Recortes de Prensa Domingo 23 Noviembre 2025

Ucrania ataca una central eléctrica y térmica en la región de Moscú

Los drones ucranianos atacaron la central de Shatura, situada a unos 120 km al este del Kremlin

Javier Munera. Madrid. el mundo. 23 Noviembre 2025


Ucrania ha atacado este domingo con drones una importante central de calefacción y electricidad en la región de Moscú, provocando un incendio y obligando a activar los sistemas de energía y calor de respaldo, según informó el gobernador de la región de Moscú.


Los drones ucranianos atacaron la central de Shatura, situada a unos 120 km al este del Kremlin, según indicó el gobernador de la región de Moscú, Andrei Vorobyov.


"Algunos de los drones fueron destruidos por las fuerzas de defensa aérea. Varios cayeron en el territorio de la central. Se produjo un incendio en las instalaciones, que ahora está localizado", declaró Vorobyov.


En cuanto al plan de paz propuesto por Donald Trump, hoy se reúnen en Suiza delegaciones de Ucrania, Europa y EEUU para avanzar en un posible alto el fuego.


9:55

Rusia ataca el norte, sur y este de Ucrania con casi cien drones

Rusia atacó anoche con casi cien drones kamikaze el norte, sur y este de Ucrania, de los que 27 impactaron en 12 lugares, entre ellos, según el parte diario de la Fuerza Aérea ucraniana.


Las fuerzas rusas lanzaron 98 drones suicidas de los tipos Shahed, Gerbera y otros modelos, desde territorio ruso y la anexionada península ucraniana de Crimea.


Unos 60 eran Shahed de tecnología iraní. Las defensas antiaéreas derribaron 69 drones en el norte, sur y este del país, pero se registraron impactos de 27 en 12 ubicaciones.


9:30

Rusia ataca con drones el sistema energético en Odesa y causa 15 heridos en Dnipró

Rusia atacó con drones el sistema energético de la región sureña de Odesa y la ciudad de Dnipró, en la provincia oriental de Dnipropetrovsk, donde resultaron heridas 15 personas, entre ellas una niña de 11 años, según las autoridades regionales y los servicios de emergencia.


En Dnipró, un dron kamikaze ruso impactó cerca de un edificio residencial de nueve plantas, donde se incendiaron las terrazas de tres apartamentos y resultaron heridas 15 personas, según el gobernador en funciones, Vladislav Gaivanenko.


Los rusos atacaron la región con varios drones. Un total de 15 fueron derribados, según la información del Mando Aéreo Oriental de Ucrania.


8:50

Rubio, a los senadores de EEUU: el plan de paz de Trump para Ucrania es la "lista de deseos" de Rusia

Legisladores que criticaron el enfoque del presidente Donald Trump para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania aseguraron el sábado que hablaron con el secretario de Estado Marco Rubio, quien les dijo que el plan de paz de Trump presiona a Kiev para que acepte es una "lista de deseos" de Moscú y no la propuesta real de la postura de Washington. Un portavoz del Departamento de Estado rechazó esa versión, la cual calificó de "completamente falsa".


El propio Rubio más tarde tomó el extraordinario paso de dejar entrever en redes sociales que los senadores estaban equivocados, a pesar de que dijeron que él era su fuente de información. Rubio ratificó la afirmación de que Washington era el responsable de una propuesta que había sorprendido a muchos por favorecer tanto a Moscú. Todo esto se sumó a un confuso -y potencialmente vergonzoso- giro a un plan de paz aprobado por la Casa Blanca que ya enfrentaba un futuro potencialmente complicado .


8:40

Trump dice estar abierto a negociaciones antes de diálogo sobre guerra en Ucrania

Estados Unidos dijo estar abierto a negociar su plan para poner fin a la guerra en Ucrania, que Kiev y sus aliados cuestionaron, antes de unas conversaciones el domingo en Suiza para discutir la iniciativa.


El gobierno estadounidense presenta ahora este documento de 28 puntos como "un marco para las negociaciones", cuyo objetivo es poner fin al conflicto provocado por la invasión rusa de 2022.


Acogido con satisfacción por el dirigente ruso, Vladimir Putin, el plan retoma exigencias de Moscú, como que Ucrania ceda territorio, acepte reducir el tamaño de su ejército y desista de unirse a la OTAN.


8:30

El primer ministro canadiense Carney dice que hablará hoy con Zelenski sobre el plan de paz

El primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó que hablará este domingo con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, mientras asesores de seguridad europeos y de otros países occidentales se reúnen en Ginebra para discutir un plan de paz propuesto por Estados Unidos.


"El seguimiento lo están llevando a cabo nuestros asesores de seguridad nacional. Hablaré con el presidente Zelenski más tarde hoy, simplemente para cerrar algunos aspectos", dijo al margen de la reunión del G20 en Johannesburgo.


8:00

Ucrania ataca una central eléctrica y térmica en la región de Moscú

Los drones ucranianos atacaron este domingo la central de Shatura, situada a unos 120 km (75 millas) al este del Kremlin, según indicó el gobernador de la región de Moscú, Andrei Vorobyov.


"Algunos de los drones fueron destruidos por las fuerzas de defensa aérea. Varios cayeron en el territorio de la central. Se produjo un incendio en las instalaciones, que ahora está localizado", declaró Vorobyov.


LA BRUMA DE LA GUERRA

La revolución de los drones rusos y la alteración del clima, ponen en jaque a las saturadas defensas ucranianas
Rusia ha transformado su forma de hacer la guerra en Ucrania con el uso masivo de drones, forzando a Kiev a adaptarse a una nueva realidad en los frentes y a redefinir sus estrategias defensivas
Periodista Digital. 23 Noviembre 2025

La guerra en Ucrania ha entrado en una etapa completamente nueva, dominada por la presencia constante de drones.


En 2025, se estima que más del 70% de las bajas en ambos bandos son atribuibles a estos dispositivos aéreos no tripulados, según fuentes ucranianas.


Rusia ha mostrado una notable capacidad de adaptación al incorporar tecnologías como los drones Shahed y los FPV (First Person View), que han cambiado radicalmente la dinámica del enfrentamiento.


El uso de drones kamikaze y de reconocimiento ha permitido a las fuerzas rusas atacar infraestructuras clave y concentraciones de tropas a un coste mucho menor que el de los misiles convencionales.


Por ejemplo, un Shahed tiene un coste aproximado de 35.000 dólares, frente a los 2 millones que cuesta un misil Iskander M.


Esta ventaja económica ha facilitado que Rusia pueda saturar el espacio aéreo ucraniano, obligando a Kiev a redirigir recursos hacia su defensa antiaérea.


En los últimos meses, Rusia ha intensificado sus ofensivas con drones de precisión, especialmente en el frente oriental.


La creación de unidades especializadas como el Centro Rubikon y la formación de regimientos dedicados a drones en los distritos militares rusos han permitido una coordinación y efectividad superiores.


La niebla como escudo

En el corazón del invierno ucraniano, donde la niebla se erige como un aliado invisible, las fuerzas rusas han redibujado el mapa del Donbás con avances calculados y letales.


Bajo el mando del economista Andréi Belousov, el flamante ministro de Defensa que asumió en mayo de 2024, Rusia ha fusionado innovación tecnológica y astucia meteorológica para presionar las líneas ucranianas.


En el epicentro de esta ofensiva: el Centro Rubicón, una unidad élite de drones que ha convertido el cielo en un dominio ruso, permitiendo infiltraciones que explotan la bruma como un arma de precisión quirúrgica.


Belousov, un tecnócrata leal a Vladimir Putin y exviceprimer ministro, representa un giro radical en la maquinaria bélica moscovita.


No es un general de campo, sino un arquitecto de la economía de guerra, enfocado en inyectar eficiencia y recursos ilimitados al esfuerzo militar.


Su nombramiento, tras la salida del veterano Serguéi Shoigú por escándalos de corrupción y reveses en el frente, señala la prioridad del Kremlin: transformar el Ministerio de Defensa en un motor de innovación, donde el gasto militar –que ya devora el 6% del PIB ruso– se multiplique sin fisuras.


Analistas occidentales lo ven como una señal alarmante: Belousov no solo abastece al ejército, sino que lo reinventa para una guerra prolongada, integrando inteligencia artificial y producción masiva de drones.


En su discurso inaugural, recogido en el Anuario Militar Ruso 2025, prometió «una base bélica sostenible» que eluda sanciones y eleve la industria de defensa a niveles inéditos.


Bajo su tutela, Rusia ha escalado la producción de vehículos de combate y sistemas antiaéreos, mientras el Centro Rubicón emerge como su joya más afilada.


Fundado en agosto de 2024 por orden directa de Belousov, el Centro de Tecnologías Avanzadas No Tripuladas Rubicón es el cerebro detrás de la «revolución zumbadora» que aterroriza a Kiev.


Esta entidad clasificada, con sede en Moscú y desplegada en los frentes clave, no es solo un taller de drones: es un laboratorio de guerra asimétrica.


Especialistas rusos interactúan con la «industria de defensa popular» –iniciativas civiles que generan ideas disruptivas– para probar y refinar vehículos aéreos no tripulados (UAV).


En sus hangares, se fusiona IA con tácticas de enjambre: drones FPV de fibra óptica, inmunes a interferencias electrónicas y con alcances de hasta 25 kilómetros; municiones en forma de X para bombardeos silenciosos; y sistemas de navegación óptica que burlan radares.


Según informes del Ministerio de Defensa ruso, Rubicón ha aniquilado cientos de vehículos ucranianos, aviones y operadores en Kursk y Donetsk, reduciendo el radio de reconocimiento enemigo a la mitad.


Pero el verdadero genio de Rubicón radica en su sinergia con el clima.


La niebla otoñal-invernal, densa como un sudario sobre Pokrovsk y Zaporiyia, ha paralizado los drones ucranianos, dependientes de visibilidad clara para sus FPV y Shahed mejorados.


Mientras Kiev lucha por adaptar sus sistemas –recurriendo a robots terrestres improvisados–, Rusia ha convertido la bruma en cobertura perfecta para infiltraciones.


Videos filtrados muestran escuadrones rusos –dos o tres soldados en motos, quads o buggies civiles– emergiendo de la niebla como fantasmas, cruzando vías férreas y penetrando barrios sureños de Pokrovsk sin alertar a los sensores aéreos.


El Estado Mayor ucraniano lo admite: «La niebla es el principal problema; los drones no vuelan, y los rusos avanzan», declaró el comandante Oleksandr Syrskyi, culpando al tiempo por la pérdida de tres aldeas en el sur.


UNIDADES DE ÉLITE

A comienzos de 2025, el ejército ruso contaba ya con 41 unidades de ataque equipadas con drones FPV, capaces de llevar a cabo ataques simultáneos y coordinados, en lugar de lanzarlos en oleadas.


La situación en los frentes bélicos ha cambiado drásticamente. Las tropas ucranianas se ven obligadas a no concentrarse ni moverse libremente, ya que cualquier agrupación es rápidamente detectada y atacada por drones. La dispersión y el camuflaje se han convertido en la norma del día. En regiones como el Donbás, las fuerzas rusas han conseguido superioridad en el uso de drones, lo que les permite aislar posiciones ucranianas y cortar sus líneas de abastecimiento.


Ucrania ha reaccionado aumentando la producción de sus propios drones FPV, pero la capacidad industrial rusa y la colaboración con Irán han permitido que Moscú mantenga la iniciativa.


Además, Rusia ha desarrollado sistemas ligeros y portátiles de guerra electrónica para contrarrestar los drones ucranianos, incluyendo jammers montados sobre vehículos y rifles diseñados específicamente para derribar estos dispositivos.


Entre los recientes avances rusos destaca la recuperación de territorios como Kursk, facilitada gracias al uso de drones equipados con cables de fibra óptica que pueden operar incluso en zonas con intensa interferencia electromagnética. Esta innovación ha sido crucial para neutralizar las defensas ucranianas y avanzar en el campo.


Este conflicto ha puesto de manifiesto que la guerra moderna ya no se basa únicamente en la cantidad de tropas o potencia destructiva; ahora es vital innovar y adaptarse rápidamente. Rusia está demostrando una flexibilidad y capacidad para aprender que desafían las nociones tradicionales sobre su ejército.


La revolución impulsada por los drones está reconfigurando por completo la manera en que se libra la guerra, mientras Ucrania se encuentra bajo una presión constante para mantenerse al día en esta carrera tecnológica.


La lucha por el dominio aéreo y terrestre ya no se sostiene solo con tanques y aviones; ahora involucra miles de pequeños dispositivos capaces de decidir el rumbo del conflicto.


Ucrania y Europa se preparan para negociar el plan de Trump, favorable a las demandas rusas

Zelenski ya ha concretado la composición de la delegación ucraniana y hace votos por "avanzar con la mayor celeridad posible para lograr una paz verdadera"


Representantes de Ucrania, EE. UU. y países europeos se preparan para las negociaciones en Ginebra este domingo sobre la base del plan de paz propuesto por Donald Trump, que se alinea con las exigencias planteadas por Moscú e impone a Kiev una serie de concesiones desfavorables, como ceder todo el Donbás a Rusia, sin responsabilidad al país invasor por sus crímenes de guerra.


«En los próximos días se celebrarán consultas con nuestros socios sobre los pasos necesarios para poner fin a la guerra», declaró el sábado el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en un mensaje a la nación. En un decreto firmado el mismo día, designó al jefe de su Oficina Presidencial, Andrí Yermak, como responsable de la delegación que viajará a Suiza. El domingo mantendrá conversaciones con el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, y el enviado especial de Trump para Rusia, Steve Witkoff, en presencia de diplomáticos alemanes, británicos y franceses.


«Nuestros representantes saben defender los intereses nacionales de Ucrania y saben exactamente qué hay que hacer para impedir que Rusia lance una tercera invasión, otro ataque contra nuestro país», subrayó Zelenski, mientras Kiev trata de suavizar el plan que Trump espera que acepte antes del jueves y que podría dejar al país indefenso.


«Esto va mucho más allá de cualquier punto concreto de cualquier documento. Debemos garantizar que en ninguna parte de Europa ni del mundo prevalezca el principio de que los crímenes contra las personas y la humanidad, contra Estados y naciones, puedan ser premiados o perdonados de alguna manera», enfatizó el líder ucraniano el día en que Ucrania conmemoró a las víctimas del Holodomor, una hambruna que fue orquestada por Moscú y mató entre 3 y 7 millones de ucranianos entre 1932 y 1933.


Los líderes de países europeos -entre ellos Pedro Sánchez-, así como Japón y Canadá, saludaron este sábado, con la habitual cautela, el plan estadounidense como base para las negociaciones en una declaración conjunta. Sin embargo, señalaron que el plan debe ser mejorado, destacando su preocupación por la prevista reducción del Ejército ucraniano y su apoyo al principio de que las fronteras no deben modificarse por la fuerza.


En Washington, sin embargo, están convencidos de que Ucrania se enfrentaría a condiciones mucho peores si no acepta inmediatamente el plan estadounidense. «Existe la fantasía de que si simplemente damos más dinero, más armas o más sanciones, la victoria está al alcance», escribió el vicepresidente JD Vance, insinuando que «las personas inteligentes que viven en el mundo real» apoyarían el plan.


«Es una manipulación» que alguien en Ucrania aspire a una victoria total”, comentó Mikola Bieliéskov, un analistas militar destacado. «Nuestros objetivos hace tiempo que son más modestos y se reducen a garantizar que la Federación Rusa no gane. Y para eso necesitamos menos recursos», recalcó.


La idea defendida por Vance de que el plan sería aceptable tanto para Ucrania como para Rusia está abocada al fracaso, advirtió Bieliéskov: «Es imposible preservar la soberanía de Ucrania y al mismo tiempo hacer que el acuerdo sea aceptable para Rusia. Es imposible garantizar que no habrá una nueva guerra reduciendo las capacidades de defensa de Ucrania».


Vladímir Putin tiene razones para creer que su ejército seguiría avanzando en Donetsk si el nivel actual de apoyo a Ucrania por parte de sus socios extranjeros no cambia, señaló el exministro de Exteriores Dmitro Kuleba. Sin embargo, si el país recibe más armas y las sanciones contra Rusia se endurecen, el equilibrio aún podría mejorar.


Europa puede ejercer más presión contra Rusia al finalmente acordar el uso de más de los 180.000 millones de euros de sus activos congelados para apoyar a Ucrania y bloquear las extensas exportaciones de petróleo a través de sus aguas.


Por ahora, dijo Kuleba, Ucrania se enfrenta a una cruda disyuntiva: o «negociar para mejorar partes del plan y luego aceptarlo» o «seguir resistiendo» con la esperanza de que las circunstancias cambien y Putin se vea bajo mayor presión.


La situación en el frente es muy complicada, con combates intensos en Pokrovsk, Kupiansk y la región de Zaporiyia. No obstante, las afirmaciones triunfalistas del liderazgo ruso exageran el alcance de sus avances.


«Los éxitos rusos en el campo de batalla no son inevitables», escribe el Instituto estadounidense para el Estudio de la Guerra, que señala que el Kremlin miente para reforzar sus argumentos de que Ucrania debería ceder terreno en Donetsk aunque las fuerzas invasoras difícilmente puedan apoderarse de la región sin varios años de combates complicados.


Los blogueros militares rusos también desmienten las afirmaciones del comandante, Valeri Gerasímov, de que Kupyansk -importante nudo logístico en la región de Járkov- ha sido capturado. Según ellos, los combates continúan en el centro de la ciudad. Rusia también está trasladando algunas unidades de élite a Pokrovsk, donde el ritmo de avances se ha ralentizado.


Aunque el Ejército ucraniano sufre escasez de infantería y armamento, mientras los civilies sufren bajo bombardeos diarios y apagones masivos, apenas hay indicios de que la defensa esté a punto de colapsar, incluso con el apoyo estadounidense ya reducido a niveles mínimos.


«Mejor un invierno duro que la pérdida de soberanía. Mejor la pérdida total del apoyo estadounidense que entregar 6.000 kilómetros cuadrados y varios cientos de miles de personas del Donbás sin luchar», escribe Max Kolesnikov, veterano que pasó un año en cautiverio ruso. «Mejor seguir resistiendo que abrir la puerta a una ocupación total en un par de años a cambio de la ilusión de paz».


«No retrocederemos de los territorios que llevamos años defendiendo por las intrigas políticas de los líderes estadounidenses y los intereses rusos. Eso sería traicionar a nuestros hermanos que dieron su vida por Ucrania y su integridad territorial», escribió también en X la soldado Yara Chornogus.


Et tu, Brute?
Juan Rodríguez Garat Almirante (R). el debate. 23 Noviembre 2025

Aunque la historia nos dice que Julio Cesar murió en silencio, la magia de Shakespeare —algo bueno tenía que llegarnos desde la Pérfida Albión de nuestros mayores— ha hecho de las palabras que dan título a esta columna, nunca pronunciadas, el paradigma de la traición.


El lector habitual de mis artículos en El Debate, que alguno habrá, pensará que si traigo esto a colación a estas alturas del siglo es para hablar del último plan del presidente Trump para una hipotética paz en Ucrania. Sí, pero no. La traición final de Donald Trump a uno de los aliados de los EE.UU., a un pueblo al que su país dio garantías de seguridad cuando entregó a Rusia sus armas nucleares, no ha sido una sorpresa para nadie. Era uno de los escenarios más probables de su mandato y, aunque solo sea por eso, se queda muy lejos del crimen de Bruto.


El plan de Trump para la paz en Ucrania

¿Morirá Ucrania de esta última cuchillada? Probablemente no. Si el plan de Trump para Gaza encontró el apoyo de toda la comunidad internacional —Ione Belarra aparte, claro— el de Ucrania no ha sido aplaudido por nadie. Ni en Europa ni en los EE.UU. Tampoco por quienes tienen que firmarlo. El presidente Zelenski rebosa amargura: «Este es uno de los momentos más difíciles de nuestra historia. Es uno de los momentos de más presión sobre Ucrania. Ahora Ucrania puede encontrarse ante elecciones muy difíciles. O perder la dignidad o arriesgarse a perder a un aliado clave.» Pero ni siquiera Putin, que objetivamente es el gran beneficiado, ve en el plan otra cosa que una «base para un acuerdo de paz definitivo».


En realidad, si ni uno ni otro se atreve a rechazar el documento que los EE.UU. han puesto sobre la mesa —una mesa, conviene reiterarlo a pesar de que ya nos vayamos acostumbrando, en la que no está Europa— es porque ambos preferirían que lo haga el otro. ¿Quién querría ser la víctima de la enésima rabieta de Donald Trump?


Permita el lector que, para completar lo que lee en otros artículos en los que se da por supuesto que Putin aceptará las generosas condiciones que propone Trump, le aporte la perspectiva rusa publicada hoy en el Izvestia, el órgano del régimen. «Ya es evidente» —escribe el autor de un largo artículo de análisis, sometido desde luego a la aprobación del Kremlin— «que el plan de Trump no aborda uno de los objetivos declarados del Consejo Militar Conjunto: la desmilitarización de Ucrania». Su queja está justificada: los 600.000 efectivos que se imponen como límite máximo para el futuro Ejercito de Kiev son más del doble de los que Ucrania tenía en 2022. «Tampoco se menciona ninguna restricción a los misiles de largo alcance desarrollados por Ucrania…» —cuya existencia, por cierto, rara vez reconoce Moscú en público— «En este sentido, Moscú, como parte vencedora, podría exigir revisiones del documento».


Supongo que la censura del Kremlin habrá prohibido al analista mencionar un asunto todavía más complejo, el de las regiones de Jersón y Zaporiyia, oficialmente tierra rusa parcialmente ocupada por Ucrania. Pero Putin tiene paciencia. Si algo parece claro es que, con el paso del tiempo, Trump se ha ido alineando más y más con las exigencias del viejo agente de la KGB hasta llegar a exigir condiciones que casi suponen la rendición de Ucrania a cambio de, en esencia, un papel que renueve las vanas promesas del Memorando de Budapest. Siguiendo la misma dinámica, si yo fuera el dictador ruso, malvado como él, esperaría a que se acercara todavía un poco más y aceptara ser el palmero del acto de la rendición que Putin de verdad desea, la incondicional.


El regreso del derecho de conquista

Con todo, la cuchillada que justifica el título de este artículo, la que de verdad rememora la tragedia shakespeariana, no es la que pone contra las cuerdas a un pueblo valiente, como el ucraniano. Es la que mata el sueño de los pueblos de la tierra que, en el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas, se declaraban «resueltos a preservar a las generaciones sucesivas del flagelo de la guerra». Para hacer realidad ese sueño, una generación de políticos mucho mejores que los de ahora habían consagrado la integridad territorial de las naciones. Nadie, desde entonces, había visto reconocidas sus conquistas, algunas tan antiguas como las israelíes de la Guerra de los Seis Días.


Esta traición a la humanidad, en la que Trump se ha hecho cómplice de Vladimir Putin, es la que me hace increparle desde estas páginas, bien que añadiendo algún término que no encaja del todo en el elegante estilo de William Shakespeare: «¿tú también, pedazo de bruto?»


Trump y su incomprensible amor por Putin con un plan de paz que huele a rendición
Ignacio Foncillas. el debate. 23 Noviembre 2025

La paz que propone Trump sería una salida semi-honrosa a un error estratégico que el Kremlin arrastra desde 2022


Donald Trump vuelve a la carga con su enésimo «plan de paz» para Ucrania y, como era de prever, huele a rendición por los cuatro costados. Realismo crudo, sí; hartazgo estadounidense, también. Pero sobre todo es una humillación en toda regla para Kiev, un desprecio olímpico a Europa y, lo más llamativo, una condescendencia inexplicable hacia la tiranía de Vladimir Putin.


Y aun así, ni con esas le va a valer. Porque al coronel del KGB no le interesa la paz: le interesa ganar tiempo y seguir sangrando a Occidente hasta que nos cansemos de pagar la fiesta. Una vez más, el zar dejará al magnate naranja compuesto y sin novia.


El contenido real del plan: cesión, limitación y sumisión

Más allá de los cantos al sol sobre comisiones internacionales, promesas cuya ejecución depende de Bruselas y fantasías de rehabilitar a Rusia en el G7, el plan de Trump se sostiene en una lógica simple: reconocer como ruso el territorio ganado por la fuerza, reducir drásticamente el tamaño de las fuerzas armadas ucranianas, impedir la entrada de Ucrania en la OTAN y sustituir esa garantía por un compromiso estadounidense impreciso y poco fiable, no muy distinto del que se ofreció a Kiev en los años noventa cuando se le convenció de entregar su arsenal nuclear.


La escenografía del anuncio repite el guion de Gaza: un plan sesgado, un ultimátum y una amenaza. En Gaza era soltarle la correa al dóberman israelí; en Ucrania es cortar el suministro militar y logístico. Los detalles, pasado el alto el fuego y el cese de hostilidades, son igual de vagos y su implementación más que cuestionable. Todo ello se anunció, por cierto, justo después de uno de los mayores escándalos de corrupción de la Administración Zelenski, lo que difícilmente puede considerarse casualidad.


¿Ceder territorio? Una historia complicada

Muchos interpretan la cesión territorial como una humillación intolerable para Ucrania, pero la realidad histórica es bastante más matizada. Las zonas hoy ocupadas por Rusia fueron tradicionalmente rusoparlantes, pero eso no las convierte en 'ruso-históricas'. En su mayoría eran tierras escasamente pobladas hasta el siglo XIX, repobladas gracias a colonos europeos —incluidos británicos, como el industrial galés que fundó Donetsk en 1869— y convertidas en regiones rusófonas sólo tras las repoblaciones forzosas que siguieron al Holodomor de Stalin, una de las atrocidades más brutales del siglo XX.


La obsesión de Putin por estas regiones bebe más del mito que de la historia. Si aceptamos el origen común en el Rus de Kiev del siglo IX, sería más correcto afirmar que gran parte de la Rusia moderna se asienta sobre territorio históricamente ucraniano. Pero esa verdad no cabe en la ficción patriótica que Putin ha cincelado cuidadosamente en la conciencia rusa. Precisamente por esa construcción ideológica, el plan de Trump difícilmente será aceptado en Moscú, incluso si Zelenski decide comerse el sapo.


Europa, el (no) invitado en la habitación

Si la Unión Europea tuviera peso geopolítico real —y no sólo vocación moralizante— esta semana sería una ocasión extraordinaria para demostrarlo. Más de diez de los dieciocho puntos del plan de Trump dependen de la aprobación, apoyo o colaboración activa de Bruselas. Sin embargo, nadie pensó en consultar a Europa. Normal: ¿para qué consultar a una pandilla de burócratas que sólo saben sancionar, sermonear y gastar el dinero de los contribuyentes?


Paradójicamente, esta exclusión abre una oportunidad para que la UE se reenganche a la partida. Y debería hacerlo: a diferencia de Gaza, Ucrania es un asunto existencial para la seguridad europea. Limitar el Ejército ucraniano trastoca por completo la estrategia europea del «puercoespín». Un plan que tanto gusta a Varsovia y los bálticos: un país lleno de minas, misiles y soldados enfadados que haga prohibitivamente caro cualquier nuevo paseo ruso. Pero me temo que en Bruselas están demasiado ocupados discutiendo sobre el género del ángel de la guarda como para darse por aludidos.


Sospecho que estas sutilezas estratégicas son irrelevantes. Porque incluso si Europa y Zelenski aceptaran el plan, faltaría el voto de Putin.


Putin no puede aceptar la paz… porque teme a su propio pueblo

Rusia ha demostrado en tres años que no puede ganar esta guerra sin una movilización total que pondría en peligro al propio régimen. Putin ha evitado decretar la conscripción universal, prefiriendo nutrir el frente con jóvenes de regiones pobres y con reclutas de prisiones y suburbios. Tocar a la clase media moscovita sería suicida. Para obtener una victoria decisiva tendría que estrangular aún más una economía ya sostenida con alfileres.


La paz que propone Trump sería una salida semi-honrosa a un error estratégico que el Kremlin arrastra desde 2022. Pero para Putin, la paz es más peligrosa que la guerra. El regreso de más de 700.000 soldados, hartos y armados, y muchos de ellos traumatizados con serios problemas físicos y psicológicos, aumentaría drásticamente la presión social. Tras años en el congelador, volverían las demandas domésticas, la exigencia de responsabilidades y las tensiones dentro de una élite que ha visto cómo sus vidas y fortunas se evaporaban por el aislamiento internacional. Para el régimen, la paz sería gasolina sobre brasas aún calientes.


El baile imposible

Tras recibir repetidas calabazas, Trump vuelve a llamar a la puerta de Putin y le ofrece un plan hecho casi a medida. Pero incluso si Zelenski y los europeos aceptaran la humillación, es muy improbable que el sátrapa ruso se preste al juego. Putin optará por prolongar la guerra de desgaste.


Porque eso es lo que siempre ha querido: no la victoria total (que no puede conseguir), sino tiempo. Tiempo para que Europa se fracture, para que los americanos miren a otro lado y para que el contribuyente occidental se harte de pagar facturas de una guerra que nunca pidió. Prefiere la incertidumbre y la sangre a corto plazo antes que exponerse al juicio interno que llegaría con una paz inestable.


Y así, una vez más, dejará a Trump —como dejó a Obama y a Biden en su día— ante el mismo dilema: más apoyo a Ucrania genera miedos en las elites temerosas de una Rusia nuclear. Cortar el flujo, sobre todo si Zelenski se humilla, tendría costes electorales, por no hablar de los estratégicos. Y nos quedamos en la esquina en la que Biden se vio arrinconado. ¿Cuánto va a durar el apoyo a Ucrania? «As long as it takes».


Putin no quiere paz. Quiere tiempo. Y Trump insiste, incomprensiblemente, en bailar con una pareja que no le quiere.


El heroico Trump ayuda al indefenso Putin contra el invasor Zelenski
Federico Jimenez Losantos. libertad digital. 23 Noviembre 2025

Trump quiere celebrar la Navidad impidiendo que María y José puedan huir a Egipto y salvar al Niño Jesús. En otra obscena exhibición de cobardía disfrazada de compasión, ha decidido, en conciliábulo consigo mismo y un par de cariátides de su equipo, que Ucrania entregue sin lucha al invasor Putin una parte del territorio que no ha podido ocupar y todo el que ha ocupado ya. Y una vez hecha la paz, según el modelo Munich 1938, lo celebrará en Times Square con Melania, un tedeum y una buena cogorza, porque esta gran hazaña de ayudar al fuerte a machacar al débil lo merece. Ya de paso pueden brindar por el alma de los Estados Unidos de América como potencia global y por la Unión Europea, también de cuerpo presente.


Paz por territorios y territorios por el Nobel de la Paz

Al parecer, Trump sigue molesto, y con él su corte de chambelanes y agradaores, por la concesión del Nobel de la Paz a María Corina Machado. Así que para asegurarse el del año que viene ha decidido presentar ya su candidatura, y qué mejor que en vísperas de navidad. No es la primera, la segunda, ni la tercera vez que lo intenta, siempre con ese Oscar al mejor actor secundario en el horizonte y con la misma fórmula: al invasor ruso se le premia con una parte de lo conquistado y al invadido se le castiga con la amputación de todo lo perdido y alguna otra zona más, para redondear el mapa, como cuando las potencias se repartieron el África en colonias, con regla, escuadra y cartabón, y así salieron de rectas las fronteras, que luego, ay, se han ido deteriorando, de guerra fronteriza en guerra fronteriza.


Hasta ahora, todas, absolutamente todas las promesas de Putin a Trump han sido traicionadas por el déspota ruso, pero tras varios bufidos, amenazas, trenos y trinos, el presidente naranja, hinchado de vanidad, ha vuelto siempre a surcar los cielos de la humillación y la rendición ajenas. Zelenski se ha negado en todas las ocasiones a aceptar los planes urdidos en la Casa Blanca y respaldados por el Kremlin, o viceversa, y como todas las pruebas de buena voluntad que Washington ha pedido a Moscú se han saldado con rotundos fracasos, lo que, según lo que vamos sabiendo, se va a intentar es que Zelenski se rienda preventivamente ante Trump para que éste entregue al vencido, apuñalado por la espalda por su presunto aliado, en brazos del vencedor, que no ha podido serlo en el campo de batalla en más de tres años, pero que puede serlo en los despachos del fatuo Trump.


El cadáver de Ucrania sería uno más entre los restos de la UE

Pero, aunque el cadáver descuartizado de la heroica Ucrania sea el que anuncie en las fotos Trump, la que saldría muerta de esta traición sería la Unión Europea, cuyas minúsculas reformas, fatuos alardes y modestos compromisos presupuestarios para dotarse de una defensa propia, capaz de defender a los países miembros y sus aliados, quedan en absoluto ridículo.


Ante el proyecto de Trump, que su estilo zafiamente matonesco ha dado hasta el jueves a Ucrania para aceptarlo, diversas asociaciones de países, todas ellas inoperantes y en la que destaca el G20, que se solapan con la UE, la OTAN y similares, han publicado un documento en el que condenan que la ruptura de fronteras e invasión de territorios por parte de un país -sólo falta decir: "cuya capital sea Moscú", no puede ser aceptado en ninguna circunstancia. Lógico, porque sería una llamada de la UE a ser invadida por Putin. Como ese es exactamente el caso de la nueva propuesta norteamericana, idéntica a las anteriores de Trump, se supone que ahora pasará lo habitual: Zelenski se refugiará en sus socios europeos para pedir garantías contra Putin y presión a los USA, y como esas garantías son las que nunca ha cumplido Putin ni pretende cumplir, Trump atacará a la UE, la insultará, la ridiculizará y, finalmente, le hará caso y cancelará su plan.


Podría darse el caso de que Zelenski aceptara el plan norteamericano, que sería aceptar su derrota. Sus palabras primeras fueron: "nos dan a elegir entre la indignidad o perder a uno de nuestros aliados más importantes". No es, sin embargo, la primera vez que el presidente ucraniano gana tiempo y deja que se pudra la nueva traición de Trump, tan alevosa como las demás. Esta tiene la peculiaridad de que anunciar el reconocimiento de Crimea, el Donestk y otras regiones no tomadas por Putin, como legítimamente rusas. La diplomacia de Trump completaría así la tarea que los tanques rusos no han podido llevar hasta el final en tres años y medio de salvaje agresión.


No hay garantías con Putin, Ucrania puede seguir resistiendo


Algunos, como Enrique Navarro en este reciente artículo en LD, creen que es la última posibilidad para Ucrania de asumir una derrota indudable pero limitada, y que la alternativa es la eternización de la guerra, ya que es seguro que Putin no dará marcha atrás. Aunque muy popular, más que la resistencia, nunca he creído en el argumento de la eternidad de Putin o de sus planes de anexión. Tampoco por qué piensan que la paz de Trump podría ser duradera, cuando Putin no ha cumplido ninguno de sus tratados, ni porqué todos los ucranianos respaldarán a Zelenski si se rinde. Uno tiene la impresión de que se disfraza de piedad el hartazgo con una guerra cuyas imágenes siguen estropeando los telediarios. Y que esa molestia continuará.


Españoles: Franco ha muerto, Sánchez sigue vivo
Es un autócrata dispuesto a todo antes de renunciar al poder

Jesús Cacho.. Vozpópuli. 23 Noviembre 2025


20 de noviembre de 1975. Alguien llamó a nuestro piso en Rosalía Trujillo, 13.000 pesetas mes de alquiler, una perpendicular a José del Hierro, barrio de la Concepción arriba. Alguien del partido. “El Partido” era entonces el Partido Comunista de España, el PCE, el único que había hecho oposición al franquismo desde aquel famoso “cautivo y desarmado” del año 39. Que había que buscar un lugar seguro para dormir esa noche. Que ningún militante se podía quedar en casa. Miedo a que alguien llamara a la puerta a las 4 de la mañana y no fuera el lechero. De modo que a Áurea y a mí no se nos ocurrió mejor idea que irnos a esconder a Pedraza, Segovia. Recuerdo vivamente aquel bar en la plaza del pueblo, la televisión en blanco y negro, las colas de gente desfilando ante el cadáver del Caudillo en Madrid y los pedrazanos, como distraídos, jugando a la brisca aparentemente ajenos al drama que vivía España. Y aquellas escaleras de madera vieja subiendo a una habitación destartalada, mantas para combatir el frío, paredes encaladas y una bombilla amarillenta colgando solitaria del techo desnudo. Y los recuerdos de un niño crecido feliz en Villarmentero. La España pobre que se comía los mocos. El hambre que asaltaba a tantos después de la Navidad, cuando se agotaba la soldada del agostero. Los años con los Dominicos de Corias. El instituto Jorge Manrique de Palencia. Náutica en la Plaza Palacio de Barcelona. El descubrimiento de otros mundos, el cuestionamiento religioso, el despertar a la política. Periodismo en Capitán Haya de Madrid. Filosofía en la Complutense. Y el ansia de libertad. La esperanza, el sueño de un futuro mejor, la argamasa que mantenía unidos a los miembros de aquella célula del PCE que, en lugar de irse al cine con la novia, se reunía en secreto los domingos por la tarde para, a las órdenes de Nati Gálvez, debatir las encíclicas que el camarada Carrillo enviaba desde París a través de “Mundo Obrero”.


Todos dejamos "El Partido" tras el referéndum que ratificó la Constitución del 78. Todos emprendimos caminos más o menos liberales, excepción hecha de José María Barreda que se apuntó al socialismo. Al PSOE que nunca existió. "Cien años de socialismo y cuarenta de vacaciones", recitábamos con sorna. Creo que fue en el 73 cuando el Partido exigió a sus militantes que se identificaran como tales en sus lugares de trabajo o estudio. Y aquella clase de Historia Moderna en la Complu y aquel profesor que extrañamente me daba carrete, "tienes cinco minutos" me decía de tapadillo, y entonces uno, nervioso y atropellado, lanzaba su soflama ante un aula repleta que abría la boca como aturdida por el atrevimiento. Años después, aquel profesor apareció ufano investido de su condición de diputado socialista en el Congreso. No fue capaz en vida de Franco de un mísero guiño, un gesto de complicidad. Los socialistas no existían. El PSOE era un perro viejuno que dormitaba en las lindes de la Francia del exilio, sin la menor incidencia en aquella España que crecía, se desarrollaba, y casi todo lo consentía excepto que te metieras en política. "Hijo, no te metas", me decía mi madre. "Haga usté como yo, no se meta en política" decía Franco a sus ministros. Luego, en fecha reciente, han aparecido antifranquistas como setas en otoño. Todos mienten como bellacos. Recuerdo, primeros setenta, un tema de discusión propuesto por Carrillo a la militancia: había que trabajar "para hacer posible la aparición de un Partido Socialista fuerte, capaz de participar en el juego democrático a la muerte de Franco". Había que buscar socialistas bajo las piedras. Siguen presumiendo como cabrones de una oposición que nunca hicieron porque jamás estuvieron.


Por eso quieren ahora ganar una guerra que perdieron y una dictadura en la que se escondieron como conejos. Muchos de los militantes del pecé no aceptaron, no aceptamos, de buen grado las concesiones que el partido se vio obligado a realizar a cambio de su legalización, 9 de abril de 1977. Tardamos en darnos cuenta de que Santiago Carrillo, tan controvertido en tantas cosas, había prestado un servicio histórico a España aceptando las reglas de juego democrático y, tanto o más importante, desmontando aquel ejército clandestino que era el PCE. Porque sin el PCE no hubiera sido posible la Transición. La tarea que emprendieron Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda y el rey Juan Carlos. Las luces largas de un Monarca sin cuya determinación para traicionar los Principios Fundamentales del Movimiento que había jurado guardar no hubiera sido posible el mayor periodo de paz y prosperidad de que han gozado los españoles en su Historia. Ellos y Santiago Carrillo. "Fue la sociedad española quien decidió el camino", escribe Ignacio Varela. Falso. Fueron mayormente cuatro. Los citados. El resto nos acoplamos. Nos dejamos ir en el río de la vida. Millones de españoles pasaron directamente de la Plaza de Oriente a la Casa del Pueblo dispuestos a votar al PSOE. Esta ha sido una democracia sin demócratas, algo que explica el triste horizonte que ofrece hoy esta querida Españita nuestra. Aquellos cuatro dieron pie al milagro de la reconciliación, prodigio asombroso si tenemos en cuenta que una amplia mayoría seguía vitoreando al Caudillo la víspera de su muerte en La Paz rodeado de tubos. Javier Cercas, especie de gurú sanchista, ha escrito en El País que “el antifranquismo era robusto a la muerte de Franco, aunque no lo bastante para imponerse al franquismo”. Mentira cochina. La multitud que llenó la Puerta del Sol la noche de la detención de Carrillo, 23 de diciembre de 1976, no llegaba a las 10.000 personas. Eso era todo. Todo el PCE. Cuatro gatos, no había más. El PSOE era entonces un grupito de pijos comiendo tortilla bajo una encina sevillana. El dictador murió en la cama, probablemente de aburrimiento.


"El Abrazo", el icónico cuadro que Juan Genovés pintó en 1976 duró apenas un suspiro, lo que tardó en consumirse el primer Gobierno de Felipe González. La crisis de 1993 —un millón de trabajadores a la calle— ocurrida tras los fastos del 92, vino a poner en evidencia la presencia de grietas en un sistema que daba alarmantes síntomas de agotamiento prematuro. Algunos, los menos, llegaron ya entonces al convencimiento de la necesidad de una reforma integral del mismo (los problemas de la democracia se resuelven con más democracia), so pena de dejarlo morir por inanición. Se trataba de "un sistema nucleado en torno a un eje compuesto por Jesús Polanco abajo, Felipe González en el centro y el rey Juan Carlos arriba, al que ya se había incorporado lo más granado del capitalismo español, principalmente la gran banca, los March, los Ybarra, los Botín…" El caso de Polanco ilustra el drama de unos medios de comunicación carentes de verdaderos empresarios vocacionales, sustituidos por simples pillos dispuestos a enriquecerse al lado de las grandes fortunas. Los ricos del lugar habían descubierto que era más fácil hacer negocios a la sombra del poder político que en la soledad del libre mercado y ahí siguen, rindiendo pleitesía a un piernas como Pedro Sánchez. Habían nacido los Florentinos. "El negocio de la libertad" (Editorial Foca) o el relato de quienes hicieron de la libertad un negocio. El viejo desdén por la libertad a secas de unas elites carentes de dimensión ética, que siguen haciendo buena esa ausencia de hombres de Estado que denunciaba Azaña o de minorías selectas que lamentaba Ortega. Si este país hubiera dispuesto de una sociedad civil fuerte y de unas elites —en lo político, lo económico-financiero y lo social— acostumbradas a vivir en democracia, tendrían que haber puesto ya entonces manos a la obra en el reseteo de la Constitución para haber corregido lo obvio, una vez desaparecida la excusa del golpe militar. Nada se hizo. A nadie convenía ya. Nuestro “régimen de partidos”, PSOE y PP, con la guinda del Rey trincón coronando el pastel y los nacionalismos de derechas catalán y vasco en su papel de monaguillos abusadores (además de traidores), habían ya decidido seguir chupando de la ubre del sistema hasta rendirlo por agotamiento. Para entonces, nuestro “Estado de Corrupción” había ya echado profundas raíces.


En el capítulo de desgracias patrias hay que apuntar las dos mayorías absolutas de las que dispuso la derecha democrática para haber cambiado la suerte del país poniendo rumbo hacia una España liberal, ambas lastimosamente desaprovechadas tanto por el soberbio Aznar como por el insolvente Rajoy. Nada, en cualquier caso, comparable a la aparición en escena en marzo de 2004, tras la mayor masacre de nuestra historia reciente, derrota resignadamente aceptada por un silente Juan Español, de un disminuido apellidado Zapatero que se propuso, antes de corromperse apadrinando dictadores, la hercúlea tarea de reescribir la historia del último siglo ganando una contienda que la izquierda perdió en el campo de batalla y arramblando con la reconciliación entre vencedores y vencidos, quizá el acto de mayor altura moral que registra la entera historia de España. Y ahora, un sinvergüenza sin ideología conocida, al frente de las mismas siglas, pretende rematar la faena devolviendo la nación a las trincheras de la guerra entre hermanos, dinamitando España y "multiplicando el número de sus agonías" (Borges, El Aleph). Especialista en perder elecciones, este Sísifo de puticlub sabe que su sola opción, la única manera de superar la ingente montaña de la corrupción familiar que le ahoga, su corrupción, consiste en volver a percutir en la división entre españoles, acentuando la polarización, insuflando odio entre hermanos y sacando a pasear el cadáver de Franco cada vez que se encuentra en apuros.


Calificaba esta semana el diario gubernamental de Joseph Oughourlian y Martínez Ahrens (peor que el de Pepa Bueno, que ya es decir) de "etapa oscura y vengativa" al franquismo, "aquel sanguinario régimen" (sic). Para sanguinario, el régimen de los ayatolás iraníes: más de mil penas de muerte en la horca cada año a disidentes políticos. O, sin necesidad de ir tan lejos, los más cercanos de la Cuba de los Castro o la Venezuela de los Chávez y Maduro. Incluso esa República Dominicana donde la banda de Sánchez esconde su pasta. "El franquismo no fue capaz de resolver ninguno de los grandes problemas históricos planteados en España", se leía también en la editorial de Pepe Ogurlian. Lo intentó la Transición, y durante muchos años dio la impresión de haberlo logrado. El más importante de todos: la convivencia entre españoles acostumbrados a matarse cada cierto tiempo con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados. Fue el intento más serio de acabar con las célebres "Dos Españas", de reconciliar esa España "en dos partes dividida / tengo el alma en confusión: / una, esclava a la pasión, / y otra, a la razón medida", empeño que los Gobiernos socialistas de Zapatero, primero, y de Sánchez, ahora, se han propuesto destruir, con la eficaz colaboración del Grupo Prisa, mediante la atroz polarización de la sociedad. “Nos conviene que haya tensión”. Se queja Lo País del "auge de la extrema derecha cincuenta años después de la muerte del dictador". De la extrema derecha y de la extrema izquierda. Toda la izquierda española es extrema ahora, una izquierda que, arriadas las banderas del progreso y la libertad, se ha metamorfoseado en ese engrudo apestoso de lo woke, lo climático, el género y demás basura ideológica enemiga mortal de la libertad, porque a esta izquierda lo que realmente le mete miedo es la libertad. Caminamos aceleradamente hacia una nueva tiranía. La reacción del sanchismo a la reciente condena por el Tribunal Supremo del Fiscal General del Estado —en realidad una condena al propio Sánchez, puesto que fue él quien alentó la operación política destinada a destruir a la presidente madrileña Isabel Díaz Ayuso— ha encendido todas las alarmas entre la ciudadanía. Sánchez es un autócrata dispuesto a todo antes de renunciar al poder, y no se irá por las buenas, incluso perdiendo unas generales. Como diría el triste Arias Navarro: Españoles, Franco ha muerto pero Sánchez sigue vivo.


Los demócratas españoles no parecen tener más opción ahora mismo que la del voto mayoritario a cualquiera de las opciones de la derecha, en la esperanza de que ambas sean capaces de llegar después a algún tipo de acuerdo para la formación de un Gobierno dispuesto a abordar ese ramillete de reformas imprescindibles para luchar efectivamente contra la corrupción —la plaga de nuestro tiempo—, liberalizar la economía y sanear las instituciones. Un acuerdo con la obligación moral de incorporar al mismo a la izquierda democrática, lo cual implica apoyar la recuperación del mejor PSOE, tan lejos de este PSOE que, en palabras de Alfonso Guerra, "está en manos de bandidos y macarras, verdaderamente una banda que parecen Los Soprano". Como en los años setenta, vuelve la prédica de Carrillo a la militancia del PCE sobre la necesidad de trabajar en la recuperación de un partido socialista fuerte, porque la imprescindible reforma de la Constitución, cuyo fin último no puede ser otro que el de asegurar otros 50 años de paz y progreso, de convivencia cívica entre españoles, no será posible sin un amplio consenso entre la derecha y la izquierda democráticas. Valgan como epílogo las brillantes palabras pronunciadas el viernes por Felipe González con ocasión de la imposición por S.M. el rey Felipe VI del Toisón de Oro a los “padres de la Constitución” que siguen vivos, ceremonia a la que no asistió Sánchez, que va de suyo, ni Abascal (Santiago, con afecto, ¿quién te recomienda estas patadas de mulo manchego? ¿Qué queda en este Vox de aquel Vox capaz de ilusionar a tanta gente?): "Recuerdo las lágrimas en silencio de los jefes de Estado Mayor republicano y de los que procedían del Régimen en un acto conjunto que presidí. Tengo clavada en mi memoria su súplica: 'que nunca más se vuelva a repetir'. La confrontación como principio es dañina para todos los pueblos, pero ha demostrado serlo en su grado más extremo para el nuestro. Por eso, en este tramo final de mi vida, se acentúa en mí la convicción profunda de que el cometido más importante que tenemos los españoles es preservar a toda costa esta paz civil, un marco de convivencia pacífica, que sea libre, ampliamente mayoritario y duradero. Eso es lo más trascendente para el bienestar colectivo".


La crisis como proyecto
Rafael Nieto. gaceta. 23 Noviembre 2025

Con su lucidez habitual, Fernando Paz explicó hace unas semanas en Bipartidismo Stream que la crisis institucional no es un fallo del sistema, sino el sistema mismo. Que esta absoluta cochambre, este caos general, esta ausencia de orden y de mando, esta anarquía en la que vivimos desde hace años no es una desgracia sobrevenida, sino una especie de hoja de ruta, todo un proyecto político diseñado desde el principio. ¿Para qué? Para acabar con la nación, sin duda alguna; y de paso, para acabar con cualquier atisbo de soberanía residente en el pueblo español.


La condena al ya ex fiscal general del Estado, Álvaro G. Ortiz, hubiese supuesto la inmediata caída del Gobierno si hubiese ocurrido en aquellos años de la transición (y posteriores) en que las instituciones públicas aún conservaban el decoro que les es propio; los años en que los partidos todavía no habían usurpado la totalidad de las funciones esenciales del Estado. Los años en que, por ejemplo, un ministro del PSOE llamado Antonio Asunción dimitió tras la fuga del que fuera director de la G. Civil, Luis Roldán, condenado por corrupción. Había sinvergüenzas también, por supuesto, porque no es posible el socialismo sin la inmoralidad, pero al menos existía la conciencia de que no todo valía. De que había límites.


La España actual es un lugar donde no hay límites a la chaladura, ni a la golfada, ni a la corrupción. Es una nación donde ya es imposible que los gobernantes dimitan por graves que sean los escándalos y los crímenes que cometan. Es una nación tan acostumbrada a la sinvergonzonería que ni siquiera la primera condena de un fiscal general del Estado en la historia de España provoca la más ínfima marejada en el Gobierno. Nadie se espanta ya de nada porque en realidad lo hemos visto casi todo. Y hemos asumido (probablemente sin pararnos mucho a pensar en ello) que solamente las urnas tienen el poder de desalojar a un tirano.


Provoca un escalofrío de cierta intensidad considerar que el hasta ahora fiscal general del Estado, un cargo que está obligado específicamente a defender el imperio de la ley, sea un vulgar delincuente, dedicado en este caso a la pura lucha partidista, como si fuese un becario de Ferraz. Uno se pregunta de dónde salen estos personajes, cómo logran escalar en sus carreras profesionales, a cuánta gente han tenido que engañar, o confundir, o sobornar, para alcanzar un puesto para el que no estaban en absoluto capacitados. Un puesto que nunca debería estar disponible para un corrupto ni para un delincuente, porque de ello dependen la libertad y la seguridad de millones de personas.


Pero volviendo al análisis de Fernando Paz, todo se entiende mucho mejor (aunque sea también más doloroso) si se observa esta situación como lo que realmente es: la demolición progresiva y sistemática de la nación española, empezando por sus principales instituciones públicas. Tras el asalto ignominioso a la televisión pública y a los más altos tribunales, violar impunemente la Constitución colando una vergonzante amnistía para unos golpistas, cerrar el Parlamento con la excusa de una pandemia, profanar los cadáveres de quienes pensaban distinto, y un larguísimo etcétera de delitos y crímenes nunca antes vistos. Hacer, en definitiva, de una nación fuerte y de un Estado poderoso lo más parecido a un país bananero y a un Estado fallido donde los trenes se quedan parados en mitad del campo y ni siquiera el suministro eléctrico está garantizado.


Sánchez había diseñado un programa completísimo de actos para conmemorar los cincuenta años de la muerte de Franco. Dicen que ese programa ha quedado al final prácticamente en nada. Puede que sea, sin duda, una muestra más de incompetencia e ineptitud. Pero también puede ser el reconocimiento inconsciente de que aquel a quien han querido mancillar, profanar y ultrajar incluso en su tumba, era mejor que ellos en todo. Que aquella España que ellos deploran e insultan era la nación grande y próspera que en ningún momento han podido igualar, ni mucho menos superar. Una España reconocible, y no el esperpento infame en que la han convertido.


Una política de gasto imprudente
El Gobierno ha sentado las bases de la próxima crisis con despilfarro en época de récord de ingresos fiscales. Cuando la inflación y el efecto de los fondos europeos se disipe habrá un enorme agujero fiscal
Daniel Lacalle. Madrid. la razon. 23 Noviembre 2025

El Gobierno de Sánchez ha elevado un 8,5% el techo de gasto hasta los 212.000 millones para 2026. Es una auténtica barbaridad. Como siempre, sientan las bases de la próxima crisis con despilfarro en época de récord de ingresos fiscales. Luego culparán al próximo de los «recortes».


En cuanto a la regla de gasto, la tasa de referencia nominal para 2026 es del 3,5%. En 2027, será del 3,4% y en 2028, del 3,2%. Con una recaudación en máximos históricos por asfixiar a los españoles a impuestos y lucrarse con el impuesto inflacionario al negarse a deflactar la subida del IPC, y un coste de la deuda que se ha elevado de 29.000 a 42.000 millones de euros, lo responsable y lo prudente sería tener equilibrio presupuestario o incluso superávit. Chipre, Dinamarca, Grecia e Irlanda presentan superávit presupuestario en las estimaciones de la Comisión Europea desde 2025 hasta 2027. El Gobierno de España está haciendo lo mismo que hizo Grecia antes de la crisis: disparar el gasto y empleo público en época de bonanza, y dejando una bomba de relojería al que venga detrás.


Un déficit primario del 2,7% del PIB en 2027 con la recaudación en máximos históricos y el viento de cola de los fondos europeos es una enorme irresponsabilidad y la receta de la ruina. En todas las ratios que presenta el Gobierno, el único factor de reducción es el denominador, por dopar el PIB con inmigración y más inflación. Es decir, te empobrecen por el numerador y el denominador.


La comparación con Portugal y Grecia demuestra que España no crece, se endeuda, y que es mucho peor en reducción de desequilibrios. Hasta con las estimaciones benignas de la Comisión Europea, en 2027 seguiremos teniendo la mayor tasa de paro oficial de la UE, 9,6%. Grecia demuestra que reduce más los desequilibrios fiscales y el paro sin el truco estadístico del cambio de los contratos de obra y servicio por «fijos discontinuos».


La deuda pública estará, según el Gobierno, cercana al 100% del PIB (en el 97,1%) por puro efecto estadístico: subida del PIB nominal dopado con gasto público, inmigración y más inflación que la media de la eurozona, no por reducción de la cantidad de deuda, que se ha disparado a 2,2 billones en pasivos totales de las administraciones públicas y que supera los 1,7 billones en deuda según protocolo de déficit excesivo.


Por supuesto, el Gobierno hace estimaciones optimistas, aunque es difícilmente creíble que, en un entorno sin fondos europeos, con la inversión extranjera por debajo del nivel de 2018 y con la inversión empresarial casi sin cambios desde 2019, la formación bruta de capital fijo sea el motor de crecimiento económico y crezca un 2,5%.


Que el Gobierno no ha reducido la deuda, sino que la ha aumentado, es un dato. Tanto en términos absolutos como en ratio sobre PIB, la deuda ha aumentado y además el coste de intereses de la deuda se ha disparado de 29.000 a 42.000 millones de euros.


Que el Gobierno no crea empleo es una evidencia cuando el paro efectivo casi no se ha movido desde 2019 de 3,4 millones (incluidos fijos discontinuos inactivos, que ya superan los 730.000) y la afiliación está dopada por 600.000 pluriempleos, empleo público y «afiliados» sin remuneración prácticamente. Por eso la tasa de actividad está estancada en un 59%.


Todos los datos que publica el Gobierno necesitan de más deuda emitida, que los ingresos fiscales sigan creciendo con una población ahogada, que el efecto de los fondos europeos se compense con un aumento brutal de la inversión… El Gobierno juega con fuego


El Gobierno debería haber usado el periodo de récord de turismo y fondos europeos para reducir la deuda emitida, no disfrazar la ratio sobre PIB nominal, para reducir el déficit estructural y desde luego eliminar el déficit primario. Lo que ha hecho es lo que siempre hace el socialismo: disparar los desequilibrios y el gasto en tiempo de bonanza para que luego llegue otro y lidie con el agujero fiscal.


El próximo gobierno se va a encontrar con un agujero fiscal brutal cuando la inflación y el efecto placebo de los fondos europeos desaparezca, pero con un gasto público simplemente descontrolado. O se lleva a cabo la motosierra del gasto en España o el camino a la ruina solo se acelerará. O el próximo gobierno elimina las subidas de impuestos y aumentos de gastos del sanchismo o el centro-derecha desaparecerá, como ha ocurrido en tantos sitios en los que los supuestamente moderados perpetuaron las irresponsabilidades presupuestarias del socialismo.


No hay nada que celebrar de un gobierno que aprueba una media de 6.000 millones de euros de gasto cada semana sin control ni espacio presupuestario y que se vanagloria de dopar el PIB con inmigración y gasto público. En Grecia también decían que eran el motor de crecimiento en 2006-2007. Luego todos sabemos lo que pasó.



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Les llevó en coche Koldo

Sánchez y Cerdán peregrinaron en secreto hasta un caserío vasco, a pactar con el etarra Otegi la moción de censura contra Rajoy
Un lugar remoto, un Toyota Rav4, acuerdos en la penumbra y la reunión se prolongó cerca de tres horas
Mario Lima. Periodista Digital. 23 Noviembre 2025

Pocas cosas tan vomitivas como el pasteleo que la izquierda española en general, y en particular el PSOE, tienen con los herederos ideológicos, sociales y políticos de ETA.


Con los que hoy todavía veneran a los terroristas que, hasta hace poco más de una década, asesinaron a cientos de personas, incluyendo compañeros socialistas como Ernest Lluch o Fernando Buesa.


Este siniestro ‘apaño’ no es un fenómeno reciente: se remonta a los tiempos de Zapatero, quien impulsó negociaciones y acuerdos con la banda terrorista, pero ha alcanzado su culmen bajo Pedro Sánchez, quien depende de los pactos con Bildu para sostener su gobierno y empezó muy pronto: en los prolegómenos de la moción de censura contra Rajoy.


La realidad, como suele ocurrir en política, supera cualquier ficción y esta situación se asemeja a un thriller.


Como relata el periodista Jorge Calabrés en El Español, fue una tarde de primavera de 2018 cuando, el entonces secretario de Organización del PSOE y ahora paradigma del putero nacional, José Luis Ábalos, despachó a dos de sus ‘socios’ de máxima confianza a un encuentro que jamás aparecería en agenda oficial. Pedro Sánchez y Santos Cerdán, aún en la oposición y con la obsesión de desalojar de la Moncloa al popular Mariano Rajoy, tomaron un vuelo discreto desde Madrid hasta Bilbao.


En la terminal de Loiu les esperaba Koldo García, el portero de puticlub que años después saltaría a los titulares por otros motivos, al volante de un Toyota Rav4 negro propiedad del partido.


Los dos líderes socialistas se acomodaron en los asientos traseros: Sánchez detrás del conductor y Cerdán en el lado del copiloto.


Siguiendo las precisas indicaciones que Antxon Alonso —coordinador logístico de la cita— había trasladado por teléfono seguro, Koldo enfiló carreteras secundarias hasta detenerse media hora después frente a un caserío recóndito, envuelto en niebla y silencio.


Allí, en el interior de piedra y madera, les aguardaba el etarra Arnaldo Otegi, acompañado por varias abertzales de su círculo más estrecho.


La reunión se prolongó cerca de tres horas. Se habló de números, de apoyos parlamentarios, de cómo estructurar la moción de censura que cambiaría el Gobierno y la Historia de España.


Y, allí se selló un pacto que desde entonces ha condicionado cada presupuestos, cada investidura, cada legislatura: el precio del poder pasaba, inevitablemente, por la mano tendida a los herederos políticos de quienes habían asesinado a decenas de socialistas. Aquel caserío perdido en el País Vasco fue, en palabras de un testigo que prefiere el anonimato, “el acta fundacional de la gran traición”.


La instrumentalización judicial y los pactos ocultos

La moción contra Rajoy se sustentó en la sentencia emitida por la Audiencia Nacional sobre el caso Gürtel; específicamente, en dos párrafos que describían al PP como «corrupción institucional».


Esos fragmentos, redactados por un juez con inclinaciones socialistas según algunas críticas mediáticas, fueron eliminados en 2019 por el Tribunal Supremo, que los calificó como «opiniones improcedentes».


El Mundo no dudó en calificar esta maniobra como «espuria», acusando al PSOE de tomar control sobre instituciones judiciales para justificar un cambio gubernamental. Desde su retiro, Rajoy mantiene su postura: «No había nadie de mi Gobierno imputado».


Es curioso observar cómo, mientras la opinión pública debatía sobre la ética detrás de esta moción, en oficinas y caseríos se trataban otros temas menos nobles.


El PNV, clave para asegurar los votos necesarios, aceptó ceder sus cinco escaños esenciales a cambio de tres altos cargos en empresas públicas como Correos y Paradores; puestos que Rajoy había denegado previamente.


El propio Andoni Ortuzar, líder peneuvista, reconoció: «Fuimos claros, pero Rajoy subestimó el rechazo social». En las redes sociales se satirizó este intercambio como «venta por pasteles»: cinco votos a cambio de tres sillones.


Además, hubo intentos de presión mediante reuniones con patronales como CEOE y Confebask, aunque resultaron infructuosos. Finalmente, el pragmatismo vasco prevaleció y el PNV se sumó al bloque que apoyaría la censura tras conseguir lo que deseaba.


Koldo, Cerdán y la política de la discreción

El papel desempeñado por Koldo García y Santos Cerdán ha generado investigaciones y controversias recientemente.


No solo por su implicación en tramas paralelas sino también por su habilidad para mantener contactos con formaciones como EH Bildu y negociar bajo estricto secreto.


Según la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, ambos tomaron medidas extremas para asegurar sus comunicaciones; incluso llegaron a utilizar aplicaciones cifradas como Signal para evitar filtraciones. La confidencialidad era tal que afirmaban: “hablamos por Signal” cuando trataban temas delicados.


Cerdán ha emergido especialmente como el gran negociador encubierto del PSOE. Su talento para tejer alianzas discretas ha sido vital para mantener activa la legislatura en momentos críticos; aunque esto ha suscitado recelos entre sus socios e incluso dentro del propio partido socialista.


EH Bildu y el nuevo eje de poder

Para muchos observadores políticos, la participación de Otegi en las negociaciones representó un cambio significativo.


Desde que Sánchez accedió al poder, se ha buscado normalizar las relaciones entre el PSOE y EH Bildu; un proceso siempre rodeado de polémica.


Fuentes cercanas a la izquierda abertzale insisten en que estos diálogos son ahora cosa habitual; sin embargo, las críticas provenientes de víctimas del terrorismo y parte del electorado no han tardado en llegar.


Aun así, es innegable que Bildu ha logrado influir notablemente en las decisiones del Gobierno central.


En los últimos años dentro del panorama político español han sucedido cosas impensables: reuniones confidenciales entre socialistas y representantes abertzales; pactos gestados en caseríos; intercambios entre votos y cargos públicos han pasado a ser una normalidad inquietante.


Resulta curioso cómo algunos protagonistas ven estos eventos con humor: “¿Para qué darle importancia? ¿Para fastidiar a Sánchez? A nosotros nos da igual y a muchos también”, bromean desde EH Bildu.


Consecuencias y reacciones

La moción de censura del 2018 no solo significó el ocaso de Rajoy sino también el inicio de una era marcada por pactos transversales repletos de opacidad negociadora y cuestionamientos judiciales sobre los argumentos utilizados.


El propio PSOE ha tenido que lidiar con críticas tanto internas como externas debido a lo que algunos consideran una “instrumentalización” relacionada con la sentencia Gürtel y su dependencia hacia socios incómodos.


El PNV ha sabido sacar provecho a su papel como árbitro mientras Bildu ha fortalecido su posición como aliado esencial para lograr mayorías progresistas.


Por otro lado, los partidos opositores—especialmente el PP—denuncian lo que llaman “la venta del país por cargos” así como la falta total de transparencia en estos acuerdos. Mientras tanto, nuevos escándalos e investigaciones sobre los negociadores encubiertos amenazan con reabrir viejas heridas e inestabilizar aún más esta legislatura.


La imagen evocadora de dos líderes nacionales viajando juntos en los asientos traseros de un Toyota Rav4 por carreteras vascas buscando un caserío perdido ha dado pie a numerosos memes e ironías en redes sociales.

La revelación sobre esta reunión secreta provino del periodista Jorge Calabrés en El Español; convirtiéndose así en una exclusiva política muy comentada durante ese año.

El Tribunal Supremo eliminó aquellos dos párrafos clave relacionados con Gürtel catalogándolos como «opiniones improcedentes», una decisión aún objeto de debate entre juristas.

La expresión “venta por pasteles” ha cobrado popularidad como forma irónica para referirse a estos pactos intercambiando votos por cargos públicos.


El sospechoso viaje del PNV a Navarra
En su investidura, Sánchez se comprometió con el PNV a negociar un Nuevo Estatus Político para el País Vasco
Jaime Ignacio Del Burgo. Vozpópuli. 23 Noviembre 2025

El Euskadi Buru Batzar (EBB) del Euzko Alderdi Jeltzalea (EAJ), bajo la presidencia del Euzko Buru Batzarreko presidentea, Aitor Esteban Bravo, se ha reunido hace unos días en Pamplona, la capital de este antiguo Reino y de la Comunidad Foral de Navarra. En la rueda de prensa posterior intervino Unai Hualde, presidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV) de Navarra. Aclaremos que PNV es la denominación que se utiliza normalmente para identificar al partido, fundado hace 113 años por Sabino Arana Goiri, un personaje racista, xenófobo y machista, que defendía la supremacía étnica de los vascos frente a la inferioridad de la raza española. Hualde, también presidente del Parlamento de Navarra, expresó su orgullo por el hecho de que, este año, el PNV navarro cumplirá 115 años “de presencia en esta tierra” y aprovechó la oportunidad para otras revelaciones de gran importancia política: “Hoy reconocemos la vigencia de la norma institucional básica que regula el autogobierno de Navarra, la Lorafna [siglas horrendas para identificar la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, que de forma popular se conoce como Amejoramiento del Fuero]. Del mismo modo —añadió Hualde— proclamamos el respeto del derecho a decidir de las navarras y navarros sobre su norma institucional básica en el futuro, cosa que no se ha podido hacer hasta ahora”.


Quede claro que el Amejoramiento del Fuero tiene plena legitimidad jurídica. Es un pacto entre el Estado y Navarra que tiene como fundamento constitucional la disposición adicional primera sobre nuestros derechos históricos o derecho al régimen foral, y no es cierto que el pueblo navarro no haya podido ejercer el derecho a decidir, se supone, para pasar o no a formar parte de Euskadi o Euskal Herria. En la disposición transitoria cuarta de la Constitución se prevé que Navarra pueda incorporarse al actual régimen estatutario del País Vasco, como un territorio más de la Comunidad vasca, siempre que la iniciativa la adopte el Parlamento de Navarra por mayoría absoluta y esta sea ratificada por el pueblo navarro en referéndum. Caso de que la iniciativa sea aprobada, en tal caso hay un complejo procedimiento para proceder a la reforma del Estatuto vasco de 1979 con el fin de integrar a Navarra en él.


La polémica disposición transitoria

Puesto que después de casi 50 años de vigencia de la controvertida disposición transitoria cuarta sin que Navarra sea Euskadi, me parece conveniente recordar su contenido, pues muchos navarros —y también navarras— lo desconocen. En primer lugar, el Parlamento navarro, por mayoría absoluta de sus miembros, tendría que aprobar la iniciativa para la integración en Euskadi. En el caso de obtenerse dicha mayoría, se convocará un referéndum de ratificación o no del pueblo navarro. Si no se aprueba, la iniciativa decae y no se podrá convocar un nuevo referéndum en el plazo de cinco años. Si la ciudadanía navarra aprueba la iniciativa en este primer referéndum, se pone en marcha el procedimiento para la reforma del Estatuto vasco de 1979 establecido en los artículos 46 y 47.2 para la integración de Navarra en Euskadi, que se remiten a su vez al artículo 151 de la Constitución.


Fácil es de comprender que la integración de Navarra no puede hacerse sin reformar el Estatuto vasco. De modo que, en aplicación de tales normas, el procedimiento a seguir es el siguiente:


1.º El Gobierno convocará a la Asamblea de todos los diputados y senadores de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya para que se constituyan a los solos efectos de elaborar el correspondiente proyecto de Estatuto reformado, mediante el acuerdo de la mayoría absoluta de sus miembros.


2.º Aprobado el proyecto de reforma por la Asamblea de parlamentarios, se remitirá a la Comisión Constitucional del Congreso, la cual, en el plazo de dos meses, lo examinará con el concurso y asistencia de la delegación de la Asamblea proponente para determinar, de común acuerdo, su formulación definitiva.


3.º Dispone el artículo 47.2 del Estatuto vasco que “en el caso de que se produjera la hipótesis prevista en la disposición transitoria cuarta de la Constitución [iniciativa del Parlamento de Navarra y referéndum del pueblo navarro], el Congreso y el Senado, en sesión conjunta y siguiendo el proceso reglamentario que de común acuerdo determinen, establecerán, por mayoría absoluta, qué requisitos de los establecidos en el artículo 46 se aplicarán para la reforma del Estatuto, que deberán en todo caso incluir la aprobación mediante Ley Orgánica por las Cortes Generales y el referéndum del conjunto de los territorios afectados”.


Un mero trámite

Es evidente que este referéndum del conjunto de los territorios afectados debe incluir dos circunscripciones electorales: una, de los territorios de la Comunidad Autónoma Vasca, directamente afectados por la reforma de su Estatuto; y la otra, del pueblo navarro. Dando muestra de su gran espíritu democrático, el lehendakari vasco Carlos Garaicoechea, al aprobarse el artículo 47 del Estatuto de Autonomía de 1979, sostuvo que el segundo referéndum era para Navarra un mero trámite, por lo que la expresión “conjunto de los territorios afectados” debía entenderse como una sola circunscripción electoral de los cuatro territorios. De modo que, aunque todos los ciudadanos navarros votaran en contra de la integración, su voto quedaría aplastado por el de los territorios vascos, muy superiores en población.


Pero las cosas se complican aún más si se tiene en cuenta, como ya dijimos al principio, que en 1982 Navarra, con el apoyo y respaldo de los derechos históricos o régimen foral de la disposición adicional primera de la Constitución, mediante pacto con el Estado, promulgado por la Ley Orgánica 13/1982, de 10 de agosto, había procedido a la Reintegración Foral y Amejoramiento del Régimen Foral. En virtud de dicho pacto, “Navarra constituye una Comunidad Foral, con régimen, autonomía e instituciones propias, indivisible, integrada en la Nación española y solidaria con todos sus pueblos”. Es evidente que Navarra no puede integrarse en Euskadi, como un territorio más de la Comunidad vasca. Esto obligaría a renunciar al Amejoramiento. Pero, para ello, debería formalizar un nuevo pacto con el Estado. ¿Está el pueblo navarro dispuesto a renunciar a su identidad y a su foralidad histórica?


Vuelvo a la reunión del Euskadi Buru Batzar el pasado martes, 18 de noviembre, en Pamplona. No sé si el objetivo era tratar de las últimas revelaciones de la UCO, que afectan también a Uxue Barcos, a su esposo Jesús González Mateo, director general de la empresa de comunicación Petromedia, y al hijo del director de Diario de Noticias, Joseba Santamaría. La Justicia tendrá la última palabra. Pero lo que no puede alterarse es la historia. Y Hualde no dijo que el PNV nunca ha obtenido un diputado en el Congreso de los Diputados desde las primeras elecciones generales del 15 de junio de 1977 hasta hoy. Ni que, cuando se ha presentado en solitario, nunca ha obtenido más del 7-8 por ciento de los votos en Navarra. Está bien la profesión de fe fuerista, pero el PNV no votó a favor de la Constitución y, si de ella hubiera dependido, la disposición adicional primera, clave de la legitimidad constitucional del pacto para la Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral, no se hubiera producido. Y, por último, el PNV votó en contra del Amejoramiento de 1982 en el Parlamento de Navarra, en el Congreso y en el Senado. En suma, en estos momentos, si del PNV hubiera dependido, seríamos un territorio más de Euskadi, sujeto al Parlamento y al Gobierno vascos.


Pero en el horizonte de Navarra no cesan los nubarrones. En la investidura de presidente del Gobierno de 20 de diciembre de 2023, Sánchez se comprometió con el PNV a negociar un Nuevo Estatus Político para el País Vasco, que culminaría en un primer momento en una Confederación Euskadi o Euskal Herria “con” España. El PNV y Bildu van de la mano en este punto. La disposición transitoria es un valladar, en principio, inexpugnable. ¿Pero si Navarra tiene dentro —nada menos que en su Gobierno— la quinta columna?


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