Recortes de Prensa  Miércoles 24 Agosto 2022

Medio año de infierno en Ucrania: tras miles de fallecidos, Rusia ocupa el 20% del territorio

Un tercio de la población ucraniana ha abandonado su hogar desde el 24 de febrero. Las tropas del Kremlin han cometido crímenes contra la humanidad

ROSTYSLAV AVERCHUK. la razon. 24 Agosto 2022


Hace seis meses, enormes columnas de tanques rusos cruzaron la frontera con prisa por llegar a Kyiv con la esperanza de capturar rápidamente la capital y reprimir cualquier oposición. Más tarde se reveló que las tropas rusas esperaban poder lograr esto en apenas varios días, con trajes militares de desfile encontrados en tanques capturados.


Mientras Ucrania cumple hoy su 31º Día de la Independencia, algunos de estos tanques se encuentran en las calles centrales de Kyiv y Leópolis. Sus tripulaciones están muertas o capturadas, al igual que decenas de miles de otros soldados rusos. Los transeúntes miran el equipo militar quemado con una mezcla de dolor y orgullo. Ya no se habla de que Kyiv corra el riesgo de ser capturada. Al contrario, los líderes del país, insistieron ayer en el futuro ucraniano de Crimea, que debe ser devuelto, de conformidad con el derecho internacional.


Ucrania sorprendió a las autoridades rusas que pensaban que tal nación no existía y la describieron como una creación artificial, una especie de «anti-Rusia» apoyada por Occidente. También sorprendió a los líderes occidentales que pensaron que la nación sería aplastada por un oponente abrumadoramente más fuerte. En última instancia, se sorprendió a sí misma al abandonar las divisiones y unirse en torno al líder que estaba perdiendo popularidad, aparentemente incapaz de cumplir dos promesas cruciales: poner fin a la guerra en Donbás y mejorar drásticamente el bienestar de los ucranianos.


Sin embargo, tuvo un coste enorme. Al menos 9.000 soldados han muerto y miles recibieron heridas que les cambiaron la vida. Varias grandes ciudades, como Mariupol, fueron prácticamente arrasadas. Miles de civiles fueron torturados, violados o asesinados en Bucha y otras zonas temporalmente ocupadas. Cientos de niños, como Liza de 4 años en Vinnytsia, han muerto. Alrededor del 20% del territorio de Ucrania, incluida Crimea y gran parte de Donbás, ahora están ocupados. Si bien esta guerra es la más grande en Europa que se ha librado entre dos ejércitos regulares desde la IIª Guerra Mundial, ahora se parece más a la Iª G M con su bajo ritmo de avance y la incapacidad de ambos ejércitos para infligir una derrota decisiva al enemigo, debida a la falta de fuerzas y equipos.


La línea del frente se puede dividir en dos áreas. Donbás, donde Rusia continúa su lenta y aplastante ofensiva haciendo llover proyectiles de artillería sobre la posiciones de la infantería ucraniana cerca de Bajmut y Donetsk. Moscú todavía disfruta de una gran ventaja en artillería, pero no puede solidificar su progreso con las tropas ucranianas retirándose de manera ordenada o manteniendo su posición bombardeada. En el sur, Kyiv ha identificado la debilidad de las posiciones rusas. Las tropas del Kremlin al oeste del río Dnipro corren el riesgo de quedar aisladas de sus bases logísticas después de que Ucrania empleara lanzacohetes múltiples HIMARS de alta precisión para atacar los pocos puentes que cruzan el río. No se debe esperar una ofensiva en el corto plazo, dicen los analistas militares, debido a la falta actual de armas pesadas. De hecho, las promesas públicas de lanzar la ofensiva pueden haber tenido como objetivo sacar parte de las fuerzas rusas de Donbás. Rusia efectivamente transfirió algunas de sus tropas a Jersón e incluso intentó lanzar contraofensivas allí.


Aunque no está claro si Ucrania podría realmente expulsar a las fuerzas rusas en el corto plazo, es posible que haya logrado una victoria psicológica al organizar una serie de explosiones en bases militares clave en la Crimea ocupada. Crimea se consideró inexpugnable debido a sus defensas aéreas. Los vídeos de miles de turistas rusos apresurándose a salir de la isla destruyeron el mito y también dieron aliento a los ucranianos en plena guerra.


Rusia no estaba preparada para una guerra larga. Aun así, su líder autoritario no puede mostrarse débil y reconocer la derrota, dicen varios analistas. Está listo para prolongar la guerra sangrienta y sin sentido y se basa en una mezcla peculiar de imperialismo y puntos de vista antiliberales que ha llegado a dominar el espacio público en Rusia. Más del 60% de su población piensa ahora que «los valores occidentales, la democracia o la cultura» no pueden traer nada bueno al pueblo ruso, mientras que el 55% pensaba lo contrario en 2000, año en que Vladimir Putin asumió la presidencia.


Aunque la cautela hacia Rusia, especialmente debido a sus amenazas veladas de emplear armas nucleares, puede estar justificada, sus afirmaciones no pueden tomarse al pie de la letra. Uno de los principales corresponsales militares de Ucrania, Illia Ponomarenko de «Kyiv Independent», indicó: «¿Recuerdan que Rusia amenazó con un “día del juicio final” para Ucrania en caso de un ataque a instalaciones militares en Crimea? ¿Adivinen qué pasó cuando Ucrania atacó Crimea hace semanas? Nada».


Igual que nada sucedió cuando Finlandia y Suecia decidieron abandonar su neutralidad a largo plazo ante la amenaza rusa. La frontera rusa con la OTAN se duplicará con creces, pero a Rusia apenas pareció importarle.


Un intelectual ucraniano, Valeriy Pekar, subraya que Kyiv no puede permitirse que cada nueva generación libre una guerra sangrienta contra Moscú. Rusia debe dejar de ser un imperio que busca expandirse continuamente sin importar los costos, ya sea en términos de vida de sus propios ciudadanos o de los pueblos de los países vecinos.


Pero primero, si insiste en continuar la guerra, se le debe enseñar una lección dolorosa, para mostrar que la fuerza ya no puede ser el argumento ganador. Para Mykola Bielieskov, analista militar ucraniano, está claro que Ucrania necesita más armas pesadas y apoyo económico de Occidente para ganar esta guerra. Dice que Ucrania está lista para luchar y no ve otra opción, pero tanto su gente como su economía están sangrando. El pueblo ucraniano merece este apoyo por el enorme sacrificio en nombre de la libertad y su victoria traería beneficios al mundo entero.


Así alertó EEUU a Ucrania: “¡Empezad a cavar trincheras! Habrá una invasión a gran escala de Rusia”

Estados Unidos había reunido información de inteligencia que anticipaba el inicio de una guerra por parte de Putin

VANESSA JAKLITSCH. la razon. 24 Agosto 2022


El camino hacia la guerra de Ucrania fue planificado meticulosamente por Rusia, sin dejar ni el más mínimo detalle para la improvisación. Aunque con lo que, con toda probabilidad, no contó el presidente ruso es con el papel que desempeñarían en el proceso los servicios de inteligencia estadounidenses, que filtraron con meses de antelación las intenciones de Vladimir Putin de emprender la acción militar necesaria en la frontera para hacerse con el control de su país vecino.


Medio año después de que diera comienzo la invasión de Rusia en Ucrania, una investigación del Washington Post basada en extensas entrevistas a una treintena de altos funcionarios estadounidenses, europeos, miembros de la OTAN y ucranianos destapa, cronológicamente, el paso a paso previo a lo que terminó por convertiste en el conflicto bélico más destacado del último siglo.


La pesquisa de la inteligencia de Estados Unidos durante las semanas previas a la invasión militar rusa en Ucrania incluyeron esfuerzos por parte de los países occidentales para frenar los planes de Putin, que no esperó encontrar tanta resistencia de su país vecino, ni mucho menos tanta implicación de los aliados de la OTAN.


Octubre de 2021

Los principales asesores del presidente Joe Biden le anticiparon, en el Despacho Oval y de manera detallada, los planes de guerra de Vladimir Putin para lo que apuntaba a ser una invasión a gran escala de Ucrania. Las agencias de inteligencia estadounidenses habían penetrado en diversas posiciones estratégicas a nivel político, militar e incluso de espionaje en Rusia descubriendo las verdaderas intenciones de un presidente con aspiraciones imperialistas.


Múltiples imágenes satélites, interceptación de comunicaciones y también fuentes humanas sirvieron para demostrar que Putin tenía cada vez más tropas concentradas a lo largo de la frontera con Ucrania con la finalidad de tomar el control de Kiev, así como una gran parte del resto del país.


“Evaluamos que planean realizar un ataque estratégico significativo contra Ucrania desde múltiples direcciones simultáneamente”, le confirmó a Biden el general Mark A. Milley y presidente del Estado Mayor Conjunto del país. Estados Unidos descubría, así, que Putin aumentaban drásticamente los fondos de sus operaciones militares a la vez que disminuía los de respuesta a la pandemia de COVID19, que por entonces todavía acechaba con fuerza a toda la población mundial.


Noviembre de 2021

El pronóstico de inteligencia se filtró a los medios de comunicación, mientras el presidente de Estados Unidos intentaba reunir la información adecuada para ofrecer pruebas contundentes al resto de los aliados de la OTAN. La decisión de Biden de empezar a apoyar a Ucrania con armamento militar y reunir a sus socios y aliados mundiales para hacer frente a lo que parecía una inminente invasión se basó en hacer todo lo posible por evitar, a la vez, que Rusia lo utilizara como excusa para escalar el conflicto y extenderlo más allá de su territorio fronterizo.


Siendo Rusia un país con capacidad de respuesta militar, el objetivo estratégico de Estados Unidos se centró en defender a Ucrania sin querer provocar un enfrentamiento a gran escala con Rusia, causando incluso en algunos momentos frustración entre funcionarios ucranianos. “No me disculpo por el hecho de que uno de nuestros objetivos aquí es evitar un conflicto directo con Rusia”, reconoció Jake Sullivan, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.


“¡Chicos, caven las fronteras!”, alertó en el Departamento de Estado, en Washington, un funcionario estadounidense sonriendo, taza de café en mano, al jefe de gabinete de Zelenski y al ministro de Relaciones Exteriores ucraniano. Dmytro Kuleva criticó que no recibieron detalles concretos de inteligencia, pero recordó que al devolverle la sonrisa el otro insistió: “Hablo en serio. Empieza a cavar trincheras. Serás atacado. Un ataque a gran escala y tienes que prepararte”.


Diciembre de 2021

A pesar de negarlo encarecidamente, Rusia había desplegado ya cerca de 100.000 efectivos militares en la frontera con Ucrania, según la información de las agencias de inteligencia estadounidenses. Putin ya había reunido a la misma cantidad de soldados en marzo y abril de ese mismo año, lo que representó la mayor movilización de las fuerzas rusas desde la anexión de Crimea en 2014. La crisis internacional por el despliegue generó grandes preocupaciones ante una posible invasión, aunque se retiraron parcialmente en junio. Pero las imágenes satélites que habían mostrado movimientos de tropas, misiles y otras armas de guerra pesadas se reanudaron en octubre y noviembre de 2021, concentrándose nuevamente en diciembre, cerca de frontera de Rusia con Ucrania, un total de 100.000 efectivos militares rusos.


Enero de 2022

El año empezó con el anuncio inminente de lo que parecía ser un secreto a voces: la inteligencia estadounidense no tenían ninguna duda de que los planes bélicos de Putin se harían realidad en cualquier momento. Pero otros asuntos de interés general como la pandemia de coronavirus o la retirada definitiva de las tropas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán - la presencia militar en otro país más larga de toda su historia - precipitaron los planes del presidente ruso a sabiendas que el mundo no estaría tan pendiente de las consecuencias de sus decisiones. Aquí es donde falló su pronóstico, cuya maniobra militar se prolongó mucho más tiempo del que nunca hubiera imaginado.


El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, se mantuvo firme en los intentos de otros para que abandonara el país. “Los socios occidentales estaban preocupados por lo que me sucediera a mí y a mi familia, pero alguien quería terminar las cosas más rápido y no tenían fe en que Ucrania pudiera hacer frente a esto y preservar”, afirmó al explicar su decisión de luchar con todo contra Rusia.


Febrero de 2022

Los esfuerzos de Biden de enviar a Moscú a su director de la CIA, William J. Burns, para entregarle a Putin una carta en mano advirtiéndole de las “graves consecuencias” de una posible invasión en Ucrania fueron en vano. “Mi nivel de preocupación ha aumentado, no disminuido”, informó Burns al presidente Joe Biden tras la reunión. Putin le había trasladado su malestar por la expansión de la OTAN y la ilegitimidad del gobierno ucraniano.


“Rusia no puede sentirse segura ante la amenaza ucraniana” fue el mensaje que Putin dirigió a la nación a las 6 de la mañana del 24 de febrero de 2022, distribuido por los canales rusos para justificar su decisión de lanzar la que calificó como “operación militar especial” en el este de Ucrania. Fue el comienzo de la guerra.


La nueva fase de años de conflicto constituyó el mayor ataque militar en suelo europeo desde las guerras yugoslavas, dejando tras de sí un trágico balance de miles de víctimas mortales y la crisis de refugiados más grande del conteniendo desde la Segunda Guerra Mundial, con cerca de cuatro millones de ucranianos obligados a abandonar su país y otros siete millones de desplazados internos.


PRIMERAS SEÑALES DE AGOTAMIENTO

"Winter is coming', y será duro". ¿Podrá Europa mantener el ritmo de armar a Ucrania?

Alicia Alamillos. el confidencial. 24 Agosto 2022


“Winter is coming' [se acerca el invierno], y será duro”. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, pedía este mismo martes a los países occidentales que aumentaran en los próximos meses su provisión de armamento —y más rápidamente— para ayudar a Ucrania no solo a resistir el agónico avance de las tropas rusas, sino a sostener una hipotética futura contraofensiva y recuperar territorios ocupados por Moscú. “Lo que estamos viendo ahora es una aplastante guerra de desgaste. Una batalla de voluntades y de logística. Por tanto, debemos mantener nuestro apoyo a Ucrania a largo plazo, para que Ucrania prevalezca”, arengaba Stoltenberg durante la celebración de la segunda edición de la Plataforma de Crimea.


Cuando se cumplen seis meses de la invasión rusa de Ucrania, empiezan a notarse algunos problemas y señales de agotamiento, con un bajón en los compromisos de entrega de armas a Ucrania ya este julio y agosto, en comparación con meses anteriores. Está por ver si, con la llegada del nuevo curso, los países europeos no se irán quedando rezagados frente a los últimos paquetes de ayuda militar prometidos por Estados Unidos que, aun así, tampoco implican un apoyo inmediato a Ucrania. Los paquetes financieros ayudan, pero tardan luego en materializarse en el terreno, precisamente cuando Kiev se enfrenta a un momento clave de la invasión rusa en esa guerra de aguante o contraofensiva.


Por ejemplo, se espera que Estados Unidos anuncie este mismo miércoles un paquete de 3.000 millones de dólares adicionales en ayuda militar para entrenar y equipar a las fuerzas armadas ucranianas en los próximos meses, según información filtrada a AP. Este dinero está pensado, sin embargo, para drones, armas y otros equipamientos que no llegarán al frente de batalla hasta dentro de al menos un año o dos, según fuentes de la Casa Blanca a AP. Este último paquete se une a la promesa de Estados Unidos, anunciada el pasado 19 de agosto, de un nuevo envío de hasta 775 millones en armas y suministros de las reservas del Pentágono, que incluye 40 vehículos blindados equipados con rodillos gigantes para despejar los campos de minas antes de cualquier operación terrestre en Ucrania, así como 50 Humvees blindados para el transporte de tropas, 1.500 misiles guiados TOW y 1.000 misiles antitanque Javelin.


Pero los principales países de la Unión Europea se van quedando atrás en el ritmo de envíos, en lo que hace temer que el agotamiento europeo, tras seis meses de guerra en Ucrania, implique una cierta sequía en el envío de ayuda militar concreta.


Este julio, y por primera vez desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania el pasado 24 de febrero, los seis países más grandes de Europa (Reino Unido, Francia, Alemania, España, Italia y Polonia) no ofrecieron a Ucrania nuevos compromisos militares bilaterales, según un reciente informe del Instituto Kiel para la Economía Mundial (Kiel Institute for the World Economy, con sede en Alemania), que hace un seguimiento de la ayuda militar (tanto en forma de armamento concreto como en financiación) y humanitaria o de cooperación prometida y finalmente entregada a Kiev.


Este primer mes en blanco —en agosto sí que se han anunciado nuevos compromisos, aunque a mucho menor ritmo— puede ser un síntoma de ese agotamiento, y en Ucrania hay miedo a que se convierta en la nueva medida habitual de menos y más espaciadas promesas.


“Hemos observado un grandísimo descenso en los compromisos de ayuda militar y de entrega de armas a Ucrania desde junio”, sostiene Arianna Antezza, líder del equipo del Kiel Institute encargado del Ukraine Support Tracker, en entrevista con El Confidencial. “Esto es probablemente el elemento más notable: si no prometes nada, no entregarás nada [armas, a Ucrania] una vez ya hayas cumplido los envíos de las promesas iniciales que se hicieron, por ejemplo, en mayo”, añade.


Sin embargo, hay que tener en cuenta alguna de las razones detrás de ese bajón en promesas militares, que no son necesariamente negativas para Ucrania. El nuevo escenario militar en el terreno forzó a que los países occidentales cambiaran el tipo de armamento que entregaban a Ucrania, en favor de un armamento más pesado, acorazado, de mayor alcance y más complejidad. Es decir, los ligeros Javelins (lanzamisiles portátiles antitanque) que tantos éxitos reportaron en los primeros meses de la ofensiva dieron paso a compromisos como los de Francia, que ha enviado Caesar (obuses autopropulsados), o los lanzacohetes múltiples Himars estadounidenses. Entre esas promesas de armamento pesado estarían también, por ejemplo, los malogrados Gepards alemanes (carro con cañones y sistemas antiaéreos, prometidos en mayo, pero que no fueron entregados, y solo los tres primeros, hasta finales de julio) o los Leopards españoles, prometidos inicialmente en abril pasado y que, tras meses de dudas y algún roce diplomático con Alemania, que tenía que dar su visto bueno al traspaso, fueron retirados de la oferta por el "estado absolutamente lamentable" (en palabras de Margarita Robles) en que se encontraban.


El tipo de armamento que estaría llegando ahora a Ucrania es más caro que lo prometido en los primeros meses de la invasión, y hay también menos existencias en las armerías occidentales, por lo que entre los expertos militares está apareciendo el miedo a que no haya suficientes suministros que donar, o que la mera fabricación de armamento sea capaz de mantener el ritmo de la creciente demanda. Todo eso, más allá del agostamiento o no del compromiso político en la entrega de armas.


Este problema también afectó a las entregas de Estados Unidos, que hasta ahora ha limitado a 16 el número de Himars enviados a Ucrania, por temor a que entregar más consumiera las reservas de misiles guiados por satélite del Pentágono. Sin embargo, en los últimos días y tras el anuncio del nuevo paquete militar, funcionarios del Pentágono estadounidense han enfatizado que su reabastecimiento de municiones para varios sistemas de artillería ha alcanzado un nivel “regular y sostenible” para continuar con sus entregas a Kiev, según recoge el 'New York Times'.


El cambio en el tipo de armas es clave en una contraofensiva ucraniana para intentar reconquistar territorios ocupados por Rusia, especialmente en el sur del país, pero está por ver si el propio Kiev decide dar el paso y no solo mantenerse en esa guerra de aguante, sino avanzar territorialmente. Pero ese parón veraniego en los compromisos pasa también factura a la hipotética contraofensiva ucraniana en las próximas semanas. Según el seguimiento de Antezza, entre el anuncio de un compromiso y la entrega definitiva en Ucrania pasa al menos un mes. Si en julio no ha habido compromisos, en septiembre empezaremos a ver los problemas.


El seguimiento de las entregas de armamento es muy complejo. En ocasiones, es considerado alto secreto (como Italia), por el desfase entre lo que se promete y lo que luego realmente se envía, o simplemente las partidas financieras prometidas no se traducen públicamente a una lista de armas específicas. Por ejemplo, tras los recientes ataques a bases y objetivos militares rusos en Crimea, fuera del rango habitual de las armas ya disponibles por Ucrania, se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que Estados Unidos esté enviando armas de las que no se ha informado oficialmente. Otro ejemplo de ocultación es, precisamente, España, pero por motivos muy diferentes. “España no es un país muy transparente. Hay países como Noruega, Alemania o Estados Unidos que han publicado una lista de los artículos enviados a Ucrania. España no ha sido muy clara con ciertas armas que ha enviado a Ucrania”, señala Antezza, que apunta a un “debate muy turbio” sobre el caso de los frustrados Leopards. Según declaraciones de la ministra de Defensa, Margarita Robles, se ha mantenido una extremada cautela con los detalles sobre los envíos específicos por razones de seguridad. Pero, aun así, la mayoría de los envíos de España son de armamento no pesado, con excepción de 20 transportes de personal M113 del Ejército de Tierra (todavía por entregar) y una ambulancia militar acorazada ofrecida en abril, y prefiere centrarse en la ayuda humanitaria.


La de los Leopard no es la única promesa que luego no termina de materializarse. Es habitual en las calles de Kiev el chiste de nuevo cuño de “hacer un Scholz/hacer un Alemania” para hablar de prometer mucho, pero luego arrastrar los pies y que nunca se cumpla con el compromiso. “Hemos observado una tendencia de Alemania de retrasar las entregas”, confirma la experta del Instituto Kiel, quien detalla que la mayoría de las armas que no han sido entregadas por Alemania son “el armamento pesado de artillería”. “Por ejemplo, la mayoría de los intercambios de armamento [Berlín entregaría armamento pesado a países como Eslovaquia, Eslovenia, República Checa, Polonia o Grecia, para que estos entreguen sus tanques soviéticos a Ucrania], que fueron anunciados en abril, todavía siguen en proceso de negociación en muchos casos”.


Es por eso que los últimos mensajes públicos del canciller Olaf Scholz han sido recibidos con los brazos abiertos, pero con un inevitable escepticismo. “Entendemos la posibilidad de una escalada [militar] mayor, así que hacemos una importante promesa: continuaremos apoyando a Ucrania con nuevos envíos de armas”, declaró el mandatario alemán este mismo martes, en un encuentro bilateral con el presidente de Canadá, Justin Trudeau. La misma noche del martes, la agencia Reuters ha adelantado —citando fuentes cercanas al Gobierno alemán— que Scholz planea una nueva remesa de armas por valor de 500 millones de euros para Ucrania, entre tres sistemas de defensa aérea Iris-T, una docena de vehículos acorazados, 20 lanzamisiles y sistemas antidrones. Lo de los Iris-T suena a disco viejo: lleva prometiéndolos, sin que hayan llegado a Ucrania todavía, desde hace meses.


La guerra se estanca

Editorial ABC. 24 Agosto 2022


Seis meses después del inicio de la guerra es necesario constatar que la invasión de Ucrania, una guerra injusta e injustificada que inició el autócrata ruso Vladímir Putin, se ha quedado prácticamente congelada con las tropas de uno y otro bando en un frente casi estabilizado.

Teniendo en cuenta la abrumadora superioridad militar de Rusia, que los ucranianos hayan sido capaces de contener y en algunos casos rechazar el ataque de sus vecinos constituye un mérito innegable que les permite albergar esperanzas de poder revertir la situación. Sin embargo, las tropas rusas logran avanzar una vez que parecen haber resuelto algunos de los graves errores tácticos y logísticos que se pusieron de manifiesto al comienzo del conflicto. El resultado de este estado de cosas es que ninguno de los dos contendientes está pensando en una paz negociada ni ahora mismo ni en un futuro previsible. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ya dijo ayer que no contemplaba en ningún caso, ni bajo ningún formato, abordar un proceso de negociaciones que partiría desde el hecho de que debería renunciar a más de la cuarta parte de su territorio. Y en Rusia, en el funeral de la hija del ideólogo de la guerra, Alexánder Duguin, ya ha quedado claro que los planes expansionistas del Kremlin van incluso mucho más allá de Ucrania.


Por definición, los conflictos terminan siempre con una paz negociada, pero está claro que por desgracia ese momento no ha llegado todavía y que habrá que esperar al menos hasta que pasen unos meses para ver cual es el efecto del «general Invierno» y si el frío puede cambiar las coordenadas de la invasión y de la guerra.


También será necesario evaluar hasta qué punto se mantiene la solidaridad de las potencias occidentales con Ucrania, cuya capacidad militar depende prácticamente en su totalidad de esa ayuda militar en tecnología e inteligencia. Seis meses de guerra y de sanciones han servido para desordenar toda la economía mundial y en concreto en Europa han puesto de manifiesto el grave error cometido –los dirigentes alemanes los primeros– al confiar en que la mera interdependencia con Rusia sería un mecanismo para ayudar a encajar a esta potencia nuclear en el mundo civilizado.


Lejos de ello, Putin ha declarado también la guerra a los valores de la democracia liberal y ha dejado claro además que sus planes de conquistar Ucrania forman parte de su obsesión por combatirlos. En este sentido, para las sociedades europeas la ayuda a Ucrania no es solamente una causa justa en sí misma, sino que forma parte de nuestra propia defensa. Y si hasta ahora la inmensa mayoría de la población ha asumido con serenidad el coste de esta posición, no sabemos hasta cuándo se mantendrá esa cohesión tan necesaria y al mismo tiempo tan vulnerable a las operaciones de intoxicación y ataques híbridos por parte de Rusia que sin duda se van a producir.


El invierno y los previsibles problemas de energía serán también una prueba definitiva para los propios ciudadanos y para la capacidad de sus dirigentes de mantener la unidad entre los países europeos. Los ucranianos se están jugando la existencia misma de su país bajo las bombas rusas, pero nosotros podríamos perder también aquello que nos ha permitido progresar y construir una de las sociedades más prósperas y libres del mundo porque hace seis meses que terminó la paz en Europa.



Las siete muertes de VOX

EDITORIAL. gaceta. 24 Agosto 2022

La primera vez que mataron a VOX el partido era todavía un nasciturus. De las primeras ecografías renegaron muchos de sus primeros progenitores, porque no reconocían en ellas sus propias facciones, convencidos como estaban de que sus genes debieran ser predominantes.


Tras el fracaso de las elecciones europeas de 2014, es decir, antes de que el proyecto viera la luz de la representación, ya lo enterraban como a un aborto honoris causa, rogando muchos de sus precursores que aquella infidelidad al sistema se olvidara pronto, sin luto ni llantos, al revés, festejando con mucha algarabía la salud anaranjada de Ciudadanos, un retoño que cumplía con los estándares de la moral política y que no escandalizaba a la liga de las buenas costumbres que habita en redacciones y consejos de administración, en sacristías o tertulias. Aquel desliz ominoso no debería truncar las aspiraciones de señoritos con futuro de moqueta ni turbar el descanso de los prebostes progres y la democracia que se habían dado.


Pero resultó que, tenue, como el llanto de un recién nacido arrojado a la basura, la vocecilla de VOX no terminó de callarse. En política, si se resiste, de la primera muerte, se sale.


Antes de que Pedro Sánchez se inventara lo de la resiliencia (concepto quizá más adecuado para describir la capacidad de ciertos organismos para adaptarse y sobrevivir incluso a desastres nucleares) Santiago Abascal se acercó al timón del partido fallecido y convocó un congreso del que salió elegido hablando de cosas que pocos entendían y de las que nadie quería hablar. Género, globalismo, inmigración, islamismo, soberanía amenazada, fraude climático… Y con esas palabras, raras en aquel entonces, se puso a atravesar un desierto que no ha transitado con éxito ninguno de los líderes políticos de la historia contemporánea.


Nadie ha estado tan solo en un banco de Sevilla, o en el peregrinaje triste por cafeterías o sótanos o cualquier tipo de catacumbas tan ajenas a la noticia. De vez en cuando, desde las alturas enviaban a algún redactor con ganas de medrar, para que hiciera una crónica divertida sobre el cadáver andante, en esa españolísima costumbre de calentar el hogar del poderoso con la leña cómoda del árbol caído. Cuánto desprecio y cuánta suficiencia sufrieron entonces los que permanecieron. Hasta los becarios de las redacciones más mediocres se permitían dar consejos a aquel quijotillo de Amurrio, mientras se burlaban de las bellezas que este cantaba de Dulcinea. O sea, de la patria, de la libertad, de la justicia, de la soberanía. En realidad nunca hubo un quijote más sanchificado, o sea, más lleno de sentido común, pero hasta quienes en su interior reconocían las verdades, se guardaban mucho de reconocerlas, no fueran a ser condenados al mismo ostracismo donde no hay pagas, ni publicidad, ni despachos, ni nombramientos de Villa y Corte.


Sólo algunos miles de votos consiguió VOX en la cita electoral de Andalucía en 2015. Otros miles en las generales de ese mismo año y del siguiente. Recién renacido, y por segunda vez muerto. Así aparecía en las esquelas cuando había alguna página o alguna tertulia que rellenar. Ya no servía ni para hacer chistes.


Llegaron entonces los primeros preparativos del golpe catalán. Hasta entonces esos crímenes solían prepararse de manera clandestina, pero la postración del marianismo, la debilidad miedosa de las instituciones y los medios que viven también, y tan bien, de todas las administraciones, hicieron posible aquella rareza de un golpe de Estado cocinado al aire libre, financiado con dinero público de contribuyentes que todavía estaban pagando el expolio de las Cajas de Ahorros, y que tenían que sostener entonces las embajadas donde los separatistas contaban al mundo que España les robaba.


Eran, además, los tiempos de la “nueva política”. Y los neopolitólogos se daban importancia analizando el fenómeno de aquella coleta que decía que podía con todo, o del más aseado líder naranja, producto de un marketing arrollador y modernísimo, como quizá no se había visto desde la operación Roca, el anuncio de la colonia Chispas o Manuel Luque, el director general de Camp, fenómenos que habían vivido los boomers pero que ahora arrasaban en el mercadeo político para seducir al votante millennial.


Santiago Abascal no tenía a esos genios publicitarios, ni hubiera podido pagarlos, pero ante el aparente ataúd de VOX comenzaba un peregrinaje de súplicas y plegarias para que se levantara y anduviese, murmuradas por españoles de toda condición que no se resignaban a contemplar en silencio aquel disparate, y que buscaban desesperados el milagro de un líder con el valor suficiente como para decirle stop a la historia del naufragio nacional.


Y aquel VOX fantasmal se hizo otra vez carne. De nuevo burlas y chanzas al ver a Abascal denunciando la conspiración en los tribunales catalanes, y la dejación de funciones del Gobierno en el Supremo, y hasta enfrentando el golpe mismo en la calle, convocando a los españoles frente a sus ayuntamientos, el 30 de septiembre de 2017. Y, sorpresa, a pesar del silencio de los medios, y del activo boicot del partido del Gobierno, a aquellas concentraciones acudieron muchos. En la plaza de Cibeles, en Madrid, varios miles de personas agitaban banderas frente a un escenario que no existía, porque no estaban previstas intervenciones. Alguien convenció a Santiago para que se encaramara a una furgoneta, con el mismo megáfono con el que había hablado a nadie en Sevilla hacía apenas un año.


El sábado siguiente, con la misma improvisación que imponían los hechos, se convocó en la plaza de Colón, ya con un atril digno, y entonces fue más de un centenar de miles de personas las que escucharon al presidente de VOX sin saber muchos que a VOX lo habían matado ya dos veces. Y que no se había muerto.


En aquella concentración del 7 de octubre, detonante de la del día siguiente en Barcelona, estaba presente el todavía responsable de la política de comunicación del Partido Popular, Pablo Casado. Acudió como uno más, entre el público, y declinó en varias ocasiones la invitación que le hizo Santiago Abascal para subir al estrado de piedra desde donde iba a dirigirse a los asistentes. Probablemente él quería subir más arriba, y lo habría de conseguir algunos meses después.


De hecho, las primarias del Partido Popular que le encumbrarían como nuevo líder de la oposición constituyen el tercer entierro de VOX. Casado dijo entonces que “el PP había vuelto”, porque por lo visto mientras le había tocado gobernar se había ido. Después de derrotar a Soraya y a Cospedal, el recién estrenado líder popular se mostró muy seguro de que regresarían a la casa común aquellos que habían empezado a escuchar a VOX y que asomaban tímidamente en las heterodoxas encuestas de forocoches.


Casado había oído a Santiago en Colón, y se sentía capaz de desempeñar ese papel aún mucho mejor que su viejo compañero de Nuevas Generaciones. Al fin y al cabo, él había llegado a las plantas nobles de Génova mientras que a Santiago le habían pedido que se apartase hasta de las listas vascas donde siempre faltaba gente. Pensó que bastaría con copiar la barba y media docena de frases. Sus susurradores se lo aseguraban con el mismo ardor con el que deseaban sentarse en los despachos grandes del partido y del Congreso.


Con aquella vuelta del “PP auténtico” retornaron los politólogos a su oficio de enterradores, y los cenizos a sus cenizas. Los voxeros más flojillos creyeron que una victoria de Soraya, tan evidentemente incapaz en el Gobierno pasado, y tan indisimuladamente progre en el proyecto futuro, les habría dado una oportunidad… pero que con el PP de Casado ya no existía. Para el aparente sentir general VOX habría de desaparecer porque había surgido de la desafección provocada por Mariano, pero ahora con Pablo Casado regresaba el partido de siempre, el de Aznar, y el de Gallardón, y el de Fraga y el de Suárez y el de Gil Robles y el de Azaña si era necesario, cualquiera que sirviese a columnistas y tertulianos, a presbíteros o diáconos, a enchufados y estómagos necesitados, a los votantes de nariz tapada, y a todos los que en política solo temen que la izquierda les quite el carnet de demócratas de toda la vida. VOX había muerto, en definitiva, porque había desaparecido el breve espacio que por un momento pareció existir, y no había razón para esperar otro milagro de la primavera.


Pues el milagro no se hizo esperar tanto. En otoño de 2018 se desbordaba la plaza de Vistalegre, y miles de personas, en la calle, tuvieron que contentarse con el saludo que Santiago Abascal les dedicó de nuevo con el viejo megáfono, que parecía tener tantas vidas como el partido.


Ya dentro, VOX anunció las 100 medidas que resultaban urgentes para España, un resumen de los discursos que el político vasco había ido construyendo en sus sucesivas sepulturas. Abascal había hablado de islamismo antes de Bataclán; del disparate de género antes de que las leyes volvieran a hacer desiguales a hombres y mujeres; de la libertad de educación antes de que se instaurase la corrupción de menores como método pedagógico; de la defensa de la vida y la familia cuando ya no se escuchaba aquello ni en los púlpitos; del peligro del globalismo años antes de que pandemias y guerras convencieran al mundo de que no era muy inteligente que China fuera la encargada de producir todo; de la religión climática que traía el desierto industrial y energético; del plan nacional del agua antes de la sequía que ahora toca, del peligro de las avalanchas migratorias antes de que las manadas se pusieran de moda… Y de impuestos, y de organización territorial, y de sueldos dignos, y de okupación, y de libertad para conocer y opinar sobre nuestra propia historia…


Apenas dos meses después, VOX entraba en Andalucía y facilitaba el fin del régimen socialista condenado hace poco por el mayor escándalo de corrupción de toda Europa.


De allí la alerta antifascista. El muerto estaba más vivo que nunca. Al menos esa es la cara que se le quedó a la prensa y a los líderes políticos de cualquier color, en aquellos días todos lívidos porque estaban viendo al cadáver que tantas veces habían enterrado entrar con toda naturalidad en un parlamento.


Los exterminadores de la disidencia se lo tomaron entonces más en serio. De la calumnia a la violencia, de la manipulación a la censura. Tanto nerviosismo, tanto miedo, hizo que, como un contagioso pánico, las expectativas de VOX se multiplicaran muy por encima de los resultados que consiguió en abril de 2019. De la nada aparecieron 24 diputados y, oh sorpresa, como no eran doscientos, no faltaron profetas dispuestos a enterrarlos de nuevo. Algún día alguien hará un repaso por los diagnósticos y proyecciones que los politólogos de España han ido cobrando, con el mismo descaro que los vendedores de crecepelo en los westerns… Sólo que estos no podían volver a los pueblos que habían estafado con sus pócimas, y aquellos, sin embargo, siguen realizando y cobrando sus pronósticos como si alguna vez hubieran acertado.


Aquel intento de velatorio duró menos que ninguno. Seis meses más tarde VOX doblaba el número de escaños, y aunque se multiplicaba el ánimo homicida ya nadie se hacía ilusiones por ver al partido desaparecer. Los de Pablo Iglesias, unidos a todo el fanatismo periférico, incrementaron la violencia; otros duplicaban las manipulaciones, en Génova se dedicaban abiertamente al plagio. Albert Rivera, siempre original, se limitaba a actuar como si VOX no existiese, aunque necesitara los votos para conseguir sillones autonómicos. De Abascal sólo se esperaba algún error… Aireaban sus contactos europeos como si formase parte de un red terrorista internacional, escudriñaban sus discursos con un celo que nunca en España se había dedicado a batasunos, separatistas y rediseños del comunismo… Y como no encontraban anatemas, los inventaban. Cualquier cosa para que no se supiese que fue VOX quien llevó a los golpistas al banquillo, que fue VOX quien acabó con un confinamiento ilegal convocando una caravana de coches nunca vista en España, mientras llevaba al Constitucional, con éxito, la denuncia de los primeros atropellos liberticidas del sanchismo, y que fue VOX, otra vez Abascal, quien presentó una moción de censura ante un Gobierno ilegítimo que había pisoteado la Constitución y pactado con todos los enemigos de España.


El PP votó que no. Ciudadanos votó que no. Junto al PSOE, junto a los partidos golpistas, junto a Bildu. Votaron que no a la censura del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Votaron que no a un Gobierno de Santiago Abascal que se comprometía a convocar elecciones. Y Pablo Casado fue algo más allá. En un discurso ciertamente histórico, recuperó todas las insidias que contra VOX y contra su líder se habían esparcido durante meses. Incluso se permitió alguna indignidad que todavía debe perseguirle.


Fracasó la moción y, por quinta vez, aulló el coro de los sepultureros y los cenizos. Un columnista y tertuliano muy de derechas ensayó incluso un epitafio hiriente, disfrazado de nuevo evangelio casadista: “Y Pablo tomó la palabra, y la Palabra tomó a Pablo” escribía Jorge Bustos, en un éxtasis que no había alcanzado en sus loas anteriores a Mariano y a Soraya, y que apenas igualó cuando después le tocó divinizar a Rivera o a Inés Arrimadas. Es curioso, con ese listado de próceres a los que ha aplaudido tanto, que aún hoy, (cuando proclama la sexta muerte de VOX, por el resultado de Andalucía) siga sin haber aprendido nada sobre cadáveres políticos.


Pero estábamos todavía en el quinto entierro, el del fracaso de la moción de censura. Para ayudar a echar tierra muchos acudieron entonces a la manipulación de las encuestas, tratando de crear un clima de desánimo en el electorado que compartía, palabra por palabra, el diagnóstico que Abascal había hecho en la tribuna y comprobaba, día a día, cómo se iban cumpliendo, (estos sí) los pronósticos sobre las tropelías que aún iba a perpetrar el sanchismo.


Tampoco funcionó ese homicidio, quizá el más infame. Poco después, Ignacio Garriga convirtió a VOX en el primer partido nacional de Cataluña, Rocío Monasterio resistió y aún creció frente al huracán de Ayuso, mientras le indicaba la puerta de salida a Pablo Iglesias… Rivera hacía tiempo que ya se había ido. Y después, Castilla y León; donde el partido muerto cinco veces se pone a negociar para formar Gobierno, mientras Pablo Casado, el último de aquellos jóvenes de la nueva política, también moría para ella, lapidado por las mismas manos que se habían roto de aplaudir el retorno del PP auténtico.


Ahora, tras los resultados andaluces, y tras aumentar sólo dos diputados y un 25 por ciento más los votos respecto a las últimas autonómicas… A VOX vuelven a matarlo. Como siempre, cada uno elige la causa de defunción: unos que si el discurso agotado, otros la falta de estructura, o el abandono de la candidata… O el novísimo PP, claro, el de Feijóo y Pons, y Arenas, y toda esa cantera que nos dicen que ahora sí que sí, que ahora VOX se ha muerto, y que sólo queda enterrarlo.


Algún día acertarán, qué duda cabe. Puede que a la séptima vaya la vencida. Empeñados en eliminar de la política lo que temen, lo que no entienden, lo que no escuchan, lo más lógico es que se aferren al tiempo que todo lo cura pero que también todo lo mata. VOX dejará de existir, a la séptima, cuando su discurso deje de tener sentido. O cuando otro partido sepa defender con más eficacia los proyectos que España necesita. De momento no parece probable. Porque sostener el discurso de Santiago Abascal no consiste sólo en saber entender el nuevo tiempo político, económico, social, técnico y cultural, en transformación vertiginosa y permanente. Consiste también en tener el valor de sostenerse frente a la que es, quizá, la mayor acumulación de poder de la historia, la misma que está arruinando a las naciones occidentales y arrebatando libertades como hasta ahora sólo se producía en regímenes abiertamente totalitarios o teocráticos. Consiste, en definitiva, en mantenerse vivo cuando todos te declaran fallecido.


Pero, al menos de momento, y tras este repaso breve a los sepultureros de VOX y de Abascal, no resulta muy creíble la procesión fúnebre de columnas, y tertulias y encuestas.


Sólo queda encoger los hombros y recitar mal traducidos aquellos versos de Corneille en El mentiroso: «Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud».


Argentina como espejo

EDITORIAL. libertad digital. 24 Agosto 2022

En Argentina y en España vemos grandes casos de corrupción y una respuesta idéntica: ataques a la Justicia y fuertes intentos de degradadar las instituciones.


Lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Argentina no debe ser indiferente a nadie en España, pues el país latinoamericano es, por desgracia, el espejo en el que la mayor parte de la izquierda española se mira, el modelo que quieren trasladar a nuestras instituciones.


Y no hay que llamarse a engaño: es un modelo de corrupción, arbitrariedad, violencia política y, en suma, degradación de la democracia. Un modelo que, por supuesto, sólo puede traer pobreza, que es exactamente lo que ha llevado a Argentina, un país en el que la clase media ya casi no existe y que se enfrenta a una tasa de inflación del 70%.


Muchos pensarán que el parecido no es tan evidente, pero por desgracia los paralelismos y las conexiones no son pocas: fuerzas políticas de izquierda con muchas e intensas relaciones gobiernan a uno y otro lado del Atlántico; los casos de corrupción han sido monumentales y, sobre todo, la respuesta a ambos es la misma: el ataque a la Justicia y un intento muy fuerte de degradación de las instituciones. Lo vemos allí en del juicio a Cristina Fernández de Kirchner y aquí a cuenta de la sentencia, ya más que firme, por el tremendo caso de los ERE y la condena a Manuel Chaves y José Antonio Griñán.


Esa invasión del poder Ejecutivo en todos los ámbitos, tanto los que le son propios como los que le son democráticamente ajenos, es uno de los rasgos más claros de los países, como Argentina y España, que se deslizan por la pendiente que te lleva a dejar de ser una democracia.


Por último, pero no menos importante, hay otro rasgo que por desgracia compartimos con el país hermano del cono sur: el camino a la pobreza del que antes hablábamos y en el que Argentina ha recorrido un trecho mucho más largo que España, pero en el que nuestra sociedad se está adentrando con pasos terriblemente firmes.


Allí como aquí, en suma, una sociedad asfixiada por una izquierda radicalmente antidemocrática se enfrenta a sus últimas oportunidades para no despeñarse por el barranco. En el caso argentino castigar la inmensa corrupción de Fernández de Kirchner con la condena que merece es un primer paso inexcusable que debe seguirse de un vuelco político que esperemos que las nuevas opciones liberales recientemente surgidas sean capaces de darle al país. En España, se hace necesaria una contestación social y democrática a todos los niveles que se traslade también más pronto que tarde a las urnas.


No podemos terminar sin una advertencia que debería escuchar la derecha de este lado del Atlántico: la historia reciente de Argentina, como la de España, demuestra que cuando las alternativas democráticas más responsables logran descabalgar electoralmente a la izquierda pero no son capaces de imprimir el giro de 180 grados que la situación de ambas sociedades demanda, rápidamente se ven sustituidas de nuevo por la demagogia, la mentira y la corrupción. Por muy desastrosa que haya sido la experiencia previa, la capacidad de peronistas, socialistas, kirchneristas o podemitas para hacer olvidar a los votantes es casi tan infinita y temible como su habilidad para arruinar países y sólo un cambio de verdad y exponer sus carencias una y otra vez sirven para alejarles de la reconquista del poder.


Cómo fracturar una sociedad

RICARDO RUIZ DE LA SERNA. Gaceta. 24 Agosto 2022


La asociación JUCIL difundió hace poco unas imágenes que corrieron por las redes como la pólvora. Mostraban a la Guardia Urbana de Barcelona retrocediendo ante unas decenas de “manteros” que les arrojaban objetos y zarandeaban los torniquetes del metro de la Ciudad Condal. Algunos pasajeros, viendo la que se avecinaba, aceleraban el paso mientras los policías se protegían tras una esquina. Totalmente equipados, dotados de cascos y defensas, los agentes de la autoridad eran los que se escondían dejando el campo libre a los violentos.


Otro vídeo que circulaba más o menos en esos mismos días mostraba a dos vigilantes de seguridad reduciendo a un joven mientras los rodea un grupo de personas que graban la intervención y les increpan. Debía de haber algunos extranjeros presentes porque algunos les gritan en inglés que tengan cuidado. No sirve de mucho que uno de los vigilantes diga que “está robando, ¿eh?”. Ellos aparecen como los sospechosos y el sospechoso parece, en realidad, la víctima.


Son solo dos ejemplos de los contenidos que generalmente no se ven en los medios de comunicación, pero que proliferan en los canales alternativos a pesar de la censura de contenidos. Su interés informativo, a mi juicio, resulta evidente, pero creo que es aún más interesante lo que revela sobre nuestro tiempo: es más importante dar pena o parecer débil que tener razón. En un tiempo de emotivismo y sensiblería, imponer la ley es más impopular que quebrantarla. El temor a la acusación de racismo o de brutalidad es asfixiante.


En efecto, el pensamiento “woke” —la ideología de los talibanes de las pretendidas luchas sociales— ha encontrado en la Policía y, más en general, en lo que en España llamamos Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado, el chivo expiatorio de su descontento. En los Estados Unidos, se ha llegado a exigir la disolución de la Policía so pretexto de buscar soluciones alternativas a la delincuencia; por ejemplo, invirtiendo más en programas “sociales”. Naturalmente, esto no funciona porque, al final, los delincuentes campan por sus respetos y son los ciudadanos que cumplen la ley quienes sufren el caos y el desorden.


Sin embargo, hay otro aspecto que suele pasar desapercibido: no todos los detenidos gozan de esa presunción de “víctima de abusos policiales”. Por ejemplo, en Canadá, hace apenas seis meses, a los camioneros en protesta contra la exigencia de “pasaportes Covid” para moverse por todo el territorio nacional los reprimieron con dureza y apenas tuvo eco en los medios. Ninguna de las ONG habituales alzó la voz para denunciar el uso de la fuerza contra esos trabajadores autónomos que se manifestaban, ellos sí, pacíficamente. Al contrario, los presentaron como enemigos sociales. Bloquearon las cuentas a través de las cuales podían recibir donaciones. Se difundieron toda clase de estudios sobre los costes que su huelga estaba provocando y sobre los perjuicios que causaban por doquier. A ellos nadie les dio el beneficio de la duda.


Tampoco se lo han dado a los agricultores de los Países Bajos que protestan contra las políticas pretendidamente ambientalistas de su Gobierno. Los límites a las emisiones de nitrógeno que se les quieren imponer expulsarán a muchos de ellos del mercado a pesar de que llevan años reduciendo emisiones y hay muchas otras industrias más contaminantes. So pretexto de una “emergencia ambiental” se los quiere condenar a la pobreza material. Por supuesto, les han ofrecido subsidios, que otros pagarán. Los agricultores, por ahora, no los han aceptado. Mientras tanto, sufren la misma campaña de estigmatización que sufrieron los camioneros canadienses. Sus protestas suelen consistir en conducir lentamente los tractores por las carreteras, en cortes y bloqueos y en manifestaciones. Nada que ver con movimientos como Black Lives Matter. En sus protestas no hay saqueos ni se quema nada, pero eso no ha impedido que la Policía haya disparado incluso tiros al aire para disolverlos.


A ellos tampoco se los considera víctimas a pesar de que la Agenda 2030 amenace con sumirlos en la pobreza. Hace unos días Carlos Esteban denunciaba en estas páginas cómo se hundió Sri Lanka debido a las políticas que ahora quieren imponer en los Países Bajos.


Así, hay un doble rasero en la construcción social de la “victima de abuso policial”. Algunos —el ladrón, el vendedor de mercancía falsificada— pueden gozar de la pretendida legitimidad que les da parecer débil frente a la intervención policial. Otros en cambio —el camionero canadiense, el agricultor neerlandés— aparecen caricaturizados como ignorantes, violentos o insolidarios. A unos se los legitima por la supuesta pobreza. A otros se los estigmatiza por resistirse a que los hundan en ella.


Al final, son los promotores de la Agenda 2030 quienes salen ganando en ambos casos. Las sociedades divididas y traumatizadas son las más vulnerables a las políticas globalistas. Naomi Klein, uno de los símbolos del pensamiento progresista antiglobalización allá por los primeros 2000, lo describió en “La doctrina del shock” (Paidós, 2007). Todo lo que sirva para enfrentar a los ciudadanos entre sí les es útil, ya sean los movimientos de desestabilización de Occidente (Black Lives Matter y similares) ya sean las medidas de restricción de movimientos o la imposición de determinadas conductas (toques de queda, confinamientos, etc.). La ley, desvinculada de la justicia, pasa a convertirse en un instrumento más para imponer unas determinadas políticas. En esta misma línea van los intentos de convertir a la Policía en un instrumento en contra de los ciudadanos y no en un cuerpo a su servicio con sometimiento a la ley en un marco de Estado de derecho. Es lo que están intentando hacer en Canadá y los Países Bajos contra los camioneros y los agricultores respectivamente.


Por cierto, también los cuerpos policiales sufren la ideología “woke” en sus carnes. Que se lo pregunten, por ejemplo, a los guardias civiles injustamente acusados de la tragedia del Tarajal en Ceuta. Cuando hay una tragedia en la valla de Melilla y mueren personas que intentan saltarla, nunca faltan los activistas que cuestionan la actuación de los funcionarios españoles, pero no se preguntan por las organizaciones de trata de seres humanos ni por la complicidad de ciertas ONG que, en realidad, fomentan la inmigración ilegal. Tampoco se interesan, huelga decirlo, por las lesiones de los policías y guardias civiles heridos.


Por eso, además de las legítimas preguntas sobre la aplicación de la ley y sus límites, pregúntese a quién beneficia que todas las formas de comunidad humana, desde la familia hasta la nación, así como sus símbolos —piensen en los ultrajes a la bandera, por ejemplo— estén bajo asedio en nuestros días al tiempo que se trata de sustituirlas por “identidades” y “colectivos”. El doble rasero que vemos es parte de esa estrategia de alienación y fractura de nuestras sociedades. Hay verdaderos delincuentes a los que se trata como víctimas y verdaderas víctimas a las que se trata como criminales. Mecanismos de control social como la censura, el estigma y la propaganda -entre otros- sirven para modular ese proceso de ruptura y enfrentamiento.


INVASIÓN INMIGRATORIA (II)

La realidad de la inmigración que te ocultan las élites

JORGE BUXADÉ. Gaceta. 24 Agosto 2022


La invasión inmigratoria que se está produciendo, de hecho en toda Europa, bajo la mirada complaciente de gran parte de las “élites” gobernantes, dibuja un paisaje desolador para el continente. En medio de una feroz crisis de precios, con incrementos brutales en productos de primera necesidad, como la alimentación, la energía y el combustible. Solo unos pocos, aun aceptando el insulto o el etiquetaje propagandístico por parte de los medios de comunicación de masas y de esos “intelectuales” de medio pelo que han florecido en las universidades europeas, seguiremos insistiendo en la denuncia de los hechos ocultados sistemáticamente.


Una de las conclusiones del informe del Tribunal de Cuentas de la Unión, al que me refería en mi anterior artículo, es que los datos existentes no permiten realizar un seguimiento exhaustivo de las entradas ilegales, los retornos adoptados, y los retornos efectivamente ejecutados. Los españoles, y por extensión, todos los europeos, viven a oscuras de la realidad por ese proceso pernicioso: ocultación de datos reales, ocultación de la realidad por los medios de comunicación sostenidos con fondos públicos, manipulación de los “intelectuales” y “tertulianos” de salón. Mientras, nuestras costas saturadas de barcazas de las mafias que desembarcan ilegales, y nuestras plazas y barrios saturados de violencia, caos, desorden e inseguridad.


Eurostat, oficina estadística de la Comisión Europea, ofrece datos cerrados a 1 de enero de 2021. El retraso de información completa es desolador. Ya sabemos que fiable no es.


A dicha fecha, había 447,2 millones de habitantes en la Unión Europea, de los cuales 37,5 millones no son nacidos en la Unión, y 23,7 millones no eran ciudadanos de los Estados de la Unión, de modo que hay 14,2 millones de personas que ya han adquirido nacionalidad de un estado miembro por mera residencia.


Uno de los más devastadores elementos que conforman el efecto llamada son las reclamaciones permanentes por parte de gobernantes de la Unión a la llegada masiva de inmigrantes a Europa para “resolver” los problemas de necesidad de mano de obra. Desde la Comisión Europea, desde el Parlamento Europeo y desde gobiernos como el de España se lanzó hace meses aquello de que Europa necesita 60 millones de inmigrantes para cubrir las necesidades de empleo. Pero Grullo, nuestro amigo del sentido común, diría que lo que se quiere es mano de obra barata que expulse definitivamente del mercado laboral a gran parte de los jóvenes europeos y que facilite mantener las rentabilidades empresariales.


Pero el dato mata el relato, ya sabemos. O mejor, nos permite construir un relato más justo y verdadero. El informe de Eurostat reconoce que solo 17 de cada 100 inmigrantes residentes en Europa han obtenido su permiso por razones de trabajo; el 40 por ciento lo obtuvo por reagrupación familiar, solo el 9 por ciento por asilo (refugio), el 3 por ciento por motivos educativos y el restante 32 por ciento se mete en un cajón de sastre bajo la categoría de “otros”. Ese “otros” lo dejo a la rica imaginación del lector.


A 1 de enero de 2021, la tasa de empleo en los europeos de entre 20 y 64 años es del 73,1 por ciento; entre los inmigrantes de la misma edad, el 57,5 por ciento; de lo que se colige que no es cierto cuanto se argumentó acerca del “mercado” de trabajo. Mercado mucho, trabajo más bien poco. Y cuidado, es una media europea; que ya sabemos que nuestros datos de desempleo son desalentadores en la comparativa con otras naciones europeas.


Entre los Veintisiete, las mayores tasas de paro correspondieron a España, con un 12,6 por ciento; Grecia, con un 12,3 por ciento; e Italia, con un 8,1 por ciento. Le siguen Suecia (7,6 por ciento), Francia (7,1 por ciento) y Finlandia (6,5 por ciento). Si nos fijamos en la tasa de paro de juvenil, en España fue del 27,9 por ciento, la segunda más alta entre los Veintisiete, por detrás del 29,5 por ciento de Grecia y por delante del 23,1 por ciento de Italia.


Sigamos con los datos escalofriantes. En toda la Unión, en 2021 se contabilizaron 200.000 entradas ilegales de extranjeros; un incremento del 60 por ciento respecto de 2020, de lo que se colige que cerrar las fronteras protege. En 2020, se dictaron en la UE 396.400 órdenes de expulsión del territorio europeo a extranjeros. Sólo 70.200, esto es, el 18 por ciento se ejecutaron; de modo que hay, al menos, 326.000 extranjeros ilegales en Europa que circulan y residen con una orden de expulsión vigente, solo en un año. ¿Quién les sostiene económicamente? La respuesta la sabemos: todos nosotros. Con nuestros impuestos, que se distribuyen luego en ayudas directas a la vivienda, a la manutención, a la educación; sostenimiento de las redes asistenciales privadas sostenidas con fondos públicos; sistemas de salud y pensiones públicas. Y sólo de un año, repito.


Solo vemos la punta del iceberg; iceberg que crece todos los días exponencialmente. En las costas de Canarias, Almería, Melilla o Baleares.


Estamos ante una invasión inmigratoria y hay que decirlo todos los días.


******************* Sección "bilingüe" ***********************


España y el asesinato de Estado

PEDRO DE TENA. libertad digital. 24 Agosto 2022

Que los Estados, léase imperios, reinos, dinastías, matan es una verdad ancestral. Siglos de evolución técnica, científica y económico-política no han tenido como consecuencia la elevación del sentido moral de los Estados y sus gobiernos. Tampoco de los ciudadanos de a pie. Se sigue matando, eso sí, con hipocresía, con alevosía, con nocturnidad, a quienes se consideran enemigos de la causa. ¿Qué fue la Guerra Civil española desde 1934 sino el intento de una parte de España de exterminar a la otra parte? Ahora, con el asesinato de Daria Dugina, la hija de Alexander Dugin, el filósofo del euroasiatismo nacionalista ruso, muchos se han llevado las manos a la cabeza condenando el atentado como método político y señalando como autores a Ucrania y a sus servicios secretos. Como si la invasión de Ucrania y los asesinatos del régimen de Putin fueran harina de otro costal.


A estas alturas de la vida, no me alegra el asesinato de nadie pero tampoco me extraña que los Estados, todos, tengan entre sus planes matar a personas cuando les conviene o cuando creen su patriotismo en peligro. Por eso hay servicios secretos y agentes 007 ó 035. Una de las más famosas polémicas que recuerdo, aunque no puedo precisarla como quisiera, fue la que enfrentó a los partidarios de enseñar e impedir la enseñanza del quinto mandamiento en las escuelas de Estados Unidos. En ella creo que intervino Bertrand Russell. Los que deseaban eliminar su enseñanza de las escuelas norteamericanas aducían que matar estaba entre las funciones del Estado y que por tanto no se podía aceptar una doctrina contraria que animara a los enemigos de la nación.


Ni sabemos ni sabremos nunca quién ha ordenado el asesinato de Dugin o su hija, que tampoco sabemos quién era de los dos la víctima elegida. Toda la historia de toda la humanidad está plagada de asesinatos por razones de poder, ya hayan sido tiranías, dictaduras o democracias, en épocas de guerra o en épocas de "paz" en las que se sigue batallando por otros medios.


El único caso que conozco en que un Estado se ha negado a exterminar a los terroristas que mataban a sus ciudadanos ha sido la España democrática heredera de la transición. Es más, cuando Felipe González y el PSOE reaccionaron ante las matanzas articulando una anti-ETA tan criminal como la original, ni siquiera el PP, el partido que más asesinatos sufrió junto las fuerzas de Seguridad del Estado, predicó el ojo por ojo. De hecho, muchas de las víctimas se supieron condenadas a muerte esperando que su ejemplo moral en pro de una democracia limpia derrotara la barbarie del terrorismo separatista. Pudo haberse declarado el estado de excepción o utilizar más ampliamente los servicios secretos para aniquilar a los etarras, pero no se hizo salvo el ridículo. En este caso, España dio un ejemplo de entereza patriótica y superioridad ética sobre los asesinos. Pero hoy apenas se recuerda a Miguel Ángel Blanco, por ejemplo, y los asesinos salen con un tercer grado de las cárceles en las que ellos mismos o sus amigos mandan.


Debo estar ya mayor pero tengo para mi que esto de las matanzas, ya sean de uno en uno o de miles en miles, no va a tener arreglo porque la evolución moral de la especie que algunos pronosticaron no se ha producido. El quinto mandamiento no se ha obedecido ni se va a obedecer. El Papa Ratzinger recuerda en Dios y el mundo que el primero en vulnerar el quinto mandamiento fue el propio Moisés que, cuando descendió del Sinaí y vio el espectáculo del becerro del oro, mandó que se matara a los idólatras. Pudo hacerlo mejor, dice el emérito.


Sí, me siento muy confortado por el comportamiento de España en su sacrificio voluntario bajo las balas asesinas de ETA, pero no puedo evitar preguntarme para qué ha servido. Que nadie me cuente el cuento de que la banda ya no mata. Si no lo hace es porque ha conseguido lo que quería y está en camino de lograr todos sus objetivos políticos y militares.


Por ello, escandalizarse ahora por el asesinato de la pobre Dugina en plena invasión rusa de Ucrania me parece de una indecencia intelectual y moral supina o de una ingenuidad imperdonable. Dados los hechos, lo cierto es que necesitamos defendernos cuando otros nos quieren matar. Que se nos enseñe a no defendernos y que se nos impida la defensa propia es una canallada de la que se benefician exclusivamente los que quieren asesinarnos. Perdónenme. No me gusta lo que digo, pero es realismo político, sentido común y economía de muertes próximas que nos importan más que las remotas. Con los controles legales y morales que se quieran, pero es lo que hay que hacer.


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