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Los recortes de ayer al final de la página



Si te importa España, diez acciones indispensables
Nota del Editor 1 Noviembre 2011

  la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.

 desmantelar el tinglado autonómico.

3ª  deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política

4ª  simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios

5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media

6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros

7ª  arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad

8ª  educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida

9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz

10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad

La "normalización lingüística", una anormalidad democrática. El caso gallego
Dedicado "A todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las personas y no las personas para los idomas" Manuel Jardón   
Por la normalización del español: El estado de la cuestion, una cuestion de Estado.
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Del libro de Manuel Jardón

"A todos aquellos que piensan que
los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas para los idiomas"








Recortes de Prensa Lunes 19 Enero 2026

Vladimir Putin deja a millones de ucranianos sin luz y calefacción
Rusia ha dañado el sistema energético de Ucrania aprovechando el inusual frío que azota la región
Rostyslav Averchuk. Leópolis. la razon. 19 Enero 2026

Los ataques aéreos rusos han llevado el sistema energético de Ucrania al límite, dejando a unos 30 millones de personas sin acceso fiable a electricidad y calefacción, justo cuando las temperaturas oscilan entre 5 y 20 grados bajo cero.


En Kiev, Olda Bodnarovska, contable, calienta su apartamento colocando varios ladrillos secos sobre una capa de arena en una sartén y manteniendo el fogón de gas al mínimo. Una vez calientes, los traslada a otras habitaciones para que emitan calor, mientras repone más en la cocina para mantener el ciclo constante.


“Es similar a cómo mi abuelo, ingeniero, sobrevivió durante la Segunda Guerra Mundial”, cuenta a LA RAZÓN desde una ciudad que vuelve a vivir el impacto de la guerra.


La invasión rusa ya ha superado en duración al conflicto entre la URSS, liderada por Moscú, y la Alemania nazi. Casi cuatro años después del inicio de la invasión, Rusia logra solo avances limitados en el frente y Ucrania mantiene la defensa, por lo que el Kremlin apuesta por destruir la infraestructura energética para generar caos y forzar la rendición.


El reciente ataque masivo contra plantas térmicas de Kiev dejó sin calefacción centralizada a 6.000 edificios residenciales de múltiples apartamentos. Por primera vez en la historia, se tuvo que vaciar el agua del sistema de calefacción para evitar averías irreversibles en temperaturas bajo cero.


Las reparaciones de emergencia han mejorado parcialmente la situación, pero muchos residentes pasaron días sin calefacción y la electricidad sigue llegando de forma esporádica.


“No puedo quejarme, porque muchos están mucho peor”, dice Bodnarovska, que solo dispone de 6-7 horas de luz al día en intervalos a menudo impredecibles. La calefacción en su apartamento ya está casi normalizada; usa powerbanks, linternas y una pequeña estación de carga para mantener el ordenador y el acceso a internet.


En hogares dependientes de aparatos eléctricos o con averías graves por caídas de voltaje, la crisis es aún más dura. El agua congelada ha hecho reventar radiadores, como ocurrió en el edificio donde está la oficina de Alisa Yevlaj, agente inmobiliaria.


“No hubo calefacción varios días. Todavía hace mucho frío y nos calentamos con botellas de agua caliente”, relata a LA RAZÓN, aprovechando los breves periodos nocturnos con electricidad para cargar el teléfono y aparatos esenciales.


Algunos apartamentos se enfrían rápidamente, con temperaturas interiores cercanas a cero ya reportadas. En las zonas más afectadas se han instalado carpas de emergencia con camas improvisadas.


Tanto Yevlaj como Bodnarovska están convencidas de que los planes rusos fracasarán.


“Al contrario, esto une a la gente. Muchos se ayudan mutuamente”, comparte Yevlaj; familias y amigos se turnan para visitar hogares con electricidad y sobrellevar los peores momentos.


“La vida continúa. Negocios abiertos, tiendas y panaderías funcionando, generadores zumbando”, señala Bodnarovska. “El surtido y los horarios son más limitados por la capacidad de los generadores, pero la gente se ha adaptado”.


Cientos comparten en redes sus trucos para combatir el frío: dormir en sacos de dormir, montar tiendas de campaña turísticas dentro de los dormitorios o usar métodos improvisados similares al de Bodnarovska.


Con el sistema ya muy dañado por meses de ataques diarios que no han dejado intacta ninguna gran planta de generación, Rusia está aprovechando el frío inusual que podría prolongarse hasta finales de enero, así como la falta de reacción por parte de Estados Unidos y los suministros lentos de misiles antiaéreos para Ucrania.


Cada día trae nuevos ataques contra plantas o la red eléctricas, así como la infraestructura gasística, lo que complica aún más la distribución de la energía restante y hace más difícil recuperarse.


Aun así, Ucrania resiste: cientos de ingenieros trabajan sin descanso, apoyados en equipamiento extranjero; tres centrales nucleares bajo control de Kiev generan la mayor parte de la electricidad.


Rusia ha evitado atacar directamente las nucleares, pero sus subestaciones vitales en los alrededores han sido golpeadas y podrían ser objetivo de un gran ataque inminente, según la inteligencia militar ucraniana.


“Ataques cínicos del enemigo buscan crear una catástrofe humanitaria”, denunció el domingo Sergi Kovalenko, director de la empresa “Yasno”, un mayo proveedor de electricidad.


“Nos esperan tiempos muy difíciles. Pero creo que sobreviviremos”, afirma Bodnarovska, que considera a su ciudad natal “el cerebro y el corazón de Ucrania” y no piensa abandonarla pase lo que pase.


Hay la sensación de que los socios extranjeros podrían hacer más para presionar a Rusia y reforzar las defensas ucranianas, como recordó Volodimir Zelenski al señalar que algunos sistemas antiaéreos se habían quedado sin municiones.


Aun así, la mayoría confía sobre todo en su propio esfuerzo. Se organizan, resisten los ataques y también exigen mayor responsabilidad al Gobierno, a la espera de soluciones más estratégicas.


“Si nos cruzamos de brazos y nos quejamos de lo mal que está todo, no conseguiremos nada. Nuestros antepasados superaron más de una guerra y nosotros también sabremos sobrevivir y perseverar”, concluye Bodnarovska.


Trump contra Putin
Agapito Maestre. LD. 19 Enero 2026

Rusia es un país a la deriva. Vive, o mejor, sigue viviendo, de la propaganda comunista. Todo es falso en Rusia, salvo la agitación contra Occidente y la propaganda en su favor. El gobierno ruso engaña a todos, incluidos los españoles. A unos los engaña y a otros los soborna. Por lo tanto, casi todo lo que leemos en la prensa española sobre la Rusia de Putin es falso. Mentira sobre mentira. Es difícil hallar en los medios de comunicación noticias relevantes sobre este país. Se miente sobre su población, territorio y capacidad destructiva contra Ucrania. Se nos dice que hay ciento cuarenta (140) millones de habitantes, cuando en la realidad los cálculos más optimistas no creen que lleguen a noventa (90). Nunca ha habido censos fiables y homologables a los países de la UE. Tampoco existen datos oficiales sobre el territorio. Y sobre su armamento, incluido el "nuclear", nadie sabe qué es verdad y qué es mentira; si Rusia fuera una gran potencia armamentística, habría acabado pronto con un país, como Ucrania, que es mucho más pequeño en territorio y población.


Cuando les hablen de Rusia, queridos lectores, crean la mitad de la mitad de lo que les digan. Rusia no es, en efecto, ningún gigante. Y, por supuesto, está lejos de ser la "Tercera" potencia mundial, como acostumbran a decir la mayoría de los iluminados periodistas de nuestro país dedicados a la política internacional. De Rusia, sí, se sabe poco y mal en la prensa española. Busquen en nuestros numerosos medios de comunicación alguien que les informe sobre las siguientes preguntas: ¿cómo explicar la fuerte subida de los precios del petróleo, o sea, de la gasolina en los dos últimos meses en Rusia? ¿Existen argumentos serios en la prensa para hallar una explicación sobre el encarecimiento del oro en los Fondos de Reservas (oficialmente el Fondo Nacional de Riqueza) de la Rusia de Putin? ¿Por qué apenas se informa en los medios de comunicación sobre los cortes casi absolutos y constantes de la conexión a Internet provocados por el gobierno de Putin? No creo que hallemos muchas respuestas satisfactorias sobre esos asuntos en los medios de comunicación españoles, aunque son de especial trascendencia para saber qué pasa no solo en Rusia sino en el mundo en general, y en la UE en particular.


Esos problemas ni se plantean en la prensa española. He ahí otra prueba de la deficiente y fragmentada opinión pública española. Es ínfima la calidad informativa de nuestros medios de comunicación sobre Rusia. Sus trazos son siempre gruesos y, cuando se vincula a Putin con la política internacional de Trump, las opiniones son burdas y groseras. Poco menos que presentan a Trump como un aliado de Putin, o peor, su vasallo yanki, después de insultarle por las formas que utiliza el mandatario norteamericano. Terrible. Nuestros "analistas" no pasan de insultar de modo estulto a Trump y decir que la guerra la está ganando Rusia, simplemente, porque EE.UU. no ayuda a Ucrania. Falso. Trump no es aliado de Putin. Al contrario, Trump está presionando con inteligencia y gran sentido de la responsabilidad a Putin con todo tipo de sanciones y prohibiciones a su economía, por no hablar de la ayuda armamentística que está prestando a Ucrania, que están teniendo durísimas repercusiones en los Fondos de Reservas rusos.


Sí, sí, la guerra de Putin contra Ucrania está desangrando a Rusia. El precio del oro ha subido en el mercado interior de Rusia, sin duda alguna, porque Putin ha tenido que vender parte de sus reservas para financiar la guerra. El Fondo Nacional de Riqueza poseía 405,7 toneladas métricas de oro antes de la invasión rusa en Ucrania; desde entonces hasta hoy, el Ministerio de Finanzas ha liquidado cerca del 57% de esa reserva - 232,6 toneladas para reforzar el presupuesto. A la fecha del 1 de noviembre de 2025, las reservas de oro del Fondo se han reducido a 173,1 toneladas. Estos son los datos más actualizados, pero, si tenemos en cuenta las recientes ventas de los dos últimos meses, estas reservas han bajado más todavía. Es cierto, como ha estudiado con brillantez Boris Cimorra, que esas reservas del Fondo Nacional de Riqueza no deben confundirse con las reservas "nacionales" totales que se mantienen en más de 2.300 toneladas, pero estas nuevas ventas demuestran la gran dependencia que tiene el Kremlin de sus reservas para mantener a flote su economía en tiempos de guerra. En efecto, el Ministerio de Finanzas de Rusia estará vendiendo entre el 16 de enero y el 5 de febrero oro y divisas (unos 12,8 mil millones de rublos al día) del Fondo de Reservas (oficialmente el Fondo Nacional de Riqueza) principalmente para cubrir un déficit presupuestario creciente debido al colapso de los ingresos por petróleo y gas, que son una parte clave de los ingresos fiscales del país. Esta operación es, obviamente, una medida fiscal extraordinaria para enfrentar la caída de los ingresos clave del Estado (sobre todo petróleo y gas) y evitar que el déficit presupuestario se haga insostenible en el corto plazo.


Quien no vea que todo eso es el resultado, por un lado, de las sanciones de EE.UU. contra Rusia, y, por otro, insisto, de la bajada del precio del petróleo y gas ruso en el mundo, que han reducido drásticamente los ingresos rusos por la venta de estos productos, no entenderá nada de lo que hace Trump para llevar a Putin a una mesa de negociación y detener la guerra. Insistamos en los números y datos concretos: es de todo punto razonable mantener que el precio del petróleo ha subido para los rusos, o sea para el mercado interior, porque ha descendido, por un lado, la producción entre un 25 y 30 % provocado por los ataques de Ucrania a las refinerías rusas y centros de suministros, y, por otro, porque ha caído el precio del barril de petróleo en el mercado exterior entre 40 y 50 dólares, cuando los rusos lo tenían presupuestado a 59 dólares… En fin, sobran datos para desmontar las barbaridades que se dicen contra Trump y la guerra de Ucrania, pero mucho me temo que no sirvan para nada, porque nuestros sobrados periodistas de política internacional ya tienen formada su "opinión" para seguir dándole palos, como bestias, a Donald Trump, el hombre más prudente del mundo, ¿o acaso ha creado Trump alguna nueva guerra?


Irán y el régimen de los ayatolás: la tiranía de la oscuridad
La naturaleza de la dictadura: una oligarquía yihadista que saquea la economía interna mientras exporta el terrorismo
Gustavo de Arístegui, diplomático. la razon. 19 Enero 2026

Occidente lleva décadas cometiendo un grave error al calificar al régimen de los ayatolás de «teocracia». Debemos desterrar este término. Lo que gobierna en Irán no es el Gobierno de Dios; tal definición otorgaría legitimidad espuria a lo que no es más que una dictadura brutal. Estamos ante un régimen que ha manipulado la religión para convertirla en una perversa ideología: el islamismo radical yihadista en su vertiente chií. El régimen de los Ayatolás no representa al islam en su conjunto, ni siquiera a la totalidad del chiismo; representa una mutación ideológica maligna. No estamos ante clérigos piadosos, sino ante ingenieros del terror que han manipulado la religión para consolidar una ideología despiadada: el islamismo yihadista. Hezbolá, las milicias terroristas iraquíes, los hutíes, Hamás: todos beben de la misma fuente envenenada.


Si recurrimos a la clasificación aristotélica, el sistema iraní no encaja en la tiranía clásica sino en la oligarquía degenerada: el gobierno de unos pocos que explotan al resto. Una tiranía unipersonal puede caer con el tirano. Una oligarquía yihadista solo funciona si cuenta con el respaldo de una minoría –entre el 15% y el 20%– que se beneficia del sistema: una parte del clero chií, la Guardia Revolucionaria (IRGC) y los «Bonyads» (que controlan hasta el 40% de la economía) los «bazaríes» afines y la red clientelar del régimen. Esta minoría no defiende una fe; defiende su poder y privilegios. Esa oligarquía es el núcleo de un Estado revolucionario que ha convertido la exportación del terrorismo en su razón de ser. Su proyecto aspira a moldear Oriente Medio mediante milicias, guerra por delegación y un programa nuclear concebido como seguro de vida. La misma estructura que saquea la economía interna, financia a los proxies terroristas y sitúa al país en colisión permanente con su entorno y con Occidente.


Una revolución que se devora

La República Islámica ha impuesto la revolución con mano de hierro y terror. La generación de fanáticos del 1979 unida a no pocos idealistas, se ha transformado en una *nomenklatura* que ya no cree en el proyecto «revolucionario», sino en la conservación del poder y las rentas. El proyecto islamista, que prometía representar a los «mostazafín» –los oprimidos–, se percibe ahora como un poder que gobierna contra la mayoría social. La guerra cultural del régimen contra estilos de vida cotidianos ha abierto una brecha irreconciliable con la sociedad urbana. Los mecanismos que consolidaron el sistema –ideología, movilización, represión selectiva– se han convertido en las fuerzas que minan su estabilidad.


Ante el agotamiento de la narrativa revolucionaria, el Estado recurre a la coerción pura. El andamiaje represivo descansa sobre tres pilares: el IRGC, con más de 200.000 efectivos y su imperio económico; la milicia Basij, los camisas pardas del régimen, verdadera infantería represiva con millones de «voluntarios»; y el Ministerio de Inteligencia, que tortura y asesina dentro y exporta asesinos con pasaporte diplomático. La historia de las protestas es la de represiones cada vez más sangrientas. En 2009, el Movimiento Verde dejó al menos 72 muertos. En 2019, entre 300 y 1.500 en apenas tres días. En 2022, el asesinato de Mahsa Amini a manos de la «policía moral» provocó más de 550 víctimas.


La presente oleada no tiene precedente: más de 15.000 muertos según estimaciones conservadoras, con cerca de 25.000 detenidos. La mayor masacre en 47 años de régimen de terror. Lo distintivo es que ya no se trata de sofocar brotes aislados, sino de aplastar una insurrección nacional que el régimen percibe como amenaza existencial. Por eso las órdenes han sido disparar a matar, por eso francotiradores apuntan a la cabeza con el único objetivo de aterrorizar. Las protestas estallaron el 28 de diciembre, detonadas por el colapso del rial, que ha perdido el 80% de su valor. Pero reducirlas a un estallido económico sería un error. La inflación, los cortes de agua y electricidad, el desempleo juvenil superior al 30%, son síntomas de un sistema que ha priorizado la exportación del terror sobre el bienestar de su población durante 46 años.


El contrato social de la revolución está irremediablemente roto. Lo distintivo es la velocidad de la radicalización. En días, «pan, trabajo, libertad» mutó a «¡muerte al dictador!». Los manifestantes queman mezquitas del régimen y enarbolan la bandera del León y el Sol. No es nostalgia monárquica; es rechazo total a la República Islámica. La represión siguió una escalada calculada. Hasta el 7 de enero, violencia «contenida». El 8 de enero, coincidiendo con el apagón total de internet, se desató la masacre. Testimonios describen rifles de asalto y vehículos blindados disparando contra multitudes. Un médico relató que un niño de cinco años fue alcanzado en brazos de su madre. Los arquitectos son el ala dura del IRGC y el jefe del poder judicial, Mohseni-Ejei, a quien se atribuye: «Si queremos hacer algo, debemos hacerlo ahora y rápido». Esa lógica de «ahora o nunca» refleja el pánico de un aparato que sabe que cada día de protesta erosiona la obediencia de sus propias tropas.


Hay un fantasma en los pasillos del poder en Teherán: 1979. La revolución que derrocó al Shah fue una coalición heterogénea de liberales, nacionalistas, comunistas, estudiantes y clérigos. Jomeini «surfeó» esa ola y luego devoró sistemáticamente a sus aliados. Lo que observamos hoy presenta paralelismos importantes. Las protestas han unificado sectores que raramente convergen: estudiantes de clase media, obreros industriales, comerciantes hastiados de corrupción, minorías étnicas –kurdos, azeríes, árabes, baluchis– que sufren doble opresión, la de no ser persas y no ser chiíes. La represión especialmente bestial contra las mujeres que reivindican sus derechos y rechazan el velo obligatorio, y una generación Z completamente refractaria al sistema. Incluso sectores del clero tradicional (no solo moderados, un creciente número de conservadores) guardan un silencio elocuente. La diferencia crucial: esta coalición excluye a quienes entonces lideraron. No hay liderazgo clerical; hay rechazo visceral al turbante político. Si el régimen cae, será para enterrar definitivamente el islamismo yihadista en el poder, y para que Irán deje de ser un cáncer revolucionario obsesionado con exportar su «modelo».


Trump ha multiplicado advertencias: «Estamos listos», «la ayuda está en camino». El movimiento de activos militares desde la base de Al Ubeid en Qatar y la «limpieza» del espacio aéreo iraní de tráfico civil sugieren que la opción militar no es mera retórica. La pregunta estratégica es: ¿qué consecuencias tendría un ataque? Algunos analistas sostienen que endurecería al régimen, permitiéndole invocar la amenaza exterior para cerrar filas, insistir en que las protestas son la «quinta columna» del enemigo, y justificar una represión aún más salvaje. Otros arguyen que el régimen está demasiado debilitado para beneficiarse de la reacción contra los posibles ataques. Con su legitimidad pulverizada y su población sublevada, ataques quirúrgicos contra la infraestructura de poder del régimen y de la IRGC se podría acelerar la implosión.


La realidad se sitúa probablemente entre ambos extremos. Un ataque masivo galvanizaría apoyo al régimen; ataques selectivos contra el aparato represivo podrían debilitarlo sin generar una reacción de orgullo nacionalista. La clave está en evitar que la intervención se convierta en la narrativa principal que ahogue el grito de libertad del pueblo iraní. El desafío no es sólo derribar a los ayatolás, sino evitar que el vacío de poder sea ocupado por los más fanáticos aún apoyados por la sanguinaria IRGC.


Escenarios a corto plazo

Lo más probable es una escalada represiva selectiva: redadas sobre nodos de comunicación, asaltos a domicilios conectados a Starlink, ejecuciones ejemplares. El régimen intensificará el bloqueo electrónico.


No hay que descartar que active sus proxies terroristas –Hezbolá, milicias iraquíes, hutíes e incluso Hamás– para cambiar el foco mediático mediante provocaciones en el Golfo o ataques contra intereses estadounidenses o israelíes.


La posibilidad de fractura interna –deserciones en mandos intermedios, negativa de unidades a disparar– requeriría que la presión popular se sostenga. El verdadero punto de inflexión será cuándo parte de la oligarquía opresiva decida que seguir atados al cadáver del régimen es más peligroso que negociar su supervivencia en un Irán post-islamista.


Conclusión: la hora de la verdad

El régimen de los ayatolás enfrenta un desafío existencial que ataca su mismísima razón de ser. Un sistema construido sobre el miedo, el islamismo yihadista de Estado y la exportación del terror no puede sobrevivir eternamente y la transparencia es tóxica para la represión sanguinaria. La estructura del poder iraní ha demostrado estar dispuesta a sacrificar a miles de sus hijos para mantenerse en el trono. Los más de 15.000 muertos –cifra que sigue aumentando– no son daños colaterales; son el precio que los verdugos pagan por su supervivencia. Este régimen mantendrá su «black-out» total para reprimir a sangre y fuego sin testigos.


El pueblo iraní no quiere reformar el sistema; quiere enterrarlo. La intervención del ministro de exteriores iraní Araghchi en Fox News, con sus delirantes teorías sobre agentes del Mossad, y de la vecina Azerbaiyán es un argumento disparatado de mala película serie B de espías.


Pero la incredulidad sin consecuencias es estéril. Occidente debe decidir si quiere ser testigo indignado o actor eficaz. Debemos prepararnos para el día después: el vacío de poder en un Irán libre de este abyecto régimen podría ser tan peligroso como la agonía de la bestia herida. La historia es implacable con quienes confunden prudencia con pasividad. La tiranía yihadista existe, y su derrota comienza por llamarla por su nombre y negarle la impunidad del silencio. La condena moral sin presión real no es diplomacia cautelosa; es complicidad vergonzante y cobarde.


Y cuando la sangre de los mártires iraníes clame justicia ante el tribunal de la historia, ninguna declaración servirá como coartada para quienes pudiendo actuar eligieron mirar hacia otro lado. El pueblo iraní ha decidido que prefiere morir de pie a vivir de rodillas. ¿Estará Occidente a la altura de ese sacrificio?


REPRESIÓN DE LOS AYATOLÁS EN IRÁN

La sanguinaria represión de los ayatolás suma ya más de 16.000 manifestantes asesinados en irán
Los médicos iraníes denuncian el uso de armas militares y miles de víctimas en Irán bajo un apagón digital sin precedentes
Marta Torres. la razon. 19 Enero 2026

Al menos 16.500 manifestantes han muerto y alrededor de 330.000 han resultado heridos durante la ola de protestas y la posterior represión en Irán, según un informe elaborado por médicos que trabajan dentro del país publicado este domingo 18 de enero. La verificación independiente de estas cifras resulta cada vez más difícil debido a un apagón casi total de internet, impuesto por el régimen de los ayatolás. El propio líder supremo, Ali Jameneí, ha reconocido que él mismo ordenó reprimir las protestas ciudadanas en las calles que se han saldado con cerca de 5.000 muertos, según cifras aportadas por altos funcionarios, mientras que el régimen no ha querido dar datos. El ayatolá ha responsabilizado a Donald Trump de las muertes, al decir que es «culpable» de las mismas.


El informe, basado en datos recopilados por una red de profesionales sanitarios repartidos por todo Irán, señala que entre las lesiones más frecuentes se encuentran heridas de bala y graves traumatismos oculares. Según los médicos, entre cientos y miles de personas han sufrido ceguera permanente como consecuencia de la represión.


El líder supremo iraní, Alí Jamenei, reconoció el sábado 17 de enero por primera vez que «varios miles» de personas han muerto desde el inicio de las protestas, que comenzaron hace tres semanas. No obstante, atribuyó la violencia a los propios manifestantes y a «enemigos extranjeros», en línea con el discurso habitual del régimen. A fecha del 14 de enero, Iranhr.net denunció 3.428 personas asesinadas por el régimen de los ayatolás durante las manifestaciones.


La fase más violenta en 47 años

De acuerdo con el informe médico, citado por The Sunday Times, la mayoría de las muertes se concentraron en apenas dos días, durante lo que describe como la fase más violenta de la represión en los 47 años de historia de la República Islámica. La mayor parte de las víctimas tendría menos de 30 años.


El profesor Amir Parasta, cirujano oftalmológico iraní-alemán y director médico de Munich MED, explicó a The Sunday Times que los datos fueron recopilados gracias a médicos que se comunicaban entre sí mediante terminales satelitales Starlink introducidas de contrabando, después de que el acceso a internet fuera cortado el pasado 8 de enero. Evan Firoozi, ex preso político iraní y director ejecutivo de NetFreedom Pioneers, en una entrevista concedida a OKDIARIO, ha reconocido que han introducido al menos 300 terminales.


Armas militares y disparos a la cabeza

«Esta vez están utilizando armamento de grado militar», afirmó Parasta, quien señaló que los hospitales están recibiendo pacientes con heridas de bala y metralla en cabeza, cuello y tórax. Según sus estimaciones, entre 700 y 1.000 personas han perdido al menos un ojo.


Las cifras recogidas en el informe, procedentes de ocho grandes hospitales oftalmológicos y 16 servicios de urgencias, sitúan el número total de heridos entre 330.000 y 360.000. Sólo una clínica oftalmológica de Teherán, el Noor Eye Hospital, habría documentado unos 7.000 casos de lesiones oculares, según el mismo documento.


Un oftalmólogo citado por The Sunday Times aseguró que el volumen de lesiones provocadas por perdigones y munición antidisturbios ha desbordado la capacidad de los hospitales. Otro testigo afirmó que más de 800 extirpaciones de ojos se realizaron en una sola noche en Teherán.


Fuentes médicas también denunciaron que algunos pacientes murieron por escasez de sangre, y un cirujano citado en el informe afirmó que, en determinados casos, las fuerzas de seguridad impidieron o retrasaron transfusiones sanguíneas.


Testigos presenciales relataron al diario británico que las fuerzas de seguridad dispararon munición real contra los manifestantes, incluidos tiros dirigidos a la cabeza, y desplegaron francotiradores en azoteas. Los testimonios también mencionan el uso de fusiles Kaláshnikov y ametralladoras montadas en vehículos.


El conjunto de estas denuncias ha llevado a los médicos implicados a describir la represión como un «genocidio bajo oscuridad digital», en referencia tanto a la magnitud de la violencia como al bloqueo informativo que impide conocer el alcance real de los hechos dentro del país.


El informe señala además que muchos manifestantes heridos evitaron acudir a los hospitales por miedo a ser detenidos, mientras que otros pacientes ya ingresados habrían sido sacados por la fuerza de los quirófanos por las fuerzas de seguridad. Según los médicos citados, esta práctica habría provocado muertes evitables y agravado lesiones graves.


Varios testigos aseguraron que los cuerpos de manifestantes fallecidos fueron retirados de las calles por las fuerzas de seguridad y trasladados a otras ciudades, dificultando su identificación. Asimismo, algunas familias denunciaron haber sido presionadas para pagar grandes sumas de dinero a cambio de poder recuperar los restos de sus seres queridos.


Las autoridades iraníes han atribuido reiteradamente las protestas a potencias extranjeras, entre ellas Estados Unidos e Israel. En su discurso más reciente, el líder supremo Alí Jamenei calificó a los manifestantes como «soldados rasos de Estados Unidos» y afirmó que estaban armados con armas introducidas ilegalmente desde el extranjero, una acusación que los opositores niegan rotundamente.


Las protestas comenzaron a finales de diciembre por motivos económicos, pero se extendieron rápidamente por todo el país. La tensión se intensificó especialmente a partir del 8 de enero, tras un llamamiento a manifestarse realizado por Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán, desde el exilio.


Pese a la magnitud de las cifras recogidas en el informe, el alcance real de la violencia sigue siendo incierto. El apagón casi total de las comunicaciones, que ya entra en su décimo día, junto con las restricciones a la prensa independiente, ha impedido una verificación completa e independiente de los hechos.


«La máscara del régimen terrorista iraní ha caído ante el mundo»
Los iraníes residentes en España viven la situación de su país entre la esperanza y la gran preocupación
Antonio Navarro Amuedo. Beirut. la razon. 19 Enero 2026

Tres semanas después del inicio de una de las mayores protestas antigubernamentales de la historia de la República Islámica, la comunidad iraní residente en España observa con una mezcla de dolor y esperanza en el futuro, el cambiante escenario en su país de origen.


Después de varios días de crueldad y violencia en las calles de Irán, en las que ha habido miles de muertos atribuidos a la acción de las fuerzas de seguridad –las cifras más conservadoras sitúan el número de fallecidos en casi tres millares, mientras que plataformas opositoras estiman que el balance final supera ampliamente las diez mil víctimas y una información de este fin de semana del británico «The Sunday Times» sitúa en 16.500 el número de muertos además de computar 330.000 heridos–, el régimen de los mulás parece haber recuperado el control de la calle y puede haber ahuyentado la posibilidad de un ataque militar por parte de Estados Unidos. Aún así, muchos especialistas coinciden en que la pérdida de autoridad sufrida ante la sociedad iraní es algo ya definitivo y que la teocracia nacida en el año 1979 ha comenzado lo que ya es un irreversible declive.


Incertidumbre máxima

En medio de la incertidumbre provocada por diez días en los que ha habido un apagón telefónico y de Internet decretados por el Gobierno para tratar de atajar la revuelta y evitar que trascendiera al mundo lo que ocurre en las calles del país, los iraníes residentes en España, como el resto de una diáspora de varios millones de almas, viven con de manera angustiosa toda la situación.


«La última comunicación con Irán fueron quince segundos con mi hermana al teléfono en los que me dijo: ‘No te preocupes, Estamos vivos’. He perdido más de 25 personas entre amigos, familiares y colegas en Irán», confiesa a LA RAZÓN la psicoterapeuta iraní afincada en Madrid y activista en defensa de los derechos humanos llamada Mediss Tavakkoli. «Estuve en contacto con mi familia la noche anterior a producirse el apagón y me dijeron que hubo grandes protestas en todas las ciudades grandes y pequeñas del país, y que el régimen opresor estaba matando a jóvenes, como es su costumbre. Lamentablemente, hasta el día de hoy, no cuento con información sobre ninguno de mis familiares ni amigos en Irán», relata a este medio la psicóloga iraní, vecina de Málaga, llamada Galin Shirzad.


Por su parte, Arash Haghsheno, que es un empleado del servicio técnico y mantenimiento del hospital Gregorio Marañón ubicado en Madrid y residente en España desde hace más de cuatro décadas, se confiesa «triste y sin la fuerza suficiente para transmitir al mundo el grito de la libertad de Irán».


Tavakkoli es exiliada en España desde hace cuatro años, y reconoce que no vio venir el estallido de indignación que ha sacudido las calles iraníes en las últimas tres semanas. «Todos sabíamos que había una rabia contenida desde hacía años. Pero no esperábamos una muestra tan extraordinaria de valentía y resistencia», admite la activista natural de Teherán. «Teniendo en cuenta que las condiciones de vida en Irán son tan difíciles y que la gente está bajo tanta presión que cualquier pequeña protesta puede convertirse en una protesta enorme. La respuesta del régimen opresor, como siempre, fue pegar, detener y matar a quienes se manifestaban pacíficamente. Y esto provocó a otras personas, que se unieron a los manifestantes», explica, por su parte, Galin Shirzad, quien ha residido durante nueve años en España.


¿El fin del régimen?

Coinciden los especialistas en que lo ocurrido en las tres últimas semanas en las calles iraníes ha erosionado fuertemente la legitimidad del sistema político imperante desde la revolución islámica ocurrida en el año 1979.


«Este régimen ha perdido su legitimidad tanto ante su propio pueblo como ante el mundo pero, como todos los regímenes dictatoriales, hará todo lo posible por conservar el poder. Las acciones terroristas financiadas por la República Islámica están saliendo a la luz a nivel internacional. Por supuesto, su maquinaria propagandística intentará bloquear estas revelaciones y dificultar que se conozca la verdad, pero, como afirma el dicho, la verdad siempre sale a la luz», asevera Tavakkoli. La psicoterapeuta denuncia la extrema crueldad aplicada por el régimen: «Disparan contra su gente y luego cobran a las familias de las víctimas, en algunos casos unos cinco mil euros, para poder recuperar los cadáveres. Tanto el ayatolá Jamenei como otros líderes han dejado claro que no habrá clemencia». «Pensar que el régimen desaparecerá completamente de forma inmediata es una ingenuidad. Es como una masa cancerígena en una fase avanzada de metástasis: tiene millones de raíces profundamente extendidas. Las supuestas ‘reformas’ han sido siempre una de sus estrategias de supervivencia, y lo siguen siendo ahora», advierte también la psicoterapeuta y activista.


Con todo, coinciden los tres en que la cuenta atrás para el final de la teocracia ha comenzado. A juicio de Arash Haghsheno, «después de 47 años, ha quedado claro para Irán y el mundo entero que el régimen de los ayatolás no es reformable. Pero el olor a petróleo, por un lado, y los intereses de los países, por otro, ocultan las voces de los iraníes que buscan la libertad. Pero el fin de los regímenes dictatoriales es inevitable y este está condenado a derrumbarse», estima a LA RAZÓN el empleado del servicio técnico y del mantenimiento de uno de los principales hospitales ubicados en la capital de España. En una línea similar, Galin Shirzad estima que «el régimen o continuará como una dictadura, asesinando y oprimiendo, o será derrocado. El cambio no es posible para un régimen dictatorial donde no hay cabida para los derechos civiles, los derechos humanos, los derechos de las mujeres o los de los niños». «La actual sociedad iraní está muy preparada para un cambio de la dictadura a la democracia, y por eso, no puede aguantar más a ese régimen opresor criminal islamista. Pero ello no ocurrirá sin el apoyo de otros países o de la comunidad internacional» zanja la psicóloga natural de Teherán y afincada en la capital malacitana.


Sobre el porvenir de su país, Arash Haghsheno está convencido de que «el futuro de Irán será brillante. ¿Está la nación preparada para una transformación social? La pregunta era difícil de responder hace veinte años, pero ahora muchos de mis compatriotas han optado por la libertad de Irán en lugar de la ideología, y esto es muy hermoso».


«Soy optimista: la máscara de este régimen terrorista ha caído ante el mundo y la gente en Irán tiene muy claro que no quiere el régimen islámico. La voluntad de la gente es clara: un gobierno democrático y una vida digna y humanista», admite, por su parte, Mediss Tavakkoli.


Con las impactantes imágenes de cuerpos inertes en las calles y las morgues de Irán aún clavadas en la retina, la activista y psicoterapeuta residente en Madrid, no duda en denunciar «el silencio del mundo, especialmente el silencio ejercido por los partidos de izquierda. Quienes callaron y miraron a otro lado por comodidad e ideología tendrían que responder algún día: no nos olvidaremos». «Esto no es una guerra: es el Gobierno de un país masacrando a su propia población. ¿Es que los iraníes no somos humanos?», se pregunta a sí misma con gran indignación.


Finalmente, Galin Shirzad lamenta «la pasividad del Gobierno español y de los activistas siempre activos en España». «Como una familia que tuviera a un familiar en el quirófano, lo que los iraníes esperamos en estos momentos es que el médico abra la puerta y nos diga que la cirugía ha sido un éxito», concluye.


Irracionalidad progresista
Jesús Laínz. gaceta. 19 Enero 2026

«La multitud, en todas las épocas de la historia, ha sido arrastrada por gestos más que por ideas. Una idea, un razonamiento lógico y frío, jamás ha movido a la masa humana. La acción de un hombre aislado sí puede tener por motor una idea. Mas la muchedumbre no razona jamás», escribió Gregorio Marañón hace ochenta años.


Para no perder los nervios es mejor no intentar imaginar lo que opinaría hoy, cuando el poder de las masas intoxicadas por la demagogia es el mayor que ha tenido nunca en sus irracionales manos.


Evidentemente, la sinrazón no es patrimonio exclusivo de nadie puesto que está casi homogéneamente repartida entre todas las opiniones políticas. Permítanme ese «casi» porque la naturaleza religiosa de eso que solemos llamar progresismo o izquierda probablemente no afecte con tanta intensidad a las filas de eso que llamamos, quizá inmerecidamente, derecha.


Los eslóganes, los gestos, los gritos y los insultos ocupan cada día más el espacio que en la izquierda deberían ocupar la razón y la discusión bienintencionada. Limitándonos a unos pocos ejemplos recientes, recordemos acciones de potente carga revolucionaria como las de cortarse un mechón de pelo para ayudar a las mujeres afganas, gritar como poseídas desde los balcones institucionales en apoyo de la causa palestina o hacer bailecitos para luchar contra los violadores.


De nada sirve intentar razonar con estos hinchas de la política, incapaces innatos de cambiar de opinión ni ante la evidencia. Por ejemplo, se dicen defensores de los trabajadores pero no hacen más que promover la llegada de inmigrantes ilegales, uno de cuyos efectos más perniciosos es la bajada de los salarios.


Se dicen enemigos de las patrias pero son adoradores y aliados de todos los nacionalismos separatistas.


Les repugna España hasta el punto de negar su existencia pero se mueren por participar en el chollo de gobernarla.


Se dicen no violentos pero prácticamente todos los izquierdistas españoles estuvieron encantados durante décadas con los crímenes de la ETA contra la eternamente fascista España.


Se dicen parlamentarios pero todos los presidentes de gobierno asesinados en España desde el irresuelto caso de Prim cayeron bajo balas y bombas izquierdistas.


Se dicen defensores de la democracia, pero la inmensa mayoría de las bandas terroristas de todo el mundo son izquierdistas.


Se dicen enemigos de las oligarquías y los millonarios pero obedecen a pie juntillas las consignas de los súper poderosos sobre el dogma climatico.


Se dicen ateos y enemigos de la religión pero adoran y promueven la implantación del islamismo en Europa.


Se dicen feministas pero defienden religiones que permiten el matrimonio forzoso con niñas, la desigualdad de derechos entre los sexos y la sumisión de la mujer al marido.


Se dicen defensores de las mujeres pero en cuanto llegan al poder excarcelan a cientos de peligrosos delincuentes sexuales.


Se dicen partidarios de la homosexualidad, la transexualidad, etc., mientras promueven la instalación en suelo europeo de una religión que si alguna vez alcanzara el poder lo primero que haría sería ahorcarlos a todos.


Dicen exigir respeto para los homosexuales y para ello desfilan en manada con aspecto y modales de mandriles, con lo que lo único que provocan es desprecio.


Se dicen enemigos de la casta pero cobran imponentes sueldazos públicos mientras se dedican a destruirlo todo.


Se dicen luchadores contra la corrupción pero en cuanto llegan al poder convierten el Estado en un barco pirata.


Se dicen representantes de la clase trabajadora pero en cuanto tocan sueldo político no les gana nadie en conseguir la dictadura del chaletariado.


Y así hasta el infinito. Pero que nadie pretenda mostrarles sus incoherencias, porque no las comprenderán; y si las comprenden, no las admitirán; y si las admiten, las justificarán. No hay solución.


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Los parásitos nacionalistas de España
Carlos Martínez Gorriarán. Vozpópuli. 19 Enero 2026

La Constitución del 78 no debería incluir la Disposición Adicional Primera reconociendo “derechos históricos de los territorios forales”, eufemismo para encubrir el privilegio fiscal vasco y navarro que las últimas concesiones de Sánchez a sus aliados catalanes, para que no sean menos privilegiados, han puesto de actualidad. Pues tras conceder a los primeros una fiscalidad propia singular y privilegiada, que consiste en aportar al Estado menos de lo que les corresponde por su economía y recibir mucho más de lo equitativo, ¿cómo impedir que un día se concedieran privilegios similares a los nacionalistas catalanes?


El sarcasmo fiscal de la ordinalidad

Si todas las comunidades tuvieran esa fiscalidad foral, España sería completamente inviable, pues el Estado recaudaría mucho menos de lo que repartiría. Y que las más ricas sean también las más privilegiadas es un sarcasmo descomunal a la igualdad democrática. Pero no es así por algún fenómeno extraordinario, sino por la lógica del chantaje nacionalista que la Transición asimiló como diálogo y negociación. El pujolismo despreciaba el régimen de Concierto y Cupo (por brevedad dejaré los términos navarros homólogos) como antigualla indigna de la moderna Cataluña, pero sus herederos han acabado exigiendo algo parecido y mejor, justificado por el principio de ordinalidad en vez de por mitos históricos (los del régimen foral vasco-navarro, que en realidad poquísima gente conoce).


La ordinalidad, en teoría un derecho -de los territorios y no de las personas (aquí lo explica Francisco de La Torre)- a no perder recursos por habitante al repartir entre todas cargas y gastos, es otro eufemismo totalmente reaccionario. Para resumir, pretende que quien más ingresos y rentas tenga pague menos a la caja de gastos común y reciba en cambio más. Es fácil comprender lo que significa imaginando una comunidad de vecinos donde los del ático de 180 metros con ingresos de 60.000 € anuales pagarían menos gastos comunes que los apartamentos de 70 metros con vecinos que ingresan 30.000, pero recibiendo a cambio más servicios comunitarios.


Apilando mentiras

Lo cierto es que los constituyentes incluyeron los “derechos históricos” no porque fuera justa la discriminación territorial, sino para que el PNV aceptara apoyar la Constitución contribuyendo así, se creía, al final pactado de ETA. Ocurrió todo lo contrario: el PNV se abstuvo y de hecho hizo campaña en contra de la Constitución, a pesar de lo cual casi el 70% de los votantes vascos votaron sí: el rechazo vasco es otro mito mentiroso. Y ETA, lejos de desaparecer, asesinó a más gente y provocó más daños y dolor que nunca antes. Así que el PNV engañó a UCD y PSOE de entonces mientras establecía con ETA el lucrativo tándem del árbol y las nueces, la burlona metáfora sanguinaria debida a Xabier Arzalluz, exjesuita carlistón pasado al nacionalismo institucional.


El resultado de aquel error original fue que los nacionalismos vasco y catalán no solo acabaron siendo un parásito insaciable como partidos-bisagra de las mayorías parlamentarias de Madrid, incluso cuando no era necesaria bisagra alguna, caso del lamentable gobierno de Mariano Rajoy que tuvo aquella mayoría absoluta dilapidada -qué casualidad- con pretextos fiscales. Pero el abuso ha ido más allá, porque los feudos nacionalistas han proporcionado primero a Zapatero, y ahora a Sánchez, las más útiles enseñanzas y modelos de disolución de la Constitución e instituciones desde dentro del sistema: el autogolpe a cámara lenta. El sanchismo es catalanización y vasquización de la política española.


Conviene recordar que, para acabar parasitando al conjunto de España, los separatistas primero parasitaron los territorios que reclaman como propiedad exclusiva. El enorme chollo fiscal del Concierto y Cupo vasco no ha servido en realidad para mejorar la calidad de vida de la región, que ya era mucho más elevada que la media nacional al final de la dictadura, sino para financiar al nacionalismo hasta convertirlo en la red hegemónica que hoy es y ha desterrado el pluralismo y la competencia de las instituciones vascas públicas y privadas.


El modelo de saqueo

Los vascos no tenemos mejores autopistas, hospitales o universidades que Madrid y resto de España, como puede comprobar cualquier viajero sin anteojeras; ya ni los pinchos son lo que eran. Para compensar, los nacionalistas disponen de un río de dinero procedente de los españoles, destinado al engorde incesante de su red clientelar. Los servicios públicos, en concreto, están estrangulados por tres fenómenos convergentes: la barrera del euskera para acceso al empleo público, la fuga de talento joven a otros horizontes menos cerriles, y el despilfarro de la lujuriosa selva de institutos, observatorios y chiringuitos exclusivos de la tribu abertzale.


Un ejemplo: cada escolar vasco recibe, se supone, casi seis veces -o más- la inversión que Madrid dedica a los suyos, pero los resultados educativos son tan malos, y van a peor, que han retirado a los centros vascos de las evaluaciones internacionales. Con el nacionalismo hegemónico la cultura es propaganda y gastronomía, la educación ignorancia, la economía red de enchufes, la política monopolio y exclusión del diferente. Es el modelo de saqueo del Estado y lo público que el nacionalismo ha dado al PSOE y sus socios comunistas: colonizar las instituciones y desalojar a los desafectos, dedicar los ingresos públicos no a servicios e inversiones, sino a cientos de miles de funcionarios, empleados públicos y paniaguados varios convertidos en base política y social del único pensamiento colectivo autorizado, el del partido-guía.


Donde están PNV y Bildu, o en Cataluña Junts, ERC y PSC, pongan PSOE y asociados: es la clara y evidente explicación de lo que pasa en España desde los gobiernos de Zapatero, acelerado desde 2016: la conversión de la política en pura corrupción institucionalizada. Los nacionalismos periféricos no solo son parásitos de España, sino de sus propios feudos. Los desertizaron previamente de toda oposición y competencia y, por eso mismo, reclaman más y más recursos para poder seguir parasitando y desertizando.


Madrid como contraejemplo

El impresionante crecimiento de Madrid no solo se ha beneficiado de la concentración urbana, un fenómeno mundial, sino de la inexistencia de un nacionalismo madrileño de ricos privilegiados semejante al catalán y al vasco. ¿La prueba?: Barcelona, la urbe rival que partía con ventaja en la carrera por llegar a ser la gran ciudad española (como en Italia es Milán, no Roma), ha sido aldeanizada y devastada por la alianza de nacionalismo separatista y extrema izquierda. La coalición Frankenstein es eso mismo. España despegaría en conjunto como Madrid, con catalanes y vascos incluidos, si acertara a librarse de esta plaga parásita bajada de nuestro hermoso norte.


Ortega Lara o la amnesia democrática
Iván Vélez. gaceta. 19 Enero 2026

El año 2025 se cerró, y como cantaba Gardel, el mundo sigue andando. Los fastos que se desarrollaron al subvencionado calor del programa España en libertad que, en realidad, celebraba los 50 años de la muerte del general gallego, apenas han servido para que los propagandistas habituales sigan haciendo caja a rebufo de aquella Memoria histórica puesta en marcha por Zapatero y reimpulsada por Sánchez al trocar «histórica» por «democrática».


Si de aniversarios se trata, la semana pasada se cumplió uno al que el Gobierno «de progreso» no ha prestado la atención que se merece: los 30 años del inicio del secuestro de José Antonio Ortega Lara a manos de la banda que, según denunció el Colectivo de Víctimas del Terrorismo, nutrió las listas de candidatos de las elecciones de mayo de 2023 con 44 condenados por pertenecer a ETA. En efecto, el 17 de enero de 1996 la banda terrorista secuestró al funcionario de prisiones en Burgos y lo trasladó a una nave industrial de Mondragón. Ortega Lara permaneció 532 día bajo tierra, enterrado en vida en un zulo de 3 metros de largo por 2,5 de ancho y 1,8 m de altura. El 1 de julio de 1997, gracias a la actuación de la Guardia civil, al mando del, por entonces, capitán Manuel Sánchez Corbi, fue liberado.


Todo el que tenga algo de memoria episódica recuerda la mirada desorientada de aquel hombre macilento que, según contó, se había dejado una larga barba porque a su hijo le gustaba jugar con la de su tío. La esperanza de aquel espectro humano quedó condensada en una barba propia de un profeta. Desesperado, Ortega Lara llegó, incluso, a pedir ser ejecutado, pero fue arrancado de la muerte por los hombres de Sánchez Corbi, destituido por el ministro Fernando Grande-Marlaska en agosto de 2018 por «pérdida de confianza».


El Año Franco se cerró con más pena que gloria para un Gobierno aquejado de una monomanía franquista que empieza a dar resultados contrarios a los esperados. Hartos de tan burda caricatura, muchos son los jóvenes —rebeldía obliga— que se han empezado a interesar por la figura histórica de Franco y del franquismo. Toda leyenda negra tiene su correlato rosa. Las nuevas generaciones pasan de pedirle a papá que le cuente otra vez esa historia tan bonita. La desidia es lógica, pues quien la contaba, cuando la contaba, es ya el abuelo, y la distancia generacional se agranda día a día. Y muchos de esos abuelos, supuestamente protagonistas de la Transición, estaban menos ideologizados de lo que desean los beneficiarios de una memoria democrática en la que no tiene cabida Ortega Lara, del que no faltan quienes piensen que «algo habría hecho».


En este 2026 que tendría que tener mucho de Año Ortega Lara, su recuerdo es molesto, pues el socio más fiable del PSOE es EH Bildu, formación cuya portavoz en el Congreso estuvo tras un titular que da cuenta de su catadura moral: «Ortega vuelve a la cárcel». Treinta años después, el etarra Bolinaga ya cubrió su ciclo vital. El resto de secuestradores —José Luis Erostegui Bidaguren, José Miguel Gaztelu Ochandorena y Javier Ugarte Villar— gozan ya de libertad y del reconocimiento de gran parte de una sociedad tan sobrefinanciada como enferma.


Generalitat de Cataluña

Así gasta Illa el dinero que le regala Sánchez: un 9% menos para crear empleo, un 30% más para el catalán
Mientras Moncloa pacta la "financiación singular" que privilegia a Cataluña, la Generalitat refuerza el gasto en políticas de corte nacionalista
Roberto Pérez. OKDIARIO. 19 Enero 2026

Diez millones de euros más para la radiotelevisión pública catalana, 13 más para reforzar la imposición del catalán, pero 62 millones menos para fomentar el empleo en el tejido productivo de la región. Son las contundentes cifras que evidencian cómo, cuánto y en qué prioriza el gasto la Generalitat presidida por el socialista Salvador Illa –que debe el cargo a ERC–, y que ponen de manifiesto la creciente inclinación hacia las políticas nacionalistas por parte del jefe del Ejecutivo catalán y amigo personal de Pedro Sánchez.


Illa se convirtió en presidente de la Generalitat en el verano de 2024. Por tanto, 2025 ha sido, en sentido estricto, el primer año en el que el socialista ha marcado plenamente el rumbo del gasto público de la Administración catalana. Y las cifras oficiales que deja ese 2025, recopiladas por OKDIARIO, son reveladoras. Ello a la par que Sánchez secunda las tesis de Illa y de su deudo Oriol Junqueras, líder de ERC inhabilitado por malversación y excarcelado por Sánchez cuando indultó a los cabecillas del procés condenados por sedición.


Junqueras, con el concurso activo de Illa, ha pactado ahora con Sánchez la llamada «financiación singular» para Cataluña: 4.700 millones más al año para Cataluña con cargo al presupuesto del Estado. El independentismo catalán de ERC, al que Illa está abrazado políticamente, da una vuelta de tuerca más al clásico Espanya ens roba (España nos roba) para exprimir más al Estado en detrimento del resto de autonomías.


Mientras tanto, la contabilidad oficial de la Generalitat deja claras cuáles son las prioridades a la hora de gastar la financiación privilegiada que le regala Pedro Sánchez –la que le viene concediendo por diversas vías desde hace años y la que le ha prometido ahora con esa inyección adicional de 4.700 millones más al año para que el Gobierno catalán se los gaste a su libre albedrío–.


Los últimos datos oficiales disponibles, certificados por la propia Generalitat, alcanzan hasta el 30 de noviembre pasado. A falta de contabilizar el mes de diciembre, las cuentas son elocuentes. El año pasado, la Generalitat del presidente Illa asociado a ERC se gastó en fomentar el empleo en Cataluña un 9% menos que en 2024, pero dedicó a la «política lingüística», a la imposición del catalán, del orden de un 30% más –exactamente un 28,6% más hasta el 30 de noviembre–.


El fomento del empleo, relegado

De los 968,7 millones de euros consignados en el presupuesto para fomentar el empleo en Cataluña en 2025, hasta el 30 de noviembre Illa había dejado sin ejecutar la tercera parte. A falta de un mes para cerrar el año, la Generalitat tenía en los cajones 315 millones de todos los que se había comprometido a inyectar en el tejido empresarial catalán para ayudarle a crear empleo.


Nada que ver con lo ocurrido en otras partidas presupuestarias estrechísimamente ligadas a hacer proselitismo independentista, políticas identitarias al servicio del nacionalismo catalán. Dos de esas partidas destacan especialmente: el fomento del catalán –la lengua como ariete para inculcar sentimiento de patria– y el gasto en la TV3 controlada por la Generalitat y a su servicio propagandístico.


Frente a ese recorte del 9% en el gasto público para fomentar el empleo, la Generalitat de Illa se gastó el año pasado unos 10 millones de euros más en su radiotelevisión autonómica desde la que, desde hace décadas, el nacionalismo catalán pontifica al gusto del nacionalismo tornado desde hace años en independentismo desafiante.


El gasto de la TV3, engordado

El año pasado, Illa engordó generosamente el presupuesto para «medios de comunicación social», el que nutre a la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales: TV3, su radio autonómica y la también pública Agencia Catalana de Noticias. Illa sigue gobernando con presupuestos prorrogados. Atendiendo a esas cuentas, el presupuesto inicial para «medios de comunicación social» era de 295,6 millones para 2025. La Generalitat, sin embargo, lo engordó mediante modificaciones presupuestarias hasta los 365,1 millones.


Hasta el 30 de noviembre pasado –último dato contable oficial conocido–, llevaba gastados 321,3 millones, ocho más que en 2024. Y eso sin contar el gasto acumulado en diciembre, que aún no se ha hecho público desde la Generalitat.


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