Recortes de Prensa Martes 24 Febrero 2026

Zelenski afirma en el cuarto aniversario del conflicto que "Putin no ha quebrado a los ucranianos y no ha ganado la guerra"
El presidente ucraniano ha afirmado este martes que su homólogo ruso Vladimir Putin no ha alcanzado "sus objetivos" de guerra, cuatro años después de haber invadido su país
Carlos Garcés. Madrid. el mundo. 24 Febrero 2026

Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania el 24 de febrero de 2022, desatando la guerra más mortífera en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy se cumplen cuatro años de conflicto, y en una fecha tan señalada, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, coincidiendo con la décima visita de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen a Kiev, ha afirmado que Ucrania quiere una "paz, una paz fuerte, digna y duradera".


El conflicto ha causado la muerte de decenas de miles de civiles y de cientos de miles de militares en ambos bandos. Millones de refugiados han huido de Ucrania, donde grandes zonas han quedado devastadas por los combates. Desde principios de año se han celebrado varias rondas de conversaciones diplomáticas entre emisarios de Kiev, Moscú y Washington, sin avances concretos hasta el momento.


9:27

Macron dice que la UE debe concretar la ayuda europea a Ucrania

El presidente francés, Emmanuel Macron, insistió este martes en que la Unión Europea debe "concretar" la financiación prometida por la Unión Europea (UE) con un préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania porque ese país es "la primera línea de defensa" de Europa frente a Rusia, informa Efe.


"Nada justifica cuestionarla", subraya en un mensaje publicado por Macron en su cuenta de X, en la que hace hincapié en que el objetivo es "que Ucrania aguante y que Rusia entienda que el tiempo no juega en su favor".


El presidente francés promete igualmente que se va a seguir poniendo presión a la economía de guerra rusa con más sanciones y con acciones contra la llamada "flota fantasma rusa", es decir los barcos utilizados por Moscú para exportar su petróleo sorteando las sanciones internacionales.


Las palabras de Macron sobre el préstamo de la UE a Ucrania cobran un eco particular ante el bloqueo por parte de Hungría, que exige para dar su visto bueno a la concesión del préstamo que se restablezca el flujo de crudo ruso que recibe a través de un oleoducto ahora cerrado en Ucrania.


9:11

China pide que Ucrania no centre su relación con Europa un día antes de visita de Merz

La crisis de Ucrania "no es ni debe convertirse en un asunto entre China y Europa", afirmó el Ministerio chino de Asuntos Exteriores este martes, un día antes de que el canciller alemán, Friedrich Merz, inicie su primer viaje oficial al país asiático, cuenta Efe.


La portavoz del departamento, Mao Ning, sostuvo hoy en rueda de prensa que Pekín mantiene una "posición objetiva e imparcial" sobre el conflicto y apoya una solución política mediante esfuerzos diplomáticos, pero "no es parte en la cuestión de Ucrania".


Mao replicó así a una pregunta sobre la posibilidad de que Merz aborde con las autoridades chinas durante su visita la guerra en Ucrania y el papel de Pekín en el conflicto, ante lo que señaló que los líderes "intercambiarán opiniones sobre asuntos de interés común".


8:52

Rusia lanzó la pasada noche contra Ucrania 133 drones y un misil balístico

Rusia lanzó durante la pasada noche contra territorio ucraniano 133 drones de larga distancia y un misil balístico Iskander-M, según informó la Fuerza Aérea ucraniana en su parte de este martes, recoge Efe. Del total de drones, alrededor de 90 eran aparatos no tripulados kamikaze Shahed.


Las defensas aéreas ucranianas neutralizaron 111 de los drones sobre varias regiones del norte, el sur y el este de Ucrania, según el parte.


Otros 19 drones y el misil balístico no pudieron ser interceptados e impactaron en dieciséis localizaciones no especificadas por la Fuerza Aérea de Ucrania.


8:33

Líderes de países nórdicos y bálticos viajan a Kiev en el cuarto aniversario

Los líderes de los países nórdicos y bálticos viajan este martes a Kiev al cumplirse cuatro años de la invasión rusa de Ucrania, a fin de reunirse con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y evaluar la continuación del apoyo militar al país, las sanciones a Rusia y las negociaciones de paz promovidas por EEUU, informa Efe.


La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, el primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson, y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, anunciaron en comunicados de sus respectivas oficinas su viaje a la capital ucraniana junto a los líderes de los países bálticos.


En Kiev todos ellos se sumarán a la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y al presidente del Consejo Europeo, Anónio Costa, que ya llegaron a la capital de Ucrania para "reafirmar su apoyo inquebrantable a la lucha de Ucrania por la libertad".


Frederiksen indicó que los jefes de Estado y de Gobierno de los países nórdicos y bálticos se reunirán con Zelenski y debatirán, entre otros temas, la continuación del apoyo militar a Ucrania, las sanciones contra Rusia y las negociaciones en curso con ese país


Además, durante la jornada los líderes participarán desde Kiev por videoconferencia en la reunión de la llamada 'Coalición de los Voluntarios' convocada por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer.


8:20

Rusia derriba 103 drones ucranianos en la víspera del cuarto aniversario de la guerra

Las defensas antiaéreas rusas derribaron en las últimas doce horas 103 drones ucranianos cuando se cumple este martes el cuarto aniversario del comienzo de la guerra en Ucrania, según informó hoy el Ministerio de Defensa de Rusia, informa Efe.


El mando castrense ruso publicó dos partes sobre los ataques de drones ucranianos de ala fina entre las 20:00 hora de Moscú (17:00 GMT) del lunes y las 07:00 hora de Moscú (04:00 GMT) del martes, en los que informó del derribo primero de 24 drones y posteriormente de otros 79.


La región más afectada fue la fronteriza Bélgorod, que durante la noche del lunes y la madrugada del martes fue atacada por 28 drones, seguida por la sureña Krasnodar, sobre la cual fueron derribados 21.


También fueron neutralizados artefactos aéreos ucranianos sobre los mares Negro y Azov, así como la anexionada península ucraniana de Crimea y las regiones de Sarátov, Kursk, Rostov y la república de Adigueya.c


8:00

Von der Leyen y Costa llegan a Kiev para refrendar apoyo europeo a Ucrania

La presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, llegaron este martes a Kiev para refrendar el apoyo a Ucrania, justo cuando se cumplen cuatro años del comienzo de la invasión rusa del país, recoge Efe.


"Estoy por décima vez en Kiev desde que comenzó la guerra para reafirmar que Europa estará de manera clara con Ucrania con ayuda militar y financiera para superar este duro invierno. Y mandamos un mensaje al pueblo ucraniano y al agresor. No cesaremos hasta que se restablezca la paz, una paz en los términos de Ucrania", dijo Von der Leyen en su cuenta de X.


7:45

Zelenski recuerda que le dijo a Biden que no huiría de Ucrania

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, recordó este martes, con motivo de cumplirse el cuarto año de la invasión rusa a gran escala de su país, la conversación telefónica que tuvo con el entonces presidente de EEUU, Joe Biden, en el sentido de que no huiría de Ucrania y que lo que necesitaba eran armas, cuenta Efe.


"Aquí hablé con el presidente Biden y también aquí escuché: 'Volodímir, hay peligro, debes salir urgentemente de Ucrania. Estamos listos para ayudarte en eso". Y yo que le contesté que necesitaba armas, no un taxi", dijo Zelenski en un discurso grabado desde el despacho del búnker de la oficina presidencial ucraniana en el que se produjo esta llamada.


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7:33

Zelenskiy afirma que "Ucrania ha defendido su independencia"

Ucrania ha defendido su independencia y no solo existe en el mapa, afirmó el presidente Volodímir Zelenskiy en el cuarto aniversario del inicio de la guerra con Rusia.


"Putin no ha alcanzado sus objetivos. No ha quebrado al pueblo ucraniano. No ha ganado esta guerra. Hemos preservado Ucrania y haremos todo lo posible para lograr la paz. Y para garantizar la justicia", declaró Zelenskiy en un mensaje televisado.


7:15

El 25% de mujeres de Ucrania sufrió violencia física o sexual desde el inicio de la guerra

El 25 % de las mujeres que huyó de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa hace cuatro años asegura haber sufrido violencia física o sexual, tanto en su propio país como en el de acogida, señala un informe de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA) publicado este martes.


Desde el inicio de la guerra, el 24 de febrero de 2022, unos 2,5 millones de mujeres y niñas han huido de Ucrania y han recibido protección temporal en diversos países de la Unión Europea (UE), donde tienen acceso a residencia y empleo.


Sin embargo, el informe de la FRA advierte que la llegada a esos países no ha supuesto el fin de la violencia ni de la vulnerabilidad para muchas de estas mujeres ucranianas.


"Buscar refugio en Europa debería haberles brindado consuelo, pero a pesar de la protección que ofrece la UE, muchas mujeres sufren graves violaciones y se sienten inseguras", asegura la directora de la FRA, Sirpa Rautio.


El estudio, basado en entrevistas con 1.223 mujeres huidas de Ucrania, realizadas entre marzo y junio de 2024 en Alemania, República Checa y Polonia, los países que más refugiados de guerra han acogido, advierte de muchos casos de "abusos de derechos, violencia y explotación".


Ucrania: sin novedad en el frente
Juan Rodríguez Garat Almirante (R). el debate. 24 Febrero 2026

Si hay algo que todos los jubilados tenemos en común es que el tiempo pasa muy deprisa para nosotros. Sin que apenas me haya dado cuenta, ha transcurrido casi un año desde que publiqué en El Debate una columna de título equívoco –El Cuarto Año Triunfal– elegido a propósito porque toda herramienta, incluida la reducción al absurdo, es lícita para combatir la desinformación. Releo lo escrito entonces y, como esperaba en el momento de su publicación, bastaría añadir doce meses más a la batalla de Pokrovsk y 80.000 al número de soldados rusos muertos en combate para que ni siquiera los rusoplanistas más irredentos se dieran cuenta de que me he plagiado a mí mismo.


Con todo, no voy a recurrir a un truco tan bajo. No lo haré por respeto a quienes combaten en el frente, a quienes seguro que el último año se les ha hecho más largo que a mí. Por respeto, también, a quienes les esperan en sus hogares, en Rusia o en Ucrania, sin saber si algún día van a volver a casa.


Lo cierto, sin embargo, es que hay muchas cosas que no han cambiado. Día tras día, mueren centenares de soldados rusos y ucranianos —víctimas de los drones en su mayoría— en un forcejeo estéril por unos pocos kilómetros cuadrados de terreno, las más de las veces sin la menor relevancia estratégica. Noche tras noche, en ciudades como Kiev, Odesa o Járkov, Putin asesina a hombres, mujeres y niños, solo para volver a poner en evidencia –¡sorpresa, sorpresa!– lo que todos sabemos: que los pueblos aguantan mucho más de lo que piensan los tiranos. No recuerdo que, en la larga historia de la humanidad, haya habido ninguna nación que renunciase a la libertad solo porque su enemigo le hiciera pasar frío durante el invierno.


Dos púgiles fatigados

La guerra que se libra entre Rusia y Ucrania se parece muy poco a lo que hemos visto en Venezuela o en Irán. No hay nada en los alrededores de Pokrovsk que recuerde al arte de la guerra. No hay sorpresa ni maniobra operacional. Lo que allí ocurre se parece mucho más a ese trágico duelo a garrotazos que pintó Goya. Los dos ejércitos, como púgiles fatigados, se agarran el uno al otro para mantenerse en pie mientras queman hombres, armas y dinero en un intercambio de golpes que, asalto tras asalto, sigue pareciendo insuficiente para decidir el combate.


Algún día se agotarán los contendientes, es verdad, pero ¿conocemos los límites de la resistencia de unos y de otros? No de forma precisa. Se ha escrito mucho y de forma muy sesgada sobre las dificultades que ambos bandos encuentran a la hora de reclutar las tropas que se consumen en la hoguera del campo de batalla. Sin embargo, si cualquiera de esos análisis parciales fuera riguroso, ya lo habríamos notado en la línea del frente. Trataré por ello de dar al lector una perspectiva más equilibrada.


Rusia, empeñada en una guerra de conquista más allá de sus fronteras, está obligada a confiar en el reclutamiento voluntario. Pero, cuatro años después, la mayoría de los que querían combatir ya han tomado la decisión de alistarse. El relevo generacional es notoriamente insuficiente para cubrir las bajas. El Kremlin llama a filas a unos 300.000 jóvenes cada año y, de ellos, solo los que ceden a la presión y se alistan como voluntarios terminan combatiendo en Ucrania. Es preciso, pues, ampliar el caladero a otros márgenes de edad. Sin embargo, la cantera se va agotando a pesar de que se ofrecen sueldos muy generosos a los desarraigados de la sociedad… y a los extranjeros que se dejan engañar.


El análisis de los soldados rusos fallecidos en combate hasta ahora identificados –no es tan fácil ocultar una muerte a los seres queridos que, de repente, dejan de recibir noticias del frente– muestra un acusado desequilibrio regional que desmiente el apoyo popular a la guerra del que alardea Putin. Mientras en Moscú se contabilizan menos de cinco muertos por cada 10.000 hombres, la cifra en Siberia es 30 veces más alta. Sí, es verdad que queda mucha gente apta para combatir, pero mucha menos en las bolsas de pobreza de las que sale la carne de cañón. Esa es la razón por la que, cada día con mayor fuerza, suenan en Rusia los rumores de una nueva movilización parcial para la defensa de los «objetivos estratégicos».


Ucrania, que defiende su tierra, sí moviliza a sus ciudadanos de forma obligatoria, aunque no antes de cumplir los 25 años. Una edad, es verdad, muy generosa… pero hace cuatro años era a los 27. Mala señal. Si Putin no consigue incrementar la cifra de tropas desplegadas en suelo enemigo –que lleva años establecida en alrededor de 700.000 hombres– Zelenski tampoco. Y, por desgracia para él, no todo puede arreglarse con drones.


La cuestión económica

¿Y qué pasa con la economía? La guerra es muy cara pero, en el caso de Ucrania, no son ellos los que pagan la parte del león de la factura. ¿Hasta cuándo va a ser así? Europa ha reemplazado la ayuda estadounidense con menos apuros de los previstos y, si se exceptúan los carísimos misiles Patriot –los únicos que pueden defender las ciudades contra los misiles balísticos que les lanza el criminal del Kremlin–parece que Kiev tiene ya garantizada la financiación de los próximos dos años de lucha.


Y, si hay dinero, también habrá armas, sobre todo cuando el porcentaje de fabricación de material de guerra en la propia Ucrania aumenta al ritmo de diez puntos cada año, a pesar de la estéril presión rusa sobre la energía. A estas alturas, todos los objetivos de valor militar en Ucrania ya tienen sus propios generadores, la mayoría en locales a prueba de drones. Pueden destruirse, por supuesto, pero son mucho más baratos y fáciles de reemplazar que los misiles que se necesitan para hacerlo.


Putin también gasta en la guerra más de lo que puede permitirse, pero empezó la contienda con las cuentas saneadas y mucho margen para empeorar. Más que las sanciones, que Rusia sortea lo mejor que puede con ayuda de China, el problema para el dictador es que, al contrario que Zelenski, él no cuenta con un donante que pague sus facturas. Los analistas nos describen un panorama económico que, desde la perspectiva de un país democrático, sería muy preocupante: inflación cerca del 10 %, tipos de interés muy elevados, crecimiento insuficiente, acusada caída de las exportaciones de gas y petróleo, fuerte incremento de los impuestos al consumo y aumento exponencial del déficit presupuestario.


Sin embargo, Rusia ya ha dejado de ser un país democrático. Si no hemos visto a ningún pueblo rendirse a su enemigo por el frío, tampoco conocemos ninguna dictadura que haya tirado la toalla porque al autócrata de turno no le cuadrasen las cuentas. La mayoría de los súbditos de Putin preferirán pasar apuros a fin de mes a vivir gratis en las cárceles rusas.


La voluntad de vencer

Como ocurre en los combates de boxeo cuando los púgiles no tienen en sus puños razones decisivas, al final es la voluntad de vencer la que decide las guerras. El pueblo ucraniano está obligado a defender su tierra porque, al contrario de lo que le ocurre al ruso, que puede volver a sus hogares a continuar con sus vidas, ellos no tienen otro lugar a donde ir.


Por esa razón, a pesar de la traición de un Donald Trump que en su corazón está mucho más cerca de Putin que de Zelenski, Ucrania resiste. Defiende sus posiciones y, cuando tiene una oportunidad, contraataca. Lo hace en el frente, como ha ocurrido hace algunos meses en la ciudad de Kúpiansk y, más recientemente, en la región de Zaporiyia. Y lo hace también en la retaguardia, para vergüenza del rusoplanismo militante. Mientras Peskov achaca la indefensión de Venezuela o Irán a que sus militares no saben manejar los misiles rusos, su Ejército se muestra incapaz de proteger sus propias refinerías y bases aéreas. Y no estamos hablando de enfrentarse a los furtivos F-35 o a los bombarderos B-2, sino a los modestos drones y misiles de largo alcance fabricados casi artesanalmente en la propia Ucrania.


Por desgracia, la ventaja aparente del pueblo ucraniano en el decisivo terreno de la moral de combate se ve equilibrada porque, en la Rusia de Putin –como en la Corea de su aliado Kim Jong-un– la voluntad de vencer la suple el exespía con ayuda de las únicas herramientas que él verdaderamente parece entender: los mecanismos de la represión. Los rusoplanistas suelen defender que esta no es la guerra de Putin, sino la de su pueblo. Vana ilusión. Si tuviera verdadero apoyo, el dictador no habría tenido que condenar a largas penas de cárcel a quienes se han atrevido a cuestionar la «operación especial». Si no temiera a la opinión de los rusos no habría tenido que prohibir el WhatsApp y restringir el uso del Telegram, incluso a los soldados que lo necesitan en el frente ahora que Elon Musk les ha cortado el acceso al Starlink.


Tablas sin gloria

Todo lo expuesto en los párrafos anteriores justifica lo que hemos visto en el Cuarto Año Triunfal. Pero, ¿qué vamos a ver en el siguiente? Sé que llevo años repitiendo lo mismo, pero todo apunta a que el forcejeo de peones en algunas de las casillas menos relevantes del tablero ucraniano no va a impedir un resultado final de tablas. Tablas, además, sin excesiva gloria para ninguno de los contendientes. Ambos se van a quedar muy lejos de sus objetivos políticos y, para más inri, es probable que los dos lo sepan. Sin embargo, pasarán todavía algunos años antes de que Putin o quien le suceda en el trono del Kremlin se resigne a ver una futura Ucrania soberana e independiente, integrada en Europa si es que eso es lo que los ucranianos y los europeos deciden libremente.


En el bando opuesto, es más sencillo que Zelenski o quien le suceda llegue a aceptar que, en el mundo sin reglas de los Putin y de los Trump, Ucrania no va a ser capaz de hacer valer su derecho a la integridad territorial. Pero ningún líder ucraniano lo hará a cambio de nada, como pretende el dictador ruso. Steve Witkoff, el inepto negociador y declarado rusoplanista que, vaya usted a saber por qué, tiene la confianza del presidente de los Estados Unidos, debe de ser el único que no se ha dado cuenta de que la retirada ucraniana del Donbás que él trata de forzar no significaría para Putin el fin de la guerra, sino solo el comienzo de una negociación armada en la que el verdadero objetivo es la rendición incondicional de Ucrania y su vuelta a la órbita de Moscú.


Afortunadamente para los ucranianos, Zelenski tiene las cosas mucho más claras que Trump y no cederá nada sin un acuerdo de garantías… que Putin no puede aceptar porque, si lo hiciera, Ucrania se le escaparía viva. Por eso, mientras sobre el terreno sigue representándose la tragedia provocada por el error estratégico cometido por el dictador ruso hace ya cuatro años, los lectores de El Debate no podemos hacer otra cosa que esperar sin esperanza. Esperar a ver qué da de sí este «Quinto Año Triunfal». Nunca se sabe. Quizá todavía me sirva lo que escribí el año pasado para explicar lo que va a ocurrir en el siguiente.


Cuarto aniversario

Cómo la invasión rusa de Ucrania precipitó la debacle del Grupo Wagner y dónde está ahora
En el cuarto aniversario de la guerra, repasamos la situación de esta organización de mercenarios que fue clave durante los primeros días y meses del conflicto
Andrea Polidura. el debate. 24 Febrero 2026

La muerte del líder del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, en un accidente de avión en agosto de 2023, fue el último clavo en el ataúd de esta milicia paramilitar, que se venía gestando desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, y que este martes cumple su cuarto aniversario. En poco más de un año, Prigozhin pasó de formar parte del círculo más íntimo del autócrata ruso, Vladimir Putin, a ser desterrado y repudiado. El líder de Wagner llegó a ser alguien relevante en Rusia precisamente por su estrecha relación con el inquilino del Kremlin, del que fue cocinero, de ahí su apodo: el 'chef de Putin'.


Sin embargo, su trágico final, fallecido en un accidente aéreo tan solo dos meses después de liderar un fallido golpe de Estado, precipitó la debacle final del Grupo Wagner, ahora rebautizado como Africa Corps, centrando sus operaciones en este continente. Prigozhin comenzó su carrera como vendedor ambulante de perritos calientes en los años 90 en San Petersburgo, ciudad natal de Putin, tras salir de la cárcel condenado por robo. Poco a poco fue amasando una fortuna que reinvirtió en un negocio de catering, lo que le llevó a conocer al presidente ruso y que, a su vez, le catapultó a lo más alto del negocio de la restauración a través de jugosos contratos públicos y licitaciones.


En 2014, el reconvertido magnate de la hostelería decidió dar el paso definitivo y convertirse en el señor de la guerra, fundando el Grupo Wagner. Gracias a su buena relación con Putin, Prigozhin llegó a pedir al Ministerio de Defensa ruso que le permitiera el acceso a sus instalaciones para entrenar a «voluntarios» sin que estos tuvieran vínculos oficiales con el Ejército ruso. Tan solo un año después, esta milicia acudía al rescate del dictador sirio Bashar al-Asad, quien ahogó en sangre el levantamiento de su pueblo. Desde su creación, Wagner ha sido la punta de lanza de muchas de las aventuras bélicas de Putin en el exterior. La invasión de Ucrania no fue una excepción, pero sí su perdición.


Los milicianos, junto con los comandos chechenos, fueron claves en los primeros días y meses de la «operación militar especial» en Ucrania –eufemismo con el que se refieren en Rusia a la guerra–, ya que lo que Putin imaginó como un blitzkrieg se transformó rápidamente en un conflicto de desgaste y trincheras. Prigozhin, empujado por la frustración en el frente de batalla, inició una pugna contra el entonces ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, con quien ya mantenía una rivalidad desde hacía años, y finalmente acabó cruzando una línea roja con sus ataques a Putin. Desde ese instante, el Grupo Wagner tenía los días contados. El líder de la milicia se quejaba de la falta de organización y anticipación del Ministerio de Defensa ruso. También denunció la escasez de recursos y armamento.


El punto de inflexión llegó con el fallido golpe de Estado de Wagner en junio de 2023, una rebelión que precipitó la disolución del grupo de paramilitares y la muerte de Prigozhin dos meses después. Con la salida de los milicianos de Ucrania y la mala acogida de las movilizaciones entre los rusos, el Kremlin ha tenido que acudir a combatientes norcoreanos, chinos y africanos. Precisamente, en África es donde centra ahora el Grupo Wagner sus operaciones, especialmente en el Sahel. «El Africa Corps tiene vínculos aún más estrechos con el Estado ruso que el Grupo Wagner», señalaba ya en enero de 2025 un informe del Instituto Danés de Estudios Internacionales (DIIS). Por su parte, en un documento de noviembre del pasado año, el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) advertía de la amenaza que supone para la seguridad europea la presencia de estos mercenarios en el continente africano.


El Grupo Wagner, afirma el IEEE, ha desestabilizado el equilibrio de seguridad regional, socavando esfuerzos internacionales contra el terrorismo y extendiendo la influencia rusa en detrimento de Europa. Asimismo, ha reforzado a las organizaciones terroristas con gran presencia en el Sahel, espoleando un flujo de inmigración masiva que luego colapsa las fronteras del sur de Europa. La influencia de esta organización paramilitar penetra hasta el corazón de los propios países europeos, donde, según información revelada por el Financial Times, reclutan a individuos para cometer sabotajes o actos violentos en territorio de la OTAN a cambio de una compensación económica.


La guerra de Ucrania y la crisis de Europa
Aquilino Cayuela. el debate. 24 Febrero 2026

Se cumplen ya cuatro años desde la invasión de Rusia sobre Ucrania. Esta guerra ha desbaratado ya las expectativas mundiales generadas en los últimos treinta años.


Un conflicto que muchos analistas anticiparon que sería breve y devastador para Kiev y ha resultado prolongado y costoso para ambas partes. La capacidad de Ucrania para defender su territorio, innovar militarmente y movilizar a Estados Unidos y los países europeos ha superado con creces la mayoría de las previsiones.


Por su parte, Rusia ha tenido un rendimiento militar distinto al esperado, pero ha regenerado sus fuerzas, mejorado sus tácticas con el tiempo y mantenido su economía a niveles que han sorprendido incluso a los observadores más perspicaces.


A medida que continúa la mayor guerra terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, y con la incertidumbre de cualquier paz futura o incluso alto el fuego, ha arrastrado al continente a una sucesión de crisis inesperadas y crecientes.


La guerra en Ucrania ha sido una lección trágica y costosa sobre los conflictos del siglo XXI. Ambas partes han movilizado y remodelado sus sociedades, han atacado una serie de objetivos importantes y han sufrido pérdidas devastadoras. Los conflictos entre grandes potencias del futuro serían, sin duda, aún más destructivas.


La guerra ha sumido al conjunto de Europa occidental en una concatenación de crisis que afectan a su autonomía energética, a su autonomía de defensa y, lo que es más profundo a su propia identidad, a la misma identidad de la Unión Europea que como bien recordaba hace unos día el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, debe replantearse seriamente:


«Estados Unidos y Europa –decía– formamos parte de una misma civilización: la civilización occidental. Estamos unidos por los lazos más profundos que pueden compartir las naciones, forjados por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común que hemos heredado».


«Por eso –añadía Rubio– el presidente Trump exige seriedad y reciprocidad a nuestros amigos aquí en Europa. La razón, amigos míos, es porque nos importa profundamente. Creemos que Europa debe sobrevivir, porque las dos grandes guerras del siglo pasado nos sirven como recordatorio constante de que, en última instancia, nuestro destino está y siempre estará entrelazado con el suyo, porque sabemos sabemos que el destino de Europa nunca será irrelevante para nuestro propio destino».


Aseveraba que Estados Unidos está con Europa pero que solo «puede defender a sus aliados y socios con un nivel de riesgo aceptable, Estados Unidos reforzará su capacidad de disuasión al hacer que su intervención sea más creíble a los ojos de sus adversarios».


Por encima de todo, la invasión de Ucrania ha demostrado a Estados Unidos que necesita una nueva teoría de la victoria para las guerras en las que grandes potencias agresoras atacan a aliados o cuasi aliados de Estados Unidos. Solo vinculando amenazas creíbles, calibrando la escalada y gestionando las alianzas de la coalición podrán Washington y sus aliados prevalecer en guerras que siguen siendo limitadas en intensidad y alcance, pero que, no obstante, causan enormes pérdidas.


Pero, por encima de todo, ha mostrado a la Unión Europea que debe despertar del sueño. Sabemos hace tiempo que los propósitos de la Agenda 2030 son ya inviables, que no estábamos en el «fin de la historia», ni habíamos alcanzado el espejismo ilustrado de «la paz perpetua». Estos cuatro años nos despiertan del ensueño de un cúmulo de errores: La ONU no ha tenido respuesta ni papel en todo esto. Al mismo tiempo, no podemos anteponer un hipotético orden mundial a los intereses vitales de nuestros pueblos y nuestras naciones, se requiere de un mayor soberanismo por parte de las naciones y los pueblos.


La gran inmigración es y sigue siendo una crisis, sin precedentes que está erosionando y desestabilizando las sociedades de todo Occidente. Ya no es viable un mundo sin fronteras, porque amenaza de forma inminente la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestras naciones.


La globalización fue una elección política consciente y una iniciativa económica que, ahora vemos que despojó a nuestras naciones de su riqueza, de su capacidad productiva y, con ello de su independencia. Algo particularmente sangrante en Europa occidental.


Europa se ha convertido, como defendía el canciller alemán, Friedrich Merz, también hace unos días, en un «continente sin cualidades» y mientras que Estados Unidos se está adaptando a esta nueva dinámica a un ritmo rápido, la Unión Europea sigue aparentemente bloqueada.


Por eso el canciller Merz llamaba a Alemania a «fortalecerse militar, política, económica y tecnológicamente», reduciendo así sus dependencias y frenando la proliferación de la burocracia y la regulación europeas.


Europa está viviendo también un cambio político, en buena parte, fruto de esta guerra que nos afecta a todos. Los ciudadanos quieren cada vez más superar la crisis europea de los rígidos parámetros establecidos en la cúpula de la Unión Europea.


Mientras no se supere el bucle ideológico y se destinen los recursos a atender la realidad de las personas de a pie, y mientras no recuperemos nuestro sentido de pertenencia de formar parte de una gran civilización, que tiene todas las razones para estar orgullosa de su historia, no podremos hacer frente a las crisis presentes y futuras.


Ucrania encara el cuarto aniversario de la guerra con Rusia en plena crisis energética y sin esperanzas de paz
Trump prometió poner fin al conflicto "en 24 horas" tras llegar a la Casa Blanca, pero la situación sigue enquistada
Vozpópuli. 24 Febrero 2026

Cuatro años de guerra, y la paz no parece más cerca que en la primavera de 2022. La invasión de Rusia a Ucrania cumplirá su cuarto aniversario el próximo martes, con un conflicto que parece encallado tanto en el campo de batalla como en la mesa de negociaciones. Los bandazos de Donald Trump en su acercamiento a ambos contendientes y el menguante papel de la Unión Europea en el desarrollo del conflicto ha conducido a una situación de impás relativo en el que la línea del frente sigue redibujándose cada día y el número de muertos sigue aumentando y ronda ya el medio millón.


El enfrentamiento se mueve actualmente en torno a tres puntos clave: los ataques terrestres y aéreos a través de drones y misiles, la cuestión energética y el papel de las grandes potencias en la búsqueda de una resolución del conflicto.


Bombardeos

En primer lugar, los ataques. En 2022 las noticias se centraron en movimientos decisivos en el frente que no han vuelto a producirse a la misma escala desde entonces. Nada más lanzar su invasión hace ahora cuatro años, las fuerzas rusas quisieron rodear Kiev y se hicieron con zonas estratégicas del noreste y, sobre todo, el sureste de Ucrania como la región de Jersón y la central nuclear de la región vecina de Zaporiyia, que sigue hasta hoy bajo control ruso y es motivo de discordia en las negociaciones.


Las línea de frente se han ido modificando desde entonces. En la madrugada de este domingo un nuevo bombardeo nocturno de Rusia conformado por casi 350 proyectiles ha dejado al menos seis muertos en Ucrania, cinco de ellos en la capital homónima de la provincia de Sumi, en el noreste de Ucrania, donde el bombardeo ha afectado además a una instalación de la multinacional estadounidense Mondelez, según han informado las autoridades regionales.


Los bombardeos han alcanzado además cinco municipios de la región de Kiev que han dejado un fallecido y quince heridos, producto de un bombardeo generalizado contra 14 localidades del país en el que han intervenido 345 aviones no tripulados, misiles balísticos Iskander-M/S-400, misiles antibuque 3M22 Zircon y misiles de crucero.


También Kiev ha registrado a lo largo de la madrugada múltiples detonaciones que han llevado a las autoridades capitalinas a declarar la alerta aérea en la ciudad. Posteriormente, con el despegue de bombarderos rusos, la alarma se ha extendido a todo el país. "El enemigo está atacando la capital con armas balísticas. ¡Por favor, permanezcan en los refugios hasta que se dé la señal de fin de alerta!", ha advertido el jefe de la Administración Militar de la ciudad, Timur Tkachenko, a través de la misma plataforma de mensajería.


Estos ataques tienen lugar en el contexto más amplio de los bombardeos periódicos que Rusia viene lanzado contra infraestructuras civiles ucranianas, incluidos edificios residenciales y redes energéticas, desde la invasión del país en febrero de 2022. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estableció hace unas semanas que el número de fallecidos en el conflicto son de unos 325.000 rusos y entre 100.000 y 140.000 ucranianos, mientras que la cifra total de bajas (muertos, heridos o desaparecidos) superaría los dos millones de personas entre los dos bandos.


Energía

Por otra parte, la cuestión energética también ha sido clave en el desarrollo de la guerra. Los bombardeos rusos sobre las centrales eléctricas ucranianas han sido una constante, especialmente durante los inviernos, para que la población civil sufriese especialmente las gélidas temperaturas en el país durante esta época.


En la actualidad, Eslovaquia y Hungría han amenazado con suspender el suministro de electricidad de emergencia -que ayuda a estabilizar la red ucraniana tras los bombardeos rusos- si Ucrania no reanuda el tránsito de petróleo ruso por el oleoducto Druzhba, algo que desde Kiev consideran que es un "chantaje" de dos países con líderes como Fico y Orban cercanos a los intereses del Kremlin.


"Ucrania está en contacto constante con representantes de la Comisión Europea sobre los daños causados por los ataques rusos diarios contra la infraestructura energética ucraniana. También hemos proporcionado información sobre las consecuencias de estos ataques rusos contra la infraestructura del oleoducto Druzhba a los Gobiernos de Hungría y Eslovaquia", destacó el Ministerio de Exteriores ucraniano este sábado.


Kiev señaló que no sólo está trabajando para reparar las infraestructuras dañadas, sino que también ha propuesto vías alternativas para suministrar petróleo no ruso a los citados países.


"Al mismo tiempo, a la luz de las amenazas infundadas e irresponsables que han llegado de Budapest y Bratislava en los últimos días, Ucrania está considerando la posibilidad de activar el Mecanismo de Alerta Temprana como parte del acuerdo de asociación entre Ucrania y la Unión Europea", agregó el Ministerio.


El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ya anunció el viernes que bloqueará el desembolso del préstamo comunitario de 90.000 millones de euros (unos 106.000 millones de dólares) a Ucrania hasta que Kiev reanude el tránsito de crudo ruso hacia Hungría por el oleoducto Druzhba.


Negociaciones

Con el estancamiento del frente y la llegada al poder de Donald Trump, el foco de atención sobre la guerra de Ucrania se ha trasladado a las negociaciones, las llamadas entre líderes y los mensajes en redes sociales con los que el presidente de EE.UU. da pistas sobre las medidas que piensa tomar para que ambos bandos firmen un acuerdo de paz.


El regreso de Trump a la Casa Blanca, quien dijo en su campaña electoral que pondría fin al conflicto "24 horas después" de volver al Despacho Oval, trajo consigo una nueva fase en la guerra centrada en unas negociaciones que no han resultado de momento en ningún acuerdo estable de alto el fuego.


La realidad sobre el terreno ha forzado a Kiev a renunciar a lo que ha perdido en el campo de batalla, pero los ucranianos rechazan entregar el Donbás que sigue bajo su control, como exige Rusia como condición para llegar a cualquier acuerdo.


Ambos bandos pagan el desgaste de cuatro años de guerra, con un gran número de bajas que está en proporción a sus respectivas poblaciones y también en el plano económico. Rusia ve actualmente caer los ingresos petroleros con los que paga la guerra por unas sanciones occidentales a las que ha contribuido Trump con su embargo a los gigantes del sector rusos Lukoil y Rosneft. Ucrania depende completamente de sus socios para subsistir, aunque Trump ha cerrado el grifo de la ayuda financiera a Kiev, cuya viabilidad como Estado y esfuerzo de guerra depende ahora enteramente del dinero europeo.


Esta misma semana se iniciaba una nueva ronda de negociaciones de paz en Ginebra, pero Zelenski apunta que la vía diplomática no funcionará a menos que vaya acompañada de nuevas medidas de castigo a Rusia. "Nuestra diplomacia será efectiva si hay justicia y fuerza. La fuerza de la presión sobre la Federación Rusa, la fuerza de las sanciones, apoyo constante y rápido al Ejército ucraniano, a nuestras defensas aéreas", escribió Zelenski en sus redes sociales.


La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, señaló que en las nuevas negociaciones "se lograron avances significativos por las partes" y dijo que volverían a sentarse a la mesa en el futuro. Se trata del tercer encuentro trilateral entre EEUU, Ucrania y Rusia, dejando de nuevo fuera a la Unión Europea.


Zelenski anunció este sábado que la semana que viene tiene previsto reunirse con "socios europeos" para trasladarles estas conversaciones de paz. "Mis encuentros con los socios europeos la semana que viene ya están planeados. Nos coordinaremos en detalle para que Europa esté incluida en todos los procesos y se vuelva más fuerte", dijo el presidente ucraniano en un discurso a los ciudadanos.


El presidente Zelenski aún sigue aquí ¡Slava Ukraini!
Pedro Gil Ruiz. libertad digital. 24 Febrero 2026

La guerra entra en su quinto año. El horror y la muerte ya no ocupan titulares. Tampoco la determinación de un pueblo que no se rinde. No debemos olvidar.


Mientras los tertulianos de Espejo Público, el programa de A3, esperaban para entrar en directo, uno de ellos, un veterano periodista especializado en asuntos de defensa, asegura que en una semana los rusos ocuparán Kiev. Tan convencido está que, rizando el rizo, afirma que es el plazo necesario para que las autoridades ucranianas abandonen la ciudad. Era el 24 de febrero de 2022 y unidades de blindados del Ejército Rojo avanzaban hacia la capital ucraniana como si de un desfile se tratará. Preludio de un atasco de 64 kilómetros que resultaría fatídico para el invasor.


No fue el único en predecir una derrota rápida. Nadie daba un duro por Zelenski. Citado por The Guardian, el ministro de Defensa ucraniano, Olekiy Reznikov, recuerda su visita al Pentágono tras asumir el cargo, en noviembre de 2021. Como sus anfitriones estaban seguros de que se produciría una invasión rusa, preguntó si considerarían aumentar el envío de armamento. El ministro ironiza sobre la respuesta de sus colegas estadounidenses: "Imagina que tienes un vecino que llega a casa con un diagnóstico de cáncer y que se va a morir en tres días. Te dará lástima, pero no le vas a proporcionar medicamentos caros". Hoy comienza el quinto año de la resistencia ucraniana al ataque ordenado por el autócrata ruso que hizo con el derecho internacional lo mismo que hoy hace su homólogo americano.


Las semanas previas a la invasión cuentan la historia de un éxito de inteligencia parejo a un fracaso de predicción. La CIA y el MI6 acertaron al advertir acerca de las intenciones de Putin, pero erraron al dar por sentada una rápida victoria rusa. Fue un análisis del desenlace contaminado por prejuicios y una infravaloración de la voluntad y la capacidad de resistencia del pueblo ucraniano, sus fuerzas armadas y su presidente. Erraron también, de manera más preocupante, los servicios europeos, por cuanto el análisis político anuló el de inteligencia. Era arriesgado contradecir a sus respectivos gobiernos, en especial Alemania y Francia, que no admitían que una guerra a gran escala en Europa fuera posible en el siglo XXI. Para Huw Dylan, historiador de inteligencia del King's College de Londres, el escepticismo suele ser la opción más segura. "Si predices algo con implicaciones enormes, tienes más responsabilidades si te equivocas". Y no fue menor el fallo del agresor, además de dramático para sus soldados. De nada sirve contar con grandes recursos si basas tus suposiciones estratégicas -sobre el colapso de Ucrania, la pasividad occidental y la superioridad militar rusa- no como resultado de un análisis de inteligencia, sino como consecuencia de la negación institucionalizada, de la sumisión a la voluntad política de Putin.


El presidente Volodimir Zelensky fue elegido en 2019. Uno de sus objetivos era intentar una negociación que pusiera fin al conflicto iniciado por Rusia en el este de Ucrania en 2014. Meses antes de la invasión, desvanecidas las posibilidades de entablar conversaciones con Putin, al Gobierno ucraniano le preocupa que las informaciones sobre una guerra inminente provoquen una crisis económica y política. Temen el colapso del país. Hacerle el trabajo a Rusia, que controlaría Ucrania sin necesidad de enviar un solo soldado. "El presidente Zelenski pide a Occidente que no alimente el pánico", titulaba la BBC.


Convencido de que el alarmismo, especialmente de EE.UU., era un peligro para la estabilidad interna, el 19 de enero de 2022 un Zelenski, delgado y que todavía viste traje y corbata, se dirige a los ciudadanos de Ucrania: "Los riesgos no han aumentado hoy, lo que ha aumentado es el revuelo mediático. Ahora no se están atacando solo nuestras fronteras, sino vuestros nervios. El objetivo es que sintáis una ansiedad constante, que tengáis una sensación de inseguridad… No os preguntéis '¿qué va a pasar?', sino '¿qué debemos hacer?' No os dejéis llevar por el pánico". El presidente advierte de que se le está haciendo el juego a Putin. "Mantened la cabeza fría. Confiad en vuestro ejército y en vuestro Estado. Estamos preparados para todo, pero queremos la paz. No os rindáis ante la guerra psicológica. ¡Gloria a Ucrania!" Es el discurso de alguien que no quiere un conflicto.


Ha pasado poco más de un mes. Es 25 de febrero, un día después del comienzo de la invasión a gran escala. Zelenski graba un vídeo con su móvil. Va con ropa militar. Está junto a su equipo de gobierno, cerca de las dependencias gubernamentales. "Buenas noches a todos. El líder del partido (Servidor del Pueblo) está aquí (señala a David Arakhamia). El jefe de la oficina presidencial está aquí (señala a Andriy Yermak). El primer ministro (Denís) Shmyhal está aquí. Podolyak (Myjailo, asesor de Yermak) está aquí. El presidente está aquí. Todos nosotros estamos aquí. Nuestros militares están aquí. Los ciudadanos y la sociedad estamos aquí. Todos estamos aquí defendiendo nuestra independencia, nuestro Estado, y así seguirá siendo. ¡Gloria a nuestros defensores! ¡Gloria a Ucrania!". Es de noche y los cinco se encuentran en un lugar emblemático, en la calle Bankova, frente a la Casa con Quimeras, en el centro de Kiev. Los servicios de inteligencia occidentales y los medios de comunicación rusos daban por hecho que el Gobierno ucraniano estaba desmoronado y que Zelenski había abandonado la capital. "Prezydent tut" ("El presidente está aquí"). Los 32 segundos del vídeo, la fuerza y el simbolismo de esa afirmación, marcan el inicio de la resistencia al invasor. Todo cambia desde entonces. Cinco años después: "Prezydent dosi tut" ("El presidente aún sigue aquí").


El Instituto Internacional de Sociología de Kiev (KIIS) publicó a principios de febrero dos encuestas de opinión. La primera sobre la confianza en el presidente Zelenski. La mayoría sigue reconociendo su trabajo. El 61% confían en él. Llama la atención un dato: en febrero de 2022 esta confianza solo la tenía un 32%. La principal conclusión de la segunda encuesta es que los ucranianos no se rinden. "Uno de los factores más importantes que fortalecen la resiliencia de la gente es la comprensión de que es una guerra existencial, afirma el director del KIIS, Anton Hruschezkyj en declaraciones a DW. Para los ucranianos la guerra no es solo una cuestión de justicia, sino de pura supervivencia". Los datos lo confirman. El 65% dice estar dispuesto a aguantar el tiempo que sea necesario. El 88% cree que al atacar el sector energético, Rusia está intentando dejar a los ucranianos sin electricidad ni calefacción. Obligarlos a rendirse en un invierno muy duro con temperaturas de 25 bajo cero. Los ucranianos han comenzado a describir esta penuria como "Cholodomor" o "asesinato por frío". Una variante de "Holodomor" o "muerte por inanición". El nombre que se le dio a la hambruna provocada por Stalin entre 1932 y 1933.


La guerra entra en su quinto año. El horror y la muerte ya no ocupan titulares. Tampoco la determinación de un pueblo que no se rinde. No debemos olvidar. Ni aceptar que los intereses del presidente magnate pisoteen su dignidad. ¡Slava Ukraini!


El futuro de Europa se juega en las trincheras de Ucrania
El Ejército ucraniano continúa resistiendo contra todo pronóstico, pese a asumir un coste devastador. El destino de Kiev se cierne sobre los países bálticos y del este europeo que Putin codicia
Amador Guallar. Barcelona. la razon. 24 Febrero 2026

El cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa es una noticia agridulce. El coste humano sigue siendo horripilante, aunque contra todo pronóstico Ucrania resiste incluso cuando el precio es insufrible y continúa ascendiendo: cientos de miles de muertos y heridos, millones de refugiados, un trauma psicológico nacional, ciudades enteras arrasadas y la infancia perdida para millones de niños. Las velas para celebrar este aniversario no se colocan en un pastel alrededor del cual se canta y se ríe, sino que están clavadas en las tumbas y en los candelabros de las capillas ortodoxas donde se recuerda a los muertos.


El camino para sobrevivir a la invasión no ha sido fácil y continúa lleno de baches, cráteres y abismos. Desde repeler los tanques del Kremlin que estuvieron a punto de capturar la capital, en febrero de 2022, una acción de defensa que pocos creían posible, hasta ver cómo Donald Trump, el líder de su máximo aliado, Estados Unidos, les daba la espalda para estrechar la mano de su enemigo, y luego humillaba a Volodimir Zelenski en la Casa Blanca, y con él la lucha de un pueblo que se está dejando el alma.


¿Cuánto aguantará Kiev?

Cuatro años de ofensivas sangrientas, combates en trincheras como salidas de la batalla de Verdún, bombardeos indiscriminados y crímenes de guerra. Cuatro años de una guerra que ha mezclado el espanto de los conflictos mundiales pasados con la tecnología de los cohetes supersónicos y los drones, que son el terror de ambos bandos. Sin embargo, ¿hasta cuándo podrá aguantar Kiev ante las presiones de Washington para que firme un acuerdo viciado y vasallo de Moscú? Ese no es el espíritu de un pueblo cuya flor nacional, el girasol, ha sabido transformar su tallo y pétalos en corazas de hierro.


La presión no cesará hasta que haya un nuevo presidente en la Casa Blanca, y para eso faltan dos años. Es decir, dos nuevos aniversarios en los que celebrar la resistencia, o, en caso de lo peor, llorar por la derrota. No obstante, hay otro actor que, delimitado por su propia moral y el recuerdo de la devastación pasada, todavía esconde la patita: Europa. Las sanciones y el suministro del material de guerra son sus armas, pero estas ya no son suficientes. Por eso, quizá ha llegado el momento de que los líderes europeos dejen de agarrarse a la silla política y empiecen a nutrir las filas de Kiev con sus tropas, como ya sucede en la Legión Extranjera ucraniana.


Hasta ahora, Europa ha luchado detrás de las bambalinas, como este reportero pudo comprobar in situ en los campos de batalla de diversos frentes ucranianos. ¿Por qué no dejarse de remilgos y dejar que la OTAN se sume a la defensa? ¿Sería el inicio de la tercera guerra mundial? No lo fue cuando Rusia sumó tropas de diversos países africanos y Corea del Norte. Si los parlamentarios europeos hubieran visto a los hombres que volvían de la primera línea de Bajmut con la mirada alucinada, quizás entenderían que Ucrania está sacrificando a su juventud y necesita algo más que dinero, equipo militar y sanciones. Hay unidades enteras que llevan años combatiendo casi sin parar.


Durante la inundación de Jersón, en pleno asalto ruso, Yura, un veterano que tenía que vivir en el altillo de su casa porque el agua pasaba del segundo piso, fue más que claro: "Soy el último que queda de mi destacamento. A mí me han salvado las heridas que me impiden volver al Ejército, sino seguramente habría acabado muerto como mis compañeros".


Washington no es un aliado de fiar

Europa debe integrarse en la defensa del territorio de Kiev, sobre todo porque Washington ya no es un aliado de fiar. Por ello, es justo preguntarse: ¿Por qué deberíamos mandar a nuestros soldados? ¿Por la libertad y el derecho a decidir de un país? ¿Para salvaguardar las fronteras? ¿Por los recursos y la lucrativa venta de armas? ¿Para conservar y explotar sus recursos naturales? ¿Para detener la expansión rusa en busca del eco de lo que fue la Unión Soviética? Las respuestas a estas cuestiones, acertadas o no, dan para libros enteros. Sin embargo, antes de todas estas preguntas, y muchas otras, hay una verdad inamovible: en este conflicto sigue habiendo un agresor y un agredido.


Las dos caras de la moneda no son iguales. Peor aún, cuando una superpotencia de tintes totalitarios se expande a través de las armas, los países vecinos tienen dos opciones: entregarle las llaves de casa o resistir. Por eso se lucha en Ucrania, cuyo destino también se cierne sobre los países bálticos y del Este de Europa, que Vladimir Putin codicia ya sea porque el megalómano quiere devolver a Rusia su gloria perdida, o porque EE UU y la Unión Europea le dieron la excusa perfecta para atacar a Kiev al expandirse hacia sus fronteras, después de promover rebeliones como la Revolución de Maidán (2014), que fue la llama que encendió el conflicto.


Recuerdo esos días de barricadas, fuego y hielo en la capital ucraniana. La derrota del régimen pro ruso de Viktor Yanukovich llegó después de meses de lucha al estilo medieval, que terminó con un tiroteo en la plaza de la Independencia que hizo caer al expresidente. Recuerdo a los jóvenes luchando en la primera línea de barricadas, y concretamente a uno que se llamaba Danylo, al que apodaban ‘el chico del martillo’ porque había abatido a varios policías del Berkut con la herramienta que sostenía con orgullo. "Lo siguiente será luchar con Rusia y les venceremos", declaró entonces.


La ilusión de paz

En lo primero tuvo razón. La invasión de Crimea sucedió poco después y con ella la guerra del Dombás, que luego llevó a la invasión de 2022. En cuanto a lo segundo, la victoria está por ver. Ucrania necesita hombres para seguir resistiendo. Hay quien cree que mandar a nuestras tropas es un sacrificio intolerable. "Nunca pienses que la guerra, por necesaria o justificada que sea, no es un crimen", escribió Ernest Hemingway.


No obstante, si Bruselas sigue obligándose a vivir en la ilusión de la paz permanente tras la caída del telón de acero, el día menos pensado nos encontraremos gritando la pesadilla de cualquier ciudadano de la vieja Roma: Hannibal ad portas (Hannibal está en las puertas). Y entonces será demasiado tarde.


Los aliados de Zelenski muestran, sobre el terreno y a distancia, su apoyo a Ucrania
Von der Leyen, Costa y representantes de países nórdicos y bálticos viajan a Kiev para reunirse con Zelenski mientras Starmer y Macron convocan por videoconferencia la coalición de voluntarios
Agencias Kiev/Berlín. la razon. 24 Febrero 2026

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, han llegado ya a Ucrania, con el objetivo de "reafirmar" el apoyo financiero y militar europeo en el cuarto aniversario del lanzamiento de la invasión a gran escala de territorios ucranianos por parte de Rusia.


"En Kiev por décima vez desde el inicio de la guerra", ha publicado Von der Leyen en redes sociales, acompañando un vídeo en el que se la ve descender de un tren ante la recepción liderada por el ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiha. La visita, anunciada en la víspera, tiene por objetivo "reafirmar que Europa apoya firmemente a Ucrania, financiera y militarmente, y durante este duro invierno"; subrayar el "firme compromiso" de Bruselas "con la justa lucha de Ucrania, y enviar un mensaje claro tanto al pueblo ucraniano como al agresor", informa Europa Press.


La dirigente ha asegurado ademñas en el mismo mensaje que "no cejaremos hasta que se restablezca la paz", una paz "en los términos de Ucrania". Tal y como estaba previsto, también ha llegado a la capital ucraniana António Costa, quien a través de una publicación similar acompañada de una fotografía con Sibiha ha querido recordar cuatro años de "una injusta guerra de agresión" y de "inquebrantable coraje" y apoyo europeo.


La visita a Kiev de ambos dirigentes europeos incluirá su participación en un evento para conmemorar el cuarto aniversario de la agresión de Rusia contra Ucrania y a la que acudirán otros líderes europeos. Además, los presidentes de la Comisión Europea y del Consejo Europeo mantendrán una reunión trilateral con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, así como un encuentro por videoconferencia con la Coalición de Voluntarios convocado por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer. La reunión, que tendrá lugar en el momento que el conflicto entra en su quinto año, los 35 países participantes reiterarán su apoyo a Kiev en aras de alcanzar un paz duradera y sólida.


Junto a ellos, los líderes de los países nórdicos y bálticos viajan este martes a Kiev a fin de reunirse con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y evaluar la continuación del apoyo militar al país, las sanciones a Rusia y las negociaciones de paz promovidas por EE.UU, informa Efe.


La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, el primer ministro de Suecia, Ulf Kristersson, y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, anunciaron en comunicados de sus respectivas oficinas su viaje a la capital ucraniana junto a los líderes de los países bálticos.


En otro comunicado, el primer ministro de Estonia, Kristen Michal, explicó que, además de él, también participan en la visita conjunta la primera ministra de Islandia, Kristrún Frostadóttir; la primera ministra de Letonia, Evika Siliņa; el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre; y el ministro de Defensa Nacional de Lituania, Robertas Kaunas.


Asimismo se encuentra en Kiev el primer ministro de Croacia, Andrej Plenković, indicó.


En Kiev todos ellos se sumarán a la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y al presidente del Consejo Europeo, Anónio Costa, que ya llegaron a la capital de Ucrania para "reafirmar su apoyo inquebrantable a la lucha de Ucrania por la libertad".


Frederiksen indicó que los jefes de Estado y de Gobierno de los países nórdicos y bálticos se reunirán con Zelenski y debatirán, entre otros temas, la continuación del apoyo militar a Ucrania, las sanciones contra Rusia y las negociaciones en curso con Rusia.


Además, durante la jornada los líderes participarán desde Kiev por videoconferencia en la reunión de la llamada 'Coalición de los Voluntarios' convocada por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer.


Esta coalición, formada por unos 35 países, trabaja para reforzar el apoyo militar a Kiev y en las garantías de seguridad europeas que Zelenski pide a sus socios en un hipotético escenario de un alto el fuego.


Frederiksen señaló que Europa debe continuar su trabajo para situar a Ucrania en la mejor posición posible de negociación mediante el suministro de armas y el endurecimiento de las sanciones contra Rusia.


Kristersson indicó por su parte que la guerra de Rusia contra Ucrania entra ahora en su quinto año y "se ha prolongado tanto como la Segunda Guerra Mundial".


"Aún no sabemos cuándo terminará la guerra, pero cómo termine influirá en la seguridad de Suecia durante una generación. Por eso nuestro apoyo continuo es tan importante", afirmó.


Stubb recalcó que "la visita es una expresión del firme y continuo apoyo de Finlandia a Ucrania en una situación en la que el país ha estado luchando durante cuatro años contra la guerra de agresión ilegal de Rusia".


"Ahora que Ucrania entra en su quinto año de guerra a gran escala, es vital que reciba el apoyo militar que necesita para poder seguir defendiéndose”, declaró Støre en otro comunicado.


"Rusia lanzó su ataque contra Ucrania el mismo día en que Estonia celebra su Día de la Independencia. Sabemos lo valiosa que es la libertad y haremos todo lo que esté en nuestro poder para ayudar a Ucrania a alcanzar una paz justa y duradera", declaró por último Michal.


Guerra sin fin entre Ucrania y Rusia
Pedro Fernández Barbadillo. okdiario. 24 Febrero 2026

Cuando el 24 de febrero de 2022, los blindados y los camiones rusos penetraron en Ucrania, el presidente Vladímir Putin estaba convencido, porque así se le habían asegurado sus generales, de que la «operación militar especial» duraría unos pocos días. La campaña ha superado en duración otras guerras en las que ha intervenido Rusia, como la de Crimea, en el siglo XIX, y las dos mundiales. Sólo la guerra de Afganistán ha durado más, nueve años.


Según los planes elaborados en el Kremlin, el presidente ucraniano, el cómico Volodímir Zelenski, elegido en 2019, huiría en avión, caería el gobierno y se instauraría uno nuevo prorruso, todo antes de que Estados Unidos, Alemania y las demás potencias de la OTAN pudieran reaccionar. Pero Zelenski se negó a abordar un avión; y los soldados ucranianos, en vez de dispersarse o unirse a los «libertadores», les atacaron como a invasores. La «desnazificación» de Ucrania se atragantó a los rusos.


Ante la resistencia de los ucranianos, Estados Unidos y Gran Bretaña, ya presentes en el país, para reorganizar su aparato militar contra los rebeldes de las regiones de Donetsk y Lugansk empezaron a mandar ayuda. En las semanas siguientes, se les unieron los demás miembros de la OTAN, incluso España, cuyo gobierno de izquierdas al principio anunció el envío de «armas defensivas».


Aunque Ucrania ha perdido un 20% de su territorio, ni el gobierno de Kiev ni el frente se han hundido. Rusia ha conseguido unir por tierra la península de Crimea, donde se encuentra el único puerto en aguas tibias que tiene su armada, con la masa continental rusa. Pero ha fracasado en provocar la caída del régimen pro-occidental y en alejar a la OTAN de sus fronteras, ya que se han incorporado a la alianza Finlandia (2023) y Suecia (2024), hasta entonces neutrales. Además, el estancamiento de la guerra está provocando la pérdida de autoridad en las antiguas repúblicas soviéticas.


Ucrania resiste gracias al apoyo de la OTAN. Aparte del armamento y de todo tipo de suministros, la OTAN comparte su inteligencia de señales (sigint), obtenida mediante satélites y escuchas de radio, con las fuerzas armadas ucranianas, lo que les permite a éstas bombardear objetivos hasta en el interior de Rusia con HIMARS o drones.


El número de bajas militares es desconocido. Ucrania ha perdido alrededor de 10 millones de habitantes desde el inicio de la guerra, entre quienes han muerto, han huido o viven en zonas ocupadas. El número de bajas militares, aunque secreto por ambos bandos, se calcula en 1,2 millones por parte rusa y por debajo de la mitad por parte ucraniana.


La economía rusa no se ha hundido a causa de las sanciones aplicadas por Occidente. Ha seguido exportando materias primas, como petróleo y gas natural, a China, India y a varios países europeos. A estos últimos, Donald Trump los abroncó por alimentar la máquina bélica del enemigo. En los últimos meses, debido a la bajada del precio del crudo y al reforzamiento de las sanciones, las exportaciones rusas y, por tanto, los ingresos dinerarios están disminuyendo.


Mientras la guerra ha quemado el alma de todos los ucranianos, los rusos que viven en Moscú, San Petersburgo (las dos juntas suman 18 millones) y otras grandes ciudades apenas la sienten, salvo cuando se produce un ataque con drones que bloquea los aeropuertos o destruye una refinería, o con motivo de algún atentado contra un alto mando militar. Ni el reclutamiento ni el desabastecimiento afectan a los privilegiados.


Otra de las bajas es el mito de que «el ruso es el segundo ejército más poderoso del mundo». La estrategia que sigue aplicando su estado mayor abunda en ataques frontales y el envío de tropas de infantería en oleadas sucesivas contra las posiciones enemigas. Las baladronadas y amenazas de Putin y de su corte, como el expresidente Dimitri Medvédev, a los países que se unían a la OTAN o a toda Europa si se cruzaban sucesivas líneas rojas (como ataques en el interior del país con armas de la OTAN) tampoco se han cumplido. Sin embargo, Rusia sigue teniendo el mayor arsenal nuclear, por encima de Estados Unidos.


Para aguantar las campañas, ambos gobiernos están recurriendo a reclutar extranjeros (kenianos, colombianos, georgianos, sirios…). Moscú ofrece a los reclusos condenados por delitos como el asesinato el indulto a cambio de un período de servicio de varios meses. El régimen comunista de Corea del Norte ha mandado a varios miles de militares al frente. En apoyo de Ucrania se formó una Legión Internacional, cuyos miembros se distribuyeron entre otras unidades en 2025.


Esta guerra de desgaste ha aportado una gran novedad tecnológica: los drones. Los pequeños se usan para matar soldados o destruir carros y los mayores para atacar grandes instalaciones o cazas. La flota del mar de Negro ha abandonado Sebastopol para escapar de los drones ucranianos, tanto aéreos como submarinos. Estos aparatos están cumpliendo en el frente la finalidad de la aviación, las trincheras y los campos de minas: inmovilizar a los combatientes y obligarles a ocultarse.


Rusia puede contar dos victorias políticas. Desde el principio del conflicto, fuera del ámbito del Atlántico norte, el resto del mundo no se ha sentido concernido por esta «violación del orden internacional», como se comprueba en las votaciones de la ONU y en la baja aplicación de las sanciones.


La segunda, más trascendental, es la discrepancia dentro de la OTAN entre Estados Unidos y el resto de sus miembros, sobre todo el Reino Unido (el más belicista) y los orientales. Para los europeos, Rusia es un peligro palpable y cercano. Algunos políticos e intelectuales de izquierdas y de cierta edad que nunca condenaron la expansión de la URSS, en cambio ahora tiemblan por la amenaza rusa.


¿Por qué Putin no está aprovechando los deseos de Trump de llegar a un armisticio o alto el fuego, cuando incluso el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, después de una reunión con el norteamericano, declaró que Ucrania no ingresaría en la alianza? ¿Porque el viejo oficial de la KGB no puede admitir ese “empate” después de cuatro años de triunfalismo?, ¿o porque cree que el tiempo trabaja a su favor y que Trump, o quien le suceda, se cansará de la guerra o bien surgirá otra crisis que le obligue a retirarse?


Mientras tanto, las oligarquías europeas usan la guerra para justificar sus planes de control social y de desmantelamiento de las naciones. Los gobiernos, con la colaboración de la Comisión Europea, están aumentado sus deudas públicas para pagar los planes de rearme anunciados. El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, declaró en una entrevista que es partidario de disolver los veintisiete ejércitos nacionales en uno europeo.


De cumplirse este sueño de burócrata, ¿bajo qué mando se pondría?, ¿con qué objetivos?, ¿tropas españolas defenderían los intereses de Francia en África o la base británica de Gibraltar?


El tiempo transcurre, las negociaciones entre Rusia y Ucrania en Ginebra no llegan a ninguna conclusión y sigue muriendo gente por unos metros cuadrados de llanura.


No conocéis al autócrata que tenéis enfrente
Fran Carrillo. okdiario. 24 Febrero 2026

El socialismo no tiene principios, tiene intereses. Y sobre ellos, se articula todo un programa de ocurrencias basadas en el buenismo y en la extracción moral y económica de quienes compran el pack completo de la farsa. Desde que Marx pidiera a terceros poner negro sobre blanco cómo vivir de lo ajeno sin escrúpulos y nutrirte de lo que odias, toda la izquierda del mundo ha seguido parámetros de obediencia a causas barnizadas de nobleza y ejecutadas con siniestralidad evidente. Muchos entendieron, el primero Gramsci, que la política era irrelevante si controlabas todo lo demás, desde la prensa hasta la academia, desde las instituciones hasta la educación. De ahí que su ejército de acólitos siga insistiendo, siglo y medio después, que el socialismo es una vía redentora cuando hay millones de muertos que atestiguan lo contrario. No ha habido en la historia una ideología que base tanto su supervivencia en el robo como la que canta la Internacional.


Por eso la mayoría de líderes socialistas devienen tiranos, porque son conscientes, una vez tocan poltrona y manejan medios y boletines oficiales del Estado, del poder que ejerce una buena propaganda en mentes adulteradas previamente en las aulas y condicionadas por el titular de un periódico. Mas esas formas antiguas, carcomidas hoy por el contexto, se rinden ante las nuevas plataformas y votantes que ya no se dejan seducir de la misma manera, por lo que el autócrata en ciernes o consolidado necesita de una nueva ingeniería social para seguir mandando, esto es, alterar de manera sibilina y progresiva las estructuras democráticas de una nación, empezando por su texto constitucional y acabando por el plebiscito que legitima un gobierno. Y en ello está Sánchez.


Ahora que ha perdido legitimidad para gobernar, sin presupuestos, sin apoyo social y con las instituciones colapsadas de corrupción, se siente más legitimado que nunca para hacer lo que considere para seguir en el cargo. Y eso incluye la creación de un clima de excepcionalidad social basada en la violencia que le permita excusar la no llamada a las urnas, o ejercitar como opción plausible el plebiscito a modelo de referéndum vinculante: ultraderecha o democracia, Vox o él, Constitución o libertad. Y los sucesivos resultados en diferentes autonomías sólo le refuerzan en su idea de bunkerizar Moncloa y atrincherarse, utilizando para ello instituciones como el Tribunal Constitucional, medios públicos como el BOE o privados como la horquilla de mercenarios que componen el infausto e infecto equipo de opinión sincronizada y subvencionada. Y con todo ello, las condiciones de pobreza y dependencia perfectas que luego arreglarán con dinero gratis a cambio de permanencia. Y si con todo eso no le alcanza, impulsará el conflicto, esto es, la España de trinchera, machete, fusil y cuneta: la que soñó y propició su referente soviético, Largo Caballero.


¿Qué impide a alguien que ha traspasado toda frontera legal y moral, y que no ha recibido castigo punitivo por ello, repetir las mismas acciones? ¿Qué puede frenar a quien limitó las garantías democráticas en su propio partido, ejecutando un presunto pucherazo en unas primarias, para no efectuar el mismo proceso con las elecciones generales de su país? A quien ha usurpado funciones de jefe de Estado, ha llenado las instituciones de subalternos corruptos y tiene a medio partido y familia con la justicia pisándole los callos, ¿qué muro ejercería de límite ético ante sus ambiciones desaforadas?


Todo parte de un axioma cada vez más evidente y que explica el pendulazo sociológico de los últimos años. Gran parte de la población europea cuestiona sin perdón los liderazgos tradicionales, el wokismo iletrado impuesto y las decisiones que le afectan y para las que no le pide opinión. El pueblo se ha cansado de ser el cajero automático de las élites que deciden por él. Y han advertido que, para que funcione lo público, hay que echar primero a los que viven (bien) de lo público.


Esa reforma sólo será posible si asumimos que la involución democrática es un hecho; con la mitad del país en estado narcoléptico, esperando que el Estado, creador de sus problemas, le otorgue soluciones, y la otra mitad, sesteando, por vía democrática, y confiada en que el cambio y la alternativa se produzcan de forma natural. Pero no hay normalidad democrática en el PSOE y en Sánchez. Si no conocemos al autócrata que hay enfrente, aún no sabemos lo que nos espera.


Es un 133% del PIB nacional

La cifra que oculta el Gobierno gracias a un «truco contable»: la deuda pública de España supera los 2,23 billones
Pedro Fernández Barbadillo. gaceta. 24 Febrero 2026

La semana pasada, el Gobierno socialista presumió de que la deuda pública española bajó en diciembre de 2025 al 100,8% del PIB y que se encuentra sólo un punto por encima de diciembre de 2018, el año en que Pedro Sánchez accedió a la presidencia mediante una moción de censura. Sin embargo, entre ambos años la deuda ha pasado de 1,210 billones de euros a 1,699 billones.


¿Cómo, habiendo crecido un 40% en siete años, la deuda baja respecto al PIB? La «magia» se debe a la inflación y al aumento del PIB, que crece casi exclusivamente por el crecimiento de los inmigrantes. La población extranjera residente en España se aproxima a los 10 millones.


Sin embargo, hay otro truco. Los tenedores de las emisiones de deuda pública que realiza el Tesoro español no son sólo los ciudadanos y los fondos de inversión que compran las letras y los bonos. Las demás administraciones públicas españolas también emiten deuda y la adquieren, pero no se suman a la anterior, según el Protocolo de Déficit Excesivo. Como éstas nunca quiebran…


En realidad, la deuda pública total (o los pasivos en circulación en poder de todas las Administraciones) ascendió a 2,23 billones de euros el 31 de diciembre de 2025, según los datos del Banco de España. Es decir, un 133% del PIB nacional.


El Protocolo de Déficit Excesivo (concepto de endeudamiento utilizado en el ámbito del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE) excluye a los bonos del estado que tienen las administraciones, porque, en caso de dificultades financieras, podrían dejar de pagarlos, aunque semejante medida causaría un colapso económico. Por ejemplo, no habría dinero para abonar las pensiones.


Este Protocolo de Déficit Excesivo es una manera de esconder endeudamiento por parte de los Estados, ya que no incluye la deuda acumulada por las administraciones públicas. Se trata, por tanto, de ingeniería financiera, que todos los Estados de la UE, así como la Comisión y el Banco Central Europeo, aceptan con los siguientes objetivos: mantener la alta calificación de calidad de los bonos de los diferentes Estados, de modo que se sigan comprando, sin tener que subir el nominal, y no tener que reducir el endeudamiento, mediante recortes. Y aquí están de acuerdo los españoles, los belgas, los franceses, los italianos y los alemanes.


Otro asunto es saber a qué se destina esa deuda descomunal, junto con la enorme recaudación fiscal, de unos 320.000 millones en 2025, y los fondos europeos activados después del covid (Next Generation y Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia), que el Gobierno calculaba en 163.000 millones de euros.


Una de las razones son los tres millones de personas residentes en España (en torno a un tercio de ellas extranjeras) que viven del Ingreso Mínimo Vital. Otra, los 180.000 millones de euros destinados en 2025 al pago de salarios a los empleados del sector público. Una tercera, las transferencias concedidas por Hacienda a la Seguridad Social para abonar las pensiones, que el Gobierno ha calculado en casi 23.000 millones para 2026. Y una cuarta, la corrupción del Estado autonómico, desde los ayuntamientos y las empresas públicas, como Adif, a la ayuda oficial al desarrollo y la pléyade de observatorios.


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Las lenguas, no solo en Andalucía
Ramón Pérez-Maura. el debate. 24 Febrero 2026

Uno se pregunta cómo puede cometer la vicepresidenta primera del Gobierno de la nación la imbecilidad de hablar de lenguas de Andalucía. Solo se me ocurre el viejo y perverso principio político de que hablen de ti, aunque sea mal. María Jesús Montero es para mí un personaje disparatado, que con sus gesticulaciones durante sus proclamas de campaña demuestra que hay algo que no funciona bien en ella. Y más interesante aún, todavía funciona peor el cerebro de los que la aclaman en sus discursos de petición del voto. Porque vitorearla después de lo de las lenguas andaluzas solo puede hacerlo un analfabeto a quien le da igual blanco que negro.


Pero este disparate de las lenguas autonómicas no es sólo de Montero y es más grave de lo que parece. Convertir el bable en una lengua oficial en Asturias no puede tener menos sentido. Y ahora el socialismo asturiano está en esa batalla. Un buen amigo me enseñó hace un mes una invitación que había recibido de la consejera de Cultura del Principado, la socialista Ana Vanesa Gutiérrez González, presentándose como conseyera de Cultura, Política Llingüística y Deporte e invitando a la presentación del llibru ‘Diccionariu de la manzana, el pumar y la sidra con refranes y espresiones populares sobre elles. Eso fue el 26 de enero, perdón, de xineru. Y, para quien lo dude, pumar en castellano es manzanar y en mi tierra montañesa un prau.


He pasado el último fin de semana en La Coruña con un periodista local como anfitrión. Y rápidamente me ha venido a la memoria algo que ya deduje el 8 de octubre de 2022. Había acudido entonces con mi familia a ganar el Jubileo a Santiago y, a sugerencia de un hermano, fuimos a visitar el Museo de Grabados de Noia. Me pareció una colección notable, con capacidad de atraer público. Pero en todo el museo el único idioma que se empleaba en la cartelería era el gallego. Vaya boina llevan puesta, pensé.


Este fin de semana pasado en La Coruña he tenido una impresión similar. La cartelería en toda la ciudad está en gallego. No recuerdo un solo ejemplo en el que lo viéramos en español. O en inglés, por mencionar una alternativa útil para los turistas de los cruceros que tienen la ciudad entre sus destinos favoritos. Pero lo más curioso es que por la calle, que paseamos mucho en esas 48 horas, no escuché hablar en gallego prácticamente a nadie. Ni en los restaurantes, ni en la exposición de Annie Liebowitz que fuimos a ver, ni en la Misa de 12:00 en la parroquia de Santiago, ni a los muchos coruñeses que interpelaban a mi amigo por la calle.


Yo no creo que Manuel Fraga se equivocara cuando promovió el gallego. Entendió que en Cataluña y Vasconia el idioma se había convertido en un instrumento del independentismo e hizo bien en no ceder esa baza. Hoy lo emplean todas las instituciones que no son exactamente de la izquierda independentista. Y yo respetaría que se usase. Pero lo que es absurdo es que no conviva, en la práctica, con el español. Tan legítimo como el gallego. Convendría que el PP no se avergonzara en ninguna parte de lo que representa. Y en Galicia, donde el PP ha logrado una plusmarca electoral inverosímil, que Vox no tenga ni un diputado autonómico, deberían espabilar si no quieren dejarle el terreno sembrado. Ellos sabrán.


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