas catalanes y el hombre que se acostó políticamente con el tipo más indeseable que ha figurado jamás en un Consejo de Ministros, Pablo Iglesias. Se puede ser más listo que él, de hecho es relativamente fácil, pero no más amoral. Ahí no hay dios que le gane. Soy consciente de que no ha leído un libro en su puñetera vida, se lo habrán leído en todo caso. Que sabe de Historia lo mismo que yo de astrofísica. Y tampoco se me escapa el hecho de que ya no oye ni escucha porque el Síndrome de La Moncloa no le raptó a los seis años como a Felipe o a Aznar sino a los seis meses. Pero si hay alguien que le quiere bien no estaría de más que le recordara cómo acabó Azaña: devorado cual Saturno inverso por sus propias criaturas, con Companys tomándose la justicia por su mano y llevando al paredón a un elenco de 8.400 catalanes en el que predominaban católicos, monárquicos, empresarios, liberales y españolistas de toda ralea. Antes o después, más pronto que tarde, el presidente que nunca debió ser terminará despedazado por Podemos, por los independentistas, por los proetarras o por los tres a la vez. Ya se lo ha avisado el habitualmente sensato Salvador Illa, que asegura que ERC sigue optando “por conjugar los verbos confrontar o desafiar”. Más claro, agua.

En el pecado llevará la penitencia. Ojalá sea más pronto que tarde. Si Dios, el destino o la oposición no le paran los pies, de nuestra democracia no quedarán ni las raspas en menos de dos años. No es una hipérbole, como no lo eran tampoco los desesperados avisos a navegantes de Ortega, Marañón, Pérez de Ayala, Madariaga, Menéndez Pidal y tantos otros en aquel 1936 que nunca deberíamos repetir. “¡No es esto!”, “¡no es esto!”, que diría Don José.

Teoría del barranco
Pedro de Tena. Libertad Digital 31 Mayo 2021

Si Redondo quiere tirarse a un barranco con su jefe, hay en España cientos de ellos, algunos con nombres muy sugerentes, como el de los Desesperados.

Resumamos. Un barranco o despeñadero, que así se llama también, es la entraña que hay en el fondo de un tajo entre montañas, más o menos escarpadas y siniestras, por donde alguien, animal o humano, se cae por, se tira, o es tirado al, se precipita hacia, se estrella sobre, perece en o de dónde despeña. Esto último viene a cuento por lo de los bandoleros españoles que solían usarlos como matadero. Por ejemplo, el aragonés "Cucaracha", en la sierra de Alcubierre. Hablar de barranco es hablar de peligro. Sabido es que en los barrancos, como en los toros, habita mucha muerte.

Hace unos días, Iván Redondo dijo textualmente en español, que no en euskera, que se tiraría a un barranco por el determinado líder Pedro Sánchez. Se ha dicho que eso de desbarrancarse por su jefe lo ha plagiado de no sé qué serie original made in USA. Esta vez lo del plagio es un error. Lo de tirar o tirarse por el barranco es muy español. De hecho, en El Quijote se menciona que los barrancos (o derrumbaderos) son lugares de donde despeñan, y de paso despenan, ojo al matiz de nuestro genio, a ciertos amos no apreciados.

Incluso el desbarrancar como método de exterminio del adversario es tan de algunos españoles que el propio Gerald Brenan menciona el caso de 512 personas de la derecha malagueña arrojadas por los milicianos al Tajo de Ronda. Fue poco antes de la caída de la Málaga republicana en manos de Franco. Aquel deshonor tan sospechoso dio paso a un juicio por traición en el que uno de los señalados fue Largo Caballero. Tampoco se libró Prieto. (Ya sé que hubo otros barrancos horribles, como el de Víznar, pero de ellos se ha hablado mucho más.)

Lo importante es que al referirse a Sánchez, Redondo adjunta la palabra barranco. Es decir, asoció el nombre de Pedro Sánchez al inquietante sustantivo "barranco". Hace ya muchos años, en los primeros años del régimen franquista, la injustamente olvidada esposa de Julián Marías, Dolores Franco, escribió un libro titulado originalmente España como preocupación. Por tanto, su cubierta rezaba: "Dolores Franco. España como preocupación". Los avispados asesores del régimen franquista adujeron que relacionar "Dolores", "Franco" y "España como preocupación" invitaba a componer conexiones peligrosas entre "Franco", el jefe del Estado, con los Dolores y con España como preocupación. Su censura terminó titulando el libro España como preocupación en la literatura. Lo contó el propio Marías, pero mucho después. En 1980.

Por ello, mi teoría de este barranco es que el gurú monclovita ha cometido un grave error de cálculo y sensibilidad facilitando la asociación de su determinadísimo jefe, Sánchez, y la idea de "barranco". La maldad íntima de muchos españoles puede sindicar ambas palabras en vuelos metafóricos inesperados y dañinos. Por ejemplo, el pérfido Javier Somalo ya ha hablado de Colón, la plaza, como el barranco de Sánchez. Añádase que alguien puede barruntar que si Redondo se tira a un barranco por su jefe, es que puede estar obedeciendo una de sus órdenes, algo infame, o que su inconsciente ha emitido un "acto fallido" porque presiente que lo que están haciendo con España conduce a un barranco.

Esto último es muy grave porque resultaría, de ser cierta la presunción, que su jefe, y él mismo, saben que están tirándonos a todos como nación por un barranco pero que no le importa porque lo único que valora de la persona que preside el gobierno es su "determinación". No es relevante que tal firmeza lo sea para el bien, para el mal, para lo venial o para lo mortal. Lo que ha seducido al encubierto Ministro de Propaganda es la resolución, la fijación, la obsesión de un jefe inmune a todo virus que le contagie receptividad hacia lo que la mayoría de los demócratas españoles, incluso algunos de su propio partido, piensan sobre el barranco por el que pretende precipitarnos.

Si lo que quiere Redondo es tirarse a un barranco con su jefe, hay en España cientos de ellos, algunos con nombres muy sugerentes, como el Barranco de los Desesperados. Estoy en condiciones de facilitarle una lista de todos los barrancos españoles y parte de los europeos, elaborada por especialistas y disponible en la red. Alguno, como las Cascadas de Irusta, están bien cerca de San Sebastián. Si lo prefiere más al Sur, el Barranco del Lobo, junto a Melilla, todavía española, y de triste recuerdo nacional, está libre. Hay otros muchos posibles como destino fatal: el del Infierno, o el de su Boca, que es otro; también el de Espantaperros, cómo no los de Despeñaperros y claro, el de las Buitreras, el de la Mala Espina, el sugerente del Salto de los Catalanes… Cientos. O sea, que para elegir tiene si lo que quiere es tirarse a uno.

Pero otra cosa bien distinta es que la tan estimada determinación de su jefe sea tirarnos a los todos los que deseamos vivir en la democracia, por imperfecta y mejorable que sea, de la España constitucional por un barranco que nos descuajeringue como nación. Ya sé que una de las posibles y malévolas conexiones que nuestras neuronas pueden establecer es que la mención del "barranco" en este discurso sea una manera sutil de que vayamos asimilando que ese es el único futuro que nos espera y, por cierto, mucho antes de 2050. Pero Iván Redondo, con ese lapsus, estudiado o no, nos ha advertido con claridad que hay un barranco que puede identificarse con Pedro Sánchez. En esta teoría del barranco, el asesor ha confesado a dónde conduce la determinación de su idolatrado manijero. Freud sea alabado.
Habrá otras explicaciones. Recuerden, por ejemplo, la canción del hombre que se volvió caimán, un caimán muy singular con cara de ser humano, un caimán que se fue, se fue, para ¡Barranquilla¡, ciudad colombiana entre barrancas que se despeñan hacia el Caribe, frente a Cuba y junto a Venezuela. Ahí lo dejo, para alimento de otra teoría sobre el barranco de Redondo.

Canibalismo y democracia
Nuestros xenófobos están convencidos de que sólo hay una forma de ser catalán: nacionalista, claro.
Julio Valdeón. larazon 31 Mayo 2021

Los campeones de indultar a conjurados y malversadores insisten en airear averiada mercancía. Entienden que Cataluña, organismo macizo, vive presa de un rollo existencial inmune a las herramientas políticas y jurídicas convencionales. Rige por tanto la necesidad de subir la apuesta, indultos mediante. No sólo asumen como inevitables los postulados teologales reaccionarios. De paso ignoran a los catalanes que vivieron los sucesos de 2017, la destrucción del Estatuto, el cierre del Parlamento, la insurrección contra el ordenamiento jurídico, el intento de secesión y el uso de los niños como rehenes en busca de un World Press Photo sangriento, como una agresión directa contra sus derechos.

Cuando hablan de encauzar el malestar ignoran que la ley en democracia no está para curar neurastenias; mucho menos si, como en el caso de ideologías tan infectas como las que animan el Ku Klux Klan, el NPD (Partido Nacionaldemócrata Alemán) o ERC (Esquerra Republicana de Catalunya), nos encontramos frente a partidarios de la segregación. Nuestros xenófobos están convencidos de que sólo hay una forma de ser catalán: nacionalista, claro. También creen que tienen perfecto derecho a disgregarse de la comunidad política compartida. De fondo palpita la víscera del apartheid, que significa «separación» en afrikáans y el «Separate but equal» («Separados pero iguales») que daba sentido a la segregación racial en Estados Unidos. Miren, yo no tengo mayor problema con que determinadas personas cultiven ideas abominables. Lo siento. Igual que lamento que haya personas machistas. Pero en tanto respeten el engranaje democrático allá cada cual con sus dogmas estamentales y su nostalgia de una sociedad subordinada a los parámetros del Antiguo Régimen.

Lo que ya no tolero, por deshonesto y cínico, es que los abogados del canibalismo, defensores de los clanes y encomiásticos protectores de una teórica alma prepolítica, quieran convencernos de la necesidad de perdonar a los delincuentes que aseguran el mantenimiento en el poder del mismo presidente que firmará el indulto. Vale que celebren las leyes de punto final. Allá cada cual con sus tragaderas. Los aprendices de brujo harían bien en no subestimar el cabreo de una sociedad estafada. Si no por honor sí, al menos, por un postrer reflejo de conservación política.

El editorial conjunto del indulto
José García Domínguez. Libertad Digital 31 Mayo 2021

La gran solución a la querella crónica del separatismo catalán consiste en algo tan fácil como permitir que les salga gratis dar golpes de Estado.

El independentismo catalán existe como movimiento político y cultural más o menos organizado desde hace un siglo y medio, ciento cincuenta años en números redondos. A lo largo de ese intervalo temporal, lapso que abarca ya a un buen número de generaciones completas, ha protagonizado un conflicto permanente con y contra España que, entre otras desgracias colectivas, operó como uno de los catalizadores principales, si no el principal, de la gran matanza fratricida de 1936-39. Bien, pues ese cáncer crónico que arrostra España desde casi los orígenes de la era contemporánea, esa maldición estelada, desaparecerá para siempre, y por arte de magia, si el Gobierno que preside Pedro Sánchez otorga ahora un indulto, ese mismo cuyos beneficiarios desprecian de modo abierto y público. Porque en Cataluña no volverá a haber nunca más, por los siglos de los siglos, un movimiento popular separatista digno de tal nombre si Sánchez, como se desprende de su intención expresa, pone de patitas en la calle a Junqueras y el resto de los golpistas de octubre.

Ortega, Unamuno, Azaña, incluso el general Franco por las bravas, Suárez, Tarradellas, políticos, novelistas, filósofos, historiadores, también poetas, multitud de españoles hondamente preocupados a lo largo de décadas y décadas por nuestra gran herida nacional, todos miopes sin remedio; todos tontos; todos incapaces de entender que la gran solución a la querella crónica del separatismo catalán consiste en algo tan fácil como permitir que a sus caudillos les salga gratis tratar de dar golpes de Estado cada vez que se pongan a ello. Porque la solución definitiva al llamado problema catalán, como habrán descubierto con esperanzado alborozo los lectores de las páginas editoriales de los dos diarios principales de Madrid y Barcelona, El País y La Vanguardia, del pasado domingo, no sé si inconsciente remake del célebre editorial conjunto de cuando el Estatuto, consiste justamente en eso. Así, desde ambas cabeceras se constata que, por enunciarlo en los términos dramáticos de El País, "las sentencias no han resuelto de forma definitiva el reto existencial para la democracia española que supone el independentismo". Cierto, no lo han resuelto. ¿Y qué? ¿O acaso las sentencias de los tribunales poseen como finalidad resolver retos existenciales? Como dicen los catalanes, esto va a ser para alquilar sillas. Aún no hemos visto -ni leído- nada.

Independentismo en Cataluña
La policía lingüística del independentismo exige que se obligue a hablar catalán a los nacionalizados
La Plataforma per la Llengua denuncia que "el Estado español discrimina al catalán"
Gonzaga Durán. okdiario 31 Mayo 2021

El independentismo catalán prosigue con su deriva inquisitorial contra el español a pesar de la pandemia y sus consecuencias. La Plataforma per la Llengua, la ONG subvencionada por la Generalitat de Cataluña que trabaja por la dictadura lingüística, exige al Gobierno de Pedro Sánchez que se obligue a hablar catalán a los residentes que soliciten la ciudadanía española.

Esta asociación denuncia que «el Estado español discrimina al catalán» por, a su juicio, «mantener la imposición del castellano con 61 normas de 2020». También asegura que el Ejecutivo de coalición del PSOE con Podemos aprobó en el cuarto trimestre de 2022 «un total de 53 normas que reforzaban el castellano en territorios tradicionalmente catalanohablantes». «Casi el doble que en los trimestres anteriores», añade en una nota colgado en su página web.

«Los extranjeros que soliciten la ciudadanía española seguirán estando obligados a saber castellano pero catalán no, a pesar de que la ley se ha modificado para permitirles solicitarla de manera virtual», sostiene Plataforma per la Llengua.

La asociación separatista señala al «supremacismo castellano» por su idea de que «el idioma y la cultura de Castilla tienen unas cualidades intrínsecas y también históricas que los dotan de la categoría de ‘comunes’ de todos los ciudadanos del Estado español, con independencia de si este idioma y esta cultura son los propios y familiares de los ciudadanos, y los autóctonos y tradicionales del territorio». «Esta ideología discriminatoria marca profundamente la legislación, que trata el ciudadano castellanohablante como el modelo predeterminado, neutro, de ciudadano español, mientras que invisibiliza los otros grupos etnolingüísticos del Estado y trata a sus miembros como si fueran integrantes del grupo mayoritario con añadidos de carácter ‘diferencial’», apostilla.

Los independentistas ponen como ejemplos a Bélgica y a Suiza por «proteger legalmente su diversidad lingüística». «Bélgica permite a los solicitantes de elegir la lengua necesaria para poder acceder a la ciudadanía» y «en Suiza la lengua obligatoria depende del territorio de residencia de los solicitantes», según la entidad secesionista.

«El Gobierno plurinacional»
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, y Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, han defendido en varias ocasiones que España es «plurinacional». Así se lo recuerda Plataforma per la Llengua en su nota de prensa. «Los partidos que forman el actual gobierno español han proclamado en varias ocasiones que defienden un modelo plurinacional y plurilingüístico para España, pero la realidad es que la aprobación de normas lingüísticamente discriminatorias no ha disminuido y, por tanto, el castellano, por ley, sigue siendo la única lengua obligatoria en muchos ámbitos diferentes», sostiene la asociación.

«En diciembre de 2020, el gobierno del PSOE y Unidas Podemos modificó una norma ya existente para que se pudiera solicitar por vía telemática la ciudadanía española. A pesar de la modificación, el decreto mantuvo la obligatoriedad de examinarse en castellano para obtener la ciudadanía», señala.

La entidad secesionista también carga contra el Ejecutivo de Sánchez por un decreto aprobado hace unos meses en que se regula «la concesión directa de subvenciones a entidades de integración de la inmigración, que establecía como objetivo del proceso de acogida la ‘Enseñanza de español y, en super caso, de Otras lenguas oficiales en el Lugar donde se esté realizando el itinerario con el fin de procurar la inmersión lingüística’».

«La norma, pues, condiciona las ayudas económicas a la enseñanza del castellano uniformemente en todo el Estado, como si esta lengua fuera la autóctona, tradicional y mayoritaria en todas partes, mientras que trataba los otros idiomas como optativos u objeto de especificaciones posteriores por parte de las comunidades autónomas», apostilla la asociación.

Así desprecia Plataforma per la Llengua al español, que no deja de ser lengua común de todos los españoles, incluidos los catalanes, y con la que se comunican hasta 580 millones de personas, el 7,6% de la población mundial, según un informe del Instituto Cervantes.

Las subvenciones recibidas
Plataforma per la Llengua es una ONG subvencionada por la Generalitat de Cataluña. Bajo el mandato de Quim Torra al frente del Govern, se permitió que se espiara a alumnos y profesores de los colegios catalanes para elaborar un informe sobre el uso del español en el recreo.

Esta entidad secesionista recibe anualmente 620.000 euros en subvenciones por parte de la Generalitat de Cataluña. El año pasado llegó a recibir hasta dos millones de euros por parte del Govern de Torra a dedo y sin necesidad de concurrencia competitiva, tal y como reveló OKDIARIO.
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