Recortes de Prensa Lunes 20 Julio 2026

Guerra de Ucrania – Día 1607. Jul 19, 2026
admin. https://www.guerradeucrania.com. 20 Julio 2026

Mientras la crisis político-militar sigue abierta en Ucrania, Zelenski ha pedido al Ministerio de Exteriores y demás autoridades ucranianas que intensifiquen los contactos con los demás países socios para acelerar en lo posible la entrega de la ayuda prometida. Además, ha anunciado que durante la próxima jornada mantendrá «reuniones clave», si bien no ha especificado ni el formato de las reuniones, ni tampoco quiénes serán sus interlocutores. Mientras tanto, en Moscú Putin ha recibido a la ministra de Exteriores de Corea del Norte, a quien ha agradecido su apoyo en Kursk, reiterando la norcoreana que Kim Jong-Un mantiene la asociación con Rusia. Al mismo tiempo que todo esto ocurría, rusos y ucranianos han seguido intercambiando golpes a larga distancia, dejando al menos nueve víctimas mortales un ataque ruso contra un buque civil con pabellón de Guinea-Bissau mientras estaba en aguas cercanas a Odesa.


A lo largo de las últimas 24 horas se ha confirmado que la destitución de Mykhailo Fedorov no ha cerrado la crisis abierta previamente en la dirección política y militar de Ucrania, sino que la ha agudizado, incluso a pesar de los recientes anuncios. La reacción social, las críticas procedentes de sectores del Ejército y las dudas surgidas en el entorno presidencial han obligado a Volodímir Zelenski a reconsiderar parcialmente su decisión de sacar a Fedorov de la ecuación, en lo que inicialmente parecía representar una victoria completa del comandante en jefe, Oleksandr Syrskyi. El resultado por el momento es el de una suerte de equilibrio inestable: Fedorov ha perdido el Ministerio de Defensa, sí, pero por el camino ha conseguido que su diagnóstico sobre los problemas de las Fuerzas Armadas domine el debate nacional, mientras que la continuidad de Syrskyi ha dejado de darse por garantizada. Es más, no son pocos los que esperan que su destitución termine por llevarse a efecto.


Conviene distinguir, dicho lo anterior, entre lo confirmado y lo que todavía está negociándose, ya que podría ocurrir casi cualquier cosa. Por el momento, el único cargo que Zelenski ha ofrecido formalmente a Fedorov fue el de asesor presidencial, propuesta que el exministro rechazó. Sin embargo, durante las últimas horas ha trascendido una nueva fórmula que está por ver si funciona y que pasaría por convertirlo en coordinador del desarrollo de tecnologías militares o miltech czar. Según la información publicada por Ukrainska Pravda, la Presidencia estudia confiarle una función transversal relacionada con la innovación militar, la producción de armamento, los sistemas no tripulados y la coordinación entre el Gobierno, las Fuerzas Armadas y la industria de defensa.


No obstante, esta segunda oferta no ha sido confirmada mediante decreto, comunicado presidencial o declaración pública de Fedorov. Por tanto, no puede afirmarse todavía que haya aceptado un cargo concreto ni que vaya a dirigir formalmente un nuevo organismo. La expresión miltech czar, además, al ser de nuevo cuño, llevaría aparejadas una serie de competencias que deberán definirse en el futuro, lo que es peligroso. Dicho de otra forma, su importancia dependerá de si Fedorov cuenta con una capacidad real para intervenir sobre presupuestos, adquisiciones, producción industrial, programas de drones y transformación digital, o si se trata únicamente de una salida política destinada a reducir las protestas, quedándose en poco más que un cargo de cara a la galería.


Desde el punto de vista político, sin embargo, Fedorov sí que ha logrado una victoria clara, aunque sea provisional. Su salida provocó, como nuestros lectores saben, manifestaciones que pasaron rápidamente de exigir su restitución a reclamar la destitución de Syrskyi. Zelenski, preocupado, ha respondido estos días manteniendo conversaciones directas con comandantes de cuerpos y brigadas para conocer los problemas de personal, rotaciones, logística, municiones y sistemas no tripulados. El propio presidente confirmó también que había hablado extensamente tanto con Fedorov como con Syrskyi y anunció que se prepararían nuevas «decisiones respecto al Ejército». Por el momento, eso sí, se ha hecho poco.


Al fin y al cabo, Syrskyi sigue al frente de las Fuerzas Armadas, Fedorov carece por ahora de un cargo oficial y de competencias ejecutivas confirmadas y el desenlace de esta crisis dependerá de si el puesto ofrecido a Fedorov dispone de autoridad real y, sobre todo, de si Zelenski decide finalmente mantener o sustituir al comandante en jefe. O, en su caso, si deben convivir, de cuál tenga verdadero poder sobre cuál, lo que todavía es una verdadera incógnita.


A diferencia de la jornada anterior, la última ha sido mucho más tranquila en términos de guerra de salvas. Rusia lanzó 2 misiles Kh-59/69 y 94 drones de ataque, según la Fuerza Aérea Ucraniana, de los que los ucranianos aseguran haber derribado 81 misiles.


Dicho esto, han seguido trascendiendo tanto datos sobre nuevos ataques con drones (aspecto que está cambiando en los últimos tiempos), como consecuencias de los ataques rusos previos. Por ejemplo, en Járkov habrían sido tres los fallecidos y trece los heridos finalmente, mientras que en Zaporiyia han seguido registrándose explosiones y produciéndose daños en las últimas horas, hasta el punto de que el número de heridos habría alcanzado los veintitrés. Además, también hay noticias de daños en almacenes cerca de la ciudad de Koryukivka, en la óblast de Chernígov, así como en una subestación eléctrica. El peor incidente, en cualquier caso, ha vuelto a tener lugar en la región de Odesa, pues uno de los últimos ataques rusos contra buques mercantes, en este caso con bandera de Guinea-Bissau -el «Golden Leo»- ha provocado nueve muertos entre la tripulación, a lo que hay que sumar siete heridos y un desaparecido más.


Además de lo anterior, como cada jornada, hay que hablar también de los efectos de la artillería de campaña o las bombas planeadoras, que han dejado un fallecido y dos heridos por ejemplo en Kramatorsk, localidad que además ha sido también alcanzada por drones Geran. Zaporiyia, por su parte, habría sido objetivo de al menos cuatro bombas planeadoras, así como de un ataque con MLRS:


En Ucrania, por su parte, han estado muy activos en las últimas horas. Por ejemplo, han atacado también siete nuevos buques mercantes rusos en aguas del Mar de Azov, lo que se suma a los ataques contra media docena de sistemas de defensa aérea y hasta siete subestaciones eléctricas repartidas por los territorios ocupados durante esta última jornada.


Además de esto, los ucranianos han atacado también Yeisk, en la región de Krasnodar, en donde la defensa aérea ha estado activa, posiblemente intentando frenar un ataque mayor con dirección a Stavropol, que sería la continuación de los de días anteriores. Precisamente, a propósito de esta última, Zelenski ha confirmado la autoría ucraniana de los recientes ataques contra tres depósitos de combustible en una instalación, así como contra otro en una segunda instalación.


Los ataques más sonados de la jornada, no obstante, han tenido lugar contra la región de Moscú. Allí, por una parte, ha sido destruido un depósito de petróleo en Podolsk, al sur de la capital rusa, lo que ha producido un importante incendio en la zona. Por otra, ha sido alcanzado también un nuevo centro logístico, en esta ocasión ubicado en Domodedovo, dejando el ataque ucraniano al menos una decena de heridos.


Sobre el frente, mientras: 1) se pone en tela de juicio el trasfondo de las imágenes tomadas en Konstyantynivka en la que aparentemente soldados ucranianos posaban con banderas ucranianas con la imagen de Syrsky (que podrían haber sido una maniobra rusa para explotar las diferencias en el seno de Ucrania aunque desde Skala han confirmado que eran ucranianos y hay indicios de que seguían órdenes); 2) sobre la esperanza de vida de los soldados rusos desplegados en Ucrania, cuestionando en este caso las cifras que ya compartimos en su momento, dadas por John Ratcliffe; 3) sobre cómo la IA está transformando el nivel táctico en el campo de batalla; 4) sobre cómo sigue en marcha la campaña de ataques ucranianos contra la logística militar rusa o; 5) sobre qué sectores del frente son los que concentran los ataques rusos en los últimos tiempos y; 6) con qué medios (MLRS, bombas aéreas, drones…) se llevan a cabo los ataques, la jornada apenas nos deja noticias.


Comenzando por Kupiansk, allí se ha vuelto a hablar de ataques rusos contra zonas muy céntricas de la ciudad, en torno al hospital.


En dirección a Sloviansk y Kramatorsk, el Ejército ruso continúa tanto intensificando sus operaciones como logrando pequeños pero constantes progresos que van desde consolidar su posición en puntos como Minkivka a asegurar todo el margen oriental del Canal Siverskyi-Donets y entrar en localidades como Malynivka y Tykhonivka e incluso tan lejanas como Vasyutynske y Pershomarivka. Desgraciadamente, en lo que se refiere al análisis de la situación en la zona, sigue existiendo una amplia zona gris y muchas de las incursiones son difíciles de valorar en verdadera importancia, ya que a las pocas horas o días terminan con sus protagonistas eliminados.


En el recodo del Vovcha, por su parte, algunos consideran que la situación de Filiya sigue estando en disputa, mientras que las AFU, algo más al norte, sí estarían logrando limpiar efectivamente las partes de Novopavlivka que todavía no controlan por completo.


Contexto internacional, diplomacia y sanciones

Comenzamos el repaso de la jornada a nivel internacional con las declaraciones realizadas a propósito del ataque ruso lanzado durante la noche contra Kiev y otras regiones de Ucrania. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aseguró en su discurso diario que Rusia llevaba varios días acumulando proyectiles y que Kiev y su región habían constituido el principal objetivo. El mandatario también afirmó que Moscú está haciendo de los misiles balísticos una de sus principales apuestas y pidió a los socios de Ucrania que comprendan que el país necesita recibir interceptores y municiones para sus sistemas de defensa aérea de manera continuada.


Zelenski reclamó, además, que el Ministerio de Asuntos Exteriores y el resto de organismos gubernamentales ucranianos intensifiquen inmediatamente sus contactos con los países aliados para acelerar la entrega de los paquetes de ayuda ya acordados. En particular, insistió en la necesidad de agilizar las decisiones tanto con los socios europeos como con los Estados Unidos, anunciando también que durante el lunes mantendría una serie de “conversaciones clave”, sin especificar quiénes serían sus interlocutores ni el formato de las mismas.


En la misma línea se pronunció el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, Andrii Sybiha, quien calificó el ataque como una nueva ofensiva rusa contra la población civil. El jefe de la diplomacia ucraniana pidió que la respuesta internacional incluya una presión más intensa sobre Moscú, sin pausas en la adopción de nuevas medidas restrictivas ni en el aislamiento de Rusia. En este contexto, Sybiha solicitó expresamente el desbloqueo inmediato del 21º paquete de sanciones de la UE contra Rusia, además del suministro urgente de nuevos interceptores para la defensa aérea ucraniana. Por otro lado, Sybiha también denunció durante la jornada el ataque contra el Centro Regional de Rehabilitación Integral de Sumy, dedicado a la atención de niños y personas con discapacidad. Según Sybiha, una de las instalaciones quedó destruida, comprometiéndose Ucrania a reconstruirla y a restablecer su funcionamiento con ayuda de sus socios internacionales.


En otro orden de cosas, Zelenski volvió a referirse a lo que desde Kiev vienen denominando su política “de sanciones de largo alcance” contra la economía rusa. De este modo, el líder ucraniano afirmó que sus fuerzas habían atacado tres petroleros vinculados a la denominada flota fantasma rusa en el mar Negro, además de cuatro depósitos de petróleo en la región rusa de Stávropol. Según medios ucranianos, uno de los buques alcanzados habría sido el “Avero”, utilizado, de acuerdo con el Servicio de Seguridad de Ucrania, para exportar crudo ruso a China y la India.


Pasando a EE. UU., el presidente Trump intervino nuevamente en el debate sobre el proyecto de ley de sanciones contra Rusia impulsado originalmente por el fallecido senador Lindsey Graham. En particular, Trump pidió públicamente que los republicanos incorporasen a Irán al texto legislativo, que contempla la imposición de sanciones y aranceles contra los principales compradores de petróleo y gas rusos. Además, señaló que la inclusión de Irán respondía a las intenciones que, según él, había expresado Graham antes de su fallecimiento. El senador demócrata Richard Blumenthal, uno de los promotores originales del texto, defendió, por el contrario, que la iniciativa debía avanzar sin ser reabierta para introducir nuevos cambios.


Moviéndonos hasta Rusia, desde Moscú ha habido declaraciones sobre los contactos con China a propósito de la guerra en Ucrania. Más concretamente, el viceministro ruso de Exteriores, Andrei Rudenko, aseguró en una entrevista concedida a TASS que ambos países discuten “todos los aspectos” relacionados con una eventual solución al conflicto de manera confidencial y a distintos niveles. Así, Rudenko afirmó que Rusia agradece a China lo que calificó como una posición “equilibrada” sobre la guerra y que Moscú valora la disposición de Pekín a desempeñar un papel en una eventual solución. Añadió que ambos gobiernos coinciden en la necesidad de abordar las que consideran “causas profundas” del conflicto y en oponerse a la creación de bloques que, en opinión de Rusia y China, perjudiquen los intereses de seguridad de terceros Estados.


Por otro lado, ha destacado durante el día la visita a Moscú de la ministra de Asuntos Exteriores de Corea del Norte, Choe Son-hui, quien fue recibida por Vladímir Putin en el Kremlin acompañado del ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, y el asesor presidencial Yuri Ushakov. Putin aprovechó la reunión para agradecer públicamente al Gobierno y al pueblo norcoreanos su apoyo y su ayuda a Rusia durante la “operación militar especial” en Ucrania. El líder ruso transmitió además sus saludos a Kim Jong-un y destacó el estado de las relaciones bilaterales. Según los detalles compartidos por el Kremlin, Choe Son-hui respondió que el dirigente norcoreano mantiene su compromiso con el desarrollo integral de los vínculos con Rusia y con el fortalecimiento de la asociación estratégica y de las relaciones de alianza entre ambos países.


Por su parte, el enviado especial del presidente ruso para la cooperación económica internacional y director del Fondo Ruso de Inversión Directa, Kiril Dmítriev, atribuyó la actual debilidad económica de la UE a las sanciones impuestas contra Rusia y a la inmigración irregular. Dmítriev aseguró, aunque sin aportar pruebas que respaldasen su cálculo, que las medidas restrictivas no han funcionado y han costado más de tres billones de euros a los países europeos.


Cambiando de tercio y para concluir, aunque no sean declaraciones directamente relacionadas con Ucrania, sí cabe destacar que el Ministerio de Exteriores ha pedido al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que evalúe de manera de manera imparcial el ataque estadounidense contra la central nuclear iraní de Darkhovin, todavía en construcción. Su portavoz, María Zajárova, condenó los ataques contra instalaciones nucleares y defendió el derecho de Irán a desarrollar energía atómica con fines pacíficos. Por su parte, el OIEA confirmó que estaba investigando lo ocurrido y señaló que, durante su última inspección, la instalación se encontraba en una fase inicial de construcción y no contenía material nuclear.


Estados Unidos responde a la muerte de sus dos soldados con una nueva oleada de ataques contra Irán
Las autoridades iraníes advierten a EE UU de que "cualquier agresión o barbarie será recibida con una respuesta decisiva y devastadora"
Antonio Navarro Amuedo. Beirut. la razon. 20 Julio 2026

El fin de semana confirmó lo que llevaba días insinuándose: la tregua que en junio parecía haber puesto fin al enfrentamiento entre Washington y Teherán está rota. Este domingo, EE UU llevó a cabo su octava madrugada consecutiva de bombardeos sobre Irán, mientras Teherán respondía, como en jornadas anteriores, golpeando a varios de sus vecinos del Golfo y a Jordania, en la escalada más intensa desde que se reanudaron las hostilidades.


El nuevo ciclo de violencia se aceleró tras la muerte el viernes de dos militares estadounidenses -un tercer efectivo permanece desaparecido y varios más resultaron heridos- en un ataque iraní, según confirmó el Comando Central de EE UU (Centcom), que prometía "castigar con rapidez" al régimen iraní por esas muertes.


Y es que Jordania se ha convertido en los últimos días en uno de los principales blancos de las fuerzas del régimen iraní. Tras la recomendación de la Embajada de EE UU en Amán a sus ciudadanos de que eviten el aeropuerto y el puerto de la turística ciudad de Aqaba, en el mar Rojo, además de recomendar evitar cualquier desplazamiento a bases militares jordanas y los rumores de evacuación, las autoridades jordanas informaban de la intercepción de al menos tres proyectiles en la zona.


La infraestructura civil, en el punto de mira

Kuwait está siendo otro de los países más castigados de la última escalada. La estatal Kuwait Petroleum Corporation denunciaba el sábado que una de sus instalaciones petroleras clave sufrió "ataques iraníes brutales y repetidos", con pérdidas materiales severas y heridos. Además, las fuerzas armadas del emirato informaron de haber detectado e interceptado misiles balísticos y drones hostiles procedentes de Irán tanto el sábado. Bahréin informó también de que había interceptado y destruido múltiples ataques aéreos iraníes en su territorio en los dos últimos días.


Según medios estatales iraníes, los últimos bombardeos alcanzaron varios puentes en el sur del país y una torre de control marítimo. Esto continúa un patrón de las últimas noches: la destrucción sistemática de puentes, líneas eléctricas y nudos ferroviarios que conectan las ciudades costeras del sur de Irán, en lo que varios análisis interpretan como un intento de Washington de debilitar el control iraní sobre el estrecho de Ormuz.


Por su parte, las autoridades iraníes reportaban este domingo el ataque sufrido por una central nuclear en construcción, la de Darkhovin, situada en la provincia de Juzestán, en el suroeste del país, y los incendios sufridos por buques mercantes tras el estallido de minas navales. Un alto mando del Ejército iraní, el general de división y comandante del Cuartel General Khatam al-Anbiya -el máximo mando militar conjunto de Irán- Ali Abdollahi, aseveró que "cualquier agresión o barbarie será recibida con una respuesta decisiva y devastadora".


Jamenei vuelve a entrar en escena

Tras varios días de ausencia, el líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, entraba ayer en escena para asegurar que el ataque de sus fuerzas que acabó con la vida de dos militares estadounidenses en la base jordana de Muwaffaq Salti el pasado sábado deja claro a Washington que sus aspiraciones para dominar la región no son más que producto de su imaginación. "El Gran Satán, esos criminales de EE UU, se han dado cuenta ahora de que la continuación de su presencia dominante y despreocupada en la región es una ingenua fantasía", afirmaba el líder supremo de la República Islámica.


Todo lo que rodea al ayatolá Jamenei, al que no se ve en público desde antes de su designación, está envuelto en el misterio propio, y este domingo una información de la cadena saudí Al-Hadath citando una fuente de seguridad israelí, situaba al líder iraní fuera de su país, y aseguraba que las declaraciones atribuidas a él las redactan en realidad el jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, y otros mandos del cuerpo de élite e ideológico de las fuerzas iraníes.


Filtraciones en el aparato de seguridad interna iraní

Respecto a la campaña aérea israelo-estadounidense que acabó con la vida de su progenitor y predecesor en el puesto, el ayatolá Ali Jamenei, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, ha hecho públicas sus sospechas sobre posibles filtraciones en el aparato de seguridad interna de la República Islámica que facilitaron el bombardeo del pasado 28 de febrero sobre el búnker del anterior líder supremo en Teherán.


Entretanto, a diferencia de fases anteriores del conflicto, Israel no está participando directamente en esta última ronda de ataques mutuos, aunque EE UU ha reforzado su flota de aviones cisterna en territorio israelí como parte de un reajuste de su despliegue militar en la región. Irán, eso sí, ha vuelto a advertir a cualquier país que colabore con Washington de que también podría convertirse en objetivo.


Mientras tanto, el impacto económico se agrava: el precio del petróleo Brent sigue subiendo a medida que persisten los temores sobre el estrecho de Ormuz, ruta clave para buena parte del crudo y el gas natural mundiales. Voces como la del exembajador estadounidense Ryan Crocker avisaban este sábado de que bombardear a Irán “hasta la sumisión” no va a funcionar, mientras la administración Trump no ha ofrecido, de momento, una hoja de ruta clara sobre cuánto puede prolongarse esta nueva fase de la guerra ni cuál es su objetivo final.


Causa justa
En «Democracias y cultos de la muerte», Douglas Murray se ocupa con detalle de un conflicto distorsionado por nubes de propaganda
Frank G. Rubio. gaceta. 20 Julio 2026

Democracias y cultos a la muerte: Israel, Hamás y el futuro de Occidente. Douglas Murray. Nagrela Editores. 2025


Lo que ocurrió la mañana del 7 de octubre de 2023 abrió una nueva época geopolítica e histórica. Las reverberaciones de ese acontecimiento, una secuencia de eventos que aún están en marcha en Oriente Medio, continúan entre nosotros en el formato de al menos dos conflictos bélicos de alta intensidad: el conflicto de Israel con Hamás en Gaza y la guerra con Irán que involucra también a los Estados Unidos y los países del Golfo Pérsico.


En 1973, cincuenta años antes y en fechas similares, las fuerzas de una coalición árabe atacaron por sorpresa las posiciones israelíes dando comienzo a la guerra que fue denominada del Yom Kippur. El Día de la Expiación que da nombre a la más importante de las fechas para los practicantes de la religión judía. En ambas ocasiones se buscó por parte de los atacantes utilizar el factor sorpresa y pillar desprevenido y debilitado al adversario.


El conflicto bélico de 1973 se desarrolló entre el 6 y el 25 de Octubre y terminó a pesar de sus peligrosos comienzos con una clara victoria israelí. La “Guerra de los seis días”, desarrollada a comienzos de junio de 1967, había dejado un amargo poso en los países árabes que habían sido humillados claramente en el campo de batalla. Entre las consecuencias de esta derrota encontramos la ocupación de la Franja de Gaza. Este territorio había estado en manos de Egipto desde 1948 cuando tuvo lugar el primer conflicto bélico en la zona, donde varios países árabes trataron de impedir por la violencia la fundación del Estado de Israel.


Tras la guerra del Yom Kippur se puso en marcha, como represalia, la crisis petrolífera de 1973. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) fundada en 1962 decidió no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel. Se desencadenó una grave crisis económica mundial que lastró las economías occidentales y generó fuertes tendencias inflacionistas. La era de la energía barata había terminado, a pesar de que el embargo le fue levantado a Estados Unidos en 1974. En 1972 se había publicado el polémico Informe del Club de Roma sobre “los límites del crecimiento”. Irán por entonces no se sumó al embargo, se limitó a auspiciar fuertes subidas del coste del petróleo.


En la actualidad, con el bloqueo del Estrecho de Ormuz, en el marco de la actual guerra con el país de los ayatolás, que involucra como hemos señalado a Israel y a los Estados Unidos también a diversos países del Golfo Pérsico, se están produciendo efectos económicos muy similares a los provocados por la crisis entonces. Hasta aquí este breve resumen que busca contextualizar la reseña del libro de Douglas Murray y refrescar la memoria de los lectores. Muchas veces es lo más inmediato y reciente lo que menos recordamos. Si no comprendemos seremos víctimas propiciatorias de los propagandistas.


Durante la mañana del 7 de octubre de 2023 se produjo una incursión terrorista de alta intensidad en el sur de Israel, en su frontera con Gaza. La Franja de Gaza había estado gobernada por Hamás desde 2005 cuando Israel tomó la decisión de abandonar este territorio. Poco frecuentador del catodismo y menos de los noticiarios recuerdo perfectamente lo que vi en un televisor por aquellos ya lejanos tiempos, posiblemente en un bar, contemplé sorprendido en la pantalla como las turbas inundaban las calles de una ciudad vacía. Eran los “palestinos” que se abalanzaban sobre las viviendas de los judíos que habían sido obligados por el ejército israelí a retirarse tras la nueva línea fronteriza. El contraste entre las casas, modestas pero limpias y funcionales, y la gentuza vociferante y desordenada, no tengo otra manera de recapitular la sensación que sentí, tuvo para mí un matiz revelador. Esto es un grave error y traerá grandes desgracias, pensé.


Este siete de Octubre de 2023 era sábado y al ser una importante festividad muchas personas tenían desconectados sus dispositivos electrónicos por motivos religiosos. Las primeras noticias hablaban de cientos, cuando no de miles de atacantes. Terroristas que inundaban la zona sur de Israel. Sus kibutzim, sus pequeñas ciudades y un festival de música al aire libre (Supernova) que tenía lugar por aquellas fechas cerca del kibbutz Reim fueron implacablemente asaltados. Los atacantes penetraron por la frontera con vehículos motorizados, a pie, en barco e incluso haciendo uso de alas delta. Pero al otro lado no existía una masa informe e inerme sino una nación, fundamentalmente sana, de luchadores y supervivientes.


Douglas Murray inicia su libro Democracias y cultos de la muerte describiendo con pelos y señales esta situación. Acá no solo se hace una descripción pormenorizada de la operación “Inundación de Al Aksa”, como la denominaron sus perpetradores y planificadores, también de sus preliminares, consecuencias y las respuestas que desde el primer momento y en su conjunto dieron los individuos concretos, la sociedad israelí y sus autoridades. Asesinatos, secuestros y violaciones fueron los primeros frutos del ataque. La proporción de victimas, cotejadas con la demografía del país atacado, tuvo un intensidad muy superior al 11S ocurrido en los Estados Unidos en el 2001.


Hamás es un acrónimo, Ḥarakah al-Muqāwamah al-ʾIslāmiyyah, que significa “movimiento de resistencia islámica”. HMS La palabra árabe “hamás” significa “fuerza” y “valentía”. Como movimiento político nacionalista e islamista nació en 1987 durante la primera Intifada (“rebelión”), por entonces era la rama palestina de la Hermandad Musulmana fundada en 1928. Organización suní con adherencias, no sólo cosméticas, de matiz leninista y fascista.


Desde el primer momento se desplegaron en diversas ciudades occidentales, Murray habla en concreto de la desarrollada en Nueva York donde se encontraba por esas fechas, multitudes organizadas contra el estado hebreo que ponían en práctica los preceptos básicos del “agitprop”.


El odio mostrado hacia Israel en estas manifestaciones de apoyo a actos tan marcadamente vesánicos como los anteriormente descritos y la difusión obscena por parte de los perpetradores y sus aliados, que recogieron y difundieron todo tipo de documentos gráficos por las redes sociales y los medios de comunicación de masas que les fueron afines, mostraba claramente que nos encontrábamos ante una lucha política transmutada en un culto a la muerte.


El libro, trepidante en el estilo y perspicaz en sus aseveraciones, es fruto de un intenso trabajo de campo en la zona. Douglas Kear Murray (1979) no es un periodista al uso es algo más que un buen profesional. Es editor asociado de la publicación británica periódica The Spectator y colaborador en numerosos medios conservadores anglosajones. Ha escrito varios libros donde se ocupa críticamente de las cuestiones de género y racismo, así como de temáticas relacionadas con la inmigración o el islam. Este libro lúcido y documentado sobre el conflicto de Gaza resulta pues muy oportuno en una época de locura colectiva. Unos tiempos donde la cordura es una forma de provocación (Sam Harris)


Fueron asesinadas 378 personas entre los pertenecientes al festival y 44 fueron secuestradas. Entre los fallecidos en operaciones ocurridas en otros lugares del país se encontraban dos ciudadanos españoles, un hombre y una mujer.


La financiación de Hamás, muchas veces a través de la captación de recursos procedentes de la ayuda humanitaria, una parte significativa de esta donada por países europeos, posibilitó la construcción de una vasto laberinto de túneles con una extensión superior al trazado de la red del metro de Londres. Ambas cuestiones constituyen parte de las preciosas informaciones que aporta este libro y que nos permiten comprender mucho mejor el conflicto. Conflicto enmascarado y distorsionado por nubes de propaganda, constituidas por lo general por mentiras descarnadas de los terroristas que realizaron el ataque y sus aliados. Difundidas y emitidas por los medios de comunicación de las sociedades democráticas, que han aportado un sesgo intencionadamente hostil, han generado la idea de que Israel, defendiéndose, ha atacado y que las muertes de sus agresores constituyen un “genocidio”. La mayor parte de los medios occidentales han jugado un papel lamentable en la difusión del “relato” de este confrontación. Un ejemplo concreto es el de nuestra cadena oficial RTVE. La relación gubernamental, societaria y mediática de nuestro país con el conflicto merece un articulo exclusivo.


Las universidades americanas, reponiendo escenarios de hace décadas, se convirtieron en núcleos de apoyo decidido a Hamás. En 2024 el por entonces líder iraní Alí Jamenei (1939-2026) lanzó un mensaje a los estudiantes norteamericanos, entreverándolo con citas del Corán, donde incluía: siento empatía por vosotros, jóvenes, y respeto por vuestra firmeza. Jamenei falleció en un bombardeo de precisión israelí durante las hostilidades este mismo año.


Un libro de lectura más que recomendable y cuyo relato, claramente favorable a la vida civilizada y su incompatibilidad con la barbarie, está consolidado por numerosos datos y fuentes.


No es tarea mía sustituir su lectura por una enumeración simplificadora de los contenidos.


En este momento, dónde la guerra sigue y Hamás está postrado, tras la aniquilación de su cúpula y la destrucción de sus túneles, en los que se almacenaban todo tipo de recursos y armas, es preciso que el ciudadano español tenga acceso a una fuente rigurosa que ponga a su disposición una síntesis que le haga comprensible la amalgama continuada de eventos que se está produciendo en esta zona clave del mundo. La editorial Nagrela tiene el mérito de haber hecho una buena edición de la obra de Murray.


La lucha continúa contra Irán, que pretende desarrollar contra reloj armas nucleares. Esta cuestión de gran envergadura ensombrece el futuro de las sociedades occidentales que deberían haber actuado antes y con mayor decisión. Afortunadamente Israel está ahí y por motivos de prioridad existencial es plenamente consciente de esta amenaza y la afronta con contundencia y decisión. Esperemos que en breve tenga lugar un cambio de régimen en el antiguo país de los persas y la Humanidad pueda descansar tranquila consagrándose a la mejora de sus condiciones de vida, la búsqueda del conocimiento y la felicidad.


El cuadro macro y el horror del gasto de Sánchez
José María Rotellar. libertad digital. 20 Julio 2026

El aumento del techo de gasto y las previsiones macroeconómicas reabren el debate sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas.


Aunque el Gobierno se empeña en aparentar normalidad en la aprobación de los pasos previos a la elaboración de presupuestos —normalidad entre comillas, pues el techo de gasto no financiero tendría que haberlo aprobado antes del treinta de junio—, probablemente no habrá presupuestos, ya que es factible que sean rechazados, pero merece la pena detenerse en el cuadro macroeconómico aprobado por el Gobierno y la senda de estabilidad propuesta. Es un crecimiento por encima de la media que otorgan las distintas instituciones públicas, una senda poco ambiciosa en la solución del déficit estructural de la Administración General del Estado, pese al récord de recaudación, que denota también los problemas de la Seguridad Social, y que asfixia a las CCAA, pues las obliga a movilizar recursos para su regularización masiva de inmigrantes, que serán consumidores intensivos de servicios públicos esenciales, como sanidad o educación, que tienen transferidos las CCAA.


Así, el Consejo de Ministros ha aprobado el techo de gasto no financiero, más como propaganda que como elemento útil para realizar los presupuestos, que contemplan una elevación del gasto muy importante, electoralista. Este incremento constituye una enorme irresponsabilidad, porque eleva el gasto un año más de manera imprudente, dotándole de un carácter enormemente estructural, con unos objetivos de estabilidad presupuestaria poco ambiciosos, ya que su consecución se basa, únicamente, en el efecto recaudatorio que todavía proporciona la inflación, pero que a medio y largo plazo se deteriora, y ni aun así equilibran las cuentas, lo que quiere decir que todo lo que se recauda se gasta y, además, es insuficiente y hay que recurrir a endeudamiento adicional.


De esa manera, el Gobierno, en la presentación del cuadro macroeconómico y los objetivos de estabilidad, con la fijación del techo de gasto no financiero para la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado (PGE), ha sido imprudentemente optimista en los supuestos económicos, fiándose del corto plazo dopado con el gasto público, y muy irresponsable en el incremento del gasto, como se puede analizar al observar los datos.


De esa forma, su propuesta, tumbada por el Congreso, sigue por la senda del gasto tremendamente expansivo, con un incremento del gasto no financiero del 4,56% sobre el techo de gasto que presentó para 2026, pero que nunca pudo emplear, al no sacar adelante los presupuestos, y de un 6,6% sobre lo realmente ejecutado, que pone de manifiesto que maneja a su antojo las prórrogas, pues el techo de gasto del último presupuesto prorrogado era de 198.221 millones de euros incluyendo fondos europeos.


Así, el gasto no financiero ha crecido en 106.198 millones de euros desde que llegó Sánchez, y 27.811 millones desde 2023, último presupuesto aprobado.


Así, el techo de gasto no financiero ha crecido casi tanto como el gasto total que tenía en 2018: para 2027 es de 226.032 millones de euros; para 2018 era de 119.834 millones de euros, con lo que el incremento ha sido los mencionados 106.198 millones, un incremento casi igual al gasto que había en 2018, lo que muestra la insensatez de la política económica en el período 2018-2027.


Así, el techo de gasto no financiero se eleva hasta 226.032 millones, es decir, 9.855 millones más sobre el techo de gasto no financiero que presentaron para 2026. Esto muestra claramente que cada vez se está consolidando más gasto estructural,


Esta sangría del gasto continúa con el problema que supone la Seguridad Social, que en lugar de tratar de solucionarlo, lo enquista llevándolo hacia delante, con un traspaso de miles de millones de euros, que muestra el deterioro anual acelerado de la Seguridad Social, que cada vez necesita más el apoyo de los PGE, rompiendo la ortodoxia fiscal. Por mucho que diga que así garantiza la sostenibilidad del sistema, no es cierto, porque la Seguridad Social, por sí misma, ya no puede cubrir sus gastos.


En cuanto a la reducción del déficit, se produce por incremento del PIB nominal, incrementado de manera extraordinaria en las revisiones del INE, producidas tras la actuación de Calviño que ha confesado ella misma sobre la metodología a aplicar, y por la recaudación extraordinaria, pero aun con esa recaudación no se logra alcanzar el equilibrio presupuestario, elemento que deja ver de nuevo el deterioro estructural del saldo presupuestario español, cuya economía cada vez es menos productiva y vive más del gasto público. Es más, pese a ese incremento del PIB nominal y de la recaudación, la deuda apenas se reduce sobre el PIB debido a la fuerte presión del gasto público, cuya regla de gasto tiene también un crecimiento tremendamente elevado.


En definitiva, nos enfrentamos a un gasto irresponsable, que no deja de crecer; un déficit y deuda maquillados por el aumento del PIB nominal y de los ingresos como consecuencia de la inflación, que camufla el aumento de gasto, que se vuelve estructural; y un cuadro macroeconómico optimista basado en el corto plazo. Es una propuesta cortoplacista para ganar tiempo, que aplaza y enquista problemas, con un perjuicio estructural que pone en riesgo a la economía española en el medio y largo plazo, que se deteriora y asume unos niveles de gasto que España no puede soportar por mucho tiempo, con la presión adicional del incremento del gasto en servicios públicos que se producirá por la irresponsable regularización de inmigrantes ilegales, peso del gasto que cargará sobre las CCAA, asfixiándolas, y sobre los contribuyentes, que ya no dan más de sí para pagar más impuestos. Si no fuese por el respaldo tácito del BCE con la herramienta antifragmentación, la prima de riesgo española estaría disparada de nuevo.


Es la base del crecimiento del Gobierno: gasto, gasto y gasto, junto con un incremento de población poco productivo, que lleva a que se sustituya talento por bajo valor añadido, que redundará en un deterioro todavía mayor de productividad, mal que aqueja a la economía española. En definitiva, es un techo de gasto que es una irresponsabilidad, en clave electoralista, pero que analizado en perspectiva dicho electoralismo se extiende a todo el período: como antes se menciona, crece tanto el gasto entre 2018 y 2027 como era el nivel de gasto en 2018.


90º ANIVERSARIO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
Profunda división de la nación

Fernando Paz. gaceta. 20 Julio 2026

En la primavera de 1936 las grandes urbes españolas, particularmente Madrid y Barcelona, se habían convertido en ciudades sin ley, en las que los milicianos de los partidos y sindicatos revolucionarios de izquierda campaban por su respetos. Controlaban las calles y se presentaban en los hoteles, restaurantes y cafés exigiendo ser atendidos con ademanes imperiosos y negándose después a pagar la cuenta. En las tiendas de ultramarinos, las mujeres de los trabajadores, acompañadas de algún joven pertrechado de revólver, tampoco pasaban por caja, como testimonia Salvador de Madariaga. Por las tardes, era frecuente que se dedicasen a recorrer las calles a pie o en coche, deteniendo arbitrariamente a quienes les parecía oportuno, en medio de la indiferencia policial.


Aún quedaban dos meses para que estallara la guerra civil, y los restos del Estado de Derecho, nunca muy boyante durante la Segunda República, habían saltado por los aires.


La violencia política que aterrorizó España

En la España del Frente Popular, se produjeron unos 450 asesinatos políticos en los cinco meses anteriores al 18 de julio de 1936; contabilizando los cinco años anteriores de la República, la cifra de muertos por razones políticas asciende a 2.629. En su inmensa mayor parte, causados por la izquierda, bien contra sus adversarios políticos, bien en luchas entre ellas. La responsabilidad de la izquierda es evidente: tras la relativa represión a la que fue sometida a causa de su golpe en Asturias en octubre de 1934, el año siguiente, 1935, fue el que menos muertos por violencia política arroja: “apenas” 47. Una cifra excepcionalmente baja para los estándares de la Segunda República, sólo explicable porque los perpetradores de los crímenes se hallaban desactivados. La puesta en libertad de los izquierdistas multiplicó por nueve los asesinatos a partir del 16 de febrero de 1936.


Si contrastamos estos números con los de nuestro entorno europeo, adquieren una más clara significación. Durante los cinco meses (el mismo periodo de tiempo) más sangrientos del “bienio bolchevique” italiano, en 1921, murieron 207 personas, menos de la mitad que en España y, considerando que Italia tenía un 50% más de población que nuestro país, es evidente que la intensidad de la violencia fue mucho menor. En términos de criminalidad, lo sucedido en España en 1936 presenta unas cifras mucho mayores que la de los meses que antecedieron a la llegada al poder de Hitler en Alemania, al fin de la democracia en Austria o a la Marcha sobre Roma.


Toda esa violencia no tenía ningún propósito inmediato por parte de las organizaciones socialistas y anarquistas, agitadas por sus líderes con el objetivo de generar una atmósfera pre-revolucionaria y presionar al gobierno. Pero el Partido Comunista sí tenía una estrategia gradual de asalto al poder (que había publicado “Mundo Obrero” en febrero de 1936, unos días antes de las elecciones) y la situación de agitación revolucionaria convenía a sus fines. La radicalización social y política facilitaba las alianzas con el resto de fuerzas de la izquierda, pero debía evitarse que las cosas se desmandasen hasta el punto de provocar una sublevación militar, de la que no estaban seguros. El PCE había reclamado abiertamente para sí la gloria de la Revolución de Asturias, y desde febrero de 1936 había dejado de ser una fuerza minoritaria para convertirse en la más eficaz de las organizaciones de izquierda.


El Gobierno, entre tanto, actuaba de modo despótico política y policialmente, y con un indisimulado sectarismo: puso fuera de ley a la Falange y, pese a la sentencia del Tribunal Supremo que declaró la legalidad de la organización falangista, se negó a acatarla. Mientras tanto, se abstenía de tomar medida alguna contra los desencadenantes principales de la violencia, las organizaciones revolucionarias, particularmente el PSOE y el PCE, de las que dependía en el parlamento para el mantenimiento de su mayoría.


La gravedad de la situación había llegado al punto de que, en numerosas provincias de España — fundamentalmente en la mitad sur y en las zonas de mayor presencia izquiedista, Madrid, Cataluña y Asturias– las milicias ejercían funciones parapoliciales. Patrullaban localidades y barrios, asaltaban y cerraban locales y periódicos de derechas, ocupaban edificios públicos y detenían a sus enemigos políticos; la impunidad de la que gozaban era tal que surgieron entonces las primeras checas, centros de detención, tortura y asesinato de sus oponentes, ante la absoluta inacción de la policía y la guardia civil por orden gubernativa, cuando no con su activa colaboración. Una réplica de lo que había sucedido en Alemania tras la llegada al poder de Hitler en 1933, cuando las milicias nazis (las SA y las SS) y el Stahlhelm fueron habilitados como “Hilfspolizei” –policías auxiliares– con facultad para arrestar a sus oponentes políticos.


En el sur se sucedieron las ocupaciones de tierras, dirigidas por las organizaciones revolucionarias (lo que algún simpático historiador oficial ha considerado que “se adelantaba” a las disposiciones oficiales). Al menos un 5% de la propiedad en España cambió de manos en aquella primavera de 1936, porcentaje que pasó a convertir casi todas las tierras afectadas en improductivas y, ante la caída de los precios agrícolas, los cultivos simplemente se abandonaron en muchas regiones. Una intensa oleada de huelgas sacudió el país. En casi un tercio del territorio las propiedades de la Iglesia fueron incautadas, y la quema de iglesias y edificios religiosos se generalizó. La Bolsa cayó en picado y comenzó a producirse una fuga de capitales. La censura gubernamental en la prensa se intensificó hasta extremos paranoicos, y la derecha se negó a presentarse a la segunda vuelta de las elecciones tras la farsa de los comicios de febrero, donde se había producido un fraude generalizado. En el parlamento, la mayoría del Frente Popular expulsó al presidente de la República de forma manifiestamente ilegal, mientras miles de ayuntamientos eran disueltos y sustituidos por “comités ejecutivos” invariablemente en manos de partidos y organizaciones revolucionarias. Los comunistas reclamaban la ilegalización de las fuerzas “fascistas” –todas las de derecha– y la incautación de “la prensa reaccionaria y de derechas” mientras el presidente del Gobierno manifestaba que el ejecutivo era “beligerante frente al fascismo”.


Entre el estupor y el terror, media España asistía hechizada a los interminables estallidos de violencia revolucionaria, y a la desaparición de las más elementales garantías para la vida y los bienes. La situación era tal que un socialista de la significación de Indalecio Prieto había declarado el 16 de junio:


«Un país puede vivir en Monarquía o en República, en sistema parlamentario o en sistema presidencialista, en sovietismo o en fascismo; como únicamente no puede vivir es en anarquía».


La rebelión: el plan

Ante tal situación, la derecha estaba paralizada. En la calle, sólo los falangistas –y los carlistas, aunque en menor número– hacían frente a la violencia enemiga. La represión contra la Falange tuvo el efecto de que los sectores más activistas –hasta entonces relativamente sujetos por la jefatur- – quedasen fuera de control, y comenzó una dialéctica de acción-reacción.


Aunque algunos sectores monárquicos (alfonsinos y carlistas) llevaban conspirando desde 1933, y los falangistas igualmente tuvieron sus propios proyectos insurreccionales, fue sólo después del triunfo fraudulento del Frente Popular en febrero de 1936 cuando los planes tomaron forma. Unos planes que no procedieron de ningún sector político, sino que se fraguaron en el seno del Ejército, y al frente de los cuales estaba el general Emilio Mola. Básicamente, se trataba de reconducir la situación y deponer al Gobierno, que se mostraba impotente –cuando no connivente– con las fuerzas revolucionarias, pero manteniendo la República. También desde algunos medios políticos se venía promoviendo una salida parecida. Primero Gil Robles, y luego Miguel Maura –personaje principalísimo en el advenimiento republicano del 14 de abril– abogaron por una dictadura republicana, solución que no disgustaba a José Antonio Primo de Rivera.


Mola estaba decidido a que el golpe fuese fulminante. Había que evitar toda resistencia del enemigo, al tiempo que toda subordinación a las pretensiones políticas de falangistas y carlistas que, si bien dispuestos a secundar la rebelión, aspiraban a salvaguardar su autonomía e incluso a imponer sus condiciones. La sublevación debía triunfar en un lapso de tiempo muy corto, o fracasaría. Y para ello era esencial la participación de la Guardia Civil, principal fuerza armada del país al margen del Ejército de África. Se suponía que el pronunciamiento de las principales guarniciones arrastraría al Ejército en su conjunto, neutralizando las posibles resistencias de las unidades militares no comprometidas o de las adversas. Al frente del nuevo gobierno militar republicano estaría el general José Sanjurjo, exiliado en Portugal.


Pese a sus previsiones, Mola se temía que la situación fácilmente degenerase en guerra civil, aunque la esperaba corta.


El Alzamiento deriva en guerra civil

El gobierno sabía de los planes de rebelión, aunque de manera genérica. La dispersión geográfica de los principales jefes militares indica con claridad que no tenía dudas acerca de a quiénes podía considerar sus enemigos, pero prefirió no actuar preventivamente para sofocar la sublevación y dejar que esta fracasara (el propio Azaña se lo habría confesado a Franco, según testimonio del futuro Caudillo).


Muchos mandos militares –sopesando sus posibilidades de éxito– dudaban sobre la pertinencia del levantamiento. Esperaban que el Gobierno fuese capaz de enfrentar a las organizaciones revolucionarias y reconducir la situación, sin necesidad de recurrir a medidas más extremas. Entre ellos estaba el general Francisco Franco, acaso el militar más prestigioso del Ejército. Pero el asesinato de José Calvo Sotelo, el 13 de julio, líder de facto de la oposición, convenció a los indecisos de que en la España de 1936 nadie estaba a salvo. Cuando Indalecio Prieto tuvo noticia del crimen –por otro dirigente del PSOE, Julián Zugazagoitia– exclamó: “Este atentado es la guerra”.


Tres días más tarde, el 16 de julio, se produjo el primer movimiento militar. Desde Villa Jordana, en el Protectorado, el comandante al frente del Tercer Tabor de Regulares, Joaquín Ríos Capapé, ocupó Villa Sanjurjo (Alhucemas) y se dirigió a Melilla, donde llegó al día siguiente para unirse a la sublevación de esa plaza. Era la primera acción de guerra.


La rebelión en Marruecos se generalizó el 17. Y, al día siguiente, en el conjunto de España. Muchos acuartelamientos se pronunciaron con inmediatez, pero otros dudaron, en algunos casos el tiempo suficiente como para ser neutralizados. Aunque la mitología izquierdista ha subrayado el papel de las milicias a la hora de aplastar la rebelión, la realidad es que en las ciudades la situación se decantó en función del posicionamiento de la Guardia Civil. Con las naturales excepciones, allá donde la Guardia Civil se sumó al alzamiento y donde los sublevados no se encerraron en los cuarteles, sino que salieron a tomar las calles, el levantamiento triunfó. Pero donde se encerraron y la Guardia Civil no se sublevó –como fueron los casos cruciales de Madrid o Barcelona–, el levantamiento fracasó.


El alzamiento comenzó a fracasar el 19 de julio. La noche anterior, el recién nombrado presidente del gobierno, Diego Martínez Barrio, habló con Mola para detener la guerra, pero ya era demasiado tarde. Aunque dimitió a las pocas horas de haber sido nombrado, al negarse a entregar armas a las milicias izquierdistas, José Giral, el nuevo presidente, sí lo hizo; se constituyó un doble poder en lo que quedaba de la República, mientras el golpe no conseguía su objetivo de desenlazarse favorablemente con rapidez. Por ambas razones, la situación derivó en guerra civil.


La interpretación del 18 de julio

Pese a lo que muchas veces se ha dicho, la guerra civil española no supuso una ruptura de la convivencia nacional, sino que esta precedió, y fue causa, de la propia guerra. El golpe cívico-militar que fue su razón inmediata, no generó la división.


De no haber estado profundamente dividida la nación, la guerra no hubiera sido posible. En la historia de España durante el siglo XX ha habido otros golpes de este tipo, que nos pueden servir comparativamente. El de 1923 no tuvo el mismo efecto, entre otras cosas, porque la mayor parte de la población estaba a favor; y el de 1981 tampoco generó ruptura alguna porque todo el mundo estaba en contra. Pero el de 1936 sí porque, al contrario que el de 1923 en un sentido y que el de 1981 en el otro, encontró un país roto. Y porque, como escribió Stanley Payne, para media España llegó un momento en que “era más peligroso no sublevarse que hacerlo”.


La responsabilidad esencial de esa división preexistente recae sobre la izquierda en su conjunto, sin que esto quiera decir en exclusiva, y de modo muy señalado en el PSOE, pues era la principal organización de la izquierda. Tres años atrás (1932-33) había optado por desentenderse de la gobernabilidad de la República y lanzarse por el camino de la bolchevización, y había sido el principal responsable de la Revolución de Asturias en 1934. Episodio después del cual, radicalizó aún más su postura.


En el verano de 1936 (y probablemente mucho antes) todo el mundo pensaba en una solución autoritaria, de un modo u otro. Nadie defendía la “democracia”, que entonces era un valor en franco retroceso; la mayor parte de las fuerzas políticas la entendía como una especie de terreno de juego que les habría de permitir imponerse y, en consecuencia, la interpretaban como un periodo más o menos transitorio al que no concedían mayor significación.


La violencia desplegada por una izquierda radicalizada, provocó que algo tan timorato y pusilánime como la derecha española no tuviera otra salida que echarse al monte: esa media España que no se resignaba a morir, en palabras de Gil Robles, quien había advertido a los jactanciosos revolucionarios de que aquella furiosa violencia algún día se volvería contra ellos.


Por otro lado, la contrarrevolución que se puso en marcha no fue una mera corrección de los excesos revolucionarios, sino una reacción de pareja intensidad pero de sentido contrario. En cierto modo, una revolución en otra dirección. Según el profesor Payne:


“Las izquierdas siempre han denunciado la insurrección del 18 de julio, lo cual, desde un punto de vista partidista y sectario, es perfectamente lógico, porque dio al traste con todas sus ambiciones de dominar España. Desde un punto de vista práctico, en cambio, la idea no es tan convincente, porque nunca ha existido un proceso revolucionario que no haya provocado una resistencia contrarrevolucionaria, aunque en ocasiones esta haya fracasado. Quienes no deseen la contrarrevolución, que no emprendan la revolución. Es así de sencillo”.


Cuando la izquierda actual condena el régimen de Franco –en la mayor parte de los casos a partir de una mitología falsa, total o parcialmente– en realidad está emitiendo el más duro de los juicios acerca de sí misma.


Porque, en último análisis, el franquismo fue aquello en lo que la izquierda obligó a convertirse a la derecha.


90º ANIVERSARIO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Una mitología partidista en declive (II)
Un breve análisis de los hechos: intensificación de la violencia durante la Segunda República, empeoramiento bajo el Frente Popular y explosión final
Arnaud Imatz. gaceta. 20 Julio 2026

En el epílogo de una edición inglesa de La rebelión de las masas, el filósofo José Ortega y Gasset escribe en 1938: “El inglés o el estadounidense puede pensar lo que quiera acerca de lo que ha sucedido o de lo que sucederá en España; pero ese derecho constituye un insulto si no acepta la obligación correspondiente de informarse con exactitud sobre la realidad de la Guerra Civil española, cuyo primer y más sustancial capítulo es su origen, las causas que la produjeron”.


¿Cuáles son, pues, los antecedentes directos e indirectos de esta tragedia? Entre las causas lejanas o profundas no cabe olvidar la importancia del largo proceso de degradación, declive e inestabilidad del país, acelerado considerablemente por la invasión y ocupación de las tropas de la República Francesa (1793-1795) y, posteriormente, de las napoleónicas (1808-1814). La breve cronología de la historia de España del siglo XIX, marcada por la Guerra de la Independencia, las tres guerras entre carlistas y liberales, la revolución de 1868 y los 35 pronunciamientos militares entre 1814 y 1886 (de los cuales 33 fueron obra de liberales progresistas contra liberales-conservadores), ofrece una visión general de ello. Esta dramática situación de descomposición y desintegración se agrava aún más a principios del siglo XX, cuando se yuxtaponen los problemas relacionados con el surgimiento de los nacionalismos regionales y la revolución social (insurrección anarco- socialista de 1909, huelga revolucionaria de 1917…).


Las guerras civiles siempre surgen de la conjunción de crisis económicas, sociales, políticas, culturales, morales y religiosas, y la Guerra Civil Española no es una excepción a la regla. Pero si buscamos sus causas inmediatas, más allá de las sempiternas «condiciones objetivas», hay que destacar la ceguera política de la mayoría de los políticos republicanos y su constante manipulación del tejido social en nombre de la salvación del pueblo y de la humanidad.


En agosto de 1930, el Pacto de San Sebastián creó un Comité Revolucionario y selló la unión de todos los dirigentes republicanos: liberales, conservadores, socialistas e independentistas catalanes. Este Comité Revolucionario dio la orden de levantamiento contra la monarquía, pero en diciembre de 1930 la insurrección fracasó. Proclamada entre júbilo unos meses más tarde, el 14 de abril de 1931, justo tras unas elecciones municipales perdidas por los monárquicos en las grandes ciudades, la República atravesó tres fases: de izquierdas de junio de 1931 a diciembre de 1933, de derechas de diciembre de 1933 a febrero de 1936 y de izquierdas de febrero a julio de 1936.


A lo largo de los cinco años de la Segunda República, la violencia endémica no dejó de intensificarse hasta la explosión final. El 11 de mayo de 1931 se produjeron graves alteraciones del orden público en todo el país. Se incendiaron iglesias, conventos y edificios religiosos, sin que las fuerzas del orden, fieles a las instrucciones dadas por el Gobierno, intervinieran. En otoño, estallan violentas polémicas con motivo de la aprobación del proyecto de ley de Constitución. 89 diputados (entre ellos el filósofo Unamuno), ofendidos en sus convicciones religiosas, abandonan las Cortes en señal de protesta contra el artículo 26, que prohíbe las órdenes religiosas, limita la enseñanza católica y otorga al Gobierno la posibilidad de nacionalizar los bienes de la Iglesia.


Los anarquistas no tardan en manifestarse. El 11 de mayo de 1931, el ejército ocupa las principales ciudades y se proclama el estado de guerra. En julio, otra revuelta anarcosindicalista es sofocada a cañonazos en Sevilla. El 10 de agosto, el general Sanjurjo se rebela con el apoyo de la guarnición de Sevilla. Este general era conocido hasta entonces por haber prestado un servicio inestimable a la República justo antes de que fuera proclamada, poniendo a la Guardia Civil que entonces dirigía a las órdenes de los futuros dirigentes republicanos. Llamadas al rescate, las fuerzas indígenas marroquíes sofocan inmediatamente el golpe de Estado iniciado por un reducido grupo de conspiradores de derecha. En octubre, los ánimos se recrudecen de nuevo debido al carácter extremadamente represivo de la «ley de defensa de la República» impulsada por el jefe del Gobierno, Azaña (censura de la prensa, multas, prohibición de manifestaciones, etc.). Decepcionada por la evolución sectaria y dogmática del régimen, la Asociación al Servicio de la República, presidida por tres de las mentes más brillantes de la época (Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala), decide disolverse.


En enero de 1932, el ejército sofoca un levantamiento anarquista en la cuenca del Llobregat. En enero de 1933, los disturbios provocados por anarquistas en Castelblanco y Casas Viejas son reprimidos sangrientamente por las Guardias de Asalto de la República. Al día siguiente de la formación de un nuevo Gobierno presidido por Alejandro Lerroux, en septiembre de 1933, la izquierda socialista y la extrema izquierda comienzan a conspirar y a preparar la revuelta. Lerroux era presidente de un partido radical con fuerte presencia masónica, pero la izquierda no perdonaba a su Gobierno que contara con el apoyo de los católicos liberal-conservadores de la CEDA, un partido legalista que ella consideraba «reaccionario» y «fascista».


El 8 de diciembre de 1933 estalla una nueva insurrección libertaria. Se decreta el estado de sitio en todo el país. El Gobierno recurre al ejército y a la aviación para sofocar el movimiento. Cuando la CEDA, que cuenta con una mayoría relativa en el Parlamento, pero que hasta entonces había dejado gobernar a los republicanos radicales, insiste en participar en el poder, la izquierda se indigna y se declara dispuesta a todo para impedirlo. Se suceden a buen ritmo los hallazgos de alijos de armas. El 4 de octubre de 1934, la CEDA entra finalmente en el Gobierno con tres carteras. La izquierda socialista denuncia inmediatamente «una provocación fascista» y da la señal para la revolución. Se proclama el estado de guerra. El intento de golpe socialista es reprimido en todas partes, salvo en Asturias, donde el Gobierno de la República debe recurrir a las tropas de élite de África para luchar contra 30 000 insurgentes. El balance es grave: cerca de 2000 muertos. Salvador de Madariaga, diputado liberal en las Cortes, embajador, ministro y representante de España ante la Sociedad de Naciones, dirá más tarde al respecto: «Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936» (España, edición de 1978).


Desde la llegada al poder del Frente Popular, una oleada de violencia inunda literalmente el país. La noche del 16 de febrero, se saquean las sedes de los partidos de derecha, se incendian iglesias y conventos, y se izan banderas rojas y negras en los edificios oficiales. En los días siguientes, se multiplican las huelgas que paralizan la producción, las ocupaciones ilegales de tierras siembran el pánico, las milicias de izquierda y de derecha imponen su ley en las calles y la censura amordaza a la prensa de derecha y de centro. El 16 de junio, durante un debate en las Cortes, el líder de la CEDA, Gil Robles, presenta un balance espeluznante de los disturbios ocurridos desde el 16 de febrero, que nunca ha sido desmentido: 269 muertos, 1 287 heridos, 160 iglesias totalmente destruidas, 251 iglesias parcialmente destruidas, 113 huelgas generales, 228 huelgas parciales, 146 atentados con bombas, etc. La Falange Española de José Antonio, acusada por numerosos historiadores de haber fomentado la violencia, solo es responsable, en realidad, de unos 60 a 80 muertos entre el 10 de junio de 1934 y el 18 de julio de 1936, y sufrió un número similar de bajas en sus filas.


Las Cortes se convierten en un auténtico campo de batalla. Los diputados entran armados en el hemiciclo y la incitación a la violencia física se convierte allí en algo habitual. El 15 de abril de 1936, el diputado y secretario general del Partido Comunista, José Díaz Ramos, amenaza directamente a Gil Robles: “No puedo asegurar cómo va a morir el señor Gil Robles; pero sí le digo que, si se cumple la justicia del pueblo, morirá con los zapatos puestos”. Sus palabras son tan agresivas que el presidente de las Cortes ordena que no figuren en el Diario de sesiones. Inmediatamente, José Calvo Sotelo protesta afirmando que se trata de «una incitación al asesinato». Luego, según varios testimonios posteriores, Dolores Ibárruri espeto desde su escaño: «Si os molesta eso, le quitaremos los zapatos y le pondremos las botas».


En la primavera de 1936, Santiago Carrillo, presidente de las Juventudes Socialistas, se afilia en secreto al Partido Comunista y devuelve oficialmente su carné de miembro del PSOE en el mes de abril. Como principal artífice de la fusión de las Juventudes Socialistas y las Juventudes Comunistas en las JSU, arrebata al movimiento socialista de Largo Caballero la totalidad del movimiento de las Juventudes Socialistas Unificadas (antes de la unificación había unos 50 000 afiliados socialistas y unos 5000 comunistas).


El 16 de junio de 1936, le tocó el turno a José Calvo Sotelo de ser amenazado en plena sesión de las Cortes, esta vez por el jefe del Gobierno, Santiago Casares Quiroga. Este último le dijo que “le hacía responsable de cualquier cosa que pudiera ocurrir”. El líder monárquico respondió: “es preferible morir con honra a vivir con vilipendio”. La noche del 12 de julio, el teniente de la Guardia de Asalto, instructor de las milicias socialistas, José del Castillo, fue víctima de un atentado mortal perpetrado por carlistas en represalia por el asesinato de Andrés Sáenz de Heredia (simpatizante de la Falange y primo del fundador y líder José Antonio Primo de Rivera) y por la grave herida sufrida por un joven estudiante tradicionalista, José Luis Llaguno, durante el funeral del subteniente de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes. La violencia alcanza un nuevo umbral: el 13 de julio, hacia las dos de la madrugada, el autocar n.º 17 de los Guardias de Asalto sale del cuartel de Pontejos con una decena de Guardias de Asalto y cuatro miembros de las Juventudes Socialistas a bordo, bajo las órdenes del capitán de la Guardia Civil Fernando Condés. Otro comando tiene la misión de eliminar al principal líder de la derecha conservadora, el presidente de la CEDA, Gil Robles, y, muy probablemente, al exjefe del Gobierno y líder del Partido Republicano Radical, Alejandro Lerroux, pero, por suerte, ambos se encuentran ausentes y en el extranjero. A pesar de su inmunidad parlamentaria, José Calvo Sotelo es sacado de la cama. Protesta, pero ante las garantías dadas bajo palabra de honor por el capitán Condés, acepta acudir a la Dirección General de Seguridad. Subido a la fuerza al autocar, el miliciano socialista Luis Cuenca le dispara inmediatamente dos balas en la nuca. Los asesinos serán posteriormente protegidos por los diputados socialistas Vidarte, Zugazagoitia, Nelken y Prieto.


La muerte de Calvo Sotelo es la señal. Por supuesto, la conspiración lleva en marcha desde el mes de marzo y el levantamiento se habría producido sin ella. Pero la noticia cae como una bomba. Acelera los preparativos y empuja a los más indecisos a sumarse al proyecto. Es la chispa que enciende la mecha. Al día siguiente del 18 de julio, con la excepción de los militantes de la Izquierda Republicana de Manuel Azaña y de la Unión Republicana de Diego Martínez Barrio, en el ámbito del Frente Popular todos los militantes y simpatizantes republicanos de centro o de derecha, como los de los partidos republicanos de Lerroux, Martínez de Velasco y Melquiades Álvarez, son considerados enemigos «fascistas» a los que hay que erradicar, al igual que a los liberales-conservadores (republicanos o monárquicos), los monárquicos tradicionalistas o los falangistas. Los ministros demócratas y republicanos del Partido Radical, Salazar Alonso, Abad Conde y Rafael Guerra del Río, son condenados a muerte y asesinados por los miembros del Frente Popular. En territorio nacional, los adversarios considerados «rojos» sufren una represión similar, aunque con una diferencia: los nacionalistas fusilan en masa, mientras que los republicanos hacen lo mismo, pero tras haber torturado muy a menudo a sus víctimas.


En las grandes ciudades del territorio republicano funcionan nada menos que 400 «chekas» o centros de tortura organizados por los distintos partidos del Frente Popular (véase César Álcala, Chekas. Las prisiones republicanas, 2020). Según los especialistas Antonio Montero y Vicente Cárcel Ortí, entre 1936 y 1939 fueron asesinados 6.964 religiosos (entre 1987 y 2020, 2 255 mártires de la fe fueron beatificados y 11 canonizados por los papas, a pesar de las presiones de las autoridades españolas, y otras 2 000 causas siguen en trámite).


En noviembre de 1936, se perpetró la mayor masacre de la Guerra Civil Española (cerca de 5.000 ejecuciones, de las cuales se identificaron 2.750 víctimas) en Paracuellos del Jarama, cerca de Madrid. Santiago Carrillo, futuro secretario general del PCE y por entonces consejero de Orden Público en el Comité de Defensa de Madrid, fue acusado de ser uno de los principales responsables de estas ejecuciones extrajudiciales (junto con la comunista Margarita Nelken, el socialista radical y director general de Seguridad Manuel Muñoz y el socialista y ministro del Interior Ángel Galarza). Siempre ha negado su participación en estos asesinatos masivos, pero abundan los testimonios y documentos que lo contradicen. El Dr. Henny, representante de la Cruz Roja, es autor de un informe sobre estas masacres. Dimitrov, responsable del Komintern, e Iván Stepanov, agente del Komintern, lo confirmaron en informes enviados a Voroshilov y a Stalin. El anarquista Melchor Rodríguez, delegado general de prisiones y último alcalde republicano de Madrid, también dio testimonio de su oposición frontal a Carrillo durante estas ejecuciones extrajudiciales. Esta masacre no tiene nada que ver con la más conocida, cometida por los nacionalistas en Badajoz: 500 muertos (y no 3000 ni 4000; véase la investigación de Francisco Pilo Ortiz y Moisés Domínguez, Balas en agosto, 2022).


Según el profesor Stanley Payne, el número de ejecuciones y asesinatos en ambos bandos durante la guerra asciende a 55 000 víctimas entre los nacionalistas y 50 000 entre los republicanos. Este relativo equilibrio solo se rompe con las víctimas de la represión franquista en la posguerra. Según el estudio de Miguel Platón, entre 1939 y 1960 se dictaron 24 949 condenas a muerte, de las cuales 12 849 fueron conmutadas y 12 100 se llevaron a cabo, cifra a la que hay que restar las ejecuciones de condenados por delitos comunes y sumar las ejecuciones extrajudiciales —unas 5 000 represalias de la primavera y el verano de 1939—, lo que supone un total de unos 14 000 ejecutados. Un estudio minucioso, riguroso y honesto, en respuesta a la propaganda socialmarxista que se obstina en hablar de 114 000, 130 000 o incluso 200 000 desaparecidos atribuibles al «franquismo» (mientras que las investigaciones sobre la mitad de las fosas registradas, llevadas a cabo durante más de veinte años, han permitido exhumar unas 17 000 victimas –algunas de las cuales podrían ser soldados o víctimas del Frente Popular– e identificar con precisión apenas unas 700). Además, hoy se sabe que el número total de muertos entre los combatientes de nacionalidad española de ambos bandos asciende a 150 000, aunque hay que sumar unos 25 000 voluntarios extranjeros muertos en combate y unos 15 000 civiles muertos durante acciones militares. En total, el conflicto se cobró algo más de 300 000 muertos, y no un millón como afirmaba la propaganda de la posguerra.


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La lengua que nadie eligió
Rafael del Moral. vozpopuli. 20 Julio 2026

Nadie elige el lugar donde nace, ni los padres que lo engendran, ni el nombre que le asignan, ni las lenguas que recibe. Nos sentimos agradecidos a pesar de la arbitrariedad. Lugar, padres, nombre y lenguas condicionan la personalidad, moldean el carácter y definen, antes de que uno tenga voz y voto, quién va a ser. Es difícil rebelarse contra aquello que recibimos antes de tener conciencia de nosotros mismos.


Antojos de la cuna

El escritor Antonio Gala presumió con una mentira piadosa de cuna cordobesa para evitar la cita de su pueblo natal, Brazatortas, que suena a penitencia, manchega por más señas. Era comprensible: uno tampoco elige el nombre del pueblo donde nace. Abominar de los progenitores es una atrocidad, ni siquiera cuando se hace para sentirse más de algo. El azar del nacimiento es obstinado: no cede ante los deseos de los nacidos. No faltan quienes intentan acomodar su biografía a la identidad política que desean proyectar. Ni los padres, ni el lugar de origen, ni la lengua recibida pueden reescribirse. Al político independentista Carod-Rovira no le hacía gracia ser hijo de un miembro del cuerpo de la Guardia Civil, y tampoco, según tengo entendido, que su madre fuera aragonesa y no de noble sangre catalana, de pura cepa. Mucho más pedigrí exhibía con su identidad catalanizada en Josep Lluís Carod-Rovira que con el ridículo españolismo José Luis Rovira.


Llamar Zapatero o Ayuso al expresidente José Luis Rodríguez o a la presidenta Isabel Díaz es elección de los hablantes en busca de la rentabilidad en la información. Excúsese también a la mujer apellidada Cuesta que bautizaron Luz mucho antes de saber cómo iba a subir la tarifa. Lugar, nombre, progenitores y lenguas se conservan desde la cuna hasta la sepultura. El azar no tiene sentido del humor, pero a veces lo parece.


Superar barreras

De todas esas señas de identidad, la lengua es quizá la más tenaz: se instala en la infancia, moldea el pensamiento y no se abandona sin pérdida. Por eso interesa concentrarse en lo que confieren las lenguas. Suele la gente estar encantada con las que conoce, en especial las de su infancia, las que se instalan en los primeros años de vida, las que se convierten en instrumentos naturales de pensamiento y comunicación, ya sea el aranés, el alsaciano, el sueco o el tártaro. Lo habitual es sentirse orgulloso de la lengua heredada y no avergonzarse de hablarlas. Araneses, alsacianos, suecos y tártaros se sienten orgullosos de haber heredado, también sin esfuerzo, la lengua que sirve para superar barreras comunicativas, que son el español, el francés, el inglés y el ruso respectivamente. No es una cuestión de aprecio, es una cuestión de identidad.


Tan propia es para un veneciano el véneto como el italiano. Con la primera siente un orgullo particular por tratarse de una ciudad de tanto empaque histórico y artístico. Pero todos los venecianos sienten el mismo orgullo, incluso más, por hablar toscano —la lengua de Petrarca y Manzoni que el mundo conoce hoy como italiano—, sin que ello lesione su aprecio al dialecto propio. También sicilianos y piamonteses conviven con naturalidad entre el italiano y sus otras lenguas, el siciliano y el piamontés. Cuando el italiano se llamaba toscano, al español se le conocía como castellano. Pero como los nacionalismos rechazan la terminología españolista, no solo prefieren llamar castellano a lo que todo el mundo llama español, sino que también lo imponen. ¿Se imagina alguien que los independentistas quisieran llamar toscano al italiano de hoy?


Que no cunda el pánico. No todo el mundo confunde velocidad y tocino. En la mayoría de los dominios donde conviven dos lenguas está muy claro que ambas son necesarias, y nadie les pregunta si quieren más a la una que a la otra.


Cataluña y País Vasco

No en todos los territorios impera esa cordura. En Cataluña y el País Vasco se ha instalado, por impulso de sus gobiernos, una relación con el español que mezcla la incomodidad política con la imposibilidad práctica: les agrada incidir en el hecho diferencial de la lengua, aunque sean incapaces —porque es imposible— de quitársela de la boca. Les gustaría poder prescindir de ella, y lo intentan, pero todo esfuerzo es tan vano como el que otros caciques, tiempo atrás, dedicaron a bajar el volumen del catalán y el vasco. Ni aquella presión logró que se perdieran hablantes, ni estas inyecciones nacionalistas los gana, porque la evolución de las lenguas es cosa de hablantes y no de gobiernos.


Cuando un cargo público señala al alumno que ha denunciado déficit de enseñanza en español en su colegio, la política lingüística ha cruzado una línea. Cuando el Govern pasa una encuesta para que los alumnos delaten a los profesores que usan el castellano en clase y defiende con todo cinismo la legitimidad de la pesquisa, la normalidad se ha convertido en un eufemismo. Cuando un gobierno regional extermina los textos en español de todas las paradas del Metro de Valencia como si la lengua pudiera suprimirse por decreto, comete un error que tiene nombre en cualquier diccionario: intolerancia lingüística. El azar puso el español en la boca de millones de personas. Ningún gobierno lo quitará de allí.


La opción de México

Los gobiernos pueden decidir cuál es la lengua que más conviene para entenderse, la que de manera natural y por la elección de sus hablantes sirve más y mejor a la comunicación. La historia ofrece ejemplos elocuentes: los gobiernos de la India eligieron el inglés y no el hindi como lengua de unidad nacional; los revolucionarios franceses apostaron por la langue d’oïl —que ya se llamaba francés— y no por la langue d’oc —hoy occitano—; y México independiente conservó el español como lengua común en lugar de adoptar el náhuatl u otras lenguas indígenas. A todos les fue bien porque las lenguas se adaptan a las necesidades de los hablantes, siempre que sean los hablantes quienes las elijan y no los gobiernos quienes las impongan.


Al final, la lengua que uno habla es, como el lugar donde nació o el nombre que le pusieron, un regalo del azar. Un regalo que nadie pidió y que casi nadie devuelve. Porque las lenguas, como las cunas, no se eligen: se heredan, se habitan y, con el tiempo y sin que uno sepa bien cómo, se quieren.


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