AGLI Recortes de Prensa  Domingo 20  Junio  2021

Rumbo firme hacia la estanflación, ¿puede evitarse?
Daniel Rodríguez Asensio. Libertad Digital 20 Junio 2021

Actualmente, una subida de tipos de interés supondría la quiebra de buena parte del tejido empresarial a ambos lados del Atlántico.

8 de agosto de 2020. Libre Mercado publica un artículo titulado: "El peligroso camino hacia la estanflación y la falta de herramientas para superarla" (pueden leerlo aquí). Sale la legión de opinólogos intervencionistas (disfrazados bajo muchas etiquetas) tachándolo de alarmista, falto de argumentación económica y alejado de la realidad.

https://www.libremercado.com/2020-08-08/daniel-rodriguez-asensio-el-peligroso-camino-hacia-la-estanflacion-y-la-falta-de-herramientas-para-superarla-91417/?_ga=2.206935379.1552689267.1624047569-1130404980.1592038531

Hoy, menos de un año después, todas las grandes economías del mundo superan el objetivo de inflación marcado por sus bancos centrales: en Estados Unidos los precios están creciendo a un ritmo del 5% interanual, en Europa está en el 2%, en Reino Unido al 2,1%, etc. Los mismos que en su día trataron de desacreditar las señales que ya adelantaban el repunte que vemos ahora dicen que es "estacional" y que esta subida de los precios está impulsada por los elementos más volátiles (alimentos y, muy especialmente, costes energéticos). Lo cual tiene una doble lectura interesante:

La primera es: ¿Acaso las familias y empresas no sufren la subida del precio de la electricidad o los combustibles? Digo más: ¿Qué es más nocivo, que suban los precios de los dispositivos electrónicos, cuya compra puedes retrasar en el tiempo, o que lo hagan los de la electricidad, que es un bien de primera necesidad cuyo consumo no se puede modular?

Y lo segundo, aunque no por ello menos importante, es el supuesto carácter "estacional". La economía es una ciencia social y, por lo tanto, no tiene verdades absolutas. Pero, honestamente, este no parece un fenómeno estacional cuando la Reserva Federal ya ha incluido en sus minutas un adelanto en las perspectivas de cambio de la política económica (esto es, subidas de tipos y/o reducción de la masa monetaria) para finales de 2023.

En mi opinión la situación actual es una de las más nocivas posibles: erosiona el poder adquisitivo de familias y empresas de una forma ineludible y, sin embargo, no activa ningún indicador que alerte de la necesidad de revertir las políticas para revertir la situación actual. Como ya hemos explicado en esta columna (lean), la inflación es un fenómeno de carácter fundamentalmente monetario, aunque derivado del contexto actual se estén produciendo, a mayores, situaciones coyunturales que empeoren la situación. Pero fundamentalmente es un fenómeno monetario.

https://www.libremercado.com/2021-05-22/daniel-rodriguez-asensio-asi-se-esta-gestandocrisis-financiera-inflacion-burbujas-irresponsabilidad-politica-6757749/?_ga=2.52935272.1552689267.1624047569-1130404980.1592038531

¿Podemos esperar que los precios en Estados Unidos vayan a seguir creciendo, al menos, al 5% interanual en Estados Unidos? Difícilmente. Este repunte se ha producido como consecuencia del hackeo a uno de los oleoductos más importantes del país, que ha tenido paralizado el transporte de combustibles fósiles y por ello se han encarecido.

Pero sí que van a subir a un ritmo superior al 2% en el medio plazo. La razón es que la FED está inyectando dinero en la economía al mayor ritmo de la historia de Estados Unidos, Joe Biden también está poniendo en marcha uno de los planes fiscales más ambiciosos de la historia del país y, sin embargo, la economía muestra el primer frenazo notable en la recuperación de su economía real.

Lo mismo podríamos decir del resto de bancos centrales. Por eso la inflación en ningún caso tiene un carácter transitorio. Si, además, le sumamos una situación económica a la que le va a llevar años recuperar los niveles de 2019 y cuyos riesgos a la baja continúan materializándose, la estanflación es un escenario cada vez más real de cara a 2022 y 2023.

Cualquier escenario de crecimiento económico sostenido y control de la inflación sin explotar alguna de las múltiples burbujas que actualmente existen en los mercados financieros y de crédito es, sencillamente, imposible. De materializarse, el movimiento que ha comenzado a dibujar la FED sería el más acertado: Un plan creíble para eliminar la sobreestimulación monetaria en un horizonte temporal de medio plazo.

¿Cuál es el problema? Que los bancos centrales han perdido buena parte de su credibilidad. Actualmente, una subida de tipos de interés supondría la quiebra de buena parte del tejido empresarial a ambos lados del Atlántico y problemas de solvencia para algunas finanzas públicas estatales. Y una reducción de la masa monetaria, además de más difícil de ejecutar (los créditos tienen un momento de devolución determinado), también supondría la posible aparición de problemas de liquidez para empresas que son, de facto, insolvente.

El terremoto financiero y sobre el mercado laboral que esto podría suponer es incalculable. Las grandes economías se han hecho tan dependientes del gas de la risa monetario que ya nadie cree que se van a eliminar los estímulos, sencillamente, por responsabilidad de sus líderes.

Si tuviera que hacer una apuesta diría que la estanflación es inevitable. Si no es por reiteración de los errores que nos han traído hasta aquí, será por los efectos de la resaca financiera por tanta irresponsabilidad durante tantos años.

La vuelta a la normalidad supone una interacción de: i) Las reformas estructurales a nivel nacional que no se han hecho en los últimos años; ii) La vuelta a la responsabilidad monetaria; iii) Tiempo para que los desajustes se solucionen de forma ordenada.

Autores como Daniel Lacalle, Carmen Reinhart o Mervin King deberían habernos enseñado que la crisis de 2008 fue la consecuencia de una política monetaria desacertada. No fue así, y hemos decidido incidir sobre nuestros errores. Ahora sólo estamos viendo la punta del iceberg, pero lo que esconde no es menos preocupante.

Los mercados de crédito fueron una buena herramienta para impulsar el crecimiento económico hasta que fueron dominados por un ente que controla el precio del dinero (tipo de interés) y la cantidad de dinero en circulación. No hemos hecho caso a las señales, y ahora tenemos a impuesto de los pobres como un elefante en nuestra cocina. Lo pagaremos.

¿Presidente o ridículo cazautógrafos?
EDUARDO INDA okdiario 20 Junio 2021

Llevarse bien con los Estados Unidos es lo lógico, lo sensato y lo más práctico si eres un país occidental. Es prácticamente una obligación. Llevarse mal, y no digamos chulearles, es del género más tonto que pueda haber. Una buena relación redundará en inversiones estadounidenses en tu país, una mala degenerará en que acabes siendo una nación del montón, por no decir pobre o en decadencia. Todos los presidentes de la democracia, apadrinados por un Juan Carlos I que siempre ha hablado de tú a tú a los inquilinos de la Casa Blanca, optaron por el primer camino por perogrullescas razones. El primero fue Suárez, que en 1980 recibió por todo lo alto a Jimmy Carter, alias El Breve, más tarde le tocó el turno a Felipe González, que tras el fervor antiOTAN se cayó del caballo y agasajó en 1985 a un Ronald Reagan en su plenitud, eso sí, con el plantón oficial del a la sazón vicepresidente, Alfonso Guerra. El primer ministro que más tiempo ha ocupado el cargo repitió con George H. Bush y con Bill Clinton.

De José María Aznar contaré poco porque se sabe todo o casi todo. En lugar de felicitarle por mantener un trato privilegiado con George W. Bush, la izquierda le puso sistemáticamente a parir por su cercanía con el republicano. No todos los días un presidente estadounidense recibe a un primer ministro español en su casa, en este caso en el rancho texano de Crawford. Por no hablar de esa foto de las Azores con Bush, Blair y Durâo Barroso, que nos situó por primera vez en ese eje trasatlántico que es la primera división mundial. Un protagonismo que, entre otras cosas, permitió que las empresas españoles se transformasen en multinacionales y entrasen como Pedro por su casa en una Iberoamérica hasta entonces cuasimonopolizada por las gigantes estadounidenses.

Todo se torció cuando el descerebrado de José Luis Rodríguez Zapatero hizo el mayor feo institucional posible: no levantarse al paso de la bandera de las barras y las estrellas en el desfile militar del Día de la Hispanidad en 2003, siendo aún tan sólo secretario general del PSOE. Aquella chulería, que representó una ofensa a todo el pueblo estadounidense, nos salió muy cara a partir de marzo de 2004, cuando contra todo pronóstico venció en las generales celebradas tres días después de los terribles atentados del 11-M. Estados Unidos tomó nota y Bush no le recibió jamás cara a cara. La única cita tuvo lugar en un encuentro del G20 en la Casa Blanca. Barack Obama sí le dispensó el trato habitual a los líderes occidentales con la foto de rigor frente a la chimenea del Despacho Oval.

Rajoy, reconocido atlantista, nada dudoso de fobias antiyanquis, tipo serio donde los haya, tuvo ocasión de reunirse tanto con el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos como con Donald Trump. Lo normal en un país que es miembro de postín de la OTAN, que acoge dos importantes bases estadounidenses (la naval de Rota y la aérea de Morón de la Frontera) y que mantiene fortísimos lazos comerciales con el primo de Zumosol del orbe. Pedro Sánchez es en esto, como en prácticamente todo, una copia cutre del que pensábamos inempeorable Zapatero. Su pacto con la filial europea del Partido Socialista Unificado de Venezuela de Chávez y Maduro, Podemos, le convierte en un bulto sospechoso más que en un aliado de fiar.

Los vínculos de los socios de Sánchez con los machacas podemitas de la narcodictadura venezolana, perseguida por la DEA, la Fiscalía General de los EEUU, el FinCEM y el FBI, no son el único motivo del castigo de la Casa Blanca a Pedro Sánchez. Tampoco podemos olvidar que la teocracia iraní, seguramente el primer país en la lista negra de Washington, financió a Podemos en sus prolegómenos, las tertulias de Pablo Iglesias y hasta el móvil personal del coletudo descoletado. En esto de perseguir a los malos-malísimos del mundo-mundial no hay distinción entre republicanos y demócratas, ahí todas las administraciones son una piña.

No entiendo, pues, cómo Pedro Sánchez y los periodistas de cámara de Redondete se escandalizan de que Joe Biden, al que loaban como si las elecciones presidenciales de noviembre las hubieran ganado el PSOE y Podemos en lugar del septuagenario senador, no les haga ni puñetero caso. Al punto que ha telefoneado a 30 mandatarios internacionales desde su aterrizaje en la Casa Blanca en enero, entre los cuales no se encuentra el actual inquilino de La Moncloa. El cabreo sideral con el Gobierno socialcomunista es tal que a estas alturas, cuando han pasado casi cinco meses desde la toma de posesión del demócrata, tampoco ha designado embajador en España. Estas cuestiones formales son el síntoma de un problemón que no parece vaya a solventarse con bufonadas como la del lunes en la Cumbre de la OTAN en Bruselas.

Sólo un presidente de quinta, un ADN ridículo como el Pedro Sánchez, es capaz de montar un espectáculo semejante. Eso de colarse como un vulgar cazautógrafos en el minirrecorrido de Biden por el cuartel general de la OTAN en Haren es una actuación que certifica que no está cualificado para el puesto que ocupa. Vamos, que le queda tres o cuatro tallas grande. Su carrerita para ponerse a la par del mandatario e intentar hacer ver que eran coleguitas de toda la vida parecía extraída de una película de Torrente o de un sketch del genio del humor, José Mota. La displicencia de Biden con nuestro presidentillo, al que no miró de frente y del que se despidió como lo haría de cualquier pesado, si es que se despidió, que eso tampoco se adivina con claridad en las imágenes, es sencillamente antológica.

Cómo será de heavy el papelón que hasta al gubernamentalísimo y embusterosísimo El País no le quedó otra que poner a caer de un burro al presidente del Gobierno, calificando la “reunión bilateral” de 29 segundos de “fiasco”. Llovía sobre mojado: tanto ese diario como el resto de satélites periodísticos se habían tragado la enésima trola de Iván Redondo. As usual. El problema es que ésta era muy gorda y tenía las patas cortísimas. Claro que tanto ellos como el resto de medios socialpodemitas habían jurado y perjurado en las jornadas previas que en Bruselas se produciría el “primer encuentro” entre el hombre más poderoso del mundo y Sánchez. “Van a conocerse y hablar, Sánchez tendrá hilo directo con el presidente norteamericano tras la entrevista”, avanzaron, palabra arriba, palabra abajo, los periodistas de cámara.

No sé si fue una patraña pactada o, simplemente, es que se tragaron inocentemente la milonga. Sean churras, resulten merinas, una cosa está clara: el nivel crítico de los medios españoles nos aproxima cada día más al de naciones bananeras y nos aleja de esa prensa británica, alemana o estadounidense que pone permanentemente todo en tela de juicio. Pero esta opereta bufa trae consigo otra moraleja tanto más grave: nuestra relevancia en el concierto internacional sufre de 2018 a esta parte una jibarización imparable.

Que no pintamos un carajo lo demuestra el hecho de que, por muchas fantasías que nos suelte Redondete, EEUU se puso del lado de Marruecos tras la infame invasión de Ceuta. Y lo ratifica la incontrovertible circunstancia de que para hablar con Biden nuestro presidente tenga que protagonizar el más espantoso de los papelones. Y eso que el malo era Trump… Comparémonos con Portugal que, con casi cinco veces menos población, cuenta con todo un secretario general de la ONU, António Guterres. El elenco de portugueses planetarios prosigue con Mário Centeno, hasta hace un año presidente del Eurogrupo, cargo que no pudo ocupar Nadia Calviño porque pasan de nosotros en los grandes centros de poder mundiales por culpa de un Ejecutivo que no les merece el más mínimo crédito. Otro que tal baila es Durâo Barroso, número 1 de la Comisión Europea durante una década, el mismo que ahora ostenta la Presidencia no ejecutiva del banco de inversión más poderoso del mundo, Goldman Sachs.

Somos unos parias. Y eso redunda en la espantada de unos inversores internacionales que, en lugar de apostar por el Reino de España, optan por irse por donde han venido ante la presencia del comunismo más bestia de Europa en el Consejo de Ministros, la voracidad fiscal del Gobierno, la animadversión al gran capital y el guirigay legislativo que existe en un país como el nuestro dividido en 17 miniestados. Lo del cazautógrafos con Biden en Bruselas es una anécdota lamentable pero que refleja la categoría de un estado de cosas que revela que, en política internacional, como en tantos otros apartados, cualquier tiempo pasado fue mejor. Pongo punto y final con un ejemplo demoledor: Obama recibió a Rajoy en la Casa Blanca en 2014 durante una hora, es decir, 122 veces más tiempo que el que consumió la no-reunión Biden-Sánchez. Es lo que sucede cuando exhibes malas compañías, eres un mentiroso compulsivo y padeces una megalomanía que deja a un emperador romano reducido a la categoría de hombre discreto.

Los jóvenes y la “paz cojonuda” de Sánchez
Jesús Cacho. Vozpopuli 20 Junio 2021

Las bicicletas son para el verano. En la obra del gran Fernando Fernán-Gómez, la familia formada por don Luis, su esposa Dolores y sus hijos Manolita y Luisito comparte el día a día de la guerra civil en su piso de Madrid con la criada, los vecinos y el estraperlo. Luisito, que ha suspendido Física, lleva tiempo pidiendo a su padre una bicicleta, regalo que la guerra obliga a postergar. En el Acto IX, y con Madrid rodeado por los sublevados y el Gobierno republicano huido a Valencia, a casa de don Luis llega el primo Anselmo, ferviente miliciano, ataviado con los colores de la CNT. Trae buenas noticias. Doña Dolores le pregunta cuándo cree que acabará “esto”, y el aludido responde eufórico que “en seguida. ¿No ves cómo les hemos sacudido en la Universitaria, en la Casa de Campo, en todo el frente. Hemos ganado la batalla. Les hemos parado. ¿Lo habéis visto? ¡No han pasado! Y la repercusión internacional que ha tenido, porque los fascistas lo han jugado todo a tomar Madrid. Y no lo han tomado. Además, Francia va a abrir la frontera y entonces entrarán armas, víveres, lo que sea. Cuestión de días, ya os digo (…) Y todo va a ser distinto y mucho mejor que antes. Vendrá la paz, pero una paz cojonuda y para mucho tiempo. Se terminó lo de explotadores y explotados (…) A disfrutar de la riqueza. Que trabajen las máquinas. La jornada de trabajo, cada vez más corta; y la gente, al campo, al cine o a donde sea, a divertirse con los críos o con las gachís. Pero sin hostias de matrimonio, ni de familia, ni documentos, ni juez, ni cura… Amor libre, señor, libertad en todo: en el trabajo, en el amor, en vivir donde te salga de los cojones…” Anselmo, exultante a la hora de describir la Arcadia feliz que prepara el Frente Popular, se para en seco un momento y dirigiéndose a Luisito le conmina:

-Pero tú estudia, eh? Estudia la Física esa y no hagas rabiar a tu madre.

No te fíes, Luisito, y estudia. Como Anselmo el anarquista, la izquierda lleva décadas prometiendo a los Luisitos hispanos un mundo feliz, una vida plagada de derechos y ayuna de obligaciones, donde el Estado benefactor se encargará de llevarles de la mano por la vida desde la cuna a la tumba, rodeados de privilegios que ese Estado del Bienestar con recursos inagotables se encargará de garantizar. Una “paz cojonuda” y que trabajen las máquinas. A estas alturas del siglo XXI, cuando buena parte de nuestros jóvenes se han caído del caballo de tamaña engañifa, esa misma izquierda (con la derecha consentidora) que ha arruinado la educación de los jóvenes con la promesa del aprobado general y el título universitario para todos, esa izquierda que ha podrido sus conciencias de hombres libres dueños de su destino, esa misma izquierda, digo, pretende endosar las culpas del fracaso del modelo a la generación que ahora se está yendo, la generación heroica que nació en la posguerra y que ha sido la gran responsable del milagro económico español.

Una joven escritora, invitada días atrás a participar en un acto convocado por Moncloa a mayor gloria de Su Sanchidad, ha conseguido remover la ciénaga patria con la afirmación de que sus padres vivieron mejor que ella. “Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad”. Por lo que parece, sus progenitores nacieron a finales de los sesenta/primeros de los setenta, una época donde una notable clase media disfrutaba ya de las ventajas del desarrollismo franquista. Peor sin duda lo pasaron sus abuelos, aquel Luisito que en plena Guerra Civil reclamaba una bicicleta para el verano y que tuvo que enfrentarse a una posguerra de ruina y miseria. Él y quienes nacieron una vez acabada la contienda. “A mi casa nunca vinieron los Reyes Magos, de modo que si quería un juguete tenía que hacérmelo yo. Nunca faltó comida y eso suponía una bendición en una España rural donde, antes de la primera ola migratoria de los sesenta, se pasaba verdadera hambre a partir de enero. Mi padre trabajaba en el campo de sol a sol y mi madre le acompañaba en el esfuerzo criando hijos, preparando comidas, remendando calcetines y yendo a lavar la ropa al río con un banco de madera con el que, en pleno invierno, primero tenía que romper el hielo. No había festejos, ni agasajos, ni regalos. Cada uno cumplía su parte en ese implícito “contrato social” de la austeridad a rajatabla. No había engaños. Todo el mundo sabía que la vida era dura y que había que abrirse camino a dentelladas. Con el bíblico sudor de la frente. No había premios, pero había esperanza. La confianza en una serie de valores universales inculcados desde que a uno le salían los dientes. El trabajo bien hecho, el esfuerzo continuado, el valor de la palabra dada. Y la alegría, sí, la alegría de vivir con lo puesto. La belleza limpia en una infancia muy feliz, sin consolas, sin ropa cara, sin zapatillas de marca, una alegría que ya de jóvenes, cuando tocaba levantar el vuelo, te hacia llorar al abandonar la casa de tus padres para ir a buscarte la vida en la gran ciudad. La añoranza de un tiempo perdido que no volverá”.

“Noche oscura en Barcelona. Primeros de septiembre. Un joven tan resuelto como lleno de miedo llega a la estación de Francia dispuesto a tomar un tren camino del país vecino. Lleva por todo equipaje una pequeña mochila con cuatro prendas de ropa. Con el alma en vilo, consigue colarse en un departamento donde viaja un matrimonio andaluz con un hijo de edad similar al recién llegado. A media mañana, el tren se detiene en Narbona donde casi queda vacío. Es un convoy de vendimiadores españoles que, como esclavos en los andenes de la versión europea de la africana isla de Goree, Senegal, esperan ser contratados por viticultores franceses en época de vendimia. Recuerdo circular sentado en un remolque, viaje al final de la noche, junto a la familia andaluza que me había adoptado como a un hijo más. Con ellos dormía en un almacén destartalado sobre un jergón de hojas de maíz. Trabajo duro, de sol a sol, extenuante, durante varias semanas. Y la alegría del esfuerzo recompensado de volver a Barcelona con un buen puñado de francos en el bolsillo que me permitió vivir y seguir mis estudios en la universidad sin pedir prestado a mi padre durante medio curso”.

No había otra que el esfuerzo. No había más salida que el trabajo. Esta es la generación que ha hecho grande a España. La que ha convertido aquel país que se comía los mocos (“Tino, como gato que hoy es San Martín”, frase con la que un vecino de mis padres animaba a su hijo cada 11 de noviembre, fiesta mayor del pueblo) en una de las economías más pujantes del planeta, con una de las mayores esperanzas de vida, con sanidad universal y educación garantizada para todos, con infraestructuras de primer nivel, con práctica erradicación de la pobreza extrema, con millones de familias dueñas de su destino, su piso, su coche, y sus vacaciones de verano. “Porque a mi edad”, dice la joven escritora ante el asombrado auditorio de Moncloa, “mis padres tenían, claro, una hipoteca, también tenían un coche e incluso tenían una Thermomix que mi madre compró con lo que ahorró dejando de fumar, pero sobre todo tenían la certeza de que podrían mantener sus trabajos, a sus hijos y pagar la hipoteca”. Tenían, sobre todo, la ilusión de luchar por un futuro mejor para su descendencia, idea edificada sobre la piedra labrada de unos valores compartidos que los jóvenes de hoy, no sé si la escritora de marras, rechazan, porque en la vida muelle de la que han disfrutado son una antigualla de la que no puede derivarse ningún beneficio inmediato.

La generación que hizo grande a España, la que mayor y más gravoso peaje ha pagado por la incompetencia de este Gobierno en la lucha contra la covid, una generación que se está yendo en silencio, naturalmente reclama el pago de sus pensiones porque se lo han ganado a pulso, faltaría más, han pagado con creces lo que ahora reciben y, lógicamente, no quieren renunciar a ellas. Y hay un movimiento de opinión que empieza a cuestionar ese pago debido a los mayores “porque son recursos que se están hurtando a las jóvenes generaciones”. Generaciones de jóvenes alienados que reclaman que el Estado les proporcione un empleo, les facilite casa y coche, les pague sus vacaciones y hasta les encuentre un amante. “El problema consiste en que hemos abandonado a los jóvenes”, escribía hace un par de semanas en El País uno de sus mejores periodistas. Falso. Al margen de lo inaceptable de las culpas colectivas (“¿Son igual de responsables los que defendían relajar los estándares de exigencia universitaria que los que hubieran querido mantenerlos o incluso elevarlos?”, se preguntaba aquí Benito Arruñada hace escasas fechas) no es que les “hayamos” abandonado, es que les “hemos” maleducado.

Jóvenes crecidos en la socialdemocracia rampante –de derechas o de izquierdas- que gobierna Europa desde la II Guerra Mundial. “Hemos criado a una juventud en la abundancia que piensa que solo tienen derechos y ninguna obligación, alimentada por la expectativa de que se puede vivir sin esforzarse mucho o directamente sin dar palo al agua, y cuando esas expectativas se frustran, porque la realidad no admite réplica, se genera en ellos el resentimiento del que se siente engañado”. No les “hemos” engañado, más bien “hemos” criado pequeños monstruos hedonistas, proclives al aprobado general, reñidos con la cultura del esfuerzo y convencidos de que la sociedad les debe un empleo fijo al salir de la Universidad. Es el becario que en su primer día de prácticas pregunta por sus vacaciones. Les “hemos” hablado de un mundo que ya no existe, un mercado laboral que ha dejado de existir y un futuro que, en lugar de la Arcadia feliz que prometía el anarquista Anselmo, se presenta brutalmente competitivo, un perro mundo que reclama un colmillo afilado del que los jóvenes de la generación de la opulencia carecen. El Luisito que creció sin bicicleta hizo grande a este país, crio hijos que disfrutaron de “la repentina riqueza de los pobres de Kombach”, y después, como abuelo, constató la llegada de unos nietos perfectamente inadaptados, convencidos de haber nacido en el país de la abundancia, donde todo les seria dado como por arte de magia.

Una generación víctima de unas leyes educativas (todas salidas de la factoría PSOE) que le condenan al empleo precario. Una de las peores educaciones secundarias de Europa. La elección de titulaciones entre el estudiantado español sigue las pautas medias del resto de países de la UE, con la mayoría inclinándose por las ciencias sociales y jurídicas, pero el problema de España es la baja calidad de una enseñanza que camina del brazo del bajo nivel de exigencia. Dramático. “El nivel de desempleo comparativamente mayor que el de sus homólogos del área del euro podría obedecer, entre otros factores, a una menor calidad de la educación superior”, asegura un informe del Banco de España (“La situación laboral de los licenciados universitarios en España: comparación con el área del euro”), que sostiene que la tasa de paro de los universitarios españoles con edades comprendidas entre los 30 y los 34 años dobló en 2018 la de sus colegas europeos. En términos comparativos, este es el país con mayor número de titulados y con peor calidad. La ausencia de un capital humano bien formado en aquellas especialidades que reclaman las empresas se traduce en un sector privado incapaz de absorber esa masa de titulados con ofertas de empleo adecuadas. Es un problema que ha creado la izquierda (después de haber menospreciado la formación profesional) y su obsesión por “democratizar” la enseñanza, por hacer accesible la educación secundaria a todo el mundo sobre la base de devaluarla, casi de regalar los títulos. Leído ayer mismo en el Diario de León: “Un total de 1.813 estudiantes de los 2.005 matriculados en León y Ponferrada superaron las pruebas de Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (Ebau) correspondientes a la convocatoria de junio de 2021, lo que equivale al 98,11% de los presentados (frente al 93,72% del año 2020), y con notas de hasta 13,793 puntos”. Una universidad que se regala.

La consecuencia es que el ascensor social ha dejado de funcionar: todo el mundo tiene un título, pero ninguno, o casi, vale un pimiento, una realidad cuyas secuelas sufren las familias con menos renta, gente que no tiene acceso a los colegios privados y cuyos hijos están obligados a estudiar en universidades públicas. El chico talentoso de familia humilde que en el franquismo era capaz de estudiar con beca toda la carrera y romper con su solo esfuerzo las barreras sociales escapando del lugar en la jerarquía al que parecía condenado, ha pasado a mejor vida. Hoy manda el dinero de las familias con recursos, de modo que, efectivamente, hay un porcentaje de jóvenes que son los mejor preparados de la historia porque sus padres, en general familias estructuradas en torno a una serie de valores “tradicionales”, se han gastado buena parte de sus ahorros enviando a sus hijos a los mejores colegios para darles la mejor educación posible, y un porcentaje muy alto de titulados en universidades públicas, con estudios de baja calidad que no reclama el mercado, y que solo son empleables a salarios muy bajos, razón que explica que las disparidades de renta no dejen de crecer.

Una universidad en estado de coma. “El futuro de la Universidad está en manos de pedagogos y burócratas; como yo no pertenezco a ninguno de esos dos clanes, me voy de ella”, escribía esta semana Miguel Ángel Quintana Paz. Ahora ha llegado la ministra del ramo, Isabel Celaá, para darle la puntilla a la educación en general y a la enseñanza secundaria en particular. Según el nuevo real decreto con los criterios de promoción y titulación para 2021/22, los alumnos podrán pasar de curso en Primaria y Secundaria sin límite de suspensos. La Ley Celaá también permitirá presentarse a la Selectividad sin haber aprobado todas las asignaturas. Los exámenes dejarán de tener importancia, porque, según esta siniestra señora, la evaluación de los alumnos en España “suele penalizar los errores”. Igualmente se evitará a toda costa que el alumno repita curso, decisión que quedará en manos del cuerpo docente de forma colegiada, es decir, de esos profesores amenazados por los padres cuando suspenden a sus hijos. La doña está dispuesta a llenar la universidad de gente incapaz de poner una tilde escribiendo en castellano o cometiendo todo tipo de faltas de ortografía. Un caso extremo de enaltecimiento de la ignorancia. “Para renunciar a suspender hay que renunciar a enseñar. La Ley Celaá, cuna de ignorantes y fábrica de necios, renuncia a la cultura en general y al esfuerzo en particular, a que los profesores enseñen y los alumnos aprendan. Todos, como la cabaña asnal de Sánchez, lograrán el título de doctores cum fraude” escribía esta semana Federico J. Losantos.

Que nadie dude de que la señora Celaá y la cúpula socialista seguirán llevando a sus hijos, como han hecho siempre, a los mejores colegios privados, lejos de una enseñanza pública estabulada y conscientemente devaluada que condena a los jóvenes a la precariedad y al paro. Se trata de seguir engañándoles con el collar de abalorios del cambio climático, la ideología de género, el feminismo rampante y otros adminículos de similar porte que componen la realidad virtual que el socialismo pretende implantar en este país. La realidad evanescente de esa “paz cojonuda”, que diría Anselmo el anarquista, que quiere regalarnos el truhán (“chocarrero burlón, hombre sin vergüença, sin honra y sin respeto”, Sebastián de Cobarruvias) que nos gobierna, la píldora de la España federal y sus 17 estaditos que pretende hacernos tragar con la ayuda de los grandes grupos de comunicación y el aplauso entusiasta de Botines, Palletes y Galanes, dispuestos todos a reírle las gracias y pasar la gorra, una realidad virtual que ciertamente desaparecería del mapa en cuanto el BCE dejara de comprar deuda española.

La situación de la juventud (“nos dedicamos a sobrevivir” titulada el diario gubernamental hace un par de domingos) afecta al crecimiento y la creación de riqueza, porque sin ese capital humano de calidad salido de la universidad el crecimiento de la economía se ralentiza para concretarse en un PIB incapaz de seguir la senda de los países más ricos. “Llevamos décadas estafando a una parte de la sociedad. Con alevosía, hasta ahora”, remataba el periodista arriba mencionado del mismo diario, “y no nos extrañemos el día que los estafados decidan defenderse”. Sería genial, sin embargo, que decidieran defenderse trabajando duro para labrarse un futuro por sí mismos, lejos del paraguas del Estado leviatán dispuesto a disolver la responsabilidad individual en la masa de los resignados al subsidio colectivo. “La raíz de la historia es el ser humano que trabaja, que crea, que modifica y supera las circunstancias dadas. Si llega a captarse a sí y si llega a fundamentar lo suyo, sin enajenación ni alienación, en una democracia real, surgirá en el mundo algo que ha brillado ante los ojos de todos en la infancia, pero donde nadie ha estado todavía: patria”, escribe Ernst Bloch en el párrafo final de su obra más notable, “El principio esperanza”.

Menos políticos
Alemania, con 80 millones de personas, paga a 150.000 representantes. España, con la mitad, a 445.000
José Antonio Vera. La razon 20 Junio 2021

Vox pide con razón que se reduzca el número de diputados autonómicos de Madrid a la mitad. El PP apoya la medida, y hace bien. Pero parece que a la izquierda no le gusta. A la izquierda lo que le pone de verdad es subirnos los impuestos para pagar asesores, parlamentarios, senadores, diputados autonómicos y concejales por doquier. Amén de empresas públicas, comisiones, observatorios, foros y todo tipo de chiringuitos. En España pagamos un 21% de IVA por casi todo, con la mitad de la renta que en Europa. De ahí que tengamos la luz más cara, las mascarillas más caras y numerosos servicios esenciales.

¿Para qué queremos tantos políticos? Para nada. En Madrid hay 136 diputados regionales, cuando se haría lo mismo con la mitad. Igual que en Andalucía, Cataluña y en el resto de autonomías. Pagamos sueldos a 390 senadores que no sirven, pues el Senado sobra, porque carece de utilidad. Igual que la mitad de los 1.200 diputados autonómicos, a los que sustentamos salarios, transporte, dietas y comisiones. Alemania, con 80 millones de personas, paga a 150.000 políticos. Nosotros, con la mitad, a 445.000. Algo que no es gratis, hay que presupuestarlo, hay que sacar dinero de la hucha para mantenerlo cada año. Algo que se hace con nuestros impuestos, que son cada día más y más elevados. Y encima nos persigue la Hacienda pública por todas partes. La del Estado, la de las autonomías, la local. Tenemos que pedir permiso para cualquier cosa, aunque sea menor. Para montar tu negocio, para construir tu casa, para reformarla, para conducir tu coche. Permiso para vivir.




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Los empresarios con el Golpe de Estado, la Nación se atrinchera en Madrid
Federico Jiménez Losantos. Libertad Digital 20 Junio 2021

Desde 1808, pocas veces se ha visto tan claramente dividida España como en esta última semana. Mientras estallaba en Barcelona un sórdido motín de millonarios contra España para cercar al Rey, en Madrid se alzaba la voz de la nación y de la libertad, harta del golpismo y de la izquierda cómplice. La investidura de Isabel Díaz Ayuso, con sus votos y los de Vox, fue una inolvidable exhibición de la superioridad intelectual y moral de la Derecha frente a la idiocia miserabilista de la Izquierda, cuyo símbolo es ahora un inmigrante ilegal, jefe del hampa mantera, que tras quince años aquí aún no sabe hablar español y no pudo jurar la Constitución sabiendo lo que juraba.

La imagen de la alternativa
Como un analfabeto hace ciento, y el maricomplejinismo es un virus más resistente que el Covid 19, la nueva presidenta de la Asamblea quiso arrodillarse ante esta versión cutre del Black Lives Matter y borrar, a lo Meritxell, lo que ese ciudadano español que no sabe español dijo haber oído, algo así como "rasimmo", cuando Monasterio había dicho "ilegal".

Naturalmente, Carballedo, que acabó expulsando a unas sororas del mantero -que alzaba ridículamente el puño, supongo que contra el pueblo de Madrid allí representado- no supo decir qué palabras quería borrar, al exigírselo Monasterio. Había oído "rasimmo" y corrió a arrodillarse ante los comunistas y buscavidas que viven de explotar los eternos complejos del PP, que así acaba en el matadero. Menos mal que llegó Ayuso y lo resucitó. La mano de bofetadas a Medimadre fue apoteósica. Y la imagen de Monasterio felicitando a Ayuso, después de que ésta defendiera a Vox frente a los socios de Bildu fue, sencillamente, la de la alternativa al socialismo al comunismo y al separatismo. La única posible y deseable.

Esa foto no es sólo la de una relación cordial sino la de una alianza estratégica y la de la única posibilidad de derrotar al golpismo sanchista. Casado, no escarmentado en Barcelona, se portó decentemente ante la violencia verbal del empresariado golpista y aventó cualquier atisbo de complacencia con el consenso forjado esta semana por el Gobierno, los obispos satánicos y los empresarios del Prusés, a los que se ha unido el presidente de la CEOE, previamente condecorado por Margarita Robles.

Ambos, el renegado de la unidad de mercado y la desertora de la Defensa Nacional, han demostrado que en el sanchismo no cabe decoro institucional. Ante el Golpe de Estado, asumido por el Gobierno para blindar a Sánchez, se han quitado la careta los que le servían de coartada y han dejado en ridículo a la derecha que piensa "porque no puede pensar otra cosa", que el PSOE sea algo distinto de la banda de Sánchez. Y la magistrada del Supremo que dice que aceptar el indulto es pedirlo o asumir la condena es sólo una pieza de la prevaricación general. Garamendi, tras ponerle un sueldo a Fátima Báñez, puede ser ministro del Indulto, asesorar a alguna Abengoa o a Nadia Calviño. España se ha partido definitivamente en dos ante el indulto al golpismo. Y no hay ni puede haber término medio.

Un capitalismo de trampa y cartoné
Que no vuelva más a quejarse ninguna asociación empresarial, si no echan a Garamendi de la CEOE y rompen con el Círculo de Economía del golpismo de la mala imagen que de los empresarios dan los libros de texto. Su avaricia, su doblez, su cortoplacismo, su abyecta sumisión ideológica, ese pancismo del Ibex35 que cree que por estar cotizado tiene excusa para servir al Golpe y colaborar mirando a otro lado en la destrucción de España puede olvidarse de cualquier comprensión. Cuando una Nación lucha por sobrevivir, o se ayuda a la Nación o se ayuda a sus enemigos. Y los empresarios están ayudando, por activa o por pasiva, a los enemigos del régimen constitucional, de la propiedad privada y de la libertad individual. Ayer se preguntaba Javier Somalo:

"¿Por qué con Ada Colau en Barcelona y no con Rosa Díez en Colón? ¿Por qué con Garamendi en el Círculo y no con Fernández Lasquetty en la Puerta del Sol? ¿Por qué sufrir plantones, escarceos, pitadas y chantajes si hay ovaciones esperando? Entre todos, dejamos que se oigan más unas cosas que otras huyendo de la auténtica normalidad, la de una España que es decente, quiere trabajar y cree en la Justicia, no en la venganza. Esto último es tan indiscutible como el medio siglo de terrorismo que pasamos sin revanchas personales de las víctimas."

Y Jorge Bustos, en El Mundo, decía sobre "La otra desafección":
«Están tan preocupados por la desafección de una élite catalana que no oyen crecer la desafección española, mucho más vigorosa», me escribe un amigo que clavó el 4-M. Ese cabreo sordo está larvándose bajo la alfombra de mentiras que Sánchez ha tendido a los pies del supremacismo indultado. Las élites pisan satisfechas la mullida retórica de la concordia, pero el pueblo empieza a echar miradas torvas a La Bastilla. Los privilegios dejan de tolerarse cuando el agraciado muerde la mano que firma la gracia y reincide en su plan para cegar el reparto, que eso es la autodeterminación. Lo que pasó el 4-M debería haber abierto algunos ojos. Pero si los hubiera abierto, no estaríamos denunciando aquí la ceguera suicida de las élites."

Traición institucional y complicidad mediática
Esta es la cuestión: esas élites o poderes fácticos, asustados ante Barcelona, han vuelto la espalda a Madrid. Acostumbrados a agacharse ante el poder político, no ven que, al frente de un pueblo harto de ver cómo atropellan sus derechos, marcha a toda velocidad otro poder y otra política. Y esta ceguera voluntaria del mundo empresarial, que financia la ruina de PRISA y de muchos medios golpistas, además de desfilar como marjorettes cuando Sánchez toca el pito, se convierte en alta traición cuando hablamos de instituciones como el Gobierno, la Fiscalía General del Estado, no pocos jueces con ganas de ascender y varios partidos políticos que deberían estar ilegalizados, como hijos felices del terror y padres del golpismo irredento.

Esa ceguera y esa traición son, sin embargo, ocultados por unos medios de comunicación masivamente alineados con el Golpe de Estado asumido por Sánchez. Si la reacción popular de Madrid, hija del hartazgo y del agravio no es percibida como una ola de indignación nacional, aunque lo sea, se debe a la férrea censura que sobre la realidad impone el dominio de esos medios sobre todo audiovisuales, por parte de la Izquierda y del separatismo de toda laya, entregados al diario y feroz linchamiento de Vox. Que buena parte de la culpa de esa entrega a la Izquierda la tenga el PP no alivia el problema ni, menos aún, lo resuelve. Pero es la clave del desastre. Si los medios denunciaran habitualmente las trolas de Sánchez, no mentiría tanto. Si los escándalos del PSOE actual fueran tan aireados y criticados como los del PP de ayer, los sociatas habrían tenido ya que huir de España.

Un discurso para destruir a la Izquierda
Los medios no sólo facilitan o impiden la crítica al Poder. Son los mecanismos que implantan o condenan los términos del discurso político. La dictadura mediática de la izquierda es, sin embargo, tan agobiante, que la derecha política se define contra esos lugares comunes convertidos en sagrados por los medios progres. De ahí la importancia, de nuevo, de lo sucedido en Madrid, que es el triunfo del sentimiento y del razonamiento del pueblo contra un discurso insoportable. Un sentir y un pensar nunca excluyentes, pese a lo que digan los fatuos que se van de listos de la Razón frente a los tontos de la Emoción. ¡Como si una cosa excluyera a la otra!

Ayuso y Monasterio construyeron sus discursos en la investidura de la presidenta de Madrid como una enmienda a la totalidad de los lugares comunes de la izquierda. De hecho, no hubo una sola de sus afirmaciones que no incluyera la burla, la sátira, la condena y la negación del socialismo en todas sus variantes, desde el pijismo verde al supuesto antirracismo rojo. Nada de ecumenismo, nada de "diálogo con el adversario, nunca enemigo". La izquierda es enemiga de España y de la Libertad, y debe ser combatida sin descanso, como es combatida la Derecha, singularmente Ayuso y Vox.

Los grandes momentos de Ayuso en su discurso de réplica a todas las Izquierdas rompen una tradición de bienquedismo y abdicación moral, la fea costumbre de la Derecha de no combatir a la Izquierda si llega al Poder. Hay una necesidad egoísta de seguir luchando: en dos años hay elecciones en Madrid, que Sánchez intentará que no coincidan con las Generales, pero que sin duda estarán relacionadas. Y hay una necesidad ética aún mayor: la Izquierda quiere deslegitimar, con la Derecha, a la Nación y a la Libertad. Esa va a ser la guerra de ideas en estos años. Y como la Izquierda ha unido su futuro al de los peores enemigos de España, que son el separatismo y el comunismo, para derrotarlos, la derecha tiene que destruir a esta Izquierda.

El PP de Ayuso y Vox no sólo lo hacen: es evidente que lo disfrutan. Ese afán de lucha, ese humor de victoria es lo que necesita la Nación, atrincherada en Madrid, ante el Golpe de Estado asumido por Sánchez y apoyado por un hato de empresarios sin escrúpulos y una recua de políticos sin vergüenza.

Estado de revés
Enrique López. La razon 20 Junio 2021

Tres ministros jueces, en un Gobierno con 22 carteras, deberían ser suficientes para que Pedro Sánchez defendiera, en lugar de erosionarlo y atacarlo, nuestro Estado de Derecho y nuestro sistema de división de poderes. Sin embargo, forman parte del Gobierno que ha sufrido el mayor número de resbalones jurídicos y reveses judiciales de la historia de nuestra democracia. Los primeros síntomas fueron muy graves: primero, el nombramiento como Fiscal General de una diputada socialista y ex ministra hasta un día antes; segundo, la conducta del ya antiguo vicepresidente que convirtió en un ataque descalificatorio frontal y sistemático contra la independencia judicial. Luego vinieron, uno tras otro, los varapalos. Uno de los primeros, cuando la Audiencia Nacional concluyó, en el caso del cese ilegal del coronel De los Cobos, que fue una pura represalia. Uno de los últimos, cuando nuevamente la Audiencia Nacional aceptó las medidas cautelarísimas solicitadas por la Comunidad de Madrid para eludir las restricciones impulsadas por el Ministerio de Darias que afectaban al ocio nocturno y a la hostelería, una invasión de competencias en toda regla y una afrenta a la seguridad jurídica. Esa resolución se unía a la respuesta dada a recursos de Canarias y Baleares, ante los que el Tribunal Supremo manifestó que hubiera sido deseable una ley específica de pandemias, algo que también manifestó el Consejo de Estado, así como el Gabinete Técnico del alto tribunal, cuando se mostró crítico con el recurso de casación habilitado por el Gobierno para que, tras el final del Estado de alarma, este órgano se convirtiera en una especie de juzgado de guardia para las medidas anticovid adoptadas por las CCAA.

También el Tribunal Constitucional, que en estos momentos debate intensamente si el confinamiento domiciliario incluido en el primer decreto de Estado de Alarma fue inconstitucional, anuló en su día la disposición con la que el Gobierno metía a Pablo Iglesias en la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, dentro de un decreto-ley inadecuado. Un exceso en el uso de esta figura legal, que también censuró el Alto Tribunal cuando declaró inconstitucional el decreto que integra las pensiones de Clases Pasivas en la Seguridad Social. La Justicia también ha alzado su voz respecto a los anunciados indultos del «procés», informando en contra de su concesión, señalando que ni hay desproporción en las penas ni hay arrepentimiento. Y el órgano de Gobierno de los Jueces, el Consejo General del Poder Judicial, ha rechazado de formas muy sonoras textos legales del Gobierno, como el Anteproyecto de ley de Libertad Sexual o el de la ley de Memoria democrática, este último nada menos que por estimar que vulnera la libertad de expresión.Son demasiado reveses en poco tiempo, que demuestran que Sánchez, además de no comprender la división de poderes, gobierna contra el Estado, pero que ponen también de relieve la fuerza, independencia y vigor de un poder judicial constitucional y democrático, determinado a defender la legalidad y la Nación. Actuar contra el Estado de Derecho con tanta contumacia te convierte en un adversario de la legalidad y tiene sus consecuencias.

La hostilidad separatista en el 'Parlament' contra Vox se traslada a la calle
Los Mossos desalojan una carpa de Vox en el barrio de Sants para evitar que unos radicales agredan a los miembros de partido de Abascal.
Pablo Planas. Libertad Digital 20 Junio 2021

Nuevo episodio de violencia y hostigamiento contra Vox en Cataluña. Esta vez ha sido en el barrio de Sants de la capital barcelonesa, donde un grupo de violentos autodenominados antifascistas ha tratado de agredir a los militantes de Vox que atendían una carpa informativa en contra de los indultos.

Advertidos por la redes sociales, decenas de energúmenos se han dado cita en el enclave donde los militantes de Vox junto al diputado de la formación en el Congreso Juan Carlos Segura hacían campaña política contra los indultos a los golpistas. Un cordón policial de los Mossos rodeaba la carpa del partido conservador, lo que no ha sido impedimento para que los radicales lanzaran toda clase de gritos, insultos y amenazas contra los miembros de Vox. Los elementos de la policía autonómica se han abstenido de actuar contra los violentos y para evitar males mayores han decidido forzar a la gente de Vox a desmontar la carpa informativa y abandonar el lugar.

El hostigamiento de los partidos separatistas, los comunes y los socialistas en el Parlament, donde han excluido a Vox de los órganos de gobierno y de la dirección de las comisiones, así como las constantes provocaciones de la presidenta de la cámara, la neoconvergente Laura Borràs, contra los diputados del grupo que preside Ignacio Garriga se han trasladado a las calles. En algunos lugares de Cataluña, Vox no tiene problemas para llevar a cabo sus actividades, pero en otros, como es el caso del barrio de Sants, o localidades como Vich, son sometidos a auténticos intentos de linchamiento que si no prosperan es por la presencia disuasoria de los Mossos que, sin embargo, suelen contemplar estos ataques de manera impasible.

El diputado de Vox Joan Garriga ha dejado constancia en la red de que Vox obtuvo el 6% de los votos en el distrito de Sants y que en la carpa de este sábado se han dado de alta cuatro nuevos militantes.

Foro Asturias se refunda tras la ruptura con Cascos y acerca la oficialidad del asturiano al respaldarla ya sin matices

IRATXE ROJO. El Mundo 20 Junio 2021

La formación presidida por Carmen Moriyón celebra un congreso para abrir una nueva etapa como partido asturiano, de centro y liberal

La oficialidad del asturiano está muy cerca de que le salgan las cuentas. Sus defensores, los 26 diputados de PSOE, Podemos e Izquierda Unida, necesitan sólo uno más para llegar a los tres quintos de la Junta General del Principado que se precisan para reformar el Estatuto de Autonomía. Y ese voto que falta será con toda probabilidad el de Adrián Pumares, el único representante de Foro Asturias.

"Nuestra lengua es parte imprescindible de nuestro patrimonio", ha proclamado Pumares en el IV Congreso Extraordinario que el partido regionalista ha celebrado este sábado en Oviedo. "Consideramos la llingua y la fala, naturalmente junto con el castellano, como lenguas propias de Asturias. Proponemos para ellas un marco legal, conforme a lo dispuesto por el artículo 3 de la Constitución española y en las disposiciones europeas sobre los derechos lingüísticos y que garantice su uso sin ninguna traba y también sin ninguna imposición para todos aquellos que no las conozcan, lo mismo que venimos diciendo una década".

La novedad en cuanto a la posición de Foro Asturias reside en lo que no dice, la aclaración tantas veces repetida en los últimos años de que sólo la apoyarían "cuando se den las circunstancias políticas y el consenso social necesario". Un matiz completamente ausente en la alocución de Pumares de este sábado y también en la de la presidenta del partido, Carmen Moriyón, quien ha subrayado que "desde hoy, nuestro DNI político expresa que Foro Asturias centrará todos sus esfuerzos como partido político en la preservación de la identidad del Principado de Asturias como sujeto político de trascendencia histórica, así como del patrimonio humano, cultural, económico, social y político que le da consistencia. Defendiendo para ello en todos los ámbitos institucionales la completa personalidad del pueblo asturiano, reconociendo siempre su pluralidad, su diversidad, su universalidad y su autonomía".

El marco en el que Foro construye su proyecto, en palabras de Moriyón, es la España constitucional de las autonomías, "un proyecto de unión y de progreso en el que todo es más que la suma de las partes, pero también hay que entender España desde el territorio. Defendemos el orgullo de ser y de sentirnos asturianos. Es nuestra forma de ser y nuestra forma de sentirnos españoles".

Refundación sin Cascos
Diez años después de su creación por el ex secretario general del PPFrancisco Álvarez-Cascos, el partido regionalista ha celebrado este sábado un congreso "refundacional" ante su crítica situación en varios frentes. Por una parte, necesita reparar su situación jurídica, pues estaba al borde de la disolución forzosa tras haber sido requerido por el Ministerio del Interior porque sus estatutos no se ajustaban a la normativa vigente. La situación económica no es mejor, y ha estado rozando el concurso de acreedores y la quiebra.

A todo ello hay que sumar la profunda crisis política que ha experimentado en los últimos años con la amenaza constante de la escisión. Recién nacido, el partido llegó a gobernar el Principado en 2011 gracias a los 16 diputados que logró entonces, pero fue una legislatura de apenas 11 meses al no sumar ningún apoyo para aprobar los Presupuestos. Su representación ha ido menguando hasta los dos asientos conseguidos en las autonómicas de 2019, que se han quedado en sólo uno tras la expulsión de Pedro Leal hace poco más de un año acusado de faltas muy graves y de boicotear al partido.

El último episodio de esta ruptura ocurrió esta misma semana con la marcha de Francisco Álvarez-Cascos, quien, ya suspendido de militancia, firmó su baja al sentirse "traicionado" por la actual dirección del partido, que le acusa en los tribunales de apropiación indebida y para quien la Fiscalía pide dos años de cárcel por haber cargado presuntamente a las cuentas del partido gastos personales por 5.500 euros.

El ex líder del partido se fue rechazando ser cómplice "de burdas maniobras de mercadeo con el PSOE" cada vez que necesita un voto en el parlamento o para aprobar la oficialidad del asturiano que ahora defiende el Gobierno socialista y que necesita del apoyo de Foro para salir adelante.

Asturiano, de centro y liberal
El nombre de Francisco Álvarez-Cascos no fue pronunciado por ninguno de los ponentes del congreso. Carmen Moriyón, que preside el partido tras haber sido durante ocho años la única alcaldesa no socialista de Gijón, ha presentado su proyecto de un partido asturiano, de centro y liberal como la "única alternativa real" al hasta ahora hegemónico PSOE en Asturias. "Todos sabemos qué le ha pasado a este Principado de Asturias en los últimos 30 años de gobiernos socialistas: nada, no ha pasado nada", ha reseñado. "Y todos sabemos que quien no ha sido capaz de ser alternativa a la nada mucho menos va a defendernos en Madrid", ha rematado apuntando sin citarlo al PP.

Moriyón ha postulado a su partido para "defender a Asturias" en el debate sobre la España de las autonomías para garantizar "la convivencia, la igualdad de todos y la financiación justa de los servicios públicos y la inversión necesaria para el desarrollo".

Desde una comunidad acechada por una honda crisis demográfica, donde, en palabras de Pumares, el pasado año hubo 40 fallecimientos y sólo 13 nacimientos cada día, Carmen Moriyón subrayó la necesidad de "estar en Madrid", y elogió a los diputados que han llevado su voz al Congreso de los Diputados, donde "no se pronuncia la palabra Asturias si no la lleva el diputado de Foro Asturias, y eso es ser útiles".

Moriyón ha estado respaldada a través de un vídeo por otros líderes regionalistas como el presidente de Unión del Pueblo Navarro (UPN) y líder de la oposición en el Parlamento de Navarra, José Javier Esparza; la diputada nacional de Coalición Canaria (CC), Ana Oramas y el presidente de Cantabria y presidente del Partido Regionalista de CantabriaMiguel Ángel Revilla, quien expuso que "jamás" habría accedido a dar su apoyo "a la línea anterior" del partido y estando "su presidente y fundador" Francisco Álvarez-Cascos, pero sí lo hace por esta "apuesta por la honradez y la limpieza".

Los nuevos estatutos fueron respaldados por el 244 de los 321 compromisarios, el 76%, mientras que el 5% (16) mostró su rechazo al nuevo texto y un 19% (61 representantes) se abstuvieron en la votación celebrada a lo largo de la última semana y que culminó este sábado.
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