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Los recortes de ayer al final de la página
Si te importa España,
diez acciones indispensables
Nota del Editor 1
Noviembre 2011
1ª la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.
2ª desmantelar el tinglado autonómico.
3ª deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política
4ª simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios
5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media
6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros
7ª arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad
8ª educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida
9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz
10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad
La
"normalización lingüística", una anormalidad
democrática. El caso gallego
Dedicado "A
todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas para los idomas" Manuel
Jardón
Por
la normalización del español: El estado de la cuestion, una
cuestion de Estado.
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Del libro de Manuel Jardón
"A todos aquellos que piensan que
los
idiomas se hicieron para las
personas y no las personas para
los idiomas"
Recortes de Prensa Miércoles 2 Septiembre 2026
EE UU vuelve a bombardear el sur de Irán, que responde con ataques contra sus bases en Jordania
Antonio Navarro Amuedo. Beirut. la razon. 2 Septiembre 2026
El Mando Central del Ejército estadounidense (Centcom) anunció en la tarde de este martes el lanzamiento de ataques contra objetivos de la Guardia Revolucionaria iraní en distintos puntos del sur de Irán tras la última oleada de bombardeos perpetrada por sus fuerzas contra la isla iraní de Larek.
“Hoy a las 12.00 horas, las fuerzas estadounidenses han empezado a atacar objetivos de la Guardia Revolucionaria Islámica en Irán. Los ataques siguen a los recientes intentos de ataques por parte de la Guardia Revolucionaria contra el transporte comercial en el estrecho de Ormuz y contra miembros del servicio estadounidense desplegados en la región”, reportaba el Centcom en un comunicado.
No tardaría el presidente de EE UU, Donald Trump, en referirse a la nueva ofensiva de sus fuerzas, la segunda en tres días, contra el sur de la República Islámica. El inquilino de la Casa Blanca aseguró que loa ataques son “represalia por el intento fallido de los iraníes de colocar minas marinas en el estrecho, que actualmente no tiene minas (¡han sido completamente retiradas o detonadas!), y por el lanzamiento de ocho misiles por parte de los iraníes, todos derribados con éxito, contra nuestra base militar en Jordania”.
Además, Trump amenazó a Teherán al aseverar que si “si la fracasada nación de Irán toma represalias por este ataque tan justificado, volverán a ser golpeados con mucha más fuerza y a un nivel mucho más alto”. No en vano, este pasado lunes, Trump ya había avanzado en declaraciones a Fox News que sus fuerzas armadas “golpearían duro” a Teherán como respuesta a los recientes ataques contra intereses militares estadounidenses en Jordania y Emiratos Árabes Unidos, respuesta del régimen al citado ataque contra Larak
En respuesta, Irán volvió a atacar bases estadounidenses en Jordania, según informó la Guardia Revolucionaria en un comunicado. El ataque se dirigió contra Camp Titin, una base estadounidense del cuerpo de marines, con misiles balísticos pesados.
El Ejército de Jordania aseguró en un comunicado que fueron interceptados diez de los misiles iraníes, mientras que otros tres impactaron en zonas "alejadas de centros poblados" son provocar víctimas. Las consecuencias del ataque sobre Jordania no han trascendido, pese a que la Guardia Revolucionaria aseguró haber destruido infraestructura. Los misiles lanzados desde Irán dos días antes fueron interceptados, según las fuerzas de seguridad estadounidenses y jordanas.
Horas antes, un portavoz de la Guardia Revolucionaria, Sardar Mohebi, ya aseguraba en la red X que EE UU se arrepentiría y enfrentaría un “severo castigo” por su último ataque contra Irán. Asimismo, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes y el Cuartel General Khatam al-Anbia -mando conjunto central de las Fuerzas Armadas del régimen de los ayatolás- emitieron un comunicado en el que aseguraba que el ejército “infligirá golpes contundentes y demoledores al vil y vicioso enemigo que es EE UU”. Según información compartida por usuarios en redes sociales, la isla de Qeshm y las localidades portuarias de Bandar Abbas, Konarak y Chabahar habrían sido alcanzadas por fuego estadounidense.
Horas antes del inicio de la ofensiva estadounidense, el Ejército de EE UU reivindicaba el bloqueo de 84 buques comerciales en el marco del cierre perimetral en marcha en el estrecho de Ormuz -convertido en el epicentro de la contienda desde el pasado mes de marzo-, donde sigue la inestabilidad ante la falta de un acuerdo con Irán para reabrir el paso.
“EE UU recurre a los ataques militares tras anunciar un bloqueo económico para seguir presionando a Irán. La cuestión es si Irán responderá y cómo lo hará”, plantea a LA RAZÓN el analista político hispano-iraní Daniel Bashandeh. “De no hacerlo, estará mandando un mensaje de debilidad. El grado de respuesta será determinado por la percepción de amenaza que tenga la República Islámica a su supervivencia”, asegura el especialista en el país de Asia Central.
Ceuta, una
causa común española
Editorial.
el mundo.
2 Septiembre 2026
La defensa de Ceuta y de su españolidad debe reunir hoy a los ciudadanos por encima de cualquier adscripción política. Las concentraciones convocadas con motivo del Día de Ceuta representan una oportunidad para expresar la solidaridad de toda España con una ciudad que, un mes después de la entrada masiva de decenas de miles inmigrantes, continúa sufriendo las consecuencias de una crisis que ha desbordado sus capacidades y alterado gravemente su vida cotidiana. Como ha recordado Juan Jesús Vivas en una carta a los españoles, «la causa no es exclusivamente de Ceuta, es la causa de toda España». Ese es el sentido que ha de prevalecer: no estamos ante una crisis de Ceuta, sino ante una crisis de España en Ceuta.
Por eso resulta especialmente incomprensible el empeño de Ferraz en convertir las concentraciones en un episodio de confrontación partidista. La dirección socialista ha ordenado a sus cargos que no las secunden alegando una supuesta instrumentalización del PP. Sin embargo, al menos 36 alcaldes del PSOE han decidido participar o promover actos de apoyo, desde León a Mérida y Gandía. Su decisión revela una saludable autonomía frente a las consignas de Sánchez y demuestra que todavía existen dirigentes socialistas sin miedo y capaces de comprender que hay asuntos que exigen visión de Estado.
La protesta de hoy debe ser, precisamente, desideologizada. No se trata de respaldar a un partido ni de utilizar el sufrimiento de los ceutíes contra otro, sino de afirmar un principio elemental: la integridad territorial y la seguridad de una ciudad española conciernen al conjunto de la nación. Tras un agosto marcado por el desorden, la angustia y una intolerable sensación de abandono, Ceuta necesita sentir la presencia efectiva del Estado y la solidaridad de sus compatriotas. El futuro de Ceuta es también el futuro de España.
La postura oficial del PSOE, reforzada por gestos como la no autorización por parte de la Delegación del Gobierno de la manifestación (englobada dentro del derecho de reunión) de Madrid, tiene sus efectos. Según una encuesta de Sigma Dos que publicamos hoy, un 87% de los ceutíes culpa al Gobierno de su situación y el PSOE prácticamente desaparecería (quinta fuerza en las elecciones) en la ciudad autónoma.
La crisis exige restablecer la normalidad, garantizar el orden y transmitir a los ceutíes que el Estado no los deja solos. Ese mensaje institucional tiene que culminar con la visita de Felipe VI. Moncloa asegura ahora que el viaje «va a tener lugar», pero sigue sin fijar una fecha. Es preciso que se produzca cuanto antes. La presencia del Rey, símbolo de la unidad y permanencia del Estado, constituiría el gesto más poderoso de convivencia y respaldo a una ciudad cuya españolidad no admite discusión. En un momento de división interna y de incapacidad para alcanzar los grandes consensos que una crisis de Estado exige, esa imagen permitiría recordar que la mayor fortaleza de España reside en su unidad.
Ceuta somos todos
España se dispone a hablar. Ceuta no está sola, aunque su Gobierno la haya abandonado. Hoy Ceuta, y Melilla, somos todos
Editorial. Vozpópuli. 2 Septiembre 2026
Hoy, España sale a la calle. Ante la pasividad irritante de un Gobierno que parece cautivo de oscuros compromisos, y ante unas leyes que se han revelado ineficaces, es la sociedad, el pueblo llano, sin siglas ni pancartas partidistas, quien ha decidido asumir lo que las instituciones no han sabido o no han querido garantizar. Y lo ha hecho reclamando algo tan elemental que resulta doloroso tener siquiera que reivindicarlo: el derecho a vivir en libertad, a que el espacio vital de una comunidad sea protegido, a que los niños puedan ir sin temor al colegio.
Ese derecho no se pide, se exige. Pacíficamente, sí, pero también con la contundencia que requiere la gravedad de la situación. Quien no vive en Ceuta difícilmente puede imaginar lo que significa el día a día, desde hace semanas, en barrios como el Príncipe, la Almadraba o el Tarajal: comercios que bajan la persiana antes de lo habitual, madres que acortan el camino o directamente cambian de ruta, vecinos que ya no dejan salir solos a sus hijos a la calle, continuas agresiones sexuales.
No es una percepción exagerada ni un discurso alarmista: es la vida cotidiana convertida en un ejercicio constante de desconfianza en una ciudad donde el espacio público ha dejado de sentirse como propio. Los ceutíes lo vienen advirtiendo desde hace años, mucho antes de que las imágenes de este verano escandalizaran al mundo. Reclamando refuerzos, medios y una respuesta mucho más enérgica y eficaz del Estado desde la avalancha de 2021, en la que entraron 10.000 irregulares en la ciudad. Pero sistemáticamente esas peticiones se han topado con el silencia, con visitas protocolarias y con promesas incumplidas.
Esa falta de respuesta es, quizá, lo más difícil de entender; y de perdonar. No ya por la magnitud del último asalto; sobre todo por la sensación de abandono, de haber sido desatendidos una y otra, y otra, y otra vez. Lo de Ceuta no es un episodio aislado ni una anécdota fronteriza. Es la segunda ocasión en cinco años en la que la ciudad sufre un asalto masivo e irregular. Esta vez ocho veces más numeroso, e infinitamente más alarmante, que en 2021: 80.000 inmigrantes de los cuales más de 15.000, según fuentes de las Fuerzas de Seguridad, siguen allí, a los que hay que sumar aquellos que, en un constante y creciente goteo de entradas irregulares, ya desbordaban con antelación cualquier capacidad de acogida.
No estamos ante un fenómeno espontáneo ni frente a una fatalidad geográfica. Hablamos de un ataque reiterado, deliberado y como mínimo tolerado desde el otro lado de la frontera (incluida la escalofriante indiferencia con que Rabat asume el elevado número de nacionales fallecidos en aplicación de su estrategia). Un ataque ante el cual la respuesta del Gobierno español ha sido en los últimos años, como poco, débil y desdibujada. Por eso es esencial que hoy toda España, de norte a sur, muestre como nunca su solidaridad con Ceuta. No ya como gesto simbólico, sino como demostración de fuerza; como rotunda afirmación de su españolidad.
Ceuta y Melilla son España. Lo son desde mucho antes de que Marruecos existiera siquiera como Estado moderno, y lo seguirán siendo al margen de la presión que se ejerza sobre sus fronteras. No es un gobierno, ni un partido, ni un color político el que defiende esa españolidad: es el pueblo entero, movilizado, quien asume esa tarea. Un ataque contra Ceuta y Melilla es un ataque contra España y contra todos los españoles, gobierne quien gobierne. Ese es el mensaje que debe llegar con nitidez al régimen alauita: la fortaleza de una nación no se mide por la firmeza o debilidad de sus gobernantes, sino por la determinación de sus ciudadanos cuando aquellos fallan.
No podemos cerrar esta reflexión sin señalar las impropias e insólitas declaraciones de un presidente del Gobierno que ha pretendido zafarse de su responsabilidad, y de su inepta gestión de la crisis, utilizando la figura del Rey para justificar la incomprensible inacción del Estado. Y no es esto lo peor. Lo más grave es que reprochar a Felipe VI no haber visitado Ceuta -sabiendo mejor que nadie que el monarca no decide unilateralmente sus desplazamientos institucionales-, no es un error. Tampoco una ligereza más. Es un acto consciente de extrema deslealtad e irresponsabilidad institucional que anticipa males mayores.
Hoy, España habla. Que se oiga alto y claro, en cada plaza, frente a cada ayuntamiento, frente al Congreso y frente al Parlamento Europeo: Ceuta no está sola, aunque su Gobierno la haya abandonado. Hoy, Ceuta somos todos.
En defensa de Ceuta
Este 2 de septiembre, Día de Ceuta, es el altavoz que ningún ceutí hubiese querido emplear para elevar su grito de auxilio. La ciudad autónoma, entre el desgobierno y el caos, no ve un horizonte a corto plazo para salir de la crisis
Gonzalo Araluce. Vozpópuli. 2 Septiembre 2026
“Señor, con este palo me basto para defender Ceuta de todos sus enemigos”, proclamó Pedro de Meneses, cuenta la leyenda, cuando asumió en 1415 la responsabilidad ante Juan I de Portugal como primer gobernador de la plaza. Dos crisis —una, sobrevenida, aunque no por ello exculpatoria; la otra, consecuencia del desgobierno— mantienen hoy a los ceutíes al borde de la asfixia. No hay un horizonte que invite a pensar en la vuelta a la normalidad, si es que algo así es posible tras un mes de caos y colapso. Los servicios mínimos no están garantizados. Marruecos habla sin tapujos de sus intenciones para con las ciudades autónomas españolas. Y el Gobierno, lejos de poner pie en pared frente a Rabat, eleva el tono contra una coalición ruso-israelí-ultraderechista a la que acusa de provocar el asalto masivo. Mientras, el PSOE echa balones fuera y traslada el debate sobre la Corona, coincidiendo con el que, sin duda, es el comienzo de curso más convulso para Pedro Sánchez.
El santuario de Nuestra Señora de África (Ceuta) alberga el áleo —bastón de mando de la plaza— con el que Pedro de Meneses se habría presentado ante Juan I de Portugal. El 2 de septiembre conmemora tal efeméride; y el 2 de septiembre es, también, el Día de Ceuta. Un día que este año excede todos los parámetros habituales. Ha pasado un mes desde que 80.000 personas fuesen empleadas como arma para quebrar la única frontera terrestre, junto a Melilla, de España con Marruecos. O lo que es lo mismo, de la Unión Europea con África.
La de 80.000 es una cifra aproximada, porque no hay datos precisos sobre el alcance de los sucesos que se registraron entre el 30 y el 31 de julio. Las imágenes de esas 48 horas anticipaban que Ceuta no volvería a ser la misma. Al menos, a corto plazo. La divisoria, inexistente durante dos días, se convirtió en un cementerio improvisado donde un centenar de personas perdieron la vida, aunque tampoco hay consenso sobre esta cifra. Ceuta recibió en pocas horas a casi tantas personas como su población censada. No hay ciudad en el mundo, por habituada que esté a la presión migratoria, con capacidad para absorber tal impacto.
“Los ceutíes pueden estar contentos”
El Gobierno insiste en que el grueso de las personas que accedieron a Ceuta por vía irregular regresaron a Marruecos a las pocas horas del asalto masivo. Pero cuando la avalancha se cuenta por decenas de miles, aun un pequeño porcentaje de ‘atrincherados’ sigue siendo un número excesivo para una ciudad desbordada. Basta escuchar las voces de auxilio que llegan desde la ciudad autónoma para entender que la realidad excede cualquier relato político.
“Los ceutíes pueden estar orgullosos y contentos”, defendía Mónica García, titular de Sanidad, desde el Congreso de los Diputados; un resumen que choca con las 5.800 atenciones prestadas en dependencias sanitarias ceutíes en los primeros quince días de la crisis. El Hospital Universitario apenas dispone de 151 médicos.
“Es una situación que hay que solucionar”, deslizaba la ministra de Educación, Milagros Tolón, este lunes en Santander. Asistía a un acto organizado por el CIS bajo el título Sexo, género y poder. Tendencias, identidades y patrones erótico-sexuales y vitales en las sociedades del siglo XXI. Mientras, el Gobierno de Ceuta decidía posponer el inicio del curso en dos de sus tres escuelas infantiles, previsto para el próximo día 8 de septiembre. Las asociaciones de padres anticipan que el nivel de absentismo se disparará al no estar garantizadas las condiciones de seguridad en los espacios públicos.
Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, comparecía ante Sus Señorías el pasado 28 de agosto, cuatro semanas después de los hechos. Responsabilizó a “la ultraderecha, y ahora también a la derecha” de alimentar el “odio” en Ceuta. Defendió también el despliegue policial en la ciudad autónoma, frente a las críticas de unos sindicatos que denuncian la saturación de los agentes y la falta de medios. Y además dio la cara por Marruecos, pese al desafío que vienen formulando en las últimas semanas los ministros de Aziz Akhannouch.
“Ceuta es España”
Sanidad, educación, seguridad, colapso de la Justicia… Pero también hay otras amenazas que se ciernen sobre los ceutíes: Vozpópuli detalló los planes, recogidos en informes militares, para provocar un gran apagón en la ciudad autónoma. Los servicios básicos están comprometidos. Los ceutíes se acuestan cada noche con la sensación de hacerlo sobre un barril de pólvora: basta una chispa para prender una mecha cuyas consecuencias pocos se atreven a poner un nombre.
Este 2 de septiembre es el altavoz que los ceutíes no querían haber elegido para elevar su grito de auxilio, porque ninguno de ellos hubiese querido o imaginado que la crisis durase hasta estos días. Los ceutíes claman contra la inseguridad, habida cuenta de que hasta los militares son objeto de ataques orquestados, que los delitos —incluidos los más graves, como los de índole sexual— se han disparado. Los ceutíes lloran por la pérdida de sus espacios públicos, con playas convertidas en asentamientos improvisados con normas ajenas a las leyes comunes. Los ceutíes gritan contra el desgobierno, tras un rosario de visitas de ministros que de poco ha servido para poner fin a un mes de caos.
“Otra crisis resuelta por Pedro Sánchez”, aventuró el ministro Óscar Puente el 1 de agosto. “Tengo derecho a descansar”, se defendía este lunes, 31 de agosto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al reaparecer en Cadena Ser tras pasar un mes sin comparecer por la crisis de Ceuta. Lo hacía lanzando un pulso a la Corona. No fue casual. Forma parte de su estrategia para “atacar el régimen del 78”.
Por el camino, una crisis que dividió en dos al Ejecutivo, a costa del papel del CNI en el asalto masivo, y unas bases socialistas que se revuelven y participan, ya sea velada o abiertamente, en las manifestaciones y concentraciones convocadas este miércoles en apoyo a Ceuta en toda la geografía española. Todas ellas, con un mismo mensaje: “Ceuta es España, Ceuta no se vende”.
A la calle por
Ceuta... y contra Sánchez
Antonio
R. Naranjo. el debate.
2 Septiembre 2026
Hay que ir a las concentraciones que Sánchez detesta, sin excusas ni excepciones
Hoy hay que salir a la calle por Ceuta, y de paso contra Sánchez, que quiere convertir una invasión en un drama humanitario para los pobres asaltantes, no para sus víctimas, que son los ceutíes. Cualquiera que haya estado con ellos sabe dos cosas, ambas bien tristes: que crecen escuchando en casa que Marruecos les echará algún día de allí y que no sienten el calor del resto de los españoles.
Lo último no es verdad, pero no les llega: la realidad es que toda España está indignada, enfurecida y anonadada; y que se siente muy cerca de Ceuta y muy dispuesta a auxiliar a sus paisanos con todo lo que haga falta, incluyendo un despliegue militar y la supresión de relaciones, de cualquier tipo, con Marruecos.
Pero no lo notan, tal vez porque el relato gubernamental, ampliado por sus potentes altavoces, es bien distinto: que allí solo hay una crisis migratoria, y no un episodio bélico sin precedentes, que la ultraderecha está aprovechando para incitar al odio. Al ultraje se le añade el insulto, con una caricatura cobarde de los hechos y un insólito desprecio a sus víctimas, equivalente a culpar a los viajeros de Adamuz del accidente por quejarse del estado de las vías.
Que el PSOE haya decidido no participar en las concentraciones demuestra su irrecuperable alejamiento de la ciudadanía, su sometimiento a los caprichos, debilidades y necesidades de su patrón y su disposición infame a dedicarle más tiempo a estudiar cómo sacarle partido a este drama que a atenderlo con la autoridad y la rapidez que reclama: un acto bélico no se responde dándole las gracias al país invasor, y la primera respuesta ha de ser el uso preciso del lenguaje.
De un presidente se espera que actúe como tal, pero en Sánchez habita una «Barbie Gaza», la indocumentada que va repartiendo trozos de tarta a los asaltantes y canta «Free Palestine» con la frivolidad de quien acumula las mismas dosis de sectarismo que de cretinismo.
Pero nada de esto importa, al menos este 2 de septiembre, en el que los ceutíes solo deben ver que toda España está con ellos, que nos les vemos como un trozo remoto e inservible de una España nostálgica, que lo que les hacen nos duele y que lo que piden nos obliga a todos, cada uno en nuestro humilde espacio cotidiano.
Que Sánchez no pueda ni pisar la calle sin suscitar más rechazo incluso que Mohamed VI no puede condicionar la respuesta del Estado a este ataque, y nada le ayudaría más al indolente que nos gobierna que ver a los españoles desmovilizados e insensibles al cerco a Ceuta impulsado, tolerado o beneficiario en todo caso para Rabat.
Los caballa cantan por las calles eso de «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende», un himno que debe sonar en toda España para que el señor de la Mareta entienda que una intervención contundente puede ser compleja, pero su inacción será mortal para él y, lo que es peor, para Ceuta: entre la rendición actual y una guerra frontal hay mil medidas diplomáticas, políticas y comerciales posibles, y ninguna se ha adoptado por este cafre convencido de que, mientras todo ocurría, él tenía derecho a descansar con una procesada y pasarle la factura al contribuyente.
Desde aquella bella ciudad se divisa el peñón de Gibraltar, otra vergüenza sanchista, cuya renuncia a un trocito de España sienta un precedente muy inquietante para Ceuta y Melilla: estamos ante un presidente de paja que, cuando su país sufre, pretende convencernos de que estamos haciendo historia y de que, si alguien no lo ve, es porque le odia a él y a todo el progreso humanitario que representa.
Ante un señor que corta lazos con Argentina por un comentario sobre su mujer pero mantiene la idea de celebrar con Marruecos un Mundial solo cabe un registro: ya que le tiene miedo a Mohamed VI, que se lo tenga más aún a los españoles, que no necesitan gran cosa para imponérselo, Basta con salir a la calle, masivamente, y decirle a los ceutíes que aquí estamos, a pesar de un presidente incompetente, oscuro y con todas las trazas imaginables de traidor.
Sánchez ya ha entregado Ceuta
Federico Jiménez Losantos. el mundo. 2 Septiembre 2026
En Ceuta no hay una crisis migratoria. En Ceuta no hay migrantes. Ambos son términos ideológicos que el seguidismo y la tendencia sentimentaloide de los periodistas han aceptado, favoreciendo la tesis de los asaltantes que presentan lo de Ceuta como un episodio de esa perpetua migración por un planeta sin fronteras. No reconocer que hay inmigrantes en España supone negar que haya emigrantes ilegales, sobre todo marroquíes, que han entrado ilegalmente en España, para ocuparla. Y que siguen aquí, haciendo invivible una ciudad española.
El otro día dijo Pérez Reverte que lo de migrantes es una estupidez. En términos gramaticales, sin duda. En términos políticos, es mucho peor. Es la puñalada argumental de un traidor, presidente del Gobierno de España pero siervo del sultán magrebí, al que ya ha entregado el Sáhara, que el 30 de Julio denunció el «ataque a la integridad territorial de España», que sabía que se iba a producir, y que, en vez de evitárselo a la población de Ceuta, ni se le puso al teléfono a Vivas, ni dejó ir al Rey, ni quiso declarar el estado de excepción, anulando la burocracia de las devoluciones. Como chulo de balneario, negocio familiar, recomendó en Tik Tok tres cancioncitas y tres lecturas -siendo un redomado analfabeto- y se largó un mes de vacaciones.
Las niñas violadas, los comercios arruinados, la humillación de los ceutíes se han producido y se seguirán produciendo por culpa de Sánchez. Y es absurdo hablar de «vuelta a la normalidad» en Ceuta, cuando el primer propósito de Marruecos, que era demostrar la incapacidad de España para vigilar sus fronteras y la seguridad del Estrecho, se ha cumplido. La convivencia cultural, religiosa y tal, es irrecuperable. Ahora hay que ver si España expulsa a los invasores y traza un plan a largo plazo para rehacer una Ceuta netamente militar, o si triunfa Sánchez, que presentará la situación ceutí como, ante todo, un problema humanitario, no como la invasión de un país por otro. Mediadores extranjeros, la ONU, actores, titiriteros... Gaza en Ceuta.
Sánchez necesita cronificar la excepcionalidad. Cuanto peor para los ceutíes, mejor para él, aferrado al Poder y espantado ante las urnas. En la sesión sadomaso de la SER ya dijo que no hay alternativa sino involución. Y como la democracia es él, antes que una fórmula de Gobierno nos hará votar la forma de Estado. Entonces sí, pucherazo mediante, migraremos: de monarquía parlamentaria a sultanato doble, del de la Mareta y el de Rabat.
El caos como normalidad
Rafael Nieto. gaceta. 2 Septiembre 2026
Todos los tiranos, delincuentes y terroristas del mundo, a lo largo de los siglos, han mostrado a la humanidad una enseñanza que muy difícilmente se puede discutir: la forma de hacer definitivo un atropello puntual de la legalidad vigente es conseguir que nadie responda con la fuerza a dicho atropello. La fuerza (aunque esto produzca sofocos a más de uno) es la única forma que tiene la civilización de enfrentarse con garantías a la barbarie cuando se agotan todas las herramientas que proporciona el Derecho. Pero, como apuntábamos ya la pasada semana, Europa y Occidente han preferido ignorar esa verdad eterna y abandonarse a un buenismo culpable que nos está condenando a todos. Porque nada hay peor que mostrar debilidad y sumisión ante los malvados.
Un mes después de la invasión de Ceuta, las playas de la ciudad autónoma están llenas de tiendas de campaña y chamizos donde miles de ilegales se hacinan de forma infrahumana. Las aceras acumulan semicadáveres de subsaharianos que probablemente no sepan ni dónde están; los centros de salud reciben cada día más casos de menores bajo los efectos de las drogas. Y las comisarías no paran investigar delitos que se cometen a diario sin que desde las instituciones se ponga ni una solución sobre la mesa. El invasor también sabía que, cuando se produjera el asalto al espigón ceutí, lo que vendría luego sería la parálisis policial y el habitual «y tú más» de los políticos españoles.
Solamente ha habido un partido, en este mes de agosto surrealista y dramático a partes iguales, que ha definido como «traición» todo lo que ha hecho (y lo que no) el presidente del Gobierno. Y que cree que Sánchez debe ser juzgado por ello; no por incompetencia, ni por dejadez, ni por estupidez, sino por traidor. Porque un mes después de la invasión orquestada por el régimen marroquí para tratar de quedarse con Ceuta y Melilla mediante un acto de guerra híbrida, el felón se ha atrevido a negar la participación de Marruecos en el asalto y, en cambio, ha culpado a «Rusia e Israel» de todo lo ocurrido. Suponemos que, esta vez, la posibilidad de culpar a Franco probablemente le produjo algo de vergüenza, incluso a alguien de su ínfima calaña moral.
El siempre moderadito y bienqueda de Borja Sémper, portavoz nacional del PP, ha rechazado apoyar a VOX en ese asunto porque, en su opinión, se trata de «fuegos de artificio». Lógica reacción si tenemos en cuenta que PP y PSOE van de la mano en Bruselas y gobiernan juntos en Ceuta, por mucho que Vivas llore ahora lágrimas de cocodrilo después de estar varios años jugando a la ruleta rusa de la irresponsabilidad política. Es bueno que recordemos todos estas cosas para cuando lleguen las elecciones generales y se abra la perspectiva de podernos librar de esta lacra socialcomunista: sólo un partido le ha llamado traición a la traición. Otros han preferido la ambigüedad y la complicidad con el mal.
Como la justicia poética existe, las conexiones en directo de los programas de TVs sistémicos (es decir, regados con el maná inagotable del dinero público que administra el bipartidismo) muestran cada vez a más vecinos de Ceuta cuyo análisis de lo ocurrido coincide, punto por punto, con el que viene haciendo VOX. Miren ustedes qué casualidades tiene la vida. Son impagables, claro, las caras que ponen los presentadores de dichos programas (nuevos ricos gracias a la alternancia bipartidista en La Moncloa) cuando ven cómo a los ciudadanos ya no les valen las medias tintas, ni las palabritas biensonantes, ni los chalaneos de andar por casa. Que la gente quiere soluciones urgentes y que los culpables paguen en la cárcel los crímenes cometidos. Incluido el delito de alta traición.
Esta generación de psicópatas que nos ha tocado sufrir en lo más alto de las instituciones del Estado nos ha acostumbrado al caos como normalidad. A ver las calles de la «españolísima Ceuta», que diría doña Margarita, literalmente tomadas por hombres en edad militar que han venido con una misión muy concreta; que no están aquí «sobreviviendo», sino ganando una guerra en la que la otra parte no quiere pelear. Dejando que la inacción del Estado español se traduzca, andando el tiempo, en un cambio de facto de la soberanía de ambas ciudades. El viejo juego político al que han jugado siempre los tiranos, los delincuentes y los terroristas.
En 21 localidades el censo exterior iguala o duplica a toda la población residente
Avanza el ‘pucherazo’ encubierto a través de la ley de nietos: municipios españoles ya tienen más votantes fuera que dentro por las nacionalizaciones
Unai Cano. gaceta. 2 Septiembre 2026
Los efectos de la ley de nietos y su intención de alterar el censo electoral empiezan a verse en pequeños municipios que ya tienen más electores fuera de España que vecinos con derecho a voto dentro. El caso más elocuente es Madarcos, en la Sierra Norte de Madrid: a 2026 cuenta con 54 votantes inscritos en el Censo de Electores Residentes Ausentes (CERA) frente a 52 electores presenciales. En un pueblo de apenas un centenar de censados, el voto exterior ya supera al de quienes viven allí.
Ese fenómeno no es aislado. Según el recuento difundido a 1 de julio de 2026, 451 municipios españoles tienen un CERA equivalente al menos al 50% de su población residente; 220 alcanzan el 75%; 123 tienen tantos o más electores en el extranjero que habitantes empadronados; y en 21 localidades el censo exterior iguala o duplica a toda la población residente. La llamada Ley de Nietos —la disposición adicional octava de la Ley de Memoria Democrática de 2022— ha abierto la nacionalidad a cientos de miles de descendientes de españoles, muchos de los cuales nunca han vivido en el país y, una vez inscritos en el registro consular, entran en el CERA.
El mecanismo que convierte esas nacionalizaciones en voto útil es la adscripción municipal. Quien nunca residió en España debe quedar vinculado al municipio de «mayor arraigo», propio o de sus ascendientes. En la práctica, el formulario consular permite declarar el municipio y la provincia «deseados» sin exigir prueba documental rigurosa. El resultado es que el voto se suma a la circunscripción provincial en las elecciones generales, autonómicas y europeas, aunque el nuevo nacional no tenga vínculo real con ese pueblo. El CERA nacional ha pasado de unos 2,33 millones de inscritos en 2023 a más de 2,71 millones en 2026.
A ese incremento se suman irregularidades de adscripción. Se ha documentado el caso de un español de Pozuelo de Alarcón residente en Suiza cuyo hijo fue inscrito en Madarcos, en lugar de en el municipio de mayor arraigo que correspondería por la Orden EHA/642/2011. El voto se contabiliza igual en la circunscripción de Madrid, pero se elude el criterio legal de vinculación. Críticos como el perito informático Gabriel Araújo denuncian que esa discrecionalidad permite concentrar nuevos electores en localidades y provincias concretas sin control efectivo.
El avance del censo exterior coincide con un mapa electoral cada vez más sensible a márgenes estrechos. Madrid, la circunscripción que más escaños reparte, ha registrado uno de los mayores crecimientos del CERA. Mientras el Gobierno presenta la norma como reparación histórica, VOX y asociaciones jurídicas la describen como un pucherazo encubierto: no se manipulan urnas el día de la votación, sino que se rediseña de antemano quién puede votar y en qué provincia se cuenta esa papeleta. En decenas de pueblos, esa operación ya ha invertido la relación entre votantes de dentro y de fuera.
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