Recortes de Prensa Domingo 15 Marzo 2026
Guerra
de Ucrania – Día 1480. Mar 14, 2026
admin.
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La jornada 1480ª de guerra llega con nuevas noticias desde Bélgica, cuyo primer ministro ha declarado que ya que la UE no puede amenazar a Putin enviando armas a Ucrania o asfixiando a Rusia económicamente, sólo queda llegar a un acuerdo con él. Al mismo tiempo, criticaba a Estados Unidos, asegurando que estaría más cerca de Putin que de Zelenski y abogaba por otorgar un mandato negociador a la UE por parte de los Estados Miembros para que esta les represente en las negociaciones. Siguiendo con la UE, el Consejo ha prorrogado las sanciones contra alrededor de 2.600 personas físicas y jurídicas, durante seis meses más. Mientras tanto, han seguido también los combates y especialmente los ataques a larga distancia, con Ucrania alcanzando depósitos de municiones y estaciones de radar, entre otros objetivos, en las zonas bajo ocupación rusa.
Después del ataque ruso masivo de la pasada jornada, las 1480ª de esta guerra ha sido testigo del lanzamiento, por parte rusa, de 97 drones de ataque adicionales. El Estado Mayor ucraniano, en su parte diario, ha anunciado la destrucción o neutralización de 90 de ellos. Entre otros, se han registrado explosiones en Járkov, al noreste de Ucrania. También en Dnipró, en donde una persona resultó herida tras el impacto de un dron ruso.
En cuanto a las bombas guiadas de lanzamiento aéreo, han seguido empleándose con profusión a todo lo largo del frente, causando daños que se suman a los de la artillería y los drones FPV, como el que ha atacado una furgoneta civil en Jersón hace apenas unas horas. En total, habrían fallecido cinco civiles, mientras que 47 más habrían sufrido heridas durante la jornada.
Como curiosidad, desde Irán habrían amenazado con atacar a Ucrania con sus drones, alegando que este país sería un «objetivo legítimo», debido a la ayuda que presta a Israel.
Del lado contrario, más activas han estado si cabe las defensas aéreas rusas, si son ciertos los datos de su Ministerio, que afirma que habrían «interceptado y destruido» 170 drones ucranianos sobre Krasnodar, Briansk, Bélgorod, Rostov, Kursk, el Mar Negro y el Mar de Azov.
Desde Ucrania, afirman haber alcanzado en las últimas horas estaciones de radar 59N6-E «Protivnik» y 73E6 «Parol» cerca de la aldea de Liubknekhivka, en la región de Crimea, bajo ocupación rusa. Además, aseguran también haber dañado un sistema de defensa aérea S-400 Triumph.
Por otra parte, se han reportado explosiones en el depósito de municiones de Dovzhansk, en este caso en la región de Lugansk, también bajo control ruso y desde donde ha llegado imágenes espectaculares. Además, se registraron explosiones en el aeródromo de Khanskaya, cerca de Maykop. Por último, los drones ucranianos han alcanzado también un depósito de petróleo en Tikhoretsk, en el krai de Krasnodar.
Saltando ahora a las novedades sobre el frente, mientras se habla sobre las negociaciones y el desencanto de algunos pensadores rusos como Dmitri Trenin con la actitud estadounidense, estas son una vez más, mínimas.
Esto no quiere decir, en absoluto, que no haya combates, ya que la mayor parte de las fuentes en las que habitualmente nos basamos, concluyen que estos continúan. Sin embargo, el estancamiento sigue siendo la norma y en la mayor parte de los casos no son combates motivados por ofensivas decididas, sino intercambios con drones, que en el caso de Ucrania además de batir la logística rusa, buscan neutralizar a los componentes de los DRGs rusos antes de que logren algún éxito táctico, por pequeño que sea.
Desde el sector de Konstyantynivka, más allá de la constatación de que los combates continúan, lo más relevante sería la voladura de un puente ferroviario por parte ucraniana utilizando para ello un dron terrestre cargado de explosivos.
En el sector de Pokrovsk, es decir, en dirección a Dobropillia, lo más interesante de la jornada es la constatación de que las AFU mantienen su presencia en la zona, algo que queda demostrado por la geolocalización de miembros de las AFU combatiendo en el interior de la localidad, aunque sea en la zona más noroccidental.
En el sector del Vovcha, el Ejército ruso ha continuado con sus ataques contra Novopavlivka y contra las aldeas en el recodo que forma esta vía de agua, en dirección al vecino río Kamianka.
A diferencia de otras jornadas, en esta ocasión sí hay alguna novedad en Zaporiyia, pues las tropas rusas habrían reanudado los ataques en dirección a Orijiv, objetivo que se les ha atragantado en los últimos años, dadas las extraordinarias defensas ucranianas. Como bien dicen algunos, está por ver el el Ejército ruso es capaz, introduciendo nuevas tácticas o materiales, de cambiar esta constante. También, añadimos, si posibles avances desde Gualiaipolé pueden llegar a amenazar esta posición, aunque ahora mismo la situación en el Haichur sea estable.
Contexto
internacional, diplomacia y sanciones
Comenzamos el repaso de la
actualidad internacional desde Bélgica, donde el primer ministro,
Bart De Wever, ha declarado que la UE es incapaz de obligar a Rusia a
dar marcha atrás y que los Estados miembros deberían otorgarle un
mandato negociador para representarles ante Moscú. En particular, el
líder belga afirmaba: “Dado que no podemos amenazar a Putin
enviando armas a Ucrania ni asfixiarlo económicamente sin el apoyo
de Estados Unidos, solo nos queda un método: llegar a un acuerdo”.
Asimismo, decía que a veces piensa que Estados Unidos “está más
cerca de Putin que de Zelenski”. Por otro lado, y en cuanto al
posible mandato para la UE, aclaraba “Sin un mandato para ir a
negociar a Moscú, no estamos en la mesa de negociaciones, donde los
estadounidenses presionarán a Ucrania para que acepte un acuerdo. Y
ya puedo decir que será un mal acuerdo para nosotros”.
Relacionado con esto último, desde Estados Unidos, el presidente Trump afirmaba estar sorprendido porque “Zelenski no quiera llegar a un acuerdo”, añadiendo “Díganle a Zelenski que llegue a un acuerdo, porque Putin está dispuesto a hacerlo” y señalando que es más difícil llegar a un acuerdo con el líder ucraniano.
En respuesta a las declaraciones del líder belga, el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, ha declarado “El primer ministro belga admitió que apoyar a Ucrania en el conflicto no contribuyó a asfixiar económicamente a Rusia, por lo que las negociaciones son la única vía correcta. Solo cabe celebrar esta voz de la razón”. Además, añadía que “si la UE solicita un mandato para entablar conversaciones de paz, lo apoyaría plenamente”.
En cuanto a las sanciones, finalmente Eslovaquia y Hungría habrían dejado de ejercer su veto a la renovación de las sanciones de la UE dirigidas contra los responsables de socavar o amenazar la integridad territorial, la soberanía y la independencia de Ucrania y estas han sido prorrogadas por otros seis meses más, es decir, hasta el 15 de septiembre. Así, unas 2.600 personas físicas y jurídicas siguen contando con restricciones de viajes, congelación de activos y prohibición de disponer de fondos u otros recursos económicos a disposición.
Desde Moscú, el Kremlin reiteraba que el mercado “no puede permitirse” perder grandes volúmenes de crudo ruso y que este es “esencial” teniendo en cuenta el mercado energético mundial debido a la guerra en Oriente Medio.
A propósito de este asunto y de la relajación de las sanciones de EE. UU. a Rusia, el presidente Trump ha declarado que las medidas restrictivas contra Moscú “volverán a imponerse tan pronto como termine la crisis”
Moviéndonos hasta Ucrania, allí han celebrado el Día del Voluntariado Ucraniano, con la primera ministra Yuliia Svyrydenko recordando que es un día “para honrar a aquellos que han elegido estar al lado de nuestro pueblo en la lucha por la libertad”. El presidente Zelenski, por su parte, se reunió con soldados, familiares de defensores caídos y civiles, y entregó condecoraciones estatales.
Por otro lado, Zelenski se ha reunido con representantes de 25 medios de comunicación, tanto ucranianos como internacionales para conversar sobre la situación interna en Ucrania, “algunos temas políticos”, la postura ucraniana en el frente y en la diplomacia, y el trabajo de sus expertos en defensa contra drones en Oriente Medio, entre otros temas.
A colación de los expertos en C-UAS, medios israelíes afirman que el primer ministro Benjamin Netanyahu ha solicitado reunirse con Zelenski para discutir sobre la cuestión de los drones interceptores. El embajador de Ucrania en Israel ha confirmado que Kiev ha recibido la solicitud y que una reunión tendrá lugar probablemente a principios de la semana que viene.
Mientras tanto, el ministro de Exteriores, Andrii Sybiha, que aún continúa su viaje oficial por América Latina, hacía escala en Panamá, donde ha inaugurado la Embajada de Ucrania. Según el diplomático ucraniano, esta embajada trabajará para fortalecer el diálogo político, profundizar la cooperación económica, apoyar los lazos culturales y acercar la sociedad de ambos países.
Para concluir, la energética Naftogaz ha ganado un caso judicial contra Gazprom en un tribunal de Suiza, lo que refuerza la campaña ucraniana para cobrar a la compañía rusa indemnizaciones. Según Reuters, el Tribunal Supremo Federal suizo rechazó un intento de Gazprom de anular un laudo arbitral y confirmó que esta debe pagar a Naftogaz una deuda de 1.400 millones de dólares por el transporte de gas.
Los diez pecados capitales
geoestratégicos de Europa
Gustavo de Arístegui,
diplomático. la razon. 15 Marzo 2026
Hay momentos en los que la historia exige algo más que una declaración de principios. Exige lucidez, visión, coraje y audacia. Lamentablemente, durante tres décadas, el Viejo Continente se ha permitido el lujo de ignorar la realidad extraordinariamente peligrosa que nos rodea. Ivan Krastev, del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, lo explicó con meridiana claridad: Europa ha confundido durante demasiado tiempo sus normas con la realidad internacional, y esa confusión tiene un coste que ahora empezamos a pagar. La ceguera de nuestros dirigentes es generalizada, y solo algunos parecen haber despertado de la irresponsable siesta pacifista.
Sin embargo, es en la izquierda europea donde el disparate de no querer aceptar la brutal realidad de un mundo cada vez más peligroso alcanza su cénit. Los modelos de liderazgo egoístas, interesados e ideológicamente motivados son una invitación al desastre en el momento más delicado para Europa desde el fin de la Guerra Fría. La izquierda occidental en general, y la europea en particular, anda con el paso perdido y desnortada. Siguen anclados en los años noventa, en aquel momento de excepcional y efímera bonanza estratégica posterior a la implosión soviética, cuando Occidente creyó que el «fin de la historia» era una realidad y no una ilusión. Es imperativo abandonar el wishful thinking –ese pensamiento desiderativo que el analista estadounidense Robert Kagan ha diagnosticado como el mal endémico de la política exterior europea– pues es la condición «sine qua non» para volver a ser un actor relevante en el efervescente nuevo tablero geopolítico.
Hay que aceptar que el nuevo desorden mundial existe, adaptarse a él con urgencia y prepararse para lo peor, con una clara estrategia y sin descanso. Es urgente que dejemos de creer que podemos imponer la ley internacional a todos los actores del sistema, y entender que desde 1990 en adelante Occidente ha combatido dentro de las normas del Derecho Internacional Público y del Derecho Internacional Humanitario frente a enemigos que no respetan regla alguna. Este es el punto de partida ineludible de cualquier análisis serio y desapasionado. Nosotros debemos respetar el Derecho Internacional, pero debemos ser implacables, dentro de ese marco, con quienes han decidido declararse nuestros enemigos. Occidente ha pecado de muchas cosas que han nublado su entendimiento y debilitado su capacidad de respuesta. No se puede ser tan ingenuo e ignorante sin pagar un precio estratégico exorbitante. Ese precio tiene nombre y apellidos. Son los diez pecados capitales geoestratégicos de Europa, cuya enumeración constituye el verdadero balance de tres décadas de irresponsabilidad (que no ingenuidad) y ceguera geoestratégica.
Primer pecado: Creer que podíamos imponer el respeto al Derecho Internacional Público y al Derecho Internacional Humanitario a actores que jamás tuvieron la menor intención de acatarlos. La ilusión normativa europea ha sido, en palabras de Robert Kagan, el arma más potente de los autócratas contra nosotros mismos. Construimos instituciones multilaterales, redactamos tratados, celebramos cumbres, y creímos que el mero hecho de codificar las normas equivalía a hacerlas cumplir. Rusia en Georgia, en 2008, en Crimea, en 2014 y en Ucrania, en 2022, nos enseñó que no era así. Tardamos catorce años en aprenderlo.
Segundo pecado: Combatir con reglas de enfrentamiento –Rules of Engagement– que nuestros adversarios ignoraban sistemáticamente. Peleamos con una mano atada a la espalda frente a enemigos que no tenían ninguna restricción operativa. La asimetría de las reglas que nos autoimpusimos ha sido uno de los factores más determinantes en la degradación del poder disuasorio occidental. El general retirado estadounidense H.R. McMaster, en su obra «Battlegrounds», documentó con precisión cómo esa asimetría normativa ha sido explotada de forma deliberada y sistemática por las potencias revisionistas.
Tercer pecado: Cerrar los ojos ante la realidad de las crecientes rivalidades con las potencias revisionistas. Rusia, China, Irán, Corea del Norte: actores que llevan tres décadas anunciando su voluntad de reconfigurar el orden internacional y ante los cuales Europa ha respondido con reuniones, comunicados y sanciones que en ningún caso alteraron su comportamiento estratégico. La directora del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Victoria Nuland, advirtió reiteradamente de que Moscú no interpretaba la moderación occidental como prudencia sino como debilidad. Tenía razón.
Cuarto pecado: No entender que el vecindario europeo es uno de los más peligrosos, inestables y volátiles del mundo, y que tratar de estabilizarlo mediante la mera exportación de normas y valores –sin poder ni voluntad de imponerlos– supone un suicidio estratégico.
Nuestras fronteras inmediatas –el Sahel, el Magreb, el Mediterráneo oriental, el Cáucaso, la ribera norte del Mar Negro– son zonas de una fractura permanente que exigen una política activa, no una política declarativa. El politólogo Lucan Ahmad Way lo formuló con claridad: la política de vecindad europea ha sido, en el mejor de los casos, un ejercicio de buenas intenciones sin consecuencias; en el peor, una invitación a que otros llenarán el vacío que Europa se niega a ocupar.
Quinto pecado: Las políticas migratorias de puertas abiertas que han traído el conflicto al interior de nuestras sociedades. Hemos aceptado un número inmenso de inmigrantes sin tener una política clara de integración y sin exigir el cumplimiento de las leyes de las sociedades de acogida. El resultado ha sido la importación de fracturas identitarias, religiosas y culturales que fragmentan la cohesión social, que es el fundamento de toda capacidad colectiva de defensa. No se trata de negar la dimensión humanitaria del fenómeno migratorio, sino de reconocer que la ausencia de política no es una política humanitaria: es una irresponsabilidad de gobierno de dimensiones cósmicas.
Sexto pecado: Creer que podíamos seguir gozando indefinidamente de la protección estratégica de los Estados Unidos sin tomarnos en serio nuestra propia seguridad, sin invertir en defensa y sin coordinar los esfuerzos de I+D+i en el sector de la Defensa. El informe Draghi de 2024 cifró en centenares de miles de millones de euros el déficit de inversión europea en capacidades estratégicas. No era una sorpresa: era el resultado previsible de décadas de parasitismo atlántico confortable. Europa ha vivido bajo el paraguas de la OTAN mientras lo descalificaba retóricamente cuando resultaba políticamente conveniente.
Séptimo pecado: El nacionalismo miope y los intereses cortoplacistas de unos pocos han prevalecido sistemáticamente sobre la seguridad colectiva. El ejemplo más escandaloso y costoso es la ruptura francoalemana del consorcio para el diseño y fabricación de un avión europeo de sexta generación, saboteado por Dassault, por algunos grupos empresariales y, sobre todo, por el sindicato alemán IG-Metall.
Europa lleva décadas siendo incapaz de producir una industria de defensa verdaderamente integrada porque los intereses nacionales –y los sindicales– siempre se imponen a la razón estratégica colectiva. Es una traición al bien común que la historia juzgará con la dureza que merece.
Octavo pecado: Europa no se ha tomado en serio las amenazas que se cernían sobre nosotros durante años. Los informes de inteligencia, los análisis académicos, las advertencias de los aliados orientales –polacos, bálticos, finlandeses– han sido ignorados sistemáticamente por capitales que preferían el confort de la negación a la incomodidad de la preparación.
El politólogo Timothy Snyder, en su obra titulada «El camino hacia la no-libertad», documentó cómo las democracias occidentales llevan más de una década ignorando las señales de alarma que los países que vivieron bajo el totalitarismo soviético llevan años enviando. Esperamos, con razón, que no sea demasiado tarde para enfrentarlas con éxito.
Noveno pecado: La obsesión regulatoria europea ha asfixiado nuestro I+D+i, nuestra industria y nuestra economía hasta el punto de que estamos perdiendo todas las carreras tecnológicas que importan. La inteligencia artificial, la computación cuántica, la biotecnología, la microelectrónica: en ninguna de ellas lidera Europa. Las hemos entregado, primero a los Estados Unidos, luego a China, mientras nosotros generábamos directivas, reglamentos y normativas que convertían a nuestras empresas en campeonas del cumplimiento burocrático y no del mercado global.
El propio Mario Draghi, en su informe del año 2024 sobre la competitividad europea, advirtió de que «sin un cambio radical de modelo, Europa estaría condenada a la irrelevancia económica en menos de una generación».
Décimo pecado: –y quizás el más grave– Europa se ha impuesto a sí misma una transición ecológica desastrosa, dogmática e ideológicamente motivada, sin pensar en las consecuencias para su industria, sin tener un plan estratégico claro y sin contar con alternativas energéticas viables.
La condena de la energía nuclear –una energía limpia, estable y estratégicamente soberana– ha sido uno de los mayores errores de política industrial de la historia contemporánea. La condena de la generación por carbón, cuya tecnología ultra-super-critical es perfectamente equiparable en términos de emisiones al ciclo combinado de gas, ha privado a Europa de una fuente de seguridad energética en momentos críticos. El haber renunciado a construir una industria europea de baterías y paneles solares –entregando ese mercado a China– y el haber hostigado y perseguido al motor de combustión interna sin tener una alternativa industrial madura, con el consiguiente riesgo de triturar la industria del automóvil, son gravísimas y dolosas irresponsabilidades que merecen el juicio más severo.
El despertar geopolítico de Europa, si llega, tendrá que construirse sobre el reconocimiento honesto de estos diez pecados. No sobre la retórica, no sobre los comunicados de cumbre, no sobre los discursos de Davos o de Múnich. Sobre la aceptación de que el mundo es peligroso, de que los actores peligrosos no se disuaden con normas sino con poder disuasorio, y de que Europa tiene que elegir entre ser un sujeto de la historia o seguir siendo su víctima más elegante.
La alternativa –seguir instalados en la comodidad suicida del multilateralismo sin dientes, del derecho internacional sin sanciones y de la transición energética sin energía– no es una política: es una rendición a cámara lenta. La historia –que es implacable con los que son cobardes– lo registrará y censurará con la frialdad y la contundencia que merece.
¿Derribar
drones de 35.000 euros con misiles de 1 millón?
Occidente
busca opciones más simétricas para la defensa aérea
El auge de los drones kamikaze obliga a repensar la defensa aérea: interceptar amenazas baratas con sistemas caros resulta cada vez menos sostenible.
J. Arias Borque. libertad digital. 15 Marzo 2026
La guerra de Ucrania primero, y ahora el conflicto abierto en Irán, ha puesto de manifiesto que el gran reto de la defensa aérea del futuro es combatir de una manera mucho más simétrica el ataque con munición merodeadora, lo que coloquialmente se conoce como drones kamikaze. Un método de ataque que ha llegado para quedarse y que está al alcance ya no solo de países, sino también de grupos terroristas o milicias armadas.
El dron kamikaze por excelencia ahora mismo es el Shahed 136, el arma 'low cost' de Irán con el que ataca con éxito y por saturación a sus vecinos. Su coste está sobre los 35.000 euros. Rusia tiene su propia copia bajo licencia denominada Geran-2, con el que castiga a diario a los ucranianos. Es tan sumamente bueno que hasta Estados Unidos se ha hecho su propia copia por ingeniería inversa, que ha usado estas semanas contra la propia Irán.
En España son varias las empresas que se han puesto a desarrollar soluciones de munición merodeadora. La compañía referencia es Arquimea, que ya ha vendido su dron kamikaze Q-Slam-40 a la Armada y la Infantería de Marina. De la mano de Airbus han probado con éxito, incluso, el lanzamiento de sus drones kamikaze desde el interior de un helicóptero NH90.
La realidad en estos momentos es que el método más habitual para combatir estos drones está siendo, de momento, o el empleo de cazas o de las baterías antiaéreas tradicionales. El problema es el coste que se asume para ello. En lo que a los cazas se refiere, el denominado coste por hora de vuelo (CPFH, por sus siglas en inglés) es un dato complejo porque depende de los factores que se incluyan.
Aun así, los cálculos sitúan esos CPFH en torno a los 30.000-38.000 euros en el caso de los F-35 (5ª gen.); los 18.000-22.000 euros en el caso de los Eurofighter Typhoon (4,5ª gen.); los 14.000-16.500 euros en el caso de los Dassault Rafale (4,5ª gen.); los 11.000-15.000 euros para los F-18 Hornet (4ª gen.); los 8.000-11.000 euros en el caso de los F-16 Fighting Falcon (4ª gen.); o de los 4.500-8.000 euros para los Saab Gripen (4,5ª gen.).
Y a este coste por hora de vuelo habría que añadir los misiles aire-aire de corto alcance que se utilizan para abatir los drones: F-35 (AIM-9X Sidewinder / ASRAAM) en torno a 450.000 euros; Eurofighter (IRIS-T / ASRAAM / AIM-9X) en torno a 400.000 euros; Rafale (MICA IR / Magic 2) en torno a 700.000 euros; Saab Gripen (IRIS-T / AIM-9X / Python 5) en torno a 420.000 euros; o los de los F-16/F-18 (AIM-9X Sidewinder) en torno a los 450.000 euros.
Si hablamos de baterías antiaéreas, los misiles Aster 30 para sistemas SAMP/T están en torno a los 2 millones de euros, mientras los MIM-104 Patriot para baterías homónimas están sobre los 3,7 millones de euros. Mucho más caros aún son, por ejemplo, los disparos de misiles SM-3 que son empleados por los destructores AEGIS de la Marina estadounidense, que están por encima de los 11 millones de euros.
Ante esta ecuación económica cada vez más desfavorable, el reto está en encontrar alternativas para interceptar drones con costes mucho menores. Una de las principales líneas de trabajo pasa por desarrollar sistemas de defensa aérea de muy corto alcance capaces de derribar munición merodeadora con munición convencional o con proyectiles programables, cuyo coste por disparo es miles de veces inferior al de un misil interceptor.
En este campo están ganando protagonismo los cañones automáticos de 30 y 35 milímetros con munición airburst, diseñados para detonar cerca del objetivo y generar una nube de fragmentos. Sistemas de este tipo permiten crear una barrera defensiva eficaz contra enjambres de drones y el coste de cada intercepción puede situarse en apenas unos miles de euros.
Otra línea de desarrollo que está despertando gran interés es el uso de armas de energía dirigida, especialmente láseres de alta potencia. Estos sistemas permiten destruir sensores, alas o sistemas de navegación de drones mediante un haz concentrado de energía. Su gran ventaja es económica: una vez desplegados, el coste de cada disparo puede reducirse a apenas unos pocos euros en electricidad.
La guerra electrónica también se ha convertido en una herramienta fundamental frente a la amenaza de drones baratos. Muchos de estos aparatos dependen de enlaces de datos o señales de navegación por satélite para operar. Sistemas capaces de interferir o suplantar estas señales pueden provocar que el dron pierda el control, cambie de rumbo o incluso caiga sin necesidad de emplear ningún tipo de interceptor.
Otra solución en desarrollo son los llamados drones interceptores. Se trata de pequeños vehículos aéreos diseñados específicamente para perseguir y destruir otros drones. Su coste es mucho menor que el de un misil y muy similar al de un dron kamikaze, y pueden desplegarse en grandes cantidades.
La tendencia actual apunta además hacia arquitecturas de defensa aérea multicapa, en las que diferentes sistemas actúan de forma coordinada según el tipo de amenaza. En este esquema, los misiles caros quedarían reservados para objetivos de alto valor, como misiles balísticos o aviones de combate, mientras que drones y munición merodeadora serían neutralizados mediante sistemas mucho más económicos. Un ejemplo de ello es el sistema europeo SkyDefender recientemente presentado por Thales.
En definitiva, el auge de los drones kamikaze está obligando a replantear la lógica tradicional de la defensa aérea. La prioridad ya no es únicamente interceptar cualquier amenaza, sino hacerlo de forma sostenible desde el punto de vista económico. La capacidad para destruir un dron barato sin gastar un misil millonario se está convirtiendo en un factor decisivo.
Que le
cuenten a Alejo lo que es Irán
Eduardo Inda.
okdiario. 15 Marzo 2026
Por razones de higiene mental jamás veo la TVE sanchista. Probé hará cosa de seis años, en plena pandemia, y decidí borrar del listado el canal que sufragamos con nuestros impuestos. Aquel día comprobé que la cantosidad y desvergüenza de la propaganda avergonzaría a la dictadura cubana, a la venezolana, al envenenador Adolf Putin y sólo indignaría por blandengue a Kim Jong-un. Pero ya se sabe que Corea del Norte es otra liga en el Eje del Mal. Y, por lo que se ve, España también. El jueves volví a tirar de experimento para ver qué contaban de la guerra de Irán. Todas mis expectativas quedaron tumbadas por la realidad. Cada minuto era más bestia y repugnante que el anterior. Sólo con la UCD se comportó como una tele plural, después siempre estuvo manipulada hasta la náusea, aunque nada que ver con los niveles de sectarismo, mendacidad y odio al discrepante de la actualidad.
Cuando el jueves informaban de los ataques iraníes a intereses estadounidenses en la zona, militares o no, los locutores y las locutoras ponían una vocecita que no creo difiera mucho de la que sale de su boquita cuando alcanzan el orgasmo. Se presentaba a Mojtaba Jamenei, el sucesor de su padre a título de sátrapa y genocida, poco menos que como un mártir, una víctima, un héroe de la libertad. Al Gobierno iraní, al que jamás de los jamases llaman como lo que es, una dictadura, lo equiparaban implícitamente a una democracia, y al Ejecutivo democrático estadounidense a una tiranía. El mundo al revés.
Una y otra vez hablaban de la escuela de Minab «bombardeada por los Estados Unidos que causó la muerte de 180 niñas». Noticia que hay que poner en cuarentena por razones obvias: hasta ahora la única fuente de información oficial es la teocracia iraní que lapida mujeres, cuelga homosexuales y desde enero ha asesinado a 50.000 personas que pedían libertad por las calles del país. Y que miente más que Pedro Sánchez, que ya es decir. El Pentágono aún no ha emitido veredicto y sólo el tan zurdo como antitrumpista The New York Times se ha atrevido a apuntar con el dedo acusador en la misma dirección que Teherán. La única verdad incontrovertible hasta ahora es que esa escuela estuvo durante un tiempo dentro de un complejo militar. Nada nuevo bajo el sol. Hamás, histórico subordinado de ese estado terrorista que es Irán, hace exactamente lo mismo: tiene arsenales y terroristas actuando desde hospitales y escuelas para que el enemigo no se atreva a actuar y, si osan hacerlo y cae una bomba, ya tienen el relato hecho. «Masacre de niños tras un ataque de EEUU/Israel [que tanto monta, monta tanto]». A estos seres diabólicos los chiquillos les importan lo mismo que a mí el cultivo de la patata riojana. Cero patatero.
Y, faltaría más, una y otra vez atacaban a Trump como si no hubiera un mañana. No se cortaban en insultarle. Le llamaban «asesino», «genocida» y otras lindezas. El otro objetivo de las invectivas calumniosas era, para variar, Benjamin Netanyahu. Esa misma mañana, un diputado de Más Madrid con aspecto de no haberse duchado en semanas, Emilio Delgado, tildaba al presidente estadounidense de «pederasta» en otro canal. Otro higiénico contertulio lo calificó directamente de «gilipollas» al día siguiente. Olvidando que no hay un solo testimonio del caso Epstein que incrimine siquiera tangencialmente a Trump, que mandó a esparragar al violador en serie neoyorquino hace 22 años y que la principal testigo de cargo, Virginia Giuffre, declaró que el ahora presidente «jamás» abusó o se acostó con ninguna menor en Little Saint James, también conocida como la Isla de los pedófilos.
Lo bueno es que esta chusma que se orgasmea cuando escucha hablar a Mojtaba Jamenei, que está encantada cuando hay muertos estadounidenses o israelíes, pinchó ayer por todo lo alto en la manifestación más simbólica contra la guerra: la de Madrid. Sólo 5.000 personas se plantaron frente al Museo Reina Sofía. Había más policías y curiosos que manifestantes. Lo cual demuestra que la gente ya no se deja engatusar por engañabobos como TVE y sus secuaces. Que lo del «¡No a la guerra!» les suena más a comunismo que a pacifismo de verdad. Del Consejo de Ministros socialcomunista no fue ni perri. Curioso.
Jamás entenderé cómo puede haber gente que proteste por que se intente derrocar un régimen que prohíbe a las mujeres ir vestidas como les da la gana, que asesina a las que se quitan el asqueroso velo (con Mahsa Amini como símbolo de esta barbarie infinita), que lapida a las que el marido acusa de adulterio, que cuelga homosexuales por el hecho de serlo, que remata a los manifestantes que no han muerto en la represión callejera inyectándoles aire en el organismo y que es el financiador número 1 del terrorismo internacional.
A Alejo Vidal-Quadras no le van a contar cómo se las gasta la teocracia iraní. El 9 de noviembre de 2023 le descerrajaron un tiro en el rostro al que sobrevivió de milagro al girar la cabeza milésimas de segundo antes de que el sicario de Teherán apretase el gatillo. El balazo no fue mortal de necesidad porque impactó en su mandíbula y no en la nuca. Noticia, por cierto, adelantada en rigurosa primicia por OKDIARIO. Al físico y político catalán no le perdonan el respaldo que ha dado históricamente a la oposición iraní, empezando por el Consejo Nacional de Resistencia, fundado por Abolhasán Banisadr, primer presidente del país con Jomeini hasta que a los dos años puso pies en polvorosa y se exilió en Francia, terminando por los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK) o la asociación European Friends of Israel, ni toda la batería de propuestas que ha presentado en el Parlamento Europeo para sancionar a los ayatolás.
Que este atentado terrorista lo pagó Teherán no lo digo yo o la propia víctima. Lo afirma el magistrado que instruye el caso en la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, que añade textualmente que «la República Islámica de Irán se ha visto involucrada en operaciones encubiertas para perseguir, intimidar e incluso asesinar a opositores, disidentes y voces críticas fuera de sus fronteras, existiendo diferentes procedimientos por estos hechos en varios países europeos como Países Bajos, Dinamarca, Francia o Reino Unido». Esta es la verdad, la contradigan Jamenei o sus porqueros españoles.
Lo único bueno del Gobierno criminal que aún sobrevive en Irán es que no se suele esconder. Que cuando perpetra un crimen se jacta de ello. Lo cual permite perseguir a los asesinos que envía para aterrorizar Occidente. El comunicado que la agencia de noticias Fars, dependiente de Los Guardianes de la Revolución, los terroristas oficiales de la República Islámica —oficiales sin comillas—, emitió cinco días después del atentado en el madrileño barrio de Salamanca contra el protagonista de esta columna fue inequívoco: «Advertimos a todos los países que acoger al MEK y otros grupos tendrá graves consecuencias para ellos». Pedraz interpretó correctamente el aviso a navegantes: «Está relacionado con el intento de asesinato del señor Vidal-Quadras, fue formulado subrayando que el Gobierno español haría bien en no acoger al MEK porque, de lo contrario, tendría graves consecuencias para nuestro país».
Exterminar a los ayatolás iraníes es una bendición del cielo. Como él mismo se encarga de recalcar acertadamente, Trump sólo está haciendo un necesario trabajo al que sus antecesores hicieron oídos sordos durante 47 años. No sólo es que Irán sea una dictadura genocida, que lo es, lo cual resulta motivo más que suficiente para acabar con ella, es que exporta el terrorismo urbi et orbi. De Jamenei padre, que ojalá se esté pudriendo lentamente en el infierno a la vera de Satanás, también partió la orden del atentado contra los marines en Beirut de 1983, con 250 muertos, y los bombazos en la Embajada de Israel y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires, con un saldo global de 107 fallecidos en la primera mitad de la década de los 90. Y mantuvo la fatwa para asesinar a Salman Rushdie por sus Versos Satánicos dictada por Jomeini en 1988. Al escritor indio no le quitaron la vida pero sí le dejaron ciego de un ojo y le anularon la movilidad de un brazo tras las 12 puñaladas recibidas en Nueva York 35 años después. La satrapía no cejó hasta consumar la venganza por haber ejercido una libertad de expresión que es anatema en la nación persa.
Éstos son los seres diabólicos que provocan el orgasmo de presentadores, presentadoras y contertulios de TVE y otras cadenas. Los monstruos que defienden implícitamente Pedro Sánchez y explícitamente Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Ione Belarra e Irene Montero. Estos tres últimos porque Irán los tenía a sueldo como caballos de Troya en España. Todo lo cual permite, además, calibrar moralmente en qué manos estamos los españoles. Son igualmente los genocidas que a punto estuvieron de mandar al otro barrio a un Alejo Vidal-Quadras del que prácticamente nadie se acuerda estos días. Representan el mal en estado absoluto. Eliminarlos de la faz de la tierra constituye un imperativo moral. Va por ti, Alejo, y por las miles de víctimas que no viven para contarlo.
No
tolera que le odiemos
Jesús Cacho. Vozpópuli. 15
Marzo 2026
“El odio se fabrica. Se ha convertido en un arma política. Para algunos es su principal baza electoral. Han reducido el coste de odiar. Basta un tuit. Las redes permiten canalizar el odio. Hay gente que hace negocio del odio. Tres de cada cuatro jóvenes españoles se cruzan con discursos de odio. Los delitos de odio han crecido un 41% en 10 años. Se ha pasado de la libertad de expresión a la libertad de agresión verbal. Se presenta el insulto como una opinión”. La parrafada, literal, está tomada del discurso que Su Sanchidad encasquetó este miércoles a los asistentes (El cantante de fado Ismael Serrano, una señora de la ONU, varios ministros y altos cargos y una tertuliana supuesta víctima del odio facha, todos socialistas pata negra) al Primer Foro contra el Odio que el carismático líder se ha sacado de la manga para seguir distrayendo al personal, en el que anunció el lanzamiento de una “herramienta” (sic), bautizada como HODIO, con hache, (Huella del Odio y la Polarización) encargada de perseguir la publicación y difusión de contenidos que promuevan el ídem en redes sociales. De castigar a quienes insulten a Pedro Sánchez, para entendernos. Porque Pedro no tolera que le odiemos y quiere castigarnos con multas y penas de cárcel. “No explicó si la herramienta se parece más a una llave inglesa, a un gato, a un algoritmo o a un chiringuito” (Soto Ibars). El señorito se abanicó ante los suyos con una exaltación de lo woke que a lo cursi añadió el ridículo, pidiendo que “hablemos más del amor y menos del odio”. El admirador de Largo Caballero (“Desgraciadamente en España ha habido y hay muy poca guerra civil, muy poca revolución”) predicando el amor del Hare Krishna. El farsante que, sostenido por quienes odian a España, ha hecho del odio una forma de vida, postulándose como el abanderado contra el mismo; el autócrata que ha construido el muro que hoy separa las dos Españas, vendiéndose como salvaguarda contra la polarización. Hipocresía y cinismo en grado sumo.
Hace tiempo que, viendo que no puede gobernar, el autócrata reunió a sus ministros y les pidió que se estrujaran las meninges para sacar adelante proyectos que no necesitaran pasar por el Parlamento. En ello están. El pasado febrero, el sujeto dio a luz el primer Marco Estratégico Estatal de Soledades (“A mis soledades voy, de mis soledades vengo”), otra “herramienta” para combatir la soledad no deseada, que según él afecta al 20% de la población. Prohibir el odio. Prohibir la soledad. La vicepresidenta Yolanda Díaz acaba de adelantar que el Gobierno prohibirá los despidos por causas energéticas tras el alza del petróleo. Y en el inmediato futuro tendremos un primer Marco Estratégico Federal prohibiendo el paro, y habrá otro contra la especulación de la vivienda, y otro contra la subida del precio del pan. Y a falta de obras en el barranco del Poyo, prohibirán las DANAS. Y para esconder el desastre de Renfe/Adif prohibirán también los accidentes en la alta velocidad. Y así sucesivamente hasta dejar España prohibida de todo, niquelada hasta el techo. Podría Pedro haber prohibido morirse durante el covid y hubiese acabado con la pandemia en un santiamén. Este tipo de iniciativas totalitarias ya dieron sus frutos en democracias tan afamadas como la Venezuela de Chávez y la Argentina de los Kirschner. Escondían en realidad un mecanismo de persecución de opositores y de defensa del “pensamiento único”.
Carlos Souto recordaba aquí en su espléndida pieza del jueves (“El regreso del oscurantismo”) el famoso panfleto (“De l’horrible danger de la lecture”) con el que Voltaire se burló de los censores del siglo de las luces. Desaparecidas la religión y la imprenta como amenazas al poder secular, el control de las redes (lo digital) se ha convertido en la nueva obsesión de los Gobiernos reaccionarios de izquierdas. La tentación sigue siendo la misma que en el XVIII: la idea de que el poder debe supervisar el debate público para proteger a la sociedad de ideas equivocadas. “El oscurantismo nunca regresa proclamándose como tal”, escribe Souto. “Siempre vuelve con un discurso noble: proteger a la sociedad, ordenar el debate, evitar errores colectivos. Pero la historia enseña que cada vez que el poder decide vigilar el pensamiento, el resultado suele ser menos debate, menos libertad y, finalmente, menos verdad. Porque el verdadero progreso de una sociedad no consiste en eliminar las ideas equivocadas, sino en permitir que puedan discutirse”.
¿Quién determinará si un contenido es delito de odio? Esta parece ser la clave del arco. Decía el diario gubernamental que “El ministerio todavía no ha aclarado qué criterios sigue para considerar que un contenido incita al odio, más allá de asegurar que se basa en criterios académicos y estándares internacionales”. Con toda seguridad Sánchez se rodeará del mismo Comité de Expertos que le asesoró con ocasión de la pandemia y que nunca existió. Definitivamente odio será lo que diga Sánchez, lo que él quiera y pregone el ejército de propagandistas y lameculos que lo acompaña en los medios. Ayer mismo el citado diario animaba en un editorial al wannabe de dictador a “Hacer más contra el odio en redes” asegurando que “El Gobierno necesita ser más ambicioso”. Para Lo País, el odio en las plataformas tecnológicas tiene “efectos venenosos para el Estado democrático de derecho”. La alianza con los del tiro en la nuca, la amnistía a los golpistas, la ausencia de Presupuestos, el asalto a Telefónica e Indra y, en general, el robo sistémico de Sánchez, su familia y su banda no tiene ningún efecto venenoso para el Estado democrático de derecho.
Se llama censura. Tratar de controlar las opiniones en redes dejando a juicio del censor el poder discrecional de decidir sobre lo que debe entenderse o no como un delito de odio no pasa de ser un atentado a la libertad de expresión y de ideología expresamente reconocidas en la Constitución como derechos fundamentales. El derecho a odiar. La protección de datos personales ya está regulada, como los ilícitos civiles (injurias, calumnias, amenazas y acoso) que dañan el honor, la intimidad y la propia imagen. Todo está tipificado en el artículo 510 del Código Penal, de modo que el único límite a la libertad de expresión es la ley y no lo que diga Moncloa, así que si Sánchez desea promover la persecución de este tipo de delitos, lo que debería hacer es instar a la Fiscalía que maneja su amanuense Bolaños para que promueva las iniciativas jurídicas pertinentes ante los tribunales, que para eso están. Su pretensión de “protegernos contra el odio”, como la de ampararnos contra la aversión o la envidia, no es sino la manifestación más escandalosa, más delirante, de la psicopatía de un tiranuelo vocacional que no soporta que le insulten cada vez que se asoma a la calle.
Pero esto ya lo habíamos visto antes. Estamos ante una reedición del sistema FARO para combatir, más de lo mismo, “el odio racista y xenófobo”; también ante el “Radar Covid” o el “MeToca” de Irene Montero, por no hablar de la “Cartera Beta Digital”, coloquialmente bautizado como el pajaporte, inventos todos de los que nunca más se supo. Otro chiringuito para dilapidar dinero del contribuyente y colocar a socialistas en cesantía, principalmente amigos. Alguien ha ironizado con la posibilidad de que Pedro nos obligue a comprar un "hodiómetro" ecosostenible, como la baliza de los coches, homologado por la ONU y la UE y fabricado por Begoña Gómez y Javier Hidalgo en comandita, que las iniciativas de este Gobierno siempre tienen que ver con meter la mano en el bolsillo ajeno. De lo que no cabe duda es que nos hallamos ante otra cortina de humo, una nueva ración de tinta de calamar para distraer al personal y hacerle olvidar que estamos gobernados por un Gobierno ilegítimo carcomido por la corrupción, la del presidente y la de su partido. Un Ejecutivo en minoría en el Parlamento, necesitado de este tipo de efectos especiales, siempre invocando un deus ex machina capaz de asegurar a Pedro cada lunes por la mañana que llegará vivo al viernes por la tarde, que de eso y solo de eso se trata.
Más allá del HODIO y su “herramienta”, el último gran espectáculo que el sátrapa ha ofrecido gratis a españoles y extranjeros es esa impostada condición de faro mundial antiTrump o una reedición del cuento de la pulga y el elefante. En una calculada operación de rearme político personal, el presidente se ha envuelto en la bandera de un falso patriotismo para manifestarse en contra de la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán por “contraria al derecho internacional”, como si ese derecho internacional hubiera servido para salvar al pueblo cubano de la dictadura castrista que llevan 67 años soportando. Y en esta farsa andan ocupados los medios, tanto a izquierda como a derecha. Ya no se habla de los chanchullos de su esposa, tampoco de la corrupción de sus amigos de “la banda del Peugeot”, ni de los avances en la investigación judicial y policial sobre los presuntos delitos de Zapatero, padre político del citado. Y el gentío camina estos días embebido en el engaño, perpleja una minoría ante el obsceno espectáculo de tantos y tantos medios que diariamente parecen disfrutar de las dificultades con las que norteamericanos e israelíes tropiezan en su intento de derrocar la dictadura teocrática de los Mulás. El PSOE se ha negado a condenar esta semana en el Congreso “la naturaleza criminal” de la dictadura iraní. El socialismo español, que ha roto los puentes con Israel pero los mantiene con Moscú y Teherán, ha decidido suicidarse apostando por el bando de los malos, jaleando a los enemigos de la libertad.
Ya nuestra Escuela de Salamanca, con figuras tan señeras como Francisco de Vitoria, al teorizar sobre los límites del poder real justificó la rebelión contra la tiranía cuando el gobernante vulnera los derechos humanos y la libertad del individuo. La guerra es siempre una gran desgracia. Produce muerte y devastación por doquier. Sin embargo, como nos enseñó Albert Camus en “Los Justos”, la responsabilidad política del verdadero hombre de Estado reside en aceptar esa dimensión trágica. El autor franco-argelino aludía a una verdad incómoda: la valentía de un líder político no consiste simplemente en rechazar la violencia, sino, sobre todo, en asumir el riesgo moral de la elección. Decir "No a la guerra" puede parecer lo sensato, pero cuando esa negativa se convierte en una forma de eludir responsabilidades, deja de ser una decisión y se convierte en un mero postureo político. Negar el apoyo, siquiera verbal, a las potencias que han declarado la guerra a un régimen autoritario que el pasado enero asesinó vilmente a más de 30.000 personas por protestar en la calle solo puede ser calificado como la opción de un cobarde dispuesto a dejar no ya a los iraníes sino a su propio país a la intemperie. ¿Qué sería no solo de Israel, sino de Europa entera, con el arma nuclear en manos de los clérigos chiitas? Volvamos al principio de los tiempos. Regresemos a junio del 18. Que nadie nos distraiga con HODIOS con hache. Tenemos todo el derecho del mundo a odiar a un autócrata enemigo declarado de España, pero sobre todo la obligación moral de descabalgarlo cuanto antes. No podemos perder un minuto más en disputas sobre galgos o podencos. Hay que centrar el fuego en Sánchez. Con independencia de lo que hoy ocurra en Castilla y León, es urgente que Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal se sienten a hablar cara a cara. Porque todos sabemos que no basta con desalojar a la izquierda del poder: es imprescindible trabajar en un programa de salvación nacional que haga de España un país habitable y cordial, vivible para una inmensa mayoría de españoles a derecha e izquierda, un país donde sea posible (también) odiar sin que a uno lo amenacen con la cárcel. ¡Viva la libertad, carajo!
La
democracia según Habermas
Carlos Martínez
Gorriarán. Vozpópuli. 15 Marzo 2026
Acaba de fallecer Jürgen Habermas a la larga edad de 96 años. Su obra le sobrevivirá mientras haya interés por ese pensamiento profundo y exigente llamado filosofía, porque ha sido uno de los últimos clásicos vivos en una época de abundante pacotilla. Tuvo la suerte de nacer en Alemania y atravesar las fuertes mutaciones del convulso país desde la época del nazismo, que le tocó de niño, a la derrota, la posguerra y la república federal, la crisis del bloque socialista y todo lo que vino después. También porque, a pesar de los pesares, Alemania siguió siendo un país donde se rendía culto al pensamiento de altura, permitiendo a alguien de sus características personales emprender una larga, respetada y fértil carrera.
Habermas evolucionó del primer interés por el hermético Heidegger y la izquierdista Escuela de Frankfurt de su juventud a una filosofía innovadora y personal. A diferencia de sus contemporáneos en la línea de Sartre y Marcuse, puso distancia con los estudiantes del movimiento de mayo del 68 y rechazó el papel de gurú alternativo, criticando la precaria frivolidad del movimiento contracultural revolucionario, lo que no le hizo muy popular en los ambientes universitarios. Pero a Habermas le interesaba el mundo real y sus problemas, no las visiones de utopías ahumadas al hachís o confundidas con largas vacaciones de barricadas, motines y polvos.
Comunicación para la libertad
Su originalidad radica sobre todo en el intento de fundar una filosofía novedosa de la democracia basada en la naturaleza de la comunicación humana: la teoría de la acción comunicativa. La idea principal es que la comunicación humana que desarrolla el lenguaje entre iguales y recurre a reglas éticas para perseguir y descubrir verdades interpersonales y criterios válidos de acción, es decir, políticos, es la que pone las bases de la democracia, con sus valores de igualdad, libertad y búsqueda de la mejor comunidad política posible basada en leyes. Eso tiene también consecuencias académicas: Habermas siempre defendió, y asumió en persona en docenas de debates e intercambios, la obligación de discutir y defender ideas, opinar de la actualidad y huir del papel de santón que levita e ilumina a la plebe sin descender a debatir con nadie, al estilo de Heidegger.
Así que Habermas volvió a los problemas y enfoques clásicos -desde Aristóteles a Spinoza y Kant- superando la visión marxista de la democracia como mero truco de dominio de clase, y la liberal ingenua que la considera un acuerdo útil y más confortable que otras alternativas. O dicho de otro modo: la democracia no puede funcionar si se considera una transición a otra cosa o si se considera un mal menor.
Las divisiones sociales
Habermas aprendió de las investigaciones de los filósofos del lenguaje, de las teorías de la comunicación, del pragmatismo y otras fuentes poco visitadas por los especialistas del gremio para proponer una teoría más consistente, compleja y, a la vez, comprensible e intuitiva. Que, en resumen, viene a decir: si unos y otros conversamos como iguales y somos veraces, tratamos los mismos problemas con un lenguaje común sin reservas ni trampas y practicando reglas compartidas para buscar los mejores acuerdos, lo que estaremos haciendo es, ni más ni menos, una democracia. Pues así como jugar en equipo con un balón siguiendo las reglas del fútbol produce un partido de fútbol y no de tenis, practicar las reglas éticas y comunicacionales de la democracia producirá una; técnicamente dicho, las reglas son performativas, modelan el sentido de la acción. Viceversa, hacer trampas, mentir y pervertir reglas y lenguaje, nos arrastrará a situaciones muy diferentes y sin duda peligrosas.
Hay un fuerte componente idealista en la teoría de Habermas, aunque no era ningún ingenuo en lo que respecta a las divisiones sociales, la interferencia de intereses económicos y de poder puro y duro, los déficits educativos y culturales, y otros inconvenientes cotidianos opuestos a su exigente ética de la comunicación, pero tampoco hay duda de que su esfuerzo para ofrecer a la libertad política algo más sólido que las convenciones, el mal menor y los intereses de colectivos -ora enfrentados, ora cooperadores- es el más importante del siglo.
Al fin y al cabo, la ética de la comunicación de Habermas, que también se enfrenta a los desafíos del mundo digital, redescubre la regla de oro a menudo olvidada: la libertad política y la igualdad ciudadana no son regalos, son bienes que debemos practicar con ahínco y conciencia para no perderlos.
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