Recortes de Prensa  Sábado 23  Abril 2022

 

GUERRA DE RUSIA CONTRA UCRANIA

Fosas comunes en Mariúpol

https://rebelionenlagranja.com. 23 Abril 2022


El alcalde de la ciudad ucraniana de Marúpol, Vadym Boychenko, denunció la existencia de una gran fosa común en la que han podido ser enterradas entre 3.000 y 9.000 cadáveres y mostró imágenes tomadas desde un satélite por la empresa tecnológica Maxar como prueba de ello.


El alcalde de esta ciudad portuaria que los rusos dicen haber tomado por completo, mostró estas imágenes en su cuenta de Telegram y señaló el parecido de la fosa común con las que se encontraron en Bucha, cerca de Kiev, en las que aparecieron cientos de cadáveres enterrados tras la retirada de las tropas rusas. «En las fotos (tomadas) por Maxar el 9 de abril, el sector de la fosa común en Mangush (en el área de Mariúpol) es 20 veces más grande» que la de Bucha, explica el mensaje.


Los rusos «cavaron nuevas trincheras y las llenaron de cadáveres a diario durante todo el mes de abril. Nuestras fuentes informan que en tales tumbas los cuerpos se colocan en varias capas«, aseguró el primer edil.


Boychenko sostuvo que «el mayor crimen de guerra del siglo XXI se ha cometido en Mariupol. Este es el nuevo Babyn Yar. Hitler luego mató a judíos, gitanos romaníes y eslavos. Y ahora (el presidente de Rusia Vladimir) Putin está destruyendo a los ucranianos». «Ya ha matado a decenas de miles de civiles en Mariúpol. Y esto reclama una fuerte reacción de todo el mundo civilizado. Algo tiene que detener el genocidio «, dijo el alcalde.


Las imágenes, proporcionadas el jueves a The Washington Post por Maxar Technologies, muestran varias filas de tumbas en cuatro secciones distintas, cada una de las cuales mide más de 85 metros. La revisión de las imágenes por parte de la compañía indica que las nuevas tumbas aparecieron entre el 23 y el 26 de marzo y que ahora hay más de 200 lotes de entierro junto a un cementerio existente.


El descubrimiento de la fosa común de Manhush se produce cuando los investigadores de toda Ucrania comienzan el arduo trabajo de identificar a los muertos y documentar los posibles crímenes de guerra.


Vladimir Putin celebró el jueves la “liberación” de Mariupol y ordenó bloquear todas las escapatorias posibles del complejo siderúrgico subterráneo donde se atrincheraron los últimos resistentes de esa estratégica ciudad portuaria del sureste de Ucrania.


“El fin del trabajo de liberación de Mariupol es un éxito”, dijo Putin a su ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, en un encuentro difundido por la televisión.


El presidente de Estados Unidos, Joe Biden afirmó sin embargo que “todavía no hay pruebas de que Mariupol haya caído por completo” en manos rusas y aseguró que Putin “nunca tendrá éxito” en la ocupación de Ucrania.


Tras casi dos meses de asedio y bombardeos, las últimas tropas ucranianas están ocultas en la acería de Azovstal, una de las mayores de Europa, que tiene kilómetros de túneles.


Putin determinó frenar el asalto final a ese peligroso lugar y ordenó en cambio “bloquear toda la zona de tal forma que no salga ni una mosca”.


“Tenemos que pensar en la vida de nuestros soldados y oficiales, no tienen que penetrar en esas catacumbas y arrastrarse bajo tierra”, explicó en el encuentro con su ministro de Defensa.


Unos 2.000 soldados ucranianos rechazaron los ultimátums rusos y permanecen atricherados en la siderúrgica, según Moscú.


Las autoridades ucranianas afirman que hay también allí unos 1.000 civiles.


Mariupol ha sido uno de los lugares donde se ha concentrado la ofensiva rusa desde poco después de la invasión, el 24 de febrero. Controlar ese puerto del mar de Azov permitiría a Moscú unir los territorios prorrusos del Donbás y la península de Crimea, ya anexada en 2014.


Las autoridades estiman que unas 20.000 personas murieron en Mariupol, debido a los bombardeos o a la falta de agua, comida y electricidad.


Mariupol, el Stalingrado del siglo XXI

AMADOR GUALLAR. JARKOVCH. la razon. 23 Abril 2022


La batalla de Mariupol se ha convertido en el Stalingrado del siglo XXI, sólo que esta vez las tropas rusas son las agresoras que rodean la ciudad y los ucranianos los que defienden su tierra con uñas y dientes, y hasta la última gota de sangre. Tanto es así que el presidente ruso, Vladimir Putin, ha pedido a sus fuerzas que detengan la ofensiva para conquistar los últimos reductos de esta ciudad clave al sureste de Ucrania.


El asalto en la ciudad portuaria empezó el mismo día que la invasión del Ejército ruso, el cual llevó a cabo los primeros bombardeos sobre la ciudad en preparación de la ofensiva terrestre. Sin embargo, esta se topó con una resistencia numantina del Ejército ucraniano, que llegó a destruir hasta 22 tanques enviados por Moscú. Mientras, a unos 70km, el Kremlin ordenó un asalto anfibio masivo desde el oeste con el objetivo de envolver a la urbe.


Para finales de ese mes, y tras la muerte en combate del general ruso Andrey Sukhovetsky, Mariupol ya estaba casi cercada y las tropas rusas quisieron vengar su muerte aumentando los ataques aéreos. Las víctimas civiles empezaban a amontonarse, mientras cientos de miles intentaban huir desesperados. El 2 de marzo, la tenaza alrededor ya estaba casi cerrada y daba comienzo el sitio de la ciudad con hasta 15 horas seguidas de bombardeos, según testigos presenciales, sin diferenciar entre objetivos civiles y militares.


A mediados de la primera semana de marzo las tropas ucranianas lucharon a muerte abriendo un pequeño corredor por el que Kiev consiguió organizar una evacuación masiva de más de 200.000 civiles. Los recursos ya empezaban a escasear mientras Moscú, que incumplió el alto el fuego del 5 de marzo, se negaba a establecer corredores humanitarios mientras bombardeaba a placer con artillería y sus misiles BM-21 Grads zonas residenciales y centros médicos como la maternidad del mayor hospital de la ciudad.


Para la segunda semana de marzo los que se habían quedado, o no habían podido huir, empezaron a cavar fosas comunes donde fueron a parar miles de los que nunca conoceremos el nombre. Sólo el 13 de marzo «los rusos bombardearon 22», según informó el alcalde. Los crímenes de guerra contra los civiles ya eran el pan de cada día. La ciudad apenas tenía alimentos, los heridos no podían ir a los hospitales, pero el 15 de marzo un corredor humanitario consiguió sacar a 20.000 civiles. Aunque lo peor estaba por llegar. Las tropas del Kremlin ya estaban en los arrabales.


La muerte de otro general ruso, Oleg Mityaev, comandante de la 150ª División Motorizada, aumentó las ansias de venganza de Moscú. Y los civiles fueron quienes pagaron el pato sufriendo bombardeos salvajes que no se veían desde la Segunda Guerra Mundial. El 18 de marzo las tropas enviadas por Putin tomaron el aeropuerto, y el 19 comenzó la batalla en la fábrica Azovstal.


Además, el Kremlin comenzaba la evacuación forzosa de «al menos 20.000 ciudadanos», según el Gobierno ucraniano, a varias partes de Rusia. Poco después, el presidente ruso mandó un ultimátum a Kiev para que rindiera la ciudad, pero tanto el presidente Volodimir Zelenski como su alcalde se negaron. El resultado fue demoledor con ataques aéreos cada diez minutos.


En el mes de abril, Mariupol ya se había convertido en un auténtico infierno en la tierra. Cada vez quedaban menos defensores ucranianos y el cerco ruso se estrechaba hacia el centro de la ciudad. El 10 de abril, Kiev perdió el control del puerto y el 80% de la localidad estaba en manos rusas. En ese momento, hasta Zelenski creía que la ciudad ya no podía aguantar más, pero lo hizo. Poco a poco, los últimos soldados ucranianos y del batallón Azov fueron concentrándose en la fábrica Azovstal donde, desde entonces, continúa la lucha y cada vez quedan menos defensores llevando a cabo pequeños contraataques más destinados a escapar que a mantener la ciudad; luchando cuerpo a cuerpo contra los atacantes rusos que, aunque aseguran que controlan la zona, todavía no lo han hecho del todo.


El líder del Kremlin ordenó el jueves al ministro de defensa, Sergei Shoigu, parar el asalto contra la planta industrial de Azovstal, rodeada por el Ejército ruso y donde todavía queda una bolsa de soldados ucranianos y voluntarios extranjeros defendiéndose sin apenas munición, suministros y capacidad para ser reabastecidos. Algo que también recuerda al momento crucial de la batalla de Stalingrado, cuando el Ejército soviético defendió la fábrica de tractores de las hordas nazis en unos combates feroces que cambiaron el rumbo de una batalla que las tropas de Hitler creían ganada. Un momento épico que fue descrito en primera persona por el periodista Vasili Grossman.


«Siempre tenemos que pensar en preservar la vida y la salud de nuestros oficiales y soldados”, justificó Putin. “No hay necesidad de descender a las catacumbas y arrastrarse a través del complejo industrial. Bloquearemos la zona de tal manera que no podrá pasar ni una mosca», añadió. Se cree que desde el inicio de la invasión el 24 de febrero Rusia ha perdido a más de 20.000 soldados, ocho generales y 35 coroneles.


Por otro lado, después de que Shoigu anunciara el jueves que ya controlaban todo el puerto marítimo de la ciudad, añadió que la ciudad “había sido liberada”, contradiciendo su propia información: “cuando la capital de los nacionalistas de Azov”, dijo refiriéndose al batallón de extrema derecha combatiendo en la zona junto a los marines ucranianos, «fue rodeada había unos 8.100 soldados y mercenarios extranjeros, de los que 1.500 se han rendido y ahora sólo quedan unos 2.000 completamente atrapados en la planta de acero de Azovstal. La operación estará completada en unos tres o cuatro días”, aseguró, admitiendo sin quererlo que, de momento, la ciudad no está bajo su control total y, por lo tanto, no ha sido «liberada».


El último episodio de horror conocido sobre Mariupol es la localización a través de las imágenes de satélite publicadas por Maxar Technologies de unas 200 fosas comunes cerca de la ciudad, donde las tropas rusas habría enterrado hasta 9.000 civiles ucranianos en un esfuerzo por ocultar la masacre que tuvo lugar durante el sitio de la ciudad portuaria.


Rescatar a los defensores

Por su parte, el comandante de la 36ª Brigada de Marines del ejército ucraniano, Serhii Volynskiy, hace días que pide a las potencias extranjeras aliadas de Ucrania una “extracción urgente de los defensores que quedan y de los civiles atrapados” en la ratonera de Mariupol, la cual ha sido arrasada por los bombardeos rusos y ya “no existe”, según informó el 18 de abril el ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, después de más de siete semanas de ataques constantes por parte de las tropas de Moscú.


Asimismo, se mostró muy preocupado «porque parece que allí el Ejército ruso se ha empeñado en arrasar la ciudad a cualquier coste» El alcalde de Mariupol, Vadym Boychenko, estima que «21.000 civiles han muerto durante los combates», cuyos cuerpos siguen esparcidos por las ruinas de la ciudad, motivo por el que los rusos «están cavando grandes fosas comunes a las afueras para enterrar a los difuntos”. Además, acusa al Kremlin de “haber bloqueado durante semanas los convoyes para evacuar a los civiles” con el objetivo de aumentar la masacre. En estos momentos se estima quedan alrededor de 100.000 civiles atrapados, sin acceso a comida, ayuda humanitaria ni servicios básicos en esta otrora próspera ciudad portuaria donde vivían medio millón de personas.


Mariupol ha estado bajo sitio desde el 1 de marzo. Desde entonces se combate a muerte y las fuerzas ucranianas intentan romper el cerco sufriendo cuantiosas bajas. El jueves pasado alrededor de 500 marines de Kiev y diversos miembros del batallón Azov consiguieron escapar a través de la zona portuaria, desoyendo las demandas del Kremlin para que «depongan las armas y se rindan». Algo que el famoso comandante del batallón, Svyatoslav Palamar alias Kalyna, se negó a hacer ante el temor de que sus miembros fuesen ejecutados.


Sin embargo, Mykhailo Podoliak, asesor de la oficina del presidente ucraniano aseguró que están preparados para realizar una ronda de negociaciones especiales con Rusia para acabar con el bloqueo de Mariupol. «Estamos listos para negociar y salvar a nuestra gente: militares, miembros de Azov, civiles, niños y heridos. A todos porque son nuestros, porque están en mi corazón para siempre», escribió en redes sociales.


El presidente Zelenski hace días que asegura que «Ucrania está preparada para acabar con el bloqueo a través de la diplomacia, pero Rusia no ha indicado que esté preparada para ello», a pesar de que Kiev «ofrece continuamente la posibilidad de abrir corredores humanitarios». Para el ex cómico y líder político sólo hay dos maneras de romper el cerco: «los esfuerzos diplomáticos o que los países occidentales hagan llegar armamento pesado a Mariúpol».


Por su parte, el jueves, el presidente ruso se dirigió directamente a los defensores ucranianos pidiéndoles «una vez más, que quien no haya depuesto las armas lo haga. Rusia garantiza las vidas y promete un trato digno de acuerdo con las leyes internacionales para los que se rindan. Los heridos serán asistidos con ayuda médica cualificada», explicó. Unas palabras que, entre la población ucraniana suenan a vacías después de los crímenes de guerra cometidos en Bucha y otras tantas ciudades alrededor de Kiev y en la zona del Donbás, donde continúa la nueva ofensiva ordenada por el Kremlin.


Más aún, cuando Petro Andriushchenko, uno de los asesores del alcalde de Mariúpol, aseguró a través de un canal de Telegram que «los rusos están disparando a cualquier persona que no lleve la cinta blanca en el brazo, incluidos los civiles», la cual es el distintivo que llevan todas las tropas rusas y que te señala como partidario de Moscú. El de las tropas de Kiev es azul. De esta manera, “pretenden confundir a los francotiradores ucranianos para que disparen contra civiles».


Justicia y Ley contra los crímenes de guerra

La impunidad en torno a este nuevo genocidio que se gesta en el este de Europa sería otra manera de capitular ante el mal

Editorial La Razón. 23 Abril 2022


Ayer conocimos una nueva atrocidad de esa categoría que evidencia que la humanidad es capaz de revolver sus peores instintos para dar rienda suelta a todos esos demonios bestializados sobre los que se ha jurado una y mil veces que nunca más. El imaginario colectivo de las generaciones sucesivas está plagado de nombres sellados con la sangre inocente de las víctimas que conforman una memoria atroz del mundo que rememora el sufrimiento y la barbarie como antídoto, por lo visto, imperfecto e insuficiente. Ucrania ha levantado de nuevo el velo de esa faz tétrica, la del envés de la condición humana, la que cíclicamente se banaliza mientras se practica el exterminio del otro.


El alcalde de la ciudad ucraniana de Mariúpol ha revelado el hallazgo de una gran fosa común en la que podrían estar enterrados entre 3.000 y 9.000 cadáveres, según las imágenes vía satélite, que sería 20 veces mayor que la de Bucha. Es la última de un mapa siniestro de ubicaciones de la crónica negra de esta guerra desatada por Putin. En paralelo Naciones Unidas ha confirmado «evidencias cada vez mayores» de crímenes de guerra y ha proclamado como cierto que las tropas rusas han perpetrado ejecuciones sumarias de civiles. Dos meses de invasión y de contienda se han convertido ya en una eternidad de sufrimiento y dolor, en un inabarcable lecho de víctimas y en una trituradora de esperanza ante la que no cabe resignación, equidistancia o tibieza.

El papel de los gobiernos occidentales y de las entidades supranacionales debe ser determinante no ya en el advenimiento del desenlace definitivo de la guerra –que ojalá se precipite–, sino como acicate y ariete incansables en el socorro de las víctimas que se cuentan por millones y en la persecución y castigo de los verdugos rusos que hoy ejecutan con frialdad el presente y el futuro de Ucrania bajo las órdenes del Kremlin que amenaza con extender la ofensiva y anexionarse todo el sur de una nación soberana.

El tribunal penal internacional ha expresado la decisión de esclarecer todos los delitos cometidos. El fin último pasa por que el concepto supremo de la justicia prevalezca y los monstruos penen por tanta abominación también como una expresión moral superior. Será el único epílogo tolerable y admisible para las sociedades libres, cuando callen los cañones y el silencio del duelo infinito ofrezca la paz a los muertos a través de los vivos y de la sentencias. Italia y España urgieron ayer a agilizar una investigación internacional. Es lo íntegro. Sin embargo, sería terrible que toda la contundencia y la voluntad que los políticos de las democracias enarbolan hoy contra el señor de la guerra de Moscú fueran sacrificadas en el altar de una paz que sería entonces inicua. La impunidad en torno a este nuevo genocidio que se gesta en el este de Europa sería otra manera de capitular ante el mal.


El Gobierno usa la inflación para robar y gastar

EDITORIAL. libertad digital. 23 Abril 2022

Decía Milton Friedman en Libertad de elegir que "la inflación es una enfermedad peligrosa y a veces fatal, que si no se remedia a tiempo puede destruir a una sociedad". Con el IPC disparado en marzo en el 9,8% y la subida de precios extendiéndose por todas las ramas de la actividad de la economía, la advertencia del Nobel estadounidense no podía ser más oportuna.


Lejos de intentar poner algún remedio al incremento sistemático de los precios, el Gobierno de Sánchez lleva meses haciendo oídos sordos a una lacra que está minando la riqueza del país, fulminando el ahorro de los ciudadanos y lastrando la competitividad. Primero, calificaban a la inflación como un "fenómeno coyuntural" que no tardaría en pasar y, ahora, cuando el IPC está a punto de rozar los dos dígitos, estos maestros de la mentira y la manipulación han encontrado el chivo expiatorio ideal al que cargar sus errores: la invasión de Ucrania.


También aseguraba Friedman en su célebre obra que "ningún Gobierno está dispuesto a aceptar la responsabilidad de haber provocado la inflación". Tampoco se equivocaba con Sánchez. Teniendo en cuenta que España cerró el año 2021 con un IPC del 6,5%, el nivel más alto en 29 años, y que no fue hasta febrero de 2022 cuando Putin comenzó el ataque, la desvergüenza política de los social-comunistas es evidente.


Mientras la inflación va erosionando el poder adquisitivo de particulares y empresas, el Gobierno no mueve un dedo para evitarlo por una sencilla razón: hace caja con ella. Ese es el motivo por el que Hacienda se niega en redondo a deflactar la tarifa del IRPF en plena tormenta de precios. Tener en cuenta la inflación a la hora de cobrar impuestos acabaría con los copiosos ingresos que se está embolsando el departamento de María Jesús Montero, y que detraen hasta 400 euros extra por contribuyente solo en el IRPF. Si a este tributo le sumamos el incremento de recaudación que genera la subida de precios en el IVA o en las gasolinas estaríamos ante un impuesto en la sombra que podría llegar a los 10.000 millones de euros.


Curiosamente, esta desorbitada cifra coincide con lo que va a tener que gastar el Ejecutivo en actualizar las pensiones en 2023 teniendo en cuenta la inflación. Y es que, una de las medidas más populistas del Gobierno de Sánchez ha sido enterrar definitivamente el famoso Índice de Revalorización de las pensiones -que vinculaba las prestaciones al crecimiento de la economía- y el Factor de Sostenibilidad -que las ligaba a esperanza de vida- para volver a indexarlas al IPC.


Ahora, con la inflación desbocada, el compromiso del Gobierno amenaza con agrandar todavía más el profundo agujero de las cuentas de la Seguridad Social. Sin embargo, con la hipocresía y la demagogia que le caracteriza, el Ejecutivo de Sánchez hará creer a los jubilados que su futuro está garantizando con su medida estrella de ligar las pensiones al IPC, pero es una odiosa mentira. De hecho, saben perfectamente que el sistema es imposible de sostener y, por eso, ya tienen en marcha reformas por la puerta de atrás para ampliar la edad de jubilación o el periodo de cálculo, lo que supone, de facto, un importante recorte.


Mientras tanto, el Gobierno sigue haciendo méritos para agradar a un colectivo que aglutina nada menos que a 9 millones de votantes, como son los jubilados. Y todo a costa de detraer recursos del sector productivo vía impuestos. Esos 10.000 millones de euros que está ganando Hacienda con la inflación irán a parar exclusivamente a la revalorización de las pensiones actuales -sin contar el coste de las prestaciones de los nuevos jubilados u otras revalorizaciones públicas, como las de los funcionarios-. Así, el desequilibro del sistema seguirá aumentando como también lo hará la obscena red clientelar que está tejiendo el Gobierno. Y la grieta entre la España que recibe y a la que roban cada vez se hace más grande.


La opaca transparencia

JIMMY GIMÉNEZ-ARNAU. Okdiario. 23 Abril 2022


Un asunto 100% crucial es el de la garantía de los Derechos Fundamentales que nuestra Constitución reconoce. Porque, ¿de qué sirven los derechos y las libertades, si no se exige su cumplimiento? No sirven para nada. Como esa estéril Ley de Transparencia -y tantas otras- que los 23 desaprensivos del Gobierno se pasan por el forro. El imperio de la ley ha sido sustituido por los abusos que el sanchismo + socios cometen a diario, mientras el patrón de la banda plagia a Bécquer, tomándonos por imbéciles: “¿Qué es transparencia? ¿Y tú, ciudadano, me lo preguntas? ¡Transparencia… soy yo!”, dice el farsante Sánchez, el ser más opaco y falaz que ha dado la política española en las últimas cuatro décadas.


Así pues, el grado de garantía o de exigibilidad de nuestros derechos, no es idéntico para los incompetentes que mandan con el inútil apoyo de los hijos de Putin, que para el resto de ilusos que creemos en el cumplimiento de la ley. El maniquí se asoma al abismo, atraviesa sus peores días, está en caída libre, lo afirman todas las encuestas, incluso la de Tezanos ya lo vislumbra. Datos que confirman su declive. La calle le odia y ninguno de sus otros esbirros se arriesga a asesorarle. Temen la histeria del déspota. Nadie se atreve a decirle que cuanto más tarde en convocar elecciones, mucha más dura será su caída. Feijóo, Ayuso y Abascal, le traen a mal traer porque la suma de sus votos lo echarán de palacio.


Todo cuanto hace y deshace este presidente del Gobierno se basa en mentiras. La opaca transparencia define su proceder. Nunca da la cara. Oculta ilegalidades que planea y pone en práctica, con una desfachatez pasmosa. Adultera cifras sobre la pandemia o la recuperación económica, a su conveniencia, como quien cose. Y jamás cumple con nada que promete. Nació para engañar, hacer el ridículo y arruinar a España. Se degrada a cada paso, sea ante Biden, sea ante al rey alauita, o los herederos de ETA. Actúa como un mesías y presume de unas anomalías que arrastra desde la cuna. Es tan altivo, tan abyectamente simple, que aún no se ha enterado de que su máxima vicio, el autobombo, siempre acaba en decepción.


Rosa Díez tuvo la genial idea de velar la foto que Sánchez pretendía sacarse junto al presidente Zelenski por mero afán propagandístico. En Twitter, la vizcaína pronto publicará un documento que desmonta la doblez del monclovita. “Enviaré al embajador de Ucrania en España el manifiesto pro Putin que han firmado dos ministros de Sánchez (el zoquete de la Hoz, Alberto Garzón, y la barbie del Martillo, Yolanda Díaz) en actos del Partido Comunista, con banderas y símbolos comunistas, los mismos que los soldados rusos esgrimen y despliegan en territorio ucraniano en plena guerra. Que la embajada sepa que los ciudadanos españoles repudiamos la hipocresía de este “tipo”, que sólo busca hacerse una foto propagandística con Zelenski”. (Ese “tipo”, al que se refiere Rosa, es Sánchez, Sánchez en estado puro).


El ‘apartheid’ lingüístico se extiende también a Valencia

Editorial ABC. 23 Abril 2022


El penoso ‘apartheid’ lingüístico que el independentismo lleva años poniendo en marcha en Cataluña y en Baleares para señalar y estigmatizar a alumnos cuyos padres exigen la enseñanza en español se está extendiendo a la Comunidad Valenciana. La denuncia de un estudiante de formación profesional con dificultades para hacer sus exámenes en la lengua valenciana, y al que se ha expedientado, revela que la intransigencia de esta suerte de ‘policía lingüística’ instalada en colegios, institutos y centros de formación resulta altamente contagiosa. En el fondo subyace un creciente odio a lo español, y una amplificación del sentimiento identitario hasta convertir en una exclusión lo que no es sino el derecho esencial de cualquier ciudadano a expresarse en su lengua oficial.


Lo cierto es que esto no ocurre en ningún país del mundo: en ninguno se embiste contra su propia lengua como si fuese una ofensa. Esta expansión de la irracionalidad avanza demasiado deprisa.


Y el pp en Galicia
Nota del Editor 23 Abril 2022


¿ Porqué siempre se olvidan de Galicia (y Navarra, y las vascongadas) ?

 

******************* Sección "bilingüe" ***********************

 

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