Recortes de Prensa Viernes 6 Noviembre 2026


Testigos del horror de Putin

Editorial. el mundo. 6 Noviembre 2026

La dimensión de la matanza de Komyshuavakha da la medida de la urgencia de frenar a Putin antes de que amplíe a territorio europeo su ofensiva imperialista


La matanza de Komyshuavakha muestra lo que supondría imponer a Ucrania una paz en los términos de Putin. A pocos días de que se reanuden las negociaciones en Abu Dabi, donde existe el riesgo de que Washington convierta su mediación en un ejercicio de presión para que Kiev capitule, la aviación rusa ha lanzado una bomba de tres toneladas sobre un refugio lleno de civiles. Volodímir Zelenski denunciaba ayer en Madrid la mayor masacre en un solo día de la guerra, una matanza con un centenar de víctimas mortales que EL MUNDO documenta hoy en exclusiva. El presidente ucraniano pidió una reacción internacional que se antoja más necesaria que nunca ante la brutalidad de Moscú: «Por favor, no permanezcáis en silencio».


La secuencia de los bombardeos exige una investigación por crímenes de guerra. Los vecinos Komyshuavakha -una aldea del sureste de Ucrania- habían acudido a un antiguo colegio a recoger ayuda humanitaria. Tras el primer ataque, muchos bajaron al refugio subterráneo, donde los alcanzó el segundo. Javier Espinosa, primer corresponsal internacional en llegar al lugar, da testimonio en nuestras páginas de cómo los drones rusos sobrevolaban los escombros de la terrible masacre. La ONU ya ha calificado de delitos de lesa humanidad los ataques con drones contra civiles en otras zonas del frente. El ataque de Komyshuavakha debe investigarse como parte de ese patrón.


Los próximos 10 y 11 de noviembre, EEUU mediará entre Kiev y Moscú en Abu Dabi. Putin llega a la cita dispuesto a obtener en la mesa lo que su ejército no ha logrado en el frente. Si la Administración Trump presiona a Zelenski para que acepte las exigencias territoriales rusas sin garantías de seguridad, estará ayudando al Kremlin a imponer la rendición de Kiev y a conservar la capacidad de reanudar la ofensiva cuando le convenga.


El llamamiento de Zelenski en Madrid interpela a los gobiernos europeos. A ellos les corresponde respaldar a Kiev frente a los intentos de EEUU -cuyo enviado, Steve Witkoff, ha calificado a Putin de «persona humanitaria»- para forzarle a aceptar las condiciones del invasor. De Abu Dabi debe salir un alto el fuego que obligue a Moscú a detener los bombardeos contra la población civil y las infraestructuras de las que depende su supervivencia. El primer compromiso debe ser humanitario e inmediato. Pero en último término, cualquier acuerdo exige garantías de seguridad que especifiquen qué apoyo militar recibirá Ucrania si Putin vuelve a atacar y quién se compromete a prestarlo.


Europa, cuya primera línea de defensa sostiene hoy Kiev, tiene que participar en la definición de esas garantías y asumir su parte en que estas se cumplan. La dimensión de la última matanza da la medida de la urgencia de frenar a Putin antes de que amplíe a territorio europeo su ofensiva imperialista.


Komyshuavakha, la nueva masacre en Ucrania tras un ataque ruso con bombas de 3.000 kilos

Javier Espinosa. El Mundo. 6 Noviembre 2026


La localidad ucraniana de Komyshuavakha, situada en las proximidades de Zaporiyia, se convirtió el pasado lunes en escenario de una de las matanzas más brutales de la guerra. La aviación rusa lanzó un aluvión de proyectiles KAB contra esta pequeña población del sureste de Ucrania, en el marco de la ofensiva militar que Moscú mantiene en la región. El ataque incluyó una doble ofensiva contra el antiguo colegio de la localidad, un edificio que había dejado de funcionar como centro educativo para convertirse en un punto de distribución de ayuda humanitaria y ayuntamiento provisional. Los bombardeos alcanzaron directamente las dependencias subterráneas del inmueble, donde se habían refugiado decenas de personas para protegerse de los ataques.


Las bombas KAB-3000 M-54 fueron diseñadas durante la época de la Unión Soviética para destruir instalaciones y objetivos protegidos bajo tierra. Su utilización contra el edificio convirtió el ataque en una tragedia de enormes dimensiones.Komyshuavakha pasa así a engrosar la lista de localidades y escenarios que han quedado marcados por las matanzas más crueles de esta guerra. Su nombre se suma al de Bucha, el teatro de Mariupol y la estación de tren de Kramatorsk, otros episodios especialmente dramáticos de la invasión rusa.La ofensiva de Moscú hacia Zaporiyia permanece atascada tanto al oeste como al sur de la localidad, una situación a la que Rusia ha respondido intensificando los bombardeos. El pasado 16 de octubre, el jefe del Estado Mayor ruso, Valery Gerasimov, aseguró que sus tropas estaban a cinco kilómetros de la capital regional. Una afirmación desmentida por Ucrania. Por su parte, el Instituto para el Estudio de la Guerra situaba entonces a las fuerzas rusas a unos 20 kilómetros de la principal ciudad de la provincia.


Guerra en Ucrania

EL MUNDO llega a Komyshuavakha tras la masacre rusa con bombas de 3.000 kilos: "Es un asesinato masivo"

La aviación del Kremlin bombardeó un colegio subterráneo repleto de desplazados con una bomba de tres toneladas, matando a un centenar de ucranianos

Javier Espinosa. Komyshuavakha (Ucrania). el mundo. 6 Noviembre 2026


"Iros abajo, ¿qué hacéis aquí? ¿Queréis que un [dron] FPV os tire otra bomba?". El vídeo exhibe los últimos segundos antes de la tragedia. Deja ver a varios civiles deambulando frente a la entrada del recinto subterráneo. También se observan los destrozos que provocaron las primeras bombas.


Entonces se escucha gritar a uno de los agentes: "¡Atención, atención, han lanzado [más] bombas KAB [los potentes explosivos de cientos de kilos] en dirección a Komyshuavakha! ¡Rápido, al refugio! ¡Rápido, que todo el mundo pueda entrar!".


Todavía se puede ver a dos varones bajando las escaleras de forma presurosa y cómo llegan hasta el antiguo colegio subterráneo. La última grabación es la de un joven que mira a la cámara sonriendo. En el minuto 0:59 una enorme llamarada naranja ocupa la pantalla. Después nada. Todo negro.


Las KAB-3000 M-54 fueron diseñadas por la antigua Unión Soviética para arrasar las instalaciones ocultas en el subsuelo. Y eso fue lo que hizo.


Fue un impacto directo. Este jueves, tres días después de la tragedia, docenas de miembros de los equipos de rescate seguían removiendo los escombros y la tierra de la ingente oquedad, casi tan grande como una piscina.


Camiones y palas excavadoras -varias de ellas protegidas con jaulas para frenar la acción de los drones- recogían cascotes y arcilla, que depositaban en los laterales. Varios perros especializados olisqueaban las ruinas intentando detectar más despojos humanos.


Lo único que queda intacto son sendas escaleras que llevan hasta el piso más inferior. Un descenso iluminado sólo por las linternas que acaba en estancias taponadas por los restos de cemento, entremezclados con barras de metal y el techo hundido. El suelo está alfombrado por miles de papeles y algunos zapatos.


El episodio ha sido tan sangriento que las camionetas de la ONG Proliska, que normalmente se dedican a evacuar personas vivas de lugares amenazados, esta vez están trasladando cuerpos, despojos humanos envueltos en bolsas de plástico blanco.


"Hasta el miércoles nos habíamos llevado 33", apostilla el máximo jefe de esa organización humanitaria, Yevhen Kaplin, que se ha desplazado hasta Komyshuavakha.


Pero Oleg Buriak, uno de los responsables de la administración regional de Zaporiyia, es sincero. Muchos cadáveres nunca podrán ser recuperados. Se volatilizaron ante la energía que generó la explosión.


"Esos proyectiles están hechos para detonar a 50 metros. Penetran en el suelo y después estallan. Generan una temperatura de miles de grados que lo quema todo. Por eso han muerto todos. Sólo estamos encontrando pedazos", explica.


Según la contabilidad oficial, la masacre de la aldea ucraniana de Komyshuavakha, una aldea situada a poco más de 30 kilómetros de la capital regional, Zaporiyia, se ha cobrado hasta ahora 42 víctimas mortales. Las autoridades dicen que hay varias decenas más de desaparecidos.


El siniestro se produjo el pasado lunes, cuando la aviación rusa bombardeó el villorrio con un aluvión de proyectiles KAB, como parte de la ofensiva que mantiene en esta región del sureste de Ucrania.


La arremetida contra el antiguo colegio de Komyshuavakha, que ahora oficiaba como centro de distribución de asistencia humanitaria y ayuntamiento provisional, se produjo durante la mañana en una doble secuencia.


Los primeros artefactos asolaron varias edificaciones cercanas, incluida la que acoge decenas de cajas de ayuda humanitaria identificadas con las iniciales de la Organización Internacional para las Migraciones o la ONG World Central Kitchen, y cientos de botellas de agua potable. La metralla dejó varias camionetas aparcadas en las proximidades, incluida una ambulancia, reducidas a chatarra retorcida.


La KAB-3000 golpeó directamente las habitaciones construidas bajo tierra, donde se habían escondido decenas de personas. "No sabemos cuánta gente había dentro. Pueden ser más de 100. Piense que allí también solían dormir muchos habitantes pensando que era más seguro. Todos los que estaban abajo murieron. Sólo se salvaron los que estaban en el primer piso porque la onda expansiva los arrojó hacia afuera", añade Buriak.


"Es uno de los asesinatos masivos más graves que ha cometido Rusia en esta guerra. Propusimos a Rusia ampliar el periodo de silencio que permitió evacuar a la gente de Oleshky [una ciudad de Jersón de la que salieron la semana pasada varios cientos de civiles, aislados durante meses]. Pero la respuesta ha sido esta: más asesinatos", comentó el presidente ucraniano Volodimir Zelenski.


Los escasos vecinos que siguen aferrados a Komyshuavakha se personan cada día en las ruinas del colegio. Muchos acuden a preguntar por sus allegados.


Valentina, por ejemplo, sigue sin saber el paradero de su yerno, Anatoli Martiroso, de 45 años. Era uno de los empleados municipales que se dedicaba a reparar las viviendas dañadas por la conflagración.


El centro también servía como punto de referencia para los habitantes que tenían que lidiar con toda clase de papeleo. "No podemos ir a Zaporiyia, es muy peligroso", refiere Valentina, de 72 años.


La mujer está rota por el dolor. Los sollozos interrumpen su relato a cada instante. "¡No puedo comer, no puedo dormir, no tengo fuerzas!", clama en un nuevo brote de aflicción.


"La gente se congregaba todos los lunes [como el día 2] para recibir ayuda humanitaria y arreglar sus papeles", comenta.


Ella estaba en su casa, a poca distancia. Sólo recuerda que cuando cayó la KAB-3000 vio una "luz muy brillante". Los canales rusos de la red social Telegram difundieron imágenes de ese momento exacto. Se ve cómo surge un gigantesco hongo de humo y fuego, acompañado de una especie de ola -la onda expansiva- que recorre la aldea. Una visión muy similar a la que ofrecen los documentales que grabaron explosiones nucleares.


"¿Qué les hemos hecho [a los rusos]?", vuelve a preguntar entre lloros.


Valery Murmyl, de 59 años, es otro de los que han decidido desafiar el riesgo que entraña acercarse al escenario del suceso para inquirir por su esposa Natalia, de 58 años. Estuvieron juntos durante la andanada inicial.


"Los rusos lanzaron cinco bombas cerca del colegio. Esas no dejaron ni heridos ni muertos", rememora.


Tras ese sobresalto, Valery decidió acercarse al domicilio de su madre. No habían pasado ni veinte minutos cuando cayó la KAB-300. Natalia se quedó en el refugio. Nunca más la volvió a ver.


"Cuando regresé a la carrera todo estaba lleno de humo y polvo. Todos éramos civiles. Ya no había niños porque fueron evacuados a principios de año, cuando los rusos empezaron a tirar KAB contra el pueblo", dice.


Es una información que corrobora Oleg Buriak. Zaporiyia es quizás la región que más instalaciones lectivas de este tipo ha construido desde el inicio de la invasión general. Son 30, según su contabilidad.


Algunos, como el de Komyshuavakha, han sido habilitados como refugios y centros de ayuda humanitaria cuando la población infantil se ha visto obligada a huir de dichos enclaves.


"Otro colegio, el de Balabyne [una aldea más de la provincia], sufrió algunos daños en septiembre cuando los rusos lanzaron otra bomba KAB contra una parada de autobús cercana. Sacamos a todos los niños al día siguiente", esclarece Buriak.


La ofensiva rusa en dirección a la villa de Zaporiyia se ha atascado tanto al oeste como al sur de ese enclave. Moscú ha respondido intensificando los bombardeos. El jefe del Estado Mayor ruso, el general Valery Gerasimov, afirmó el pasado 16 de octubre que sus tropas se encuentran a cinco kilómetros de la capital regional, la ciudad de Zaporiyia, algo que han negado todos los portavoces ucranianos.


El think tank Instituto para el Estudio de la Guerra estimó en esas fechas que las fuerzas rusas siguen empantanadas a unos 20 kilómetros de la principal metrópoli de la provincia, algo que ha podido ratificar este corresponsal al recorrer varias de las localidades del sur y este de la población.


Las labores de rescate de Komyshuavakha se están viendo dificultadas en extremo precisamente por la intensificación del hostigamiento del ejército de Moscú.


De hecho, los integrantes de los equipos de primeros auxilios están siendo protegidos por toda una cohorte de militares equipados con fusiles y escopetas, que disparan a intervalos contra los pequeños drones FPV que son una constante en los cielos del villorrio.


La carretera que conecta el lugar con Zaporiyia es testigo de los incontables vehículos que no han podido superar este recorrido. Sus carcasas calcinadas siguen tiradas sobre el asfalto. Resulta demasiado peligroso enviar una grúa para recogerlas.


El túnel de redes antidrones que la protege -en teoría- muestra más de media docena de FPV atrapados entre las mallas.


"¡Mirad a los lados y al cielo! ¡En esta zona se suelen colar dentro del túnel de redes!", alerta Serhiy Skibchyk, un integrante de la 65.ª Brigada Mecanizada, que actúa en Zaporiyia.


Caminar por las calles desiertas de Komyshuavakha es recorrer un espacio casi fantasmagórico donde los viandantes son tal rareza como los vehículos rodados. Todos ellos han sido ahuyentados por ese perpetuo zumbido que provoca una carrera tras otra de los visitantes, obligados a refugiarse en casas vacías a la espera de que los artilugios volantes se alejen del entorno.


Komyshuavakha es un poblado dominado por las casas bajas. Esas típicas construcciones de ladrillo y techos de madera tradicionales de las zonas agrícolas de Ucrania. Son muy pocas las que no han perdido la techumbre o los muros. Las travesías de tierra también están salpicadas de algunos vehículos quemados.


Las detonaciones de las KAB no se interrumpen durante el desplazamiento. A las 9:30 se suceden una tripleta de estruendos. "¡Más KAB!", grita Serhiy. De inmediato señala al cielo. Una enorme columna de humo se alza no muy lejos.


El pavoroso daño que causan estos artefactos al caserío ha alcanzado al convento de Santa Isabel. La gran torre que presidía el complejo recibió la mayor parte de los daños que causó otra de las KAB que tiraron los rusos el mismo día 2.


La onda expansiva arrancó puertas, ventanas y trozos de muros. Los residentes debieron huir a la carrera. El comedor sigue lleno de platos repletos de la comida que estaban degustando: boniatos asados, galletas y trozos de fruta.


La acción rusa ni siquiera se preguntó por la filiación religiosa del enclave, leal al Patriarcado de Moscú. Es la misma iglesia que lidera un firme aliado del presidente ruso Vladimir Putin, el patriarca Kirill.


La presencia de la histórica foto en blanco y negro del antiguo zar ruso Nicolás II, que le muestra junto a su esposa y sus hijos, colocada en una de las estancias principales del centro religioso, y las decenas de libros en ruso confirman la adscripción de las religiosas.


Para Serhiy Skibchyk, el hecho de que las fuerzas de Moscú ataquen una edificación religiosa dependiente de Moscú se enmarca en la "lógica" del régimen que preside Putin. "No hay nada sagrado para ellos. Es como preguntarle a un cocodrilo por qué se come a los animales. Lo hace y listo. Son nazis y por eso lo arrasan todo", concluye.


Komyshuavakha ha sumado su nombre a un lúgubre ranking: el que establece las matanzas más brutales de esta guerra. En el futuro se la recordará junto a Bucha, el ataque contra el teatro de Mariupol o el bombardeo de la estación de tren de Kramatorsk.


Como manifestó el máximo responsable en Zaporiyia de la Iglesia ortodoxa a la que pertenece el templo destruido, el arzobispo Andriy Kovalenko, vivimos "tiempos oscuros". "Resulta difícil comprender que santuarios y la vida pacífica de la gente a quienes nos une una fe y una oración común sean destruidos", añadió.


La traca ¿final? del sanchismo
EDITORIAL. libertad digital. 6 Noviembre 2026


La historia se repite una vez más: registros de la UCO, detenciones en el PSOE o de personas directamente conectadas al PSOE, nuevas causas judiciales relacionadas con la corrupción y un Gobierno que niega cualquier vinculación a pesar de que las evidencias de lo contrario son abrumadoras. A poco más de tres semanas para las elecciones, la única duda es si este será el último escándalo, la traca final del sanchismo, o si todavía nos quedan uno o dos estallidos más.


Es un nuevo caso que nos permite comprobar, por ahora con la información de la que ya se dispone aunque todo indica que más adelante con resoluciones judiciales, cómo el dinero de todos iba a engrosar las cuentas de aquellos que se dicen defensores de lo público, pero que está claro que sólo lo defienden para poder robarlo a gusto.


Este episodio de la trama Koldo que ha saltado a las portadas este viernes gracias a la operación ordenada por el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno tiene varios matices que conviene analizar. El primero de ellos es especialmente relevante a la luz de la tragedia de Urda: mientras la red de alta velocidad iba degenerándose por falta de mantenimiento, esta auténtica mafia se dedicaba a robar el dinero destinado a ella. No ha habido sólo negligencia o incompetencia: se lo estaban llevando crudo y el resultado final –esperemos que final de verdad aunque por desgracia es imposible saberlo a ciencia cierta– han sido 116 muertos. De nuevo, serán los jueces los que establezcan las condenas legales, pero la condena ética y política ya está clara: esta gentuza debe abandonar no solo el poder, sino la vida pública y debe hacerlo ya.


Y no, no se trata de la actuación de un pequeño grupo de manzanas podridas: estamos hablando de una trama que implicaba al corazón del Gobierno –el superministro José Luis Ábalos– y del partido: sus dos últimos secretarios de Organización están o en la cárcel –el propio Ábalos– o en libertad provisional con todas las papeletas para volver a disfrutar de las comodidades de un centro penitenciario, como es el caso de Santos Cerdán.


Por supuesto, el otro aspecto relevante de lo ocurrido este jueves es la detención de Cristian Corvillo, otro personaje cercano a Sánchez al menos durante las primarias de 2017 y que se había visto ya implicado en tramas de corrupción como la propia trama Koldo o el caso Hidrocarburos.


Aunque se trate de un personaje secundario, lo que está claro es que es una buena muestra de cómo el cerco a Pedro Sánchez se va cerrando: la lista de aquellos cercanos a él que ya han sido condenados –su hermano, su secretario general, el "gigante de la militancia Koldo García", su fiscal general–, que probablemente lo serán –su mujer, su otro secretario general, Zapatero– o que al menos ya han sido imputados –altos cargos de varios ministerios, la gerente del PSOE, la cloaquera Leire…– es ya inmensa y no deja de crecer.


Porque, ¿alguien puede creer a estas alturas que todos estos corruptos y delincuentes estuviesen bajo las órdenes de un presidente de comportamiento intachable? ¿Que el capo de un inmenso grupo de mafiosos fuese, casualmente, el único honrado? ¿Que todo lo que ocurrió pasaba a espaldas de aquel que tenía un poder absoluto en la banda de facinerosos? La respuesta a estas preguntas es tan obvia que no es necesario ni escribirla.


******************* Sección "bilingüe" ***********************


El delirio del separatismo catalán

Sergio Fidalgo. okdiario. 6 Noviembre 2026


Dentro del separatismo catalán hay una continua discusión entre los que son auténticamente independentistas y los que solo son «autonomistas», dado que esta última definición es el equivalente a «traidor», y se la pasan de unos a otros de manera continua —como en el famoso gag de los Monty Python sobre el Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular—.


Para el separatismo, ser «autonomista» puede ser sinónimo de «español». Aunque el sector más integrista prefiere usar el término «castellano», porque «España» en el fondo sería una creación catalana gracias a la «Corona Catalanoaragonesa» que regía Fernando el Católico, que tendría que ser rescatada de las garras de los malvados «castellanos». No se preocupen si se han perdido, porque es una cosmovisión tan enferma que hace falta un mapa para no perderse.


El «catalanismo», que es hegemónico en Cataluña desde hace más de 150 años, sería, para el sector más asilvestrado, la manera del nacionalismo de intentar gobernar España, en dura competencia con los «castellanos», para que, así, el Estado fuera utilizado a favor de los catalanes, y no en contra, ya que están convencidos de que la única obsesión de «Castilla» es destruir a Cataluña.


De ahí los pactos con Madrid, para avanzar en un autogobierno defensivo. Esta visión conviviría con la de los separatistas que se niegan a dirigir España, porque la gobernanza del Estado atenta contra la auténtica forma de vida catalana, que es incompatible con la coexistencia con «Castilla».


Su lema es «la autonomía que necesitamos es la de Portugal». Por supuesto, un separatista auténtico solo piensa, siente y habla en catalán; lo contrario sería aceptar la «lengua del invasor» y, por lo tanto, aceptar el papel de «cipayo», el indígena que se pone a las órdenes del ocupante opresor castellano.


Los «colonos» serían los centenares de miles de emigrantes que la Castilla que el Estado, en sus múltiples evoluciones, ha enviado a Cataluña para «destruirla», diluyendo su «identidad nacional».


Están convencidos de que Franco mandaba andaluces, extremeños y murcianos, y de que el PP y el PSOE la han inundado de hispanoamericanos y magrebíes.


Todo ello con la complicidad de los «autonomistas», sean los de ERC, CiU y sus sucesivas reencarnaciones, la CUP, los Comunes y el PSC —formación catalanista de fundación y reconvertida al secesionismo «light»—.


No se escandalicen: el discurso del uso espurio de la emigración para «aniquilar» la «Cataluña catalana» es un lugar común del catalanismo y del secesionismo catalán desde hace décadas.


De ahí viene el desprecio supremacista del nacionalismo catalán hacia las oleadas de españoles de otras regiones de España que se desplazaban a la región catalana para ganarse la vida.


Los matices dentro del delirio del nacionalismo catalán son muchos y darían para una enciclopedia. Al final, todo se resume en si se quiere la secesión de verdad o solamente vivir del resto de españoles; el grado y la velocidad de la ruptura y la intensidad del desprecio hacia los tachados como «autonomistas», «colonos» o «cipayos».


Resumiendo, en la Cataluña actual, Oriol Junqueras, Jordi Turull, Josep Rull y Carles Puigdemont serían unos políticos «autonomistas», porque juegan dentro del marco «castellano».


Y Sílvia Orriols sería la única separatista fetén, porque buscaría crear un poder catalán auténtico, alejado de las influencias «castellanas» y que solo reivindica unas «esencias» patrióticas que enlazan con el teórico glorioso pasado medieval catalán.


No se preocupen si no han entendido nada. Solo metan la mano en el bolsillo para agarrar bien su billetera, porque unos y otros solo pretenden saquearla. Eso sí, en nombre de «Cataluña».


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