Recortes de Prensa Jueves 22 Enero 2026
Rusia
lanza drones a un río ucraniano y resucita una antigua arma de la
URSS
El dron, llamado Sirius-82, porta consigo una o
varias minas fluviales YaRM. Pueden ser dirigidos de forma remota por
los soldados rusos para atacar infraestructuras clave
R.
Badillo. el confidencial. 22 Enero
2026
Según informa Forbes, Rusia ha comenzado a desplegar drones navales no tripulados en el río Dniéper, trasladando parte del conflicto a un frente fluvial que hasta ahora había permanecido en segundo plano. La maniobra combina tecnología militar de bajo coste con tácticas y explosivos de la antigua Unión Soviética, pero adaptados al contexto actual de la guerra en Ucrania.
El conflicto sigue marcado por un estancamiento operativo en amplias zonas del frente terrestre, especialmente en el este del país. Sin embargo, el control del río Dniéper se ha convertido en un objetivo estratégico clave, ya que actúa como frontera natural, vía logística y barrera defensiva entre las posiciones rusas y ucranianas en el sur.
En este escenario emerge el Sirius-82, un vehículo de superficie no tripulado diseñado para operaciones en ríos y canales. Las imágenes difundidas por el Ejército ruso muestran un sistema compacto, de cerca de dos metros de longitud, concebido para misiones cortas y de alto riesgo en aguas interiores.
Un dron fluvial de diseño pragmático
El Sirius-82 destaca por su enfoque funcional más que por su sofisticación técnica. Todo indica que utiliza propulsión eléctrica, lo que reduce su firma acústica y facilita movimientos discretos. Su control remoto se realiza mediante un esquema similar al de los drones FPV, con un operador que dirige el vehículo a distancia y recibe vídeo en tiempo real.
Uno de los usos más relevantes observados es el minado del cauce. El dron puede transportar minas fluviales ancladas YaRM, un modelo de origen soviético diseñado para aguas poco profundas. Estas cargas, de unos 13 kg, se liberan de forma mecánica y quedan situadas bajo la superficie, amenazando a embarcaciones ligeras.
El objetivo táctico es dificultar el reabastecimiento ucraniano hacia las islas del Dniéper, que permanecen bajo control de Kiev. Ucrania ha respondido con medidas similares, lo que ha transformado el río en un entorno extremadamente hostil, donde cada cruce implica un riesgo constante.
Desminado y guerra de desgaste
Además del minado, el Sirius-82 ha sido empleado con el propósito contrario, es decir, eliminar minas fluviales. En varios vídeos se observa cómo el vehículo avanza hasta detonar una mina enemiga, despejando un corredor antes del paso de lanchas tripuladas. Esta lógica prioriza la reducción de bajas humanas frente a la pérdida de material.
La introducción de este sistema refleja una tendencia estructural en la guerra: la sustitución progresiva de soldados por plataformas no tripuladas en misiones de alto riesgo. Más que una superarma, el Sirius-82 representa una solución rápida y prescindible que contribuye a convertir el Dniéper en un espacio de negación táctica permanente, gracias a una técnica perfeccionada que ya fue empleada por la URSS antes de su desaparición.
¡Gobierno, dimisión!
Agapito
Maestre. libertad digital. 22
Enero 2026
Debemos ser inflexibles con los majaderos que nos conminan a no politizar la tragedia. Si hay algo politizable en España es, sin duda alguna, la mala gestión de las infraestructuras ferroviarias y de comunicación que ponen en peligro la vida de millones de ciudadanos. Por aquí no hay debate. El primer responsable del accidente de Adamuz es Pedro Sánchez. Yo no hablo de responsabilidades jurídicas y culpas penales. Me refiero a la responsabilidad política. A esa gentecilla del PSOE y del PP, sin importar que sean militantes o allegados, que piden calma y sosiego para saber qué ha sucedido solo debemos decirles: sinvergüenzas. Majaderos. Tenemos que enfrentarlos y decirles que son cómplices al ocultar lo evidente: las culpas del Gobierno por un "mantenimiento" defectuoso de la red ferroviaria. Los españoles de bien están hartos de este tipo de personajes. Ya no les llaman acomplejados, sino cobardes.
Claro que debería haber una explicación de la tragedia de Adamuz. Claro que deberíamos ser sensatos y esperar una investigación rigurosa de lo sucedido. Claro que debe aclararse con ciencia y paciencia qué y cómo ha sucedido esa tragedia. Pero de ahí nadie debería admitir la palabrería de los políticos para eludir sus responsabilidades. Ya sabemos, sí, quiénes son inocentes y quiénes tienen responsabilidades que esconder. Por lo tanto, tenemos todo el derecho del mundo y, sobre todo, la obligación de exigir la dimisión en pleno del Gobierno. Ahí tiene, señor Feijóo, un motivo más, si es que le faltaban, para plantear una moción de censura. ¡Que no lo hará, seguramente! Pero estará dando argumentos a miles de votantes para que entreguen su voto a otra fuerza política con mayor coraje e inteligencia. Sí, señor Feijóo, ya están tardando en pedir la dimisión de Sánchez y toda su caterva de ministros.
Ante nuestros ojos se abren cientos de pruebas que se dirigen contra la actuación del Gobierno. Todo es descartable, salvo que el Gobierno tiene responsabilidades directas e indirectas en esta catástrofe. Se descarta que haya sido un fallo humano. Se descarta también que los trenes estuvieran en mal estado. Se descartan, en fin, muchas otras cosas, pero nadie, con una inteligencia media y cierta dignidad personal, dejará de anotar los fallos, errores y tropelías cometidos por el Gobierno de Sánchez en la gestión de la red ferroviaria española tanto en alta velocidad como en media distancia y, por supuesto, en los trenes de cercanías.
Es un escándalo, conocido en el mundo entero, que el superministro de Transportes de los primeros Gobiernos de Sánchez, está en la cárcel y su sucesor, Oscar Puente, vaya camino de ser juzgado por imprudencia temeraria, o peor, podría ser acusado por los familiares de las víctimas por homicidio involuntario. Todo eso, pues, no es nuevo. Todo se sabe. Todo puede demostrarse con pelos y señales… Entonces, ¿a qué viene tanto rollo sensiblero y políticamente falso de esperar a que se esclarezca lo sucedido? Seamos serios y decentes, escribamos lo que está circulando por todas partes: la principal hipótesis del accidente de tren de Adamuz apunta a una rotura en la vía debida a defectos de infraestructura. Comienza a tomar fuerza entre los investigadores que el deterioro en la red ferroviaria es la causa del accidente. Por cierto, y dicho sea de paso, el Ministerio de Transportes de Oscar Puente suprimió en julio pasado la Unidad de Emergencias y Seguridad de Transportes, clave en la prevención de accidentes. Tampoco debe echarse en saco roto que los trabajadores de Adif no han dejado de denunciar que las obras de mejora del tramo del accidente se hicieron a precio de "low cost" con grapas de mala calidad. He ahí sobrados argumentos para que el ministro de Transportes sea cesado.
Pero, si Sánchez insiste en que nada puede descartarse, incluido el sabotaje, entonces nadie descarte un perjuicio, un daño, una avería, un deterioro, en fin, un sabotaje gubernamental contra los trenes accidentados en Adamuz. Nadie en su sano juicio puede descartar un quebranto voluntario del propio Gobierno contra sus ciudadanos. Puestos a hacer conjeturas, no creo que esta sea la más descabellada. Pues, si tenemos en cuenta las mil irregularidades cometidas por el Gobierno de Sánchez en el mantenimiento de las vías, el poco caso que el Ministerio de Transportes ha prestado a todos los que se quejaban, incluidas las denuncias efectuadas por el sindicato de maquinistas de trenes más importante de España, de los problemas que habían tenido lugar en ese tramo de vía, entonces no es descartable el entorpecimiento voluntario del Gobierno contra el funcionamiento normal de los trenes.
Ante una tragedia de tales dimensiones, nadie con inteligencia y coraje debería dejar de exigir la dimisión del Gobierno en pleno. Si no lo hace, enfrentémonos a la barbarie de Sánchez, porque la próxima será peor. Cualquier opción será buena, salvo esperar a que una comisión dentro de un año nos diga una vulgaridad.
El
Gobierno descarrila
El deterioro del servicio
ferroviario y sus consecuencias son la prueba más dramática de una
gestión que antepone el rédito político a cualquier otro
objetivo
Editorial. Vozpópuli. 22
Enero 2026
La tragedia de Adamuz, con más de 40 fallecidos y un centenar largo de heridos -el accidente ferroviario más grave en Europa desde Angrois (2013)- ha sacado cruelmente a la luz una realidad que muchos españoles intuían pero que ahora resulta imposible de ignorar: el deterioro progresivo de nuestras infraestructuras y la gestión cuando menos errática de quien tiene la responsabilidad de velar por el buen estado de las mismas.
No es opinión; son datos. La inversión pública en España ha caído desde el 5% del PIB en 2007 hasta apenas el 2% en 2022. Más revelador aún: el gasto en mantenimiento de la red ferroviaria por kilómetro se ha reducido más de un 30% en términos reales durante ese período. Como ha revelado Vozpópuli, ADIF solo destina el 16% del gasto en alta velocidad a mantener las vías. Mientras tanto, con la liberalización del sector, por esas mismas líneas circulan diez veces más trenes que hace dos décadas, lo que multiplica el desgaste y hace más urgente, no menos, la inversión en conservación. Esta ecuación solo puede conducir al desastre, y Adamuz ha sido su manifestación más dramática.
El deterioro del servicio ferroviario no ha sido un secreto para nadie que lo utilice regularmente. Los retrasos se han cronificado, las averías se han vuelto cotidianas, y las quejas de maquinistas y usuarios sobre vibraciones y anomalías en tramos como el de Adamuz eran conocidas. La puntualidad, que fue emblema de la alta velocidad española, desapareció hace tiempo junto con la indemnización por retrasos. Lo que hasta hace poco era motivo de orgullo nacional se ha convertido en fuente de frustración diaria para millones de ciudadanos.
¿'El mejor momento de la historia del ferrocarril'?
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La respuesta no puede ser concluyente, pero tiene vinculación directa con las prioridades presupuestarias de los últimos años. Cuando un Gobierno elabora sus cuentas, las decisiones no son neutrales: cada euro destinado a una partida es un euro que no va a otra. Y en España se ha optado sistemáticamente por priorizar aquello que produce rédito político inmediato sobre lo que resulta estructuralmente necesario. El mantenimiento de infraestructuras es políticamente inocuo. No genera titulares elogiosos, no moviliza electores agradecidos, no permite inauguraciones con corte de cinta. Frente a esto, otras partidas, incrementadas por razones electorales, incluso simplemente ideológicas, tienen un impacto político inmediato.
No es esta una reflexión abstracta sobre gestión pública, sino la constatación de que decisiones políticas concretas tienen consecuencias reales. Que esas consecuencias se materialicen en forma de tragedia no es inevitable, pero cada recorte en mantenimiento, cada inversión pospuesta, cada aviso desatendido incrementa las probabilidades de que algo termine mal.
Sin duda es prematuro exigir responsabilidades políticas antes de conocer las conclusiones de la investigación técnica. Pero hay un hecho incontestable: este Gobierno lleva más de siete años en el poder. Siete años en los que ha tenido competencia exclusiva sobre el tráfico ferroviario, siete años en los que ha gestionado Renfe y Adif, siete años en los que ha decidido dónde iba cada euro del presupuesto. No hay manera de eludir esa responsabilidad ni de desviar el foco hacia instituciones ajenas. Y en ese contexto, la dimisión del ministro de Transportes no debería ser objeto de debate, sino una cuestión de elemental salud democrática. Especialmente tratándose de quien hace apenas dos meses proclamaba que España vivía "el mejor momento de su historia en el ferrocarril" y hoy esas palabras suenan a proclama insoportable.
Investigación ¿independiente?
Pero más importante aún que la depuración de responsabilidades individuales es garantizar que la investigación de lo ocurrido sea genuinamente independiente, técnica y transparente. Esta no es una petición menor. Los antecedentes de este Gobierno en materia de transparencia no invitan al optimismo: aún no sabemos qué causó el apagón eléctrico del pasado abril, seguimos sin conocer los detalles reales de la gestión de las emergencias en la riada de Valencia, y las sombras de manipulación política han planeado sobre demasiados episodios en estos años.
Las víctimas de Adamuz y sus familias tienen derecho a la verdad, toda la verdad, sin filtros ni versiones adulteradas para salvar la cara de nadie o eludir la responsabilidad de las administraciones, como parece pretender Óscar Puente cuando parece dirigir las sospechas hacia el tren de Iryo en un burdo intento de soslayar las dudas sobre las condiciones de la infraestructura. Dudas que obligan a que medios de comunicación, expertos independientes, oposición, trabajadores de Renfe y otras compañías puedan escrutar cada paso de esa investigación.
Volvamos al principio. Sea cual sea el resultado final de las pesquisas técnicas, hay una evidencia: estamos en manos de un Gobierno que descarriló hace tiempo, sin crédito, incapaz de generar la mínima confianza entre los españoles; un Gobierno que ha agotado su credibilidad a base de mentiras, nepotismo, imprevisión sistemática, cambios de opinión a conveniencia y graves casos de corrupción. Y cuando se pierde la confianza, cuando cada declaración oficial es recibida con escepticismo y las promesas de transparencia generan dudas legítimas, el daño trasciende la mera coyuntura política y ocasiona un grave deterioro de los cimientos y las reglas de la democracia.
Y es precisamente esa, la del imperdonable daño que esta política ha hecho al sistema democrático, la principal herencia que nos va a dejar el sanchismo.
Del
relato, la unidad y la corrupción
Irene González.
Vozpópuli. 22
Enero 2026
Vivimos en el tercer mundo más caro del planeta. Elevados impuestos, elevados precios, masificación de servicios privados por saturación de públicos, como sucede en la Sanidad. Un régimen corrupto, un Gobierno que roba a espuertas y ahoga a impuestos a los trabajadores para que tu vida sea una ruleta rusa del PSOE. Si te toca una desgracia, y cada vez tienes más papeletas por la degradación de todo, estás solo, no esperes resarcimiento, ni justicia, ni pidas esclarecimiento de lo sucedido, serás buscado por la policía de Marlaska por poner en duda la confianza en unas instituciones corruptas
Hay que insistir en el hecho de que el PSOE es una “compañía” con fines privados que ejerce su función desde instituciones públicas a costa del interés nacional, del bien común. Una organización cuyo fin social es el expolio del presupuesto público mediante la ocupación de las instituciones de un régimen diseñado para ello. Es el modo de remunerar con incentivos a quienes debiliten la unidad y prosperidad nacional creando un régimen que se sostiene por la corrupción al que llaman democracia.
Cuando escuchen hablar de partidos de Estado se refieren a las organizaciones del bipartidismo y resto de partidos de la anti-España, para mantener la ficción y con ella el negocio del saqueo de forma interna y externa. Para alcanzar este fin social con impunidad, la actividad del PSOE ha de centrarse en el monopolio del relato, en la creación de narrativas que les permitan alcanzar el poder, mantenerlo, succionar con impunidad los recursos de los trabajadores, perseguir la verdad y hundir a cualquiera que amenace el “negocio”.
Lo único que importa ante una desgracia como la del descarrilamiento del tren en Adamuz, Córdoba, con 43 fallecidos hasta el momento, para la “compañía” que ocupa el poder es el relato. El puesto de mando es un gabinete de comunicación, el motor principal de la organización al servicio del líder. Su objetivo no es solucionar el daño que hayan sufrido los españoles, minimizarlo y tomar medidas para que no vuelva a suceder, lo vimos en las riadas de Valencia, en el apagón, en la pandemia… el puesto de mando tiene como único objetivo sacar rédito político, hundir a un rival, lavarse las manos en la más absoluta opacidad cuando no pueden conseguir ninguna de las anteriores, y sobre todo hacer callar a toda costa con una campaña de acoso y derribo personal a todo el que diga la verdad que amenaza la ficción que mantiene el negocio.
Para ello inician una campaña salvaje para imponer silencio, campaña que todo el Partido Popular acata de forma obediente y se une a señalamiento de quienes pedimos responsabilidades al Gobierno por el estado de ruina de los servicios públicos, en su estilo de mirar por encima del hombro a quienes no pueden alcanzar. Sólo se puede entender su comportamiento desde su papel de cómplice cuyo fin social último es interpretar la ficción que mantenga el negocio del que también esperan llevarse algo.
“Todos amiguitos por la unidad” que es como se refieren a la impunidad del negocio cuando hay muertos sin identificar clamando justicia ante una muerte anunciada e innecesaria. Exigir responsabilidad política y penal de quienes ocupan puestos de alta responsabilidad política cuando ha ocurrido una tragedia no es politizar a las víctimas, es el comportamiento normal de una persona intelectual y moralmente cuerda no sumisa al régimen, es el comportamiento normal en una democracia.
Hay que nacionalizar el Estado, recuperarlo para el bien común. Un Estado que incluso ha privatizado mal los ferrocarriles dividiendo la gestión de la infraestructura y el operador. ¿Las compañías privadas pagan un canon de mantenimiento a Adif, dónde está ese dinero? Nadie en su sano juicio querrá meter sus trenes sobre vías mantenidas y gestionados por estos corruptos. Dedicaron el ministerio de transportes al gran saqueo y las consecuencias las paga el pueblo.
No puede ser que todas las instituciones sean asaltadas, se nombre a toda prostituta y militante del PSOE en algún cargo de Renfe, Adif, empresas adjudicatarias investigadas por mordidas, que no son lugares donde se hacen cursos de colorines de género, que hay responsabilidades serias ahí. No puede ser que haya incidencias continuas por falta de una actuación global profesional para mantener el tren en España, a pesar del expolio impositivo a la clase trabajadora y que cuando hay muertos bajo su responsabilidad den la orden de silencio, que nos callemos, que hagamos dibujitos de solidaridad.
De eso nada. Son ellos los que no han hecho otra cosa que política de burdel desde puestos importantes, y ahora la caterva criminal que como hienas han politizado hasta la muerte de un perro, el Prestige, el 11M, las residencias... utilizando e incluso buscando muertos para llegar al poder. Ahora nos ordenan silencio quienes dejaron morir ahogados en coches en Valencia a personas negándoles el auxilio para culpar a un rival político hace un año.
En dos días han muerto dos maquinistas de tren y su sindicato no paniaguado pide ir a la huelga y medidas de seguridad. Los directivos, en la cadena de mando del Gobierno les amenazan para que callen y se jueguen la vida y la nuestra, para que estos golfos sigan cobrando y robando con impunidad.
Lo urgente en España no es la unidad, ni el relato, ni el amarillismo de los medios, ni actos masónicos de estado pretendiendo sustituir un funeral católico, sino el procesamiento penal de la clase dirigente actual y del pasado reciente que sirva para poner punto final a una corrupción que nos expolia y pone en riesgo nuestra vida. Una corrupción que mata. No solo el personal ferroviario ha de ir a una huelga general indefinida, sino todos nosotros. Nos jugamos la vida.
La
tregua de los politizados
Fran Carrillo. okdiario.
22
Enero 2026
A esta hora, todavía no sabemos si debemos seguir pidiendo responsabilidades políticas a los que tienen la obligación de dar explicaciones porque le va en el sueldo, sobre todo cuando lo que tienen que contar exige una transparencia que su relato habitual de mercenarios de la trola no le permite. Igual estamos politizando nuestro derecho a conocer la verdad y a que se esclarezca hasta qué punto la negligencia continuada del Gobierno socialista nos está matando como ciudadanos. Habrá que preguntar a los ayatolás de la politización cuándo y en que momento debemos politizar la tragedia y salir de nuestro silencio autoimpuesto, en qué parte del día y lugar incomoda menos, a su mentalidad de amanuenses serviles y ovejas apesebradas, que manifestemos nuestro descontento y desafección por este régimen putrefacto que ha empobrecido economías y servicios desde que tomó tierra quemada.
Debe ser difícil ser zurdo, o aspirante a serlo, y tener la responsabilidad todos los días de soportar la carga moral de dar lecciones al mundo sobre lo que hay que hacer, cómo y dónde. Sobre todo, cuando en tu manual de responsabilidad personal y cívica pedías dimisiones al segundo siguiente de consumarse una tragedia evitable. Un día llamas asesino a un dirigente del PP, al que atribuyes la muerte de personas por irresponsabilidad manifiesta y al día siguiente tildas de «mala suerte» que otros compatriotas mueran por la misma incompetencia. Lo que cambia entre una manifestación y otra es el signo político del culpable, décadas de educación controlada por quienes han destrozado su sentido y misión y, sobre todo, el alpiste mensual que el Gobierno actual mete en la cuenta corriente de los voceros –y buleros- sectarios.
Lo indubitable, por percibido y comprobado, es que la corrupción está destrozando España. Y sus servicios públicos. Han estresado tanto las infraestructuras, a las que han ido liquidando en desidia, falta de atención y dinero mientras colocaban a concubinas en ADIF y a corruptos de mordidas en RENFE, que muchos nos preguntamos cómo no ha pasado esto antes. Desde que el sanchismo ocupó la mamandurria, el dinero se ha ido a cuentas fiscales opacas, a regar de prebendas a golpistas sacacuartos y a colocar a sujetos con carnet del PSOE sin más competencia que su servidumbre ideológica al régimen.
Después de Ábalos al frente del ministerio que más dinero gestiona y que despilfarró en amaños y enchufes prostituidos, llegó otro inútil experto en macarrismo y matonería, que dedica su tiempo de ministro a insultar a quien le haga ver su incompetencia en la materia. Un eslabón perdido de negligencia e inmoralidad biliosa que llegó a soltar por esa boca simiesca y poco atribulada que el tren vivía «el mejor momento de su historia». Y lo repetía en cada comparecencia, henchido de palmerismo y chepa.
Se han inventado sabotajes y están ocultando la realidad del problema de las vías los mismos que negaron en Valencia la inversión en infraestructuras, patulea de chabacanos irresponsables que obviaron las advertencias de expertos técnicos, maquinistas, sindicatos profesionales y tripulación, quienes avisaron de la fatiga viaria y de las chapuzas de reparación acometidas. Han culpabilizado a Iryo y Ouigo de su propia falta de resolución gestora y ahora van a cargar con decenas de fallecidos en su conciencia de corruptos, golfos y delincuentes.
Sí, es compatible respetar la memoria de víctimas que podían seguir entre nosotros de haberse hecho las cosas bien, y denunciar a la peste política que nos gobierna como plaga bíblica ponzoñosa. Corruptos desalmados que no dan explicaciones convincentes porque nunca son responsables de nada. Y son responsables de todo. Los mismos que se lavaron las manos después del apagón que sufrió la nación por ideología climática y que siguen en su puesto después de la Dana, nos dicen ahora, acompañados de su sicariato mediático, que no politicemos la desgracia de Adamuz.
Los que han manipulado cada siniestro trágico en España para su beneficio personal y político, los que usaban a las víctimas para sus discursos falsarios y propagandistas, los que utilizaron parlamentos para rodearlos y medios para perseguir a políticos y ciudadanos de corte ideológico contrario, piden ahora cautela, prudencia, tranquilidad e insultan a quienes defendemos que las treguas no la pueden dirigir ni firmar los pirómanos totalitarios que viven y se sirven del fuego que ellos mismos crean a diario.
Coda: Hoy conocemos que la causa de la colisión entre dos trenes se debió al mal estado de uno de los raíles, cuya conservación era un dislate en términos de seguridad vial y ciudadana y que, en dicho tramo accidentado, supuestamente reparado no hace mucho, participó una empresa que pertenece a la trama corrupta de Koldo, Ábalos y Sánchez (el del plácet a todo). Y aquí sigue sin estallar el Coliseo.
Fabricar el relato
Antonio
R. Naranjo. el debate. 22
Enero 2026
No hay que dejarse engañar: el Gobierno hace ahora en las líneas del AVE lo que no quiso hacer antes de la masacre aunque se lo reclamaron
Pedro Sánchez y su gobierno solo son buenos en hacer el mal, en fabricar relatos infames para implantar una realidad alternativa opuesta a la auténtica, falsa como un duro de madera, pero convenientemente adornada y repetida con solemnidad por el ejército de esbirros que amamanta en sus pechos económicos e ideológicos.
Es el famoso principio de la propaganda de Goebbels, ese enano cojo y diabólico descrito por el obeso y no menos canalla Goering, traducido en la apuesta por asentar una mentira a fuer de repetirla hasta la saciedad, o tapar un problema generando otro o trasladar al adversario el escándalo propio.
Lo vemos a diario en todos los frentes, con el estrambótico cacareo sobre la prosperidad económica de España como emblema y esa frase indecente de que la macroeconomía va fenomenal pero la micro no lo ha notado, que en realidad desmonta la falacia: simplemente se puede maquillar estadísticamente la primera, pero no hacer cambiar la segunda, marcada por un desempleo feroz, una pérdida de poder adquisitivo escandalosa y un gasto público más propio de un ludópata.
También lo hemos visto con las catástrofes y las tragedias, que siempre son actos criminales cuando les tocan a sus rivales y caprichos del destino feroz cuando son propios: Ayuso, Moreno, Mazón, Aznar, Trillo o Rajoy son asesinos; pero Sánchez, Puente, Illa o Marlaska son infatigables servidores públicos que, con su legendaria bonhomía, gestionan como nadie los zarpazos inesperados de la vida.
Ese es ya el relato vigente con el accidente de Córdoba, tan evitable como una inundación en casa si no te dejas el grifo abierto. Y aquí lo estaba: se ignoraron las advertencias reiteradas de los maquinistas y no se redujo la velocidad mientras se salía de dudas, como sí se ha hecho preventivamente en la línea del AVE entre Madrid y Barcelona, en lo que es una confesión de culpa inapelable.
¿Por qué ahora sí y antes no? ¿Acaso hace falta una matanza para atender las peticiones de los profesionales? Sin necesidad de ahondar en el resto de factores, es una obviedad que los trenes no podían ir a toda prisa en ese tramo, que las vibraciones son un anticipo de problemas gravísimos y que un tren descarriló antes de que otro chocara con él, algo que nunca hubiera ocurrido de estar todo y todos en su sitio.
Pero ningún drama masivo tiene una única causa, suelen devenir por una conjunción de factores que, aislados uno a uno, son condición necesaria pero no suficiente para entender la catástrofe. Y esto no será una excepción: bastará con el Gobierno, que ha ganado un tiempo para fabricarse el relato poniéndose el disfraz de un luto artero para callar a todo el mundo, incida en algunas de las razones periféricas y cuente con su batallón sincronizado para colocarlas al frente de las demás y, como poco, generar la duda.
Una llamada del maquinista, un informe secundario, un fallo humano y un alud de cifras convenientemente cocinadas para simular una atención sin precedentes al servicio ferroviario son suficientes para diluir las responsabilidades propias y, si suena la flauta, convertir incluso el episodio en otra «prueba» de la perversa conspiración contra un Gobierno humanitario y sensible como ninguno.
Pero no nos engañemos: el Gobierno tenía advertencias reiteradas del estado de las líneas cursadas por los propios trabajadores, en una de ellas todo ha acabado con decenas de vidas y, por miedo a que se repita, han empezado a hacer ahora lo que debieron hacer antes. Todo lo demás es tinta de calamar.
A ver quién tiene valor de defender que montarse en el AVE y matarse entra dentro de la lógica en un país donde cada día se pagan más impuestos, a cambio de bochornos como éste.
******************* Sección "bilingüe" ***********************
El CLAC
pide ayuda para poder seguir dando la «batalla cultural» contra el
nacionalismo en Cataluña
El colectivo vinculado a la
defensa de la unidad de España y la libertad cultural pide apoyo
económico tras quedarse sin financiación
Andrea Gabarró. el
debate. 22
Enero 2026
El Cercle d’Arts i Cultura (CLAC), entidad que lleva una década impulsando la batalla cultural en Cataluña y en el resto de España, ha lanzado una petición urgente de ayuda económica para poder continuar con su actividad y hacer frente a deudas pendientes con algunos colaboradores. La iniciativa cuenta con el impulso de personas vinculadas al constitucionalismo catalán, entre ellas Miriam Tey, ex vicepresidenta de Societat Civil Catalana, que ha trasladado esta llamada de auxilio a simpatizantes y amigos del proyecto.
Diez años de batalla cultural
Según explican sus promotores, el CLAC nació hace diez años con el objetivo de defender los valores democráticos, la unidad de España y una concepción profunda de la cultura, frente al nacionalismo identitario y a los intentos de instrumentalizar el ámbito cultural. Durante este tiempo, la entidad ha promovido actividades, debates e iniciativas en distintos puntos de España, con especial intensidad en Cataluña, para reivindicar la igualdad ante la ley, la libertad y la diversidad cultural entendida en sentido amplio y no como herramienta de fragmentación política.
Los responsables del CLAC subrayan que su labor se ha desarrollado siempre en la misma línea de principios, aunque con mayor o menor repercusión en cada momento, y destacan que este trabajo les ha permitido tejer una red de colaboradores y voluntarios comprometidos con la defensa del Estado de derecho y de un proyecto común de nación.
Un revés económico que pone en riesgo la continuidad
La entidad reconoce que atraviesa ahora un «revés» económico que la ha dejado sin financiación para seguir adelante con sus actividades. Esta situación ha llevado a la organización a pedir apoyo a título individual a través de este enlace, apelando a la generosidad de quienes comparten sus principios y su visión de España.
En su mensaje, el CLAC insiste en que cualquier aportación, por pequeña que sea, será administrada con prudencia y responsabilidad, con el objetivo prioritario de saldar los compromisos pendientes y garantizar la continuidad del proyecto cultural y cívico que ha desarrollado durante la última década contra el nacionalismo y a favor de la unidad de España, la libertad y la verdadera diversidad cultural.
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