AGLI Recortes de Prensa   Martes 15  Junio  2021

Ridículo planetario
EDITORIAL. Libertad Digital 15 Junio 2021

La reunión de Pedro Sánchez y Joe Biden anunciada por Moncloa a bombo y platillo se sustanció en un encuentro peripatético de veinte segundos en un pasillo de la sede de la OTAN. La extraordinaria labor del jefe de Gabinete de Sánchez, el inefable Iván Redondo, fructificó en esa conversación al más alto nivel durante nada menos que casi medio minuto, lapso en el que, según Sánchez, ambos mandatarios abordaron temas de gran interés en el marco de las relaciones España-EEUU. En concreto, el presidente del Gobierno asegura que conversaron sobre las bases militares estadounidenses en suelo español, sobre la situación política en Hispanoamérica tras los últimos procesos electorales en la región y sobre la agenda progresista del propio Biden, que Sánchez habría ensalzado. Jamás veinte segundos habían dado para tanto.

Se trata del segundo acontecimiento planetario protagonizado por un socialista patrio y un presidente demócrata estadounidense. El primero advino cuando José Luis Rodríguez Zapatero ostentó la presidencia de turno de la UE en pleno mandato de Barak Obama. Pero el caso es que el interés suscitado ya no en el planeta sino en Washington ha sido más bien magro. Biden, que, a diferencia de lo que ha hecho con decenas de mandatarios, no ha concedido ni una llamada telefónica a Sánchez en el medio año que lleva al frente de EEUU, no incluyó en su agenda de la cumbre atlántica ningún encuentro con el mantenedor de Iván Redondo. Inasequibles al desánimo, sus palmeros aseguraron que la entrevista tendrá lugar en algún momento "en el contexto de la cumbre".

Más allá del bochorno sideral, el incidente acredita la inanidad de Sánchez en la escena internacional. El socialista, que ha gestionado pésimamente la crisis del covid-19 y gobierna gracias a comunistas, golpistas y proterroristas, es un referente tóxico para muchos, que lo último que quieren es verse asociados con él.

Tocado y hundido en 29 segundos
Biden demostró ayer cómo ignora a Sánchez desde que llegó a la Casa Blanca. Lo grave es que el ninguneo daña a toda España, porque la imagen exterior vuelve a ser la de la irrelevancia
Editorial ABC 15 Junio 2021

Si no fuese una desgracia por el descrédito diplomático que representa para España, los 29 segundos del encuentro que mantuvieron ayer Pedro Sánchez y el presidente norteamericano, Joe Biden, causarían hilaridad. Días atrás, el aparato de propaganda de La Moncloa publicitó que Sánchez y Biden mantendrían una reunión durante la primera sesión de la cumbre de la OTAN, que se celebra en Bruselas. Entonces, La Moncloa vendió la cita como si se tratase de un triunfo político de primera magnitud, y acaparó portadas e informativos. Sin embargo, lo ocurrido ayer en la capital europea fue grotesco, por no decir completamente ridículo. No hubo encuentro de ningún tipo, y ni siquiera Sánchez figuraba en la agenda oficial de Biden. Sánchez se limitó a acompañarlo durante unos segundos, caminando juntos por un pasillo y sin que el presidente norteamericano siquiera se parase a departir.

De nuevo todo fue un bluf mediático 'made in Moncloa' porque las imágenes no dejan mentir: el paseo resultaba forzado, incómodo y muy mecánico, no había apariencia alguna de complicidad o simpatía mutua, y el lenguaje corporal de ambos denotaba una notable tensión. La secuencia delató cierto desdén de Biden y mucha prisa por sacudirse de encima a Sánchez. Y por parte española, al jefe del Ejecutivo era imposible no detectarle decepción. Desde que en enero Biden tomó posesión, nadie de la Casa Blanca ha telefoneado a Sánchez. Y ayer quedó demostrado que el ninguneo persiste y que probablemente será así durante toda la legislatura. En Bruselas no hubo ningún error de protocolo, ni tampoco confusión. Hubo un encuentro que Sánchez había planificado, pero su resultado solo se saldó con un desprecio patente del principal dirigente del planeta al líder de un partido, el PSOE, que en el pasado afeó visitas de mandatarios norteamericanos –del propio Biden, por ejemplo–, o que llegó a insultar al país cuando José Luis Rodríguez Zapatero no se levantó al paso de su bandera durante un desfile militar. En diplomacia, los códigos son tan relevantes como la memoria y no se olvidan los gestos ofensivos.

Nadie puede alegrarse en absoluto de que las relaciones entre Biden y Sánchez sean inexistentes. No es satisfactorio para nuestros vínculos internacionales ni para la reputación de ningún presidente del Gobierno. Pero para alguien como Sánchez, tan presuntuoso con el 'marketing' político, y tan ególatra con las cuestiones de imagen o con la escenificación del poder, la cita solo puede tildarse de fracaso. En medio minuto apenas puede producirse nada más que un saludo accesorio. Ni siquiera les dio tiempo a adquirir al menos un compromiso verbal para reencontrarse en el futuro en algún otro foro. Y mucho menos aún para abordar cuestiones como la crisis con Marruecos, que vincula directamente a Estados Unidos, los aranceles a nuestros productos, o la colaboración conjunta como miembros de la Alianza Atlántica, ahora que España se dispone a organizar la próxima cumbre de 2022, y no precisamente por mérito diplomático de Sánchez, sino porque en 2019 tuvo que ser aplazada por la celebración de elecciones generales. Por razones obvias, Estados Unidos debería ser un socio preferente a todos los efectos. Pero la pérdida de peso e influencia de nuestro país es tan notoria que costará años reconstruir estas relaciones y rescatarlas de su deterioro. Sánchez no puede continuar la legislatura como si fuese una aventura en busca de fotografías y golpes de efecto, o haciéndose el encontradizo con los líderes internacionales por los pasillos, porque se arriesga a elevar el ninguneo exterior al que se está sometiendo a España al grado de patetismo.

Esa es la lección que nos deja Colón. Contra el separatismo y la traición, no hay etiquetas de izquierdas o derechas. Sólo decencia y buena gente a la que la felonía de un presidente obliga salir a la calle a manifestarse bajo un sol abrasador. Que malditas las ganas

El anuncio más caro del mundo
OKDIARIO 15 Junio 2021

El anuncio publicitario en el que Pedro Sánchez aparece con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante la cumbre de la OTAN dura 29 segundos, prácticamente lo que dura -30 segundos- cada inserción publicitaria durante la final de la Super Bowl, el evento televisivo del año en Estados Unidos. La cadena Fox Sports vendió los anuncios más caros de la historia durante la última edición de esta competición deportiva a un precio de 5,6 millones de dólares por medio minuto. Pues bien, el medio minuto (redondeando) en el que el presidente del Gobierno aparece caminando con el máximo dignatario norteamericano nos ha costado a los españoles 7,6 millones de dólares, 6,3 millones de euros, por encima de lo que Chanel o Coca-Cola pagan durante la final del fútbol americano NFL.

Como informa OKDIARIO, España ha comprometido el pago de 6,3 millones de euros en el proyecto SICA de ayuda a Centroamérica. ¿Y qué es eso?, se preguntarán ustedes. Pues SICA es el Sistema de Integración Centroamericana, un proyecto impulsado por la vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, para hacer frente al problema de pobreza en esa área derivado del desplazamiento de miles de seres humanos que huyen de sus países. Y, precisamente, Harris ha sido la persona que ha impulsado el encuentro de 29 segundos de Sánchez con Biden. El interés de EEUU en este proyecto es obvio: busca una solución a la inmigración ilegal que entra en el país gobernado por el presidente Biden, pero el de España, por razones obvias de distancia, es menos directo. Nos coge más lejos.

Nada que objetar a que España practique la solidaridad -todo lo contrario-, pero que ese pago de 6,3 millones de euros haya servido para que Sánchez disponga de un anuncio publicitario de 29 segundos con el presidente de Estados Unidos es lo que merece ser cuestionado. Porque esos 6,3 millones de euros, revestidos de ayuda solidaria, han sido el precio que hemos pagado todos los españoles para financiar el anuncio del presidente. Más caro que en la Super Bowl.

Contraataque de optimismo
Enrique García-Máiquez. https://gaceta.es 15 Junio 2021

Con frecuencia buenos y admirados amigos me reprochan mi optimismo, achacándolo —por su benevolencia— a mi ingenuidad. Yo lo agradezco de corazón, porque etimológicamente «ingenuo» significa el nacido libre en Roma, en una familia que, con su amorosa solicitud, le permitía ver el mundo color de rosa. Esa tradición clásica es la que recoge, con un guiño bufo, la condesa viuda de Graham, en Downton Abbey: «No seas pesimista, querida. Es muy de clase media».

Aunque yo no llego al rosa, sí veo la gama de colores. Confluyen tres razones en esa perspectiva. Las citaré de menos importantes a más y ciñéndome a la cuestión política, porque el optimismo vital ya lo sostuve en mi libro de aforismos, titulado, justamente, El vaso medio lleno.

La primera razón es táctica. Los muy pesimistas no caen (con lo que ellos son de caer) en que pueden estar propagando profecías que se autorrealizan. Si esto no tiene remedio, ¿por qué va nadie a empeñarse para fracasar seguro? Es verdad que siempre hay quien está dispuesto a pelear incluso con la certeza de la derrota. Pero voluntarios para el martirio salen siempre bastante menos que para una victoria o, incluso, para una pelea a cara de perro con alguna posibilidad, aunque sea mínima, de final feliz. Sobre esta dimensión nos alertó magistralmente Fernando Savater: «Nunca faltan quienes están deseando escuchar de fuente autorizada que este mundo es una mierda sin remedio para confirmar que hacen bien en no molestarse».

Pero lejos de mí forzar la sonrisa por exclusivas razones estratégicas, y menos cuando, en efecto, hay indicios políticos, sociales, culturales, demográficos, incluso religiosos que invitan al desánimo. Por fortuna, en segundo lugar, hay razones de más peso, ontológicas, para el contraataque del optimismo. Existe una fuerza de gravedad de la verdad, la belleza y el bien que hacen que, más pronto que tarde, la sociedad, como un gigantesco tentempié, vuelva a su vertical. Como se dice de muchos partidos políticos, la realidad tiene también su suelo, no sólo electoral, sino sólido, y además con raíces. Por eso la izquierda utopista la odia con tanto resentimiento.

En ese sentido, decía Santo Tomás de Aquino que aquél que dice la verdad es invencible, porque ésta termina imponiéndose. ¿Contra muchos más? Sí. Heráclito el Oscuro también lo tenía claro: «Uno para mí es diez mil si es el mejor». La joven Ana Iris Simón, en su libro Feria, se suma al desdén del número y, por tanto, a la esperanza: «El sabio Frestón estaba en lo cierto, quedan ya pocos Quijotes, pero es que realmente nunca hubo muchos y he aquí la contrariedad. Pero mientras la llama de su espíritu siga presente, y he visto el crepitar en sus miradas, iremos ganando la batalla».

Pero hay una tercera razón para el optimismo mucho menos teórica. Lo vimos en la manifestación de este domingo. Más de media España se resiste a que la subasten por las ansias políticas de Sánchez y por la avidez de los nacionalismos. Que haya tres partidos que representen ese sentir, con sus naturales y enormes diferencias, como es lógico, es una garantía de que ningún líder —que ya nos conocemos— se vaya a echar luego para atrás. Los que hemos sido conservadores y patriotas antes de la aparición de VOX, aunque éramos —como se ve— muchos, no imaginábamos una representación así en las Cortes. En la izquierda intelectual mejor y, al menos, en la ex política se están viendo muestras de dignidad, visión crítica y compromiso. Las instituciones están, bajo una presión inédita, presentando resistencia.

Sumando unas cosas y otras (sin olvidar la etimología), podemos sonreír. Y si me vuelven a recordar los problemas económicos, políticos, sociales, culturales, incluso religiosos, no los niego en absoluto. Pero ahí está el sentido de la aventura. Los chinos tienen una maldición ancestral que impreca: «Ojalá vivas tiempos interesantes». Ellos saben bien que, si son interesantes, serán duros y difíciles. Lo dicen los chinos porque no son chestertonianos. G. K. (ben)dijo: «Una aventura es solo un problema correctamente considerado y un problema es sólo una aventura erróneamente considerada». Estamos, en efecto, en una situación indudablemente interesante o, dicho a lo chino, muy mala. Pero, por un lado, ya casi lo único que cabe es mejorar. Y, por otro, estando al fondo de un problema tan gordo como correctamente considerado, vamos a vivir una aventura política de muy padre y señor mío. No nos vamos a aburrir.

La increíble iberosfera menguante…
Fernando Sánchez Dragó. https://gaceta.es 15 Junio 2021

…o lo que va de ayer a hoy y de anteayer a ayer.

Doy por hecho que todos los lectores de La Gaceta recordarán la película a la que alude el título de esta columna.

Lo que voy a incluir en ella, casi como plato único, no es, stricto sensu, ni periodismo ni literatura. Es, más bien, una lista similar a la de los reyes godos, puesto a buscar un símil absurdo. Ni siquiera, para colmo, la he redactado yo. Le llegó hace un par de días por whatSapp ‒en mi antediluviano Nokia no funciona ese artilugio, que detesto y al que he rebautizado, adaptándolo a la fonética española, con el apodo de sapo‒ a un amigo y fue éste quien me reenvió su texto en un formato diferente. Aunque su lectura resulte tediosa y, a ratos, ininteligible, pues en ella se detallan topónimos que se tragó la historia o borró la geografía y que hoy nadie recuerda, la verdad es que impresiona comprobar cómo aquella Iberosfera en la que, según Felipe II, no se ponía el sol, su crepúsculo empezó cuando el astro rey aún estaba en su cénit.

Dicen algunos que el mayor imperio, por su extensión, de la historia universal no fue el romano ni el británico, y eso es cierto, sino el generado por la Horda Dorada del impetuoso Gengis Khan, y eso ya no lo es, por más que el territorio controlado por sus súbditos abarcase cuanto media entre Mongolia, el centro de Europa y Egipto. Hubo un imperio aún mayor, que llegaba desde las islas del Pacífico hasta las costas americanas de ese mismo océano pasando por África, de refilón, y por buena parte de Europa. Y ese imperio fue el español, al que hoy, extinta ya del todo su larga etapa colonial, llamamos Iberosfera. Un pasado común, una misma religión y un solo idioma es el líquido amniótico y genesíaco que aglutina ‒cada cual con su bandera, su gobierno y su camino‒ a todos los países que la integran. Lo que fuese imperio es ahora o debería ser, mal que le pese a algunos, como la Commonwealth en lo relativo al británico, un espacio de cooperación, de entendimiento y de amistad.

Impresiona, sea como fuere, el proceso de jibarización experimentado por aquel imperio colosal e hispanocéntrico. Aquí lo tienen…

Territorios perdidos por España desde 1587:

1587. Nagasaki (Japón).
1599. Protectorado sobre Camboya.
1623. San Cristóbal y Nieves.

1624. Barbados.
1632. Antigua y Barbuda.
1640. Portugal

1640. Macao (China). Malaca (Malasia).
1642. Norte de Taiwán.
1654. Santa Lucia.

1655. Jamaica.
1663. Territorios de Ternate y Tidore en Indonesia y una parte de la isla de Borneo.
1670. Bahamas.

1674. Granada (la del Caribe).
1700. Territorios de la casa de Habsburgo: Austria, Hungría y Bohemia (hoy República Checa, Austria, Hungría, Eslovaquia y Alemania).
1704. Gibraltar.

1711. Países Bajos y Flandes, actualmente Bélgica, Luxemburgo, Holanda y también algún territorio del norte de Francia, como Artois.
1714. Ducado de Milán
1734. Reino de Nápoles (todo lo que hoy se entiende en Italia por Mezzogiorno) junto a las islas de Sicilia, Cerdeña y Malta.

1783. Dominica.
1794. Oregón, Idaho, Montana, Washington y sur de Alaska, en Estados Unidos, y el Suroeste de Columbia Británica, en Canadá.
1791. Ciudad de Orán (Argelia).

1801. Estados de Luisiana, Arkansas, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Dakota del Sur, Dakota del Norte, Wyoming, Montana, Idaho, Minnesota y Iowa.
1802. Trinidad y Tobago.
1811. Paraguay y las Islas Malvinas.

1819. Colombia y Ecuador.
1819. Estado de Florida y parte de los estados de Luisiana y Texas,
1821. Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Panamá y Belice.

1828. Uruguay.
1836. México, que también incluía los estados de California, Nevada, Utah, Arizona, parte de Colorado, Kansas, Oklahoma, parte de Wyoming y parte de Nuevo México.
1844. Chile

1845. Venezuela.
1847. Bolivia.
1863. Argentina.

1865. República Dominicana.
1879. Perú.
1885. Islas Marshall, pertenecientes a las Carolinas Orientales.

1888. Isla de Pascua
1892. Islas Gilbert, pertenecientes a las Carolinas Orientales., Fueron abandonadas en 1885 y ocupadas 7 años más tarde por el Reino Unido.
1898. Cuba y Puerto Rico. Florida, Luisiana.
1898. Capitanía General de las Filipinas, que incluía Filipinas, Marianas, Guam, Carolinas y pretensiones sobre Sabah en Malasia.

1898. Varios asentamientos en la isla de Nueva Guinea (hoy dividida entre Malasia y Papúa Nueva Guinea).
1899. Palaos.
1938. Islas Salvajes, que pertenecían al conjunto de Canarias.

1958. Diversos territorios del norte de Marruecos: Tetuán, Arcila, Larache, Aulef, Alcazarquivir, Xauen, Bab Taza, Puerto Capaz, Ketama, Torres de Alcalá, Villa Alhucemas, Targuist, Axdir, Ajnoul, Nador y Zeluán.
1968. Guinea Ecuatorial. Formada por las islas de Fernando Poo, Annobón, Elobey y Corisco, además de la Guinea Continental Española.

1969. Ifni, territorio ahora de Marruecos.
1976. Sahara Occidental (Cabo Juby, Saguia, El Hamra, Río de Oro).

Y en puertas, ahora, por entreguismo y dejadez:

– CEUTA
– MELILLA
– ISLAS CANARIAS
-CATALUÑA
Et alii…

A lo mejor algún día nuestros hijos y nietos, nos lo recordarán.
Pero seamos optimistas: siempre nos quedará Madrid.

Esperpento en la OTAN
Óscar Elía. Libertad Digital 15 Junio 2021

Al presidente de los Estados Unidos accede quien puede, no quien quiere. Quien puede tiene algo importante que ofrecer a Washington. Pueden las grandes potencias o las potencias a secas, sean amigas o no –Turquía–; y los aliados estrechos, fieles, tradicionales y previsibles, sean potencias o no –los países bálticos, por ejemplo–. El resto mendiga un encuentro, un cruce, una recepción tasada en minutos. Es lo que ha pasado este lunes en Bruselas.

Nadie ignora que la Moncloa quiere acceder a Biden con el interés puesto en la propaganda y en los efectos que la publicidad pueda generar en la política doméstica española. El objetivo es tan burdo y la maniobra tan zafia, que ha de contrastar con el desinterés que suscita España en la Casa Blanca, como ha quedado de manifiesto en el esperpéntico episodio bruselense.

Estados Unidos asocia hoy día a España con la incertidumbre, los problemas y la irrelevancia. La inestabilidad política que arrastramos desde 2004 hace muy difícil ver en nuestro país un aliado seguro y predecible, más aún con un Gobierno trufado de comunistas y apoyado por grupos radicales, violentos y filoterroristas. Por mucho que el PP busque una política exterior aseada cuando llegue al poder, no es difícil entender que a un país que da tales bandazos se lo quiera mantener alejado de cualquier asunto internacional importante.

España es un problema en términos económicos. Entra en agenda periódicamente cuando se sumerge en crisis que amenazan la Zona Euro y la economía de las democracias occidentales. La famosa llamada de Obama a Zapatero fue harto elocuente. Cuando lo que más cuenta en la arena internacional es la capacidad de recuperarse del mazazo de la crisis covid, ¿cómo no ver en la España mendicante un problema y no una solución?

En cuanto a la irrelevancia, en términos diplomáticos y estratégicos España no cuenta a la hora de afrontar las grandes cuestiones. No hay nada en términos militares que España pueda aportar a Estados Unidos que no puedan aportar una docena de países que, entre otras cosas, dedican a defensa un porcentaje del PIB muy superior. Resulta enternecedor ver al Gobierno sacar pecho por las bases militares que vienen de la época de Franco, o hablar de Hispanoamérica mientras la DEA investiga en nuestro propio territorio.

En fin, descontado Londres, de entre nuestros aliados europeos siguen siendo Francia y Alemania los dos polos permanentes de atención de Washington; y, en términos coyunturales, ahí están los países del Este, que despliegan una diplomacia propia y exhiben un atlantismo que España abandonó hace tiempo –si es que alguna vez llegó a hacerlo realmente suyo–. Con los gobernantes de los países bálticos sí que se ha reunido Biden de verdad.

Sólo un puñado de mandatarios se han visto con Biden esta semana. Lo ridículo del caso radica en la ansiedad de Sánchez y sus publicistas monclovitas por lograr la foto con el inquilino de la Casa Blanca, que les ha llevado a acechar y emboscar a un Biden que, entre sorprendido y aturdido, no parecía saber quién era el tipo que le hablaba sin parar, y al que no oía o no entendía. Por suerte, sus asesores y el protocolo de la OTAN le quitaron de encima al locuaz personaje.

Lo dicho: qué esperpento.

Paseando a Joe Biden
Miquel Giménez. vozpopuli.es 15 Junio 2021

Cuando uno cree que Sánchez no puede hacer más el ridículo pasa lo de Biden, el pasillo y la reunión de treinta segundos. Un crack

Las imágenes, como el algodón, no engañan. Todos hemos visto a Sánchez danzar junto al señor mayor que preside los EEUU como si fuera uno de esos que te paran por la calle para una encuesta, pedirte la firma para no sé qué manifiesto en favor de la oruga canora – Pepín Tre dixit -, apelar a tu buena fe para apuntarte a Cuñados Sin Fronteras o chorradas similares. Ah, queridos hermanos, pero lo de Su Sanchidad no se recuerda en el mundo mundial. Ahí le tienen, ni corto ni perezoso, anunciando a bombo y platillo que iba, ¡por fin!, a reunirse con Biden para después asaltarlo en un pasillo aprovechando que el hombre está mayor y no corre mucho que digamos. Nadie logró tanto en tan poco tiempo.

La turra ha durado 30 segundos, el tiempo justo para que le impidieran a Sánchez entrar en el recinto. Ahora bien, qué treinta segundos. Porque un poco de Sánchez es una eternidad. Hay que reconocerle al muchacho, sin embargo, el esfuerzo hercúleo para sintetizar en ese brevísimo espacio de tiempo todo lo que le quería plantar. A saber: política en Hispanoamérica, cuestión migratoria, tratado bilateral, felicitaciones por la agenda progresista del yayete y no descarto que también la hermenéutica de lo concreto. Tremendo esfuerzo de síntesis, pardiez. Piensen ustedes que el gachupín que tenemos de presidente está acostumbrado a endiñarnos como poco dos horitas de discurso por televisión, total pa decir ná siquiera. Recuerdo esos Aló Presidente durante el confinamiento y me entra más jindama que al Platanito.

A Biden, lógicamente, el licenciado Sánchez le importa un huevo de avestruz. El abuelo ha seguido pim pam pim pam sin detenerse ni un segundo. El caso que le ha hecho es similar al índice de venta de abanicos en Siberia. Bueno, él se lo pierde, debe pensar Pedrete. Porque aquí, el que no se consuela es porque no quiere, demonios. Que ya sabemos que la política internacional del Gobierno no tiene ni medio pase, pero tanto desplante dice mucho y mal del gigante norteamericano. Nada, envidia que tienen de nuestro sol, de nuestra bendita tierra, de la singular belleza de nuestras mujeres y de lo bien que se come en España, porque hay que ver lo bien que se come, en especial el presidente, con sus jamoncitos pagados por todos, y los sindicalistas afectos a la cosa del crustáceo, también sufragados con nuestros óbolos. ¿Qué hay gente en las colas del hambre o escarbando en los contenedores? Eso es la extrema derecha.

Relación con Estados Unidos
Además, ¿qué importará que Biden le haga caso o no a Sánchez?¿Por qué tenemos que molestarnos en mantener una relación estrecha con la primera potencia de occidente? ¿Tan importantes son los lazos políticos, económicos o militares como para irle detrás en plan Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo? Yo digo que no y mil veces no. Donde esté una buena reunión con el Ortega de Nicaragua, con Maduro, con el charro calaveras del sombrerito que han elegido en Perú – hay que ver qué mala resaca tiene el Pisco – y ya no digo Cuba, que se quite el abuelo cebolleta.

Modestamente sugeriría a Iván Redondo que, aprovechando el centenario del gran Berlanga, proponga a su señorito que se disfrace de Don Luis, el viejo hidalgo que en la genial película Bienvenido Mr. Marshall se opone a recibir a los que tilda de indios con gran enfado. “¡Indios no son más que unos indios!”. Si Sánchez, en lugar de hacer de vendedor de enciclopedias o de acompañante de jubilado, hubiera vestido coraza y casco y le hubiese espetado a Biden lo de “¡Indios!”, mira, a lo mejor hasta me habría hecho gracia. No porque servidor sea de la opinión de que se puede pasar tranquilamente del país de las barras y las estrellas, sino porque sería gracioso que alguien, haciendo el indio, acusase a otro de lo mismo. Nota bene para tintinólogos: en “Objetivo: la luna” no vean como se pone el profesor Tornasol cuando el buenazo del capitán Haddock le dice que está haciendo el indio.

Treinta segundos, damas y caballeros, paseando a Biden. Si la próxima vez se lleva a Lilith de cheerleader, lo clavamos. Con suerte nos invaden los USA, estado asociado como Puerto Rico y a vivir. Peores cosas se han visto.

Chupópteros y sectarios
Félix Madero. vozpopuli.es 15 Junio 2021

Joaquín Leguina, último presidente socialista de Madrid antes de que la capital de España se convirtiera en un infierno, -eso decían unos cientos de ciudadanos en un comunicado días antes del 4-M-, ha escrito un libro que, tengo para mí, no ha leído y no se atreverá a leer el presidente del Gobierno. Un error. Si por un momento se quitar esa pátina de soberbia y prepotencia que le acompaña, debería hacerlo y, con humildad, agradecer al veterano socialista que haya puesto negro sobre blanco unas cuantas verdades irrefutables basada en hechos, datos, fechas, toda esa maldita ferralla que sustenta a la verdad. Su lectura no hace daño. El libro (Pedro Sánchez. Historia de una ambición. Espasa, 2021) es una suerte de biografía política elaborada por alguien que, a día de hoy, tiene el mismo carnet que el inquilino de La Moncloa, por lo menos hasta que el órgano de garantías, o como se llame en el PSOE, resuelva si le expulsan junto a Nicolás Redondo Terreros. Dos socialistas que el sanchismo no reconoce porque llevan un tiempo con la extraña manía de decir lo que piensan. Y lo que piensan es, a diferencia de lo que pasa con Sánchez, siempre lo mismo. Y pensar siempre lo mismo es una actividad de riesgo en esta España en el que las hemerotecas y fonotecas de la radio han perdido todo su crédito.

Dos elementos decisivos
Quiero decir que el cambio de opinión por sistema y siempre a conveniencia de quien muta en su parecer, no tiene efectos entre la opinión pública. Lo hemos asumido con facilidad, con la misma con que admitimos que un político mentiroso pueda presentarse a las elecciones, y lo que es aún peor, ganarlas. Habla pueblo, habla.

Leguina lleva toda una vida militando en el PSOE. Sabe de lo que habla. Conoce el paño y el barro con que están hechas la ambición y la soberbia cuando buscan acomodo en la política. En un momento de su libro recuerda los días después del 39º congreso del PSOE (junio 2017) tras el éxito de las primarias, éxito que "trajo consigo la destrucción del sistema interno del partido". A continuación escribe: "Con abundante literatura de evasión, lo que allí se decidió fue que en el nuevo PSOE solo existirían como elementos decisivos: el líder elegido en primarias, es decir, el sistema plebiscitario y las bases a las que creo conocer bastante bien: sectarios y chupópteros a partes iguales".

Escribo esto último, y ya es casualidad, cuando escucho en Onda Cero a Juan Espadas, alcalde de Sevilla y ganador de las primarias andaluzas. Le preguntan al futuro candidato a la presidencia andaluza si él apoya al Gobierno con los indultos. Respuesta: "Apoyo al Gobierno en la concesión de los indultos, igual que lo apoyaría si no los concediera". Un consejo amigo lector: pare la lectura, vuelva leer la declaración de Espadas y dedíquele un minuto de su pensamiento.

Me cuentan que el alcalde sevillano es persona estimable y conciliadora y no precisamente sanchista. Como no lo conozco, lo doy por bueno. Pero no quiero pensar en quien carece de estos atributos a la hora de tomar partido por el lado chupóptero o el sectario de los que habla Leguina.

Calvo, esa antigua forma de hacer política
Ahora, la señora Calvo, vicepresidenta del Gobierno y una obstinada militante socialista y muy, muy antigua en su forma simple y zafia de hacer política, despacha lo de Colón como una reunión de la ultraderecha. Ella verá, si los que fueron a Colón son la ultraderecha. Si Savater y Trapiello que, entre otros, convocaban, lo son, el disparate de esta señora tan remota desbarra con verdadera devoción.

Ni ella, ni Sánchez, ni nadie en el PSOE ha explicado por qué se han ido tantos votos del PSOE al PP en las elecciones de Madrid. Y pareciera que eso no importa, siendo la votancia, y no la militancia, la que finalmente te mete o saca en Moncloa. La militancia, si no sectaria o chupóptera, deviene con facilidad en lábil y pastueña, como los toros dulces que van una y otra vez a la muleta y no quieren ver que tras el engaño simplemente no hay nada.

Sánchez, siempre con la opinión que le conviene
Vuelvo al libro de Leguina que recuerda un debate televisivo entre los candidatos a las primarias: Susana Díaz, entonces muy poderosa hoy en desgracia, Patxi López y Sánchez. Le decía la presidenta de la Junta. "No digo que seas voluble Pedro, sino que vas cambiando de opinión en función de lo que te viene bien". Hoy Sánchez no está solo. En el camino ha encontrado a una militancia que hace exactamente lo mismo que él. Son ya la misma cosa. El mismo cuerpo. Llamémosle democracia interna. Pero cuesta mucho, ¿verdad? Ya lo creo que cuesta.

Qué siente esa militancia que no traga con todo cuando escucha la voz de Sánchez por la radio diciéndole a Risto Mejide que él "siente vergüenza de que un político indulte a otro y que él mismo pide perdón por los indultos dados por gobiernos socialistas". ¿De verdad, señora Calvo, son fachas los que fueron a Colón el domingo?

Estos son los tiempos que nos tocan vivir. Pedro Sánchez dijo en octubre de 2019 lo mismo que los españoles -¡ni de bien ni de mal, que vaya desenfoque el de Rosa Díez!- que estuvieron en Colón: que los presos sediciosos y malversadores cumplan las penas impuestas. El razonamiento es simple: si los de Colón son ultraderechistas Sánchez ¿qué es? Claro, que duele que lo expresara Andrés Trapiello con meridiana claridad: "Nadie es facha por decir hoy lo que decía Sánchez hace unos meses". Si la hemerotecas ya no sirven que al menos la claridad y la elocuencia de un gran escritor pongan en su lugar a tantos mentirosos. Y mentirosas.

A este líder sigue la militancia socialista sin inmutarse. Antes no eran partidarios de los indultos, ahora sí. Han tragado tanto que Sánchez nada tiene que temer. Le acompañará, junto a Iván Redondo, al mismísimo barranco de la Historia. La votancia es otra cosa, pero no parece que importe demasiado. Será que aún no se han enterado de lo ocurrido en Madrid. ¡Vaya con estos errantes socialistas fachas que ahora votan a la derecha! Pues nada, de derrota en derrota hasta la victoria final.


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Los invisibles
Pablo Planas. Libertad Digital 15 Junio 2021

Hay un amplio sector de la población en Cataluña que es absolutamente invisible, gente que paga impuestos, contribuye al sostenimiento de los servicios públicos y las infraestructuras comunes, que trabaja, gasta y vive en la región, pero cuya existencia no cuenta en términos políticos y sociales por mucho que vote o se manifieste. Son personas que no tienen los mismos derechos que los por así decir visibles, aunque asuman todas las cargas, incluidas las fiscales, para ser considerados ciudadanos.

La semana pasada apareció un manifiesto suscrito por una veintena de entidades constitucionalistas y titulado Desde la lealtad hacia la convivencia que hacía mención a estos invisibles en los siguientes términos:

La convivencia en Cataluña no puede reconstruirse sobre la impunidad de unos y la invisibilidad de otros. El camino no es olvidar los delitos cometidos por los desleales, enjuiciados con todas las garantías procesales, y marginar y silenciar a las víctimas de aquellas acciones".

También se dice en ese documento que

el Gobierno de la Nación y las instituciones catalanas han de asumir que aquí hay secesionistas, pero también muchos catalanes que defendemos la España constitucional y pretendemos que se reconozcan nuestros derechos, más cuando reclamamos lo obvio: el acatamiento y respeto a la ley constitucional, el cumplimiento de las resoluciones judiciales y la garantía de los derechos de todos.

El texto se opone a los indultos a los golpistas, a quienes en un acto inconsciente, o no, de temor y precaución no se les tilda de lo que son, unos delincuentes golpistas, sino que se les llama "rupturistas". Como es natural, los firmantes del manifiesto no verán atendidas sus peticiones, ni por el lado de los indultos ni por el reconocimiento de su existencia, la de los invisibles.

Esto es Cataluña, donde las sentencias sobre la enseñanza en español en las escuelas se incumplen sin problemas; donde las instrucciones judiciales para repartir los exámenes de Selectividad en español se desprecian con publicidad y alevosía; donde en los medios públicos se premia con programas y colaboraciones de lujo a quienes con más saña y crueldad insultan a los españoles y menosprecian a los votantes no nacionalistas.

Pero esto ya está dicho. Y denunciado. Este lunes otro humorista del régimen ha dicho en Catalunya Ràdio que los manifestantes de Colón eran unos "energúmenos", que los españoles le provocan angustia porque cada vez tolera menos la ignorancia y que dónde están los músicos, artistas e intelectuales que deberían enfrentarse al supuesto auge de la presunta ultraderecha, que a ver si va a resultar que en España no hay ni músicos, ni artistas ni –mucho menos– intelectuales. Y todo así, con el jijí y el jajá con que se difunde el supremacismo en Cataluña.

La técnica es conocida. Se trata de deshumanizar al sector de la población que se resiste a ser asimilado, a quienes denuncian la erradicación del español en las aulas, a quienes se oponen a los dictados del nacionalismo, a quienes se niegan a renunciar a sus orígenes, a quienes les da urticaria el falso carril central por el que discurre otra parte de la sociedad que no es ni mucho menos mayoritaria, ese 52% del 51% que votó en las pasadas elecciones autonómicas.

Deshumanizar e invisibilizar para que cuando llegue el momento balcánico nadie eche de menos a los que hayan huido o a los que ya no existan.

La lección de Colón
EDITORIAL. https://gaceta.es  15 Junio 2021

A vista de pájaro, que es como dan los telediarios las imágenes, no se puede observar el sufrimiento y el entusiasmo de las más, muchas más de cien mil personas, que en la Plaza de Colón y sus aledaños se vieron obligadas —maldita la gracia que le hace a nadie estar de pie sobre el asfalto junto a unas fuentes apagadas bajo un calor casi sevillano— a exigir a un presidente del Gobierno que cumpla su promesa de guardar y hacer guardar la Constitución con lealtad al Rey. De momento, cero de tres.

Sánchez ni guarda la Constitución, ni mucho menos la hace guardar y todo con una desesperante deslealtad a la Corona, que es deslealtad con la Historia de España y con la democracia de los muertos también conocida como el sufragio universal de los siglos… Pero es verdad que Sánchez prometió por su ‘conciencia y honor’. Quizá eso lo explique todo, porque para indultar a los golpistas catalanes en contra del tribunal que sentenció a unos sediciosos malversadores en un juicio con todas las garantías y alguna más, en contra de la Fiscalía que los acusó, en contra de la mayoría del pueblo español y en contra del sentido común que obliga a no perdonar a quien no pide perdón, hace falta tener amordazada la conciencia y haber perdido el honor. Que siga siendo el presidente de un Gobierno que gestionó la pandemia con desprecio de la vida de los españoles, confirma que la conciencia, si alguna vez la tuvo, está neutralizada. El honor lo perdió —si no antes, él sabrá— el mismo día en el que en la sede de la soberanía nacional buscó los primeros votos de Bildu, los herederos (y deudos) de la ETA.

Lo más de cien mil arrojaos —por cierto, en una cifra inferior a la de los muertos españoles por el virus artificial que China esparció por el mundo— representantes de la mayoría de los españoles y de pie en la solana manchega aguantando los pesares de una mala organización, rompieron a ovacionar los discursos de dos personas de izquierda, sin matices, como el escritor Andrés Trapiello y Rosa Díez, la líder que fue, que pudo llegar a ser y que ahora tiene un puesto preferente a la hora de representar en España la idea feliz de que hay por ahí una izquierda decente.

Gracias, españoles
Rosa Díez. okdiario 15 Junio 2021

Un país es su gente. Y una inmensa mayoría de la gente de este país, o sea, una inmensa mayoría de los españoles, son altruistas, abnegados, trabajadores, generosos, abiertos… La inmensa mayoría de los españoles no ven a sus vecinos como enemigos, no les preguntan a quién votan, en qué creen, cuál es su opción vital o sexual… La inmensa mayoría de los españoles ven a sus conciudadanos como compatriotas.

Esa es la España que se concentró ayer en Colón y en las calles adyacentes, abarrotadas de ciudadanos españoles unidos en la diversidad de opciones individuales y comprometidos en la defensa de la igualdad de derechos para todos.

La de Colón fue la España bonita, la España que supo unirse para hacer la Transición y construir la democracia. La de Colón es la España plural, la España que se enfrentó a otros tiempos oscuros y no quiere que la vuelvan a pintar en blanco y negro.

La España de Colón es la España unida, la que no está dispuesta a consentir que nadie vuelva a cavar una zanja entre españoles, la que no permitirá que un gobierno sectario y borracho de ambición de poder vuelva a romper la convivencia entre compatriotas.

La España de Colón es la de hombres y mujeres de todas las edades, de todos los puntos de España, de todas las clases sociales, de todos los credos e ideologías que no se saben vecinos de Almería, de Vigo, de Móstoles, de Jaén, de Sevilla, de Valladolid, de Vitoria, de Zamora… y ciudadanos de España.

La España de Colón es la que vibra con una jota, o con una sardana, o con un fandango o una bulería… La que llega por la calle Serrano detrás de un gaitero, la que se mueve al ritmo de una banda de rock alternativo en una esquina cercana a la plaza porque ya no pueden seguir avanzando, la que llega a las ocho de la mañana cantando coplas…, la que se emociona cuando un hombre con una trompeta interpreta el himno de España.

La España de Colón es la de un hombre que escribe al correo de Unión78 para decir que como es agricultor y no podrá ir porque hay que atender el campo y las cuatro vacas que tiene, pondrá una bandera de España en el tractor y en el balcón de su casa de un pueblo de Castilla.

La España de Colón es la España que responde a la llamada de una plataforma cívica desconocida porque no le preocupa quién convoca sino para qué. La España de Colón es la que tiene claro que hay que salir a la calle para frenar a quienes utilizan el poder alcanzado democráticamente para malvender a los enemigos de la democracia las libertades de todos los españoles.

La España de Colón es la que inunda el correo de la plataforma para decir gracias. Más de 12.000 correos recibidos hasta el día de ayer, bloqueado el servidor, desbordados los voluntarios que contestaban individualmente a cada uno que excedieron en varias ocasiones el límite de correos a enviar por hora… La España de Colón sigue enviando mensajes a la cuenta de apoyoconcentración@union78. Cuando escribo este artículo hay 7.268 mensajes que aún no hemos podido leer… Y siguen llegando.

La España de Colón es la de los jóvenes que no están a dispuestos a que les roben su futuro, la España de jóvenes que gritan «¡Visca España y viva la Constitución!».

La España de Colón es la de hombres y mujeres que recuerdan cómo unidos y superando los peores augurios fueron capaces de construir la democracia.

La España de Colón es la que está dispuesta a salir a la calle cuantas veces sea necesario para impedir que quien tiene el deber de respetar y hacer respetar la Constitución traicione sus obligaciones constitucionales en comandita con sediciosos delincuentes y separatistas.

La España de Colón es la que no está dispuesta a permitir que el Gobierno premie a los enemigos declarados de su nación. La España de Colón es la que le hará pagar a Sánchez su traición. La España de Colón es la que no perdonará a Sánchez que utilice el Gobierno propagar el sectarismo más maniqueo y destructivo y dividir la sociedad.

La España de Colón es la que castigará a Sánchez y al PSOE política (y electoralmente, que lo único que les importa) por poner la justicia en venta y usarla como medio de pago para mantenerse en el poder. La España de Colón es la que exige que los delincuentes paguen por sus delitos, máxime cuando amenazan con volver a cometerlos. La España de Colón es la que no indultará a Sánchez si amnistía de forma encubierta a los sediciosos y malversadores de caudales públicos.

La España de Colón es la de españoles orgullosos de su ciudadanía, la de españoles que se saben insultados por un Gobierno que les tacha de ultraderecha por el mero hecho de defender sus derechos y, con ellos, la democracia y las libertades. La España de Colón es la que señala, sin miedo y sin complejos, con argumentos y con verdad, a un Gobierno excluyente, sectario y peligroso.

La España de Colón es la que le dice alto y claro a Sánchez y a su Gobierno que los españoles no permitiremos que nos roben ni el dinero público, ni la nación común ni los derechos de ciudadanía.

Os damos las gracias a todos los ciudadanos que ayer, en presencia o en espíritu, acudisteis a esta primera llamada de Unión 78. Damos las gracias también a los voluntarios que trabajaron desde primera hora de la mañana para que todo se desarrollara en orden y sin problemas de seguridad, guardando la distancia social entre quienes acudían a la concentración, que por cierto mostraron un altísimo grado de responsabilidad. Damos las gracias a las policías, tanto la Nacional como la Municipal, que hicieron su trabajo con profesionalidad y diligencia, y que nos ayudaron a resolver problemas imprevistos (como la llegada de un nuevo generador, que aunque parezca mentira fue toda una proeza, con las calles abarrotadas y cerradas como estaban…). Damos las gracias a los profesionales del Samur, que como siempre estuvieron en su sitio.

Son tiempos difíciles, sí, y no solo en lo político; pero unidos vamos a superar este agujero negro de nuestra historia democrática en el que nos quiere hundir el traidor que vive en la Moncloa. Sánchez seguirá adelante con sus planes de demoler la democracia salvo que los españoles, víctimas de su despotismo, le frenemos en las urnas… y en la calle. Cuando sea el momento de las urnas, cada uno elegirá su opción. Mientras tanto, cada vez que sea necesario, los españoles saldremos a las calles a defender la democracia. Y volveremos a demostrar que los españoles unidos somos invencibles.

Emoción y orgullo, sí. Ésa es la España de Colón.

Gracias, ciudadanos, gracias, españoles todos. Gracias.

Queda mucho partido por jugar
Cayetano González. Libertad Digital 15 Junio 2021

El acto de Colón puso una vez más de manifiesto que el deseable entendimiento entre el PP y Vox está muy lejano.

Aunque todas las encuestas publicadas tras la contundente victoria de Ayuso en Madrid el pasado 4-M apuntan a que el PP ganaría las elecciones generales si se celebraran ahora, y podría gobernar con el apoyo de Vox, hay un pequeño detalle que no se puede perder de vista: quedan casi dos años y medio para que esas elecciones tengan lugar, si el presidente del Gobierno, que es quien constitucionalmente tiene la prerrogativa de convocarlas, no decide adelantarlas. Y, visto lo que dicen las encuestas, no parece que entre los planes de Sánchez esté llamar a los españoles a las urnas antes de noviembre de 2023.

Queda mucho camino por recorrer o, dicho en términos deportivos, "queda mucho partido por jugar" para los partidos que tienen que fortalecer y asentar la alternativa al Gobierno social-comunista de PSOE y Podemos. Esos partidos son fundamentalmente el PP y Vox, ya que Ciudadanos está en proceso de desaparición, como se vio en Madrid y como también ponen de manifiesto las encuestas, incluidas las de Andalucía.

En este contexto, la concentración de este domingo en Colón fue una muestra de que en el seno de la sociedad todavía hay una buena capacidad de resistencia y respuesta a las fechorías que quiere llevar adelante este Gobierno, en este caso los indultos inminentes a los políticos catalanes que intentaron dar un golpe de Estado hace cuatro años. Pero tampoco se pueden sacar muchas más conclusiones positivas del acto de Colón, y eso sin entrar a valorar la mala organización del mismo, debido a la evidente falta de recursos materiales para llevarlo a cabo, que es lo mismo que decir que quienes debieron implicarse, o ayudar desde fuera en esos aspectos, no quisieron hacerlo.

El acto de Colón puso una vez más de manifiesto que el deseable entendimiento entre el PP y Vox está muy lejano. Quizá no sea esta la cuestión prioritaria en el momento actual –desde luego, no lo es para los dirigentes populares, y los de Vox creen que es más rentable, electoralmente hablando, ir cada uno por su cuenta–, pero al electorado de ese espacio de centro-derecha le gustaría ver menos remilgos, sobre todo en el PP a la hora de hablar de los de Abascal. Sigue pesando mucho la carga de profundidad que supuso la intervención de Pablo Casado contra Vox y contra su presidente en la moción de censura contra Sánchez.

En los próximos meses, Sánchez seguirá dando pasos para intentar contentar a sus socios –ERC, Bildu, PNV–, ya que sigue necesitando de ellos para mantenerse en el poder. Primero serán los indultos, y luego la famosa mesa de negociación, donde puede pasar de todo. Los independentistas no ocultan sus intenciones: amnistía y autodeterminación.

Otro frente abierto por Sánchez es el referido a los presos de ETA, merced a sus acuerdos con PNV y Bildu. Una vez acercados en su práctica totalidad al País Vasco, y transferida la competencia de prisiones al Gobierno de Urkullu, lo normal es que en los próximos meses vayan saliendo a la calle sin cumplir, en muchos casos, íntegramente sus penas. Es decir, una forma de indulto encubierto. Que eso sea una ofensa a la memoria, a la dignidad y a la justicia que se merecen todas las víctimas del terrorismo es algo a lo que Sánchez no parece darle una excesiva importancia.

Esto es lo que hay, y por eso fue acertado el mensaje final de Rosa Díez en su intervención en Colón: hará falta salir más veces a la calle para manifestar a Pedro Sánchez que hay una parte importante de la sociedad que no está dispuesta a rendirse y a plegarse a su proceso de demolición de la España constitucional. El presidente del Gobierno tiene que sentir alto y claro el ¡basta ya! que surgió hace años en el País Vasco contra ETA y contra el nacionalismo obligatorio del PNV, y que ahora se tiene que extender por toda España contra este Gobierno y su presidente.

Colón o la nada, ¿qué quiere el PP?
Manel Manchón. cronicaglobal 15 Junio 2021

El PP, como principal partido de la oposición, una fuerza política que ha gobernado España y está al frente de diferentes comunidades autónomas y grandes ciudades, quiere volver a la Moncloa. Está claro su propósito y es, de hecho, por lo que batalla cada partido político. Pero la pregunta, y no solo atañe al PP, es: ¿para qué quiere volver a gobernar? Y ahí aparecen las dudas, porque en muchas ocasiones se ha visto al partido liberal-conservador en labores de pura oposición, sin ofrecer ninguna hoja de ruta alternativa, sin marcar un horizonte de esperanza para España a medio y largo plazo. Los tratados de ciencia política acostumbran a señalar que los partidos de centro-derecha se dedican a gestionar, que lo hacen mejor que la izquierda, tratada así, en general, y que no tienen una gran vocación de cambio.

Es, de hecho, una de las características de ese flanco derecho, al entender que los grandes relatos sobre hacia dónde debe caminar una sociedad suponen un enorme error. Se debe hacer lo justo, que la economía se ponga en marcha e intervenir lo menos posible. Que cada individuo y colectivo establezca sus propias prioridades. Lo ha verbalizado el presidente del PP, Pablo Casado, con esa idea de que él, como político, no debe decir qué debe comer cada uno, o cómo debe vestirse. Correcto. Pero es que hace falta algo más. Algún tipo de proyecto para encauzar grandes problemas en España, como el que ha presentado el independentismo catalán.

La respuesta del PP suele ser la misma siempre que está en la oposición. Carga con dureza contra el PSOE. Estaría justificado a partir de medidas concretas del Ejecutivo socialista, pero en muchas ocasiones se ha tratado de deslegitimar la propia formación del Gobierno, el hecho mismo de que hubiera alcanzado la Moncloa. Se pueden recordar algunos comentarios, como señala José María Maravall en su reciente libro La democracia y la izquierda (Galaxia Gutenberg). Francisco Álvarez-Cascos, secretario general del PP hasta 1999, señaló en 2005 que era “una anormalidad democrática” que en España pudiese gobernar el PSOE. Mariano Rajoy, adalid de la moderación, calificó de “perfecto imbécil”, “bobo solemne que había traicionado a los muertos” a Rodríguez Zapatero en el debate del Estado de la Nación en mayo de 2005. Y en 2007, el tono se elevaba con una frase de Rajoy que ha definido el tipo de oposición del PP al Gobierno del PSOE, en el sentido de que haga lo que haga, todo será una especie de traición a España. “Si usted no cumple (con ETA), le pondrán bombas, y si no hay bombas es porque ha cedido”.

Ahora son los indultos a los políticos independentistas presos. La concentración en la plaza de Colón en Madrid ha sido la respuesta, como lo fue en 2019 para rechazar la figura del llamado “relator”, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez quiso aproximarse al gobierno catalán para explorar salidas al problema político que existe en Cataluña. Ya no se trata de si acompaña o no a Vox en esas manifestaciones. Lo que importa es saber qué pretende hacer el PP, qué planes tiene a medio plazo y qué puede aportar al conjunto, a todos los españoles, pero también a todos los catalanes. Pablo Casado dejó un muy buen sabor de boca hace unos meses cuando fue invitado en el Círculo de Economía. Ahora tendrá otra oportunidad en las jornadas del lobi empresarial que se celebran esa semana. Casado, sin embargo, defiende cosas diferentes en función de quién es su interlocutor. Está a tiempo de rectificar.

Una de las consideraciones que se dejan de lado es la exigencia al PP de un conjunto de valores que sean útiles y válidos para la democracia española. Pasan los años y al principal partido de la oposición --ahora, mañana será de gobierno, como lo ha sido durante muchos años-- se le debe pedir que deje de ir a la contra. Su proyecto se plantea como un ‘no’ a los socialistas y a su relación con esa España periférica que existe, que es una realidad y que no se puede borrar. Un ejemplo claro que los propios expertos en ciencia política, como se apuntaba antes, no entienden es por qué el PP nunca ha apostado con claridad por un modelo federal para España. Son los partidos liberales los que prefieren descentralizar, y es la izquierda la que, históricamente, ha sido la más jacobina. En España es al revés, aunque haya jacobinos en el PSOE, y liberales --pocos--consecuentes en el PP.

Otra característica que nunca ha abandonado el PP es su querencia por el poder judicial. Ocurrió en los años 80. Es importante recordarlo. La AP de Manuel Fraga llevaba sistemáticamente al Tribunal Constitucional todas las leyes que no le gustaban del Gobierno de Felipe González. Tras la victoria del PSOE, con 202 diputados, AP se refugiaba en el TC para parar leyes como la ley de plazos del aborto. González, harto de la paralización que suponían esos recursos, optó por eliminar el recurso previo de inconstitucionalidad que era preceptivo, en 1985. Y así, tras muchos años, se llegó al Estatut de 2006, sin que nadie reparara en que podía suceder --y así ocurrió-- que tras votar los catalanes en referéndum el Estatut, el Tribunal Constitucional actuara después eliminando importantes artículos del texto. Y eso, al margen de la posición de cada uno, se debe reparar. ¿No podría el PP estar a favor de esa circunstancia y buscar una salida al embrollo catalán? ¿Debe refugiarse una y otra vez en la ley sin pensar en que sus abusos para proteger la ley han sido contraproducentes?

La concentración de Colón es la nada. No aporta gran cosa. El PP es un partido esencial en España. Y se le pide que comience a pensar en su papel central en la democracia española. Lo ha señalado el diplomático José María Ridao, al recordar que el PP suele “hacer política con las instituciones” y no “desde las instituciones”. Son posiciones muy distintas. Y si Pablo Casado tiene un plan y pasa por no hacer nada respecto a Cataluña, que lo oficialice, que lo explique con detalle: no tocar nada, cumplimiento íntegro de las penas para los políticos independentistas presos, el Estatut lo tocó el Constitucional de forma legítima y ahí se queda, y el independentismo ya se cansará y se agotará al ver que no tiene nada que hacer frente a las instituciones del Estado. Es una opción. Y nadie está en condiciones ahora de señalar si podría o no tener éxito. Pero que lo diga, que el PP defienda, de verdad, qué quiere hacer. El Gobierno de Pedro Sánchez, esté equivocado o no, ha ofrecido su propio plan. Se espera alguna respuesta, más allá de Colón, a quien está llamado a llegar a la Moncloa, cuando le toque.

Ultraderecha y federalismo
José María Marco. larazon 15 Junio 2021

Sánchez y su gobierno social podemita se las han arreglado para hacer del nacionalismo catalán un elemento de demonización y exclusión de toda esa parte de la sociedad española que no comparte su actitud. Los que fuimos a Colón el domingo, y todos los que se sintieron representados por lo que allí sucedió, somos «fachas», es decir de ultraderecha. Los hay que llevamos decenas de años abonados a la etiqueta. Los hay llegados al club hace menos tiempo, y los hay recién desembarcados y que suponen, o parecen suponer, que mostrando alguna prueba de pedigrí más o menos centro-izquierdista llegarán a ser tratados de otro modo.

Se equivocan. La situación ha llegado al punto en que Sánchez y su gobierno sólo pueden continuar con su estrategia a costa de negar que exista alguna alternativa a la propuesta nacionalista, que es –en realidad– la que han asumido con el nombre de federalismo. En su sentido propio, el federalismo se refiere a un proceso de unificación de unidades políticas distintas. En nuestro país, en cambio, federalismo quiere decir destruir la unidad previamente existente –la nación española, con todo lo que nos une desde hace siglos– para, supuestamente, reconstruir una nueva unidad que tenga en cuenta las diferencias fundamentales que existen entre quienes se quieren unir de otra manera.

Hay una doble falacia en la propuesta. La primera se refiere a la carencia de unidad de la comunidad primera, en este caso de la nación española. Claro que ha habido, hay y habrá diferencias. También han sido mucho menores que lo que nos ha unido. De no haberse cultivado sistemáticamente las pequeñas diferencias, y el narcisismo que traen aparejadas, serían mucho menores. En condiciones de respeto a la unidad de base, jamás se han producido discriminaciones ni enemistades entre las partes. Al revés. Los españoles siempre han tendido a ser algo más que tolerantes con quienes expresan lo español a su modo: de hecho –salvo los nacionalistas–, se identifican con una naturalidad absoluta con los demás. En contra de lo que se ha dicho, la nacionalización de los españoles estaba realizada, y muy bien, hace siglos. (Muy principalmente, gracias a la Corona.)

La segunda falacia consiste en suponer que la ruptura de la unidad servirá para reconstruirla de otra manera. Efectivamente, el proceso entraña una violencia inevitable –simbólica, de comportamiento y llegado el caso física y política, como la que ha ocurrido y está ocurriendo en el País Vasco y en Cataluña– que hará imposible volver a soldar sin traumas lo que quede. Y sobre todo, porque el proceso de ruptura es tan costoso que quienes lo emprenden lo hacen a sabiendas de que no se va a volver nunca a la situación previa. A estas alturas, los nacionalistas han dejado bien claro esta realidad y desde el llamado fin de ETA y el «procés» todos sabemos a qué atenernos. También lo saben Sánchez, su gobierno y el social podemismo. Por eso, cuantas más pruebas acumule la realidad contra la ficción que se han construido, más tendrán que ampliar el campo del ultraderechismo. Bienvenidos, compañeros.

El talismán de la ultraderecha
Antonio Pérez Henares. diariosigloxxi 15 Junio 2021

MADRID, 14 (OTR/PRESS) El Gobierno, o sea el PSOE, Podemos, los separatistas y Bildu, que lo son en España, han sacado el talismán sagrado de la ultraderecha. Todo aquel que esté contra los indultos a los sediciosos condenados por el Tribunal Supremo y con voluntad confesa de repetir jugada, incluyan a Junqueras, es un fascista peligroso. Vamos que son-somos- de extrema, extremísima derecha mas de un sesenta por ciento de la población con los jueces y fiscales de los más altos tribunales en cabeza.

En realidad Pedro Sánchez mismo era un facha de tomo y lomo con que vayamos cuatro días atrás y recordemos lo que con gran énfasis y solemnidad, el Presidente miente con muchísimo empaque y firmeza, comprometía ante la nación entera y lo extendía urbi et orbe por todas las televisiones. Nunca jamás cometería semejante felonía y esos delincuentes cumplirían al completo sus penas.

Lo decía y con total descaro mañana se sentará con ellos, ya lo han anunciado, para decidir nuestro futuro. O sea, para ver como siguen avanzando en el desguace de España y en la impunidad de quienes pisotean y violan nuestra Constitución y nuestras leyes. No tardaremos en ver, una parte del Gobierno ya lo proclama, Ione Belarra y sus podemitas son gobierno, no se olvide, en ver retornar entre vitores a Puigdemont, ¿Que dicen que no y lo niega Carmen Calvo? Pues más razón para darlo como seguro. La predicción mas probable y contrastada por los hechos es considerar sus juras en contrario. Todo aquello de lo que reniegan con grandes aspavientos es lo que exactamente tienen pensado poner en practica.Lo que sería una descomunal sorpresa sería sorprenderlos diciendo verdad alguna. Lo de verdad y Sánchez es un "contradicción in terminis" o sea un imposible metafísico.

Pero lo peor de los indultos viene luego. Porque la formula es, en todos estos procesos, la misma: ir haciendo tragar a cachitos y trozo a trozo, lo que dicho de inicio de inicio, con claridad y de golpe, sería repulsivo y las gentes se levantarían ante semejante y traidora infamia. Pero dosis a dosis, camuflando y emboscando la intencio última, la aberración, que primero se ha negado, cuando se concluye parece normal y hasta se la presenta como bueno o, al menos, como no del todo malo. Y hasta manjar exquisito.

En ello están y consideran que pasado este primer trance, que creen estar superando con todo el aluvión de placebos y cataplasmas vertidos de continuo por las terminales mediáticas sobre nuestras cabezas, la autopista de entrega y rendición de los derechos constitucionales de los españoles será un continuo trasiego de infamias y despojo que se nos venderá con los consabidos mantras de dialogo, conciliación y ya el colmo, magnanimidad, que en no es otra cosa que primero robo, pues no roban a todos lo que es de todos, de nuestra soberanía, y que Pedro Sánchez tras apropiárselo lo va ofertando pieza a pieza a cambio de seguir en el poder, permanecer todo lo que pueda en la Moncloa y sin ya traba ninguna interna.

Pierdan toda esperanza, los presuntos opositores de oficio, léase Page, Vara o Lambán votarán, ya están votando en los parlamentos regionales, a favor de los indultos porque en el PSOE, y menos tras lo de Andalucia, ya no queda nadie que no sea, aunque hagan asquitos, un mesnadero del caudillo Sánchez. Servilmente genuflexos ahora se abrazarán al mantra y salvoconducto. Oponerse a ello es cosa de fascistas. Vamos que la Constitución y la Democracia española es fascista. Bueno, para que no decirlo de una vez, España, desde el nombre hasta la lengua común, además de un invento de algo que no existió nunca, es facha.

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