AGLI Recortes de Prensa   Martes 13  Julio  2021

El Gobierno de los recortes sigue siendo el más desmedido de toda Europa
Sánchez no puede seguir imponiendo recortes e impuestos a la sociedad mientras él mantiene un Gobierno desproporcionado y derrocha en asesores y privilegios.
Editorial ESdiario  13 Julio 2021

Pedro Sánchez no ha reducido el Gobierno más amplio de Europa, cuyo gigantismo no obedece a las necesidades objetivas de la gestión, sino a las cuotas y exigencias de sus aliados: los 22 Ministerios que existían antes de la remodelación seguirán existiendo, con otros titulares en algunos casos y los mismos que ya conocíamos.

La falta de recato y austeridad de Sánchez, también presente en la abrumadora contratación de asesores y en la creación de áreas, contrasta con los sacrificios que sufren o se imponen a los ciudadanos, resumidos en una catarata de catástrofes casi ilimitada.

Desde el paro -especialmente intento en jóvenes y mujeres- hasta los concursos de acreedores, pasando por las subidas de impuestos y de los suministros; el contraste entre el sufrimiento de la sociedad y los privilegios del Gobierno es abrumador, insolidario e inaceptable.

Sánchez prescinde de su núcleo duro político con “la muerte en los talones”

No se puede pedir sacrificios a nadie sin dar un mínimo ejemplo, cuyo valor no es simbólico: lo que se concede a sí mismo el Gobierno acaba marcando la senda en el conjunto de la Administración Pública, el único sector en el que, lejos de soportarse las apreturas del resto, todo han sido buenas noticias.

La Administración debe hacer el mismo esfuerzo que impone a la sociedad y no vivir ajena a ella con todo tipo de privilegios

Y no solo en los servicios esenciales, alguno como la Sanidad merecedor de todo: también en la llamada "industria política", ese compendio de entidades superfluas y duplicadas cuyo coste, según no pocos economistas, alcanza unos disparatados 40.000 millones de euros anuales.

España tiene pendiente muchas reformas, pero una de las más relevantes es, a la vez, la más demorada: si la estructura de gasto público no se modera en la propia Administración, todas las demás serán insuficientes.

Y quien más ejemplo debería dar al respecto es quien menos lo ofrece: el gigantismo del Gobierno, más allá de valoraciones sobre su eficacia política, es un abuso inaceptable cuyo mantenimiento recae en quienes, tal vez, más difícil tienen llegar a final de mes.

La voladura del Gobierno costará un dineral en indemnizaciones a exaltos cargos
Los siete exministros, Iván Redondo y los cargos de confianza que irán cayendo en los próximos días tienen derecho a seguir percibiendo el 80% de su sueldo, como ya hace Iglesias.
Ana Martín España. Esdiario 13 Julio 2021

El Gobierno más mastodóntico de la democracia desde la legislatura constituyente (23 miembros incluido el presidente) sale caro, y también lo será la remodelación en profundidad acometida por Pedro Sánchez.

Las arcas del Estado tendrán que sufragar un reguero millonario de indemnizaciones por cese de los siete ministros salientes, sus equipos de confianza y el hasta ahora jefe de Gabinete, Iván Redondo. Ello en compensación por el corsé que les impone para los dos próximos años la Ley de Incompatibilidades del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas.

Los altos cargos tienen derecho a recibir una indemnización por cese equivalente al 80% de su sueldo hasta un máximo de dos años o durante el tiempo que han ocupado el puesto, en el caso de que haya sido menos de 24 meses.

Han de solicitarla y es una indemnización incompatible con otro sueldo, público o privado. El último en acogerse a ella ha sido Pablo Iglesias, que tiene derecho a cobrar durante 14 meses un sueldo de 5.367 euros brutos (el 80% de los 80.515 euros anuales que tenía asignados como vicepresidente segundo).

Carmen Calvo, José Luis Ábalos y el resto de ministros salientes aún no han desvelado su futuro, pero es de prever que varios de ellos, y sobre todo de los cargos de confianza que irán cayendo en los próximos días, se acogerán a esta indemnización. Al menos durante un tiempo.

Curiosamente, la más cuantiosa no es la de la vicepresidenta primera, sino la de Redondo, que durante los tres años que ha permanecido en La Moncloa había acumulado un poder desorbitado. Al hasta ahora asesor áulico de Sánchez le corresponde una mensualidad de 7.946 euros durante dos años (cobraba 119.195 euros al año). Aunque sus cercanos dan por sentado que volverá a la carretera mucho antes.

Detrás de él se sitúa Calvo, este lunes la más diplomática y agradecida en su despedida al ceder el testigo del Ministerio de la Presidencia a Félix Bolaños. Los casos de la hasta ahora número dos del Ejecutivo y del ya exministro de Transportes son especiales, puesto que son los dos únicos que tienen escaño en el Congreso. Así que podrían elegir: sueldo de diputado o indemnización por cese.

Teóricamente la cordobesa seguirá en su escaño, según la Secretaría de Estado de Comunicación, que casi a las once de la noche salió al paso para desmentir los rumores que la situaban como nueva presidenta del Consejo de Estado. Pero si cambia de idea le correspondería una paga de 5.859 euros brutos al mes durante 24 meses, puesto que ha estado con Sánchez desde que triunfó la moción de censura.

Y a Ábalos, cuyo sueldo hasta ahora ha sido de 75.531 euros anuales, algo menos: puede vivir la vida con 5.035 euros mensuales hasta julio de 2023.
El puyazo de despedida de Ábalos a Sánchez retumba en todo el PSOE

Juan Carlos Campo, que aún no ha digerido su destitución, se plantea reincorporarse a su plaza en la Audiencia Nacional. Si decidiera no hacerlo siempre se puede acoger a una indemnización de 5.867 euros al mes durante 18 meses, porque fue nombrado en enero del año pasado.

Pedro Duque, en su día ministro de Ciencia por sorpresa, tenía una carrera próspera y muy bien remunerada antes de que Sánchez lo reclutara para el "Gobierno bonito" (así se llamó entonces) y es de prever que no agotará la indemnización de 5.035 euros mensuales a la que tiene derecho.

De la misma cuantía puede disponer la hasta ahora ministra de Educación, Isabel Celaá. Ella sí se ha sentido liberada después de "tres años durísimos, pero reconfortantes", según afirmó este lunes al traspasar la cartera a la aragonesa Pilar Alegría.

En los casos de Arancha González Laya y de José Manuel Rodríguez Uribes, hasta ahora titulares de Asuntos Exteriores y de Cultura y Deportes, respectivamente, la indemnización mensual es la misma pero el periodo al que tienen derecho a cobrarla no es de dos años sino de 18 meses. Puesto que entraron a formar parte del Consejo de Ministros en enero del año pasado.

Iglesias y otros cinco
Actualmente, además de Iglesias hay otros cinco exaltos cargos que perciben la indemnización por cese, según el Portal de Transparencia. Luis Marco Aguirano, exsecretario de Estado para la UE, dispone de 6.848,98 euros mensuales hasta el 1 de octubre, cuando se le acaba. Exactamente lo mismo Fernando Martín Valenzuela y Juan Pablo de la Iglesia, exsecretarios de Estado de Asuntos Exteriores y de Cooperación Internacional, respectivamente.

A Consuelo Rumí, exsecretaria de Estado de Migraciones, se le acaba el 1 de septiembre. La cuota es la misma. Octavio Granado, exsecretario de Estado de la Seguridad Social, recibirá el 1 de agosto la última mensualidad de 6.848,98 euros. Y Félix Sanz Roldán, quien fuera director del CNI, ha agotado la indemnización precisamente este mes de julio. También ha sido de 6848,98 euros durante dos años.

El voladura del Gobierno ha sido tan rápida que todos tienen que resituarse.

¡Viva Cuba Libre!
EDITORIAL. https://gaceta.es 13 Julio 2021

El viejo dicho, por desgracia tantas veces desmentido, de que no hay mal que por bien no venga (véase Sánchez), ha recuperado parte de su valor hoy en Cuba. La pandemia de coronavirus ha destrozado los ingresos turísticos del paraíso comunista y ha llevado a la isla a una crisis económica como no se recordaba desde los años 90. Si a eso se le une que Venezuela, colapsada por la desesperante negligencia e incapacidad de Maduro, ya no es capaz de proporcionar al castrismo un abastecimiento constante de petróleo a cambio de caraotas podridas, y si le unimos la lentitud mental del presidente Joe Biden a la hora de cumplir su promesa electoral de revertir la política de mano dura de Trump con las dictaduras comunistas, el escenario —desabastecimiento, inflación y aislamiento— es perfecto para que los cubanos que ansían la libertad después de casi siete décadas de opresión se alcen contra la maquinaria del régimen criminal castrista.

Los intentos desesperados anunciados hace meses por el presidente-dictador Díaz-Canel de comenzar una tímida apertura económica, no han llegado al plato de los cubanos y hoy, desde Artemisa a La Habana vieja; desde Alquízar a Palma Soriano; desde Santiago a Guantánamo, decenas de miles de cubanos han salido a las calles al grito de «¡No tenemos miedo!». En lo esencial, ese grito no es cierto. Al comunismo hay que tenerle miedo. Otra cosa es sobreponerse a él, que es lo que hacen los héroes por la causa de la libertad.

Por desgracia y por rigor histórico, hablar del Gobierno cubano es hablar de un régimen criminal que ha demostrado siempre su compromiso con la causa del terror comunista con desprecio de su pueblo y que mata, tortura, encarcela o empuja al exilio o al estómago de un escualo a cualquiera que se atreva a levantar la cabeza y pida, aunque sea con timidez, libertad. Esta no será una excepción. Sin embargo, las más de 200 prisiones cubanas —apenas 14 cuando Fidel Castro y sus secuaces bajaron de Sierra Maestra— serán insuficientes si el levantamiento popular contra la dictadura es masivo. Pero para eso, la primera exigencia es que los organismos internacionales y los Gobiernos de las democracias —los que merezcan tal nombre—, no le den la espalda al pueblo cubano como han hecho tantas otras veces con el pueblo venezolano o el nicaragüense. Hoy sabremos de qué madera —si de alcornoque o de boj— está hecho el nuevo ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares.

Mucho pedir, lo sabemos. No somos tan ingenuos. Pero es el momento. Quizá —recuerden Tiananmén, 1989— no haya jamás otro.

Cuba pierde el miedo
Editorial ABC 13 Julio 2021

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se estrena en el cargo con un frente abierto en Cuba que el Gobierno español no puede ni debe ignorar. Miles de manifestantes han salido a las calles de las ciudades cubanas para protestar contra la miseria que les impone el sorprendido régimen comunista dirigido por Miguel Díaz-Canel. Lo han hecho sin miedo a las represalias que inmediatamente desató contra ellos el Gobierno de La Habana, incluyendo llamamientos ‘a los revolucionarios’ para enfrentarse a los ciudadanos que pedían libertad. Las brigadas de matones son un método usual de estos regímenes. El futuro de estas protestas es incierto porque los cubanos se enfrentan a un sistema implacable, que ha demostrado su desprecio por los ciudadanos, como en el ‘maleconazo’ de 1994. Sin embargo, la espontaneidad de las manifestaciones y la fiereza de la represión sirven para recordar que, a pesar del maquillaje poscastrista y del velo de la pandemia del Covid-19, Cuba sigue viviendo bajo el yugo comunista. Nada ha cambiado con Díaz-Canel: el régimen de La Habana es una dictadura que sobrevive al declive de las tiranías con más represión y mantiene su toxicidad antidemocrática en toda Iberoamérica.

El pueblo cubano no debe sentirse abandonado por la comunidad internacional y corresponde a España liderar una respuesta común en la Unión Europea a favor de las libertades y la democracia en Cuba. La presencia de ministros comunistas en el Gobierno de Pedro Sánchez hace un tanto ingenua la esperanza de un apoyo del Ejecutivo español a los demócratas cubanos. El precedente de Venezuela es significativo. Rodríguez Zapatero ha sido y es un cómplice del régimen chavista, y no ha sido desautorizado por el Ejecutivo de Sánchez. La afinidad de la izquierda política y cultural con el chavismo es una patología del ‘progresismo’ español, que ahora está desarmado de su argumento favorito para disculpar al Gobierno cubano desde la derrota de Donald Trump y la llegada a la Casa Blanca de Joe Biden.

Cuba es un factor de desestabilización en toda la región, alimenta movimientos antidemocráticos y populistas y apoya el totalitarismo comunista, el mismo que mantiene en la miseria a los cubanos. El régimen de La Habana no se merece ningún margen de confianza, sino una actitud exigente para que ponga fin inmediatamente a la represión y abra el país a un sistema democrático. Todo el discurso de la izquierda contra el fascismo se viene abajo cada vez que disculpa y apoya al Gobierno comunista cubano. Desde la caída del muro de Berlín, las dictaduras de izquierdas son excrecencias de un pasado tiránico que no debe encontrar respaldo en la comunidad de democracias. Solo la nostalgia de una parte de la izquierda occidental mantiene artificiosamente la legitimidad de la dictadura cubana en los foros internacionales. Cuando esa izquierda asuma que la derrota del comunismo en Cuba es un imperativo ético, político e histórico, los cubanos tendrán más cerca -no más fácil- su libertad.

Cuba grita "¡Libertad!" y la izquierda española calla o jalea a los que la amordazan
EDITORIAL. Libertad Digital 13 Julio 2021

Desde el domingo, miles de cubanos están saliendo a las calles de La Habana y otras ciudades de su país a reclamar libertad y exigir el fin de la dictadura comunista que asuela la Isla desde hace más de 60 años. Las imágenes que nos ofrece Cuba en estos días, a pesar de los intentos de censura del régimen, son bien reveladoras de las ansias de libertad del pueblo cubano; libertad que le arrebató un hatajo de desalmados comandados por Fidel Castro, el Infame.

El castrismo ha convertido Cuba en una mísera cárcel apartada deliberadamente del mundo para mejor someter a una sociedad desarticulada, mantenida en condiciones de muy precaria supervivencia, a la que la pandemia del coronavirus está golpeando muy duramente. El mito de la sanidad y el asistencialismo castristas, aventado por la izquierda más indeseable, ha terminado de saltar por los aires y revelado el formidable fracaso del proyecto comunista, que solo ha llevado hambre, miseria, terror, muerte y corrupción al pueblo cubano.

El pánico de los capos castristas a verse desbordados por las protestas ciudadanas quedó de manifiesto con el llamamiento del execrable Miguel Díaz- Canel a la represión sañuda de las mismas. El rechazo cuasi unánime de los cubanos a defender al régimen como les ha pedido el esbirro de Raúl Castro ha llevado a la tiranía a desplegar fuerzas policiales especializadas en la represión. Pero ojalá esta vez no sea suficiente para sofocar un levantamiento pacífico extraordinario.

Y mientras el pueblo cubano trata de acabar con el régimen que lo tiraniza, la izquierda española guarda un silencio cómplice solo interrumpido por ridículas y viles soflamas de apoyo a la dictadura. El Gobierno social-comunista, en el que abundan los indeseables revolucionarios por cuenta ajena adictos al castrismo, está protagonizando nuevamente un espectáculo vergonzoso que justifica la pésima imagen internacional de Sánchez y su banda.

Es imprescindible que las fuerzas democráticas europeas, con las instituciones de la UE a la cabeza, redoblen la presión sobre la sanguinaria tiranía castrista y se vuelquen con el martirizado pueblo cubano. El comunismo caerá en Cuba, como lo ha hecho en otros muchos lugares, y ojalá arrastre en su caída a las fuerzas izquierdistas que a este lado del Atlántico apoyan a ese régimen criminal y criminógeno.

Cuba retrata la insoportable hipocresía del Gobierno
OKDIARIO  13 Julio 2021

Las manifestaciones a favor de la libertad que se están sucediendo en Cuba en contra del régimen comunista son la expresión última de la desesperación de una población que lleva 62 años bajo el yugo del totalitarismo más atroz. La dictadura castrista ha respondido como cabía esperar: instando a los Comités de Defensa de la Revolución a reprimir las protestas, que es tanto como avivar la llama de una guerra civil. Quienes se han echado a la calle no son elementos al servicio de un complot urdido por la CIA, ni responden a una estrategia planificada en ningún despacho. Son gente harta que no puede más. Que ha decidido dar el paso porque ya no tienen nada que perder. La miseria se extiende por todos los rincones de la isla. La revolución era eso: ni alimentos, ni medicinas, nada. Sólo represión.

En estas circunstancias, el silencio del socialcomunismo español resulta de una obscenidad insoportable. ¿Es que el Gobierno de España no tiene nada que decir? ¿Es que la respuesta admirable, dignísima, de las personas que se manifiestan en contra de la dictadura, no les provoca un sentimiento de solidaridad? ¿De qué pasta está hecha esta gente que guarda un silencio cómplice? Que Podemos le eche la culpa de la situación al embargo de Estados Unidos es natural; al fin y al cabo, se han alimentado políticamente de la sangre del régimen. Pero ¿y el PSOE? Que el nuevo ministro de Exteriores no haya salido aún a ofrecer la opinión del Ejecutivo demuestra hasta qué punto a Pedro Sánchez su supervivencia política le importa más que la vida y la dignidad de los cubanos. La decencia no forma parte de sus señas de identidad. Resulta tristísimo comprobar cómo esta izquierda a la que se le llena la boca hablando de los derechos humanos mira para otro lado. Si el Gobierno de España no apoya los gritos a favor de la libertad que resuenan ahora por distintas localidades de Cuba es que no tiene vergüenza. Que es tanto como decir que son los avalistas de ese régimen infame que lleva seis décadas aplastando a un país hermano al límite de su resistencia

¿Acabarán como Ceausescu los jerarcas de la Cuba castrista?
Marcel Gascón Barberá. Libertad Digital 13 Julio 2021

La cúpula castrista vive obsesionada con la posibilidad de un final 'à la Ceausescu'.

Por primera vez desde que tengo memoria, miles de cubanos han salido a las calles de La Habana y otras ciudades a protestar contra la dictadura. Se quejan, dice la prensa, de la escasez de medicamentos y el ruinoso estado de los hospitales. Pero también podría ser que estén protestando porque no tienen agua, comida, acceso al dólar y a internet o a un pasaporte con el que poder viajar y aprovecharse, ellos también, de los lujos que ha universalizado el capitalismo en los países libres.

El lugarteniente de los Castro que rige la isla ha salido a pedirle "al pueblo" que se eche a la calle para defender la Revolución. A la Revolución, claro, no le puede quedar pueblo que lo defienda. El pueblo en nombre del que habla la Revolución ha sido fusilado o se ha ahogado en el mar intentando llegar a Miami. O pena entre las fachadas desconchadas de Cienfuegos o La Habana buscando completar la ración que hace ya más de seis décadas se comprometió a proporcionarle el Estado.

El comunismo es sinónimo de mentira hasta el momento mismo en el que cae. A la Revolución no la está defendiendo el pueblo, sino el aparato represivo del régimen. Si logra imponerse una vez más, a los cubanos les esperan más años de miseria y, lo que es peor, de dependencia absoluta de una dictadura implacable que ha erradicado por completo la propiedad privada y toda forma de vida asociativa que no pase por el Estado.

Yo, que viví en 2017 las protestas multitudinarias contra el régimen protocastrista de Venezuela, sigo con mucha cautela las noticias de la rebelión en Cuba. Muchas veces en aquella Caracas mutilada me esperancé con la perspectiva de que la fe y el coraje de millones liberara a los venezolanos de la maldición que muchos de ellos votaron. Y cada vez el régimen sofocó a tiros las protestas para seguir mandando.

Pero Cuba es distinta a Venezuela, donde el régimen aún disfraza su naturaleza dictatorial y las protestas se toleran hasta que amenazan de verdad al régimen. Que riadas de cubanos estén saliendo a la calle es, en sí mismo, un desafío sin precedentes al castrismo, una dictadura clásica más comparable a los sistemas comunistas del Este que a la que La Habana ayudó a montar en Caracas.

Como ha escrito Hermann Tertsch, la alerta antifascista que ha declarado Díaz-Canel se parece mucho a las que el propio Tertsch escuchó en boca de los dictadores comunistas europeos meses antes de que les derrocara el pueblo en 1989.

En la forma en que ha logrado reprimir toda forma de protesta organizada, en su empecinamiento en seguir en el poder y en el aislamiento y la miseria material a que el castrismo ha condenado a su pueblo, Cuba se parece a la Rumanía de Nicolae Ceausescu. En una reciente entrevista con ABC, el general disidente cubano Ruiz Matoses reveló que la cúpula castrista vive obsesionada con la posibilidad de un final à la Ceausescu.

En la víspera de la Navidad de 1989, miles de rumanos salieron a la calle en la antigua ciudad austrohúngara de Timisoara a decir basta. El régimen respondió con detenciones masivas, torturas y asesinatos a tiros de manifestantes. Como hace ahora Díaz-Canel, Ceausescu convocó a los partidarios que creía tener aún a marchar contra los agentes del imperialismo que le repudiaban también en Bucarest. Pero las cosas no tenían marcha atrás. A las calles de Bucarest salieron trabajadores, sí, pero no los esclavos del miedo que esperaba Ceausescu. Columnas de obreros de las fábricas de las afueras desfilaron con menos orden de lo habitual hacia el centro. No a jalear al dictador frente a la turba traidora y reaccionaria, sino a enfrentarse a las balas del Ejército y la Securitate y conquistar a cualquier precio su libertad y su futuro.

A las pocas horas del inicio de lo que había de ser una sucesión más de eslóganes vacíos y mentiras, Ceausescu huía del Comité Central en helicóptero. El Ejército, que se había pasado al lado del pueblo, le ejecutaría poco después junto a su esposa en una base militar de la ciudad de Targoviste.

Treinta años después de deshacerse del tirano, Rumanía es parte de la Unión Europea y de la OTAN. Es una democracia y no ha dejado de mejorar desde entonces en todos los indicadores de desarrollo. Cuba puede estar cerca de lo mismo. Que lo consiga dependerá de la suerte, de la fe y del heroísmo de los propios cubanos. Pero también de que la comunidad internacional no lance al régimen un salvavidas en forma de operación humanitaria. No haría más que poner un parche a lo que hace mucho que está roto, y daría a la dictadura una oportunidad de recomponerse.

Para vergüenza de los españoles, una de las pocas cosas seguras es que nuestro Gobierno no se pondrá del lado del pueblo cubano

Un Tribunal de Núremberg para los comunistas
Santiago Navajas. Libertad Digital 13 Julio 2021

Ojalá pueda celebrarse la continuación del juicio contra el totalitarismo que empezó en Núremberg y que puede tener su próxima sede en La Habana.

Veo un documental, en la plataforma digital Filmin, sobre la caída del Telón de Acero en Hungría al tiempo que me llega información a través de Twitter de las protestas en Cuba contra la dictadura de Díaz-Canel, el heredero político de los sátrapas Castro. Se llama la película 1989 y muestra cómo la casta criminal comunista, valga la redundancia, fue cediendo espacio gracias a la lucidez y valentía de tecnócratas como Miklós Neméth, que se aprovechó de la Perestroika de Gorbachov para enfrentarse a elefantes totalitarios como el rumano Ceaucescu y el alemán Honecker sin ser asesinado como su predecesor Imre Nagy, que terminó ahorcado. Me viene a la memoria la fotografía que se hizo el ridículo ministro de consumo de Pedro Sánchez, el comunista Alberto Garzón, cocinando con un chándal de la RDA.

Por cierto, al momento de escribir estas líneas Garzón no ha dicho nada de las protestas contra el régimen que tanto ama, un sistema político en el que no se come mucha carne, como defiende el ministro, pero tampoco mucho de nada. Casi mejor que no haya dicho nada –como Irene Montero o Íñigo Errejón– porque lo que les saldría del alma sería algo semejante a la ignominia que ha perpetrado el dirigente de Facua, Rubén Sánchez:

Es revelador que en el Parlamento español casi todos los diputados, ¡y diputadas!, de izquierda sufran en la intimidad porque su idealizada y mitificada, sangrienta y tiránica revolución socialista pueda tener los días contados.

En la caída de las dictaduras comunistas europeas fue fundamental el apoyo de Juan Pablo II, un polaco que las había sufrido, a los libertadores. Pero el papa Francisco, argentino, está muy lejos de ser una esperanza de denuncia del populismo que asola Hispanoamérica. El Papa peronista está más cerca del espíritu opresor de los populistas de todos los partidos que de los que, como Yoani Sánchez, consiguen sobrevivir en Cuba denunciando el sistema policial:

Que los comunistas cubanos no hayan acabado todavía como los húngaros es en gran parte responsabilidad de la izquierda española, que los ha apoyado moral y diplomáticamente. Una izquierda con un pasado tenebroso del que no solo no pide perdón y muestra arrepentimiento sino que lo jalea y celebra: Rodríguez Zapatero, lacayo posmoderno de Maduro, reivindicó a Álvarez del Vayo, criminal socialista durante la Guerra Civil, y Sánchez ha hecho lo propio con el leninista y marioneta de los soviéticos Largo Caballero.

En el siglo XXI tenemos que resolver un problema que quedó sin solventar en el XX: hacer un Tribunal de Núremberg a los comunistas. Tras la derrota del nazismo tuvimos que entregar la mitad del mundo a los totalitarios de izquierda, Realpolitik mediante, y contemplamos horrorizados e impotentes cómo mataban y esclavizaban a millones de personas. Ojalá, como decía, en el siglo XXI pueda celebrarse la continuación del juicio contra el totalitarismo que empezó en Núremberg y que puede tener su próxima sede en La Habana.

Viva Cuba libre
José Ramón Bauzá. Libertad Digital 13 Julio 2021

Ninguna dictadura es eterna. Algunas caen tras años de metástasis prolongada; otras, de forma súbita, engullidas en un instante por olas de rechazo popular contenido durante años. Pero la Historia nos demuestra que los regímenes de ese tipo acaban pereciendo antes o después, sepultados bajo el peso de promesas incumplidas y del desgaste que acompaña a todo gobierno, y que sólo en las democracias los problemas encuentran salidas ordenadas e incruentas.

Lo que acontece en Cuba en estos días bien podrían ser los últimos estertores de la larga agonía del castrismo. No es ninguna novedad, pero ahora está quedando muy patente que el socialismo ni llena las despensas ni protege frente al covid-19, y que lo más parecido a un paraíso a lo que pueden aspirar los cubanos es un vuelo de ida a Europa o a Estados Unidos.

Esta lección, que los latinoamericanos aprendieron pagando un precio muy alto, la hemos ignorado en nuestro país. Demasiados españoles creen aún que al comunismo se le puede domesticar, o que el socialismo renunció a su idea de que el poder le pertenece, y a su ambición de convertir las instituciones en meros instrumentos para someter la libertad del individuo al interés de unos pocos. Su interés. Desde Pekín a Caracas, las élites revolucionarias siempre han entendido que comer carne es un privilegio que sólo les corresponde a ellos.

Empeñado en demoler cuatro décadas de democracia a mayor gloria de Pedro Sánchez, el Gobierno no ha hecho nada en estos años por el bienestar de los españoles, y no les quepa duda de que no moverá un dedo por la libertad de los cubanos. No lo hizo Borrell siendo ministro de Exteriores, y no lo hace ahora al frente de la diplomacia europea, aunque siempre "está al tanto" cuando los socialistas españoles intentan torpedear nuestras propuestas sobre Cuba.

No hizo nada por los cubanos la ya exministra González Laya, que ha dejado el Ejecutivo con un historial de fracasos tan abultado como carente de éxitos. Cabe preguntarse si lo hará su sustituto, José Manuel Albares, quien tiene en este desafío la oportunidad perfecta para demostrar que este nuevo Gobierno aspira a algo más que apuntalar a un Sánchez cada vez más solo.

Los cubanos han dicho basta. Han gritado que ya no quieren "Patria o Muerte" sino "Patria y Vida", y que tienen menos miedo a las balas del régimen y las celdas de la Seguridad del Estado que a volver a sus hogares sin comida que poner sobre la mesa o un futuro que ofrecer a sus hijos.

Cuba se ha levantado, y lo ha hecho enarbolando una bandera, la de la libertad frente al comunismo, que hace treinta años sostuvieron millones de europeos, desde Stettin, en el Báltico, hasta las orillas del Adriático.

Una bandera que los españoles compartimos con nuestros hermanos cubanos que hoy desafían al régimen, y a los que nuestro Gobierno y la diplomacia europea lleva años abandonando frente al totalitarismo castrista.

La democracia llegará antes o después a Cuba. Que lo haga de forma pacífica, y dando a todos los cubanos la oportunidad de decidir su futuro en libertad, está también en nuestra mano. Españoles y europeos tenemos el poder y el deber de ayudar a los cubanos a poner el cierre a sesenta años de opresión y miseria.

De su lucha por la libertad, españoles y europeos debemos aprender que el imperio de la ley y las instituciones que lo sostienen son la mejor garantía de nuestra prosperidad y nuestra libertad individual. También debemos recordar que su supervivencia requiere de una vigilancia constante. Un descuido y las perderemos, y quizás, como los cubanos, pasen décadas hasta que las volvamos a recuperar.

Al contrario que el PSOE y el Gobierno de Sánchez, pongámonos del lado de quienes luchan por la democracia en el mundo. Por Cuba, pero por también por España.

José Ramón Bauzá, eurodiputado de Ciudadanos y miembro de la Comisión de Exteriores del Parlamento Europeo.

Cuba debe ser escuchada en su reclamo de libertad
Zoé Valdés. Libertad Digital 13 Julio 2021

Las portadas de los periódicos del mundo libre muestran hoy como protagonista absoluto al pueblo cubano, quien ha sido el verdadero líder de esta gesta que se ha vivido y se sigue viviendo en la isla, que empezó con los pobladores de San Antonio de los Baños, un pueblo que hoy ha amanecido sitiado por los esbirros del régimen. Es la primera vez, desde el 5 de agosto de 1994, desde aquel acto masivo en las calles habaneras recordado como el Maleconazo, que una acción a dimensión nacional e internacional sacude y pone en riesgo a la cúpula castrista.

Serán numerosos los que hoy se pregunten cómo deberían apoyar a los cubanos: pienso que la única forma de acompañar al pueblo cubano en esta contundente acción de libertad que se ha producido en las últimas horas es apoyándolo en su reclamación de intervención militar, humanitaria como todas las intervenciones militares, rápida, eficaz, sin daños colaterales, lo que en la actualidad sabemos que es posible; que venga de donde venga, pero cuyo único objetivo debiera ser la libertad de Cuba y un cambio radical hacia la paz y la prosperidad, hacia un estado con una Constitución respetable en el que por fin ese mismo pueblo pueda tomar las riendas de su destino de manera plena y soberana.

El fin de la tiranía en Cuba depende de los cubanos, pero también del apoyo a nivel internacional que tengamos para que la libertad se convierta por fin en algo palpable y real.

Es cierto que en el día en que se iniciaron las protestas se echó de menos un liderazgo presencial con rostro, nombre y apellidos, pero igualmente creo que, de manera saludable, el próximo o los próximos líderes de Cuba se hallan hoy de manera anónima y espontánea en las calles. ¿No fue eso lo que sucedió en Rumanía? Lo que sin duda alguna cuestiona a todos esos falsos ídolos y líderes que la prensa y una cierta política de izquierdas han estado promoviendo según cambie el viento, sobre todo bajo cualquier Gobierno norteamericano.

Aparte de romper el mito, con la presencia de todo un pueblo, de que la contrarrevolución proviene de un grupito monitoreado desde la mafia de Miami, que no hizo nada en décadas –lo que no es del todo falso–, que por otra parte no es el monstruo peludo de la película, se vio que líderes como José Daniel Ferrer, Berta Soler, Tania Bruguera, Yoani Sánchez, quienes no aparecieron ni en una esquina para apoyar y liderar al pueblo, no son más que los fantoches que convienen al castrismo y a las instituciones internacionales como la ONU y compañía, todas las que apoyan al castrismo. No quedó claro si Luis Manuel Otero Alcántara, del Movimiento San Isidro, decidió salir finalmente a las calles, al parecer arengó a que la gente lo acompañara hasta el Malecón, y nada más. Guillermo Coco Fariñas continúa desaparecido, según sus familiares, fue el único en incorporarse a una de las marchas. A Eduardo Cardet, líder de Movimiento Cristiano Liberación, la policía le rodeó la vivienda en el pueblo de Velasco, como desde hace meses le impidieron salir, aunque envió un comunicado hacia el exterior, y varios miembros del MCL estuvieron en las calles de Batabanó y de San Antonio de los Baños. Rosa María Rodríguez, coordinadora del MCL, envió desde La Habana un muy acertado mensaje en ese sentido: "Nosotros no le decimos a nuestros hermanos del MCL que salgan a las calles, pero si ellos deciden hacerlo porque están desesperados y no pueden aguantar más, nosotros los apoyaremos y no los vamos a dejar solos". El padre José Castor Álvarez Devesa fue herido en la cabeza, secuestrado y desaparecido hasta el momento en que escribo estas líneas.

En verdad, me pregunto si la ausencia de liderazgo no será un bien que abrirá nuevos espacios y hará posible que la gente sepa al fin que todos son líderes cuando se lo proponen y que todos merecen por igual ser apoyados por el mundo, no sólo por un grupo de cubanos exiliados.

Desde mi exilio me satisfizo apreciar en los vídeos que una gran cantidad de cubanos exigían una intervención militar, lo que vengo haciendo personalmente desde hace décadas. Hoy, más de 15.000 firmas piden esa intervención militar en Cuba mediante una petición hecha por Léo Juvier-Hendrickx en la plataforma change.org. La segunda persona en firmar detrás de Léo Juvier-Hendrickx fui yo.

Como he dicho, llevo décadas pidiendo una intervención militar en Cuba, rápida, quirúrgica, con drones. Muchos me criticaron, pero he seguido en ese empeño de que la solución rápida y radical para acabar con el castro-comunismo tiene esa sola vía: drones, drones, drones, sin daños colaterales.

En el día de ayer, varios personajes del exilio, influencers y youtuberos, que me atacaron ferozmente en el pasado debido a mi insistente demanda de intervención militar, se mostraron favorables a la misma al comprobar que la isla entera estaba en las calles y que eso precisamente era lo que pedían numerosos cubanos, además de ver que Miguel Díaz-Canel dio la orden sin remilgos de matarse entre cubanos. Como era de esperar, ninguno de estos actores sociales me nombró, ni citó, como la persona que desde los inicios de mi exilio promoví esta idea de acción solidaria del mundo –no sólo de Estados Unidos– hacia esa solitaria Cuba.

Lo importante es que hoy más de 15.000 cubanos reclaman una intervención militar y estos son sólo los que han podido, y los que alcanzan a firmar la petición; otros estuvieron ayer en las calles de Cuba y seguirán reclamando esa intervención militar –humanitaria como todas las intervenciones militares– por las vías que tengan a mano.

Firme la petición aquí.
https://www.change.org/p/us-congress-cuba-intervencion-militar-por-razones-humanitarias/u/29322249?recruiter=51820313&utm_source=share_update&utm_medium=facebook&utm_campaign=facebook

Trump, Polonia, Hungría y VOX: así es la ofensiva contra el poder de las Big Tech en redes sociales
Javier Torres. https://gaceta.es 13 Julio 2021

Trump llegó a la Casa Blanca gracias a las redes sociales y se marchó por culpa de ellas. Podría ser un análisis simplón y de brocha gorda sobre el auge y caída del presidente más improbable de la historia reciente de los Estados Unidos. Pero hay mucho que profundizar en la importancia que estos canales de comunicación han jugado en la trayectoria del último presidente republicano. En 2016 se impuso, contra todo pronóstico, a todos sus rivales en las primarias presidenciales republicanas. Su mérito fue hacerlo a pesar de la hostilidad tanto del aparato del propio Partido Republicano como de los medios de comunicación. Luego llegaron las elecciones de noviembre y Trump venció a Hilary Clinton con el 99% de las cabeceras estadounidenses pidiendo el voto para ella. El empresario neoyorquino -viejo conocido del establishment- supo conectar con el norteamericano medio, cuyos problemas no aparecían ni de casualidad en los titulares de esos periódicos ni en los programas de los grandes gurús de la televisión. Trump sedujo a los olvidados por las élites políticas, financieras, culturales y mediáticas a través de las redes sociales. Su mensaje, estigmatizado sistemáticamente por los medios de comunicación tradicionales y por la candidata demócrata que llegó a calificar de “deplorables” a la mitad de sus seguidores, encontró, sin embargo, un canal por el que convencer -sin intermediarios- a la mayoría de los votantes. Así se convirtió en el 45º presidente de los EEUU.

Este fallo en el sistema debía subsanarse lo antes posible, de modo que las grandes compañías tecnológicas -Twitter, Facebook o Google- entonaron el mea culpa prometiendo combatir las ‘fake news’ y los discursos de odio, eufemismos con los que acallar la disidencia. Dos semanas después de la victoria de Trump, Mark Zuckerberg anunció un “plan de siete puntos contra la desinformación”. Sabía que su plataforma había contribuido a la victoria republicana y eso no podía repetirse.

A Trump le estaban esperando y el momento llegó cuando más se jugaba: la reelección presidencial. Durante el escrutinio del 3 de noviembre de 2020 que dilucidaba si él o Biden gobernaría los próximos cuatro años, el expresidente denunció irregularidades en el recuento de votos en el estado de Pensilvania. “Están tratando de robar las elecciones, nunca les permitiremos que lo hagan. Los votos no se pueden emitir después de que las urnas están cerradas”, escribió Trump. El tuit apenas duró unos segundos. El CEO y cofundador de Twitter, Jack Dorsey, reaccionó de manera fulminante censurando el contenido e impidiendo compartir la publicación. El mensaje que aparecía en lugar del original decía así: “Alguna parte o todo el contenido compartido en este tuit ha sido objetado y puede ser engañoso sobre cómo participar en una elección u otro proceso cívico”.

Meses después vendría la puntilla. El 6 de enero de 2021 Trump convocó un mitin llamado “Save America” frente al Congreso en Washington donde se estaba celebrando una sesión para contar el voto del Colegio Electoral y certificar la victoria de Joe Biden. El candidato republicano insistió en el fraude electoral y al acabar el acto centenares de sus seguidores asaltaron el Capitolio. Trump llamó a la calma en un vídeo que subió a Twitter. “Somos el partido de la ley y el orden”, dijo. Sin embargo, el mensaje fue censurado en cuestión de minutos por “incitación a la violencia”. Si las grandes compañías tecnológicas doblaron el brazo al presidente de los Estados Unidos, ¿qué no serían capaces de hacer al resto?

Estos hechos espolearon a Santiago Abascal, que días después se reunió en Barcelona con la líder de Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni, y miembros del partido republicano de Estados Unidos para forjar una alianza internacional contra la censura en las redes. VOX sabe bien de lo que habla: en enero de 2020 sufrió el cierre de su cuenta nacional, según Twitter, por “incumplir las reglas que prohíben las conductas de incitación al odio”. VOX había respondido a un tuit de la portavoz socialista Adriana Lastra que calificaba de “retrógadas” las ideas del partido y acusaba al mismo de “no soportar al colectivo LGTBI ni el matrimonio entre personas del mismo sexo”. El tuit de VOX fue el siguiente: “Lo que no soportamos es que os metáis en nuestra casa y nos digáis cómo tenemos que vivir y cómo tenemos que educar a nuestros hijos. Y menos aún que con dinero público promováis la pederastia”. Esto último movió a escándalo al PSOE y sus medios. Manuel Mariscal, vicesecretario de comunicación de la formación, explicó el tuit: “Desde VOX consideramos que la aplicación de leyes y programas educativos, como el programa Skolae en Navarra, se traduce en que menores de edad acceden, sin conocimiento y consentimiento de los padres, a prácticas e información de contenido sexual”. Nada de eso sirvió a los responsables de Twitter, que cerraron la cuenta nacional de VOX.

Un año después, el 28 de enero de 2021, Twitter volvió a cerrar la cuenta de VOX en un momento decisivo: la precampaña de las elecciones catalanas del 14 de febrero. Abascal reaccionó anunciando la interposición de una querella contra la compañía norteamericana, que justificaba su decisión acusando de nuevo a su partido de “incumplir las reglas que prohíben las conductas de incitación al odio”. VOX había tuiteado: “Suponen aproximadamente un 0,2% de la población y son responsables del 93% de las denuncias. La mayoría son procedentes del Magreb. Es la Cataluña que están dejando la unánime indolencia y complicidad con la delincuencia importada. ¡Solo queda VOX! Stop islamización”.

Si a principios de año Abascal promovió una alianza internacional contra la censura en las redes, esta semana la Fundación Disenso (presidida por él mismo) se ha incorporado como socio de referencia en España y en la Iberosfera a la Alianza por la Libertad de Expresión (Free Speech Alliance) junto a más de 70 organizaciones de todo el mundo. Esta iniciativa pretende frenar la espiral censora que imponen -como si fueran un solo cuerpo- las grandes empresas tecnológicas, organismos internacionales como la ONU o la UE, medios de comunicación y gobiernos como el español.

Los gigantes tecnológicos (Big Tech) no se presentan a las elecciones y, sin embargo, tienen una influencia formidable en los procesos electorales. Quizá por mala conciencia la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tardó dos semanas en pronunciarse sobre la censura a Trump, que calificó de “ataque a la libertad de expresión” sólo después de que Merkel hiciera lo propio, porque hasta entonces Ursula había guardado un silencio de lo más sospechoso.

La censura avanza aunque la buena noticia es que ya hay reacción a ambos lados del Atlántico. Esta misma semana Trump ha vuelto a la carga anunciando una demanda conjunta contra Facebook, Twitter y Google. “Hoy, junto con el America First Policy Institute, estoy presentando como su representante principal, una importante demanda colectiva contra los grandes gigantes tecnológicos, así como sus directores ejecutivos, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Jack Dorsey”. Para el expresidente estas compañías aplican una censura ilegal e inconstitucional. Hay que recordar que Facebook anunció el mes pasado la suspensión de las cuentas del expresidente durante dos años. Otro de los motivos que han motivado la acción judicial de Trump es que Google y YouTube han eliminado vídeos que cuestionaban el criterio de la OMS durante la pandemia del coronavirus.

Claro que antes de llegar al extremo de eliminar una cuenta de mucha importancia, Twitter y el resto de compañías aplican el ‘shadowbannig’, es decir, el silenciamiento de una cuenta sin que el usuario lo note. Este mecanismo consiste en que los mensajes dejan de tener la repercusión de antes sin explicación aparente. La realidad, sin embargo, es que la plataforma evita que las cuentas más incómodas para el pensamiento dominante sean visibles para la mayoría de sus seguidores. Es la restricción fantasma o censura silenciosa.

Entre los países que denuncian este silenciamiento están Polonia y Hungría, referentes de la reivindicación de la soberanía nacional. Sus gobiernos han sido los primeros de la UE en plantar cara al poder omnímodo de las Big Tech. En enero la ministra de Justicia húngara, Judit Varga, reclamó a Bruselas sanciones contra las redes sociales por restringir la libertad de expresión. Varga denunció una persecución contra las opiniones cristianas, conservadoras y de derecha, circunstancia que le ha llevado a preparar una ley. En realidad Hungría sigue la estela polaca, que semanas antes había anunciado una ley que combata la censura en las redes. El ministro de Justicia de Polonia, Zbigniew Ziobro, había explicado que el usuario debe sentir que sus derechos están protegidos, especialmente cuando se eliminan contenidos que no violan las leyes del propio país.

La Ley de Memoria Democrática y la Fundación Franco
Nada hay peor que la ignorancia transformada en sectarismo
Juan Chicharro Ortega. La razon 13 Julio 2021

Oigo decir a la recientemente cesada Vicepresidenta Carmen Calvo que en pocos días llegará al Consejo de Ministros la denominada Ley de Memoria Democrática. Una Ley que según ella busca la verdad puesto que sin verdad no hay justicia y sin justicia no puede haber paz y tranquilidad sobre nuestra historia. Añade además que servirá para que España se homologue a otros países avanzados que han sabido reconciliarse con su pasado y cerrar heridas.

Bonitas palabras sin duda si no fuera porque cuando habla de la verdad habla de «su verdad» y cuando habla de justicia habla de «su justicia». En absoluto lo hace respetando a millones de españoles que no piensan igual que ella. Eso a ella y a su gran jefe, el Sr Sánchez, les trae sin cuidado. Van a lo suyo al igual que hacen con todas las leyes ideológicas que nos van imponiendo de forma sectaria y totalitaria, una tras otra. Leo y oigo reiteradamente que la entrada en vigor de dicha Ley supondrá la ilegalización de la Fundación Nacional Francisco Franco por el mero hecho de hacerse desde esta Fundación lo que denominan en esa Ley apología del franquismo, matizado este concepto tras el varapalo del informe del Consejo del Poder Judicial , en que esa apología deberá estar acompañada con menosprecio y humillación a las víctimas.

A ver señora Calvo, de no encontrarnos en España camino de una seudo dictadura, yo como Presidente de la Fundación estaría muy tranquilo pues ya me dirá Vd cómo van a poder acusarnos de apología del franquismo con menosprecio y humillación de las víctimas cuando diga que durante el periodo de la capitanía del General Franco se produjo en España la mayor transformación social y económica de toda nuestra historia, que Franco salvó de las garras nazis a miles de judíos, que se creó por primera vez una clase media antes inexistente …..etc.

Sucede que todo esto les es indiferente pues no es «su verdad». La única verdad que hay aquí es que esa Ley no es más que una herramienta para terminar de revertir nuestra historia reciente. Borrar de un plumazo no sólo los cuarenta años del «franquismo» sino además todo cuanto supuso la transición política de los años 70 y 80. Permítame que le recuerde que un acuerdo tácito de aquellos días fue que nunca más se utilizara la historia como arma arrojadiza sin que esto supusiera el olvido de ella. Ya sé que esto les da igual. Vd,s pretenden dinamitar la paz social que el régimen del 78 propició. Ya lo han conseguido.

Y puestos a hablar de verdades me pregunto porque no hacen Vd,s caso a las recomendaciones del Parlamento europeo cuando el 18 de septiembre resaltando la importancia de la memoria histórica europea pedía que se condenase expresamente los horribles crímenes cometidos por los comunistas en toda Europa sin excepción. Se lo digo porque comoquiera están Vd,s obsesionados con la apología del franquismo igual no sabe que hay en España una legión de fundaciones que hacen apología del marxismo o del supremacismo. ¿Qué pasa con estas fundaciones ?

Señora Calvo, si es que escucha o lee, sepa que desde la Fundación Nacional Francisco jamás de los jamases hemos menospreciado ni humillado a víctima alguna sea cual fuere su ideología. Al contrario de lo que Vd,s hacen con las víctimas de la banda terrorista ETA cuando permiten y alientan los homenajes a etarras asesinos en sus pueblos bajo el reino del todavía terror imperante.

Desde su origen la naturaleza de las funciones de la Fundación Nacional Franco han sido y son de carácter cultural , humanístico y docente. Y vamos a seguir en la misma línea pese a su totalitaria Ley. Y sólo espero que los españoles reaccionen y sepan que lo que está en juego no es la FNFF sino la libertad ideológica que plasma la Constitución española porque se podrá opinar lo que se quiera sobre quien fue Franco pero nadie me puede negar mi derecho a opinar lo que a mí me parezca mientras no incite a la violencia y desde luego no lo hago. Y no lo haré nunca pues por mi condición de militar he conocido en el pasado los efectos de la violencia en otros países algo que seguramente la señora Calvo educada y formada gracias a la bonanza social que le dio el franquismo desconoce por completo. Y nada hay peor que la ignorancia transformada en sectarismo y odio al que no piense como ella.

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El Gobierno de España, con la dictadura cubana por acción u omisión
Mientras Sánchez busca totalitarios imaginarios en España, mira para otro lado ante la represión cubana, defendida además por su socio de Gobierno.
Editorial ESdiario  13 Julio 2021

Miles de cubanos se han echado a la calle para protestar contra la Dictadura, la miseria y la represión que caracterizan los 60 años de yugo impuesto por el castrismo bajo la excusa de liderar una revolución comunista que solo convence a quienes no la padecen.

La respuesta del régimen está siendo la esperada de quienes, durante tanto tiempo, han aplicado la fuerza para acabar con las libertades individuales y colectivas para mantener el poder: detenciones, fuerza policial, tal vez crímenes y un bloque informativo y tecnológico para evitar que el mundo se comunique con Cuba y los cubanos con el mundo.

La valentía de los cubanos que, pese a todo eso, se han atrevido a gritar "libertad", es un indicio evidente de su desesperada situación, donde se mezclan represión, hambre, pobreza extrema e indefensión ante la pandemia.

Podemos apoya a la dictadura cubana ante las protestas y Sánchez opta por callar

Y la respuesta totalitaria del presidente Díaz Canel, un títere de Raúl Castro, la viva demostración de la catadura de su régimen: movilizar a los Cuerpos de Seguridad, bloquear internet, hacer detenciones selectivas y animar a la confrontación civil.

Siendo tan evidente el panorama, lo lógico sería esperar una contundente reacción internacional de respaldo a los cubanos que, sin embargo, no ha existido: desde Europa hasta la ONU e incluso Estados Unidos; no han pasado de la defensa de los derechos democráticos de los cubanos y de recomendaciones genéricas a los sátrapas que los sojuzgan.
El silencio o la complicidad de Moncloa con la represión cubana es el último bochorno de Pedro Sánchez

Y en España, ni eso. Más allá de las palabras protocolarias del Gobierno, lo sustantivo ha sido la defensa del régimen de una parte del Ejecutivo, la de Podemos: la falta de respuesta del PSOE le hace cómplice de esa indecorosa actitud de legitimación de una dictadura cruel y longeva como ninguna en el mundo.

El Gobierno mira para otro lado

Resulta hiriente que los mismos partidos y colectivos sociales que intentan difundir en España la idea de que sufrimos una involución ultraderechista y persiguen franquistas imaginarios se callen, cuando no respalden, a totalitarios de verdad que utilizan el poder contra sus ciudadanos. Y que lo hagan desde el propio Gobierno de la nación, con ejemplos como los de Yolanda Díaz, Alberto Garzón o Enrique Santiago, es directamente vergonzoso.

Pero nada de ello pasaría si, al frente de La Moncloa, hubiera un dirigente digno del puesto que ostenta. No es el caso de Sánchez, que a la indignidad de apoyarse en ERC o Bildu, le añade el silencio ante regímenes liberticidas como los que arrasan toda sombra de democracia en Venezuela o Cuba.
 


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