AGLI Recortes de Prensa   Jueves 1 Julio  2021

La lengua perseguida
José Manuel Sánchez Fornet. okdiario 1 Julio 2021

España es una gran nación, plural en sus costumbres y territorios, en algunos de los cuales se hablan lenguas propias o dialectos: el catalán, el vascuence y el gallego especialmente, además de otras que han sido reconocidas y respetadas por el Estado.

El castellano fue la lengua del imperio. Lengua común por derecho propio en la península ibérica y en Hispanoamérica con más de 500 millones de hablantes, conformándose como la lengua de la nación española y parte indisoluble de su identidad. Una lengua que en España está siendo demolida sin prisa, pero sin pausa por intereses políticos bastardos. La promoción de todas las lenguas de la nación es legítima siempre que no sea imponiendo las minoritarias y sepultando la lengua común, ni al revés. En Cataluña no se han cumplido las sentencias sobre el 25% en que debía impartirse la enseñanza en español, y ahora la LOE (Lomloe) o ley Celaá, ya no considera el español lengua vehicular. En catalán, la lengua del nuevo imperio.

En España los políticos están sepultando el español desterrándolo de las administraciones. Hablar sólo español es incómodo y discriminatorio en algunos territorios. La Selectividad en Cataluña no se ha podido hacer en español, sólo en catalán. Pruebas de selectividad con distinto nivel de exigencia (quien no aprueba en una comunidad de las exigentes podría obtener el mejor resultado en una de las que exigen menos). Esta no es la Constitución que votamos ni la sociedad que queríamos. La injusticia y la desigualdad están instaladas en la sociedad.

Ocurre en Cataluña, en todos los servicios públicos del Estado, la comunidad autónoma y los ayuntamientos de la región, y ocurre en la comunidad valenciana, Baleares, Galicia o País Vasco. Ahora empieza el debate sobre el bable en Asturias. Ante un discurso en dicha lengua en su parlamento, un diputado pidió traductor y otro amenazó con abandonar la sesión.

¿Podemos ser tan miopes, tan garrulos como sociedad? Sí, podemos. Esa visión de que las lenguas propias son más modernas, que quien las habla es más culto, demócrata, mejor ciudadano, se ha instalado en la ciudadanía de algunos territorios alentado por nacionalistas, independentistas y presuntos progres acomplejados, suponiendo hoy una plaga destructiva sobre la lengua común de la nación. Mientras, en las aulas de Francia se ha colocado la bandera nacional, hacen sonar y explican su himno y solo se autoriza el uso de su lengua. Sin duda, fascistas.

España necesita políticos con sentido común, honrados y patriotas de largo recorrido, que fijen parámetros de obligado cumplimiento como hacen la derecha y la izquierda en Francia. Empezar por la lengua y los símbolos nacionales es cada día más necesario. En las administraciones públicas el ciudadano elige en qué lengua escribe o habla y todo funcionario, estatal, autonómico o local, estará obligado a responder en español a cualquier solicitud que se haga en español. En educación, donde haya reconocidas lenguas propias se impartirá en todos los niveles, incluida la universidad, el 50% en español.

No confío que esta clase política tenga la mínima catadura moral necesaria para resolver estos problemas. La mezquindad, el sectarismo, la mentira presiden sus actos. Han legislado que una sola denuncia sin prueba pueda impedir a un padre visitar a sus hijos durante meses o años, o que un huérfano de madre (asesinada por el padre) tenga más ayuda del Estado que si es huérfano de padre (asesinado por la madre). Los hijos responsables de los actos de sus padres, discriminando negativamente al hijo (o hija) si la criminal es la madre porque es mujer. Decisiones inmorales, cobardes y canallas.

¿ Lenguas regionales ? No, gracias.
Nota del Editor 1 Julio 2021

Cuarenta años de disparates contra el español y todavía queda gente que defiende la imposición de un 50% de cualquier lengua regional

La c.e. establece el deber de conocer el español y no establece deber de conocer lengua regional alguna, por muchas tropelias que el t.c. haya abortado.

Quien quiera la riqueza de cualquier lengua regional, que se la quede, pero a costa de su bolsillo. Cualquier cesión a la imposición de cualquier lengua regional en cualquier asunto público (educación, sanidad, cultura, administración, justicia, etc.) es un disparate, es una clara conculcación de los derechos humanos y constitucionales de los español hablantes y de sus descendientes.

Nueve presos andan sueltos
Agustín García. okdiario  1 Julio 2021

Aviso a toda la población. Peligro.

Nueve presos se han escapado de cárceles de máxima seguridad en Cataluña. Se trata de peligrosos delincuentes sediciosos que habían creado una red organizada que enfrentaba a los ciudadanos y malversaba el dinero que éstos pagaban en impuestos.

La banda contaba con numerosos infiltrados en las instituciones y se dedicaba a presionar a quienes no atendían sus consignas. Su deriva delictiva provocó que más de 7000 empresas y autónomos huyeran abandonando el territorio bajo control.

Se dice que, durante su estancia en prisión, los internos seguían dirigiendo las actividades del clan y que no han dado muestras de arrepentimiento, sino todo lo contrario, por lo que nadie descarta que vuelvan a situarse al margen de la Ley.

Para poder escapar han contado con la ayuda de los sancheros, otra banda con la que se han aliado, cuyo líder, P.S., pretende mantener la paz entre ambos clanes y que los sediciosos le permitan seguir manejando sus negocios durante, al menos, un par de años.

Pero fuentes fiables aseguran que los sediciosos son insaciables y que no habrá paz hasta que consigan todo lo que quieren. Por ello, P.S. está dispuesto a cederles el control del puerto, del aeropuerto, la recaudación en su zona y lo que haga falta para no perder su poder, pero nadie cree que eso baste.

Por ello, se avisa a todos los ciudadanos catalanes que no quieran ser señalados por el clan, que se abstengan de opinar, se metan en sus casas y no discutan con sus cuñados, que los niños obedezcan a sus adoctrinadores escolares, hablen y rotulen solo como ellos les digan, limítense a trabajar y a pagar sus impuestos, que ellos ya ‘los gestionarán’, y no se les ocurra delinquir pues a ustedes no les ayudará P.S. a salir de la cárcel, salvo que tengan ustedes algo que ofrecerle, claro.

… En fin, esto podría servir de guión para una película de gangsters, pero ya saben de qué hablamos; de la pura realidad española. Es a lo que hemos llegado y esperen, que vienen curvas.

Continuará…

Constitucionalistas de día, ‘sanchistas’ de noche
OKDIARIO 1 Julio 2021

Lo de Ciudadanos es para que un psicoanalista los tumbe en un diván y les diga: «Vamos a ver, ¿qué queréis hacer con vuestras vidas?». Y es que un día se levantan constitucionalistas y al otro se acuestan con el PSOE. Inés Arrimadas se pone como una hidra por los indultos de Sánchez a los golpistas catalanes, pero Inés Arrimadas ordena mantener los acuerdos que su partido mantiene con los socialistas -6 en Cataluña y 13 en el resto de España-. Lo de la formación naranja alcanza tintes surrealistas: no escarmienta e Inés Arrimadas conduce con mano firme y en línea recta a su partido hacia la extinción. Después del indulto, lo coherente sería que Cs rompiera sus acuerdos con el PSOE, pero no. En Jaén, tres de los cuatro concejales naranjas salieron del Gobierno municipal para no ser cómplices de Pedro Sánchez, pero la dirección nacional de Cs les ha suspendido. Su delito: ser coherentes. Dice la dirección nacional que «va a mantener el pacto de Gobierno con el PSOE que acordó para el mandato, haciéndolo por estabilidad y porque les ha sentado bien a los jienenses». Además de Jaén los naranjas se han convertido en los tontos útiles del socialismo en capitales de provincia como Guadalajara, Ciudad Real, Albacete, Burgos y Murcia.

A estas alturas, insistir en que Cs ha elegido suicidarse políticamente no es ninguna novedad. Una muerte política buscada a conciencia. ¿Qué credibilidad puede tener un partido que acusa, con razón, al PSOE de haber vendido la dignidad nacional por un puñado de votos golpistas y permite que el socialcomunismo gobierne con sus votos en distintas partes de España, Cataluña incluida? Ninguna.

Pocas veces en la historia reciente de España un partido ha dilapidado en menos tiempo su presente y futuro político como Ciudadanos, un caso insólito de autodestrucción que se estudiará en los libros de Ciencias Políticas. Constitucionalistas de día; ‘sanchistas’ de noche. Esta gente no tiene arreglo.

Una nueva Restauración
Xavier Pericay. vozpopuli.es 1 Julio 2021

En España, la Restauración con mayúscula y por antonomasia es la borbónica. Ignoro si los libros de historia de nuestro Bachillerato siguen hablando de ella, si bien me figuro que algo dirán de sus venturas y desventuras –más de las segundas, sin duda, aunque sólo sea porque entre los autores de esos manuales y los profesores que se sirven de ellos para impartir la materia suelen pesar más las afinidades republicanas que las monárquicas–. En todo caso, estoy convencido de que España necesita como agua de mayo una nueva Restauración. Por supuesto, el objeto no sería ya la vuelta de la monarquía; esta ya volvió –felizmente– tras la muerte del dictador, y sus pasos y sus logros, empezando por la Constitución de 1978, han contado siempre con el refrendo de una gran mayoría de los españoles. En aquel entonces, más que de “restauración” se habló de “transición hacia la democracia”, pero esta transición –como nadie que lo viviera o lo haya estudiado en lo sucesivo puede negarlo sin faltar a la verdad– consistió en la restauración de un régimen de libertades del que el país llevaba décadas privado. (Más incluso: en la restauración y en la mejora de lo conocido hasta aquella fecha).

En sus Memorias de ultratumba Chateaubriand asociaba la Restauración monárquica que siguió al Imperio napoleónico al “principio fijo” de la libertad (al Imperio lo identificaba con la fuerza y a la República que le precedió, con la igualdad). Más allá de las características que pudiera tener esa libertad de hace más de dos siglos tras los estragos de todo tipo causados por la Revolución, lo importante es que se trataba de una libertad regulada. Que no existía, dicho de otro modo, en contra ni al margen de la ley. Hace unos días, y a propósito de los indultos, Fernando Savater lo recordaba con inmejorables palabras en un artículo publicado en El País (“Indulgencia plenaria”, 23-6-2021): “Lo que fomenta la convivencia democrática es el respeto y el temor a la norma compartida: vivir en democracia es no tener que obedecer los caprichos de nadie sino solamente lo establecido por la Ley”. Y esta es, a mi modo de ver, la Restauración que este país necesita a día de hoy de forma apremiante.

En lo que va de siglo –y, en concreto, desde la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero– ha crecido en España la sensación de impunidad. Y lo que es más grave: junto a la sensación, la impunidad misma. Por supuesto, gran parte de la culpa la tiene la incapacidad de los sucesivos gobiernos de España de plantar cara a los constantes quebrantamientos llevados a cabo por los nacionalismos y, en especial, por el catalán, con su desafío al orden constitucional mediante un golpe de Estado, su imposición de una lengua autonómica en la escuela y las instituciones en detrimento de nuestra lengua común, o su empecinamiento en desobedecer las sentencias de los tribunales, sean estos de Cuentas o de otra índole. Pero no sólo las fechorías del nacionalismo han quedado impunes.

Los pilares de nuestra convivencia
Por poner un ejemplo: aquel “respeto y temor por la norma compartida” a que aludía Savater también ha caído en barrena en lo referente al derecho a la propiedad, sistemáticamente conculcado con la ocupación no penalizada de viviendas. Y acaso lo más trascendente no sean ya los propios hechos en sí, sino la manera sutil de afianzarse en la mentalidad de las generaciones más jóvenes el desprecio por cualquier tipo de norma. Las últimas reformas introducidas en el sistema educativo español, donde la disciplina y la autoridad del profesor vienen sufriendo desde la promulgación de la Logse un desgaste palmario, no hacen sino reforzar ese desprecio. ¿Cómo van a sentir nuestros niños y jóvenes una motivación cualquiera para el esfuerzo, un respeto o un temor por el fruto de su trabajo, si pueden progresar adecuadamente en sus estudios obligatorios y postobligatorios aun cuando su expediente académico esté sembrado de suspensos?

Es esta, en suma, la Restauración que urge, la que debe devolver a los ciudadanos españoles la confianza en el Estado de Derecho y en cuanto conlleva. Por desgracia, no está en las manos del presente Gobierno garantizarla. Al contrario, su gobernanza no hará más que agrietar los pilares de nuestro edificio constitucional. Pero hasta que las urnas nos permitan cambiar dicho estado de cosas, nos corresponde combatir la erosión pasada y presente con la fuerza de las palabras y los hechos.

Dictadores y votos
Nota del Editor 1 Julio 2021

Que manía de meterse contra Franco, con lo fácil que lo teníamos para aprobar las marías, solo habia que escribir al final Arriba España y Viva Franco. Y las marías cambiaron a purita ciencia cuando Fuentes Quintana con su Política Económica y Juan Velarde con su Pólítica Social nos abrieron los ojos.

A Franco se le puede criticar todo lo que se quiera, pero con él no tuvimos que sufrir a Zapatero y a Sánchex y a todos sus quates nazionalistas cercanos ni lejanos.

Mucho hablar de democracia, y con Zapatero y Sánchez es una absoluta imposibilidad.

Luego se confía todo en el voto, menudo cuento. Dicen que valen todos los votos lo mismo a la hora de contarlos (suponiendo que no hagan trampa, que es mucho suponer), pero no dicen cuanto han costado, porque lo que se dice comprarlos, los compran todos los días con nuestro dinero y luego con esos coeficientes consiguen que los nazionalistas sigan ordeñando la vaca directa, indirecta, y circunstancialmente.

El día de la vergüenza
Miquel Giménez. vozpopuli.es 1 Julio 2021

Deberíamos considerar su celebración. Motivos tenemos de sobra

Hubo reinos que desaparecieron por no tener poetas que los cantasen y verdades que murieron de inanición por no alimentarlas nadie. En estos tiempos donde la mentira se perpetra para aniquilar la esencia del ser humano y se imponen cerrojos a la libertad de pensamiento es una cuestión de supervivencia decir lo que sucede. El silencio bordea la traición, escribió en su última morada, un húmedo calabozo de la Gestapo, el político y poeta Albrecht Haushoffer. No quisiéramos incurrir en ese delito y por eso debemos proclamarlo: como sociedad, deberíamos avergonzarnos. En medio de tanta autosuficiencia, de tanta cortina de humo, de tanto vacío espiritual, debemos sentir vergüenza como españoles, como europeos, como hijos de la cultura occidental. Hemos permitido por pereza, por indigencia intelectual o, mucho peor, porque nos parecía bien que todo el mundo tuviese derecho a decir su opinión que la toxina del odio se apodere de calles y hogares. No es cierto que ser demócrata consista en respetar todos los puntos de vista, porque nadie puede respetar a un asesino o a un tirano.

Pero so capa de ese progresismo admitimos que en la sede de la soberanía nacional se sienten quienes nos han masacrado durante décadas, quienes están vendiendo a su patria a diario, quienes comercian con ideologías que solo buscan el mercadeo interesado o, mucho peor aunque no lo parezca, los que pretenden sustituir toda una civilización milenaria por un carnaval horrendo de máscaras ridículas, sectarias y pornógrafas. Es para avergonzarse como pueblo. Pero también como individuos, que no se le olvide a nadie, puesto que todos somos responsables de lo que sucede en nuestro país. Fenecieron los tiempos en que podíamos cargar las culpas al otro. Demasiada comodidad, y esta es una época nada confortable si se quiere uno mirar al espejo a diario sin sentir nauseas.

Cuando el Gobierno arremete contra el poder judicial o contra la unidad de España somos todos quienes, por activa o por pasiva, estamos a su lado. Todos somos cómplices de lo que sucede porque una sola persona puede marcar la diferencia si se lo propone. Ese es el primer tótem que intentan abatir los que desde la oscuridad dirigen el mundo, el individuo. Todo ha de ser colectivo, todo ha de convertirse en masa, en grupos difuminados, desdibujados, todo ha de ser gris y nunca ni blanco ni negro.

Pero es el individuo, la persona, quien logra alcanzar los retos imposibles, los esfuerzos más grandes, los horizontes aparentemente inalcanzables. Y la suma de esos individuos es, por lógica, la nación. No al revés, que nadie se equivoque. Nosotros somos quienes damos sentido y orientación al destino nacional, y mal asunto cuando las cosas suceden en sentido contrario y es esa falsa nación mal representada en las cámaras la que nos dice a las personas cómo debemos ser, qué debemos pensar o que está bien y que está mal. Aceptar formar parte de esa masa es vivir condenado a la derrota y, por tanto, una vergüenza. En este momento crítico de nuestra historia debemos reivindicar al individuo como centro de todo, el eje sobre el que articular la sociedad, entendiendo al individuo como máxima expresión del potencial intelectual y espiritual. Si hablamos de humanismo es justamente por eso, por el ser humano, por girar alrededor de cada mente todo lo que de mejor y bueno podemos dar de nosotros. Y para los creyentes, por encima de todo, Dios.

Huyamos del número que pretenden grabarnos en el cuello los devotos partidarios del horrendo pesebre falsamente progresista y gritemos ante el oculto titiritero que somos seres libres y aspiramos a seguir manteniendo nuestra total libertad como individuos y como nación. Si no somos capaces de hacerlo, mejor será que convoquemos un día de la vergüenza y aceptemos que esta civilización ha llegado a su fin.

Presentación en Madrid
Antonio Jimeno y Sergio Fidalgo presentan junto a Inda su libro ‘El adoctrinamiento escolar en Cataluña’
Raquel Tejero. okdiario 1 Julio 2021

«En los libros de texto catalanes llaman héroe al asesino Companys que ordenó miles de sentencias de muerte». Así de contundente se ha mostrado el director de OKDIARIO, Eduardo Inda, en la presentación del libro ‘El adoctrinamiento escolar en Cataluña’ escrito por el profesor Antonio Jimeno y el director de El Catalán, Sergio Fidalgo.

Al acto, que ha tenido lugar en el Club Argo y que ha completado el aforo, han acudido también la diputada Cayetana Álvarez de Toledo y el ex diputado de Ciudadanos y periodista, Antonio Robles.

La obra consta de tres partes. En la primera, Fidalgo entrevista a distintas personalidades sobre la existencia del adoctrinamiento en Cataluña . En sus páginas se puede leer la opinión del ex líder del PP catalán, Alejandro Fernández; la presidenta de la Asamblea por una escuela bilingüe, Ana Losada o la presidenta de la asociación ‘Hablamos español’, Gloria Lago. En la segunda parte Jimeno analiza los mecanismos de manipulación del nacionalismo que han sido tejidos a lo largo de los años. Y en la tercera, también realizada por Fidalgo, se plasma la entrevista al cronista fotográfico del adoctrinamiento escolar en Cataluña, Eduardo González Palomar.

Durante su intervención, Eduardo Inda ha explicado que el «adoctrinamiento se da también en Baleares». El director del periódico ha relatado su propia experiencia: «Sé de lo que habláis porque lo he padecido como padre». «En Baleares el adoctrinamiento es en todas y el decreto de mínimos fue aprobado por el Partido Popular», ha afeado. «Esto degeneró en que, incluso en los centros privados, al menos el 90% de las clases se impartían en catalán. Ahora es prácticamente el 100%», ha añadido.

Además, Inda ha enseñado al público asistente varios libros de texto catalanes con los que se demuestra el adoctrinamiento que se sufre en las aulas catalanas. «Llegan a equiparar a Cataluña con México y Venezuela», se ha quejado. También ha mostrado como en los ejemplares se habla de «corona Catalano-aragonesa» a pesar de la inexistencia de la misma. Para terminar, el director de OKDIARIO ha asegurado que este medio estará siempre «del lado» de los catalanes y les apoyará en su lucha contra el separatismo.

La diputada Cayetana Álvarez de Toledo también ha intervenido para asegurar que «a pesar de que en Cataluña hay mucha desesperanza» es importante transmitir un «mensaje de fuerza». «El nacionalismo lleva trabajando en construir un solo pueblo desde el minuto uno y ha fracasado porque ha roto Cataluña en dos pero no ha construido una nación», ha añadido.

«Sí hay una alternativa al plan que se está poniendo en marcha», ha insistido advirtiendo que es necesaria una «actitud de desafío».

Los autores también han ofrecido su opinión y coinciden con la diputada en la existencia de una solución. «Decidimos escribir el libro cuando vimos todo lo que estaba pasando en Cataluña», ha comentado Antonio Jimeno. «Existe un plan para conquistar países que empieza en las escuelas y en los medios de comunicación», ha asegurado. Por su parte, Sergio Fidalgo ha relatado como se dio cuenta al acudir al colegio de su hija del gran protagonismo del nacionalismo en las aulas. «Si eso pasa en Hospitalet, imaginaos en Vic», ha advertido.

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Un presidente humillado
Ahora Sánchez dice que no tolerará un referéndum separatista, pero también dijo que no habría indultos, y hoy las mentiras le delatan. Solo consigue envalentonar al independentismo
Editorial ABC 1 Julio 2021

Pedro Sánchez se ha convertido en un peligroso aventurero que además está siendo humillado por ERC. Este miércoles se presentó en el Congreso para volver a justificar los indultos de los líderes separatistas con la burda excusa de la concordia, y a la vez se puso la chaqueta de constitucionalista al afirmar que «nunca jamás» permitirá un referéndum de autodeterminación. Sus bandazos empiezan a constituir una antología, no ya de la contradicción, sino de la mentira más descarada. Y el portavoz de ERC lo desnudó con una simple frase: «También dijo que nunca habría indultos… denos tiempo». Mientras, Pere Aragonès ya diseña un otoño caliente de reactivación del separatismo en las calles para presionar a Sánchez. Sin embargo, esta apariencia de discrepancias de fondo forma parte de un inmenso teatro. Lo grave es que la agenda real de Sánchez y la Generalitat permanece oculta. Y cuando Aragonès dice tras reunirse con él que ambos pactaron una hoja de ruta hacia la soberanía con consulta incluida, y la versión del Gobierno se limita a admitir que abordaron optar a unos Juegos Olímpicos, entonces el despropósito se convierte en una tomadura de pelo.

Este Sánchez revestido de institucionalidad no es creíble. Ya no. El presidente del Gobierno ya no es un problema para España, sino que se ha convertido en un problema para sí mismo con el que arrastra al PSOE a la pérdida absoluta de credibilidad. Su afición a cambiar de opinión sin el menor recato ético, y con total desahogo político, lo hace ya incapaz de distinguir entre su obsesión por el poder y la política de Estado. No es ceguera. Es una deliberada estrategia para generar confusión en el Parlamento mientras diseña una agenda opaca con el separatismo. Cuando afirma que «el PSOE nunca, jamás, aceptará una reforma constitucional para el referéndum», conviene desmenuzar la letra pequeña y no asumir la grandilocuencia de su frase. No puede aceptar una reforma constitucional que altere el concepto de soberanía nacional por la sencilla razón de que para eso necesita al PP, convocar un referéndum, disolver las Cortes y celebrar elecciones. Y eso no va a ocurrir. El único «nunca, jamás» fiable de Sánchez es que vaya a poner en riesgo el poder.

Sánchez dice más con lo que calla que con lo que habla. Su plan es reeditar el plan soberanista que ya puso en marcha Rodríguez Zapatero en 2006 avalando una reforma del Estatuto de Cataluña, esto es, usando una ley orgánica con la que imponer una reforma encubierta de la Constitución sin tocar la Carta Magna. La trampa, digerida con total irresponsabilidad por el Congreso aquel año, solo fue detectada por el Tribunal Constitucional, que tumbó decenas de preceptos estatutarios por ilegales, ya que atribuían a la Generalitat competencias exclusivas del Estado. Zapatero pretendió diseñar una España federal, una nación de naciones sin alterar la Constitución, y Sánchez aspira a reeditarlo. Puede creer lo que quiera, incluso que basta con que el Parlamento apruebe una ley para reformar la Constitución por la vía de los hechos consumados. Pero aquí aún rige la separación de poderes. De ahí su afán por controlar férreamente al Poder Judicial y al propio TC con comisarios que esta vez no fallen al PSOE, como sí ocurrió en 2010 con el Estatuto catalán. Suponiendo que este miércoles dijera la verdad, lo cual es mucho suponer, este Sánchez estadista debe hablar más claro y contestar a una pregunta muy simple: si no va a haber referéndum -Iceta y Zapatero sí lo piden-, ¿para qué acepta que la mesa de diálogo aborde un referéndum de autodeterminación? A estas alturas, solo cabe la ingenua esperanza de que, como al resto de los españoles, también esté engañando al independentismo.

¿Hacia la discordia?
Francesc de Carreras. elconfidencial 1 Julio 2021

Desde el frágil último Gobierno presidido por Rajoy hasta el día de hoy, España se dirige cada día más hacia una situación de discordia que hacia una situación de concordia que, mal que bien, más bien que mal, antes disfrutábamos. Esta concordia estaba basada en el respeto al texto constitucional de 1978 y al espíritu con el que fue elaborado, reflejo de los años de la Transición política, en el prudente desarrollo legislativo y en la interpretación amplia que de la norma suprema efectuaba el Tribunal Constitucional.

Pero desde las elecciones de 20 de diciembre de 2015, con el paso del bipartidismo imperfecto al cuatripartidismo también imperfecto, hoy en fase agónica, por culpa de una sucesión de gobiernos parlamentariamente débiles, por las consecuencias de la insurrección de la Generalitat en septiembre y octubre de 2017 y, especialmente, a partir de la contradictoria mayoría de la moción de censura de 2018 que invistió a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, la convivencia política se ha deteriorado hasta el punto de entrar en una etapa que puede conducir a zonas peligrosas.

Día a día, a pesar de las inútiles invocaciones a palabras vacías como 'reencuentro' o contrarias a lo que realmente está pasando como 'diálogo', nos dirigimos hacia la discordia, a socavar aquella España que trabajosamente empezó una nueva etapa de su historia tras la muerte de Franco.

Todo ello, es verdad, se debe en parte a factores externos, por ejemplo la crisis de 2008 que solo empezó a superarse en 2013 y a las consecuencias sanitarias, pero también económicas y sociales actuales o que están por venir. Pero lo grave son los factores internos, lo grave es que estamos en una alarmante crisis política de extraordinarias dimensiones.

Esta crisis política puede resumirse en un breve diagnóstico: inestabilidad gubernamental, gobiernos ineficaces, desgaste de la Constitución, crisis de la democracia parlamentaria y desconcierto general de los ciudadanos. También hay que añadir, naturalmente, la desafección de los ciudadanos a la política y a los políticos, un hecho que históricamente nunca ha presagiado nada bueno. Solo hay que pensar, y da vértigo hacerlo, en la Europa de entreguerras, hace tan solo un siglo.

Este panorama, que vamos desgranando desde hace meses en artículos sucesivos, tiene muchas vertientes. Hoy nos referiremos a un hecho actual y grave porque afecta a un aspecto medular del Estado de derecho: a ciertos aspectos de la politización de la justicia sin que, por supuesto, los jueces y magistrados tengan la culpa. Por el contrario, la culpa reside en el trato que reciben los poderes jurisdiccionales —con mayúscula— por parte de los partidos y los políticos, así como también de su eco en los medios de comunicación. Aludimos a las renovaciones del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal de Cuentas.

Ante todo, decir que el retraso en las renovaciones pendientes de los órganos constitucionales es injustificable, una clara vulneración de la letra y el espíritu de la Constitución, va contra su misma esencia como órganos independientes de dirección o control. Sea el Consejo, el Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo u otros. Y la responsabilidad recae tanto en el PSOE como en el PP. Pero la politización en el sentido de que son órganos que aparentan desviarse de sus funciones específicas porque se pone en entredicho su imagen independiente es de los poderes políticos y, en este caso concreto, del Gobierno.

En efecto, en el momento en que empezó a hablarse de los indultos, justo cuando se necesitaba el apoyo de ERC a la aprobación de los Presupuestos del Estado, tanto los cargos públicos del ámbito gubernamental como los medios de comunicación que les son afines se quejaban día sí y otro también de que se debía renovar el CGPJ, cosa absolutamente cierta. Una vez los indultos han sido concedidos, el tema ha desaparecido de las primeras planas y de los editoriales. ¿No deducirá de ello el ciudadano medio que les interesaba renovar el Consejo para facilitar los indultos, aunque esto no fuera verdad, que por otra parte no lo sé?

Ahora ya no se habla de renovar el Consejo, sino el Tribunal de Cuentas. ¿No sospechará este mismo ciudadano que la única razón para renovarlo es solucionar esta "piedra en el camino", según el ministro y secretario de Organización del PSOE, que supone haber controlado los gastos propagandísticos no justificados legalmente para apoyar la secesión de Cataluña por parte de las 'embajadas' catalanas y dentro de las Competencias del Tribunal exigir su devolución? ¿Las leyes son obstáculos a la acción política, "piedras en el camino", o son las vías por las cuales la política debe discurrir?

¿Quién politiza los órganos jurisdiccionales en ambos casos? Sin duda, los políticos, estén en el Gobierno o en la oposición. Empañan la honorabilidad de los miembros de estos órganos y hacen que los ciudadanos sospechen de su falta de independencia, en definitiva, de su politización.

Muchos españoles están desconcertados y desconfían de los poderes públicos, se sienten burlados cuando se les habla de la convivencia, del reencuentro y de la concordia. Y creo que tienen mucha razón: vamos en la dirección contraria. Este Gobierno, por su composición y, sobre todo, por sus apoyos y socios, no puede conducirnos a otra cosa que al enconamiento y a la discordia.

Solo un amplio acuerdo entre los dos grandes partidos centrales —el PSOE y el PP— puede reconducir a este país por las vías de la sensatez, la moderación y la centralidad. Pero no se atisba en el horizonte ninguna señal de que ello pueda suceder antes de que lleguen unas elecciones generales. Habremos perdido ya mucho tiempo y en el campo se habrá sembrado mucha mala hierba.

La izquierda extraviada y el espíritu del 7 de julio
Agustín Valladolid. vozpopuli.es 1 Julio 2021

El próximo 7 de julio un puñado de hombres y mujeres van a celebrar en la Plaza Mayor de Madrid lo acaecido en la madrugada de ese mismo día en 1822, cuando las bisoñas Milicias Nacionales derrotaron a un contingente de militares profesionales que pretendían abolir la Constitución de 1812 y restituir en la deplorable figura de Fernando VII el poder absoluto. Los convocantes, agrupados en torno a un denominado “Foro Democrático de Madrid”, reivindican conceptos tan básicos como el diálogo y el encuentro entre diferentes, “en la más genuina tradición liberal española”, según afirman en su opúsculo fundacional.

Como aquellos milicianos, que fueron instrumento de movilización del liberalismo político en el siglo XIX, los promotores de la concentración defienden la libertad individual, la solidaridad y la igualdad como valores imprescindibles en una sociedad de progreso; el debate abierto y la transparencia como elementos esenciales de una democracia plena. No hay casualidad en la elección de la fecha, pero sí causalidad. Entre los firmantes hay un buen puñado de socialistas cuya capacidad de aguante hace mucho que caducó, decepcionados, infravalorados por mercaderes empeñados en devaluar la democracia en beneficio del populismo, en depreciar la buena política en favor de la comunicación política.

En realidad, para qué nos vamos a engañar, los inductores de la celebración no celebran nada. O, en todo caso, 199 años después, solo celebran la heroicidad de unos antepasados que tuvieron el coraje de jugarse la vida por la libertad. Y es que en su fuero interno saben que el 7 de julio de 2021 no hay nada más que celebrar. Que el debate y la transparencia son prácticas en claro retroceso; que el cesarismo ha disuelto los órganos de control interno; que nada tiene de heroico tolerar el asalto de los mercenarios de la política a los últimos cobijos de la democracia interna.

En la Plaza Mayor habrá quien utilice el socorrido recurso de confraternización que consiste en vituperar a Díaz Ayuso y a Casado, sabiendo, como muchos de ellos saben, que lo realmente insoportable es dejar que la derecha les arrebate conceptos, antes tan arraigados en la doctrina de la izquierda, como el de la igualdad y la solidaridad interterritorial. El 7 de julio habrá quien se pregunte, puede que en voz alta, cómo es posible que el Partido Socialista haya caído en la trampa de anteponer, como en la llamada 'ley trans', los intereses de las minorías (en muchos casos legítimos, pero no entro ahora en eso) a los de sus votantes naturales; o siga sin encontrar explicación convincente a la deslealtad cometida con mujeres sobre cuyos hombros ha descansado durante décadas el peso de los extraordinarios avances conseguidos en favor de la igualdad y el feminismo.

Vaciamiento del Estado
El 7 de julio es un buen día para que los socialistas que aún creen en la Constitución como marco indispensable de convivencia, se pregunten a sí mismos hasta dónde están dispuestos a alargar su silencio mientras el independentismo persiste, sin aparentes limitaciones, en su eficaz estrategia de deterioro de las instituciones; hasta cuándo van a permanecer impávidos sin que nadie contrarreste el inaceptable y disgregador relato secesionista.

El 7 de julio de los corrientes es una excelente oportunidad para decirle a Pedro Sánchez que el poder no le da derecho a negociar con el supremacismo catalán, de espaldas a cuadros y militantes socialistas, asuntos que transcienden con mucho sus competencias y que conciernen a la totalidad de los españoles; que ni se le ocurra tratarnos por enésima vez como adolescentes, pretendiendo que miremos para otro lado como si no supiéramos que el precio mínimo fijado por el independentismo para aceptar la oferta gubernamental de concordia pasa por el definitivo vaciamiento del espacio que aún ocupa el Estado en Cataluña.

Y es que muchos de los que coincidirán en la Calle 7 de Julio, hasta 1840 llamada Calle de la Amargura, son plenamente conscientes de que lo que pretenden Junqueras y Aragonés, para entre otras cosas pararle los pies a Puigdemont, es llegar a las elecciones municipales de 2023, y a las generales que en principio se celebrarán ese mismo año, con la campaña electoral hecha gracias a un trato preferente a la hora del reparto de los fondos europeos y a la cesión irreversible a la Generalitat de relevantes competencias: la Hacienda catalana, aeropuertos, puertos, retirada de nuevos contingentes de las Fuerzas de Seguridad, ¿Seguridad Social?...

Sánchez y Aragonés han pactado un proceso pausado y dos años para negociar. Simple casualidad. La estrategia de ERC está clara: saben que sin un incremento notable de la base social no hay independencia posible. Se han dado un nuevo plazo, pero todo pasa por conseguir que, excluyendo a priori lo referido a Defensa, Cataluña cuente en breve con una arquitectura institucional homologable a la de no pocos Estados de la Unión Europea. Y será entonces, pasados 2, 3 o 5 años, poco importa esperar algo más, cuando ya no haya nada que hacer, cuando en la balanza, para los catalanes que se sienten españoles, pese más la aceptación de la nueva realidad que el desgarro sentimental.

¿Piensan hacer algo al respecto los resucitadores del espíritu del 7 de julio o seguirán cruzados de brazos? ¿Tendrán alguna propuesta que hacernos a los españoles o darán definitivamente por buena la atávica consigna que defiende el paradigma de que todo vale con tal de evitar que la derecha vuelva al poder?

La postdata: Calvo en riesgo
Fue Carmen Calvo la que negoció con Soraya Sáenz de Santamaría, en octubre de 2017, la aplicación consensuada en Cataluña del artículo 155 de la Constitución. La vicepresidenta primera del Gobierno ha sido el comodín que ha utilizado Sánchez en la mayoría de asuntos espinosos. Hasta cuando había que defender lo indefendible, Calvo siempre se ha mostrado dispuesta a dar un paso al frente. Con la aprobación del anteproyecto de la llamada “Ley Trans”, la vice ha perdido la primera batalla con Irene Montero, pero no la guerra, aunque la munición se la faciliten los adversarios políticos, que llevarán la norma al Constitucional si no se corrige en el trámite parlamentario. Otra cosa es la continuidad de Calvo en el Gobierno. Por muchos marrones que se haya comido para salvar la cara del presidente, Carmen Calvo sabe que Sánchez es un témpano que hará lo que más le interese en cada momento.


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