Recortes de Prensa Domingo 31 Mayo 2026

Con una unidad 'cazarrusos'

Tres días con una unidad 'cazarrusos' en el punto más delicado del Donbás: "No hay manera de esconderse"
El Confidencial pasa tres días con los soldados que 'cazan' con drones a los soldados de Vladímir Putin: la misión es evitar la 'pinza' para hacerse con la última capital del Donbás
Fermín Torrano. Cerca de Yampil (Donbás, Ucrania). EC. 31 Mayo 2026

Ucrania se juega aquí su futuro. Winnie, su pasado. Por eso no le tiembla el pulso cuando levanta la escopeta para disparar a un dron trampa oculto en el camino. “Escóndete en los arbustos”, grita recargando. Tampoco duda cuando persigue a soldados rusos hasta la muerte.


Su nombre de guerra y su foto de WhatsApp son los de un osito de peluche. Su nombre real, Viktor. Y aunque parezca una broma, la posición bajo tierra en la que ‘caza’ sin descanso a los hombres de Vladímir Putin se llama Colmena. Pero Winnie no está obsesionado con la miel ni las abejas. Su único objetivo es frenar al enemigo que le robó su tierra.


“Soy de la región de Lugansk, me quitaron la casa y todo lo que allí tenía. Mi trabajo es matarlos Hacerles entender que Ucrania no es suya. ¿No lo comprendes? Muy bien, yo seguiré aquí para que no avances”, dice sin separar los dedos del joystick ni alzar la voz.


En la pantalla, tres rusos corren. Huyen al oír el zumbido de las hélices sobre sus cabezas. Salir del bosque para avanzar por carretera es un error que puede costarte la vida en un frente radiografiado desde el aire. Winnie prepara la aeronave para descender como un halcón persiguiendo a su presa. A 60 km/h, empieza la caída. La pantalla se vuelve negra.


“Hijos de puta. No me jodas”, grita quitándose las gafas que le permiten volar y ver como un pájaro.


Winnie (32) revisa la grabación con Vlad (25) e Iván (45) a su lado, los tres militares con los que El Confidencial pasará bajo tierra los próximos tres días. Un cuarto soldado ruso que no habían visto es el que derriba la aeronave a golpe de fusil tumbado en la maleza. Sin tiempo para pensar, abren el micrófono en Discord gritando las coordenadas y mandan el vídeo por WhatsApp para que “el enemigo no escape”. Parece un grupo de amigos jugando a la PlayStation. La única diferencia es cuando te eliminan; la partida no empieza de nuevo.


Estas son las puertas del Donbás y cada metro que Moscú araña es un problema.


En lo militar, el avance ruso en el eje de Lyman-Yampil-Siversk amenaza con envolver los dos únicos bastiones que siguen siendo habitables en el cinturón defensivo de Donetsk: Sloviansk y Kramatorsk.


El año pasado, Rusia enfocó su ofensiva en el sur del Donbás, avanzando sobre la destruida Pokrovsk. Pero la ofensiva no logró sellar los objetivos de Moscú y, por primera vez desde 2023, las fuerzas ucranianas han recuperado pequeñas bolsas de territorio.


Organizaciones de monitoreo han documentado ganancias netas para los ucranianos en febrero, marzo y abril. Apenas unos pocos kilómetros cuadrados, pero suficientes para cambiar la dinámica en el campo de batalla, algo que cristalizó en el "desfile de la humillación" del 9 de mayo en Moscú, y la visceral respuesta de Putin sobre Kiev de las últimas semanas.


Y en el frente de batalla, pese a las informaciones de que Putin quiere poner fin a la guerra, las tropas rusas siguen lanzando asaltos, desplazando ahora sus esfuerzos hacia la puerta norte del Donbás. El último muro.


Es un problema también político; porque si Rusia gana unos kilómetros más, los cañones podrían sumarse al castigo de drones y bombardeos aéreos, reduciendo a escombros las ciudades y el escaso valor que pueda quedarles en la mesa de negociación.


“Ya no hay manera de esconderse”, reconoce Vlad, preparando la siguiente aeronave. “Antes, la kill-zone era de 5-10 kilómetros. Este año ya son 15 y pronto serán 20”.


Ahora, en algún lugar cerca de Yampil, estamos a menos de cuatro de la avanzadilla rusa.


"Abril, 288 drones derribados"

Por eso, Rusia se beneficia ahora del mismo bosque que le frenó durante tres años. Los pinos dan cobijo a la infiltración de pequeños grupos de uno, dos y tres militares que obligan a los ucranianos a retroceder. La clave para frenarlos: drones de fibra óptica. Su hilo casi invisible, de hasta 25 kilómetros, los vuelve inmunes a la guerra electrónica y mantiene la conexión bajo las copas de los árboles, donde el kamikaze convencional se queda ciego. Así es como la caza continúa aquí.


—¿No hay ni una pizca de compasión?

—La gente vivía en paz, trabajaba, no molestaba a nadie... y de repente unos desconocidos llegan y dicen que vienen a “salvarnos”. Siento... odio. Odio hacia esas personas que están destruyendo nuestras vidas.


Pero pilotar tan cerca del enemigo tiene un precio. El riesgo de ser observado en las rotaciones o cada vez que asomas la cabeza bajo tierra. A veces para recoger los drones que llegan en reparto dentro de robots terrestres. Otras, para despegarlos. De vez en cuando, también para ir al baño. Para dificultar la detección y reducir las pérdidas, Kiev distribuye a sus militares en pequeños subterráneos de 2 o 3 soldados.


A unos cientos de metros de la Colmena está el Casino. Un habitáculo con una cama, una mesa, un billete dorado de 100 dólares enmarcado en la pared y una lista: "abril, 288 drones derribados".


Zorro (29) sonríe.


“La esencia de mi trabajo es salvar vidas. Proteger la logística y las rotaciones de tropas para que la línea del frente siga viva”, explica, chocando en el cielo su dron kamikaze contra un dron ruso. “Todo se resume en detectar y destruir. Destruir y detectar. Sin descanso. Y si queda tiempo y fuerzas… quizás comes”.


Él intercepta Molnyas, aeronaves rusas fabricadas en masa. Con forma de asa metálica de maleta de viaje y contrachapado en las alas, fueron diseñadas en 2024 para golpear objetivos a 30 o 50 kilómetros a un bajo coste. Pero Moscú los utiliza ahora para todo: infantería, blindados o demoler búnkeres improvisados como este.


Para Zorro, el riesgo merece la pena.


Incluidos los 8 kilómetros que recorremos a pie para entrar y salir de las posiciones a plena luz del día. Un camino con redes antidrones que solo protegen los primeros pasos y esqueletos de coches y robots terrestres calcinados que nunca alcanzaron su destino. También hay kilómetros y kilómetros de fibra óptica colgando de árboles, casas destruidas y postes que ya no dan luz. Como una enorme telaraña que brilla cuando sale el sol. La unidad ha pedido no publicar las fotografías de la travesía a pie, por motivos de seguridad y la facilidad con la que hoy día puede geolocalizarse cualquier referencia espacial del Donbás.


“Mucha gente no se da cuenta de que, si no paramos al enemigo en esta región, seguirá avanzando. Y entonces la pregunta será: “¿Qué hacemos cuando llegue a casa?”, dice Zorro, mostrando con orgullo los insultos y penes que los rusos le dibujan en las alas de los Molnyas.


Él nació en Ternopil, a 900 kilómetros del frente, fue voluntario y habla ucraniano. El compañero que carga la munición en los FPV, sin embargo, es de Lysychansk, fue reclutado y habla ruso. "War, connecting people", bromea.


—¿En tu entorno comparten tu decisión?

—Cincuenta-cincuenta. He perdido a muchos amigos porque nuestra visión del mundo ha cambiado. No entiendo cómo pueden estar tranquilos, pensando en una ruptura o un trabajo. ¿Qué trabajo? ¿De qué estás hablando? Alístate o sé un civil que trabaja por la victoria. Lo demás, para mí, no tiene sentido.

***

Con la punta de los dedos, Winnie cuela el dron entre los árboles. Vlad está a su derecha, vaper en mano, soltando humo e insultos por la boca, mientras observa la pantalla. Un cuadro de la Virgen les vigila en la pared.


—Sigue, está justo enfrente. ¡Ve a por él!– pide Vlad, retorciéndose en la silla.

—¡Joder! ¡Lo he reventado! — celebra Winnie, con los brazos en alto.


Los dos aplauden y sonríen. La ilusión no se rompe ni al darse cuenta de que el vídeo —un sistema obligatorio para verificar las bajas en el ejército ucraniano— no se ha activado. Por suerte, un Mavic con cámara térmica que vigila a 200 metros de altura ha grabado el ataque. Primero, el cuerpo explotando. Después, un brazo inerte.


Y entonces vuelve la rutina: preparar más drones, cocinar en el camping gas, ducharse con toallitas húmedas y tumbarse en silencio a scrollear redes sociales hasta la siguiente misión. Cuatro gatos recién nacidos lo rompen maullando en las literas. La artillería rusa golpea fuera.


“A veces también hablamos, bueno, más bien compartimos nuestros deseos. Fantaseamos", reconoce Winnie. Los más jóvenes con viajar al extranjero y conocer a chicas bonitas. Iván, de 45 años, con ganas de ver a su familia –refugiada en Canadá desde 2022— de nuevo. La guerra de Ucrania es un lugar donde puedes matar a un enemigo, celebrarlo y, un minuto después, hacerle reír en vídeo a tu hijo.


"Hay momentos de fatiga, especialmente cuando mueren amigos. Pero esta es mi misión”, confiesa Winnie. "Claro que quiero una familia, mi propio apartamento, un rincón… trabajar tranquilo, volver a casa, ver a los niños, a mi esposa, tener el día libre, descansar y hacer una barbacoa. Pero tenemos un vecino de mierda que, por desgracia, nos ha quitado todo esto”.


Vlad levanta dos dedos en forma de cuerno y agita la mano. Todo listo. En la pantalla, otro dron despega.

***

Unos pocos días después, Zorro manda un mensaje. Los rusos han descubierto una posición vecina que expone toda la cadena de búnkeres. Por suerte, ningún soldado está herido.


"Nos fuimos a tiempo”, escribe en WhatsApp "El Casino siempre gana:)".


Ormuz, el Caribe y el dilema de Trump
Ignacio Foncillas. el debate. 31 Mayo 2026

Entre una paz imperfecta y una guerra demasiado larga, Trump debe decidir si acepta un acuerdo ambiguo con Irán o si vuelve a enseñar los dientes


Llevamos cinco días viendo la pelota de ping-pong pasar entre Teherán, Islamabad, Qatar y Washington. Me reúno hoy, hago una declaración mañana, te mando un emisario el viernes, filtro una concesión el sábado y lo desmiento el domingo. Diplomacia de bazar.


En mi opinión, el dilema es mucho más simple de lo que parece.


Para Trump, aceptar una paz que no conlleve la apertura efectiva del estrecho de Ormuz y un cronograma verificable —pongamos 60 días— para negociar la salida, destrucción o neutralización del uranio enriquecido iraní sería un fracaso político. No militar.


Hasta donde se puede juzgar desde fuera, la operación militar ha cumplido buena parte de sus objetivos tácticos: degradar instalaciones militares, destruir la marina, eliminar la fuerza aérea, elevar el coste de la provocación iraní y recordar a los ayatolás que Washington todavía puede pasar a los hechos. Pero en política exterior hay que convertir ese golpe en resultados prácticos.


Las dos líneas rojas

Tras semanas de idas y vueltas, esta semana, cuando parecía que había una posibilidad de texto digerible para ambas partes, Trump ha dado señales claras de que no va a firmar hasta que Teherán ceda en ciertas líneas rojas que Trump no puede permitirse cruzar.


La primera es Ormuz. Si Irán consigue imponer peajes, inspecciones, rutas obligatorias o una autoridad propia de navegación en aguas internacionales, el mensaje al mundo sería devastador. Y sería una vergüenza para los Estados Unidos, pero también sería inasumible por los vecinos del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (GCC).


La segunda es el uranio enriquecido. El debate técnico puede aburrir, pero la cuestión es clara. Si Irán conserva una reserva de uranio —al 60 % o incluso al 3,6 % para usos civiles—, aunque prometa portarse bien durante unas semanas, el problema no desaparece. Solo se aplaza. Y aplazar problemas en Oriente Medio es una forma de fabricar guerras futuras. Además, este era el objetivo declarado tanto de EE.UU. como de Israel.


Contrario a la opinión generalizada en Europa, Trump no es un pirómano que disfrute contando ataúdes americanos. Su instinto, demostrado muchas veces, es buscar deals, evitar guerras largas y reducir el número de soldados estadounidenses muertos en aventuras imperiales. Puede ser bronco, narcisista y verbalmente incontinente. Pero no es George W. Bush con peluca naranja.


Además, incluso desde antes de entrar en política, una de sus posiciones más consistentes ha sido que Irán no puede tener armamento nuclear. Precisamente por ello, no creo que pueda firmar una transacción que no incluya dos elementos mínimos: apertura real de Ormuz y un mecanismo serio sobre el uranio y el programa nuclear.


Todo lo demás —Hezbolá, Hamás, milicias iraquíes, hutíes y demás tentáculos de la hidra persa— puede dejárselo, en gran medida, a Israel y a los aliados regionales. Pero Ormuz y el uranio son asunto suyo.


El reloj de Trump

El problema para Trump es el calendario. Sesenta días parecen poco en una guerra. Pero son una eternidad en política electoral.


Si el Memorandum of Understanding (MOU) que se está negociando se firma ahora y Teherán lo convierte en otro chicle, llegamos a agosto. Y si en agosto Trump tiene que reanudar acciones cinéticas, una operación mínimamente seria nos coloca en septiembre u octubre. Es decir, en la antesala de unas midterms que pueden decidir si los últimos dos años de su presidencia son una cosecha o un infierno parlamentario.


El votante americano tolera acciones militares rápidas, claras y exitosas. Lo que ya no tolera es la sensación de estar entrando otra vez en un pantano mientras la gasolina y la cesta de la compra siguen pesando en la cartera. Trump lo sabe, pero sus congresistas lo saben aún mejor. A ellos les toca poner la cara en distritos donde el patriotismo dura menos que un caramelo en la puerta del cole.


Por eso el dilema de Trump es político. Más aún, psicológico. Tiene que decidir si acepta un acuerdo imperfecto que pueda vender como victoria o si asume de frente el coste de demostrar que sus líneas rojas eran algo más que decoración.


El reloj de Irán

Para el régimen iraní, el problema es inverso. Si el bloqueo o la restricción de Ormuz se prolonga demasiado, su economía —ya castigada por años de sanciones, corrupción, mala gestión y aislamiento— puede entrar en una fase mucho más peligrosa.


El cierre de pozos, la caída de ingresos, la parálisis logística y la presión inflacionaria pueden producir una mezcla explosiva. Irán puede resistir mucho sufrimiento, pero no puede mantener indefinidamente el martirio económico. La épica revolucionaria alimenta pancartas, pero tampoco llena neveras.


Los ayatolás quieren estirar la cuerda. Apostarán a ganar 60 días. A dividir a los republicanos. A alimentar el cansancio americano. A convencer a los europeos y a los miembros del GCC de que la única salida sensata es otra ronda infinita de conversaciones, inspectores, anexos técnicos y ambigüedades creativas. Ya lo hicieron con Obama.


El régimen iraní domina como pocos el arte de convertir cada negociación en una alfombra persa: interminable y llena de nudos gordianos. La apuesta de Teherán es sencilla: que en agosto el monstruo naranja no tenga músculo político para relanzar la guerra. Pero para que esta estrategia funcione, tienen que lograr que Washington abra inmediatamente el grifo del dinero bloqueado y levante el embargo. Me temo que, de no ser así, no llegarán al otoño como un país viable.


El MOU probable

¿Dónde nos deja todo esto? Hacer predicciones con Trump y los mulás de por medio es un deporte de alto riesgo. Normalmente acaba uno con excrementos de paloma en la cabeza.


Aun así, mi impresión es binaria y lo sabremos en la próxima semana: o empieza la guerra de nuevo en breve, o se firmará un MOU endeble. Un Memorandum of Understanding con suficientes verbos en condicional para que ambas partes puedan cantar victoria sin haber cedido del todo.


Irán prometería facilitar la reapertura gradual de Ormuz. Estados Unidos aceptaría levantar parte de la presión naval o sancionadora de forma escalonada. Se abrirían conversaciones técnicas sobre el uranio. Habría menciones a supervisión internacional. Quizá incluso aparezca un tercer país —Kazajistán se ha mencionado como posibilidad— para almacenar o custodiar parte del material.


Trump diría que ha obligado a Irán a abrir Ormuz y negociar el fin de su programa nuclear. Teherán diría que ha resistido al Gran Satán sin rendirse. Qatar, Pakistán y otros intermediarios se pondrían medallas diplomáticas. Bruselas, como siempre, pediría contención. Y los mercados respirarían unas horas, como hacen siempre cuando alguien pronuncia la palabra desescalada.


Sobre el papel, suena razonable. Pero en la práctica, sería un breve armisticio. En este escenario, el problema no estaría resuelto. Solo estaría aplazado.


Cuando el papel se moja

Mi sospecha es que, si se llega al MOU, Irán lo violará varias veces durante esos 60 días. No de forma frontal al principio. Lo hará como hace siempre: una inspección administrativa aquí, una demora técnica allá, una mina que no es de nadie, una milicia que actúa por su cuenta, una declaración contradictoria o alguna exigencia adicional.


La estrategia será probar los límites de Trump. Pero Trump tiene una tolerancia muy limitada a que le toquen las partes íntimas en público. Si llega a la conclusión de que Teherán le está tomando el pelo, no descarto una segunda operación centrada en los activos iraníes del estrecho y del Golfo.


Esta vez, además, no sería sorprendente una colaboración más activa —aunque discreta— de Emiratos, Kuwait y Arabia Saudí. Nadie en el Golfo quiere vivir bajo una franquicia marítima de los Guardianes de la Revolución.


En ese escenario, al igual que si la guerra se reinicia esta semana, Estados Unidos probablemente concentraría su fuerza en baterías costeras, radares, drones, lanchas rápidas, minas, bases navales y centros de mando vinculados al control del estrecho. Israel, por su parte, seguiría centrado en Hezbolá, la arquitectura militar occidental de Irán y los nodos de la Guardia Revolucionaria.


Aquí vuelve el problema del calendario. Una acción militar en Ormuz no se resuelve en una noche de fuegos artificiales. Limpiar, asegurar, escoltar, neutralizar y garantizar tráfico comercial exige tiempo. Y el tiempo, para Trump, se mide ahora en votos.


Venezuela, Cuba y la necesidad de una victoria

Por eso creo que, si el acuerdo se rompe —ya son muchos condicionantes— y la operación se alarga, Trump necesitará una victoria paralela más cercana a casa. No por capricho, sino por pura mecánica política.


Ahí entran Cuba y Venezuela. La administración Trump ya ha dado a entender que el Caribe no es un teatro secundario. Es el patio trasero de Estados Unidos, el punto donde confluyen crimen organizado, petróleo, migración, inteligencia cubana e influencia china. Hasta ahora, los plazos fijados han sido de 18-24 meses. Esto se puede acelerar.


Una victoria en Venezuela —una transición acelerada, una fractura del régimen o extradiciones importantes de criminales del régimen (tipo Cabello)— permitiría a Trump decir que su política exterior está limpiando el vecindario. Con Cuba, el margen es más estrecho, pero el objetivo es similar: cortar oxígeno financiero, aislar a la nomenclatura y forzar un cambio de régimen, si no en nombre, en sustancia.


No digo que esto vaya a ocurrir. Digo que, si Ormuz se convierte en un problema de más largo plazo, Trump tendrá incentivos para acelerar otros tableros donde pueda enseñar resultados antes de noviembre.


El dilema final

Al final, Ormuz es una prueba de credibilidad. Para Irán, demostrar que puede estrangular el comercio energético mundial sin pagar un precio insoportable sería una victoria estratégica. Para Trump, demostrar que puede forzar una reapertura real y eliminar la amenaza nuclear sin hundirse en otra guerra larga sería una victoria política.


Y para Europa, aunque finja mirar desde la superioridad moral de siempre, la lección debería ser obvia: el mundo no se ordena con comunicados, ni con cumbres, ni con esa deliciosa costumbre de convocar a 200 ministros para tomar café.


A veces la paz se firma porque ambas partes han sopesado el coste de seguir peleando. Otras veces se firma porque una de ellas necesita comprar tiempo. Y otras porque ambas necesitan comprar ese tiempo.


La pregunta es cuál de las tres estamos viendo ahora. Yo creo que la tercera.


Mi apuesta, con todas las cautelas posibles, es que veremos una paz de papel. Suficiente para bajar el precio del petróleo unos días. Insuficiente para resolver el problema iraní. Y lo bastante ambigua como para que volvamos a descubrir que en Oriente Medio los malos acuerdos no terminan las guerras. Solo las dejan descansar.


última hora del preacuerdo entre EE UU e Irán, la tensión en Ormuz y la escalada en Líbano
La Razón. 31 Mayo 2026

La guerra en Oriente Próximo sigue pendiente de un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán, aunque las posiciones continúan lejos de cerrarse. Washington y Teherán han admitido la existencia de un preacuerdo de 60 días para mantener el alto el fuego y negociar sobre el programa nuclear iraní, pero ninguna de las partes lo da aún por definitivo. Donald Trump ha aplazado su decisión final y ha condicionado cualquier pacto a sus “líneas rojas”, entre ellas que Irán no obtenga armamento nuclear y que el estrecho de Ormuz vuelva a abrirse sin restricciones. Desde Teherán, en cambio, acusan al presidente estadounidense de distorsionar el borrador y vender una “victoria falsa”.


La tensión también se mantiene en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo. Irán ha endurecido sus advertencias a los buques que transiten por la zona y asegura que deberán seguir las rutas fijadas y obtener autorización de la Guardia Revolucionaria. Al mismo tiempo, Omán ha alertado de la presencia de un posible artefacto explosivo en aguas del estrecho y Estados Unidos ha confirmado que inutilizó un carguero que intentaba llegar a un puerto iraní pese al bloqueo marítimo impuesto por Washington.


El otro gran foco de la jornada ha estado en Líbano, donde Israel y Hezbolá han intensificado sus ataques. La milicia libanesa ha reivindicado lanzamientos de cohetes, drones y misiles contra posiciones israelíes, mientras el Ejército israelí ha ampliado sus operaciones en el sur del país y ha emitido nuevas órdenes de evacuación en varias localidades. Las autoridades libanesas elevan ya a más de 3.300 los muertos y más de 10.000 los heridos desde el inicio de la ofensiva en marzo, en una escalada que ha obligado a más de un millón de personas a abandonar sus hogares.


09:30

Bombardeos sobre zonas residenciales en Deir ez-Zahrani causan múltiples víctimas en el sur del Líbano

Las fuerzas israelíes han lanzado varios ataques aéreos durante esta madrugada contra la localidad de Deir ez-Zahrani, en el sur del Líbano, causando varios fallecidos y heridos, según ha informado la Agencia Nacional de Noticias (NNA) del país.


Los bombardeos han alcanzado edificios residenciales donde los vecinos se encontraban durmiendo, según los reportes de la agencia oficial. Equipos de rescate se encuentran desplegados en el lugar de los hechos intentando recuperar a las víctimas. Según ha trasladado la NNA, "un número de personas permanece atrapado bajo los escombros".


09:15

Israel lanza ataques aéreos y de artillería contra varias localidades del sur del Líbano

Las fuerzas israelíes han llevado a cabo esta mañana una serie de ataques aéreos y de artillería contra diversas localidades en el sur del Líbano. Según las informaciones recogidas, los bombardeos aéreos han alcanzado las poblaciones de Arnoun, Kfar Tebnit y Kfar Remman.


Asimismo, se han registrado acciones de artillería en el área de Kfarjouz, situada en el distrito de Nabatieh, así como en la localidad de Dbeibine, perteneciente al distrito de Marjayoun.


09:00

Un comandante iraní advierte de que cualquier agresión recibirá una respuesta "más contundente"

El contraalmirante Habibollah Sayyari, comandante adjunto de coordinación del Ejército de Irán, ha emitido una advertencia ante posibles acciones hostiles contra el país. Según ha informado Press TV, el alto mando militar ha señalado que "cualquier agresión contra el territorio del país será respondida con una respuesta aún más contundente que antes".


Sayyari ha subrayado que el Ejército de la República Islámica se mantiene "firme y resuelto" ante cualquier "movimiento hostil" por parte de sus adversarios, reiterando la capacidad de respuesta de sus fuerzas.


08:45

Cohetes lanzados desde el Líbano hacia Israel impactan en territorio libanés

El Ejército israelí ha emitido una "directiva de precaución" tras identificar "lanzamientos desde el Líbano" dirigidos hacia varias comunidades del norte de Israel. Aunque las fuerzas militares instruyeron a los residentes a buscar refugio, medios israelíes han informado posteriormente de que las sirenas de alerta aérea no llegaron a activarse en la región. Según recoge el diario Ynet News, el incidente "involucró unos pocos cohetes" que finalmente "explotaron en territorio libanés".


08:30

Israel lanza una “operación a gran escala” en el sur del Líbano

El Ejército de Israel ha confirmado el inicio de “una operación a gran escala” en el sur del Líbano, centrada en las áreas de la cresta de Beaufort y Wadi al-Salouqi. La portavoz militar Ella Waweya ha informado de que la ofensiva comenzó “hace varios días” con el despliegue de “grandes fuerzas terrestres” y tiene como objetivo “destruir la infraestructura terrorista y eliminar saboteadores”.


Según el comunicado oficial, estas acciones buscan “reforzar el control operativo en el sur del Líbano” y neutralizar las amenazas directas sobre la región de la Galilea y la localidad de Metula. En el marco de esta estrategia para “ampliar la línea de defensa avanzada”, las fuerzas israelíes “han cruzado el río Litani” y han extendido sus ataques contra Hezbolá al norte del cauce. La portavoz ha indicado que las tropas mantienen operaciones “en las proximidades de Nabatieh” y se encuentran “preparadas y listas para ampliar el ataque según sea necesario”.


08:15

El Gobierno estadounidense plantea modificar los términos nucleares y de tránsito en el estrecho de Ormuz en el pacto con Irán

El presidente de Estados Unidos ha solicitado “varias enmiendas” al acuerdo alcanzado por sus enviados con Irán, según ha informado el medio estadounidense Axios citando a funcionarios oficiales. La petición se habría producido durante una reunión celebrada este viernes en la Situation Room.


De acuerdo con la información difundida, el mandatario estadounidense ha instado a su equipo a modificar las cláusulas relativas al programa nuclear iraní. Actualmente, el compromiso incluye la garantía de que Irán no desarrollará armamento nuclear, pero carece de concesiones específicas adicionales. “Se trata de concretar cómo EEUU obtiene el material, las reservas de uranio enriquecido de Irán, y los plazos”, ha señalado un alto cargo de la administración a Axios.


Asimismo, las fuentes apuntan que Estados Unidos busca cambiar lo redactado sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. Respecto a los tiempos de respuesta, los funcionarios esperan obtener una contestación de la parte iraní en un plazo de tres días, con la previsión de tener avances significativos “a principios de la semana próxima”.


08:00

El Congreso de EE. UU. avanza en un plan para profundizar la cooperación militar con Israel

Una propuesta legislativa en el Congreso de los Estados Unidos contempla una mayor integración entre las Fuerzas Armadas estadounidenses e israelíes. La iniciativa, denominada "United States-Israel Defense Technology Cooperation Initiative", se incluye como la Sección 224 de la versión de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) para el año fiscal 2027, actualmente bajo revisión del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes.


La medida, que aún se encuentra en una etapa preliminar, busca profundizar la colaboración en investigación, producción y tecnología armamentística. De ser aprobada, la normativa marcaría un cambio significativo en la relación militar entre ambos países, pasando de un modelo centrado principalmente en la asistencia militar a una mayor interconexión entre sus respectivas industrias de defensa.


07:45

Catar rechaza un peaje permanente en el estrecho de Ormuz, pero abre la puerta a tasas temporales

El viceprimer ministro de Catar, el jeque Saoud bin Abdulrahman Al Thani, ha manifestado durante el Diálogo de Shangri-La que su país se opone a la imposición de un peaje permanente para el tránsito por el estrecho de Ormuz.


No obstante, ha precisado que Catar estaría dispuesto a negociar una tasa de carácter temporal, siempre y cuando esta se destine exclusivamente a facilitar la reapertura de la vía marítima, como podría ser el caso de las operaciones para la retirada de minas marinas.


07:30

Trump sobre Irán: "No tengo ninguna prisa" por cerrar un acuerdo

Trump ha señalado que Estados Unidos tiene como objetivo alcanzar un "gran pacto" con Irán. De no lograrlo, ha advertido que "acabarán con el asunto militarmente". Trump ha indicado su preferencia por la vía diplomática al argumentar que un acuerdo permitiría "salvar muchas vidas" y garantizaría la apertura del estrecho de Ormuz "inmediatamente tras su firma".


Respecto al proceso de negociación, Trump ha definido a los líderes iraníes como "negociadores muy duros", sosteniendo que Estados Unidos está obteniendo sus objetivos "lentamente".


"No tengo ninguna prisa. Si tienes prisa, no vas a conseguir un buen acuerdo", ha declarado. Ha añadido que, de no conseguir lo que buscan, se optará por "una vía diferente".


07:15

El expresidente Trump califica de error las pasadas estrategias militares estadounidenses en Oriente Próximo

Donald Trump ha cuestionado en una entrevista concedida a la cadena Fox News la estrategia de Estados Unidos en Oriente Próximo, poniendo en duda las intervenciones militares pasadas en Irak e Irán. El expresidente ha calificado de "error" la presencia estadounidense en Bagdad y ha subrayado que, a su juicio, el país debió evitar involucrarse en dichos conflictos.


En referencia a Irán, Trump ha defendido la capacidad disuasoria de Washington, atribuyendo a una intervención con bombarderos B-2 realizada hace nueve meses el hecho de que Teherán no disponga actualmente de armamento nuclear. Asimismo, el exmandatario ha sostenido que Estados Unidos ha mantenido una postura deliberada de no atacar al estamento militar iraní, al considerarlo un sector relativamente "moderado" frente a otras facciones de liderazgo en el país, con el objetivo de evitar el colapso prolongado de las estructuras estatales.


07:00

Irán asegura haber derribado un dron estadounidense en su espacio aéreo

La Guardia Revolucionaria de Irán ha comunicado el derribo de un dron estadounidense, identificado como un modelo MQ-1, que habría incursionado en aguas territoriales del país. Según ha informado la cadena estatal IRIB, la aeronave fue detectada y neutralizada mediante sistemas de misiles de defensa tras, supuestamente, intentar realizar una "operación hostil". A través de un comunicado oficial, el cuerpo militar ha advertido que responderá de manera contundente ante cualquier acto de agresión.


06:47

Irán presenta una nueva lancha de ataque capaz de lanzar misiles de crucero

Las fuerzas militares de Irán han presentado una nueva lancha de ataque rápido, denominada "27 Rajab", durante una ceremonia celebrada en la plaza Enqelab de Teherán. Según ha informado la agencia de noticias semioficial Fars, la embarcación cuenta con capacidad para alcanzar una velocidad de hasta 100 nudos (185 kilómetros por hora) y está equipada para el lanzamiento de misiles de crucero de largo alcance. Las autoridades han destacado este despliegue como un nuevo símbolo de las capacidades militares navales del país.


El ocaso del paraguas americano
La erosión del compromiso estadounidense obliga a Europa a asumir su propia defensa en un mundo cada vez más inestable
Gustavo de Arístegui, diplomático. la razon. 31 Mayo 2026

Ochenta y un años de paz en Europa occidental descansan sobre un único fundamento: el compromiso estratégico de los Estados Unidos de América con la seguridad del continente. Desde la firma del Tratado del Atlántico Norte en 1949, el artículo 5 daba la certeza de que los aliados acudirían en su defensa en caso de sufrir un ataque. Esto ha constituido el eje vertebrador de la seguridad europea. Ese fundamento se está erosionando. No de forma acelerada, sino gota a gota, con la cadencia calculada de quien sabe que el impacto psicológico de la incertidumbre es, en sí mismo, un instrumento de desgaste.


El 1 de mayo de 2026, el Pentágono anunció la retirada de 5.000 efectivos estacionados en Alemania. No fue una decisión estratégica consensuada en el seno de la Alianza Atlántica. Fue una reacción visceral del presidente Trump ante las críticas del canciller Friedrich Merz a la estrategia estadounidense en la guerra contra Irán, o más bien la falta de una estrategia clara. Las críticas fueron formuladas, paradójicamente, por uno de los aliados más comprometidos con los objetivos de gasto en defensa de la OTAN. Berlín anunció que alcanzaría el 3,5% del PIB en defensa en 2029, era el líder indiscutible de la ayuda a Ucrania y había publicado su primera estrategia militar desde 1945.


Y aun así, el presidente Trump tuvo más en cuenta una de las críticas a la guerra que la sustancia del compromiso alemán. No se puede negar que los comentarios demostraron una imprudencia impropia de un jefe de gobierno. La investigadora principal para Europa del Council on Foreign Relations, Liana Fix, lo formuló con precisión en su análisis de mayo de 2026: la retirada no era un ajuste estratégico sino un acto de castigo a los aliados europeos. Y lo más inquietante no era la cifra —5.000 soldados sobre los 38.000 estacionados en Alemania— sino lo que vino a continuación: la posible cancelación del despliegue de misiles de crucero Tomahawk de largo alcance que debían estacionarse en Alemania en 2027, acordado por Scholz y Biden para contrarrestar los misiles rusos en Kaliningrado.


Habría sido el primer estacionamiento de misiles balísticos terrestres de largo alcance en Alemania desde el fin de la Guerra Fría. Su cancelación —si se confirma— deja a Europa sin una capacidad crítica que el continente no puede reemplazar de forma autónoma a corto plazo.


El compromiso americano

Lo que distingue al distanciamiento actual de episodios anteriores de fricción transatlántica es su naturaleza cualitativa. En el pasado —las crisis de Suez, las divergencias sobre Vietnam, el abismo de Iraq en 2003— las fricciones eran sectoriales y circunscritas: los aliados podían discrepar sobre una operación concreta sin que ello pusiera en cuestión el fundamento de la Alianza. Lo que practica la Administración Trump en su segundo mandato es de otra naturaleza: el cuestionamiento sistemático de la pertinencia misma del compromiso americano con Europa.


El vicepresidente J.D. Vance calificó a los líderes europeos de amenaza para la democracia. El secretario de Defensa Hegseth declaró que Estados Unidos ya no estaría «principalmente centrado en la seguridad de Europa». El propio Trump ha instrumentalizado repetidamente las amenazas de retirada de tropas como herramienta de presión económica —aranceles sobre automóviles alemanes, disputas comerciales— convirtiendo la garantía de seguridad colectiva en una variable del regateo transaccional.


Esta transaccionalización de la seguridad colectiva es, en sí misma, una ruptura epistémica con la filosofía que sustentó a la OTAN durante ocho décadas. La disuasión funciona sobre la credibilidad de los compromisos. El gran estratega Bernard Brodie, arquitecto intelectual de la era nuclear, lo advirtió hace setenta años: la disuasión no depende de la capacidad, sino de la voluntad percibida. Un aliado que condiciona su compromiso a la rentabilidad económica inmediata no es, a los ojos del adversario, un aliado creíble. Y cuando la disuasión falla en la percepción, es una invitación a la agresión.


Vladimir Putin lleva años aguardando este momento. El Informe de Seguridad de Múnich de 2026 alertó de que Rusia podría reconstituir sus fuerzas para una «guerra regional» en el área del mar Báltico en un plazo de dos años a partir de un eventual alto el fuego en Ucrania. El propio Departamento de Estado americano reconoció ante el Congreso, en mayo de 2026, que una vez que termine la guerra de Ucrania, Moscú buscará «reequilibrar sus fuerzas y buscar oportunidades para proyectar poder y crear dilemas para la OTAN», siendo el área báltica «particularmente sensible y vulnerable». La señal que la confusión americana envía a Moscú es inequívoca: el compromiso atlántico es errático, personalista y negociable y, por lo tanto, los aliados europeos son, sin duda, más débiles.


La respuesta europea

Los países del este de Europa han sido los más leales en su compromiso con la OTAN. Estonia, Letonia y Lituania han destinado a Ucrania recursos equivalentes al 13% de su presupuesto anual de defensa. Como recordó el representante Bill Keating ante el Congreso, «para igualar la donación de Estonia a Ucrania en porcentaje del PIB, Estados Unidos tendría que proporcionar más de un billón de dólares adicionales a su presupuesto de Defensa». La recompensa fue la cancelación del despliegue de la 2ª Brigada de Combate Blindado —que debía rotar por Polonia y los países bálticos— mediante un memorándum firmado por Hegseth que pilló desprevenidos incluso a los senadores del Comité de Fuerzas Armadas. «No fuimos notificados», declaró la senadora Jeanne Shaheen. «Es, creo, muy corto de miras. Envía el mensaje equivocado —el mensaje equivocado a Vladimir Putin, el mensaje equivocado a China, el mensaje equivocado a Irán».


La respuesta europea ha sido, al fin, la correcta —aunque tardía y todavía insuficiente en su profundidad—. El Plan ReArm Europe / Readiness 2030 moviliza potencialmente hasta 800.000 millones de euros en gasto adicional en defensa. A febrero de 2026, 17 Estados miembros habían activado la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad para financiar el rearme.


El instrumento SAFE —Security Action for Europe— canaliza préstamos preferentes para compras conjuntas de armamento con al menos un 65% de componentes europeos. Un documento del Instituto Kiel de Economía Mundial, firmado por Thomas Enders —ex CEO de Airbus y presidente del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores— cuantifica el coste de la autonomía estratégica en 50.000 millones de euros anuales durante la próxima década: el equivalente al 0,25% del PIB europeo. Alcanzable. Pero que exige una determinación política que Europa aún no ha demostrado plenamente.


Los obstáculos

El obstáculo no es solo financiero: es industrial. La guerra de Irán ha agotado los arsenales americanos de los que Europa dependía. Los retrasos en la entrega de sistemas NASAMS, HIMARS y misiles interceptores Patriot son ya una realidad documentada. Los europeos habían invertido masivamente en sistemas americanos como forma de «mantener a Trump en la OTAN»; ahora descubren que esa estrategia tiene un límite: cuando los arsenales del garante se agotan en otro teatro, el socio europeo queda desabastecido. La lección es brutal pero necesaria: la autonomía estratégica no es una opción ideológica —la autonomía estratégica es la única garantía real de supervivencia.


Esta transformación tiene consecuencias que van mucho más allá de la relación bilateral EE UU-Europa. En el orden geopolítico emergente —que vengo describiendo como la transición del mundo unipolar post-1991 a un mundo multipolar imperfecto caracterizado por «guerras de temperatura variable», conflictos de baja intensidad y resolución, pero alta destructividad, que nadie puede ganar y nadie puede permitirse perder— la fractura transatlántica altera el equilibrio de poder en beneficio de quienes más la han deseado.


China, que controla el 75-80% de la producción mundial de tierras raras y el 95% de la capacidad de refino global, observa con atención de cazador cómo Occidente se divide. Moscú explota la grieta. Pekín corteja a una Europa, la parte más pusilánime con China, que busca nuevos equilibrios que necesariamente nos harán a todos mucho más frágiles y débiles frente a nuestros enemigos.


La tentación del acercamiento mal llamado pragmático a China -que algunos líderes europeos han comenzado a explorar- sería, sin embargo, un error estratégico de proporciones históricas, puesto que China no es un aliado, es para nosotros un competidor sistémico con una agenda que incluye la erosión del orden liberal internacional que Europa representa. Y para China, Occidente no es un adversario, es el enemigo con el que hay que llevarse bien, por ahora.


Una relación transatlántica renovada

El mundo que emerge no es bipolar ni multipolar en el sentido westfaliano clásico. Es una «fractura sistémica contenida»: múltiples actores con agendas parcialmente convergentes, instituciones internacionales debilitadas y normas cuestionadas. En ese mundo, Europa tiene ante sí una elección histórica: o asume la responsabilidad de su propia seguridad y se convierte en un polo autónomo de poder, o queda reducida a objeto de competencia entre las grandes potencias, sin capacidad de incidir en su propio destino. El politólogo Graham T. Allison, autor del concepto de la trampa de Tucídides, ha advertido que la rivalidad entre potencias establecidas y emergentes con modelos incompatibles no desemboca necesariamente en guerra —pero sí en una erosión sistemática del orden que aquellas construyeron.


La relación transatlántica ha sobrevivido a De Gaulle, a Nixon, a los euromisiles de los años ochenta, a Iraq. Puede sobrevivir a Trump —pero solo si Europa abandona de una vez la cómoda dependencia de un garante cuya fiabilidad está condicionada a los caprichos del ocupante del Despacho Oval.


El capital acumulado en ochenta años de historia compartida es real, pero no infinito. Y la confianza estratégica, una vez erosionada, es muy difícil de reconstruir y mucho menos con meras declaraciones. Se reconstruye con hechos, con tropas, con inversión en defensa, con coherencia estratégica, y la voluntad de asumir el precio que la libertad siempre ha exigido. Europa no puede seguir siendo el objeto pasivo de la política de su propia seguridad. Debe convertirse en su sujeto activo. Ese es el reto histórico de nuestra generación —y el único camino que conduce a una relación transatlántica renovada desde la igualdad, no desde la subordinación y la dependencia.


Un tipo fuera de control y un país pendiente de un hilo
Jesús Cacho. vozpopuli. 31 Mayo 2026


Matteo Messina Denaro, discípulo del famoso Tòto Riina y último gran capo de la mafia siciliana, fue arrestado el 16 de enero de 2023 cuando se dirigía a la clínica La Maddalena de Palermo, Sicilia, donde estaba siendo tratado, bajo identidad falsa, de un cáncer casi terminal. El hombre más buscado de Italia por delitos de homicidio, terrorismo y tráfico de armas y drogas, murió meses después, el 25 de septiembre del mismo año, en una prisión de máxima seguridad sin haber revelado ninguno de sus secretos. Casi tres años después de esa muerte, el Estado italiano se acaba de apuntar una importante victoria contra la Cosa Nostra con el anuncio, este jueves 28 de mayo, de la incautación de más de 200 millones de euros vinculados al imperio financiero del mafioso. Desde Andorra hasta Suiza, pasando por las Caimán, Mónaco y Luxemburgo, la Dirección Antimafia de Palermo ha logrado reconstruir el puzle de una fortuna amasada mediante el narcotráfico y blanqueada a través de empresas offshore, inversiones inmobiliarias (entre ellos, complejos hoteleros de lujo situados entre Marbella, Benahavís y Puerto Banús), y redes internacionales, fortuna que algunos medios italianos elevan hasta los 4.000 millones. Messina Denaro, un tipo mujeriego (fue precisamente una de sus antiguas novias la que dio la pista para su detención en La Maddalena) y violento, a quien se considera responsable del asesinato de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1992, logró transformar el crimen organizado italiano, siempre sanguinario, en una mafia más discreta, financiera y empresarial, amante de la ropa cara, los coches de lujo y los clubes nocturnos, además de la inversión en joyas y metales preciosos. Giorgia Meloni se ha felicitado esta semana por este “nuevo golpe" infligido a la Cosa Nostra.


Un juez español, José Luis Calama, logró la semana pasada correr el velo que protegía las actividades del ex presidente Rodríguez Zapatero como jefe de una “organización criminal” que supuestamente ha logrado amasar también una considerable fortuna, de la que las joyas encontradas en la caja fuerte descubierta por la policía en su despacho son apenas la anécdota. ZP nunca ha firmado un recibí, jamás se ha manchado las manos, siempre ha evitado hablar de dinero con sus clientes, porque eran otros los encargados de pasar la cuenta, razón por la cual será muy complicado desentrañar el laberinto financiero de un personaje muy cortito, casi borderline, pero que, frente al exhibicionismo delincuencial de un Messina Denaro, ha hecho de la sonrisa bobalicona el mejor de los disfraces. Pocos sospechaban, sin embargo, que el golpe de gracia al capo de tutti capi vendría dos días después con la orden del juez Pedraz de registrar la sede del Partido Socialista en Ferraz en busca de pruebas capaces de confirmar lo que algunos sabían pero nadie se había atrevido a verbalizar con toda su brutal crudeza: que en la sede del partido del Gobierno se ideó, montó y financió con dinero B una red mafiosa destinada a extorsionar a jueces, fiscales, guardia civil y policía empeñados en investigar los presuntos delitos de la familia del presidente del Gobierno. Isaac Blasco databa aquí este jueves el momento clave del drama: La tarde del 24 de abril de 2024, cuando el “hombre enamorado” dirigió a la ciudadanía una carta anunciando cinco días de impostada reflexión, después de que un juez de instrucción de medio pelo hubiera tenido la osadía de imputar a su señora, Begoña Gómez. “¡Sacadla de ahí, joder…!”. El grito de rabia resonó en las paredes de granito del Arco del Triunfo de Moncloa. Tres hombres asustados delante: Óscar López, Félix Bolaños y Santos Cerdán. Cada uno quedó encargado de una misión. La más grave, la del secretario general: montar una red para extorsionar y silenciar al tercer poder del Estado. Hasta 11 veces cita Pedraz al presidente del Gobierno en su auto. Sánchez en el vértice de la pirámide mafiosa. The one. ¿Cuánto tardará el Supremo en pedir el correspondiente suplicatorio a la Cámara para procesar al aforado Pedro Sánchez Pérez-Castejón?


Semana horribilis para el sanchismo y tenebrosa para un país, España, que de pronto se ha descubierto como lo que es: una nación a punto de perder su maltrecha democracia para caer en una dictadura impuesta por una banda mafiosa que ha venido a enriquecerse a calzón quitado con los códigos morales de un Riina o un Messina Denaro. Un país sin recursos legales (los agujeros negros de una Constitución que no previó que un delincuente pudiera encaramarse un día a la presidencia del Gobierno) para desalojar del poder al impostor, con una sociedad civil muy débil y con unas raquíticas elites escondidas tras los faldones del miedo. Un país institucionalmente reducido a una escombrera, cuya enseña nacional cayó ayer al suelo, inquietante metáfora, en el momento de ser izada con motivo del Día de las Fuerzas Armadas. Y el clamor es ya general. ¿Qué hacer? Perdamos toda esperanza. Ningún incentivo para que un tipo desprovisto de cualquier norma moral o cívica cometa el suicidio político que para él supondría la convocatoria electoral. Es puro manual de resistencia. Esperando como agua de mayo la visita del Papa el próximo sábado, más el inicio del campeonato del mundo de fútbol, más las vacaciones de verano. Necesidad imperiosa de respirar por quien se está ahogando. Mientras tanto, el deterioro institucional y reputacional de España se agudiza. Las costuras se descosen a velocidad de vértigo. El ambiente es sofocante; el hedor, insoportable. Incluso empieza a dar vergüenza ajena.


Es el retrato de España en la desembocadura de la Transición. Porque el problema no es Pedro Sánchez, sino el tipo de país que ha permitido la carrera de Sánchez, que ha hecho posible, ha tolerado, ha encumbrado a un personaje semejante. Sánchez interpela a los españoles y les pone en evidencia. Porque no solo es Sánchez: son los siete millones que le votarían hoy si hubiera elecciones. Es Sánchez y unos socios políticos que no cuentan con ningún incentivo para dejar de apoyarlo, sabedores de que nunca van a estar mejor que con él. Es la Iglesia Católica, con la Conferencia Episcopal al frente, y un buen número de obispos que no dudarían en sacarlo bajo palio, por no hablar del Papa León XIV. Es la oligarquía económica y financiera española y su nulo interés por equilibrar la actual mesa inclinada mientras sigan hinchándose a ganar dinero, convencidos todos de su capacidad de adaptación el día en que el Poder cambie de manos. Son los grupos mediáticos. Oughourlian, un tiburón con oficio, ha empezado a mover el timón del grupo Prisa en busca de aguas más templadas, mientras el conde de Godó sigue arrastrándose ante el sanchismo, el nacionalismo y el resto de ismos. Es el Parlamento Europeo y la Comisión, entre otras instituciones internacionales, donde el canalla sigue gozando de crédito, con un Partido Popular (PP) que continúa sin hacer valer su peso dentro del PPE, sigue sin dar un puñetazo en la mesa para volcar el tablero de la general componenda con este individuo. Es la Corona, que se está dejando algunas plumas en la gatera de un silencio que mucha gente no entiende. Es un Felipe VI que, sin necesidad de dar tres cuartos al pregonero, tal vez podría moverse, pulsar la voluntad del país, incluso de los grupos parlamentarios, para buscar una salida a la crisis sistémica de acuerdo con la función moderadora y de arbitraje que le confiere la Carta Magna.


No es solo Sánchez, no, ni su círculo cercano, ni únicamente su Gobierno o su partido. Existe toda una red de cómplices necesarios que se prestan a los desmanes socialistas porque, en los vericuetos de una clase política muy degradada, el país ha perdido cualquier fibra moral institucional. España está viviendo su tangentópolis. Las metástasis de la corrupción han llegado al último rincón del país. Hablamos de una extensa red clientelar que hace prácticamente imposible optar a un contrato o negocio sin pagar la correspondiente mordida. Un capítulo en el que hay de todo, desde generales de la Guardia Civil vendidos (la entrada de agentes de la UCO en la Dirección General del cuerpo para investigar a su directora general, una socialista de carril, y al DAO, nada menos que un teniente general, marca seguramente el cenit de la degradación española), hasta jueces, fiscales y periodistas que deberían estar siguiendo el rastro del dinero en lugar de taparlo, por no citar a funcionarios y altos cargos que miran hacia otro lado mientras la corrupción engorda ante sus narices. Demasiada gente que ha decidido acomodarse en la platea de una degradación generalizada. El Gobierno sigue mandando mensajes propios de hampones animando a los suyos a enriquecerse sin recato y con urgencia, a pillar, a pillar, que esto se puede acabar: La venta (ficticia) de la histórica sede de Telefónica en la Gran Vía madrileña dirigida por el hombre para todo de Zapatero, Javier de Paz, responsable de la venta de los activos inmobiliarios de la operadora (amén de presidente de Movistar Plus+), operación donde se van a barajar comisiones millonarias, y que para “lo” de Gran Vía 28 se ha buscado a última hora a un hombre pantalla, el promotor Tomás Olivo, signo de toda sospecha. Y la concesión, consejo de ministro del martes, de un nuevo canal de TDT en abierto a José Miguel Contreras, primer “susurrador” de Sánchez en Moncloa, y a sus socios del Grupo Alconaba (Varela Entrecanales & Cia), canal donde recalarán en el futuro las Silvia Intxaurrondo y los Javier Ruíz cuando dejen de avergonzar a los demócratas españoles en la televisión pública. Ese canal será un fiasco, como lo fue la televisión del Grupo Prisa, pero alguien vendrá después que ricos les hará comprándoles la licencia en el momento oportuno.


El problema es que nadie está mandando a los Javier de Paz de este país el mensaje claro de que no va a haber impunidad y de que esa colaboración con Sánchez y su banda, amén de ese enriquecimiento ilícito, puede tener consecuencias personales graves para ellos. Un aserto que atañe especialmente a un PP que hoy se presenta como alternativa razonable de Gobierno y que quizá debería estar haciendo algo más que las briosas denuncias verbales que casi a diario realiza Alberto Núñez Feijóo. Hablamos de un partido que, herencia del nefasto Gobierno Rajoy, ahora mismo exhibe también sus cadáveres insepultos ante los tribunales con el caso Kitchen. ¿Cómo piensa el PP combatir la corrupción en caso de llegar al Gobierno? La corrupción se ha convertido en un fenómeno sistémico que afecta a todos los partidos, no solo al PSOE, y que no depende tanto de la falta de escrúpulos de los De Paz de turno como de los perversos incentivos creados por un sistema que ha hecho la vista gorda con el delincuente de cuello blanco, que asiste impávido a las labores de lobby de políticos recién salidos de las Cámaras, a su entrada en Consejos de Administración espléndidamente pagados o a su presencia galana en el palco del Real Madrid, por poner un ejemplo escandalosamente visible. Un sistema que tolera la colonización por los Gobiernos de los organismos de control tipo CNMC, CNMV, Tribunal de Cuentas, etc., los famosos “contrapesos” que nunca han llegado a ser realmente independientes. Un problema definitivamente estructural, que debería obligar a un potencial Ejecutivo del PP no sólo a repensar sino a legislar nuevos controles y contrapesos institucionales. Mientras ese mensaje de regeneración y firmeza no llegue, mientras el miedo no se palpe de verdad, el sistema seguirá encontrando colaboradores dispuestos a participar gustosos en la feria de la corrupción o simplemente a mirar hacia otro lado.


Nos espera un año terrible hasta el verano de 2027, un infierno político, judicial y social, porque los ánimos están muy caldeados y en muchas conversaciones, por no hablar de actitudes, se advierte un clima guerracivilista imposible de ignorar. Sánchez es un personaje fuera de control y España es un país con su futuro pendiendo de un hilo. Un tipo que no es un demócrata, porque si lo fuera hace tiempo que habría disuelto el Parlamento para someterse al veredicto de las urnas, y que, como piensa un número creciente de ciudadanos, podría verse tentado a suspender o postergar las elecciones generales incluso cuando toquen acogiéndose a cualquier circunstancia sobrevenida, un conflicto armado (“hay muchas guerras”), la invasión de las Chafarinas, el asesinato de Trump, un tsunami en Ibiza, una plaga bíblica, un gran escándalo —real o inventado—, cualquier cosa que pueda justificar un golpe de mano dictatorial. Lo va a intentar todo y por su orden, desde luego moldear la realidad electoral (ojo al censo) y demográfica a su favor hasta donde le sea posible y la justicia le permita. Porque a estas alturas ya no actúa pensando en términos de normalidad institucional, sino de pura supervivencia política y personal. Es un tipo acorralado, dispuesto a morir matando. Un psicópata de libro. Nos salvará un puñado de jueces y fiscales, gente dispuesta a jugarse el tipo por poco más de 3.000 euros mes, que se han negado a rendirse ante los Tóto Riina y Messina Denaro que han pretendido esclavizarnos. Gente cuyo sacrificio nos obliga como demócratas a volcar nuestro esfuerzo en la regeneración de la democracia y en la firme voluntad de rescatar España del hoyo de decadencia en el que se halla desde hace 20 años, tarea a la que han renunciado nuestras vergonzantes elites políticas y económico-financieras.


¿Qué más tiene que pasar para que dejen de votar al PSOE?
Eduardo de Rivas. el debate. 31 Mayo 2026

Aun con todo lo que ha pasado esta semana, el PSOE no bajaría de los 103 escaños en unas teóricas elecciones generales. Después de que imputen a Zapatero, después de que hallaran joyas que bien podrían haber pertenecido a Isabel II en su caja fuerte, después de que registraran la sede del PSOE, después de que el hermano de Pedro Sánchez se haya sentado en el banquillo y después de conocer todos los detalles del caso que envuelve a la mujer del presidente del Gobierno. Con todo ese escenario de corruptelas, el PSOE llegaría al 25 % de los votos. Uno de cada cuatro españoles aún apostaría por el partido que cada día nos sorprende con un nuevo escándalo. Uno de cada tres si nos creemos a Tezanos, algo que no pasa ni en Moncloa, porque si así fuera ya habríamos ido a votar.


¿Qué más tiene que pasar para que algunos dejen de votar al PSOE? Casi el 60 % de los que metieron en la urna la papeleta de Pedro Sánchez en 2023 asegura que lo volvería a hacer si las elecciones fueran mañana mismo. ¿Pero dónde ha estado esa gente durante estos tres años? ¿Dónde está el espíritu crítico de la izquierda? ¿Esperando a que Ayuso se salte un semáforo en rojo para salir en tropel?


Con este panorama de votantes, no volveremos a ver al PSOE por debajo de los 100 diputados en la vida, ni aunque pillaran a Sánchez in fraganti robando un banco el día antes de las elecciones. Ni aunque repitiera Zapatero de candidato. Ya me lo estoy imaginando. El eslogan de campaña sería «una joya de presidente». Y no bajarían de la centena.


Descontando esos 100 escaños que van a caer sí o sí en manos del PSOE, quedan 250 a repartir para el resto, y ahí es donde la derecha está obligada a sumar 176 para destronar a la izquierda. Porque este país es así y en España la izquierda puede juntar los votos de hasta el sursum corda para gobernar, pero la derecha tiene que ganar con mayoría.


Ahora mismo la unión de PP y Vox superaría por poco los 200 diputados y por eso es tan importante que no se metan en líos de aquí a las elecciones. El margen no es tan amplio como puede parecer y cualquier tropiezo tonto podría provocar que España quedara inmersa en otros cuatro años de desgobierno en manos del PSOE. No basta con pensar que, por mucho que meta la pata la derecha, la izquierda lo hará más, porque ya hemos visto que ellos, por muy al fondo que la metan, no bajarán de los 100 escaños. Así que hay que deben andar con pies de plomo, porque la batalla aún no se ha ganado. No se puede repetir otro 23-J.


Ideas, creencias y decencia moral
Jesús Banegas. vozpopuli. 31 Mayo 2026

El pensamiento político izquierdista anda cada vez extraviado ante la inexorable avalancha de hechos que han venido desmontando, una a una, todas sus falacias, desde los horrores del comunismo allá donde reinó a los descarrilamientos socialdemócratas de muchos países, incluida su –pasada no actual– idolatrada Suecia. Mientras las ideas liberales mantienen una acreditada vigencia doctrinal como consecuencia de la convalidación positiva de las mismas en la vida real, las socialistas se han visto sistemáticamente refutadas por la historia. Ante tal abrumadora evidencia empírica, las izquierdas contemporáneas han dejado reducida ideología política a solo dos frentes de batalla:


La defensa dogmática de lo público –quintaesencia comunista–frente a lo privado, sin entrar a considerar su resultados: lo que les importa no es la eficiencia y calidad y de servicios públicos tales como, sanidad, educación, transportes… sino su sometimiento a la élite política izquierdista (particularmente incompetente y corrupta ahora) . Este planteamiento acaba de ser utilizado en las elecciones andaluzas, reivindicando a países como Cuba y Corea del Norte y rechazando las exitosas reformas liberales de Suecia a favor de la tesis contraria. Afortunadamente en Andalucía esta batalla la han perdido.


Ante el sistemático fracaso empírico de las doctrinas izquierdistas, sus pseudo intelectuales ya solo se afanan, siguiendo las doctrinas de Antonio Gramsci resucitadas por Ernesto Lacau, en cuestionar y destruir el orden moral y político de la cultura cristiana-occidental que ha venido siendo responsable de los enormes éxitos de la historia humana. Se trata de una miserable reivindicación universal de la envidia: la destrucción del éxito de los demás, ante la incapacidad de lograrlos por sí mismos….según Aristóteles “la pena del bien ajeno y el gozo del mal ajeno”.


Un soberbio, vasto y muy reconocido ensayo titulado Ideas. Historia intelectual de la humanidad (2024) de un prestigioso humanista, Peter Watson, pone de manifiesto el desarrollo de las ideas desde antes de la invención del lenguaje hasta nuestros días. Como es natural, siempre las hubo buenas y malas, pero el progreso humano solamente se puede explicar por el éxito de las primeras y el fracaso de la segundas.


Sostenía Karl Jaspers en su Origen y meta de la historia (1949), que “las ideologías son interpretaciones del mundo como verdades absolutas”, es decir creencias ajenas por completo a la realidad de los hechos, para añadir que “la democracia exige que ninguna élite se consolide y se convierta en una minoría dictatorial; debe estar siempre fiscalizada mediante elecciones libres”. Siendo “la libertad política un fenómeno occidental”–quizás por ello, Sánchez se declara pro-chino– “los partidos, que sirven para encauzar las elecciones, si son totalitarios –como el actual PSOE–contradicen la libertad”.


De imposible defensa

Es curioso, que siendo los progresistas más bien ateos, hayan convertido su fracasada ideología en una creencia parareligiosa; eso sí, de imposible defensa. Porque mientras que las verdaderas religiones son de naturaleza metafísica y por tanto, no pueden ser ni ratificadas ni refutadas con pruebas empíricas, la religión progresista no ha dejado nunca de ser cuestionada por los hechos históricos, a diferencia de las ideas liberales que acreditan una comprobable y extraordinaria vigencia.


La barrera más importante y decisiva que separa la ideología socialista de la posibilidad de un verdadero y civilizado progreso humano radica en su desprecio del orden espontáneo –esencia de la prestigiosa teoría de la evolución y fundamento del pensamiento liberal– que descubrieron nuestros escolásticos salmantinos, “al emplear –según Hayek– el término natural en sentido técnico para describir lo que nunca había sido inventado, ni proyectado deliberadamente, sino que había evolucionado en respuesta a las necesidades de las situaciones”. Desde Rousseau a Marx y sus epígonos contemporáneos, la característica filosófica esencial de la izquierda es el desprecio al orden espontáneo que dio lugar a las instituciones humanas más longevas y vigentes: el lenguaje, la familia, el derecho, la justicia, el mercado, la división del trabajo, la moneda, la ciudad, la democracia, el Estado, etc. Frente a estas extraordinarias creaciones de la sociedad civil cuya razón de ser y su éxito siempre se fundamentó en su libre adopción social, las izquierdas inventaron, con la ridícula soberbia intelectual que les caracteriza, un constructivismo político totalitario, que prescindiendo de la libertad y la responsabilidad personal, y siguiendo a Hayek de nuevo: “Hay que entenderlo como todo intento sistemático de diseñar y organizar, total o parcialmente, mediante medidas coercitivas de ingeniería social, el mercado y la sociedad”; para añadir “el totalitarismo socialista destruye la moral social porque mina uno de sus fundamentos: el respeto a la verdad”.


Los resultados electorales del socialismo de nuestro tiempo, tienen una profunda razón ética de ser. Sus votantes, apóstatas del orden moral occidental, desprecian –necesariamente– principios civilizadores tan obvios como:


La integridad personal: pensar, decir y hacer lo mismo. El cumplimiento de las promesas. La confianza social: vertebradora del éxito de las naciones. La verdad, frente a la mentira. El Estado de derecho


Agobiante sucesión hechos

Los votantes de la coalición política que gobierna España, es evidente que siguen aprobando la inagotable y cada vez más agobiante sucesión de hechos deleznables como:


Compraventa para gobernar de votos parlamentarios, mediante una amnistía tercermundista –al margen de la ley y el estado de derecho– redactada y acordada en el extranjero por confesos delincuentes –de ambas partes– y la liberación ilegal de presos terroristas no arrepentidos de sus abominables asesinatos.


Desacatos institucionales: cierre inconstitucional del Congreso en pandemia y bloqueo sistemático de sus obvias competencias; extrema politización –contra la letra y el espíritu de la Constitución– del CGPJ, del Tribunal Constitucional y todas las instituciones públicas de control del gobierno y regulación de los mercados; abuso de los decretos ley; incumplimiento de la inexcusable obligación constitucional de presentar al Congreso los presupuestos generales del Estado; etc.


“Regreso” económico y social: la renta per cápita de España se aleja de la UE desde que Pedro Sánchez es presidente del gobierno. Representó en 2025 solo el 83% del PIB per cápita europeo, cuando en 2003 alcanzaba el 91,3%. Solo Zapatero y el periodo 1931-1939 han sido peores desde 1850 hasta hoy. Tasa de paro: 10,83% y el juvenil 24,5%, los más altos de Europa y OCDE. Productividad y salarios estancados desde 2019. Acceso a la vivienda reducido a la mitad. Los españoles que cobran del Estado son ya medio millón más que los del sector privado. Con Sánchez hay 49.000 empresas menos que antes y la inversión extranjera se hunde un 53%.


Hacienda pública: fiscalidad agobiante, anticompetitiva, con la mayor inyección de fondos europeos y el mayor incremento de recaudación de la historia, la deuda pública ha aumentado en medio billón de euros. Su Tribunal Económico Administrativo “comercializa” sentencias favorables por primera vez en la historia.


Gestión pública: nunca ha habido más incompetencia profesional y peores resultados en la gestión de las infraestructuras del Estado: Covid, Dana, Apagón, AVE,….etc


"La corrupción política -que pervierte las instituciones al ponerlas al servicio de intereses particulares– carcome nuestro sistema democrático y sólo una reacción contundente contra ella puede frenarla" ha escrito el fiscal anticorrupción sobre el juicio a Zapatero.


El juez Pedraz acaba de describir toda una trama para "desestabilizar de forma sistemática y continuada cualquier procedimiento judicial u actuación policial que pudiera impactar … en los intereses del PSOE, del Gobierno y de la familia del presidente del Gobierno" a las órdenes de quién todo el mundo sabe.


En el juicio al hermano de Sánchez, la defensa de David Sánchez asegura que «no ir a trabajar nunca ha sido delito en este país»


Una sociedad cómplice

Frente a todo lo dicho, una sociedad alfabetizada y éticamente digna –con independencia de su ideología política– no debería ser cómplice de las sucesión de desmanes sin fin que estamos viviendo, salvo que carezca de dignidad moral. El fracaso de las naciones, en cualquier tiempo y lugar, siempre ha estado relacionado con la degeneración de su orden moral, que será puesto a prueba en las próximas elecciones, al cabo de las cuales contaremos –más allá de los disfraces ideológicos- cuántos españoles están a favor o en contra de la decencia moral.


Jean-Yves Le Gallou: apóstol de la remigración
Aprovechando que su nuevo libro se publica en España, repasamos la vida del ideólogo francés que acuñó el concepto de «prioridad nacional»
Luis Landeira Caro. gaceta. 31 Mayo 2026

«Soy Toro Sentado», dijo Jean-Marie Le Pen en un rapto de indigenismo a la europea. Identificándose con el mítico líder sioux, el político francés pretendía reflejar la situación actual de los nativos europeos, una especie amenazada por la inmigración masiva que infesta el Viejo Continente.


Pero, desde el salvaje Oeste, los tiempos han cambiado una barbaridad. Salvo en casos de legítima defensa, ya no procede liarse a tiros. Muchos inmigrantes no son más que tontos útiles en manos de las élites, cuyo objeto es mezclarnos, enfrentarnos, disolvernos, sustituirnos. Aquí no hay balas que valgan: por desgracia, necesitamos papeles para combatir la invasión.


Uno de los primeros intelectuales orgánicos que ideó armas burocráticas contra los bárbaros fue Jean-Yves Le Gallou, que en el pasado trabajó a las órdenes del gran jefe Le Pen y hoy se concentra en la batalla cultural. Este año, Le Gallou estrenó en Francia un libro titulado Remigración. Por la Europa de nuestros hijos, recién publicado en España por la editorial Fides.


Es, pues, buen momento para acercarse a este moderno profeta, que sin duda merecería más prestigio del que tiene. Porque el tiempo ha demostrado que no exageraba ni un pelo cuando vaticinó que «de seguir así, muy pronto los europeos seremos minorías étnicas en nuestros propios países».


Como reacción a la revuelta de Mayo del 68, un grupo de jóvenes franceses emprendió una contrarrevolución que tuvo como epicentro al GRECE (Grupo de Investigación y Estudios para la Civilización Europea) fundado por Alain de Benoist, Dominique Venner y Pierre Vial. La idea era practicar una especie de gramscianismo reaccionario, y no limitarse a la actividad parlamentaria y económica. Así nació la Nueva Derecha.


Jean-Yves Le Gallou (París, 1948) militó en el GRECE, pero en 1974 lo abandonó para cofundar el Club de l’Horloge, un laboratorio de ideas presidido por el aristócrata Henry de Lesquen, a quien Le Gallou había conocido cuando estudiaba Economía en la Escuela Nacional de Administración creada por Charles de Gaulle. Tanto Lesquen como Le Gallou se escindieron del GRECE porque veían su metapolítica poco operativa; emulando al entrismo de Trotsky, los miembros de l’Horgole pretendían infiltrarse en grandes partidos de derechas cual caballos de Troya, para defender un «neodarwinismo integral» que mezclaba ideas de la Escuela Austríaca con el etnonacionalismo de toda la vida.


Fiel a su entrismo, en 1975 Le Gallou entró como inspector general de la administración en el Ministerio del Interior, donde redactó una serie de informes en los que ya advertía que «la inmigración trae más problemas de los que resuelve». Poco después formó parte de la UDF (Unión para la Democracia Francesa), coalición de partidos de centroderecha coordinados por el expresidente Valéry Giscard d’Estaing. Fue entonces cuando Le Gallou engendró la «prioridad nacional», un concepto tan simple como sensato: dentro de su propio país, los franceses deben tener preferencia sobre los inmigrantes en acceso a vivienda, empleo, prestaciones sociales y demás servicios públicos. Cabe señalar que Le Gallou consideraba «extranjeros» incluso a los nacidos en Francia de padres llegados al país después de 1974, fecha de inicio de las grandes migraciones.


Le Gallou encontró en el Frente Nacional el marco ideal para poner en práctica un concepto que perfiló en el libro Prioridad nacional: una respuesta a la inmigración (1985). Encantado con la idea, Jean-Marie Le Pen la incorporó a su programa político, donde, por ejemplo, sugería «aumentar las ayudas destinadas a las mujeres francesas, que sólo tienen dos hijos, en lugar de animar a las mujeres extranjeras a tener, en nuestro territorio, tres, cuatro, cinco o seis hijos».


Le Gallou subió peldaños en el Frente Nacional hasta que, en 1994, llegó al Parlamento Europeo, donde fue diputado durante un lustro. En Bruselas siguió denunciando los estragos de la invasión, que en Francia ya llevaba tres oleadas: «Los magrebís y otros inmigrantes provocan choques culturales, desestabilizan nuestro sistema de protección social, agravan la crisis en las escuelas y amenazan la paz civil».


A principios de 1997, Le Gallou abandonó el Frente Nacional; él buscaba seguir una vía política más posibilista, abierta a pactos con la derecha tradicional, mientras Le Pen prefería el populismo y la provocación. Junto a Bruno Mégret e Yvan Blot, Le Gallou creó el Movimiento Nacional Republicano y acuñó slogans como «no a la islamización». Pero el nuevo partido no cosechó ni 5 000 afiliados, y se dio tal batacazo en las urnas que Le Gallou tiró la toalla.


Se centró entonces en la batalla cultural, o sea, en escribir y montar think tanks, pero también en practicar el alpinismo ascético y participar en ritos paganos. En su día, estuvo presente en una gran ceremonia organizada en Delfos a la que asistieron europeos de todos los países. Allí, los presentes juraron acometer acciones políticas concretas en nombre de los valores paganos.


Tras el suicidio ritual de Dominique Venner, Le Gallou formó junto a Philippe Conrad el Instituto Ilíada para la Memoria Europea, con objeto de continuar la labor del samurái de Occidente. Y, en los últimos tiempos, ha manifestado su apoyo a Reconquête, un partido nacionalconservador, proteccionista y euroescéptico.


A sus 77 años, Le Gallou sigue siendo un enfant terrible. Aunque en su tierra tiene cierto renombre, los medios españoles lo vilipendian por haber acuñado ciertos conceptos que hoy son defendidos por Vox. De su veintena de libros, sólo tres han sido publicados en nuestro país: Manual de lucha contra la demonización (2020), que ofrece pistas para sobrevivir al limbo de los cancelados; La sociedad de propaganda (2023), un debordiano antídoto contra la mentira, y Remigración. Por la Europa de nuestros hijos (2026), que merece punto y aparte.


Instrucciones para revertir una invasión

La palabra «remigración» aparece por primera vez a principios del siglo XVII, en textos del teólogo anglicano Andrew Willet. Posteriormente ha sido utilizada en muy distintos contextos, pero fue el escritor francés Renaud Camus, autor de la profética obra El gran reemplazo, quien rescató el término en 2012. Desde entonces, viene siendo utilizado por la derecha identitaria como posible respuesta a la invasión: deportar escalonadamente a los inmigrantes ilegales y parte de los legales.


Dijo Dalmacio Negro que «la historia es en cierto modo una lucha contra la decadencia». Y Le Gallou dedica la primera parte de Remigración. Por la Europa de nuestros hijos a recordarnos la proverbial resistencia europea contra las invasiones, desde la prehistoria hasta la Reconquista, cuando los reinos cristianos del norte de la Península ibérica recuperaron el territorio dominado por los musulmanes tras la invasión de 711. Le Gallou afirma que «los europeos no hemos sufrido ninguna ruptura hasta la llegada de la inmigración masiva». Esto nos da derecho a la continuidad de una historia de 40 000 años de antigüedad, con un sustrato genético de 15 000 años, una identidad cultural de 5 000 y una religión de más de dos milenios.


Emborronando la historia, las políticas progres potenciadas por las élites y sus gobiernos vasallos han utilizado una suerte de racismo antiblanco para fomentar la invasión, y las consecuencias son desastrosas: inseguridad, paro, decadencia de la educación, encarecimiento de la vivienda, precarización laboral, difuminación de la cultura autóctona y desangramiento de la identidad nacional.


La prestigiosa firma internacional de análisis de datos YouGov, nos dice que, pese a la omnipresente propaganda, los porcentajes de europeos que piensan que la inmigración es excesiva son muy altos: 81% en Alemania, 80% en España, 73% en Suecia, 71% en Italia, 69% en Francia… La remigración no es un capricho de la «ultraderecha» —como sostienen los medios cipayos— sino una necesidad popular, que Le Gallou propone iniciar cuanto antes siguiendo una serie de pasos:


Detener toda nueva inmigración. Cerrar fronteras, costas y aeropuertos para que no se cuele ni un inmigrante más. Esto implicaría vigilar, por ejemplo, que todo aquel que entre como turista, sea fichado y vuelva a su país una vez expirada su estancia. En el caso español, podría ser un gran freno para la asfixiante invasión sudamericana.


Deportar a los inmigrantes maliciosos. Esto incluye la repatriación de todos los delincuentes, para que cumplan condena en su país, y la expulsión de los inmigrantes ilegales. En España, se solucionarían problemas de seguridad relacionados con los menas o las bandas latinas.


Blindar la ley remigratoria. «Da igual el partido o la coalición que esté en el poder, las políticas antiinmigratorias suelen ser bloqueadas por las cortes», afirma Le Gallou. Habría que romper, pues, las barreras constitucionales, administrativas y judiciales que impiden la puesta en práctica de una remigración masiva.


Destruir los mitos xenófilos. Por ejemplo, «los inmigrantes pagarán nuestras pensiones» y «los inmigrantes hacen los trabajos que los nacionales no quieren hacer». La realidad es que, en casi toda Europa, los inmigrantes reciben más y cotizan menos que los nacionales. A esto se suma el vicio de traer mano de obra barata de países pobres, algo que desploma los salarios, disuelve las condiciones laborales y condena al paro y la precariedad a los trabajadores autóctonos.


Romper la teología buenista. Le Gallou propone desarmar dos de los más eficaces instrumentos legales de los inmigrantes: el derecho de asilo y la reunificación familiar. Cada país debe proteger su territorio según sus propias reglas, ignorando las directrices del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y otros árbitros del buenismo.


Remigrar progresivamente. Solo con dar prioridad laboral a los ciudadanos nativos se desataría una ola de remigración voluntaria. Después, se amortiguaría el efecto llamada retirando los permisos de residencia a los extranjeros desempleados y a todos los receptores de cualquier tipo de ayuda social.


Acabar con la inmigración estudiantil. La Unión Europea pretende elevar el número de estudiantes extranjeros a millón y medio en 2030, ampliando la extensión geográfica del proyecto Erasmus a países como Siria, Turquía o Irak. Esto aumentaría el flujo de inmigrantes que llegan con la excusa de estudiar y se quedan para siempre. Se trataría de reservar el acceso a los extranjeros de alta capacidad intelectual o económica.


Cortar toda ayuda a medios y asociaciones pro inmigración. Le Gallou, que creó el Observatorio de Periodismo para vigilar las mentiras de la prensa, culpa a la mayor parte de medios y oenegés de generar un clima favorable a la inmigración masiva. El antídoto sería cerrar el grifo de fondos y subvenciones a toda organización cipaya.


Prioridad nacional. Medida que pondría fin a los mecanismos que garanticen a los extranjeros ventajas en el acceso a servicios públicos, reservando estos beneficios únicamente a los nativos. Hungría ya ha aplicado esta medida, asumiendo incluso multas de la Unión Europea; y Giorgia Meloni ha presentado un plan de vivienda que prioriza a los italianos respecto a los extranjeros.


Analizar los casos de no europeos que llevan dos o tres generaciones en nuestro territorio, expulsando a los que no se han adaptado a la cultura del país y son hostiles con la población que les ha acogido, e incentivando a los inmigrantes pacíficos no asimilables para que regresen a su patria. En los últimos tiempos, los suecos nos han demostrado que no es tan difícil poner en práctica este tipo de medidas.


Emplear, si es preciso, la violencia. Finalmente, Le Gallou advierte que, por buenas que sean nuestras intenciones, es probable que la remigración no pueda hacerse de manera pacífica. Aproximadamente, se tardaría entre 30 y 40 años en completar la remigración. Es demasiado tiempo. Quizá habría que recurrir a métodos más bukelianos para acelerar el proceso.


Combatir lo que nos niega

No confundamos la Unión Europea con Europa. Mientras Europa es una civilización milenaria, la Unión Europea es una institución efímera al servicio de intereses extraeuropeos. Le Gallou llama a los pueblos de Europa a «unirse contra la tiranía de los gnomos de Bruselas». Pero disolver la UE no bastaría para zanjar el problema migratorio. Y la prueba es que la recepción de inmigrantes en Gran Bretaña se ha duplicado desde el BREXIT, y el Gobierno español no exige antecedentes penales a los inmigrantes regularizados, cosa que hasta la UE ha condenado.


En realidad, el meollo del problema está en la ideología derechohumanista, globalista y cosmopolita que ha corroído a gran parte de Europa. La solución pasaría por asumir sin complejos que el nuestro ha sido y debería seguir siendo un continente blanco. La recuperación de la identidad común aumentaría la solidaridad entre las naciones de Europa, que así podrían plantar cara a las élites que han convertido nuestros países en un caótico potaje humano.


No sabemos si la remigración masiva se acabará llevando a cabo. De momento, ha llegado al debate público, algo impensable hasta hace poco. Durante muchos años, las élites han seleccionado a los políticos europeos en base a su sumisión y cobardía. Tal vez ha llegado la hora del retorno de los dioses fuertes, de los líderes autoritarios que cojan al toro por los cuernos.


De Europa quedan las ruinas, pero también el espíritu, presente en la mitología celta, germana, anglosajona o griega, en esa común raíz pagana que aún late bajo el subsuelo. Una raíz que el católico J.R.R. Tolkien destiló en El señor de los anillos, y nos empuja a restaurar la que fue la civilización más bella de todos los tiempos. Ganemos o perdamos, lo importante es luchar, seguir el ejemplo eterno de Toro Sentado: «Si es necesario, moriremos defendiendo la tierra por la que caminan nuestros hijos».


El largo tabú de Tiananmén
El próximo 4 de junio debería conmemorarse una masacre que es símbolo de la represión china y de la interesada desmemoria occidental
Joaquín Campos. gaceta. 31 Mayo 2026

Pedro Sánchez, que como casi todos los políticos está constantemente en campaña, siempre se ha enorgullecido de la cantidad de osamentas enterradas aún en las cunetas de España. Su frase, “vale la pena seguir escarbando en la tierra que yace bajo nuestros pies” es, sin duda, un homenaje oficial a los muertos en la Guerra Civil española además de a los caídos durante la dictadura. Un día, se le ocurrió equipararnos a Camboya en número de muertos y desaparecidos, cuando la citada nación del Sudeste Asiático bajo la dictadura maoísta de Pol Pot –se le olvidó, curiosamente, comentar este dato con importancia– hizo desaparecer, en el mayor genocidio porcentual de la historia de la humanidad, al 25% de la población de la antigua Kampuchea Democrática, absolutamente vilipendiada bajo el terror de los Jemeres Rojos, a los que numerosos sectores intelectuales y políticos franceses durante los años 70 miraron con simpatía, indulgencia e incluso pasión, en lo que, cronológicamente, tuvo que haber sido el comienzo de la decadencia de la vieja Europa, hoy lastrada y arrodillada ante las superpotencias mundiales mientras África nos confrontará, y no precisamente con lanzas, más pronto que tarde.


Que el himno del buenísimo sea el Imagine de Lennon no casa con la mudez que genera a todos y cada uno de los políticos mundiales el siquiera comentar en público, y durante cada visita oficial a China, la grotesca manera que el ejército popular de los herederos de Mao Zedong utilizó para cargarse a miles de mandarines –buena parte de ellos estudiantes– en lo que hoy sigue siendo un tabú no ya sólo para China sino para el resto del mundo. Porque solemos recordar determinadas efemérides movidos por intereses políticos, como la proclamación de la Segunda República en el ya lejano 14 de abril de 1931, mientras nos mostramos especialmente complacientes ante discursos como los de parte de la clase política mexicana, que insinúan lo perniciosa que fue nuestra presencia cuando, en aquel momento histórico, su país ni siquiera existía como Estado independiente. En cambio, y esto nunca se celebra, yo me siento orgullosísimo de que el Imperio Romano arrasara y controlara a la actual España para que hoy seamos más civilizados y cultos que buena parte del resto de la población mundial, e incluso, me emociona tener por segundo apellido Román.


Este próximo 4 de junio debería conmemorarse el 37 aniversario de la Masacre de Tiananmén, por la que ninguno de sus culpables –todos altos cargos del Partido Comunista chino– han ido a prisión o siquiera han sido señalados para escarnio público, dando alas a la teoría que requiere una dictadura tenebrosa para mantenerse en el poder: someter al pueblo por las formas que sean necesarias para que jamás decaiga. Para entender que lo que recuerdo es del todo cierto, sólo hay que ver cómo el gobierno chino jamás trata el asunto que en las redes sociales de allí está tan capado y perseguido que los propios han que cumplen años en tan citada fecha –el 06/04; en China el mes va delante del día– tienen que andarse con mucho ojo si escribieran esa subversiva data, porque matar moscas a cañonazos es una de las virtudes del poder rojo que siempre ha preferido encarcelar a inocentes si al menos uno de los que escribió esos dígitos lo hizo como recuerdo a los dos o tres mil estudiantes asesinados y por los que Sánchez ni abrió la boca hace escasas semanas durante su visita oficial a la mayor dictadura del mundo, la cual tantas veces, permite la esclavitud entre los suyos para que puedan vender cualquier cachivache por cualquier rincón del planeta.


No quiero ni pensar que Franco y sus secuaces hubieran aplastado con tanques y bayonetas a dos mil quinientos estudiantes, más o menos, en la Puerta del Sol de Madrid, pongamos por caso, en 1975, porque hoy, incluso, buena parte de los programas políticos, incluyendo los empleados para las elecciones a las alcaldías de pequeños pueblos más cercanos a la frontera de Portugal que a Madrid, los utilizarían para granjearse el voto de los que detestamos que estudiantes desarmados sean machacados sin derecho a reclamar. Y por eso, y sólo por eso, se me endurece el gesto, que no el rostro, cuando nuestro afamado gerifalte de las políticas sociales y humanitarias, aquí y allende nuestras fronteras, expresa sus primeras muestras de Alzheimer al darle la mano al tremendo dictador además de heredero de la Masacre de Tiananmén, Xi Jinping, dejando pasar una oportunidad de oro para pasar a la historia de verdad, que es cuando rompes el guión establecido en recuerdo de cientos de jóvenes a los que sus familias en China, algunas de ellas desaparecidas o encarceladas, no tienen siquiera derecho a reclamar.


Pero no nos pongamos muy sesgados analizando este hecho en clave nacional actual, ya que Rajoy, cuando visitó oficialmente China representando a esta fenomenal nación llamada España, tampoco abrió la boca, cuando se paga con la apuesta más baja, equivalente a invertir en una victoria del Real Madrid, en casa, ante el Béjar Industrial, el que Feijoó, cuando haga lo propio acudiendo al mausoleo del muy asesino Mao Zedong a rendirle honores, omita comentario alguno sobre el 4 de junio de 1989, día exacto en que las tropas del Ejército Popular de la República Popular China creada por Mao Zedong, aplastaron hasta la muerte a parte de su propio pueblo, desarmado, que sólo reclamaba cierta libertad y menos corrupción; y nunca, como se ha repetido para hacer dudar a la mayoría, democracia. Y como si fuera errado exigir el voto.


Y hoy, cabe recordar, ante la inmensa censura china que no se queda sólo en su territorio, sino que atemoriza hasta a los máximos representantes de las democracias occidentales esparciendo no el mundo que viene sino el que ya está aquí, quiero traer a la memoria a Deng Xiaoping, considerado en aquel 1989 el dirigente con mayor autoridad política y al que se le atribuye la imposición de la ley marcial y el uso del ejército; a Li Peng, que defendió una línea tan intransigente contra las protestas estudiantiles que fue uno de los políticos asociados a la intervención militar; y Yang Shangkun y Yang Baibing, que coordinaron militarmente la operación que acabó en un derramamiento masivo de sangre tan ingenua como desarmada. En contraste Zhao Ziyang, para que se sepa cómo actúa la dictadura de origen maoísta, el cual defendió una vía más dialogante con los estudiantes, y que fue apartado del poder tras la masacre cuando pasó casi el resto de su vida bajo arresto domiciliario.


Pues bien, los herederos de aquellos asesinos son hoy nuestro sustento cuando no nos vemos tiernamente sometidos a todos ellos, demostrándose que la justicia y la moral o no existen o eso parece. Y les voy a contar un secreto a voces: si China estuviera en nuestro lugar y, por lo tanto, Europa fuera el mercado de abastos de tantos y tantos bienes, ellos lo expondrían de manera tajante: o pedís disculpas públicas por Tiananmén o no os compraremos un sólo container más. Y no por las muertes, sino por negociar una influyente bajada de precios. Claro que, ¿cómo íbamos nosotros a poner en un brete a China, si nuestra bipolaridad política nos permite recurrir hasta la extenuación a la alianza de civilizaciones como excusa salvo si el Estado de la entente cordiale lo dirigiera Donald Trump?


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