Recortes de Prensa Lunes 28 Septiembre 2026
Rusia ataca otros dos centros de datos de compañías de telefonía e internet en Kiev
El ejército ruso ha golpeado últimamente instalaciones de transmisión y torres de televisión en el país vecino con el fin de dificultar las comunicaciones entre las diferentes estructuras estatales
Redacción. El Debate. 28 Septiembre 2026
El ejército ruso atacó este domingo otros dos centros de datos de compañías de telefonía e internet en Kiev en el marco de una campaña contra las telecomunicaciones del país vecino.
Los drones de asalto rusos golpearon hoy un centro de la compañía ucraniana Omega Telekom, una de las más importantes que suministran internet al ejército, y otro de la compañía Kievstar, informó el Ministerio de Defensa ruso en su parte vespertino.
Defensa ya informó esta mañana sobre el ataque perpetrado por sus aparatos no tripulados contra un centro de gestión de datos de la compañía telefónica Vodafone en la capital ucraniana.
El ejército ruso ha golpeado últimamente instalaciones de transmisión y torres de televisión en el país vecino con el fin de dificultar las comunicaciones entre las diferentes estructuras estatales.
Al menos 100.000 usuarios y nueve proveedores de internet en Kiev y en ciudades cercanas, entre ellos UTELS, Etherlink y MiroHost, informaron de perturbaciones después de que drones rusos dañaran varios centros de datos en la capital entre el 23 y el 24 de septiembre, según el Ministerio de Transformación Digital y las propias empresas afectadas.
Los ataques rusos contra centros de datos buscan «interrumpir el flujo de información» en el país, dijo tras los ataques el ministro de Exteriores ucraniano, Andrí Sibiga.
Starlink, en la mira de Moscú
A su vez, el Kremlin advirtió este domingo que el empleo de la red satelital Starlink del magnate estadounidense Elon Musk para golpear objetivos en la retaguardia rusa «sería un paso fatídico, potencialmente peligroso e imprudente»
El presidente finlandés, Alexander Stubb, propuso a Musk autorizar a Kiev que utilice su servicio de internet por satélite para atacar instalaciones en la retaguardia profunda rusa, en particular para destruir los sistemas de misiles balísticos que tanto daño están haciendo en Ucrania en las últimas semanas.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, aseguró el sábado ante la Asamblea General de Naciones Unidas que Rusia lucha en el país vecino «por la verdad y la justicia» y que «los objetivos de la operación militar especial se alcanzarán y las amenazas a la seguridad de Rusia será eliminadas y la vida civil se restablecerá».
A su vez, acusó a Europa de «hacer todo lo posible para obstaculizar el arreglo pacífico y torpedear la posibilidad de negociaciones en las que hay muchos interesados, entre ellos, la Administración (del presidente de EE.UU., Donald) Trump».
El presidente ruso, Vladímir Putin, que ha intensificado en las últimas semanas los bombardeos contra Ucrania, aseguró el viernes que los ataques de Kiev durante las recientes elecciones legislativas alejan la reanudación de las negociaciones tripartitas estancadas desde febrero.
Oleshki, la ciudad ucraniana donde el hambre se abre paso entre las minas
Unos 6.000 civiles siguen atrapados bajo ocupación rusa sin alimentos, agua ni servicios básicos, mientras Kiev reclama un corredor seguro para evacuarlos
Rostyslav Averchuk. Leópolis. la razon. 28 Septiembre 2026
Hasta seis miles de ucranianos se enfrentan al hambre, a la falta de servicios básicos y al riesgo constante de muerte en la ciudad ocupada por Rusia de Oleshki, mientras Kiev pide en vano a Moscú que permita una evacuación segura con la asistencia de organizaciones internacionales. "La gente come plantas silvestres, maleza y lo poco que consigue cultivar ella misma", cuenta a LA RAZÓN Oksana Pogomi, voluntaria civil con base en Jersón que mantiene contacto con familias separadas por la ocupación. "No pueden marcharse porque los rusos los utilizan como escudo humano. Y simplemente no les importa lo que les ocurra".
La situación sigue deteriorándose en la zona, donde las últimas entregas de alimentos se produjeron en primavera y donde los duelos aéreos entre drones y los campos de minas convierten cualquier intento de escape en una lotería mortal. Oleshki, que antes era una tranquila ciudad de 24.000 habitantes situada entre la frondosa vegetación de la orilla oriental del río Dniéper, en el sur de Ucrania, se convirtió en una trampa mortal para sus residentes tras la llegada de las tropas rusas en marzo de 2022, que pronto la transformaron en una base para ataques con drones y artillería contra el cercano centro regional de Jersón.
Los edificios civiles como armas
Los locales que permanecen en la ciudad y pueblos cercanos, estimados en unos seis mil, se han quedado sin electricidad, gas, agua y calefacción desde que se destruyó la presa de Kajovka en 2023. El número de víctimas de la inundación catastrófica sigue siendo desconocido; los testigos afirman que los cuerpos flotaron durante días sin que las autoridades instaladas por Rusia organizaran ningún esfuerzo de rescate.
Actualmente, los cadáveres se acumulan en los sótanos del hospital local mientras casi todos los edificios yacen en ruinas. Los rusos utilizan edificios civiles para lanzar ataques contra Jersón y se esconden en ellos, por lo que las fuerzas ucranianas se ven obligadas a responder lo mejor que pueden. "Los enemigos operan desde casas particulares y bloques de apartamentos, intentan permanecer cerca de los civiles porque saben que en ese caso no podemos actuar contra ellos", explica un residente de Oleshki que huyó de la ciudad en 2022 y se unió a la 34.ª Brigada de Infantería de Marina de Ucrania.
Muchos de los que se quedan son ancianos y enfermos. Algunos han muerto en sus casas sin que nadie pudiera ayudarles. Los locales permanecen en lo que queda de sus hogares por miedo a morir. Con todas las tiendas y farmacias cerradas, el hambre empuja a algunos a buscar comida caminando kilómetros hasta las aldeas cercanas. Sin embargo, cada uno de esos desplazamientos puede convertirse en un viaje sin retorno.
La ciudad se encuentra rodeada de campos de minas
Dado que Oleshki está tan cerca de las posiciones ucranianas, la ciudad está rodeada de amplios campos de minas, mientras que los drones rusos también atacan a algunos transeúntes, aparentemente como entrenamiento para sus operadores y por temor a posibles incursiones ucranianas, según Pogomi. Los supervivientes han empezado a comer perros, según Tetiana Gasanenko, la jefa de la administración local que opera en territorio controlado por Ucrania. Pero algunas personas, como Alla Lijman-Malish, se quedan precisamente para cuidar de las mascotas abandonadas.
"¿Cómo voy a dejarlos? No hay forma de que pueda marcharme con todos ellos", dijo en un mensaje enviado a través de una conexión móvil esporádica que llega a Oleshki desde la orilla opuesta. Lijman-Malish experimenta con recetas que aprovechan la escasa comida disponible y afirma que el estado de ánimo es "de pánico y cercano al suicidio", porque algunos apenas pueden resistir mirar a los ojos de los dependientes que siempre tienen hambre.
"Sería más fácil operar si los civiles se fueran"
Los militares ucranianos aseguran que ayudan a entregar alimentos en la ciudad con drones e intentan guiar a los locales para que salgan de la zona, aunque pocos lo logran: "Sería mucho más fácil para nosotros operar si los civiles se fueran", subrayan los soldados. En la desesperación, algunos vecinos intentan salir por su cuenta a través de los campos de minas.
Pero muchos temen enfrentarse a los controles en los puestos de control rusos ante las frecuentes detenciones, especialmente de quienes sirvieron en el ejército ucraniano o tienen familiares en él. Muchos carecen de cualquier documento, que se perdió en las inundaciones o en los incendios, explica Pogomi.
La única esperanza es una evacuación segura que detenga los combates en la zona y garantice una salida segura para los locales. Ucrania y la Cruz Roja están preparadas, pero es Moscú quien debe autorizarla tras meses de peticiones.
"La comunidad internacional debe movilizar todos los instrumentos disponibles para llegar a la población de Oleshki, entregar asistencia humanitaria y garantizar la evacuación segura de quienes deseen marcharse", afirmó el ministro de Asuntos Exteriores, Andri Sibiga.
De Cibeles a Moncloa
Agapito
Maestre. libertad digital. 28 Septiembre 2026
La Segunda Marcha por la Dignidad en defensa de España, organizada por la plataforma Sociedad Civil Española con el respaldo del PP y Vox, debería llamarse manifestación por la normalidad, porque todo en este país funciona a trancas y barrancas. Todo parece fuera de sitio. No hay una sola idea clara y distinta. Todo está inundado por la ideología, el engaño y la mentira. El sanchismo ha conseguido infectar de esa mala baba todos los vínculos que unen a los españoles de bien. La malicia sanchunera corroe todo lo que toca, empezando por el corazón y la razón de la Oposición hasta terminar por el vaciamiento emancipador de todas las instituciones democráticas, pasando por la imposibilidad de formar una opinión pública política digna de una democracia liberal: nada puede quedar al margen de la crítica ciudadana. No hay absolutos en la democracia. Todo es susceptible de crítica.
Sin embargo, hoy parece casi imposible conformar una corriente de opinión más o menos objetiva sin caer en ideología. Por ejemplo, uno escribe que el Rey está secuestrado por Sánchez y puede ser tildado fácilmente de antimonárquico. Empezamos a tener miedo hasta de decir que Núñez Feijóo es demasiado tibio. Tengo la sensación de que el sanchismo ha penetrado en el alma de los mejores. Los cerebros mejor dotados de España mimetizan, naturalmente, sin saberlo el odio que proyecta el discurso y la acción del Gobierno de Sánchez. Ojalá me equivoque. En todo caso, para detener esta perversa ideología merecía la pena que este sábado saliésemos a las calles de Madrid en protesta contra el Gobierno más autoritario de Europa. Millones de españoles fetén, o sea, no nacionalizados de la noche a la mañana por Sánchez, consideramos que sobrevivimos con dignidad a un Gobierno, que no deja un solo día de crear tensiones pugnaces en todos los ámbitos de la vida pública y privada, gracias al ejercicio cívico de este tipo de protesta.
Miles son los motivos concretos que justificaban esta marcha: elecciones generales ya, la situación trágica de Ceuta, los casos judiciales que afectan al entorno de Sánchez, corrupción, Ley de Nietos, etcétera, etcétera. A todos esos motivos, añadiría una "sinrazón", o mejor dicho, se trata de combatir lo declarado por Elma Saiz el 22 de septiembre de 2026; en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la portavoz del Gobierno dijo textualmente: "Como Gobierno transmitimos y confiamos en que un jurado ecuánime hará justicia, y en este caso hacer justicia es declarar a Begoña Gómez inocente". Lo repitió dos veces, ante dos preguntas distintas de la prensa. Esto no es un escándalo. Es algo peor: una portavoz del Gobierno pidiendo explícitamente, antes de que exista juicio, que el jurado popular declare "inocente" a la esposa del presidente, es un ataque frontal al poder judicial. ¡Injerencia indebida!
Todo eso ha llevado a muchos creadores de opinión nacionales y extranjeros a descalificar al Gobierno sanchista como autoritario, o peor, totalitario, puesto que hay pocas instituciones, especialmente en los ámbitos del Derecho y el Saber, que no hayan sido devoradas por el Ejecutivo. La politización permanente de la intimidad de los españoles, la irracionalidad que fomenta en todas sus acciones, ha sido calificada de criminal. En este contexto donde reina la ideología, frente a las ideas y la genuina política basada en el consenso, es menester que destacemos y promovamos las coincidencias, estimulemos la racionalización de los saberes políticos, interioricemos la vida afectiva y no caigamos en lo que criticamos, el odio a las ideas. La sustitución de la perversidad ideológica, basada en las tensiones violentas del sanchismo, por las ideas rigurosas y concretas, en fin, por la normalidad es el objetivo último de esta Segunda Marcha por la Dignidad.
Ceuta y los nuevos Riánsares
Jesús Cacho. Vozpópuli. 28 Septiembre 2026
Sería falso afirmar que lo ocurrido en Ceuta no ha producido un fuerte impacto emocional en la conciencia de los españoles, pero conviene matizar. El futuro de Ceuta, como el de Melilla, se la trae al pairo a esos millones de votantes que siguen férreamente asidos a los faldones del populismo de extrema izquierda que encarna Pedro Sánchez, sus socios de Sumar y sus apoyos separatistas. Sí le importa a ese centro derecha que hoy constituye, a tenor de las encuestas y como ocurre en gran parte de los países de la UE, la mayoría de la población española. Pero frente a la distinción clásica entre izquierda y derecha, hay una clase cuyo silencio sigue retumbando 60 días después de la invasión de la ciudad autónoma. Es la que forman los ricos españoles. Es el silencio de nuestra elite empresarial y financiera. Nadie puede dudar ya que si Sánchez volviera a ganar en el 27, la España que hemos conocido, la que conocieron nuestros padres y abuelos, desaparecería para siempre por el vertedero de esa Confederación de Republiquetas Socialistas Ibéricas que persigue el bellaco para apalancarse sine die en el poder. A nadie se le oculta que la nación se encuentra hoy en un punto crítico, y que España va a vivir los que probablemente sean los 10 meses más importantes de su historia reciente. Pero empresarios y banqueros siguen callados, haciendo negocios, ganando dinero como nunca la mayor parte de ellos. Siguen escondidos, como reclamando que nadie se fije en ellos, que nadie les señale con el dedo, que nadie ponga en evidencia esa responsabilidad suya no asumida.
Podemos coincidir en que la gravedad del momento no es un drama exclusivo de España. Francia, Alemania, Gran Bretaña, entre otros, son ejemplo de países importantes sumidos en crisis que parecen terminales, una situación que tiene mucho que ver con la pavorosa devaluación de las elites políticas ocurrida en Europa de las últimas décadas. Nuestro vecino del norte, por ejemplo, tiene problemas de enorme gravedad, condenado como parece a sufrir una crisis de deuda a corto plazo que podría poner en jaque al euro y provocar incluso un enfrentamiento civil. Pero, a diferencia de España, en Francia sigue habiendo una elite muy consciente de la gravedad del momento que vive el país, una elite intelectual de honda tradición, algo de lo que carece España, que denuncia las miserias de unos políticos incapaces de hallar una salida al atolladero galo, y una elite empresarial potente que también se revela contra lo que está ocurriendo. Tomemos el caso del hombre más rico de Francia, Bernard Arnault, presidente y director ejecutivo del conglomerado de lujo LVMH (Moët Hennessy, Louis Vuitton, etc.) con una fortuna estimada en más de 120.000 millones de euros. Arnault no vive escondido en su torre de marfil, sino que se muestra dispuesto a poner en evidencia la iniquidad de unos políticos acostumbrados a mirarse el ombligo, siempre prestos para el asalto al poder (¡cerca de una decena de candidatos al Eliseo en las presidenciales del 2027, solo entre el espectro de centro derecha!). El capo de Grupo LVMH viene desde hace tiempo denunciando la creciente injerencia del Estado en la gestión de las empresas privadas, una intromisión que “perturba la toma de decisiones estratégicas, debilita la competitividad y rompe la dinámica económica". Para Arnault, la decisión del Ejecutivo Macron de impedir las inversiones en Estados Unidos como respuesta a los aranceles de Trump es una “profunda estupidez”. El millonario galo, en fin, viene insistiendo casi con desesperación en la necesidad de reducir la carga impositiva que soportan particulares y empresas, lo que implicaría una profunda revisión del gasto público, condición sine qua non para aliviar la situación del déficit y, por ende, la agobiante presión de la deuda pública francesa.
Tomemos el caso de Amancio Ortega, el hombre más rico de España y uno de los más ricos del mundo, con una fortuna equiparable si no superior a la de Arnault (entre 110.000 y 148.000 millones de euros). Pero frente a la exposición pública del galo, el silencio de Ortega en los asuntos españoles no puede resultar más atronador. Desde luego que estamos ante un modelo de éxito empresarial worldwide, un hombre hecho así mismo desde una modesta tienda textil en La Coruña. Un español que ha creado miles de puestos de trabajo y que paga cuantiosos impuestos, desplegando además una labor de beneficencia desde su Fundación digna de encomio. Particularmente elogiable es su negativa de siempre a pisar la moqueta del poder político en Madrid para medrar, al contrario de lo que han hecho tantas fortunas del capitalismo castizo madrileño. Pero ahí acaba todo. Y no debería ser así. El dueño de Inditex ni ha expresado opinión sobre lo ocurrido en Ceuta, el drama/trauma español de nuestro tiempo, ni lo va a hacer. Es como si su responsabilidad de hombre más rico de España acabará en los muros exteriores de la factoría de Arteixo. Es cierto que reclamar el ejercicio de responsabilidad que le compete dada su posición sería pedir demasiado a quien empezó a hacerse rico vendiendo batas de señora en una mercería, pero en su silencio, en su desapego de los problemas del país, Ortega encarna como pocos el drama de una clase que ha abdicado de su responsabilidad para con España, tragedia tanto más importante, más sangrante, cuanto que aquí no hay clase política (meras sabandijas adheridas a la cúpula de los partidos, que no podrían buscarse la vida fuera de ella), que aquí la única clase que merece tal nombre es la empresarial: la única que dispone de verdadero poder, el poder del dinero.
O el de Ana Botín (Ana Patricia Botín-Sanz de Sautuola y O'Shea), presidenta de uno de los mayores bancos de la UE y sin duda la mujer con más poder en España de lejos. Ella no es una más de esos altos ejecutivos, muchos procedentes de los McKinsey de turno, gente lista que se ha encaramado a la cúpula de las empresas y las dirigen como si fueran sus dueños, cuando en realidad no pasan de ser meros ejecutivos pagados a precio de oro. Ana Botín es una empresaria banquera, una mujer que participa en el capital del banco que preside. Pero su silencio sobre lo ocurrido en Ceuta es tan estruendoso como el de Amancio Ortega. Durante los primeros años de Sánchez en Moncloa, Ana Botín pareció fascinada por la arquitectura física de un botarate adornado con los rasgos del psicópata clásico (“Dime la verdad, fulana -le dijo a una joven periodista de un diario digital que en 2017 fue a entrevistarlo a la sede de Ferraz- ¿a que soy guapo? ¿a que tú me encuentras atractivo?”). Ana fue una de las primeras en apuntarse a las “performances” que organizaba un sujeto siempre dispuesto a abanicar la desbocada vanidad de su ego. Ana compró del sanchismo buena parte del material teórico, entreverado con lo woke, que nos ha traído hasta aquí, en particular todo lo que atañe al feminismo. Pero Ana, como Saulo, cayó del caballo cuando conoció de primera mano la catadura del personaje. Otra gente ha tardado bastante más en descubrirlo. Es el caso de José Bogas, ex CEO de Endesa, que en abril de este año, cuando los amos italianos de la eléctrica decidieron descabalgarlo del cargo, llamó a Sánchez pidiendo árnica. Bogas se había posicionado en favor de las políticas energéticas del Ejecutivo, mostrándose partidario incluso del cierre de las nucleares, pero cuando le necesitó, Sánchez le dio con la puerta en las narices. No le atendió. Si no le importa ni su mujer, mucho menos tendría que importarle un ejecutivo caído en desgracia. El caso es que Ana lleva ya tiempo refugiada en el exterior, en un intento por pasar desapercibida en España, sumergida en la red de intereses de un grupo bancario cada día más potente y que acaba de adquirir una entidad como el Webster en USA.
Su padre no se escondió. Su padre no se desentendió. Cuando con motivo de la crisis financiera de 2008, alguien insinuó, o más bien insistió, ante Emilio Botín Sanz-de Sautuola y Ríos en la necesidad de llevar la sede social de banco al extranjero, posiblemente a Gran Bretaña, Botín respondió sin dudarlo que el Santander era un banco español y que la sede no se iba a mover de España. Ana Botín no ha dicho una palabra sobre la invasión de Ceuta y la traición de Pedro Sánchez a los intereses de la nación. Todos siguen teniendo miedo al bandolero que nos preside. Todos prefieren seguir callados y no significarse, no vaya a resultar que el autócrata decida imitar la célebre frase del tirano Chávez y su “exprópiese” (ahora quieren expropiar el edificio del que ha sido desalojada una señora que ha pasado 70 años viviendo del momio de una renta antigua, mientras que como secretaria de dirección de la multinacional farmacéutica Lilly ganaba un sueldo espléndido que le hubiera permitido comprarse cómodamente el piso de marras). Es el virus de la falta de responsabilidad individual que aqueja a esta sociedad infantilizada y fácilmente manipulable que ha decidido comprarse un perro. El país lleva varios años sin Presupuestos, situación que no parece importar a nuestros ricos. Nada han dicho al respecto y nada dijeron de los intentos del Gobierno Sánchez de asaltar las empresas del Ibex, sus propias empresas. Nada argumentaron contra la nacionalización en su día de Telefónica o de Indra, o sobre el frustrado intento de Sánchez-Illa por tomar al asalto la Fundación Caixa, en realidad el verdadero (y único) fondo soberano español. Todos callados. Pánico a hablar, miedo a significarse.
A lo más que ha llegado Ana Botín ha sido a empotrar a Alejandra Kindelan, presidente de la AEB (una ex empleada del Santander que debe su nombramiento en el Asociación Española de Banca a Ana Botín, ergo es una mujer de Ana Botín) en la comitiva de CEOE que el 9 de septiembre visitó la ciudad autónoma. Nuestros grandes banqueros y empresarios se esconden bajo las faldas de CEOE, donde su responsabilidad individual queda diluida hasta casi desaparecer. CEOE, con su presidente, Antonio Garamendi (403.000 euros brutos año), a la cabeza, es un buen ejemplo de la extraña connivencia mostrada durante años por nuestra elite empresarial con un régimen enemigo de la libre empresa como el sanchismo. Tal vez la razón resida en lo que ayer mismo decía aquí Jordi Sevilla: “Los beneficios empresariales, la Bolsa y los activos inmobiliarios han experimentado un fuerte incremento desde 2018, cosa que no ha ocurrido con los salarios reales. A quien más ha beneficiado este Gobierno ha sido a los ricos”. Particularmente lamentable es el desempeño de los banqueros. Ninguno ha aparecido por Ceuta. Aparte de la citada Botín, ni Carlos Torres (BBVA), ni Tomás Muniesa (CaixaBank), ni Pepe Oliu (Sabadell), se han dejado ver por una ciudad acosada y dejada de la mano de Dios por un Gobierno traidor. Isidro Fainé bastante tiene con resistir en el fortín de la Fundación el permanente asedio del socialismo catalán, con esa especie de monjita seglar apellidada Illa al frente de la tropa gangsteril. Llamativa la situación de Torres, presidente del segundo gran banco español, una entidad que bajo su mando parece haberse desentendido voluntariamente de los problemas del país, a pesar de hacer buena parte de su negocio en ese mismo país. También Torres se tornó solícito con el Gobierno Sánchez, al que roció con lisonjas con ocasión de la OPA sobre el Sabadell en espera de que Moncloa inclinara de su lado el fiel de la balanza. Pero como ocurriera con Bogas, toda la saliva gastada por Torres en elogios a Moncloa y sus políticas resultó baldía. El sátrapa no entiende de amigos.
Quien sí ha dado la cara por Ceuta ha sido Juan Roig, presidente y primer propietario de Mercadona, que se plantó en la ciudad autónoma en los primeros días del asalto, arriesgando ciertamente mucho, para dar ánimos al personal de su grupo allí y enviar un mensaje de solidaridad a los ceutíes. También ha expresado claramente su apoyo a Ceuta Antonio Huertas, capo de Mapfre, aunque sin viajar a la ciudad. Hay otros que lo han hecho sin cortarse un pelo pero en privado, lo cual tiene bastante menos valor, caso, entre otros, de la familia Riberas (Gestamp), de Ismael Clemente (Merlin Properties), o el mismísimo Ignacio Sánchez Galán, presidente de una de las mayores compañías eléctricas el mundo, un tipo que, como Rafael del Pino (otra gran fortuna española, dueña de Ferrovial) parece cada día más resuelto a hacer su vida lejos del ambiente hostil de un Gobierno enemigo de la iniciativa privada y escasamente “friendly” con los negocios. No merece demasiado la pena aludir al nada ejemplar papel que en las últimas décadas vienen jugando en nuestra economía las empresas constructoras, entre otras de servicios, y las grandes fortunas de la construcción, siempre parapetadas tras el fútil argumento del corsé de prudencia que impone en control de la tarifa por parte del Gobierno de turno. Particularmente lamentable el desempeño de Florentino Pérez, presidente de ACS, a quien su entorno ha llevado a Ceuta del ronzal tras el comportamiento de varios jugadores del Real Madrid, pero sobre todo ante la necesidad de neutralizar la iniciativa de Vicente Boluda jr. (hijo del presidente de Boluda Corporación Marítima), aspirante a la presidencia del club blanco y promotor del lema “Todos somos caballas”.
Nada nuevo, con todo, en el silencio de nuestra elites empresariales. El miedo a hablar, el temor a significarse, la falsa prudencia que impide emitir opinión en público, es quizá una de las herencias más letales del franquismo, un lastre que la democracia no ha conseguido extirpar. Sobre las razones que explican la ausencia en España de una auténtica clase empresarial capitalista (la ausencia paralela de grandes familias de editores clásicos es a su vez responsable de la debilidad de nuestros medios de comunicación) se ha escrito bastante, citándose entre ellas la llegada tardía del desarrollo, la presencia profundamente perturbadora del caciquismo y la corrupción (muchos de nuestros empresarios de hoy son los nuevos Riánsares, epígonos de aquel Fernando Muñoz, duque de Riánsares y marido morganático y secreto de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que pasó de simple guardia de corps de la reina regente a hombre más rico de la España de su tiempo), y la simbiosis inextricable entre dinero y poder político, los negocios a la sombra de Palacio, el llamado “capitalismo de amiguetes”. Algo tendrán que hacer España y los españoles, algún día, para lograr pasar de nuestro clásico capitalismo castizo a otro más limpio y menos corrupto, más abierto a la libre competencia y más respetuoso con la ley. César Molinas, en su Qué hacer con España: Del capitalismo de amiguetes al capitalismo serio (Ediciones Destino) ha explicado la receta con maestría. Yo me quedo con una de las medidas que propone: asegurar la independencia de los organismos reguladores frente al control político directo, obligar a nuestra clase política, a derecha e izquierda, a sacar las manos de los organismos de regulación y control, forzarle a perder esa importantísima parcela de poder, algo que sin duda redundaría no solo en beneficio de la actividad empresarial sino de la propia salud de nuestra democracia. Todo un reto para un eventual futuro Gobierno de coalición.
Iustitia Europa declara la guerra al régimen del 78: "Se acabaron los aforamientos y los políticos intocables"
Luis María Pardo anuncia en ESpolítica que su formación concurrirá a las próximas elecciones generales por Madrid. Propone eliminar los aforamientos, limitar la carrera política a dos legislaturas y cambiar el sistema de elección del Poder Judicial.
Luis Sordo. esdiario. 28 Septiembre 2026
Luis María Pardo quiere llevar a las urnas la batalla que Iustitia Europa ha librado hasta ahora en los tribunales. En una entrevista con ESpolítica, el presidente de la formación ha confirmado que concurrirá a las próximas elecciones generales por Madrid y ha presentado un programa con un objetivo: acabar con los privilegios políticos que, a su juicio, han sobrevivido durante décadas bajo el régimen del 78.
"Durante 50 años han estado contándonos una milonga los unos y los otros", ha afirmado Pardo. Su diagnóstico apunta a las cúpulas de los partidos, a las que responsabiliza de haber ocupado las instituciones y de bloquear las reformas que necesita España. Por eso plantea suprimir los aforamientos y las inmunidades de los políticos, retirar las subvenciones públicas a los partidos y permitir que los ciudadanos elijan directamente al presidente del Gobierno.
Dos legislaturas y vuelta a la vida civil
Pardo quiere que ningún político pueda encadenar cargos durante décadas. Su propuesta fija un máximo de dos legislaturas en toda la vida pública, aunque se desempeñen funciones distintas en el Congreso o el Senado. "Se viene, se hace el servicio y se retorna a tu vida anterior", ha defendido.
El programa incluye también una reforma constitucional para introducir referéndums que permitan a los ciudadanos proponer la derogación de leyes mediante una recogida de firmas. Para Pardo, esa participación directa es una forma de quitar poder a las direcciones de los partidos y devolvérselo a los votantes.
El Poder Judicial, en el centro de la reforma
La formación quiere cambiar además la elección del Consejo General del Poder Judicial. Pardo sostiene que jueces y fiscales deben elegir a la mayoría de sus miembros, en lugar de depender de los acuerdos entre los grandes partidos. También propone reformar la Fiscalía para reforzar su independencia respecto del Gobierno.
"No funciona el Consejo General del Poder Judicial cuando está politizado por parte de las cúpulas de los partidos políticos", ha señalado. A esa reforma institucional añade una demanda de más jueces, fiscales, letrados y funcionarios para reducir la duración de los procedimientos judiciales. Pardo también ha reclamado revisar el actual modelo policial y la distribución de efectivos entre la Guardia Civil y la Policía Nacional.
Madrid será la primera prueba
Iustitia Europa centrará su estreno en unas generales en la circunscripción de Madrid. Pardo ha descartado concurrir a las elecciones municipales y ha dejado abierta la posibilidad de presentarse a las autonómicas si coinciden con la convocatoria nacional.
Sobre las expectativas electorales, Pardo ha citado una encuesta realizada a finales de julio que, según ha explicado en la entrevista, atribuía a su formación cerca del 11 % de intención de voto en Madrid. El dirigente interpreta ese dato como una señal de que su proyecto puede atraer votantes de distintos partidos. Su primera prueba real, sin embargo, llegará cuando los madrileños acudan a las urnas y decidan si sus propuestas de reforma obtienen representación en el Congreso.
La
izquierda desquiciada y el rearme de España
Pedro
de Tena. libertad digital. 28 Septiembre 2026
Hace ya años que sospecho que el principal problema de la izquierda española es su desquiciamiento. Podríamos remontarnos a sus años fundacionales y hallaríamos argumentos, pero no es menester. Que desde sus orígenes se siente en posesión de la verdad absoluta, de la virtud total y, por tanto, se cree con derecho a exterminar, física y políticamente, a sus adversarios por la presunción, infundada y falsada repetidamente, de estar en el lado correcto de la historia, es algo evidente.
En los chistes sobre locos que contábamos de niños, se destacaba el aspecto ilusorio de quienes vivían en un desvarío. Eso era el loco para nosotros. El que no reconocía los hechos reales y actuaba disparatadamente estaba loco. Lo resume el chiste de quien llega a un manicomio y lo recibe un interno. Le pregunta por su nombre y el loco responde: "Napoleón". "Tú estás loco —le dice el portero fuera de quicio—, Napoleón soy yo".
Ahora que vemos la reedición impostada del movimiento de los indignados del 15-M acampando en la Puerta del Sol bajo el despacho de Isabel Díaz Ayuso y junto al Ayuntamiento de Madrid —no en Moncloa ni en el Ministerio de la Vivienda—, no tenemos más remedio que certificar que la izquierda vive un síndrome del eterno retorno hacia fórmulas y conductas anómalas que hace mucho fueron desacreditadas por la testarudez de los hechos.
Aquello no fue otra cosa que la excitación planeada del descontento de algunos grupos ciudadanos, muchos de buena fe, que finalmente fueron ocupados y devorados por los nuevos comunistas de Podemos tras eliminar a todos los demás rivales. El final es bien conocido: cargazos y altos sueldos, chalés traidores a los pisos de Vallecas, tenebrosas demasías sexuales, alianza con las dictaduras más asesinas del mundo y sumen y sigan.
Ahora se trata de Maricarmen, una anciana favorecida por un privilegio franquista que ha consentido ser utilizada por la fiebre izquierdista, sin razón legal ni razón moral, no contra quienes durante ocho años no han resuelto la situación —todos los gobiernos de Pedro Sánchez desde 2018—, sino mayormente contra el PP. Y hablan de expropiación, incluso. Como Hugo Chávez. Es demasiado zafio.
Y ya que están, se trata de matar dos pájaros de un tiro, ocultando una invasión con otra. La invasión de Ceuta, perpetrada por Marruecos con la necesaria complicidad de Pedro Sánchez, ha dejado no solo sin vivienda segura sino también sin vida civil, sin derechos y sin libertades, a más de 80.000 caballas sin que ninguno de estos nuevos invasores socialcomunistas haya tenido ni un detalle. Pero ahora Maricarmen, dijeron todos. Ya no se habla tanto de Ceuta. Ni de la corrupción sanchista. La claridad de su intención es repugnante.
¿Cuál es el problema? Que todas estas operaciones salen bien, o medio bien, cuando sus pretensiones reales permanecen ocultas y no se advierten. Pero con Pedro Sánchez, su Gobierno y sus exgobiernos, los propósitos son evidentes, cristalinos, transparentes. Les quedan unos meses de gobierno. Si no logran revertir la marea española por el cambio moral y político, por encima ya de los 200 escaños con la bendición incluso de una izquierda cabal, tendrán la tentación de pinchar la pelota democrática y acabar con el juego.
Pero he ahí el prodigio de las reacciones, algo sabido en física. España como nación se está rearmando. Para mostrar la importancia de la reacción, pondré un ejemplo europeo, ahora que León XIV ha celebrado Misa sobre el suelo en el que se instalaron las guillotinas —las portátiles iban a provincias— con ausencia del fantoche de Macron. Hasta los musulmanes franceses se dan cuenta de que la incesante intrusión del Islam está despertando la reacción católica de Francia, y, por extensión, la de Europa.
Textualmente: "Me pongo triste cuando veo todo este fervor alrededor del catolicismo, lo venía prediciendo desde hace años y tengo la impresión de ser un agente de la CIA que asiste impotente al regreso de la Unión Soviética. En 45 años, Francia volverá a ser católica y no nos quedará más que llorar con los ojos. Soy un buen jugador, sin embargo, los católicos están mucho mejor organizados y son más determinados que nosotros los musulmanes e incluso que los sionistas; hay que saber reconocer la fuerza de la internacional católica. Los católicos estadounidenses ahora van a inundar el mundo con su soft power, en detrimento tanto de la hegemonía espiritual musulmana en Europa Occidental como del lobby sionista".
Es un mensaje de Miséricorde pour l'Humanité France, una entidad musulmana que se presenta como estudiosa del catolicismo para fomentar el diálogo interreligioso. Los crecientes bautismos de adultos y adolescentes, la llegada del Papa estadounidense que está expandiendo el catolicismo de EEUU por el mundo —y por el Vaticano— y la propia visita del Papa a Francia encierran, para ella, el contenido de una reacción imparable contra el Islam barato y violento.
No somos conscientes, o no del todo, de la reacción nacional española que se está produciendo desde hace años, ya perceptible en millones de personas, y a la que solo falta la expresión política, cultural y moral. Tras el ataque a Ceuta y la farsa de Maricarmen, entre otras muchas corrosiones y corrupciones, hay un movimiento nacional en marcha, como en Francia, y en otros países.
No es vuelta atrás sino situarse frente a un desquiciamiento que está suicidando a Europa.
Hablando en español
Rafael
López-Alonso Santibáñez. el debate. 28 Septiembre 2026
Se pongan como se pongan los usuarios de los escurridizos eufemismos derivados, básicamente, de complejos políticos, es más lógico decir español que castellano y desde luego mucho más decir España a España que decirle «este país»
Sé que es asunto manido y cansino y ya polémica vieja, pero no por ello menos vigente ni indigno de defensa.
Oí contar hace ya muchos años al académico y nobel Cela, que en una ocasión estando él en Lanzarote hablando con un nativo, al preguntarle Cela en qué lengua hablaba habitualmente, le contestó este: «Yo, don Camilo, hablo en español porque ¿ sabe usted ?, los canarios no sabemos pronunciar el castellano». Ahí está. Respuesta definitiva, en mi opinión, y brillantemente aclaratoria para los dubitativos y aún los fervientes defensores del uso del término «castellano» hablando de nuestro idioma, por el del español.
Seiscientos millones de hispanohablantes en más de veinte países tienen miles de giros, tonos, localismos, acentuaciones, entonaciones y expresiones unidas todas ellas por el español porque, como es sabido ( y según el criterio del mismo Cela ) el castellano es el culto y limpio español que se habla en Castilla. Ese es el gran matiz diferencial. Por eso el nativo de Orense, cuando no habla gallego, habla español, el indio azteca si no habla en náhuatl, habla en español y el anciano de Manila, si no habla el tagalo, habla en español. Delibes, por poner un ejemplo, castellano de Valladolid, hablaba y escribía en castellano ( tal vez el español más culto ) y también en español, pero más en castellano, porque eso era el ilustrísimo y brillante escritor, para mayor abundamiento de su excelencia en el uso de la lengua española.
A mí me parece que el empeño con el que muchos se rasgan las vestiduras y fingen indignación cuando oyen llamar español al que ellos llaman castellano lo hacen básicamente por evitar la aproximación a la palabra España, cosa a la que tienen, por supuesto, el mismo derecho que yo a criticarlo. La RAE recomienda «español» como denominación internacional, global, y aunque ya sabemos que en España se hablan otros idiomas y dialectos –todos respetabilísimos, no faltaba más– creo más apropiado y natural y desde luego más lógico, el uso del término «español». Pienso que en uso legítimo de la antonomasia, llamarle así es mucho más natural que, aún pudiendo hacerse y siendo correcto, llamarlo «castellano». Otra cosa son las fiebres políticas, las envidias irreprimibles y la negación de la evidencia (tercer grado de la borrachera, dicho sea de paso y sin ánimo de ofender). A mí me parece que en este asunto pasa algo similar que con la triste manía de referirse a España con el irrisorio circunloquio de «este país».
Se pongan como se pongan los usuarios de los escurridizos eufemismos derivados, básicamente, de complejos políticos, es más lógico decir español que castellano y desde luego mucho más decir España a España que decirle «este país». Otra cosa diferente son los escurridizos e insondables prejuicios de cada cual. Como dejó dicho el preclaro y nunca bien reconocido y ponderado Unamuno (y menos reconocido aún en su «matria» vascongada ) «allá cada uno con sus cadaunadas». Ahora , eso sí, España se llama España, no se llama «este país». Lo demás, palabrería.
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