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Los recortes de ayer al final de la página
Si te importa España,
diez acciones indispensables
Nota del Editor 1
Noviembre 2011
1ª la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.
2ª desmantelar el tinglado autonómico.
3ª deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política
4ª simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios
5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media
6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros
7ª arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad
8ª educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida
9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz
10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad
La
"normalización lingüística", una anormalidad
democrática. El caso gallego
Dedicado "A
todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas para los idomas" Manuel
Jardón
Por
la normalización del español: El estado de la cuestion, una
cuestion de Estado.
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Del libro de Manuel Jardón
"A todos aquellos que piensan que
los
idiomas se hicieron para las
personas y no las personas para
los idiomas"
Recortes de Prensa Domingo 23 Agosto 2026
De
drones con explosivos a la amenaza de un ataque terrestre: Putin
lleva su guerra híbrida contra Europa al siguiente nivel
Jara
Atienza. la razon.
23 Agosto 2026
El aumento de las violaciones del espacio aéreo aliado, la construcción de nuevas bases de drones y las advertencias sobre una posible agresión directa muestran que Moscú está intensificando las provocaciones para poner a prueba la determinación de la OTAN
Un dron cargado de explosivos listo para detonar en el aeropuerto alemán de Leipzig. Un cráter de diez metros de diámetro en Polonia provocado por el impacto de un misil ruso. Cazas en Rumanía derribando drones que han violado su espacio aéreo. Los servicios de inteligencia polacos deteniendo a un agente ruso preparado para asesinar a un ciudadano corriente en Varsovia.
Los cuatro incidentes han formado parte de la estampa veraniega de este año en Europa. Cuatro episodios, todos ellos derivados de la invasión a gran escala de Rusia en Ucrania, que parecen apuntar en una sola dirección: que Moscú ya está llevando su guerra híbrida a una nueva —y más peligrosa— fase.
Desde el inicio del conflicto en 2022, prácticamente todos los países europeos han sido víctimas de ataques híbridos. Sabotajes contra la maraña de gasoductos y cables de telecomunicaciones que se despliega bajo el mar Báltico, incendios provocados en almacenes, campañas de desinformación, interferencias en los GPS de los aviones o incluso intentos de asesinato a empresarios relacionados con la industria de defensa. Acciones que forman parte de una guerra gris que no se libra solo con tanques y artillería, y que se extiende más allá de la línea del frente.
Sin ir más lejos, según un informe de inteligencia publicado por el think tank Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), las operaciones de sabotaje rusas se cuadruplicaron en 2024 respecto a años anteriores. Y el número continuó creciendo en 2025 y en lo que llevamos de 2026. Solo este verano, se han registrado al menos ocho incursiones de drones en el espacio aéreo de la OTAN, en países como Letonia o Rumanía. A esto se suman la caída de un misil en Polonia y varios incidentes marítimos, como el tránsito ilegal en aguas británicas de petroleros de la «flota fantasma» rusa, como se se conoce a los buques sin bandera que el Kremlin utiliza para eludir las sanciones.
A pesar de que los países del flanco oriental de la Alianza Atlántica observan a diario sus cielos y mares atentos a cualquier incursión no deseada, el grueso de las miradas, en realidad, está puesto en Oriente Medio, donde el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, concentra su empeño y la mayor parte de su arsenal en la guerra contra Irán. De ahí que sean varios los expertos que advierten de que el Kremlin ha visto una oportunidad —pequeña, pero real al fin y al cabo— para volver más agresiva su campaña híbrida contra Europa. ¿El objetivo? Sondear los umbrales de defensa de los aliados, socavar su unidad y acabar debilitando el apoyo occidental a Kiev. Todo, sin arriesgarse a empezar una guerra directa con la OTAN.
«El territorio preferido de Rusia es la ambigüedad: sabotajes, interferencias de GPS, violaciones del espacio aéreo que generan miedo sin provocar automáticamente una respuesta militar de la Alianza Atlántica», explica a este periódico Linas Kojala, director del think tank lituano Geopolitics and Security Studies Center (GSSC). Y es ahí donde, por el momento, se está moviendo Moscú, aunque cada vez con mayor intensidad. Muestra de ello es lo ocurrido este mismo jueves, cuando Rumanía tuvo que destruir un dron naval ruso cargado de explosivos en las inmediaciones de una de sus plataformas de gas en el mar Negro.
La propia OTAN ha reconocido que los recientes incidentes aéreos evidenciaban una «creciente tolerancia de Rusia al riesgo». Así, la pregunta es: ¿hasta dónde está dispuesta a llegar?
Varios informes de inteligencia estadounidense, recogidos y difundidos por The Wall Street Journal a principios de agosto, apuntaban a que el presidente ruso, Vladimir Putin, puede intentar poner a prueba la determinación de la OTAN con una agresión limitada contra uno de sus miembros en un horizonte que empieza tan pronto como este otoño y se extiende hasta 2029.
Según el diario norteamericano, estas nuevas amenazas incluirían desde un ciberataque contra un Estado —como el que paralizó Estonia en la primavera de 2007— o el envío de grupos armados no identificados para ocupar territorio o llevar a cabo operaciones subversivas — algo similar a lo que hicieron los «hombrecillos verdes» utilizados por Moscú en el este ucraniano antes de la anexión ilegal de Crimea en 2014— hasta una incursión terrestre limitada en el flanco oriental.
La probabilidad de este último escenario, el más extremo, es baja según las evaluaciones, pero podría aumentar con el paso del tiempo. «Me tomaría muy en serio este escenario aunque no lo considero el desarrollo más probable en el futuro inmediato», coincide Kojala. No obstante, la inteligencia occidental está ya estudiando todas las opciones sobre la mesa. Es el caso de Alemania, cuyo jefe del Ejército, el teniente general Christian Freuding, advirtió que el país «debe prepararse para un ataque ruso para 2029 o incluso antes» porque, dijo, Moscú cuenta con capacidad suficiente para lanzar un pequeño y localizado ataque. Y no es solo Berlín. Freuding aseguró que existe un amplio consenso entre los aliados sobre la posibilidad de un ataque contra el territorio de la OTAN.
Los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania — llevan ya tiempo advirtiendo sobre una posible escalada sin precedentes. La inteligencia letona, por ejemplo, sugería este verano que Rusia podría recurrir a nuevos ataques híbridos, como misiles, drones u otras acciones diseñadas para enviar una señal: «dejad de apoyar a Ucrania o tendréis vuestros propios problemas». Por su parte, el ministro de Defensa lituano, Robertas Kaunas, habló del posible uso por parte del Kremlin de drones de fabricación ucraniana capturados durante la guerra para llevar a cabo «ataques de falsa bandera» contra infraestructuras críticas de los bálticos.
«Putin nunca ataca al más fuerte. Por lo tanto, sus futuras transgresiones contra miembros de la OTAN dependerán de qué países considere que son los eslabones más débiles del orden de seguridad euroatlántico. Yo diría que los Estados bálticos son los más vulnerables en este sentido», señalaba a este periódico Andrey Makarychev, profesor de Estudios Políticos Regionales en la Universidad de Tartu (en Estonia) e investigador asociado del CIDOB.
La OTAN, a tiro de los drones rusos
Esta amenaza viene respaldada, además, por un aumento directo de las provocaciones militares. Rusia ha comprendido que los drones serán clave en el desenlace del conflicto y ha desplegado una potente infraestructura en sus fronteras más occidentales: nada menos que diez nuevas bases con capacidad para almacenar miles de drones cerca de Ucrania y Bielorrusia. Un desarrollo que coloca a varios países de la OTAN, entre ellos a Polonia y Turquía, dentro del radio de acción de sus aparatos no tripulados más avanzados.
Una investigación del diario The Telegraph, basada en documentos y en imágenes de satélite, ha localizado 59 nuevas rampas de lanzamiento. Se trata de una serie de plataformas que permiten poner en el aire drones suicidas de largo alcance (hasta 1.000 kilómetros) sin necesidad de utilizar una pista convencional. Algunas de estas bases ya se estarían empleando para intensificar los ataques contra Kiev, pero su despliegue plantea también un grave riesgo a largo plazo para los países aliados.
En teoría, una agresión armada contra un Estado miembro activaría de inmediato el Artículo 5 de la OTAN, que compromete a los aliados con la defensa colectiva. Sin embargo, el tratado no establece de forma automática cuál debe ser la respuesta ante maniobras cibernéticas o agresiones de carácter híbrido, y ahí está el principal problema. «La OTAN tiene que dejar una cosa clara: un ataque pequeño no recibirá una respuesta pequeña», advierte Kojala.
Es la misma idea que James Stavridis, almirante retirado de la Marina de EE UU y excomandante supremo aliado de la OTAN, resumía en Bloomberg con una clara metáfora atribuida a Lenin: «Si los rusos tantean con la bayoneta y encuentran barro, seguirán avanzando. Si se topan con acero, se retirarán. La OTAN tiene suficiente músculo militar para resistir a un Kremlin aventurero y dispuesto a asumir riesgos». No obstante, advertía, debe encontrar la determinación para emplear ese músculo antes de que Putin concluya que lo que tiene delante es barro.
Un Putin acorralado es más peligroso
Hasta este año, los servicios de inteligencia estadounidenses y europeos (como la CIA o el BND alemán) descartaban que Rusia provocase deliberadamente a un miembro de la OTAN mientras sigue inmersa en la guerra de agresión en Ucrania. Ahora, sin embargo, lo dan por válido. El porqué puede encontrarse dentro de Rusia. Es bien sabido que Putin puede ser más peligroso cuando se siente acorralado. Y lo cierto es que existen motivos para pensar que afronta ahora una situación, cuando menos, incómoda.
En el campo de batalla, sus fuerzas continúan su lento y costoso avance en la región de Donetsk, perdiendo por el camino centenares de efectivos. De hecho, una investigación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) publicada en julio estimaba que Rusia ha sufrido 1,4 millones de bajas, incluyendo soldados muertos, heridos y desaparecidos desde que empezó el conflicto. Una cifra que representa aproximadamente el 1% de la población del país y que hace temer una nueva (e impopular) movilización.
«Putin se enfrenta a dilemas muy difíciles en el ámbito interno, incluida una posible movilización, que está evitando desesperadamente por una buena razón», asegura Kojala. Y es que, aunque no haya protestas masivas en Rusia, el enorme número de bajas en el frente y la amenaza de un nuevo reclutamiento han contribuido al desplome de los índices de popularidad del mandatario ruso de cara a las elecciones de septiembre en las que, en realidad, no tendrá oposición. Pero hay más detrás de este descontento popular.
Los ataques ucranianos de largo alcance están golpeando donde más duele: en la economía. O, más concretamente, en gasolineras, refinerías y almacenes de Wildberries, la gigantesca plataforma de comercio electrónico que engloba a miles de empresas rusas que sufren pérdidas con cada bombardeo. Sólo en junio, la plataforma de monitoreo Energy Intelligence estimó que el refinado de petróleo ruso fue aproximadamente un 25% inferior al del año anterior, el nivel más bajo en más de dos décadas. Unos problemas en el suministro de combustible que los rusos ya notan en su día a día. De hecho, hay informaciones que apuntan a racionamientos y a que algunos conductores llevan su propio gasoil en latas en el maletero.
Pero no hay que perder de vista el panorama general: para los expertos el Kremlin está intensificando su guerra gris contra los aliados porque su agresión a Ucrania no está desarrollándose según lo previsto. «Rusia se ve obligada a asumir cada vez más riesgos porque el tiempo no juega necesariamente a su favor», señala Kojala, que sostiene que es en este escenario en el que Moscú busca intimidar a los partidarios de Ucrania y hacerles cuestionarse si la continuidad de la ayuda merece la pena.
Así, el interrogante es si Putin
seguirá tensando la cuerda sin cruzar el umbral que obligaría a la
OTAN a responder o si acabará por romper la ambigüedad sobre la que
hasta ahora ha construido su estrategia. Pero más allá de las
provocaciones de Moscú, la clave estará en la capacidad y la
determinación de los aliados para sostener el pulso si ese momento
llega.
Trump quiere asfixiar a Teherán. Ahora
tiene que atreverse con China
Ignacio
Foncillas. el debate.
23 Agosto 2026
El cierre financiero de Dubái puede hacer más daño al régimen que muchos bombardeos. Pero la estrategia solo funcionará si Washington está dispuesto a castigar a quienes de verdad mantienen vivo a Irán.
Tras casi seis meses de guerra, amenazas, negociaciones y sucesivos amagos de paz, Trump acaba de volver a cambiar de táctica. Esta vez no son los B-2, los Tomahawk ni otro portaaviones. Es el dólar.
La Casa Blanca ha anunciado lo que Trump, con su habitual moderación retórica, denomina un «Economic D-Day» contra Irán: aislamiento financiero extremo, bloqueo de las vías de financiación del régimen y amenaza de consecuencias económicas contra cualquier país, banco, empresa, aeropuerto o entidad pública que le proporcione una vía de escape.
Scott Bessent promete las sanciones «más duras de la historia» y ha llegado a decir que el objetivo es «colapsar al régimen». Suena contundente. Ahora falta la parte complicada: hacerlo.
Dubái puede hacer más daño que otra salva de misiles
La primera ficha importante ya ha caído. Emiratos Árabes Unidos ha suspendido hasta nuevo aviso todo el comercio y las transacciones financieras con Irán. Conviene no atribuírselo exclusivamente a Trump: Abu Dabi tomó la decisión después de acusar a Teherán de lanzar dos misiles contra tráfico marítimo emiratí, algo que Irán niega. Pero las consecuencias económicas son las mismas.
Durante décadas, Dubái ha sido uno de los grandes pulmones externos de la economía iraní. No solo por el comercio visible, sino por una inmensa zona gris de casas de cambio, sociedades instrumentales, triangulaciones comerciales y cuentas utilizadas para convertir los ingresos iraníes —muchas veces denominados en yuanes— en divisas realmente utilizables.
El propio Tesoro estadounidense lleva meses atacando esas redes. En agosto sancionó nuevas estructuras que, según Washington, movían cientos de millones de dólares a través del sistema bancario paralelo iraní. FinCEN ya había identificado miles de millones transitando por sociedades radicadas en Emiratos, muchas de ellas empresas pantalla.
Por eso el cierre de Dubái puede hacer más daño que otro bombardeo.
La presión naval puede impedir que salga petróleo. Pero si además se dificulta importar bienes, convertir yuanes en dólares, pagar a proveedores, repatriar ingresos o mover efectivo, el problema deja de ser simplemente comercial. Se convierte en falta de oxígeno financiero.
Y Teherán ya tiene dificultades para respirar. Esta medida puede ser el coup de grace.
El problema se llama Xi Jinping
Pero aquí comienza la verdadera prueba de credibilidad de Trump. Las sanciones secundarias no son una invención de 2026. Washington lleva años utilizándolas contra quienes comercian con Irán. En 2019, durante su primer mandato, Trump retiró las exenciones que permitían comprar petróleo iraní y llegó a sancionar empresas chinas por transportarlo.
La diferencia ahora está en la escala de la amenaza. Trump no está diciendo simplemente que sancionará cuatro cargueros sospechosos o una casa de cambios de Hong Kong. Está amenazando con consecuencias para cualquiera que proporcione una «línea de vida» a Teherán.
Perfecto. ¿También China?
China compra más del 80% del petróleo que Irán consigue exportar. Durante años, las refinerías independientes chinas, intermediarios, barcos de la llamada flota en la sombra y complejas triangulaciones financieras han permitido que Pekín compre crudo iraní con descuento sin preocuparse demasiado por Washington.
India, a diferencia de lo que ocurría hace años, ya no es el problema principal: su comercio energético con Irán cayó drásticamente por las sanciones. China sí lo es.
Así que la pregunta es sencilla: ¿está Trump dispuesto a sancionar seriamente a grandes refinerías chinas si Pekín decide desafiarle? Porque sancionar a una casa de cambio de Dubái es gratis. Sancionar intereses económicos relevantes de la segunda economía mundial es otra historia.
El bloqueo está haciendo mucho daño, sin duda. Las autoridades iraníes reconocen que las exportaciones de petróleo prácticamente se han detenido. La inflación está por encima del 100%, y más dle 300 % en algunos alimentos. Su moneda, el Rial, está en caida libre.
El tráfico energético por Ormuz sigue siendo una sombra del anterior a la guerra: los flujos de crudo por el estrecho han pasado de unos 18 millones de barriles diarios a menos de la un tercio según las informaciones más optimistas . Pero ese mismo dato contiene el mayor peligro para Trump.. Porque Ormuz no es solo el cuello de Irán. Es también el cuello energético del mundo.
El Brent vuelve a superar los 90 dólares y la inflación energética vuelve a aparecer precisamente cuando Trump necesita convencer al americano medio de que su vida es más barata que hace dos años.
Y Teherán lo sabe
No sería sorprendente que, cuanto más acorralado se encuentre el régimen, aumente la tentación de golpear infraestructuras energéticas, petroleros o instalaciones del Golfo intentando elevar el coste político que Washington paga por continuar la guerra.
Y el calendario importa. Septiembre y octubre conducen directamente a las midterms.
Para los ayatolás, hacer subir el petróleo unas semanas antes de que los americanos voten puede resultar mucho más eficaz que derribar otro dron estadounidense.
El dilema de Trump
Ahí aparece la trampa.
Si Irán escala y Trump responde militarmente, los demócratas intentarán presentarlo como el presidente que prometió terminar las guerras eternas y acabó metido en otra.
Si Teherán escala y Trump no responde, reaparecerá inmediatamente el acrónimo que más detesta la Casa Blanca: TACO —Trump Always Chickens Out—, Trump siempre se raja.
Y si las sanciones secundarias se anuncian solemnemente pero Washington termina haciendo excepciones cuando aparecen China, Turquía, Irak u otros socios incómodos, todo el edificio perderá credibilidad.
Esa es la diferencia entre presión económica y teatro económico. La primera funciona porque el adversario sabe que incumplir tiene consecuencias. La segunda solo funciona hasta que alguien suficientemente grande decide comprobar si el sheriff lleva balas en el revólver.
Las siguientes tres jugadas
La estrategia puede funcionar. Probablemente Irán nunca haya estado sometido simultáneamente a tanta presión militar, petrolera, comercial y financiera. Pero la presión no constituye por sí misma una estrategia.
Trump necesita saber qué quiere obtener de ella: apertura completa de Ormuz, límites verificables al programa nuclear, restricciones a los misiles, o un acuerdo político más amplio. Y necesita ofrecer alguna salida si Teherán acepta. Asfixiar a un régimen sin dejarle ninguna puerta puede conseguir que capitule. También puede conseguir que incendie la habitación.
Sobre todo, necesita haber calculado las dos o tres jugadas siguientes. Porque el problema de Trump durante estos meses no ha sido su disposición a elevar las apuestas. Ha sido la inconsistencia entre sus amenazas y su conducta. El alega que lo hace porque no quiere matar mas gente. Probablemente haya un componente de verdad en esa afirmación. Pero cuando trazas líneas rojas, conviene que sean creíbles.
Trump acaba de poner la soga alrededor de la garganta económica de Teherán. Ahora falta saber si está dispuesto a apretar cuando quien intente apartársela sea Xi Jinping. Si lo hace, Irán tiene un problema existencial. Si no, no habrá «Economic D-Day». Habrá otro TACO.
Y esta vez, con el Brent por encima de los 90 dólares y las midterms a la vuelta de la esquina, la cuenta la puede acabar pagando Trump.
Dontancredismo
y traición
Rafael Nieto. gaceta.
23 Agosto 2026
La crisis de Ceuta, con todos los sucesos dramáticos y escalofriantes, ridículos y esperpénticos que nos ha dejado durante y después de la invasión ejecutada por decenas de miles de súbditos de Mohamed VI, ha vuelto a poner de manifiesto la triste realidad bipartidista de España en las personas de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo, la cara A y la cara B del «partido único» que gobierna en España. El PP y el PSOE son como Rómulo y Remo, es decir, hermanos de leche, alimentados por la misma loba, que es el sistema político español, que lleva más de cincuenta años parasitando el Estado y haciendo todo lo posible por destruir la nación.
Sánchez, que es con diferencia el gobernante más traidor y mendaz que ha habido en España en los últimos siglos, tiene en Feijoo la horma de su zapato; un Don Tancredo perezoso, un pan sin sal con cara de conserje de la funeraria que lo único que sabe hacer con dedicación es lanzar eslóganes contra su supuesto rival pero socio en Bruselas. A cada acto desleal y traicionero del «galgo de Paiporta» le sigue un solemne cruce de brazos del líder pepero, eso sí, con la retahíla habitual de adjetivos y lamentos. Totalmente inútiles, desde luego.
Muchos españoles (probablemente muchos votantes del PP) se preguntan hoy por qué el presidente de Ceuta, el pepero Juan Jesús Vivas, ha estado los últimos años compadreando y riendo las gracias en la Asamblea ceutí al partido quintacolumnista marroquí de la musulmana Fátima Hamed Hossain. Quienes seguimos a diario la actualidad de esa «españolísima ciudad» (que diría doña Margarita) lo sabemos muy bien. El ahora derrotado y cabizbajo Vivas ha apoyado, por acción y por omisión, propuestas de MDyC, el partido de Hamed, cuyo único objetivo ha sido siempre allanar el terreno para la invasión marroquí de Ceuta.
Durante todo ese tiempo en que Vivas estuvo jugando al peligroso juego de normalizar lo que a todas luces no era normal (ni ético, ni políticamente digno), ¿qué estaba haciendo el señor Núñez Feijoo? ¿No se enteró de nada de lo que estaba haciendo su compañero de partido en Ceuta?, ¿no tiene asesores allí, nadie le informó de lo que se estaba haciendo en los plenos de la Asamblea regional? Por supuesto que lo sabía. De hecho, estuvo con él varias veces. Pero este gallego se parece cada vez más a su paisano Rajoy, de quien, en su época de ministro de Aznar, se solía decir: «Lo bueno que tiene es que pasa por los sitios y no mancha; lo malo que tiene es que pasa por lo sitios y no limpia«.
El dontancredismo puede llegar a ser, en la práctica, tan nocivo como la traición para los ciudadanos de una nación, sobre todo si dicha nación está en una coyuntura tan delicada como la nuestra. No hacer nada, mirar los problemas de reojo, limitarse a hacer muecas y a conceder entrevistas, en un postureo infame, cuando España está en trance de perecer acosada por sus numerosos enemigos, ha dejado de ser vergonzoso para empezar a ser imperdonable. Y son ya muchas las situaciones y las circunstancias en las que el ex presidente gallego ha preferido colaborar con el PSOE (con el que vota en Bruselas nueve de cada diez veces) que combatirlo. ¿O cómo podemos calificar su pertinaz negativa a presentar una moción de censura contra Sánchez en el Parlamento?
Quedan unos meses para que los españoles seamos de nuevo convocados a las urnas, Dios quiera que, esta vez sí, para mandar al actual inquilino de La Moncloa a su casa, o a su sauna, donde él prefiera. Pero nadie debería confundirse. Núñez Feijoo, el Don Tancredo de Génova, no representa una alternativa, sino una mera alternancia. Los ciudadanos deben recordar quién ha estado con ellos en la lucha de verdad contra el PSOE, en las calles y en las plazas, en los tribunales y en las instituciones, allí donde era necesario hacerlo. No ha sido este socio de Sánchez, ex votante de Felipe González, que al igual que Vivas en Ceuta, trata de blanquear en Madrid la mayor desgracia que nos ha caído a los españoles en muchas décadas. Dios nos ampare.
Sánchez: 1.006 asesores y ninguno lo
saca de La Mareta
EDITORIAL.
libertad digital.
23 Agosto 2026
La realidad suele acabar imponiéndose al mejor de los relatos prefabricados y Ceuta y la invasión de ilegales que ha sufrido son el mejor ejemplo de ello.
Libre Mercado publicaba este jueves que la cifra de asesores contratados por el Gobierno supera el millar de individuos, concretamente hay ya 1.006 asesores repartidos por diferentes ministerios, además del personal propio de cada uno de ellos, ya sean o no funcionarios.
Miles y miles de personas, en suma, trabajando para un Gobierno que, en cambio, no trabaja. O al menos no trabaja en lo que debería ser su principal y única labor: solucionar los problemas de los españoles.
Ceuta se ha convertido en el último ejemplo de esto y en uno de los peores, y eso que la lista es larga y dramática, desde la pandemia hasta la DANA pasando por la tragedia de Adamuz o el volcán de La Palma: todo ha sido desidia, ineficacia e incluso desdén con aquellos que necesitaban ayuda. De forma sistemática en aquellos momentos en los que más necesaria era la presencia del Estado, Pedro Sánchez y sus secuaces se han encargado de que este llegase tarde, mal y, en más de una ocasión, nunca.
Volviendo a los 1.006 asesores contratados con el dinero de todos los contribuyentes, es público y notorio que pese a ello la inmensa mayoría de ellos se dedican a trabajar —y eso los que trabajan, ya hemos visto la generosidad con la que este Gobierno regala puestos para los que no es necesario ni pasarse por la oficina— para las marrullerías políticas del presidente: tácticas electorales, análisis demoscópicos, construcción de relatos y argumentarios… todo un ejército de mentes consagradas a la tarea de aguantar un mes más en Moncloa, reducir una décima el desgaste en las encuestas, encontrar carnaza con la que alimentar a los buitres mediáticos al servicio del poder, que tampoco han sido nunca tan numerosos ni han estado tan bien pagados.
Sin embargo, la realidad suele acabar imponiéndose al mejor de los relatos prefabricados y Ceuta y la invasión de ilegales que ha sufrido son el mejor ejemplo de ello: todas las trolas que nos han ido contando el propio Sánchez y otros personajes de baja estofa —Grande-Marlaska, Margarita Robles, Mónica García, el ínclito Albares…— han ido cayendo día tras día y semana tras semana, mientras emergía cada hora con más fuerza la realidad de un Gobierno que no supo predecir la crisis, que no fue capaz de prevenirla y que se ha visto completamente arrollado por ella. Un Gobierno sin otro plan que intentar que el tiempo diluyese el problema y que la opinión pública empezase a preocuparse por otra cosa. Obviamente, ninguna de las dos cosas ha ocurrido: los inmigrantes siguen ahí y los españoles siguen contemplando la situación horrorizados.
Así, en esta crisis todavía más que en otras se ha visto con claridad la incompetencia supina de ese ejército de asesores que no han sido capaces de ver o transmitir a sus superiores la gravedad de la situación y el impacto que está teniendo en la opinión pública. Nadie ha visto que el relato estaba siendo destrozado día a día, hora a hora y minuto a minuto; nadie ha impedido espectáculos en las redes sociales que ya causan no poco bochorno en una situación normal, pero resultan absolutamente indignantes mientras una parte de España sufre lo que está sufriendo Ceuta; nadie ha trazado algo que pareciese un plan para salir del atolladero; nadie le ha dicho a Sánchez y sus ministros que no podían limitarse a hacer viajes exprés a la ciudad atacada o seguir tan tranquilos de vacaciones. En resumen, que Sánchez tiene 1.006 asesores y ninguno lo ha sacado de La Mareta.
Sánchez, el traidor
Diego
González. libertad digital.
23 Agosto 2026
Hubo una época en la que julio y agosto eran meses sin noticias, donde lo más relevante eran el posado veraniego de Ana Obregón o las partidas de dominó de Aznar en Quintanilla de Onésimo. La sequía noticiosa estival era tan flagrante que se publicaban titulares como "Una mujer sufre un mareo en su domicilio". Para romper esa dinámica hacían falta atentados terroristas o accidentes aéreos. Hasta que llegó Sánchez.
La satrapía marroquí invadió Ceuta con decenas de miles de inmigrantes hace ya tres semanas. Sánchez no ha abandonado sus vacaciones de lujo pagadas por todos. "Otra crisis resuelta por Pedro Sánchez", tuiteó el chimpancé de Transportes al día siguiente de la invasión. En estas tres semanas el PSOE ha sido incapaz no ya de resolver la crisis, sino siquiera de señalar al culpable: Marruecos. Miles de inmigrantes siguen acampados en playas, calles y parques de Ceuta, mientras los ceutíes pasan terror y salimos a una violación por día. Y el feminismo institucional, ni está ni se le espera.
Hay un nombre para lo que está haciendo este Gobierno y es traición, en el sentido tradicional del término pero seguramente en su significado penal también. "Será condenado a penas de doce a veinte años el español que facilite al enemigo la entrada en España o la toma de una plaza". Sánchez no sólo ha facilitado al enemigo la toma de Ceuta, sino que se ha negado en repetidas ocasiones a mencionar siquiera a ese enemigo. ¿Por qué? Por lo que le debe el PSOE a Marruecos, por eso.
En un mundo ideal el final del sanchismo no debería ser solo la salida del poder de un corrupto y de su familia también corrupta, sino la entrada en prisión de un Gobierno de traidores. Un Gobierno que mientras sus ciudadanos pasan miedo y sufren bajo la invasión de una potencia extranjera se dedica a cerrar playas en exclusiva para los amigos y familiares del presidente. Es un nivel de corrupción moral centroafricano, que en Europa no se veía desde el fusilamiento de los Ceausescu, otra pareja de sinvergüenzas a los que les escribían las tesis y les regalaban las cátedras en las universidades públicas.
Echar a Sánchez siempre fue una cuestión política, ética y moral, ahora ya es una cuestión de Estado. Cuando un país abiertamente enemigo tiene tan obviamente cooptados a nuestros mandatarios hasta el punto de que se permite invadirnos sin que seamos capaces de protestar, es necesaria no sólo su salida del poder, sino una depuración histórica, una purga de sicarios de Marruecos que impida que algo así pueda no ya volver a suceder, sino volver a plantearse. Nos va en ello la soberanía.
******************* Sección "bilingüe" ***********************