AGLI Recortes de Prensa   Sábado 26  Junio  2021

‘El futuro de Europa no pertenece a los globalistas, pertenece a los patriotas
El ECR debate sobre el porvenir del Viejo Continente
Rebeca Crespo. https://gaceta.es 26 Junio 2021

El grupo de conservadores y reformistas europeos (ECR) ha celebrado este viernes en Madrid la conferencia ‘Globalismo o Patria‘, la octava parada del ciclo de ponencias que el grupo al que pertenece VOX en el Parlamento Europeo está celebrando por diferentes países «en defensa de una Europa de naciones libres y soberanas».

El jefe de la delegación de VOX en Europa, Jorge Buxadé, ha moderado la charla de este viernes en la que el futuro del Viejo Continente ha sido el tema central. La ideología de género, la inmigración ilegal, el papel de la Iberosfera en Europa y la protección de las raíces cristianas del bloque han sido los temas que han dividido los cuatro paneles que han completado el evento.

Sobre el primero de estos temas, la ideología de género y los peligros de la Agenda 2030 que el socialcomunismo quiere imponer en Europa, la diputada por VOX Carla Toscano ha valorado que «vivimos una época en la que quieren hacernos creer que lo correcto es lo incorrecto», en referencia a la tan instaurada ‘corrección política’. Ha asegurado que la imposición de la ideología de género así como la promovida por el lobby LGTBI «se ha conseguido a través de la legislación, con leyes como la del aborto y la eutanasia», pero también mediante el lenguaje y el adoctrinamiento de los menores en las escuelas. «Victimizan a colectivos y se inventan derechos. Les hacen creer que les regalan esos derechos y demonizan a todo el que se opone o lo pone en duda», ha comentado.

En la misma línea ha avanzado la intervención del eurodiputado búlgaro Angel Dzhambazki, líder de la delegación del partido VMRO en Europa. «Vivimos una cultura casi de guerra. Es adoctrinamiento puro, están torciendo la realidad. Hemos visto lo que ha pasado con Orbán porque cree que los padres son quienes tienen que ocuparse de la educación de sus hijos. Es un ataque puro sobre temas soberanos», ha criticado en referencia a la declaración de varios líderes europeos así como de la presidente de la CE, Ursula Von der Leyen, quien ha calificado como «una vergüenza» la ley húngara que regula el acceso al contenido LGTBI de los menores de edad.

La inmigración ilegal, un método para ‘reemplazar electores’
La inmigración ilegal es otro de los temas que preocupan para el futuro del continente que, en un contexto de invierno demográfico, quiere y pretende solucionar los bajos niveles de natalidad con la llegada de ilegales que, en la gran mayoría de los casos, no comparten las raíces culturales y sociales que son tradicionales de Europa.

«Detrás de la invasión migratoria que sufre Europa hay una extraña alianza entre multimillonarios, la Open Society, los partidos comunistas, las patronales como la CEOE y los sindicatos como CCOO y UGT. Usan el concepto de multiculturalismo como caballo de Troya y existe un interés de fondo en desestabilizar las naciones», ha señalado la diputada por VOX Rocío de Meer. En referencia a la protección de la familia que muchas naciones europeas han abandonado, la diputada ha advertido que «somos esclavos de nuestro propio suicidio cultural que niega la familia, el arraigo de las naciones e incluso la existencia del hombre y de la mujer».

El acceso incontrolado de inmigrantes ilegales que, en la mayoría de los casos, no procede de países de riesgo o en situación de guerra, forma parte de un plan «para reemplazar electores», ha apuntado por su parte Nicola Procaccini, miembro de la delegación europea del partido Fratelli d’Italia. El italiano ha propuesto controles más duros para enfrentar la inmigración y la selección de quiénes accedan a los países receptores: «Deberíamos establecer en origen quiénes vienen de zonas de riesgo, que son un 8%. Deberíamos identificarlos y seleccionarlos y repartirlos en los países europeos». Aún así, ha recalcado que la mejor ayuda y la mayor solidaridad que se puede ofrecer a los inmigrantes es «ayudarles en origen, evitar que tengan que emigrar».

El peligro del Foro de Sao Paulo, también en la UE
La Unión Europea ha abandonado la protección de las soberanías de las naciones que forman parte del bloque y también olvida a los países que conforman la Iberosfera, amenazada y secuestrada por regímenes totalitarios comunistas.

El exministro de Asuntos Exteriores de Venezuela, Humberto Calderón, ha sido tajante en este asunto y ha considerado que los venezolanos «se sienten desasistidos» por la UE pese a que el problema chavista tiene una dimensión internacional y también puede comprometer la seguridad de Europa. En este punto, ha señalado directamente a España: «El proyecto chavista tiene protagonistas en España, hay un Gobierno socialcomunista que trabaja de la mano de los desestabilizadores en América latina. Ojala no sigan el recorrido de Venezuela, ningún país está exento», ha advertido.

La llegada al poder de Pedro Sánchez con sus socios comunistas ha colocado a España en una zona de riesgo extremo con respecto a las tiranías chavistas; una situación que se ve agravada con las estrechas relaciones que mantiene el Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, y que ha recordado el vicepresidente del grupo ECR-Eurolat, Hermann Tertsch. «Borrell está actuando como defensor de Cuba y del régimen venezolano y ataca a las democracias que se están defendiendo de las agresiones del Foro de Sao paulo. Siempre corre al socorro de quienes están en esa alianza siniestra del narcocomunismo», ha recordado.

Tertsch también ha insistido en que, pese al peligro real que también suponen para las democracias europeas los regímenes instaurados en Iberoamérica, existen formas de afrontar el problema: «La Carta de Madrid es la vía para aunar esfuerzos y crear esas sinergias de resistencia y fortaleza para que la democracia venza al Foro de Sao Paulo y al Grupo de Puebla».

Abascal: ‘No hay futuro en una Europa que se entregue a la inmigración masiva’
En el último panel de la Conferencia organizada por el ECR han participado el presidente de VOX, Santiago Abascal, y la presidente del ISSEPP, Marion Maréchal quienes han apuntado a la importancia de las raíces cristianas de Europa y la defensa y el respeto de su legado para el mantenimiento de un bloque formado por naciones soberanas.

«Para que la democracia funcione necesita una forma de homogeneidad, unas referencias culturales y valores comunes que permitan crear un consenso mayoritario. La UE, con la inmigración masiva, el activismo de minorías sexuales e islámicas contribuye a la fragmentación del pueblo y a acabar con la matriz cultural común. La UE está amenazando a la democracia, se ha salido de sus competencias propias para acaparar otras en el plano cultural y educativo», ha denunciado Marechal.

Ambos han apuntado a la necesidad de defender los valores cristianos como núcleo de unión de los ciudadanos y las naciones y han señalado a la inmigración ilegal como la mayor amenaza que puede fragmentar la sociedad. «Las oligarquías progresistas y la izquierda globalista han abierto las puertas de Europa a una inmigración incompatible con nuestra manera de vivir, una inmigración de sustitución para una Europa decadente que no quiere tener hijos y quiere importar población», ha opinado Abascal.

La denominada transición ecológica y la obsesión por el clima que muestran desde los organismos europeos ha sido otro de los asuntos que han cerrado el evento. El líder de VOX ha pedido hacer autocrítica y se ha mostrado preocupado por la protección del medio ambiente, pero desde una perspectiva distinta a la de la izquierda. Marechal ha compartido la opinión de Abascal y ha añadido que «no podemos rechazar el tema del medio ambiente y debemos ser capaces de conservar nuestra tierra e identidad pero fuera de esa lógica. Hay que explicar que la ecología no es una abstracción universalista sino que ha de pasar por los ciudadanos de una forma muy concreta».

La conservación, también del medio ambiente, pero sobre todo de las raíces y tradiciones europeas es la esperanza que le queda a la Europa de los patriotas. «Europa no puede tener futuro sin la herencia y sin respeto al legado, la lealtad a las generaciones anteriores y a los padres fundadores», ha dicho el presidente de VOX.

«El futuro no puede asentarse en una ideología globalista que se impone a sangre y fuego y que trae consigo la cultura de la cancelación. No hay futuro en una Europa federalista que se entregue a la inmigración masiva, solo puede sostenerse sobre la solidez de las naciones que la han construido», ha concluido Abascal.

Aunque la conclusión final, la ha hecho Buxadé, quien haciendo referencia al nombre de la Conferencia ha apostillado: «El futuro no pertenece a los globalistas, pertenece a los patriotas«.

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La soledad de Casado
Javier Somalo. Libertad Digital 26 Junio 2021

Titula Anabel Díez en El País: "Casado se queda solo en su estrategia ante los indultos". Dice la periodista que los "aliados naturales del PP en la banca, las organizaciones empresariales y la Iglesia se distancian de la dura oposición al Gobierno que ejerce el líder popular".

Ya está aquí, de lleno, la campaña de las fuerzas vivas y mediáticas que tratará de convencer a Pablo Casado de que su oposición es "dura", terrible adjetivo. Los que animaron y hasta aplaudieron al popular —toda la izquierda— tras la aciaga moción de censura a Sánchez, que revivió a Sánchez y trató de hundir a Abascal, pulsan las alarmas en la sede en venta de Génova 13 para que Pablo Casado vuelva a RAC1 a arrepentirse de sus pecados. Lo van a intentar cada día.

Pero por más aliados que tenga el Gobierno en el crimen no cambia la ilegalidad del golpe, resuelta ahora con otra ilegalidad, además de con un juicio y una condena convertidos ya en pantomima. Más bien al contrario: aumentan las razones para resistir. Es sabido que cuando uno actúa fuera de los dictados de El País, está solo. Así ha sido siempre y hay que llevarlo a gala. Quedarse solo, con millones de personas al lado defendiendo la Ley, es un buen patrimonio que hay que saber administrar.

No, ni todos los banqueros, ni todos los empresarios, ni todos los obispos están por el golpe, que es lo mismo que perdonarlo para subsistir. Y si nos bajamos del concepto elitista de sociedad, tan de izquierdas, que tiene El País, está bien claro que tampoco están por el golpe y el perdón la mayoría de los ciudadanos españoles de a pie, que son los que votan y trabajan aunque no tengan acciones de Prisa.

Así que nos queda confiar en que Casado resista a los cantos de sirenas apaciguadoras, ya sean genovesas, prisaicas o murcianas, porque ahora, desde que resistió al Círculo, tiene razón, la seguirá teniendo aunque El País sume activos en contra, y se la terminarán dando los "aliados naturales", los postizos, los empresarios decentes y los buenos católicos. Casado tiene la gran oportunidad de demostrar muchas cosas en el momento justo.

Una lección histórica, de los años 30: cuando la izquierda cambia el régimen, expulsa a la derecha y la prohíbe gobernar, sin tapujos. Una lección de Madrid, de mayo de 2021: a la contra, si se aguanta, se gana de calle.

Empresarios y obispos
Nada cambian las lágrimas de Garamendi. No digo que no fueran sinceras pero si se metió en un berenjenal ha de salir con sinceridad y valentía. Se queja de que el balance que se hizo de su intervención en el Círculo de Economía es injusto: "Toda una vida frente a media hora de entrevista". Claro, y ¿qué dijo en esa media hora? Porque en menos tiempo se arruina toda una carrera. Y en un segundo se pierde un partido, una guerra o el oremus. La CEOE aplaudió a Garamendi porque lo ha pasado mal en estos días o porque la propia organización considera que está bien indultar a los que han provocado un éxodo empresarial por muerte civil.

Lo mismo en la CEOE hay asociados que han tenido que huir de Cataluña porque algún buen amigo, de los que ya están en la calle, les puso a sus productos o en la puerta de su negocio ese "No Compreu" tan conciliador. Pues Garamendi ya tiene Medalla al Mérito y ovación corporativa en una semana que dice que ha sido "difícil" porque él siempre ha defendido el imperio de la Ley y eso lo saben, añadió, "los que me conocéis". No lo niego pero el problema de un personaje público que disfruta de subvención es que ha de hacerse entender también por los que no le conocemos y aun así le pagamos por obligación. Y no se puede defender a la vez el imperio de la Ley y los indultos en Cataluña. Mucha gente ha sufrido, mucha, aunque no la hayamos visto llorar.

En cuanto a la Iglesia, algunos obispos españoles han querido estropear los titulares de El País y aunque el principio de jerarquía es insoslayable, queda la esperanza de que no toda la Iglesia española se esté equivocando sobre lo que significa perdonar y quién debe hacerlo. ¿Se quedan solos en su protesta los obispos que no defienden este indulto? ¿Se quedan solos los fieles que no quieren comulgar en esa fila del golpismo redimido? Lo que deben es elevar la voz.

¿Y por qué no indultan, por ejemplo, a Rodrigo Rato? Su caso no se parece en nada al de los golpistas pero matar no ha matado a nadie, no ha actuado jamás con violencia y no es sedicioso. ¿Es más grave su delito que el de subvertir el orden constitucional? Ah, que no puede sostener al gobierno de Sánchez... Pues menuda prevaricación. La derecha no merece perdón porque delinque con saña; la izquierda, por el contrario, delinque para alcanzar algo superior: el mal supremo. Es otro nivel.

Estos indultos son una amnistía contra todo criterio jurídico y contra buena parte del sentir judicial porque son perdones colectivos orientados a pagar un favor particular: que los indultados sostengan con sus votos parlamentarios al gobierno de Sánchez porque por las urnas no tiene mayoría suficiente. Que un golpe sostenga a un gobierno. ¿Y sólo por los dos años que quedan hasta las próximas elecciones generales se arriesga tanto? Una apuesta tan alta sólo se hace para perdurar incluso ante unas elecciones adversas. Historia de España, aunque nos la quieran esconder con una Ley de Memoria.

La oposición está en Colón
Dicen los que temen de veras a la sociedad civil que lo de Colón fue muy flojo. No es cierto pero, en todo caso, nunca recuerdan que las últimas Diadas parecían el cumpleaños de un náufrago y, sin embargo, ellos han llegado hasta donde se han propuesto gracias a la debilidad del Estado. Si hay que repetir Colón se hará, sin duda. Y si lo convocaran al unísono Casado y Abascal, y hasta Inés Arrimadas, a lo mejor algunos banqueros, empresarios y obispos tenían que encerrarse unos meses a recapacitar en la sede de El País.

Por si faltaran pulgas, ya han hecho acto de presencia Arnaldo Otegui y el PNV en la derivada final del Pacto de Perpiñán, comunión del separatismo que distinguió las tierras de sangre de las seguras. ¿Por qué iban a seguir matándonos si nos hemos retirado y ya ocupan nuestras posiciones? Tal es el fin del terrorismo etarra, ligado al golpismo catalán. Indultan a los presos del 1-O y reagrupan a los de ETA a la espera de que la competencia vasca en prisiones haga efectiva la segunda amnistía. Vamos, que hay para llenar Colón y llegar hasta Atocha.

Casado no se quedará solo porque antes lo hará Vox, que nació de ese miedo. En todo caso, ya que se ha estrenado algo en la resistencia, debe aguantar hasta el final. O hasta donde quiera ceder el terreno a Vox sin reproches posteriores. Lo que se haga y diga en las campañas electorales sirve de poco pero la coherencia y la firmeza en torno a unas ideas suele premiarse. Si Génova insiste en que tiene líder es ahora cuando debería demostrarlo. Que no espere a unas elecciones que quizá no contemplan los demás.

Estar en España sin ser España
Santiago Navajas. Libertad Digital 26 Junio 2021

El más célebre, discutido y discutible, artículo de la Constitución es el segundo, que reza:
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

Aunque el grueso del debate se ha centrado en el término nacionalidades, que los independentistas han interpretado como naciones de pleno derecho, de resultas de lo cual España sería una nación de naciones, tras los indultos a Junqueras y los demás golpistas seguramente cambie el panorama de las reivindicaciones de Junts y ERC. Su objetivo ahora será la resignificación de otro término de dicho artículo, concretamente unidad. Dado que el camino a la independencia de pleno derecho se ha mostrado demasiado gravoso, en años de cárcel y multas sustantivas, queda otra solución, que aun siendo un segundo óptimo satisfaría a los secesionistas: una independencia de facto, de modo que estarían en España –disfrutando de todas sus ventajas, de un mercado favorable a la integración en la UE– sin el lastre simbólico que para la tribu de la proximidad genética con los franceses (Junqueras dixit) supone ser parte de España.

Miquel Iceta, el quintacolumnista del catalanismo radical en el PSOE, ha mostrado el camino: un modelo federal. ¿Qué se quiere decir con esto? Que el foco de atención ya no estará puesto en Quebec y Bosnia sino que se pretenderá ser como Puerto Rico, un estado libre asociado a EEUU. Cuando Iceta habla de federalismo realmente está planteando una confederación, en la que las entidades confederadas sean asimétricas en cuanto a competencias y obligaciones (Cataluña, de primera; Andalucía, de segunda; para entendernos), con una autoridad central que sea una mera coordinadora sin poder fuerte, con una identidad común ni siquiera líquida, gaseosa.

Convirtiéndose Cataluña y el País Vasco en estados libres asociados dentro del Estado español se salvaría el escollo de la "indisoluble unidad", al tiempo que se lograría la meta buscada desde Cambó y Prat de la Riba hace justamente un siglo. No solo se sortearía de este modo la dificultad de dinamitar el Estado de Derecho español, sino que no se pondría en cuestión la integración de Cataluña en la Unión Europea como territorio del Estado. Aunque, al tiempo, se gozaría de las peculiaridades de los Estados independientes de facto, como selecciones deportivas propias en competiciones internacionales y una mayor capacidad para seguir imponiendo el apartheid lingüístico y cultural a los charnegos y botiflers en el sistema educativo y mediático. La desespañolización de Cataluña seguiría produciéndose a marchas forzadas, solo que ahora, además de con el beneplácito de los tontos útiles y los astutos sobornados, también con el paraguas constitucional, tras haberse retorcido el artículo segundo de la CE.

Por una de esas paradojas de la Historia, al tiempo que los catalanistas buscan independizarse de facto de España para convertirse en un mero estado asociado, en Puerto Rico existe una corriente de opinión (MRE, Movimiento Reunificación con España) que busca la unificación con la antigua metrópoli para convertirse en una comunidad autónoma como, por ejemplo, las Canarias, recuperando de este modo la Carta de Autonomía concedida por España a Puerto Rico en 1897. Cabe recordar que también Saramago defendía la integración de Portugal y España en una Federación Ibérica. Este siglo XXI todavía nos puede sorprender (aunque es más probable que de la peor manera posible).

Sánchez y España, los únicos presos del procés
Alberto Pérez Giménez. Vozpopuli 26 Junio 2021

El presidente del Gobierno y, con él, España, son hoy por hoy los únicos presos que quedan de aquel ‘procés’ que el 1 de octubre de 2017 puso al país contra las cuerdas
Junqueras y los otros siete presos indultados de Lledoners a su salida de prisión.

Pedro Sánchez ha terminado la semana con un cambio de papeles dramático y de consecuencias imprevisibles para este país. En las cárceles catalanas ya no queda ningún político preso por el más grave intento de golpe de Estado desde 1981. Por la gracia de Sánchez y por su afán en culminar como sea su mandato y la segunda parte de la legislatura –para lo cual necesita los votos de la extrema izquierda, el nacionalismo, el independentismo y los herederos de ETA - el presidente del Gobierno y, con él, España, son hoy por hoy los únicos presos de aquel ‘procés’ que el 1 de octubre de 2017 puso al país contra las cuerdas.

Al grito de “Independencia”, "Libertad para Cataluña" y vindicando los indultos como la “derrota del Estado”, los nueve políticos se dieron un baño de multitudes ante las cámaras, la indignación de muchos millones de españoles –dos de cada tres eran contrarios a los indultos- y ante la incomprensión de muchos votantes socialistas que no entienden, como Felipe González, Alfonso Guerra, Nicolás Redondo, Emiliano García Page, por qué el socialismo español tiene que comulgar con estas enormes rueda de molino.

El PSOE es, desde que Pedro Sánchez resucitara y acabara con Susana Díaz y el viejo socialismo del difunto Rubalcaba, una sombra de lo que fue: ahora, nadie puede rebelarse al poder omnímodo del secretario general.

Los ‘barones’, ya de por sí acostumbrados a practicar el silencio de los corderos, tienen aún menos capacidad de maniobra desde la última reforma del partido. Page se lamenta ante los micrófonos, Vara se lleva los abucheos en su propia casa cuando intenta justificar los indultos y Susana Díaz es ya un cadáver que intenta buscar una sepultura de lujo en el cementerio de elefantes del Senado. Ni una voz se levanta en el páramo de Ferraz donde reinan Ábalos y Lastra.

Sánchez, al son de Iceta
En voz baja, no vaya a ser que se incomode su sanchidad, todos hablan del crujir de dientes al ver la salida de los presos y la exhibición de la victoria frente al Estado, al Supremo y al resto de “la mala España”. Ni un gesto, ni una disculpa, nada. Y mientras Miquel Iceta baila por las estancias de La Moncloa porque su ‘Pedroooo’ recoge, una tras otra, todas las demandas históricas del socialismo catalán, las encuestas siguen mostrando el hundimiento del PSOE.

Todos –incluso el CIS- recogen la desmovilización del electorado socialista fuera de Cataluña arrastrado por la falta de credibilidad de un presidente del Gobierno que hace meses decía, una y mil veces, que no habría indultos (ver vídeo de Albert Rivera adjunto) con la misma contundencia con la que aseguraba que nunca pactaría con los independentistas o que no podría dormir si se abrazaba a Pablo Iglesias.

Pero lo grave de la hoja de ruta de Sánchez no es solo que vuelva a ser engañado por Oriol Junqueras –igual que cayeron como pardillos Soraya Sáenz de Santamaría y Mariano Rajoy (de aquellos polvo, estos lodos)- sino que ha abierto la caja de Pandora de un nacionalismo reaccionario que ve en la debilidad y la urgente necesidad del inquilino de La Moncloa la oportunidad para dar el mayor mordisco posible a su mayor enemigo: la Constitución del 78.

Mientras Sánchez prepara la ‘mesa de diálogo’ bilateral en la que está dispuesto a revisar desde el régimen fiscal catalán al concepto de nación para Cataluña, el nacionalismo vasco se pone a la cola de las exigencias, y los herederos de ETA reclaman ya su trozo de peaje al apoyo a Pedro Sánchez.

Siempre habrá algo más para reclamar y diferenciarse. Esa es la esencia del nacionalismo: cuando los demás van a pie, ellos piden la bici; cuando los demás tienen bici, ellos exigen moto…"

El lendakari Iñigo Urkullu ha reclamado este mismo viernes la revisión del Estatuto vasco: no va a consentir Ajuria Enea que Moncloa otorgue a Cataluña las mismas ventajas fiscales de las que goza por ‘derechos históricos’ el País Vasco. Siempre habrá algo más para reclamar y diferenciarse. Esa es la esencia del nacionalismo: cuando los demás van a pie, ellos piden la bici; cuando los demás tienen bici, ellos exigen moto…

Y si Urkullu exige otro Estatuto, Arnaldo Otegi –el ‘hombre de paz’ de Zapatero (con él empezó todo)- reclama la salida de todos los presos de ETA en cuanto el ministro Marlaska termine de acercarlos como viene haciendo cada viernes.

En resumen, esta semana Pedro Sánchez ha culminado una dramática vuelta de tuerca: ha dejado en la calle a nueve presos sin arrepentimiento alguno, con la opinión en contra de dos de cada tres españoles, del Tribunal Supremo y de la Fiscalía, y ha convertido a España y a él mismo en los únicos presos del procés. Y ha entregado la llave de la celda a los independentistas en una mesa ‘bilateral’ en la que se negociará el futuro de España con quienes solo quieren acabar con ella

¡Fuera máscaras!
Carlos Dávila. okdiario 26 Junio 2021

Que no mascarillas. Se les va a ver la cara dura, la pétrea, el ceño fruncido de los embusteros crónicos. No van a aparecer las sonrisas que, de forma tan cursi, tan de teresiana antigua, presume la ministra Darias, No; sí se va a reflejar la facundia de trilero cuando Sánchez, por fin el próximo miércoles, aparezca por las Cortes que ha sorteado durante todo este tiempo. Ese día, en el Pleno convocado a regañadientes, con enorme tardanza, por la fiel Batet, tendría que explicar la auténticas razones por las que ha puesto en libertad a los malhechores golpistas de octubre de 2017. Cuando una persona, un político para el caso, cambia de criterio en cuestiones nucleares como es esta de los indultos, no ya la práctica política, sino la más elemental decencia, obliga a exponer los porqués de su giro copernicano. Un antecesor de Sánchez, supuesto correligionario de esta calamidad bíblica que ordena y manda en España, modificó su juicio sobre la permanencia de España en la OTAN y acudió al Parlamento a comunicar sus razones, otra cosa es que fueran convincentes, que no lo fueron, pero, esa es la verdad, Felipe González se fajó en la tribuna del Congreso para conseguir un avío para su giro. Y lo tuvo y, eso sí, antes de llevarlo al Boletín Oficial del Estado para convocar un referéndum.

Este individuo de ahora, no. Ha realizado mil piruetas para engañar a las personas, ha desplegado una propaganda de autócrata para, con palabras blandas como “concordia” y “comprensión”, engatusar al personal y, como es su costumbre, volver a dividir a España entre los “buenos”, ellos, y los “malos”, los demás, los que no le siguen en su proceso de destrucción antipatriótica. Es muy de esperar que ese día 30 que ya está tan cerca, la oposición le despoje de esa máscara de zorro homicida que disfraza sus intenciones de asesinar nuestra Transición, el régimen político que nació con la Constitución. La oposición que queda, aun tan dividida, debe convenir en un objetivo fundamental; que este sujeto no se vaya de rositas, que quede fotografiado en su intención final de gobernar como lo que ya es: un dictador. ¡Fuera máscaras! No es un demócrata que respeta las reglas del juego. Es así y a quien le parezca exagerada esta imputación que responda a estas sencillas preguntas: ¿Cómo denominar a quien se rebela contra el propio Tribunal Supremo, actúa frontalmente contra sus sentencias, las desobedece y las descalifica? ¿Es tolerable en un administrador demócrata esa proclamación de que “ha terminado la justicia y empieza la política”? ¿Es que en una nación que se llame democrática la política puede marchar en contra de los dictámenes de la Justicia?

Ya ha dejado muy claramente dicho el Supremo que los indultos “no se ajustan a Derecho” Pues bien: quién vulnera el Derecho de forma tan palmaria ¿no es un ilegal? ¿no puede ser tildado de dictador? Naturalmente que sí; el miércoles venidero Sánchez intentará pasar el trago parlamentario apoyado en los de siempre, la ralea de sediciosos independentistas que le acompañan en este oprobioso trayecto. Son los que, con los indeseables delincuentes ya en la calle, han empezado a estrechar más y más las costuras de España. Por si faltara alguno se ha unido a la infame procesión el PNV, que ha reclamado para sí y para Cataluña la definición institucional de “nación”, una exigencia que apareja de hecho y por ahora, la conversión de nuestro Estado en un ente confederal donde cada uno puede entrar y salir cuando le venga en gana.

Sería un desastre para la oposición, y sobre todo para España, que el individuo en cuestión pasara el fielato del Parlamento sin romperse ni mancharse. El PP, Vox y el menguante Ciudadanos conocen que sí, que probablemente los facciosos como Esquerra, Junts por el no se sabe qué, los proetarras, la CUP y demás patulea, guardan toda la razón al denunciar que Sánchez se ha comportado de esta manera por estricta necesidad, como, casi con crueldad, denunció el impresentable Rufián desde su escaño. Pues claro: la necesidad de continuar en el machito. Por tanto, llegados a este punto, hay que escudriñar qué es lo que realmente ha pactado Sánchez con sus socios de coyuntura. Se sabe que ha suscrito (quizá incluso por escrito) un acuerdo de legislatura, un pacto que le permite a él continuar en La Moncloa, y a ellos conseguir, partido a partido, todas las partidas institucionales, también, claro está, las bagatelas económicas, que son la nueva réplica de aquella Declaración Unilateral de Independencia que dio provisionalmente con los huesos de Junqueras y sus cuates en la cárcel.

La ministra Darias, remilgada como es, ha pretendido disfrazar tanta incuria con un ¡fuera mascarillas” que al país entero le ha traído al fresco. Faltaba el fútbol, como en la dictadura descarada de Franco, para que los dos regímenes se parecieran tanto. El señuelo no ha cuajado, ni tampoco la bajada del IVA de la luz sobre la que no se ha dicho la verdad porque será sucedida por el aumento, sin piedad, de otros impuestos, directos e indirectos. Si este país funcionara como debiera, la Justicia se apresuraría a aprobar que los indultos han sido absolutamente ilegales, y si tuviera un mínimo de resuello sentenciaría que el secuestro al que nos ha tenido sometidos este abominable dictador ha sido ilegal. Ambas cosas retratarían a Sánchez, ya despojado de su máscara de zorro, como lo que es en realidad: un autócrata sin escrúpulos. El Parlamento, la oposición en cinco días debe arrancarle también ese apestoso disfraz.

Tras los golpistas, llega el turno de los presos de ETA
OKDIARIO 26 Junio 2021

Arnaldo Otegui huele la debilidad del Gobierno de Pedro Sánchez y ha invitado a participar en la asamblea de Sortu, la facción más dura de Bildu, al etarra David Pla, el último jefe de ETA. Él fue el responsable de la lectura de los comunicados que marcaron la disolución de la banda terrorista: el del 10 de enero y el del 20 de octubre de 2011. Parece evidente que la presencia de Pla tiene el objetivo de meter más presión al Ejecutivo socialcomunista con el propósito de conseguir «vaciar todas las cárceles», después de que el Gobierno haya ido acercando a los presos etarras al País Vasco. El secretario general de Sortu, Arkaitz Rodríguez, ha vuelto a insistir esta misma semana en esa línea, advirtiendo que los presos de ETA deben salir de prisión porque «ya han pagado por el daño producido». Además, reclamó al PNV que apueste por la soberanía y por «reformar profundamente el modelo policial».

Pla fue detenido en Francia, junto a su pareja y también dirigente etarra Iratxe Sorzabal, en septiembre de 2015. Caía así la última cúpula de ETA. Pla cumplió cuatro años de prisión en Francia y quedó en libertad en abril de 2019. En 2020 volvió a ser detenido y entregado a España, pero actualmente se encuentra en libertad. Arnaldo Otegui, que conoce la influencia que Pla ejerce en los colectivos de presos, se está sirviendo de su figura para utilizarlo como método de presión. El paisaje político, tras la puesta en libertad de los golpistas catalanes, se presta a una ofensiva en toda regla de Bildu para que Sánchez sienta de cerca el aliento de los herederos de ETA. El momento es ahora, cuando el Gobierno socialcomunista ha claudicado ante los sediciosos catalanes. Sortu, los ‘duros de Bildu’, con Otegui marcando los tiempos, entiende que ha llegado la hora.

Todos los partidos enemigos de España saben que nunca encontrarán una mejor ocasión que esta para aprovecharse de la debilidad del Gobierno. Saben que, con tal de mantenerse en el poder, las tragaderas de Pedro Sánchez no tienen fondo.

Las dos claves
Álvaro Delgado-Gal. ABC 26 Junio 2021

Percibimos las cosas mejor, una vez que se han hecho. Pasa con las inversiones bursátiles, con las carreras mal elegidas, con una ruptura amorosa. Lo irrevocable del acto se traduce en una especie de lucidez, por lo general tardía. Muchos, muchos españoles, contemplaban el futuro político de su país confusamente, sin saber qué nombre ponerle. Y han venido los indultos, y con ellos, un malestar profundo. Cuanto más pensamos, peor nos sentimos. Empiezo a contar… desde delante hacia atrás.

¿Es mejor tener a Junqueras y compañía en la cárcel, o de nuevo en la calle? Podría argumentarse que es imposible, es inaudito, que un Gobierno ventile los asuntos nacionales con una persona que ostenta, oficialmente, la condición de preso. De aquí no se sigue que haya sido bueno excarcelar a Junqueras, sino, más bien, que es comprensible que se le excarcele si se ha optado previamente por otorgarle el título de representante de Cataluña ante al Gobierno. Ahí está la primera clave. La mesa de diálogo encerraba desde el inicio, como una consecuencia en diferido, el indulto a Junqueras.

Existe una segunda clave: lo que da sentido a la mesa, es la hipótesis implícita de que el marco constitucional resulta insuficiente para resolver el contencioso catalán, y que, por tanto, no hay más remedio que reformar la Carta Magna. Pero lo último solo será viable si:

1) Se hace desde la propia Constitución.
2) Sobre la base de un acuerdo sólido entre los grandes partidos constitucionalistas.
3) En un clima de estabilidad institucional.

Ninguno de los tres supuestos se cumple. Primero, Junqueras quiere un referendo de autodeterminación, no un encaje de Cataluña en una constitución corregida por los procedimientos habituales y con el consenso de quienes no piensan como él. Segundo, los partidos nacionales están enfrentados. Tercero, el Gobierno se ha abierto camino en claro desafío al Tribunal Supremo y eludiendo el debate parlamentario. La mesa de negociación está, por consiguiente, montada en el aire. Es, simultáneamente, un trampantojo y una pista deslizante en la que no se puede posar el pie sin exponerse a acabar donde Cristo dio las tres voces.

Mirando el asunto con un grano angular mayor, se nos presenta una realidad todavía más desordenada, más sucia, más decepcionante. Sánchez se coló en el poder, en el 2018, gracias a una moción de censura apoyada por los independentistas. Carecía de un proyecto; su único móvil era pisar la moqueta de La Moncloa. En contra de lo prometido, no convocó elecciones. Cuando se determinó a hacerlo, le salieron mal, y decidió formar un Gobierno disfuncional con un apoyo parlamentario que le convertía en rehén de los enemigos del Estado. De ahí no puede salir nada que no sea monstruosamente irregular. Casado debería, es cierto, haber tendido la mano al PSOE, ofreciendo a Sánchez seriamente, y no de boquilla, una base parlamentaria alternativa. En lugar de eso, y en ausencia igualmente de un proyecto claro, ha atizado la confrontación. Se trata, estimo, de un error moral, más que fáctico. Por su aterrizaje en la Presidencia, y por instinto, Sánchez no habría aceptado un acuerdo de verdad. Además, Sánchez y la verdad son incompatibles. Mal compañero para cualquier viaje.

España enfila un final de régimen muy complicado, sin ideas o agentes políticos que puedan aplicarlas. Desde luego, España sin Cataluña es difícil de imaginar. Pero este ejercicio especulativo nos lleva a mirar en una dirección equivocada. Dada nuestra estructura autonómica, la instalación de poderes locales cada vez más difíciles de controlar, la decadencia de los partidos y el galopante desarreglo institucional, la disyuntiva no sería España con o sin Cataluña. Sería otra. Ni siquiera conocemos, en puridad, los términos que la compondrían. Así estamos, cuarenta años después de haber iniciado una etapa histórica que se nos antojaba halagüeña.

España ve con preocupación el festival independentista de Cataluña
“Nadie debería ser nombrado para una posición directiva si su visión se enfoca sobre las debilidades, en vez de sobre las fortalezas de las personas”. Peter Drucker
Miguel Massanet. diariosigloxxi 26 Junio 2021

Salvo en el gobierno del señor Pedro Sánchez y en todos aquellos grupos políticos que le bailan el agua para seguir pintando algo en un país en el que no tienen otra utilidad que la de votar siempre a favor de las propuestas gubernamentales del PSOE, ¿creen ustedes que hay alguien que haya sido capaz de ver en el nacionalismo catalán el más mínimo signo, atisbo o asomo de haber bajado el tono de sus reclamaciones; algún periodista de la prensa soberanista catalana que haya rebajado sus críticas o mejorado su lenguaje insultante y barriobajero respecto a todo lo que haga referencia a España, a los verdaderos españoles, a los partidos de derechas o a aquellos que incluso se han mostrado propicios a la concesión de los indultos, pensando erróneamente que, con ello, los independentistas se conformarían y rebajarían el listón de sus exigencias?

Les puedo asegurar que hoy, si leen el panfleto independentista del grupo Godó, La Vanguardia, podrán apreciar que en los escritos de sus colaboradores, no se nota en absoluto que, con la libertad de los presos de Can Brians, se haya producido un mínimo de distensión, un ápice de relajamiento en la tensión contra el Estado español o unas palabras amables que pudieran hacernos pensar que, el argumento que esgrime el señor Presidente del gobierno de que los indultos iban a facilitar un mejor entendimiento entre Cataluña y España o que, con ello, se iban a calmar las pretensiones de los independentistas; se darán cuenta de que nada de todo ello ha ocurrido. El señor presidente de la Generalitat ya dijo ayer que las perspectivas siguen siendo las mismas y que confía que las conversaciones que tendrán lugar en la “mesa de diálogo” sirvan para ir avanzando en la idea de una Cataluña republicana y en busca de una nueva consulta o referéndum en Cataluña sobre la cuestión de la autodeterminación de esta comunidad.

Y si alguien tuviese dudas acerca de la certeza de lo que estoy explicando, no tiene más que leer el artículo que hoy, 24 de junio, ha escrito el periodista de La Vanguardia, señor Josep Martí Blanch, en el cual no duda en emplear expresiones tan “cariñosas” y relajantes como “para que el cabestro popular siga embistiendo ante cualquier movimiento”. Claro que cuando se ve la catadura moral de estos personajes, su bilis en contra del resto de España, su falta de respeto por las ideas de los demás y su evidente e incontenible cerrazón intelectual, que les impide observar con objetividad lo que está sucediendo al país catalán en el que, con sus aspiraciones soberanistas lo único que ha conseguido ha sido su empobrecimiento, la antipatía del resto de los españoles y el que su economía haya marcado mínimos, como nunca en muchos años había sucedido, con la huida de más de siete mil empresas hacia otras provincias o naciones en las que no se les obliga a convertirse en súbditos de la Generalitat catalana.

No entendemos en qué es en lo que se basa el señor Pedro Sánchez para intentar que nos traguemos que, con el indulto de estos delincuentes catalanes va a conseguir que renuncien a sus aspiraciones políticas. si no es que, un nuevo engaño ya se está gestando en los despachos de Ferraz, mediante el cual parece que se les va a conceder a los catalanes la aprobación de un nuevo estatuto en el que se vuelvan a incluir aquellos artículos que fueron modificados o suprimidos por ser considerados anticonstitucionales.

Volvemos a aquello de la judicialización de la Justicia y, a lo que es peor, a un nuevo intento de colar por la puerta trasera la posibilidad de que los catalanes soberanistas acaben de suprimir cualquier vestigio de la legislación patria para imponernos, a los españoles que residimos en esta región, el uso exclusivo de la lengua catalana o que nuestros tributos se queden exclusivamente para la Hacienda oriunda.

Y nosotros, en nuestra perplejidad, nos preguntamos: ¿Qué hay de la igualdad entre todos los españoles?, ¿qué ocurre con la distribución parcial, desproporcionada y, evidentemente, politizada de los recursos del país y, en estos momentos, de las ayudas que se van a recibir desde Europa? Ya sabemos que el señor Pedro Sánchez se ha constituido en el “albacea” de todos ellos, con facultad para darles el destino que a él le parezca más adecuado. El confiar en que, desde la UE, se le vaya a rectificar o a pedir cuentas al señor Sánchez, visto lo visto y lo que se ha cocido en el Consejo de Europa, pocas esperanzas podremos tener de que se vaya a producir. Estamos a la espera de lo que acabe decidiendo el tribunal de Estrasburgo y, la verdad, las esperanzas de que, de dicho organismo, salga algo bueno para España, no hablo de para los socialistas, es evidentes que cada vez parece menos probable.

Por mucho que intentemos darle vueltas a lo que ha sucedido en España estos días, no vemos la manera de encontrar motivo alguno para alegrarse, aunque es evidente que, desde la propia CEOE y su vendido presidente, están intentado buscar justificaciones para su apoyo descarado y escenificado con aplausos, a las palabras de traición a España pronunciadas por el señor Garamendi, que ya pude llorar con lágrimas de cocodrilo lo que quiera, pero la verdad es que ha dejado a la nación española a los pies de los independentistas, para satisfacer el egoísmo de aquellos empresarios para los cuales “poderoso caballero es don dinero” y carecen del más mínimo sentimiento patriótico.

Como ya les ha sucedido en otras ocasiones, por ejemplo con la II República, van a llevar en el castigo la penitencia, porque lo que se ha hecho por los socialistas puede que no tarde en volverse contra ellos mismos y, de paso, en contra de todos aquellos que han apoyado semejante insensatez en aras de conseguir beneficios inmediatos que, si la cuestión económica, como ya se anuncia por algunos, llega a convertirse en insegura y llegara otra crisis o el coronavirus iniciara una quinta etapa, puede que todo ello se convirtiera en agua de borrajas.

Y hete aquí que, los propios socialistas, empiezan a sentirse preocupados por el hecho de que los salidos de la cárcel y todos aquellos que han creado la parafernalia de festejarlos como héroes, estén sacando pecho, burlándose de los magistrados españoles, augurándoles fracasos sonados desde los tribunales europeos, afirmándose en la necesidad de continuar su lucha por la independencia, burlándose de los mismos que les han concedido los indultos y reclamando algo imposible como es que se les conceda la amnistía total, algo que evidentemente no permite nuestra legislación.

Pero es que, el principal avalador de esta conducta, quien la viene fomentando desde Frerraz y aquel que fía su continuidad al frente del Gobierno en el apoyo de los de ERC y demás partidos de izquierdas, es el propio Pedro Sánchez que, lo que intenta ahora es acabar definitivamente con el PP y con VOX, su principal obstáculo para que pudiera emprender la reforma de la Constitución que precisaría para convertir, a nuestro país, en un estado de tipo federal. lo que serviría para legitimar la autonomía plena de la comunidad catalana o, lo que es lo mismo, una independencia de hecho.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el convencimiento de que todo lo que se está tramando tiene un componente evidente de anticonstitucionalidad porque, lo que sucede es que la postura de Sánchez de apoyar a los separatistas catalanes, mantener una mesa de diálogo con ellos, impedir que los partidos constitucionalistas opinen o puedan formar parte de quienes tienen opciones de hacerse oír y de poder opinar cuando, de lo que se trata, es de un tema tan trascendental como es un cambio de régimen, o el hablar sobre la disgregación de la nación o el poder intervenir en temas de política internacional, en los que se está jugando el ser de nuestra nación.

Y una referencia a la monarquía. Hemos defendido al Rey en cuantas cuestiones ha necesitado el apoyo del pueblo, aunque en mi caso no soy monárquico, pero su comportamiento dejándose humillar, cediendo a las presiones que se le hacen y permitiendo, sin rechistar, quela unidad de España esté puesta en peligro, no nos parece que sea lo que le corresponde hacer a un monarca que respete sus derechos y su figura de jefe del Estado español. No olvidemos que sigue siendo el jefe supremo del Ejército de la nación española y, si llegara el caso, tiene la obligación de impedir que España se divida a causa de la intervención de las fuerzas disgregadoras que hoy se han hecho con el poder. Si, como su bisabuelo, lo único que sabe hacer es doblegarse y huir cuando se vea apurado, en este caso deberemos pensar que no tiene derecho a ostentar la Jefatura del Estado español. Y Baltasar de Gracián, el gran literato español, nos da una lección con sus palabras: “Los sueños no te llevarán a ninguna parte, una buena patada en los pantalones te llevará muy lejos.”

Y ahora, el Tribunal de Cuentas
Editorial ABC 26 Junio 2021

Al Gobierno le ha surgido una dificultad con la que no contaba a la hora de promover sus gestos de concordia con el separatismo catalán tras los indultos. El Tribunal de Cuentas, cuya función es dirimir la responsabilidad contable de cargos políticos que han hecho un uso indebido de dinero público, mantiene abiertas distintas causas que afectan a algunos de los líderes golpistas y a dirigentes de la Generalitat por el dinero malversado para convocar el referéndum ilegal del 1-O. Es probable que Pedro Sánchez no contase con que estas causas no pueden ser monitorizadas por La Moncloa de la misma manera con la que trata de controlar a todas las instituciones del Estado para ponerlas al servicio de su estrategia. Por eso el ministro José Luis Ábalos, visiblemente molesto con la actuación del Tribunal de Cuentas, dijo ayer con total impunidad que esos procedimientos sancionadores para que el independentismo devuelva todo el dinero malversado son «piedras en el camino». El argumento es la enésima humillación de otro organismo del Estado: como la prioridad es que Sánchez pacte una hoja de ruta soberanista con ERC, nadie debe interponerse, ni siquiera la mismísima legalidad. Se trata de un llamamiento de La Moncloa para forzar al Tribunal de Cuentas a que mire hacia otro lado, incumpla su función fiscalizadora y se subordine a los intereses políticos, porque, como ha ocurrido con la sentencia del Tribunal Supremo por sedición y malversación, todo debe ser papel mojado para el regreso triunfante de los líderes independentistas a la escena política. Nunca ningún Gobierno en democracia desplegó tanto desparpajo para inutilizar las armas de un Estado de derecho y favorecer sin sonrojo alguno a quien quiere dinamitarlo.

En el mismo contexto cabe interpretar las palabras pronunciadas ayer por Pedro Sánchez. «Lo útil en el pasado fue el castigo, y lo útil hoy es el perdón». Así, lo útil no es útil en sí mismo, sino que adquiere eficacia solo cuando Sánchez lo considera conveniente y favorable. Esta nueva manera tan oportunista de adaptar la democracia a sus tiempos ya no sorprende en Sánchez. Tiene tan maltratada su hemeroteca que le da igual un volantazo más en su credibilidad. Ahora sabemos que lo útil es lo que diga Sánchez, cuando lo diga Sánchez y como lo diga Sánchez. Y la democracia es lo que diga Sánchez, cuando y como lo diga él. Todo es una apropiación indebida del concepto del poder. No le basta solo con inutilizar el Parlamento y maniatar el Poder Judicial. Tiene que hacerlo además sometiendo a las instituciones a sus deseos, y si para ello tiene que desapoderarlas de las funciones constitucionales que tienen atribuidas, pues se las despoja sin el menor complejo. Con este Gobierno, hasta la separación de poderes tiene que supeditarse, por ordeno y mando, a las decisiones de un presidente que está pervirtiendo el significado de la ley hasta límites desconocidos. Está forzando las costuras del Estado para privilegiar a unos golpistas, y además aparecer, repleto de buenos deseos, como el salvífico protector de la democracia.

Este nuevo episodio, con el ataque ahora al Tribunal de Cuentas porque no se pliega, empieza a recordar viejas prácticas del PSOE. Por ejemplo, cuando Rodríguez Zapatero negociaba con ETA, y Arnaldo Otegui, en una declaración judicial tras ser detenido, preguntó al juez si «esto lo sabe el fiscal general». Hoy solo falta que cuando el Tribunal de Cuentas reclame a los separatistas el importe malversado, pregunten si eso lo sabe Ábalos.

Cuando Madrid afloja, Cataluña aprieta: por qué ceder hace más fuerte al separatismo
Javier Torres. https://gaceta.es 26 Junio 2021

Es 1980 un hombre recién llegado del exilio predica en el desierto sobre el futuro de Cataluña: “Pujol luchará y pactará hasta con el diablo para ser president, porque ahí espera tener su mejor escudo. Y en cuanto estalle el escándalo de su banco (Banca Catalana) se liará la estelada a su cuerpo y se hará víctima del centralismo de Madrid. Ya lo estoy viendo: Catalans, España nos roba… No nos dan ni la mitad de lo que nosotros les damos y además pisotean nuestra lengua… Catalans, ¡Visca Catalunya!”. Con esta clarividencia Josep Tarradellas, primer presidente de la Generalidad tras la muerte de Franco, se refiere a su sucesor Jordi Pujol el mismo año que éste toma posesión del cargo. Muy pronto sus predicciones comienzan a tener visos de realidad: a los cinco años Tarradellas ya habla de la existencia de una dictadura en su tierra. “La gente se olvida de que en Cataluña gobierna la derecha; que hay una dictadura blanca muy peligrosa, que no fusila, que no mata, pero que dejará un lastre muy fuerte”.

Si cuatro décadas después la CIU de Pujol (mutada en otras siglas) ha llegado tan lejos hasta pilotar un proceso de independencia en Cataluña -aún vigente- no ha sido sólo por voluntad y determinación propias, sino por la dejación de quienes debían haberle frenado desde el Gobierno central. Que Pujol haya liderado un partido de derechas, como sucede con el PNV, ha sido una más que probable coartada con la que sus fechorías han pasado por minucias para los gobiernos de Aznar y todo lo demás: Conferencia Episcopal, empresarios y hasta la corona. Quizá por este motivo al separatismo catalán se le llamó nacionalismo, como si rebajarla a esta categoría pudiera modificar su ADN secesionista.

Un factor que, sin duda, ayudó al avance del rodillo separatista catalán fue el terrorismo de ETA. El Estado, por motivos evidentes, se volcaba en combatir a la banda que cada semana desde la Transición asesinaba a policías, guardias civiles y militares. Un enorme pulso a España bañado en sangre que fue aprovechado por el tacticismo pujolista para pactar con Madrid cuando fuera necesario. Ese momento fue 1996 y se llamó Majestic. Aznar necesitaba el apoyo de CIU para llegar a la Moncloa y bien que lo pagó: el Estado entregaba las competencias de educación a la Generalidad a cambio de un puñado de escaños. Era mentira que aquello se hiciera para garantizar la estabilidad de España (si acaso la del Gobierno), pues el acuerdo se cimentaba sobre la imposición en las escuelas catalanas de unos planes de estudio de abierto carácter separatista. La secesión, hasta entonces sólo latente en la hoja de ruta de Pujol, avanzaba ahora oficialmente ante la complicidad de todos los poderes del Estado.

Para seguir con el plan, Pujol cometió uno de los mayores actos de odio contra España que se recuerdan: priorizar la inmigración norteafricana en detrimento de la hispanoamericana. Musulmanes por cristianos. Marroquíes o argelinos mejor que ecuatorianos o venezolanos. Puerta abierta a quien no se adapta y trabas a quien sí lo hace. Pujol sabía todo eso, así que no cabe imputarle un error de cálculo, sino todo lo contario: entendió que sería más fácil exigir a un marroquí aprender catalán que a un colombiano que, al hablar español, no pondría interés alguno en el idioma regional. La esperanza del separatismo era que entorpeciendo la integración se creara un caladero de futuros votantes para la causa. Estos lazos entre la Generalidad y Rabat dejaron estampas insólitas como el recibimiento con honores militares a Jordi Pujol en el aeropuerto de Marrakech en 1994. Durante esa visita sus huéspedes instalaron la enseña catalana entre dos grandes banderas marroquíes en la fachada del hotel en que se hospedó, el Mamounia, entonces el más lujoso de África.

Así llegamos hasta 2014, año en que Cataluña cuenta con 300.000 marroquíes y Artur Mas da un paso más aprobando el Plan Marruecos para convertir a los inmigrantes marroquíes en carne de cañón separatista como votantes en el referéndum por la independencia el 9 de noviembre de 2014. Además el plan incluía un programa de lenguas de origen mediante el cual “se proporcionaría profesorado a los alumnos de origen marroquí pero también catalán”.

Claro que antes de Aznar estuvo Felipe González, que hizo lo propio entregando las competencias penitenciarias a Cataluña en 1983, la comunidad, por cierto, con más transferencias a su favor. Esto debería tirar por tierra para siempre el argumento de que la cesión aplaca a la fiera cuando es exactamente al revés: la hace más fuerte. Y el referéndum es la prueba, ya que tras el primero vino el segundo en 2017.

Para evitarlo Rajoy envió a su vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría a reunirse con el Gobierno de Puigdemont y Junqueras. Fue la ‘operación diálogo’ y el resultado no pudo salir peor: las urnas se colocaron el 1 de octubre. De nada sirvió que la número 2 de Rajoy acondicionara un despacho en la Delegación del Gobierno en Cataluña ni que posara sonriente y relajada con Junqueras colgado de sus hombros. Seis meses tardó Rajoy en percatarse de su fracaso con un plan de cesiones de lo más variado: repartos multimillonarios para destinar a infraestructuras, los ventajosos préstamos del FLA o decir que fue un error recurrir el estatuto de Zapatero ante el Tribunal Constitucional. Tampoco quería saber nada del 155 que acabó aplicando después de que Puigdemont se le escapara escondido en el maletero de un coche.

Juzgados los hechos, el Supremo condenó por sedición a los golpistas en 2019 que, dos años después, salen a la calle indultados por el Gobierno de Sánchez. La justificación es la que tantas veces se ha usado en los últimos 40 años para explicar lo inexplicable: convivencia, entendimiento, reencuentro, estabilidad… Naturalmente no se lo cree nadie, incluidos los agraciados como Junqueras, que nada más salir ha dicho que esto demuestra la debilidad del Estado y que siguen trabajando por la independencia.

¿Y qué sucede cuando se hace lo contrario y se combate con firmeza al separatismo? La única vez que ha ocurrido fue con la ilegalización de Batasuna impulsada por Aznar en el pacto por las libertades y contra el terrorismo suscrito con el PSOE en el 2000. Los agoreros dijeron que aquello provocaría un recrudecimiento del terrorismo y que el País Vasco ardería. Se equivocaron: la eficaz acción policial combinada con el estrangulamiento financiero que supuso la expulsión de los proetarras de las instituciones, dejaron a ETA y a su entorno más débiles que nunca.

El antónimo de “concordia” es “discordia”, Sánchez
Teresa Giménez Barbat. okdiario 26 Junio 2021

Estamos haciendo un gran sacrificio. Después de 40 años de soportar a los nacionalistas, ahora les damos la razón. Y todo ello por la “concordia”. ¡La gran medicina! ¿Por qué algunos no sentimos sus salutíferos efectos? Ese bálsamo no está pensado para nosotros. Quizá porque esa supuesta “utilidad pública” que produce se parece al autoindulto y es privada. Lo que experimentamos en cambio es su antónimo, “discordia”.

Lo chungo es que de golpe aparecen políticos, intelectuales, periodistas o civiles varios dispuestos a creerse que va a funcionar. Desesperados porque sea la solución. Como dice Xavier Rius : ”Yo, que he visto tantas burbujas mediáticas con el proceso, compruebo que La Moncloa ha conseguido crear otra con los indultos”. Civiles como Javier Godó vuelven a deleitarnos con hipocresías como invitar a los separatistas a “construir unidos un nuevo proyecto de país”. Teniendo en cuenta que su proyecto es destruir España o, por lo menos, vivir a costa de odiarla, es un escarnio más por su parte. Porque la procesión quizá vaya por dentro, pero, por fuera, están los nueve de Lledoners envalentonados. No dejan de decir que lo volverán a intentar. Y Aragonés urgía hace unos días al gobierno a avalar ya un nuevo referéndum. ¿De dónde sacan los creyentes en el indulto toda esa confianza? Como dice Santiago Navajas: “No son como Keynes, que cambiaba de opinión cuando cambiaban los hechos. Al revés: creen que cambiar de opinión llevará a cambiar los hechos”. No es la primera vez que vemos cómo la política se basa en la más pura superstición. Ahora los indultos son una especie de sortilegio. Todo-irá-bien por el poder de la magia. “Magia Borràs”, y nunca mejor dicho.

Sí. Nos dicen que lo hacen por nuestro bien. A pesar de ver cómo salen los insensatamente indultados de la cárcel: exultantes y con las pinturas de guerra. Despedidos cómo héroes por una parte del personal de la prisión y recibidos como lo mismo por amigos, familiares y hooligans. Como si hubieran estado injustamente encerrados y, al fin, se les hubiera reconocido. Como si declarar nula la legislación vigente y proclamar desde las instituciones del estado las leyes de Transitoriedad y convocar (¡otra vez!) un segundo referéndum ilegal hubiera sido, no una ensoñación, si no algo justo y encomiable que por fin se aprecia. Como si fueran víctimas de un Estado criminal que, como exclamó Cuixart “no ha podido mantenernos más tiempo dentro de la cárcel”.

Dice Sánchez que “concordia” viene de “corazón”. Y a media Cataluña se nos hiela, nos guarde Dios. No es “concordia” lo que se respira. Es “discordia”. Seguimos aquí, frustrados, enfadados e incrédulos. Sobre todo, quienes formaron la primera línea de defensa del Estado en Cataluña: policías, jueces, fiscales, interventores… Recordemos al miembro de la Unidad de Intervención Policial (UIP) que resultó gravemente herido en la plaza de Urquinaona.

También seguimos inquietos y con la mosca tras la oreja. Sabemos que la revolució dels somriures nunca existió. Y que no son gent pacífica. Ya vimos suficientes aeropuertos invadidos, autopistas cortadas, fronteras bloqueadas, Aves boicoteados, contenedores quemados… Hay mucho malestar. Las heridas que nos han infligido son profundas y ahora nos abandonan. Vergüenza del PSC estos días, con Salvador Illa, su candidato a la presidencia de la Generalitat, missing total. De concordia nada. Lo que se ha sembrado es una vuelta de tuerca más en la discordia. No sólo en mi mundo constitucionalista. ¡Ni siquiera en el independentista, que van mordiendo la mano del indulto! Han hecho un pan como unas tortas.

Muera España
Jesús Laínz. Libertad Digital 26 Junio 2021

Sobre la autohispanofobia de buena parte de la izquierda española se ha escrito mucho y desde los más variados puntos de vista, así que no cometeré el error de poner a prueba la paciencia de mis escasos lectores con más variaciones sobre el mismo tema. Tan solo señalaré que, aunque la crítica a los Gobiernos pasados de España fue un elemento lógico de las doctrinas izquierdistas del siglo XIX, el paso hacia el asco por la nación en su conjunto no se daría hasta 1898. Para comprobarlo no es necesario acudir a sesudas elaboraciones de ideólogos; basta con un vistazo a la evolución de la prensa izquierdista de antes y después del Desastre, y con sólo semanas e incluso días de diferencia.

Tres décadas más tarde, en 1930, el muy autorizado Manuel Azaña declaró:
En el estado presente de la sociedad española, nada puede hacerse de útil y valedero sin emanciparnos de la historia. Como hay personas heredo-sifilíticas, así España es un país heredo-histórico.

La hispanofobia de las izquierdas quedó así más que sembrada, junto a la paralela separatofilia, que no cesaría de aumentar en los años siguientes, aunque suela señalarse alguna frase de Negrín y, sobre todo, de Indalecio Prieto para probar su condición de patriotas. Pero al mismo se olvida su hipocresía, que permitía a este último sostener una cosa o la contraria dependiendo de su interés en cada momento. El dirigente peneuvista Telesforo Monzón, por ejemplo, recordó en sus memorias cómo Prieto le ofreció la independencia del País Vasco a cambio de su apoyo en la revolución de octubre de 1934.

Las masas se empaparon del mensaje de odio hacia su propia nación que los intelectuales y dirigentes izquierdistas habían sembrado con eficacia, como demostró el frenesí revolucionario estallado con la victoria fraudulenta del Frente Popular en febrero de 1936. Enrique Jardiel Poncela, ajeno a cualquier opción política, relataría:

En junio de 1936 la situación era insostenible. Decir "¡Viva España!" era un grito subversivo que significaba la cárcel inmediata. Pero "¡Muera España!" estaba admitido y se decía. También se decía por todas partes "¡Viva Rusia!" y "¡Rusia sí, España no!".

Los que vivieron aquellos sangrientos días recordarán que gritar "¡Viva España!" era un acto subversivo que solía acarrear la muerte. Pedro de Répide, cronista oficial de Madrid e insigne izquierdista arrepentido tras experimentar la República, escribió:

Oíanse continuamente, con chasquido de blasfemias, los alaridos de "¡No queremos España! ¡Queremos Rusia!" y los de "¡Viva Rusia, muera España!", expresiones inconcebibles por muy revolucionario que se sea.

Aprovecho la ocasión para señalar a quienes estos datos les hayan parecido interesantes que podrán encontrarlos, junto a muchos otros, en un libro de recientísima publicación que me atrevo a señalar aquí. https://www.jesuslainz.es/libros/la-gran-venganza-1/

Con el paso de las décadas la tendencia no haría sino aumentar, como lo demostró la simpatía de la inmensa mayoría de la izquierda española por los criminales etarras, compañeros de viaje socialista al fin y al cabo. Y, por supuesto, su continua complicidad con la estrategia gradual de disgregación de España diseñada por sus socios separatistas.

Tras las citas de autoridades terminaré con dos pequeñas anécdotas personales cuyo trasfondo ideológico y psicológico muchos lectores podrán corroborar con sus propias experiencias. Hace unos quince años un representante –de cuyo nombre no quiero acordarme– de la cultureta progre de una provincia norteña de nula tendencia separatista escribió en un artículo de prensa: "España no me preocupa lo más mínimo; es más, su disolución hasta me parecería algo realmente interesante". Y también hace algunos años un cargo electo del PSOE –de cuyo nombre tampoco quiero acordarme– me dijo que le divertía el interés que teníamos los de la derechona por evitar la separación de Cataluña y el País Vasco. Y no sólo eso, sino que confesó entre francas carcajadas que, dado que le constaba que dicha separación implicaría una puñalada en el corazón de sus despreciados "patriotas de la derecha", estaba ansioso de que llegase ese momento para poder disfrutarlo.

Concluyo. Que nadie se engañe: los que creen que el indulto a los golpistas va a provocar el hundimiento del PSOE ignoran el resentimiento contra su propia nación que late en lo más profundo del corazón de la mayoría de los izquierdistas. Evidentemente hay excepciones, y algunas de indudable renombre. Pero en las urnas no se pesan las opiniones, se cuentan.

www.jesuslainz.es

España deshuesada
Cristina Casabón. Vozpopuli 26 Junio 2021

En La España Invertebrada (1921), Ortega ofrecía algunas reflexiones acerca de la construcción de la nación, advierte de problemas históricos no resueltos y señala la anormalidad histórica de España en dos puntos clave: el fantasma del “particularismo”, que conduce a la desintegración de la nación y “la ausencia de los mejores”, que lastra la cultura política.

Hablamos de dos problemas que, cien años después, se solapan y siguen presentes en el problema catalán, que a su vez es un problema histórico, cíclico y de difícil solución. Parece ser uno de esos problemas irresolubles con el que siempre habrá que convivir para mantener España unida.

Ortega apostaba por una vertebración que sea suma. Ahora se anuncian “nuevos retos” y "concordia" que se traducen en más poder para las élites independentistas, lo cual solo genera mayor discordia entre los nacionalistas y el resto de los españoles. El verdadero reto sería el que mostráramos un poco de solidaridad y justicia redistributiva, equilibrar, y no desbordar, el marco del Estado de las autonomías.

La desjudicialización del procés y la normalización del independentismo son parte del “baile” de los partidos en la fiesta de la democracia. El Gobierno está cómodamente instalado en el cálculo electoralista y de juegos de poder con el nacionalismo catalán. Esta es una negociación en la que prima el particularismo y que interesa muy poco al resto de los españoles constitucionalistas, pues sabemos que la performance separatista es siempre el escenario último.

Parece que el PSOE está dispuesto a tirar el Estado nación al cubo de la papelera de la historia con tal de seguir dos años más en la Moncloa. La política se acerca cada vez más al concepto maquiavélico del “divorcio entre la política y la ética”, o “la política por la política”, algo que ocurre siempre que las élites se degradan y la sociedad civil solo muestra docilidad.

Ortega también hablaba de una cultura política marcada por la voluntad de hegemonía de poder en la esfera pública. Decía que los movimientos políticos en España reproducen a menudo el carácter de los pronunciamientos al “tomar posesión del poder público”. En este ambiente, desde la base se reproducen y se repiten patrones: la multitarea de pescar y jalar canapés, sonrisas estereotipadas, cordialidades y ambiciones arropadas en nobleza. Son los círculos de unas élites mafiosas con un concepto curioso de la responsabilidad que va unida a un cargo público.

Mientras tanto, el proceso de culpabilización ya ha tenido cierto éxito parcial en el sentido contrario, a base de remordimientos en torno a la judicialización del procés y la conveniencia de los constitucionalistas de perdonar y pasar página. Ahora toca reescribir la novela del independentismo, normalizar a estas élites y revestirlas con un aura demócrata. Es una música de fondo, ya familiar: la del baile de los políticos y los peces gordos (CEOE, Círculo de Economía de Barcelona y hasta los obispos) que se han puesto de acuerdo para que la ley no sea igual para todos.

La élite que Ortega quería para su país, y que define en España invertebrada y en La Rebelión de las masas era lo opuesto, el gobierno de los mejores, y es gracias a ella que puede descansar la pretensión de cualquier nación de lograr el progreso y el continuo perfeccionamiento. No nos vendría mal una minoría de este tipo que además fuese capaz de entusiasmarnos con algún proyecto factible de convivencia común, de reconciliación entre los diferentes particularismos y que dejara de pensar en ocupar y mantenerse en el poder a toda costa.



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