Recortes de Prensa Martes 13 Octubre 2026

Ucrania, ante su invierno más oscuro: el plan de Putin para doblegar a Zelenski

Rusia quiere hacer inhabitables las grandes ciudades ucranianas y expulsar a sus ciudadanos atacando la infraestructura energética del país invadido

​Andrea Polidura. El Debate. 13 Octubre 2026


Se acerca el invierno y Ucrania ya se prepara para la peor fase de la invasión rusa de los últimos cuatro años. El autócrata ruso, Vladimir Putin, se ha autoimpuesto un objetivo: hacerse con el Donbás para 2027. Un objetivo poco realista, ya que las fuerzas ucranianas no solo resisten en la línea del frente, sino que, en una contraofensiva desplegada desde mayo y bautizada como Operación Vivaldi, han logrado recuperar más de 100 kilómetros cuadrados en Donetsk. La frustración de Putin se ha traducido en ataques masivos contra civiles y grandes urbes ucranianas. La última gran matanza tuvo como escenario Zaporiyia, donde un bombardeo ruso mató la semana pasada a 23 personas, cuatro de ellas menores.


Este patrón coincide con un documento del Kremlin, interceptado por Ucrania y divulgado por medios como The New York Times, en el que se esboza un plan para provocar el colapso del sistema energético ucraniano mediante ataques metódicos de cara al invierno. Según esta hoja de ruta, Moscú está preparado para lanzar una campaña de ataques en la que emplearía hasta 1.000 misiles, drones y bombas. Entre los objetivos de la ofensiva estarían las subestaciones eléctricas, las centrales hidroeléctricas y térmicas y las salas de calderas. El documento, fechado en agosto y escrito en ruso, describe tres fases diferentes.


En la primera, el Kremlin dejaría fuera de servicio las subestaciones situadas cerca de las fronteras occidentales de Ucrania, que importan electricidad de Europa. El segundo paso sería inutilizar las centrales hidroeléctricas. El último objetivo, y el más preocupante, sería desconectar las tres centrales nucleares en funcionamiento en el país invadido. Estas actúan como la columna vertebral de la infraestructura eléctrica ucraniana y, para lograr inutilizarlas, Rusia atacaría con misiles las subestaciones eléctricas que las conectan a la red, situadas a poco más de un kilómetro de los reactores. Un pequeño error podría provocar una catástrofe nuclear.


Con todo esto, Putin busca eliminar casi 15 gigavatios de capacidad de generación, la misma cantidad de la que disponía Ucrania a finales del verano. Kiev sospechaba que esta campaña empezaría con las primeras heladas, pero parece que el Kremlin ha adelantado sus planes ante su incapacidad para lograr avances en el frente. A finales de septiembre, una lluvia de misiles y drones se abalanzó contra una gran central térmica y otras instalaciones energéticas, sacudiendo Kiev. Desde entonces, la capital ucraniana sufre a diario bombardeos no solo contra este tipo de infraestructuras, sino también contra barrios residenciales. Este mes de octubre, Rusia también ha incorporado a su campaña los ataques contra los puentes que conectan las dos orillas de Kiev sobre el río Dniéper.


La intención es clara. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, lleva meses advirtiendo de que el Kremlin quiere hacer inhabitables las grandes ciudades del país y expulsar a sus ciudadanos. Moscú está logrando poner contra las cuerdas a la capital, donde, incluso antes de la llegada del invierno, se registran apagones, cortes de agua e interrupciones en el transporte público. Según los planes rusos interceptados por la Inteligencia ucraniana, los objetivos prioritarios de Moscú son Kiev, Járkov y Odesa, con planes para recortar el suministro eléctrico en esas ciudades en un 90 %, reducir el suministro de calefacción en la misma proporción y perturbar gravemente el sistema de alcantarillado.


Para evitar este escenario, las autoridades ucranianas han invertido cientos de millones de euros en reparar centrales eléctricas y subestaciones, así como en instalar instalaciones energéticas más pequeñas, como turbinas de gas, que son más difíciles de atacar. También han reforzado la red eléctrica para que resista la alta demanda en épocas de frío y redirija la energía cuando los ataques dejen fuera de servicio las líneas de transmisión. Rusia aplica el mismo patrón todos los inviernos. Sin embargo, esta ocasión es diferente, ya que afronta una nueva campaña con una amplia reserva de misiles balísticos y drones propulsados por reactores, más difíciles de interceptar por las defensas antiaéreas ucranianas. Pero los problemas no acaban aquí para Zelenski.


La semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó un acuerdo con Putin para que Rusia libere miles de barriles de diésel en los mercados mundiales, engrasando así la maquinaria bélica del Kremlin. A este pacto le siguió la reclamación del republicano de la sustitución de Zelenski como presidente y el anuncio de una supuesta «tregua energética» de la que ni Kiev ni Moscú tenían constancia. El ucraniano aceptó dejar de atacar las refinerías rusas pero, y como lleva reclamando meses, solo si Putin pone fin a sus ataques contra la infraestructura energética. El Kremlin, sin embargo, ha mantenido sus ataques contra instalaciones vitales en Ucrania.


Tan solo horas después de que Trump asegurara que ambas partes se habían comprometido a la tregua, las fuerzas rusas atacaron una planta energética en Kiev, además de bombardear otra instalación en Zhitómir, norte, y una central en Járkov. Zelenski ha denunciado unos 196 ataques rusos contra el sector eléctrico en la última semana, a los que hay que sumar otros 20 contra instalaciones de gas y petróleo, en los que al menos 153 civiles han muerto. Con todo, las masacres en Ucrania continúan y sus ciudadanos se preparan ya para el que amenaza con convertirse en el invierno más duro y cruento de estos cuatro años de invasión rusa.


El Supremo impide el chanchullo de Sánchez

Francisco Marhuenda. la razon. 13 Octubre 2026


Como era previsible, la izquierda política y mediática ha puesto el grito en el cielo tras conocerse que el Supremo mantiene las medidas cautelares previamente acordadas por las que se suspendía el derecho de voto a una parte de los nacionalizados por la llamada «ley de nietos». Por supuesto, no se han leído el auto de la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo y me temo que solo les interesará el voto discrepante de la magistrada Alicia Millán, aunque muchos sanchistas serán incapaces de entender ambos textos. La decisión tiene una enorme relevancia, como es evidente, y confirma que los magistrados ponen por delante la limpieza de las elecciones y la defensa del Estado de Derecho por encima de cualquier otra consideración.


Sánchez confía en Pumpido para que suspenda el proceso electoral o haga cualquier pirueta al servicio de su señor. Tras las tropelías que ha cometido desde que asumió la presidencia es capaz de cualquier cosa con tal de ser nombrado consejero permanente de Estado. Ha conseguido concitar el desprecio del mundo jurídico, salvo de una pequeña minoría de fanáticos al servicio de La Moncloa. Es sorprendente escuchar a Marlaska, otro lacayo jurídico, decir que «parece que el derecho al voto no es tan relevante para algunos».


El problema es que lo único relevante para él, al igual que sucede con Pumpido, es seguir en el cargo a cualquier precio o recibir algún chollo como pago a su servilismo. El derecho a voto es muy relevante, es el fundamento de la democracia, pero no lo es para aquellos que defienden el pucherazo de la «ley de nietos». Ninguna democracia aceptaría la incorporación de votantes de forma fraudulenta como sucede gracias a esta polémica disposición adicional y la instrucción de la hermana del ministro Puente.


Es curioso, también, como algunos han aprovechado para atacar al Supremo como si entrara en la campaña electoral, cuando lo único que ha hecho es cumplir sus funciones jurisdiccionales. Lo sucedido refleja también la desesperación de La Moncloa y sus aliados que confían en los votos de la «ley de nietos», movidos por los partidos y socios del Grupo de Puebla, para perpetrar el pucherazo electoral. A la espera de las tropelías de Conde-Pumpido, el auto es un triunfo del Estado de Derecho.


Rechaza el intento de «pucherazo» del Ejecutivo

El Tribunal Supremo da la razón a VOX, rechaza el recurso del Gobierno y ratifica que los nacionalizados por la ‘ley de nietos’ no podrán votar el 29-N

Agustín Benito. gaceta. 13 Octubre 2026


El Tribunal Supremo ha rechazado el recurso del Gobierno que pedía levantar la suspensión cautelar de la ‘ley de nietos’ —impuesta gracias a VOX— y ha señalado que no podrán votar los nacionalizados por esa vía en las elecciones generales del próximo 29 de noviembre.


Así lo ha acordado este lunes la Sala de lo Contencioso-Administrativo en dos autos que desestiman las alegaciones de la Abogacía del Estado contra la medida cautelar adoptada por el Supremo el pasado 10 de septiembre.


«Deberá estarse a lo acordado en el citado Auto, con indicación al Instituto Nacional de Estadística, del que depende orgánicamente la Oficina del Censo Electoral, que no puede inscribir en el Censo Electoral de Residentes Ausentes en el extranjero (CERA) a las personas que hayan obtenido la nacionalidad española de origen por el ejercicio del Derecho de opción previsto en la Disposición Adicional 8ª.1 Inciso primero de la Ley 20/2022, de 19 de octubre de Memoria Democrática y aún no hayan sido inscritas en el Censo Electoral por aplicación de la suspensión acordada en el citado auto», señalan.


Los magistrados añaden que, «igualmente, respecto de las personas que, habiendo obtenido la nacionalidad española de origen por el ejercicio del derecho de opción previsto en la Disposición Adicional 8ª.1 Inciso primero de la Ley 20/2022, de 19 de octubre de Memoria Democrática, hayan sido ya inscritas en el Censo Electoral de Residentes Ausentes en el extranjero, se mantiene la suspensión de sus efectos electorales en el proceso electoral convocado por el real Decreto 806/2026, de 5 de octubre, de elecciones a cortes generales».


«Ahora les será más difícil robar las elecciones. No se puede fabricar votantes de manera ilegítima e ilegal», ha manifestado el presidente de VOX, Santiago Abascal, que ha celebrado el gran triunfo de su formación en los tribunales. En la misma línea, el jefe de la delegación de VOX en el Parlamento Europeo, Jorge Buxadé, ha manifestado que «el Supremo ha hecho justicia». «No se puede aceptar una alteración del censo electoral», ha concluido.


Cuando toda España fue Ceuta

Juan Luis López Aranguren. ABC. 13 Octubre 2026


Decía Marx, glosando a Hegel, que la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa. España ha sufrido ampliamente ambas por una peligrosa ingenuidad instalada en su domesticada conciencia nacional: la creencia de que una nación solo puede ser invadida por medios convencionales. La historia se ha encargado de despertarnos dolorosamente de esta fantasía. Lo hizo en 1808 cuando la sangrienta invasión napoleónica se cobró la vida de medio millón de españoles, destruyó y robó gran parte de nuestro patrimonio nacional y liquidó definitivamente a España como potencia geopolítica global. Y lo está haciendo hoy con la guerra híbrida que Marruecos ha desatado sobre nuestro país con consecuencias todavía desconocidas. En ambas contiendas, las similitudes resultan sobrecogedoras.


En 1808, Napoleón rompió las dinámicas de la guerra convencional y violó las más elementales normas bélicas al atacar a traición y sin declaración previa a España, su aliada teórica, con la excusa de cruzar la península para castigar a Portugal por negarse a aplicar el bloqueo continental contra Gran Bretaña. En nuestra época, Marruecos ha empleado una calculada estrategia de guerra híbrida contra España, manteniendo el conflicto en una zona gris que le permita desestabilizar los enclaves españoles que ansía en su afán expansionista, pero sin pagar el alto coste de un enfrentamiento directo contra un rival que sigue siendo superior militarmente.


Si la formalidad deliberadamente ambigua de ambas contiendas fue similar, también lo es su articulación operativa, fundamentada en la explotación masiva del factor humano sobre el terreno. Napoleón transformó la demografía en poder militar al convertir los reclutamientos forzosos en el motor principal de su Gran Ejército, que llegó a movilizar a 600.000 soldados en 1812, un hito en la historia bélica europea. Marruecos, por su parte, ha convertido a su propia población empobrecida y lanzada a una huida desesperada en balas geopolíticas que disparar contra España, logrando instrumentalizar la emigración como la mejor arma en esta guerra híbrida. Estrategia que con tanto éxito aplicó Hasán II en la Marcha Verde sobre el Sahara Occidental y que aplica ahora su hijo, Mohamed VI, de forma repetida, sobre Ceuta y Melilla. Este desprecio del régimen magrebí respecto a sus propios ciudadanos queda de manifiesto en la cruel negativa a aceptar los cadáveres de las decenas de inmigrantes que murieron ahogados en las aguas del Tarajal, cuyos féretros tuvieron que dar la vuelta en la frontera. Los casquillos humanos no son de utilidad para Rabat.


Pero la más dolorosa similitud puede ser que las autoridades españolas, en ambos conflictos, parecen reducidas a meros títeres de las potencias agresoras. Fernando VII, ávido de una legitimidad interna de la que carecía tras el motín de Aranjuez, quiso buscarla en el exterior, y creyó ciegamente en las promesas napoleónicas de ser reconocido como monarca si cruzaba la frontera y se reunía con el militar corso en Bayona. Una vez allí, fue secuestrado junto a su padre, Carlos IV, y ambos obligados a abdicar de forma humillante en el hermano de Napoleón, José Bonaparte. Se consumaba así uno de los capítulos más vergonzosos de la historia española.


Sin embargo, aunque la cobardía como debilidad del alma sea atemporal, la forma de los barrotes no lo es, y estos pueden ser tanto físicos como digitales. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y varios de sus ministros, como Marlaska y Robles, sufrieron el robo masivo de información de sus móviles mediante el 'software' espía Pegasus entre 2020 y 2021.


Tanto entonces como ahora, la respuesta institucional coincide con la de quien ha abandonado ya cualquier sentido de Estado y solo busca salvarse un día más de una extorsión personal asfixiante. En 1808, mientras disfrutaba de suntuosos lujos en su prisión de oro y los españoles derramaban su sangre en una guerra contra el invasor francés, Fernando VII enviaba numerosas cartas de felicitación a Napoleón celebrando sus victorias y suplicándole ser adoptado en la familia Bonaparte con sonrojantes elogios como «doy al Emperador las gracias por las bondades que derrama sobre mí, siendo mi gran emulación ser un hijo adoptivo de Su Majestad el Emperador».


De forma dolorosamente similar, tras más de dos meses de invasión en el que más de 80.000 inmigrantes marroquíes han violado la integridad territorial de España, tal y como el propio Sánchez reconoció, con decenas de muertos y una ciudad española ansiada por Marruecos sitiada y colapsada todavía con miles de asaltantes, el presidente del Gobierno y varios de sus ministros han agradecido elogiosa y reiteradamente a Marruecos su «colaboración» en la gestión de esta crisis, apresurándose a exculpar a Rabat de cualquier responsabilidad estatal, mientras culpaban a las redes sociales, a los algoritmos, a Elon Musk, a Israel o a Rusia del ataque contra España. Igualmente, la única respuesta diplomática que este Gobierno ha dado no fue contra Marruecos, sino contra un país hermano y socio europeo, como es Italia, por su decisión de reintroducir controles migratorios tras el caos ceutí, decisión que parece hoy más justificada que nunca tras la detección por la Policía de varios yihadistas infiltrados entre los asaltantes.


Mientras Ceuta sigue padeciendo el caos intencionalmente provocado, las calles españolas se llenan de gritos de solidaridad con la ciudad atacada ante la inoperancia de nuestra clase dirigente y el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, redobla sus amenazas de anexionarse las dos ciudades autónomas. En contra de lo declarado por Marlaska, se ha filtrado un informe policial que alertaba con anterioridad al Gobierno de que agentes marroquíes estaban organizando la invasión migratoria sobre Ceuta.


Ante este trance histórico, si alguna lección nos ha enseñado la historia, tanto en 1808 como en la actualidad, es que la sumisión jamás ha saciado el apetito expansionista de un agresor; muy al contrario, solo sirve para espolearlo. Y, cuando un Estado renuncia a la disuasión frente a la guerra híbrida y adopta el servilismo como doctrina diplomática, el invasor ni siquiera necesita derribar murallas, pues le basta con esperar a que sus gobernantes le abran, dócilmente, las puertas desde dentro.


Auge y caída del Tribunal Constitucional

Juan Carlos Girauta. El Debate. 13 Octubre 2026


Conde Pumpido se considera la medida de la democracia. Así, a lo bestia. Criado en lo jurídico bajo el acogedor techo intelectual de Hans Kelsen, consideré un acierto de los constituyentes que hubieran optado por un órgano jurisdiccional ajeno al Poder Judicial y capaz de anular las normas contrarias a la Carta Magna. Función central pero no única de nuestro TC, como «legislador negativo» corregiría los eventuales desmanes de mayorías parlamentarias dadas al abuso, previsiblemente por disciplina a un partido cuyo jefe lo sería asimismo del Gobierno. Las fallas del modelo las detecté temprano. Con todo, en la discrepancia jurídica uno debe compaginar la forja de una opinión propia bien fundada con la prudencia de reconocer mejor conocimiento del Derecho a los que cumplen las condiciones del artículo 159.2 C78, resumida en ser jurista de reconocida competencia con más de quince años de ejercicio profesional. No porque hayan pasado el filtro de la cúpula de dos partidos, sino porque debemos un respeto al criterio del Congreso y del Senado cuando proponen cada uno a sus cuatro candidatos, y también al del CGPJ cuando propone a dos. Y venga, puesto que estamos visitando nuestra antigua ingenuidad, también al criterio del Gobierno cuando propone otros dos.


Ahora todo esto suena a broma pesada. Entiendo que la gente joven, o sin formación jurídica, se carcajee al saber que creíamos de verdad en las bondades de esa fórmula. Acepto que se mofen un rato de nosotros y nos acusen de cándidos. Pero hay que haber estado a finales de los años setenta en un aula de la entonces Universidad Central de Barcelona, atendiendo a un catedrático que era padre de la Constitución, para conocer el brillo fundador de nuestra democracia. Y uno estaba allí. Tardas muchos años en desprenderte de las convicciones kelsenianas. No sé por qué. Ciñéndonos al TC, ¿cómo no pensamos en lo que sucedería si de pronto el órgano estuviera ocupado por una mayoría de farsantes capaz de declarar constitucional una amnistía? La idea es aberrante para cualquiera que haya reflexionado un rato con la Constitución delante. Dos minutos, pongamos. ¿Cómo es posible que no nos preguntáramos qué sucedería si la mayoría del TC renunciaba a su función en pos de sectarismos ideológicos? ¿Cómo prever que el uso alternativo del Derecho pasaría de ser un debate interesante a una catástrofe institucional y política?


El jefe de la banda del TC responde ante otro jefe, el gran caco Sánchez, y solo aspira ya a tener un sueldo inmarcesible y bonito como miembro vitalicio del Consejo de Estado. Y a dejar bien colocado al hijo, que se las trae. No es que tenga polvo del camino en la toga, como dijo, es que la lleva colmada de zurullos. En su pérfida recta final se equipara a la democracia, el tío. Algunos sabemos que Conde Pumpido es incompatible con la democracia y que todo se va a recuperar. Menos aquella fe en Kelsen de cuando fuimos jóvenes idealistas.


FIESTA NACIONAL

“¡Pedro Sánchez, hijo de puta!” El socialista se esconde unos minutos en el coche pero acaba recibiendo un tremendo abucheo

El desfile militar del Día de la Fiesta Nacional vuelve a situar al presidente del Gobierno en el centro de la polémica, en una jornada marcada por la precampaña electoral y la tensión política tras el adelanto de las elecciones generales al 29 de noviembre

Cristina López Mantas. periodista digital. 13 Octubre 2026


12 de octubre: Sánchez vuelve a blindarse de los abucheos el Día de la Fiesta Nacional en plena precampaña

El desfile militar del 12 de octubre vuelve a convertirse en un escenario de tensión política para Pedro Sánchez. La celebración de la Fiesta Nacional, presidida por los Reyes en Madrid, coincide este año con una precampaña electoral especialmente intensa, en la que cada gesto, cada declaración y cada reacción pública adquieren una dimensión política añadida.


El presidente del Gobierno afronta la cita en un clima de fuerte polarización, con las elecciones generales anticipadas al 29 de noviembre y los principales partidos ya volcados en la batalla electoral. En este contexto, los abucheos e insultos dirigidos contra el líder socialista durante el desfile cobran una relevancia que trasciende el propio acto institucional.


Un 12-O marcado por la precampaña

La Fiesta Nacional reúne cada año a las principales autoridades del Estado y a miles de ciudadanos en las calles de Madrid. Sin embargo, la presencia de Sánchez suele venir acompañada de protestas de una parte del público, una circunstancia documentada en anteriores ediciones del desfile.


RTVE recogió, por ejemplo, los abucheos y gritos de «que te vote Txapote» dirigidos al presidente durante el desfile de 2023. También informó de protestas similares en las ediciones de 2021 y 2022. Este 2026 la imagen vuelve a repetirse, ‘escuchemos, música de viento’, comenta Xabier Fortes durante ese momento. Eso sí, el socialista trató de minimizar el golpe apurando unos minutos en el coche oficial aunque no sirvió de nada.


El precedente explica por qué la reacción del público vuelve a centrar parte de la atención política y mediática en una jornada que, institucionalmente, está dedicada al homenaje a la bandera y a las Fuerzas Armadas.


Una cita institucional convertida en termómetro político

La coincidencia entre el desfile y el inicio de la campaña electoral anticipada aumenta el valor político de cualquier protesta. Sánchez busca defender la gestión de su Gobierno y movilizar a sus votantes, mientras sus adversarios intentan convertir el descontento ciudadano en un argumento electoral.


El presidente ya había centrado parte de su discurso político reciente en cuestiones como la vivienda y la confrontación con el PP y Vox. Su participación en los actos del 12-O llega, por tanto, en un momento en el que la competición electoral domina la agenda política. El contexto electoral previo al desfile.


La Fiesta Nacional debería ser una jornada de representación institucional y reconocimiento a quienes sirven en las Fuerzas Armadas. Pero la elevada confrontación política española vuelve a situar al presidente en el centro de las reacciones de una parte del público.


Lo que nos jugamos: autocracia o democracia

Gorka Maneiro. Vozpópuli. 13 Octubre 2026


No son estas unas elecciones como cualesquiera otras que se hayan celebrado antes en el actual periodo democrático que disfrutamos desde la celebración de las primeras elecciones democráticas y la aprobación posterior de la Constitución Española. No son, como lo fueron todas las anteriores, una lucha más o menos encarnizada pero siempre democrática entre la derecha y la izquierda por gobernar España y aplicar sus legítimos principios políticos y sus legítimas propuestas recogidas antes en sus correspondientes programas electorales, solos o acompañados, como corresponde a una sociedad diversa y plural donde se entiende que existan diferentes opciones para resolver los problemas que afectan a la ciudadanía, todas respetables salvo las que defendieran el uso de la violencia para acabar con el adversario y lograr sus objetivos.


No. Tras ocho años de gobierno de Sánchez y su pretensión de seguir erosionando gravemente la convivencia entre españoles y los más básicos principios democráticos para perpetuarse en la Moncloa, lo que nos jugamos en estas elecciones del 29 de noviembre es la defensa de nuestro sistema democrático, hoy gravemente perjudicado tras el peor gobierno de la democracia, o insistir y, por tanto, legitimar, la senda autocrática iniciada por Sánchez y los compañeros de viaje que hoy lo acompañan bien sea por interés, por incapacidad o por maldad. Y quien no quiera o pueda verlo, tiene un serio problema.


Lo peor no son los tics autoritarios de los que Pedro Sánchez ha dado sobradas muestras a lo largo de, especialmente, la segunda de sus dos legislaturas, sino la multitud que lo anima a que persevere en sus propósitos. Porque la ciudadanía que lo apoya también es responsable. Tanto líderes políticos que ya han sido beneficiados o que pueden seguir siéndolo, como Rufián o Arnaldo Otegi, como periodistas de larga trayectoria en las filas de la extrema izquierda, juristas que pasan por ser constitucionalistas supuestos o imaginarios ciegos de sectarismo, sindicalistas que se ponen a su servicio, compañeros de viaje que no tienen dónde caerse muertos, tertulianos irreductibles o irredentos, tontos útiles… y parte de la ciudadanía… le piden que siga adelante en sus propósitos, fundamentalmente por una de estas dos razones o por ambas al mismo tiempo: porque su camino es el correcto y porque hay que parar a la derecha, convertida en enemiga y, por lo tanto, deslegitimada para gobernar España, por lo que todo vale para impedir que llegue a la Moncloa. Como se demostrará en cuanto llegue, momento a partir del cual tratarán de incendiar las calles.


Durante todo este tiempo, Sánchez y sus compañeros de viaje han cometido todo tipo de tropelías inimaginables antes, cuya reescritura ignoro si a estas alturas merece la pena o si ya la gente las tiene tatuadas a sangre y fuego o al menos interiorizadas en su subconsciente: desde los indultos o la ley de amnistía para quienes atentaron gravemente contra la democracia para lograr siete votos y su investidura hasta la colonización de todas las instituciones democráticas para ponerlas al servicio del socialismo orgánico y sus compinches, pasando por la politización de la Justicia, la colonización del Tribunal Constitucional, el uso de las empresas públicas para colocar a los suyos, las cesiones a los independentistas, las leyes de memoria histórica para dividir a los españoles, la ley de nietos para beneficiarse electoralmente… o las decenas de casos de corrupción política que afectan gravemente al entorno familiar y político de Sánchez, sin que semejantes escándalos hayan despeinado a los más sectarios de la clase, para quienes siempre es peor la derecha que está por llegar que la izquierda que ya sufrimos, por muy mala que esta sea, porque, al fin y al cabo, son "los nuestros".


Últimamente, sus amenazas al propio sistema democrático se han hecho más visibles y peligrosas, por mucho que despistados, ignorantes o interesados miren para otro lado, nos llamen apocalípticos o repitan que la peor amenaza es la extrema derecha, como si una hipotética amenaza pudiera borrar o hacer olvidar una amenaza real que ya ha tenido efectos perversos: por un lado, la negativa a presentar, año tras año, el proyecto de presupuestos, obligación constitucional que el sanchismo ha ignorado reiteradamente, o su decisión antidemocrática de gobernar vía decreto; por otro lado, sus declaraciones favorables a la alternancia política… siempre que la alternativa no la represente la derecha, en cuyo caso no debe permitirse bajo ningún concepto. En el pasado, Sánchez se mostró dispuesto a gobernar sin el parlamento y, más recientemente, lo ha hecho contra el Congreso, saltándose los más básicos procedimientos democráticos. Al parecer, según estas cabezas pensantes que sin embargo no piensan, hay que legislar según pidan unos cientos de acampados y despreciar lo que diga la sede de la soberanía nacional porque no refleja al pueblo, que siempre son ellos. Además, con fondos públicos han amenazado a policías, jueces y periodistas y señalado a particulares críticos con la Moncloa, para que obren como no les corresponde o para que no lo hagan como deben, o sea, para que actúen en beneficio del gobierno.


La okupación de la política

Mientras tanto, no se resuelve ni uno solo de los más graves problemas de los ciudadanos sino que se agravan todos: la falta de vivienda o su carestía, los sueldos bajos de la mayoría de los trabajadores, el encarecimiento de las hipotecas, la subida de los precios, el crecimiento de la desigualdad y la pobreza o la desconfianza de la ciudadanía en sus principales instituciones. Pero nada de ello se resolverá si no se resuelve el problema principal: la okupación de la política, respetable actividad humana, por parte de maleantes, interesados y aprovechados, que no tienen más principio que perpetuarse a sí mismos y su proyecto; son unos cuantos pero el principal es Pedro Sánchez, y por eso hay que echarlo democráticamente. Con su marcha, no se resolverán todos los problemas, desde luego, pero al menos se resolverá el que es el principal ahora. Y a quienes lleguen se les juzgará en función de las decisiones que tomen, como corresponde en una democracia digna de tal nombre.


Esto es lo que nos jugamos el 29 de noviembre: seguir dando pasos hacia la autocracia o recuperar nuestra democracia. Y que cada cual decida, pero que lo haga con conocimiento de causa, porque quizás no haya marcha atrás y entonces sólo nos quede arrepentirnos.


El problema económico que deja Sánchez en España
José María Rotellar. libertad digital. 13 Octubre 2026

Acosado por los presuntos casos de corrupción, por el fin del esperpento de una mayoría antinatura en el Congreso y bajo la base del populismo, el presidente Sánchez ha convocado elecciones para el domingo veintinueve de noviembre.


Aunque el Gobierno sigue con su discurso triunfalista sobre la economía, con sus datos de corto plazo impulsados por el gasto público y el incremento de población, curiosamente, desde hace algún trimestre, ahora que languidece la aportación del sector exterior, los datos parecen dar una sustitución perfecta de la merma en la aportación en el sector exterior con el aumento de la demanda nacional, con datos muy sorprendentes del consumo de los hogares y de la formación bruta de capital fijo cuando la tendencia de todos los indicadores es bajista, no alcista, especialmente en la inversión, que está siendo elevada, sorprendentemente al alza en los últimos trimestres. Esto lo ha repetido el INE ahora de nuevo, con variaciones en distintas rúbricas, unas hacia arriba que compensaban milimétricamente las que iban hacia abajo, ya que el agregado final no se movía.


Ese crecimiento no es robusto: la economía se sostiene en el corto plazo en una especie de huida hacia delante, espoleada por un gasto público de crecimiento exponencial, una deuda desorbitada y una financiación ilimitada gracias al respaldo tácito del Banco Central Europeo (BCE) con su herramienta antifragmentación.


Adicionalmente, el todavía buen comportamiento del turismo y, durante buena parte del año, una buena aportación a la economía del conjunto del sector exterior, han permitido que la economía haya mantenido cierto empuje. Es, por tanto, un crecimiento del corto plazo levantado sobre el acentuamiento de los desequilibrios estructurales que tiene la economía española. Fundamentalmente, el gasto público ha provocado este impulso temporal hacia arriba, que tendrá el recorrido que le dejen las reglas fiscales.


La inmensa mayoría de fondos de recuperación de la UE no se han canalizado al sector privado, con lo que, tras la financiación inicial, en lugar de movilizar inversión privada, tendrá que haber aportaciones de fondos públicos, que con el tiempo ya no estarán financiados por la UE, tensando el gasto. Por eso el Gobierno quiere ahora poner en marcha el anunciado falso fondo soberano, porque necesita el gasto para seguir manteniendo la anestesia del crecimiento del corto plazo.


Tampoco la financiación ilimitada fruto del respaldo del BCE podrá ser eterna, y cuando se retire se encarecerá el conjunto de la financiación, perjudicando a la economía productiva y tensando el presupuesto público por un mayor pago de intereses de la deuda. Con los hogares asfixiados por el incremento de precios y con empresas y familias que han visto encarecerse su financiación, parece difícil entender que la demanda interna vaya a ser la que sustituya a la externa de forma estructural, como vemos en la reciente revisión del INE, de manera asombrosa. El reflejo del mercado laboral tampoco es bueno estructuralmente: cae la productividad por puesto de trabajo a tiempo completo y la productividad por hora efectivamente trabajada.


Crecimiento a corto sobre un empeoramiento estructural acentuado, que nos lleva en una dirección que no puede acabar bien. Se rasgarán las vestiduras algunos por decirlo, pero son los mismos que negaban que la inflación se fuese a enroscar en la economía. Son los mismos que negaban que hubiese poca inversión en el mantenimiento de las infraestructuras. Son los mismos que negaron la crisis de 2007. El camino que lleva la economía española ni es sano ni es sostenible.


Ahora bien, ese espejismo del corto plazo, con los artificios que han ocultado el deterioro estructural de la economía española, se va disipando, las costuras de ese traje no aguantan mucho más y la triste realidad se va imponiendo.


Así, contamos con una revisión a la baja del PIB de 2025, último año cerrado, que aunque estadísticamente sirve para sostener el crecimiento de 2026, no deja de mostrar la ralentización de la economía.


Adicionalmente, la inversión extranjera huye de España debido a la inseguridad jurídica generada por la política económica del Gobierno, dejando de recibir 15.000 millones de euros respecto al IITR-2018.


El empleo sigue precario, con una elevada tasa de paro, mucho absentismo, desincentivos para trabajar y una concatenación de contratos indefinidos debido al artificio creado al obligar a transformar los temporales en indefinidos. Pese a la recaudación extraordinaria por la inflación, el déficit no desciende lo suficiente y se incrementa estructuralmente, al consolidar gastos con ingresos pasajeros. Todo lleva a que la deuda se mueve hacia los 1,8 billones de euros.


Los impuestos asfixian a las familias y a las empresas, con altos incrementos en las cargas del trabajo. En 2018, el trabajador medio soportaba aproximadamente 5.122 euros entre IRPF y cotizaciones sociales. En 2025, esa cifra alcanza los 7.046 euros. Es decir, un incremento de 1.924 euros anuales, equivalente a un aumento del 37,6%.


Ello lleva a que el salario neto medio en términos constantes, como ya he contado en estas páginas, baje de 2018 a 2025.


Por eso, el PIB per capita retrocede posiciones al compararlo con la media de la UE, porque nos hacemos más pobres. Este empobrecimiento será más intenso -ya lo está siendo- con el empuje de los precios, que rozan el 5% en septiembre de 2026 y que muestran una fuerte tendencia alcista. Esto puede terminar de ahogar a muchas familias y empresas.


En definitiva, la economía española ha estado -y está- sostenida por el gasto público y la acumulación de población de baja cualificación que empobrece la economía, cuyo endeudamiento enorme provoca un efecto expulsión de la inversión privada, a la que también ahuyenta la creciente inseguridad jurídica creada por el Gobierno.


Ese espejismo está empezando a disiparse y a mostrar la realidad: una economía menos productiva, más dependiente del gasto público, más asfixiada por impuestos, más endeudada y con la tenaza de la inflación impactando negativamente. El castillo falso de naipes que había construido el Gobierno en el corto plazo empieza a desvanecerse y va dejando ver el desastre que deja el Gobierno, también en materia económica. El nuevo Gobierno tendrá mucho trabajo por delante, trabajo que deberá impulsar reformas profundas para derogar el sanchismo.


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El profesor Javier Barraycoa desmonta mitos independentistas

Separatistas: Las 10 grandes mentiras del nacionalismo catalán

Manuel Trujillo. periodista digital. 13 Octubre 2026


El vicerrector de la barcelonesa Universidad Abad Oliva CEU, Javier Barraycoa (Barcelona, 1963), es un personaje incómodo para el denominado ‘oasis catalán‘.


Su discurso y sus conocimientos ponen en entredicho el consenso creado en torno al nacionalismo e impuesto a la sociedad desde el poder político.


Prueba de ello es la anécdota con la que comienza su libro Historias ocultadas del nacionalismo catalán:


Discutí con unos nacionalistas catalanes sobre los orígenes, cuando se dieron cuenta de que sabía más historia que ellos, me dijeron: ‘no te engañes, el nacionalismo catalán nada tiene que ver con la Historia, es simplemente una decisión de querer ser lo que queremos ser’.


Su libro se titula ‘Cataluña Hispana‘ (LibrosLibres) y estas son, muy resumidas, las 10 grandes mentiras del nacionalismo catalán, que pone en evidencia:


1- Existe un sustrato étnico catalán

Catalanistas como Prat de la Riba o el historiador Ferran Soldevila, insistían en un sustrato ibérico que compondría el fundamento étnico del pueblo catalán. Pero el historiador Vicens Vives afirma en su «Noticia de Catalunya», publicado en catalán durante el franquismo: «Somos fruto de diversas levaduras y una buena parte del país pertenece a una biología y a una cultura de mestizaje. No remontándonos más allá de la época carolingia sabemos que el núcleo de nuestra población campesina la formaban los «homines undenque vinientes», es decir, «los hombres que venían de cualquier parte».

2-El mal de Cataluña es el centralismo madrileño

Barcelona fue una de las sedes de la Corte de los Reyes Católicos o la ciudad de España donde más cómodo se sintió Carlos I. En ella recibió el título de Emperador. El Arzobispado de Tarragona obtuvo el título de Primado de las Españas y aún lo mantiene compartido con el Primado de Toledo. La construcción de un Estado jacobino en el siglo XIX impidió que el Estado español se forjara al estilo francés. La ausencia de una administración fuerte permitió que Cataluña dedicara sus esfuerzos a enriquecerse e intentar liderar el Gobierno español.

3- Cataluña fue una «nación» gracias a la negativa de Borrell II de rendir pleitesía al rey franco Hugo Capeto

El imperio Carolingio se desmoronaba y le costaba mantener su influencia sobre los Condes de Barcelona. Sin embargo, el Conde Borrell II no proclamó la independencia sino que se sometió en vasallaje al Califato de Córdoba, regido por Alhaquem. Su sucesor, Almanzor, arrasó media Península y de paso Barcelona. Borrell II, atemorizado, pidió ayuda a Hugo Capeto. Debían encontrarse ambos personajes para que Borrell II le rindiera vasallaje, pero ese encuentro nunca se produjo. Los nacionalistas interpretan que aquello fue un acto de independencia. Pero nadie sabe lo que pasó. Los Condes catalanes no tuvieron reparo en casar su descendencia con la aristocracia y la realeza castellana.

4- La Generalitat es originalmente catalana

La Generalitat fue una institución provisional de la Corona de Aragón, instituida en las Cortes de Monzón en 1289. En el Palacio de la Generalitat se puede ver una placa que anuncia que se fundó en Cervera en 1359. Este desfase en el tiempo se refiere a unos acuerdos sobre la composición (provisional) de la Generalitat, concebida como mero órgano recaudador de impuestos. La constitución política de la Generalitat se debe al primer Trastámara que ocupó la Corona de Aragón: Fernando I. Los Trastámara llegaron a ser algo en el Reino de Castilla gracias a los apoyos de Pedro IV de Aragón.


5- Cataluña ha tenido una espiritualidad diferente

El centro espiritual de Cataluña rara vez fue independiente. Gracias a los Reyes Católicos, Montserrat pasó a depender del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid, llegando a florecer como nunca. Durante cuatro siglos, hasta las persecuciones del siglo XIX, Montserrat estuvo llevada por mayoritariamente por monjes castellanos. El más famoso fue García Ximénez de Cisneros (hermano del famoso Cardenal) que ahí redactó «El exercitatorio de la vida espiritual».

6- Los catalanes no participaron en la Conquista y el «genocidio» americano

Algunos nacionalistas se empeñan en que sólo gracias a los catalanes se pudo iniciar la conquista de América; otros se quejan de que no se dejó participar a los catalanes. Cataluña participó, a su ritmo, en la conquista de América. Desde el batallón de voluntarios catalanes que participaron en el descubrimiento de California, al Tercio de Miñones catalanes que defendió Buenos Aires del intento de invasión inglesa, hay miles de ejemplos.

7- «Nación» catalana nada tiene que ver con «nación» española

En los dietarios de la ciudad de Barcelona, se recogía en 1492 las celebraciones «más grandes jamás vistas» con motivo de la toma de Granada, en la que participaron numerosos catalanes. En la sublevación de las Alpujarras miles de catalanes participaron en su sofoco. De ellos Don Juan de Austria dijo que eran «los súbditos más leales del Rey de España». La participación catalana fue clave en la Batalla de Lepanto o en el dominio hispano del Mediterráneo. De los 400 primeros legionarios de Millán Astray, 200 provenían de Barcelona; en 1909, Alfonso XIII pidió varias letras para el himno de España al catalán Eduardo Marquina; durante la Guerra de Melilla en 1893, en la que participaron muchos voluntarios catalanes, hubo en Cataluña fervor españolista.

8- Castilla oprimió la lengua catalana y el nacionalismo la salvó

La mayoría de disposiciones legales contra el catalán emanaron de miembros de la masonería. Para ellos el castellano debía ser la lengua modernizadora a imagen del francés que había liquidado buena parte las lenguas que se hablaban en Francia. La lista es inequívoca: el Conde de Aranda, el Conde de Floridablanca, Manuel Godoy, Manuel José Quintana, Mendizábal, Claudio Moyano, OŽDonell, Sagasta o Romanones. No fue Castilla, sino una elite ilustrada, liberal y de izquierdas la que fue generando leyes y decretos para minimizar las otras lenguas españolas. Por el contrario, el falso «renacimiento» del catalán, se logró con la práctica «invención» de una gramática a manos de Pompeyo Fabra.

9- Companys fue un modelo para todos los catalanistas

La memoria histórica de Companys se ha salvado por su trágica muerte que le convirtió en un mártir para los catalanistas. Sin embargo, fue uno de los personajes (en vida) más odiado por los catalanistas más radicales. Un diputado de ERC, durante la II República, Puig y Ferreter, lo define así: «Companys era pequeño, voluble, caprichoso, inseguro y fluctuante, sin ningún pensamiento político, intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender». Otro diputado de ERC, Joan Solé Pla, lo describía así: «Es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta». En 1917, al ser elegido concejal por Barcelona, del Partido Radical, Companys obligó al catalanista Carrasco y Formiguera, también elegido concejal a gritar un «Viva España».

10- El fin del catalanismo radical ha sido siempre la independencia

En el primer número de «Alerta», órgano del grupo terrorista Terra Lliure, se dejaba claro que la independencia no era un fin en sí misma, sino un instrumento para construir un Estado socialista. La caída del muro de Berlín borró de un plumazo este hito socialista y la independencia dejó de ser un medio para convertirse en un fin.


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