Recortes de Prensa Viernes 23 Octubre 2026


Rusia bombardea Kiev tras abrirse a reiniciar las negociaciones: "Así se ve su humanidad"

Moscú asegura haber bombardeado la planta aeronáutica Antonov y el puente Sur de Kiev, además de atacar el puerto de Kilia y alcanzar un buque con destino a Chornomorsk

Rostyslav Averchuk. Leópolis. la razon. 23 Octubre 2026


Las conversaciones entre el representante de Donald Trump, Steve Witkoff, y el presidente ruso Vladimir Putin fueron seguidas de inmediato por un brutal ataque aéreo sobre la capital ucraniana y otras 12 regiones, mientras los ucranianos se estremecían ante los elogios de Witkoff hacia Putin, a quien calificó de "humanista" el miércoles. "Tres oleadas de ataques balísticos fueron lanzadas por los "humanistas" rusos sobre Kiev desde la noche (entre el miércoles y el jueves)", subrayó el presidente Volodimir Zelenski en su publicación en redes sociales este jueves, tras el lanzamiento de 21 misiles y al menos 210 drones de largo alcance que apuntaron a zonas densamente pobladas.


El ataque causó al menos dos muertos y 34 heridos. Dañó viviendas ordinarias, infraestructuras energéticas, ferroviarias y del metro, centros comerciales y empresas. La zona cercana al emblemático monasterio de las Cuevas de Kiev (Lavra) resultó afectada por misiles de munición de racimo. Estos misiles explotan en el aire cerca del objetivo y siembran todo el entorno en un diámetro de 400 metros con pequeñas bombas y metralla, subrayó Zelenski, destacando que esto refleja la intención deliberada de Rusia de maximizar el daño a la población civil.


"Fueron los minutos más aterradores de mi vida"

Cuando los primeros cuatro misiles balísticos impactaron cerca de su casa, la reconocida periodista ucraniana Nastia Stanko se encontraba en el pasillo de su edificio de apartamentos con sus dos hijos, de 5 y 1 año. "Durante una breve pausa corrimos hacia el sótano (el refugio antiaéreo), pero la onda expansiva había bloqueado la puerta de entrada. Fueron los minutos más aterradores de mi vida", relató Stanko, añadiendo que "así es como se ve la 'humanidad' de Putin".


Un ataque de este tipo, lanzado inmediatamente después de sus conversaciones con el representante estadounidense, significa que "no hay un cambio real en la actitud de Rusia hacia lo que está ocurriendo" y que "no está dando pasos que puedan indicar un genuino deseo de detener la guerra", subrayó Zelenski. "La política de apaciguamiento, la servidumbre y la adulación no detendrán esta guerra", señaló el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, mientras Kiev se negó a guardar silencio ante el enfoque de la Administración de Donald Trump hacia Putin.


"Está claro que aliviar la presión sobre Rusia por parte de algunos socios solo convence a Putin de que sus objetivos parecen alcanzables. Se necesitan otras señales, otros pasos más firmes", subrayó también Zelenski, mientras los ataques con drones rusos continuaban sin pausa en gran parte del país, matando a dos e hiriendo a 34 en un mercado en Lozova, en el este.


170 instalaciones energéticas ucranianas han sido golpeadas en los últimos 11 días

Aunque muchos de sus drones y misiles fueron interceptados, Rusia golpeó 170 instalaciones energéticas en los últimos 11 días, afirmó Zelenski. Moscú ha definido sus prioridades para las próximas semanas de terror aéreo y está aprovechando la ralentización en el suministro de munición para la defensa aérea por parte de los socios, señaló también el presidente ucraniano, en medio de las lentas entregas de misiles para los Patriot de fabricación estadounidense.


Estados Unidos está molesto con Ucrania, que se negó a rendirse, después de que Washington recortara la mayor parte de su apoyo directo a Kiev tras la llegada de Trump al poder a principios de 2025, escribe el analista militar Mikola Bielieskov. Trump no puede detener abiertamente el apoyo que sigue prestando a través de los mecanismos financiados por Europa, señaló. Sin embargo, Washington continúa presionando a Kiev al retrasar suministros cruciales y limitar otros apoyos, como en el caso de internet por satélite Starlink.


"Las negociaciones de paz de Trump ya han pasado a la historia como los años más mortíferos para la población civil de Ucrania desde el inicio de la invasión a gran escala", señaló también Oleksandra Matviichuk, defensora de los derechos humanos ucraniana y laureada con el Premio Nobel de la Paz en 2022.


Hay que votar PP o Vox

Sergio Fidalgo. okdiario. 23 Octubre 2026


Ahora es el momento de votar al PP o a Vox, o a Vox o al PP. Que cada uno escoja su opción en función del programa que mejor se ajuste a su forma de pensar y a sus principios. Pero, por el bien de España, es necesario un cambio profundo que sólo estos dos partidos pueden llevar a cabo. Votar a otras opciones, que no dudo que puedan estar bien intencionadas, sólo beneficia a un Pedro Sánchez que va a intentar mantenerse en La Moncloa a cualquier precio, incluso dando foco mediático a formaciones muy alejadas de su propio ideario, pero que considera que pueden servirle para dividir el voto del centroderecha.


En un momento de emergencia nacional como el que vivimos, hay que concentrar los apoyos en aquellos partidos que serán capaces de afrontar los tremendos retos que nos esperan. Después de ocho años de desmontar las instituciones desde dentro y de colonizarlas para desnaturalizarlas, no podemos andarnos con medias tintas. Después de un Gobierno que ha puesto la maquinaria del Estado al servicio de sus principales aliados, entre ellos los separatistas y los populistas que cuestionan los fundamentos de la democracia liberal, no podemos ser tibios ni mirar hacia otro lado. Es el momento de tomar partido y actuar con determinación.


Después de un Gobierno que ha deteriorado nuestro prestigio internacional, que se ha convertido en el felpudo de Marruecos y que ha debilitado nuestras alianzas occidentales mientras estrechaba sus vínculos con China, no podemos tener dudas sobre la necesidad de un cambio de rumbo. Las únicas alternativas de Estado con posibilidades reales de reconstruir nuestra patria y recuperar el prestigio de unas instituciones carcomidas por el populismo de extrema izquierda y el separatismo son Vox y PP, o PP y Vox. Está claro que son dos partidos diferentes y que, cuando gobiernen juntos, es posible que tengan discrepancias. Es lógico que así sea, porque representan proyectos políticos distintos. Pero ambos tienen claro que, por encima de sus diferencias, está el interés de los españoles. Y ahora toca desalojar democráticamente al sanchismo del poder y reconstruir la nación. Ese es el objetivo prioritario.


El sanchismo no es solo un Pedro Sánchez soberbio que ha demostrado despreciar a una parte muy importante de los españoles. Es toda una arquitectura institucional puesta al servicio de quienes pretenden que España se convierta en una especie de confederación de pueblos ibéricos, debilitada y a merced de quienes cuestionan su unidad y su papel en Occidente. España no es un ente vacío que reúne a supuestas naciones oprimidas, sino una de las naciones más antiguas e importantes del mundo, con una historia, una cultura y unos valores que debemos preservar. España tiene que seguir siendo una nación unida, libre y respetada, capaz de defender sus intereses y de contribuir al futuro de las democracias occidentales.


Por eso hemos de votar a quienes creen en nuestro país, en su unidad y en la defensa de nuestros valores. Y, además, debemos hacerlo con sentido práctico: apoyando a las formaciones que tienen posibilidades reales de conseguir escaños para contribuir a formar una mayoría suficiente en el Congreso de los Diputados. Porque no basta con tener razón o con compartir determinados principios; también hay que traducirlos en representación parlamentaria y en capacidad de gobernar. Todo lo que no sea apoyar al PP o a Vox, en las actuales circunstancias, puede facilitar que el sanchismo siga en el poder, prolongando unas políticas que son perjudiciales para nuestro país y para nuestras libertades cívicas.


No es momento de dudar ni de mercadear con el voto. Tampoco de anteponer las diferencias entre quienes comparten el objetivo de propiciar un cambio político a la necesidad de hacerlo posible. Ha llegado la hora de la verdad. Los españoles que creemos en la democracia, en la libertad y en España como una nación de ciudadanos libres e iguales tenemos que movilizarnos y acudir a las urnas con la responsabilidad que exige este momento histórico. Les espero el 29 de noviembre en las urnas. Es el momento de sumar, de dejar a un lado los cálculos partidistas y de construir la mayoría necesaria para acabar con esta pesadilla hecha Gobierno Frankenstein. España necesita un cambio, y ese cambio empieza con el voto de cada uno de nosotros.


Al PP ni harto de mojitos

Nota del Editor. 23 Octubre 2026


Hay que ser masoqusta crónico sin arreglo para votar al PP de las traiciones y de los abandonos.

Y si quiere sufrir un poco en su perfil español hablante, dése una vuelta por el entramado público en Galicia.


Los zurdos son los nuevos nazis

Liberal Enfurruñada. 23 Octubre 2026


El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán o NSDAP, de Hitler, no era solamente socialista y obrerista de nombre, sino que incorporaba estas ideas en los 25 puntos de su programa fundacional y muchas de ellas las implementó cuando se hizo con el poder. Además de ser tan antisemita como los zurdos actuales, el Partido Nazi se definía como anticapitalista y también estaba en contra del liberalismo y del conservadurismo de la época. Por ejemplo, los nazis de entonces proponían la nacionalización de los grandes conglomerados empresariales y la confiscación de sus beneficios, en los que debían participar los trabajadores, así como planteaban la abolición de los ingresos no derivados del trabajo y una amplia reforma agraria con confiscación de tierras sin compensación para su reparto entre los obreros, subordinando siempre los intereses privados al interés colectivo mediante la intervención de la economía, dirigiendo inversiones y fijando precios; medidas que podría firmar cualquier zurdo de ahora.


Hitler competía por el voto obrero con otros socialistas, como los socialdemócratas y los marxistas, presentándose como el verdadero representante de los trabajadores alemanes. La diferencia entre ellos estaba en su consideración nacionalista frente al internacionalismo de los otros socialistas y en que, mientras unos pretendían abolir la burguesía mediante la lucha de clases, los otros aspiraban a unir todas las clases en una comunidad nacional. Al igual que los zurdos actuales, los nazis de Hitler eran socialistas, antisemitas, violentos, autoritarios y estaban cargados de odio contra los que no compartían su ideología.


En todo el mundo estamos viendo cómo los zurdos se manifiestan siempre bajo la bandera antisemita actual, que es la de Palestina. Están a favor del holocausto de judíos perpetrado el 7 de octubre de 2023, cuando unos 6.000 palestinos entraron en Israel desde Gaza a sangre y fuego, degollando bebés, violando y torturando a niñas y mujeres y quemando vivos a ancianos. Con el respaldo de los zurdos, ese día asesinaron a 1.200 personas inocentes y se llevaron secuestrados 44 cadáveres y 207 personas con vida, de las que asesinaron a otras 41. Cuando, después de la masacre, volvieron a Gaza cargados de cadáveres y rehenes, fueron recibidos como héroes por una inmensa mayoría del resto de palestinos. Desde entonces, la bandera de Palestina con la que se manifiestan los zurdos es la bandera de Hamás y señala el antisemitismo de todos los que la enarbolan, que son los nuevos nazis.


Al igual que los zurdos actuales, los viejos nazis tampoco permitían que nadie les criticase y usaban la violencia para tapar las bocas que trataban de expresar ideas diferentes a las suyas. Hoy vemos cómo, por toda Europa, los zurdos se manifiestan violentamente ante la expectativa de que quienes no piensan como ellos les arrebaten en breve el poder que hasta hoy han tenido. La vivienda, la educación y la sanidad son solo la excusa; ni siquiera tratan de esconder ni disimular su verdadero objetivo, que no es otro que imponer su ideología zurda por la fuerza. Acuden a los mítines de otros partidos legales y democráticos para intentar evitar que se expresen con libertad. Invaden las universidades donde se van a dar conferencias en las que se exponen ideas distintas a las suyas para impedirlo violentamente. Igual que los viejos nazis hacían hogueras para presumir de cómo quemaban los libros que no les gustaban, los zurdos, los nuevos nazis, alardean de su intolerancia y su intransigencia.


Los viejos nazis y los zurdos, que son los nuevos, se han convertido en enemigos mortales pese a ser tan parecidos como los ultras de dos equipos de fútbol rivales, que se creen muy diferentes por los colores de su camiseta y se matan por ella, siendo idénticos: antisemitas, socialistas, estatistas, anticapitalistas, colectivistas, liberticidas, antidemocráticos, totalitarios, violentos, populistas y genocidas. Los zurdos son los nuevos nazis, por el bien de la democracia, habrá que combatir a estos como a aquellos.


'Coup d'État'

Emilio Campmany. libertad digital. 23 Octubre 2026


Qué raro que Cándido Conde-Pumpido vote contra el Gobierno. Qué raro que el Tribunal Constitucional dé carta blanca al Supremo para continuar el procedimiento contra la Ley de Nietos. Qué raro que nadie del PSOE haya puesto el grito en el cielo. Qué raro que los comunistas no hayan hecho lo mismo. Qué raro es todo. Nos venden que Sánchez, consciente de que tiene las elecciones perdidas, lo único a lo que aspira es a ser primera fuerza, resultado que recibe el aval de ese buñuelo de viento con pelo cultivado que es Iván Redondo. La violencia instigada desde el Gobierno contra Vox pretende al parecer que el partido de extrema derecha crezca hasta hacerle perder al PP los suficientes votos como para que el PSOE cumpla la expectativa. En cualquier caso, añaden los sesudos analistas, Sánchez tan solo aspira ya a ser el jefe de la oposición cuando pierda el Gobierno.


¿Cuándo se ha conformado Sánchez con el premio de consolación? ¿Y si el plan consistiera en impugnar las elecciones por no dejar votar a unos nietos o bisnietos de españoles? ¿Y si Pumpido se estuviera vistiendo de una apariencia de independencia para luego decretar la repetición de los comicios por haber privado del sufragio a unos extranjeros a quienes los socialistas regalaron la nacionalidad? ¿Y si el objetivo fuera que, mientras tanto, Sánchez se mantuviera como presidente del Gobierno en funciones?


Desconcierta que Bolaños haya empujado a Gabilondo a interponer un recurso que estaba abocado al fracaso. Pero tal vez se recurrió al tonto útil para que Pumpido reforzara su muy desacreditada autoridad y poder disponer de ella cuando llegue el momento del golpe que se le ha pedido que dé.


A la vista de todo ello, resulta tentador pedirle al Supremo que deje votar a la marabunta que los socialistas metieron en el censo CERA y pechar con los diputados que el PSOE gane por ello, en la convicción de que no serán suficientes para evitar la mayoría absoluta de la derecha. Pero, ante todo, no es un argumento jurídico que pueda escuchar el Supremo. Segundo, no está dicho que la derecha ganara a pesar del voto CERA porque el PSOE ha montado una maquinaria ex profeso con el fin de que tal sufragio dé un vuelco a los resultados. Como tampoco lo está que los socialistas no tengan un plan B para impugnar los comicios con cualquier otro pretexto y dar el mismo golpe que llevan planeando desde vaya usted a saber cuándo.


Los españoles deberíamos tener en el futuro bien presente, no en manos de quién hemos caído, como si fuera una desgracia similar a las siete plagas de Egipto, sino por culpa de qué partido nos vemos como nos vemos. El PSOE colaboró con la dictadura de Primo de Rivera, propició la Guerra Civil, recogió los frutos del golpe de Estado del 23-F y los del atentado del 11-M y se alió con los enemigos de España, incluida la banda terrorista ETA, convenientemente blanqueada, para sostenerse en el poder y repartirse el botín. Que hayan perdido algunas elecciones de vez en cuando sólo se explica porque, además de corruptos y tramposos, son también tontos de capirote. Y la derecha haría bien en aprender que, cuando te esgrimen un revólver, no tiene sentido emprender un combate singular armado tan solo con un florete.



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El fascista siempre es el que recibe la pedrada

Pedro Sánchez ha pulverizado esta semana su propia marca. Más de 30 decretos leyes en un solo año, varios de ellos despachados con las Cortes clausuradas y los escaños cogiendo polvo

Jorge Herrero. Vozpópuli. 23 Octubre 2026


El BOE opera ya sin pudor como catálogo electoral de última hora. No perdamos el tiempo debatiendo si el remiendo formal es legal o si las coberturas sociales atienden a necesidades reales, convertir urgencias inaplazables en coartada sobrevenida tras 8 años en la Moncloa es un insulto al contribuyente. Lo que no quisieron o no supieron resolver en casi una década de mando no muta en emergencia por ensalmo a tres semanas de votar. Las necesidades son de los españoles; las prisas, de Sánchez.


Ese ‘pay-per-vote’ institucionalizado, en el que el líder reparte dádivas con dinero ajeno como si fueran favores personales, necesita algo más que chequera. Necesita miedo. El rival político deja de ser alguien a quien derrotar en las urnas y se convierte en una amenaza que hay que conjurar a cualquier precio. Cuando el adversario se presenta como un peligro para la democracia, siempre acaba apareciendo alguien dispuesto a defenderla a pedradas.


Adoquines en nombre de la tolerancia

Lo ocurrido esta semana en A Coruña y Avilés pone rostro a esa política del miedo. Mítines de Vox rodeados de violencia, petardos, adoquines volando y un balance de 12 policías heridos y 5 detenidos entre ambas ciudades, además de periodistas agredidos o intimidados. En María Pita, la escena culminó con el acoso en manada a un chaval por el intolerable delito de llevar una bandera de España en el bolsillo del pantalón. Al parecer, para algunos, lucir la bandera de tu propio país constituye una provocación intolerable, mientras que intimidar a quien la lleva debe de contar como un ejercicio de tolerancia democrática.


En las tertulias y los telediarios nos advierten a diario de que el fascismo acecha a la vuelta de la esquina y de que hasta las sobremesas familiares pueden convertirse en antesala de 1936. Luego uno mira lo que ocurre en la calle y el guion empieza a hacer aguas. Estos supuestos “ultras” tienen una extraña costumbre, les toca poner las cejas partidas, esquivar barricadas y aguantar las pedradas de quienes se proclaman guardianes de la tolerancia. Y mientras vuelan los cascotes, el provocador oficial sigue siendo el ciudadano que acude pacíficamente a un mitin con la bandera de su país. Hay que reconocerles el mérito de haber inventado un antifascismo en el que el fascista siempre es el que recibe la pedrada.


Toda esta tropa que se autodenomina antifascista no ha visto a un totalitario real ni en los cromos de la Transición. Su concepto de convivencia se agota en una consigna miserable: tú no hablas porque a mí no me sale de las narices. Han cambiado las camisas pardas de las SA de Röhm por la sudadera con capucha y se han nombrado vigilantes de retaguardia, bravucones que recuerdan a ciertas milicias del 36, siempre dispuestos a sembrar el pavor en la calle, pero mucho menos valientes cuando el riesgo no recae sobre alguien desarmado. Actúan en jauría, al calor de una retórica del odio que les permite disfrazar de resistencia lo que no pasa de ser matonismo político. Ven amenazas a la democracia en cada esquina, pero sufren una ceguera repentina cuando miran hacia la Moncloa.


Zulos, bombas lapa y la ceguera selectiva

En Francia arden las calles bajo la firma de la extrema izquierda, obligando a un mandatario como Emmanuel Macron (a quien nadie confundiría con un simpatizante de Abascal) a denunciar el caos de los profesionales de la barricada. En el País Vasco, la Ertzaintza envía a prisión provisional a disidentes abertzales con planos de antiguos zulos de ETA y datos personales de guardias civiles, demostrando que algunos no canturrean himnos tras unos zuritos, sino que añoran las pistolas. Y en Valencia, una profesora de la Facultad de Medicina se sienta en el banquillo procesada por amenazar de muerte a Carlos Mazón con bombas lapa, Goma-2 y tiros en la nuca.


Ese es el cuadro clínico. Quienes se llenan la boca defendiendo la educación pública y los servicios esenciales son a menudo los mismos que aporrean el teclado para desearle una muerte violenta al adversario. Nos advirtieron tanto sobre el peligro de la derecha que muchos han preferido no ver las brasas que la izquierda radical atiza a diario. La trampa es transparente: si gobiernan los suyos, exigen paz y resignación; si ganan los otros, que arda la calle.


La pinza entre el BOE y la barricada

El galgo de Paiporta, tan hiperactivo para impartir lecciones éticas de saldo y pontificar sobre la concordia, enmudece de repente ante este catálogo de intimidaciones. Ese silencio cómplice es el lubricante imprescindible para que el engranaje funcione. La pinza queda así al descubierto: por arriba, el sanchismo exprime el BOE a golpe de decretazo y reparte alpiste presupuestario para presentarse como el providencial salvador; por abajo, el matonismo ideológico marca el territorio a pedradas para que el ciudadano acuda a las urnas asustado, con la respiración contenida y la cabeza gacha.


A la alternativa no le bastará con exhibir las brechas de sus simpatizantes ni con sentarse a esperar que el desgaste biológico del rival barra el tablero por inercia. La indignación ciudadana no es un programa de gobierno, y confiar en que el hartazgo haga todo el trabajo es presentar la espera como estrategia y la caída del rival como mérito propio. Desalojar este tinglado requiere aplomo, firmeza de convicciones y el coraje de no dejarse arrastrar al revanchismo.


Gobernar España tras este ciclo exigirá una tarea de calado, restaurar el respeto al Parlamento frente al rodillo de los decretos y garantizar de una vez por todas que exhibir la bandera nacional o acudir a un mitin político no requiera el auxilio de un pelotón de antidisturbios. El BOE puede comprar titulares, el miedo puede condicionar el voto y las pedradas pueden silenciar un mitin. Lo único que no pueden hacer es convertir la cobardía en democracia, por mucho que la disfracen de antifascismo.


La consentida violencia de la extrema izquierda

Editorial. ABC. 23 Octubre 2026


Cuando la portavoz de Más Madrid en la Asamblea madrileña amenazó a Ayuso con dejar sin paz las calles de la capital lo hizo a sabiendas de que la violencia callejera en España es patrimonio de la extrema izquierda. Basta con pocos estímulos para activar a sus grupos organizados, escondidos tras la falsa etiqueta de 'antifascistas' de sus carteles y pancartas para legitimar su vandalismo contra personas y bienes públicos. Y como la acusación de 'fascista' la administra la extrema izquierda a su conveniencia, el adversario queda convertido en enemigo. Así es como la izquierda violenta se absuelve a sí misma de sus agresiones, tan típicas de la guerrilla urbana proetarra. Tampoco está de más recordar, a la vista del silencio cómplice del PSOE con los actos vandálicos de los últimos días, que la expectativa de movilizaciones callejeras tras el desahucio de Maricarmen fue un acicate para que Pedro Sánchez convocara elecciones anticipadas. No hay nada inocente en esta táctica poliédrica de las izquierdas para intimidar a la derecha y expropiar el espacio público a quien no piense como ellas.


Basta atender a las agresiones sufridas anteayer por Vox en La Coruña. La tolerancia con estos comportamientos, perfectamente previsibles, concuerda a menudo con el descuido de los delegados del Gobierno, que también se está volviendo predecible. No pudo haber otra razón que permitiera autorizar una concentración de extrema izquierda a la misma hora y en el mismo sitio en el que Santiago Abascal se iba a dirigir a sus seguidores. El saldo de tres detenidos y trece policías heridos pone el foco sobre la indecorosa actuación de Pedro Blanco, delegado gubernamental en Galicia. Esto nos lleva al patrón común en los actos de acoso y violencia contra dirigentes y partidos de la derecha protagonizados por la extrema izquierda: la actuación de los delegados del Gobierno está bajo sospecha. Esta figura se creó para sustituir a los antiguos gobernadores civiles del franquismo, pero su comportamiento recuerda los tiempos del comisariado político. El de Madrid, Francisco Martín, pasará a la historia por haber alabado el sentido de Estado de Bildu y comportarse como el dirigente en la sombra de la oposición a la presidenta Díaz Ayuso. La acampada de la Puerta del Sol, devenida campamento de 'sintechos' y marginales sin causa, es obra de su pasividad negligente, como mínimo, cuando una usurpación a la fuerza del centro de Madrid es para él un acto legítimo de protesta. Por no hablar del reciente acoso a la presidenta madrileña por sindicalistas de la enseñanza pública, fruto de otro acto de pasividad del delegado de Gobierno, al permitir una concentración ni comunicada ni autorizada, que se adereza con expedientes a los policías que actúan en el uso de la fuerza legítima. Son señalados por las propias autoridades que los dirigen y convertidos en su chivo expiatorio frente la táctica violenta de la izquierda antidemocrática. Falta más de un mes para el 29-N y la estrategia de las izquierdas es convertir el proceso electoral en un campo de enfrentamiento cívico, en el que la derecha debe contener cualquier reacción a las provocaciones que reciba. La sensatez en la respuesta del PP y de Vox aumentará la ansiedad de una izquierda que cada día improvisa decisiones para frenar el empuje de una mayoría de cambio que aparece en las encuestas con fuerza imparable.


Galicia batasunizada

Javier Torres. gaceta. 23 Octubre 2026

De pronto, algunos descubren la penicilina: hay violencia separatista en Galicia. Cómo es posible, si allí nunca ha gobernado el nacionalismo, si hablamos de la Galicia de las mayorías absolutas del PP, de la moderación templada por el Atlántico y las rías bajas. Olvidan que la política no admite espacios vacíos y el separatismo avanza cuando enfrente no hay nada. Ni siquiera es el caso gallego, pues ahora recogemos las nueces de décadas de inmersión lingüística y abandono del Estado en una de sus funciones esenciales: la cohesión nacional desde la escuela.


La calle siempre sorprende a quienes creen que las ideas no tienen consecuencias y las sociedades son fruto del azar, de la mano invisible que hace que todo funcione sin enterarnos. Es verdad que el apartheid lingüístico no lo explica todo, aunque es parte del proceso descentralizador que inauguró el café para todos y continúa con los estatutos de autonomía de segunda generación. Hay algo más importante, una cuestión incómoda que siempre escurren a hurtadillas tantos trovadores del régimen. Jamás habríamos llegado hasta aquí —ni Merche Aizpurúa al Congreso— sin el factor que vertebra el proceso disgregador: la violencia.


La violencia que tantos creen inservible es el motor que ha hecho avanzar al separatismo, con la ETA como punta de lanza en el País Vasco o los CDR al servicio de Puigdemont durante el golpe del 1 de octubre, ahora con todos los delitos de sus cabecillas amnistiados. Llevamos medio siglo de violencia política patrocinada por las distintas oligarquías separatistas y nos echamos las manos a la cabeza porque son capaces de movilizar, como Batasuna, a cientos de ultras un miércoles al mediodía.


La escena la hemos visto en mil lugares. Encapuchados vestidos de negro portan banderas rojas y la regional con la estrella comunista de cinco puntas. Están los de Galiza Nova, que son los cachorros del BNG, los Riazor Blues, las Juventudes Socialistas y el Sindicato de Estudiantes, del que un amigo dice con gracia que ya somos más viejos que las estrellas del fútbol, pero más jóvenes que los portavoces estudiantiles. Sin más oficio o beneficio que la militancia, su objetivo es revestir la protesta violenta de legítima reivindicación estudiantil, modelo calcado al que estos días vemos en Francia con la racaille asaltando las tiendas. En La Coruña incendiaron por la noche una de Zara, orgullo de una ciudad señorial que ahora tendrá que acostumbrarse a la guerrilla urbana tras décadas de hegemonía nacionalista en las aulas.


El odio antiespañol es un odio antiguo y la propaganda nos decía que ya superado, porque ETA ha dejado de matar y es una opción tan válida como cualquier otra. Lo que no les interesa recordar es que todo separatismo ha derivado en un grupo terrorista: ETA en el País Vasco, Terra Lliure en Cataluña y Resistencia Galega en Galicia.


Ya es mala suerte que la violencia secesionista de toda la vida reaparezca en la misma semana en que conocemos que dos terroristas vascos irán a prisión. Bildu, al parecer, se les queda corto y eso que ha tenido como portavoz a una condenada por terrorismo. Con Otegui y Josu Ternera blanqueados por Évole, en Bildu han considerado que tampoco habría problema en incluir a tres etarras en las listas: Marije Fullaondo, condenada a dos años de cárcel por integración en organización terrorista; Floren Aoiz, condenado en el mismo caso; y Sonia Jacinto a ocho años por reconstruir la estructura de Batasuna bajo directrices de ETA.


El día que Milei aterriza en España en la SER sólo encienden las alarmas para advertirnos del avance del fascismo. Llamar fascista al libertario Milei es de paguita, pero sabemos que lo hacen como arma arrojadiza, como uno de esos adoquines que volaron en La Coruña. A un chaval le partieron la cara cuando llegaba a la plaza de María Pita con la rojigualda atada a la cintura. Ni Sánchez ni sus medios lo han condenado.


Horas después de los disturbios en Galicia el mismo esquema se repite en Avilés. Encapuchados de extrema izquierda y magrebíes agreden a un joven que porta la bandera de España. El odio contra lo nacional adquiere un nuevo rostro: el islamoizquierdismo. Es una tendencia que se repite en toda Europa porque la izquierda, en guerra contra la población autóctona, sólo puede ganar de la mano de las hordas extranjeras que en los últimos días incendian París y Milán.


En clave nacional también hay patrones que se repiten. Uno de ellos es la complicidad miliciana de la delegación del Gobierno, que autoriza contramanifestaciones a escasos metros de la original. Otra es la participación de políticos o sus escoltas en la violencia. En Vallecas vimos a los de Pablo Iglesias —entonces vicepresidente— integrados en las hordas que hostigaban un acto de VOX. En La Coruña aparece Aitor Neira, candidato de Podemos a la alcaldía de la ciudad.


La conclusión es evidente: la violencia forma parte de la estrategia electoral de Pedro Sánchez, como la huelga general, la de profesores o la acampada en Sol. No habrá paz en las calles, dice la portavoz socialista de Madrid. Lo ocurrido en La Coruña y en Avilés es la avanzadilla que veremos durante toda la campaña, una violencia preventiva, una amenaza velada de lo que ocurrirá a partir del 29 de noviembre si Sánchez no sigue en la Moncloa.


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