Recortes de Prensa Sábado 5 Septiembre 2026

Air Defense Forces down 128 drones used by Russia to attack Ukraine overnight

https://www.ukrinform.net. 5 Septiembre 2026


Ukraine’s Air Defense Forces neutralized 128 out of the 167 drones that Russian forces used to attack Ukraine since the evening of September 4.

According to Ukrinform, the Air Force of the Armed Forces of Ukraine reported this on Telegram.


Starting at 18:00 on Friday, September 4, Russian forces attacked Ukraine with Iskander-M/KN-23 ballistic missiles launched from Russia’s Rostov and Voronezh regions, as well as 167 Shahed combat drones (about half of them jet-powered), Gerbera drones, and Parodiya-type decoy drones launched from the directions of Oryol, Millerovo, Kursk, temporarily occupied Donetsk, and Hvardiiske in temporarily occupied Crimea.


The air attack was repelled by Ukrainian fighter aircraft, anti-aircraft missile forces, electronic warfare units, drone-system units, and mobile fire groups of the Defense Forces.


According to preliminary data, as of 8:30 on Saturday, September 5, Air Defense Forces had shot down or suppressed 128 drones.


Hits by missiles and attack drones were recorded at 23 locations, while debris from downed targets fell at one location.


In addition, some of the weapons failed to reach their targets; information about them is still being clarified.


The attack is ongoing, with enemy drones still present in Ukrainian airspace.


Read also: War update: 236 clashes on front line over past day, Pokrovsk and Kostiantynivka sectors remain hottest

As Ukrinform reported, four people were killed and five others injured in a Russian attack on Kamianske in the Dnipropetrovsk region.


La invasión de Ceuta y el plan de exterminio de Occidente

Zoé Valdés. gaceta. 5 Septiembre 2026


La inmigración constituye uno de los fenómenos demográficos y sociales más relevantes de la Europa contemporánea; no se trata de cuestionar nada de eso. Con relación a Marruecos y España se ha ido convirtiendo en otra cosa. Debido a la cercanía geográfica entre ambos países, separados por apenas catorce kilómetros en el estrecho de Gibraltar, España se ha convertido durante las últimas décadas en uno de los principales destinos de la invasión procedente de Marruecos. Este movimiento invasivo planificado desde mediados de los años ochenta con la intención de la destrucción de Occidente ha tenido importantes repercusiones económicas, sociales, culturales y políticas tanto para España como para la propia comunidad marroquí. Pero al parecer a nadie le importa.


La llegada de inmigrantes e invasores (mezclados) marroquíes a España comenzó a aumentar de forma significativa a finales de los años ochenta y, sobre todo, durante las décadas de 1990 y 2000. Diversos factores explican este fenómeno. Por un lado, Marruecos ha experimentado problemas estructurales como el desempleo, las desigualdades económicas y la falta de oportunidades laborales para una parte de su población —lo mismo ocurre en España, y los españoles no invaden a nadie—. Aunque España vivió un periodo de fuerte crecimiento económico que generó una elevada demanda de trabajadores en sectores como la agricultura, la construcción, la hostelería y los servicios domésticos, ese período culminó con la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, el peor presidente de la democracia, superado con creces por Pedro Sánchez. Esta combinación favoreció la llegada de miles de marroquíes en busca de mejores condiciones de vida, y otros miles con un plan muy concreto: doblegar a la población empezando por la invasión y la violación de sus mujeres y niñas.


Entre las consecuencias de esta inmigración se encuentra su contribución a la economía española: nula en comparación con la iberoamericana, que obviamente son muchos más. Sin embargo, es cierto que trabajadores marroquíes han desempeñado labores fundamentales en actividades que, en numerosos casos, presentan dificultades para encontrar mano de obra local suficiente. En regiones agrícolas como Andalucía, Murcia o Cataluña, los trabajadores procedentes de la inmigración, la que pretende insertarse y asimilarse desde el punto de vista social, han sido esenciales para garantizar las campañas de recolección de frutas y hortalizas. Su participación ha permitido mantener la competitividad de determinados sectores productivos y ha contribuido al crecimiento económico del país. Pero los invasores no se insertan, no se asimilan, porque las ONG han decidido regalarles todo por su «cara linda«, y por sus inventicos para enriquecerse ellas también.


España presenta una de las tasas de natalidad más bajas de Europa y un progresivo envejecimiento de la población. La llegada de inmigrantes en edad de trabajar ha ayudado a compensar parcialmente este desequilibrio demográfico. Pero los que no quieren trabajar, los invasores, no trabajan, no buscan un círculo familiar seguro; no preñan con todas las de la ley, violan, maltratan, matan a las mujeres. Los españoles además deben trabajar para ellos, de lo que esos mismos invasores se vanaglorian en las redes sociales, pagándoles así sus seguros de sanidad y salud, lo que a veces para un español se dificulta. Los hospitales colapsan, como mismo se ha visto en Ceuta en estos momentos.


Desde el punto de vista cultural, la presencia de la comunidad marroquí ha enriquecido relativamente poco la diversidad de la sociedad española. La invasión es un arma contra la cultura española y de cada país occidental. Los invasores no vienen con intereses culturales de ningún tipo, más bien todo lo contrario. La gastronomía, las tradiciones, la lengua árabe y determinadas manifestaciones culturales se han introducido a la fuerza progresivamente en muchas ciudades y municipios, aunque ahora, como en Francia, le quieren imponer lo halal en todo, hasta en el papel sanitario, que ya es halal en diversos mercados. Este presunto «intercambio anticultural» no ha favorecido un mayor conocimiento mutuo, ha contribuido al distanciamiento dentro de una sociedad más diversa, sí, pero más contradictoria y problemática.


La inmigración también ha planteado importantes desafíos. Uno de ellos es la integración social. Las diferencias culturales, religiosas y lingüísticas pueden dificultar la adaptación de algunos inmigrantes y generar problemas de convivencia cuando no existen deseos de autoincluirse. La comunidad marroquí, mayoritariamente musulmana, como casi siempre ocasiones se siente agredida y vive con prejuicios a la hora de su plena integración. Del mismo modo, como es natural, algunos sectores de la población española perciben la inmigración como una fuente de competencia laboral o de presión sobre los servicios públicos; y a estas alturas reconocen muy bien lo que es inmigración y lo que es invasión.


La educación constituye otro ámbito en el que se observan tanto oportunidades como retos. Los hijos de inmigrantes marroquíes representan una parte significativa del alumnado en determinadas zonas. La escuela desempeña un papel fundamental en la integración, al facilitar el aprendizaje del idioma y fomentar la convivencia entre estudiantes de diferentes orígenes. No obstante, también pueden surgir dificultades relacionadas con el abandono escolar, las barreras lingüísticas o las desigualdades socioeconómicas; lo que, a mi juicio, y al de cualquier persona con sentido común, debiera inducirles a reflexionar seriamente en el regreso a su país de origen. Lo que tendría que hacerse con urgencia, dada la necesidad individual. Al que no le guste Occidente, la España católica, la Francia de María, que se largue.


En el terreno político, la inmigración marroquí ha generado debates sobre el control de fronteras, la regularización de inmigrantes y las políticas de integración. Las invasiones a través del Mediterráneo o de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla suelen recibir una gran atención mediática —siempre en contra de los intereses españoles— y como es lógico provocan tensiones en las relaciones entre España y Marruecos, provocados por Marruecos. La gestión de estos flujos migratorios requiere una cooperación constante entre ambos países para garantizar la seguridad fronteriza y, al mismo tiempo, el respeto de la legalidad territorial. Pero eso no es lo que ha hecho el gobierno español. El Gobierno español de Pedro Sánchez ha entregado España a Marruecos, lo que seguirá haciendo; y ha preferido al rey de Marruecos antes que al Rey de España.


Resulta importante señalar que la mayoría de los inmigrantes marroquíes residen legalmente en España —lo que con frecuencia se les niega a los cubanos y a otras nacionalidades provenientes de países comunistas bajo tiranías—, además desarrollan una vida normalizada dentro de la sociedad, con sus ayudas pertinentes, las que se les niega a los españoles en numerosas ocasiones. Muchos han creado negocios, adquirido viviendas y formado familias, convirtiéndose, con toda intención, en parte de la sociedad española. Con el paso de los años, numerosas personas de origen marroquí han obtenido la nacionalidad española y participan activamente en la vida económica, social y cultural del país; ya los veremos forzando a acceder a las instituciones políticas como ha ocurrido en Francia, y hasta en Estados Unidos.


La inmigración desde Marruecos hacia España es un fenómeno complejo con múltiples dimensiones. La invasión no lo es, es una guerra declarada a España. Se trata de una guerra directa contra Occidente.


Malvados o tontos
Diego González. libertad digital. 5 Septiembre 2026


Cuando Pedro Sánchez habla hay un método infalible para saber, más allá de toda duda razonable, si está mintiendo: si está moviendo los labios, la respuesta es sí. Por eso todos sabíamos, antes de que se produjera, que la comparecencia presidencial en el Congreso a cuenta de la invasión marroquí de Ceuta iba a consistir en una sarta de embustes, y no quedamos decepcionados. "Es absurdo pensar que el Ejecutivo fue avisado y no hizo nada adrede". No sólo no es absurdo sino que es lógico, primero porque hay pruebas de ello, y después porque en los abundantes antecedentes, el comportamiento del gobierno ha sido idéntico una y otra vez. Sánchez lleva desde 2020 haciendo la misma rueda de prensa, únicamente cambia la tragedia evitable a la que culpa a todo el mundo menos a sí mismo.


Sabemos que la invasión de Ceuta contó con la colaboración activa de Marruecos, y no sólo porque hemos visto los vídeos de gendarmes alauitas descargando con amabilidad literales volquetes de invasores camino de la frontera. También porque nadie con un número de neuronas superior al de dedos de los pies puede creerse que una satrapía como la marroquí, que controla con puño de hierro quién y cómo se mueve en cualquier lugar a menos de 100 kilómetros de Ceuta y Melilla, puede no percatarse de que la población completa de la provincia de Soria se está desplazando hacia una frontera de ocho kilómetros de longitud. Era obvio desde el primer minuto.


Y el gobierno mintió también desde el primer minuto para salvarle la cara a Marruecos. Por eso España se quedó inmediatamente aislada en Europa, porque ¿cómo demonios va a dar la cara por nosotros el resto del continente si nuestro gobierno es incapaz de verbalizar algo que hasta el militante más tonto de la Federación Socialista Madrileña —Rafael Simancas— tenía claro a las siete de la tarde del día de la invasión?


Sabemos que la culpa de la invasión es del PSOE por un motivo muy sencillo: tenemos ojos en la cara. Sánchez puede permitirse culpar a Netanyahu, Trump y Putin de una invasión marroquí porque está convencido de que la mitad del país es igual de imbécil que el activista medio de Bluesky y se traga la papilla de idioteces con la que Ignacio Escolar o Silvia Intxaurrondo alimentan a los despojos fanatizados que aún se creen a este gobierno. Pero cualquier persona alfabetizada y con capacidad de discernimiento sabe que Sánchez miente, igual que ha mentido en todas las ocasiones en las que la incompetencia de su gobierno ha acabado en tragedias y muertos.


El apagón fue culpa de Sánchez, los muertos de la Dana fueron culpa de Sánchez, la masacre de Adamuz fue culpa de Óscar Puente (y por tanto de Sánchez) y que no se tomaran medidas contra la propagación del Covid hasta 12 horas después de la manifestación del 8 de marzo de 2020 también fue culpa de Sánchez y de su gobierno de incapaces y traidores.


Y por abundar en los embustes del egomaníaco monclovita, todos sabemos también que Ábalos, Koldo y Santos Cerdán, puteros y corruptos, no son la excepción sino la norma, que el fiscal general del Estado delinquió para perjudicar a un adversario político y que el hermano del presidente es un chorizo y su mujer una robaperas. Y nada de eso es consecuencia de una conspiración policial y judicial de extrema derecha. Todo eso sucede porque Sánchez es un enfermo adicto al poder que se rodea de gente tan moralmente quebrada como él, y cualquier persona que se crea las absurdas teorías de la conspiración que el gobierno lleva años propagando debe ser tratada con el desprecio que se merecen los canallas o con la compasión reservada a los retrasados mentales. Porque después de ocho años de embustes, quien se crea una sola palabra de lo que Sánchez excreta por la boca sólo puede ser dos cosas: malvado o tonto.


Confirmado: sociópata detectado

Fran Carrillo. okdiario. 5 Septiembre 2026


Es habitual percibir en la progre mugre que nos gobierna y en sus apoyos culturales, sociológicos y mediáticos, una aversión manifiesta al lenguaje español y a los componentes semánticos de las palabras. Su alergia a consultar la RAE es consustancial a su impronta sectaria cuando se trata de colocar etiquetas, finiquitar el debate e imponer una suerte de discurso tan caduco como fracasado. No importa. Se niegan a llamar invasión a lo que supone una irrupción por la fuerza y a una ocupación irregular de un lugar, porque saben del poder que tiene un circunloquio en su votante medio analfabeto y en su parroquia adocenada. Gritan crisis migratoria por los pasillos televisivos y ahí que va la sincronizada fifty-fifty, presta para acatar la orden argumental y esputar el eufemismo entre guasaps de camaradas, que viene a ser un Tinder del odio donde se reúne la purria más trilera de este oficio. También ellos merecen el ostracismo profesional cuando las aguas democráticas vuelvan a su cauce.


El socialismo moral —una enfermedad del alma en creación mileísta— no nació para ejercer de redentor de la humanidad, ni tampoco posee esa condición salvífica que muchos apóstoles del progresismo atribuyen a sus postulados. Su papel es el de aglutinar un ejército de mantenidos directos y abducidos indirectos que permiten la supervivencia del negocio. Un modelo que ha resultado ser una fosa séptica donde se arrojan libertades, progreso económico y derechos humanos no debería tener la publicidad y el apoyo social que tiene. Y, sin embargo, lo tiene. En la calle y en los medios. Su final es consustancial al linimento que lo mantiene con respiración: no son nadie sin el dinero ajeno. Cortada la vía de la subvención y el patrocinio institucional, se acabó la rabia y su orgullo.


La sesión de porno duro que vivimos esta semana en el Congreso, con Sánchez sonriendo a la tragedia de Ceuta como sólo haría un sociópata en sus cabales, demuestra que, amén de detestar el lenguaje, el zurdo moderno también abomina de la empatía hacia el sufrimiento ajeno. Más de una hora de mentiras aplaudidas y encadenadas a un eslabón principal: que la calle siga dividida a uno y a otro lado del muro que el propio sociópata cum fraude levantó nada más pisar la Moncloa, cuando la historia todavía no le reconocía entre el panel de caudillos vivos. Por tres veces ha abandonado Sánchez a los ceutíes a su suerte en un mes: la primera, cuando supo de la invasión que se estaba preparando y no hizo nada, la permitió, la toleró y ordenó que nadie informara de ella. La segunda, cuando se fue de vacaciones con Ceuta invadida de salvajes delincuentes y combatía la pena con listas musicales entre sus ovinos seguidores. Y la tercera, cuando anunció en tribuna, henchido de mentira enfermiza, que Ceuta sería ayudada con una partida presupuestaria millonaria, seguramente la misma que llevan esperando canarios, valencianos y cordobeses con las tragedias sufridas y que el Gobierno, por acción u omisión, no se ha ocupado aún de subsanar.


Lo que se constató en ese Parlamento despreciado por el tiranuelo mandibular, es que ya nadie cree en la palabra de este juguete inservible que no emite el más mínimo sentimiento, huérfano de emociones positivas, y que, en su mentalidad Bretón, faculta un comportamiento que, ahora sí, empieza a dar miedo incluso a los suyos. No son pocos los que empiezan a rebelarse ante el sujeto que les dejará sin partido y cuya única misión es construir un Generalato iliberal con él como presidente de la III República. No queda mucho para que llegue ese momento que tanto ansía. De ahí que las apelaciones de Feijóo y Abascal de acudir a lo penal para frenar la deriva suicida y destructiva a la que conduce a la nación sean la solución que impida el éxito del personaje más abyecto, totalitario, trolero, siniestro y sociópata de cuantos han ocupado el poder en España. Porque sólo con las urnas ya no vale. Hay que impedir que vuelva. Y para eso, hay que enviarlo al PP. Primero, al Paro, después, a Prisión.



******************* Sección "bilingüe" ***********************


Un traidor a las órdenes de Mohamed
Antonio R. Naranjo. el debate. 5 Septiembre 2026


Da igual cuándo supiera que la responsabilidad es de Marruecos: ahora que lo sabe ya, sigue siendo cómplice del enemigo


Pedro Sánchez es el embajador de Marruecos en España, y nada le parece suficiente para reprocharle nada y tomar las medidas oportunas contra un país invasor que, además, no esconde sus intenciones anexionistas sobre Ceuta y Melilla; mientras él peroraba vacuidades y mentiras en favor de Mohamed VI, otro ministro insistía públicamente en el afán invasor sobre las dos ciudades españolas.


El líder socialista ha cometido todo tipo de tropelías desde hace una década, pero en todas ellas él obtenía un beneficio personal, nada menos que la Presidencia: la infame amnistía, los indultos, la condonación de la deuda y hasta la colaboración para sacar etarras por la puerta de atrás son algunos de los impuestos revolucionarios que un amoral sin límites ha pagado gustoso, para perjuicio de su país. Pero a él le rendían dividendos.


Algo que no sucede con su pleitesía sumisa hacia Rabat: todo lo que ha dado, todo lo que ha callado, toda su pasividad y toda su complicidad no ha hecho otra cosa que dañarle públicamente, superando las cotas de su propio descrédito que ya parecían imbatibles. España entera se ha echado a la calle por Ceuta y contra él; sus socios le han denigrado, los ceutíes no le pueden ni ver, una parte del PSOE se ha sumado a las manifestaciones, su Gobierno se ha quebrado y, en el viaje de fabricarle coartadas al invasor, ha llegado a enfrentarse a los Cuerpos de Seguridad acusándoles poco menos de conspirar contra él.


De todo ello no ha extraído rédito alguno. Todo son castigos y, sin embargo, ha decidido continuar por esa línea, a sabiendas de que es inviable, como si lo único que pudiera permitirse es ganar cinco minutos más, buscar alguna trampa nueva, tratar de improvisar un penúltimo truco con la esperanza de contentar al invasor y, al mismo tiempo, fabricar un relato absurdo pero suficiente para mantener prietas sus tristes filas.


Aunque sea con mentiras tan obscenas como la perpetrada contra la Policía Nacional y la Inteligencia española, que no solo advirtieron de la invasión en marcha, sino que además podrían revertirla en 48 horas si tuvieran las órdenes oportunas: ellos solos, sin necesidad de un despliegue militar de tintes bélicos, desalojarían Ceuta en poco tiempo si de verdad Sánchez quisiera o le dejaran.


Esto último parece la clave de todo: por lo que sea, y hay indicios sólidos de cuál puede ser la razón, España tiene un presidente maniatado que no puede cumplir con su función constitucional, que es aplicar rápido y sin ambages la respuesta a una «violación de la integridad territorial», tal y como él mismo la definió en el único momento de lucidez y decencia que ha tenido en este asalto insoportable.


¿Por qué no lo hace? ¿Qué sabe Mohamed de él como para que Sánchez se inmole públicamente en su favor, se gane a pulso el título de traidor y no pueda extraer de todo ello ninguna ganancia política? ¿Por dónde le tienen pillado para que prefiera catalizar, al fin, una respuesta social masiva que ninguno de sus múltiples escándalos previos había logrado activar y ahora ya parece irreversible? ¿A qué tiene miedo como para que su mejor baza, ante las evidencias de su complicidad con un acto bélico, sea agredir a quienes intentaron ayudarle a prevenirlo y revocarlo?


Sánchez ha sido más duro con Felipe que con Mohamed, más sensible con los invasores que con los invadidos y más contundente contra nuestros policías que contra sus homólogos marroquíes, ejecutores de un plan que venía de palacio y palacio utiliza ahora para coronar la invasión con el desalojo definitivo de los ceutíes, de los melillenses y si se pudiera de los canarios.


Cuando uno prefiere pasar por un traidor es que la otra opción es aún peor. No hace falta saber la causa exacta para concluir que Pedro Sánchez trabaja para Marruecos, que es tan rehén de Mohamed como aquí de Otegi, Puigdemont y Junqueras y que, para salvarse de las consecuencias inevitables de su traición, solo puede intentar destruir definitivamente España. Un presidente decente ya hubiera accionado la respuesta a una acción hostil como esta: él ha preferido estar con los enemigos y, eso sí, que parezca un accidente.


El trágala de la financiación autonómica al gusto separatista
EDITORIAL. libertad digital. 5 Septiembre 2026


Se trata de un traje a medida para Cataluña con el que Sánchez paga a sus socios separatistas y que supone un paso más hacia la independencia.


El Gobierno de Pedro Sánchez sigue haciendo concesiones a los separatistas para apurar los últimos meses de legislatura. El Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) ha aprobado una reforma del modelo de financiación autonómica que es en esencia un traje a la medida de Cataluña con el que el Ejecutivo pretende satisfacer sus cuentas pendientes con ERC por su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez en 2023 y a la de Salvador Illa en la Generalidad un año después. En el fondo, la nueva financiación consiste en detraer más recursos del Estado a fin de satisfacer las ansias de los separatistas de destruir España.


Ni siquiera las dos comunidades autónomas regidas por el PSOE, Castilla La Mancha y Asturias, han dado su visto bueno a una propuesta urdida por el Gobierno con Oriol Junqueras, a espaldas de todas las comunidades autónomas menos la catalana y cuyo propósito es que los separatistas den un paso de gigante hacia la independencia.


Según las justificaciones del Ministerio de Economía y de la Generalidad, la nueva financiación es buena para todas las regiones ya que todas ganan y ninguna pierde. Solo le faltan al ministro Arcadi España tres cubiletes y enseñar la bolita, aunque la autoría intelectual corresponde al equipo de su antecesora, la infausta María Jesús Montero, y a la consejería de Economía catalana, que dirige Alícia Romero.


Que sea el ministro valenciano quien asuma ahora el hachazo se debe a la agenda electoral de la antedicha Montero, a la que presentarse en Andalucía con semejante propuesta le habría comportado un mayor castigo en las urnas del que ya recibió, muestra hasta qué punto se trata de una propuesta infumable y técnicamente desastrosa al margen de la carga política que implica romper la caja única para aplicar un principio de ordinalidad destinado como todo en este asunto a beneficiar a Cataluña.


Con esos mimbres, el Gobierno y la Generalidad aún insisten en las bondades de su propuesta, que contempla 20.975 millones de euros adicionales para las comunidades gracias a la cesión de un mayor porcentaje de la recaudación de IRPF e IVA. De todo ese dinero, casi 5.000 millones irán a parar a las arcas catalanas, lo que muestra el sesgo, la intención y el desequilibrio absoluto del nuevo modelo.


La Comunidad de Madrid ha decidido no validar con su presencia esta última cacicada. Sumada esa ausencia al voto en contra de todas las regiones, salvo Cataluña y Canarias, el nuevo modelo queda totalmente deslegitimado. Aun así, el Gobierno tramitará la propuesta para que sea validada por las Cortes, empeño abocado al fracaso salvo que a última hora Junts, que quiere más, decida cambiar de voto por las presiones internas de la política en Cataluña, donde el modelo se valora como un logro de ERC y el PSC que servirá para aumentar el gasto desbocado en la agenda secesionista de la Generalidad.


Poco le importa, por otra parte, al Gobierno y a la Generalidad la rotunda y masiva oposición de las regiones a su nuevo modelo. La reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera ha sido un puro paripé, puesto que el Gobierno solo necesitaba el voto de una sola comunidad para imponer el rodillo, dada su mayoría en el Consejo. De modo que los métodos antidemocráticos caracterizan una nueva acción del Gobierno en contra de la igualdad entre los españoles y de su derecho a recibir los mismos servicios en todo el territorio nacional.


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